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La forma como se ha producido la desaparición de Juan Pablo II -su
agonía pública, su muerte anunciada y sus espectaculares funerales- nos
tienen aún profundamente impactados. Va a ser, sin duda, uno de los
acontecimientos televisados en directo más controvertidos. Su eco ha
roto todas las barreras de lo acostumbrado, lo previsible y, tal vez, lo
prudente.
Nos parece prematuro que ya se estén apuntando conclusiones de la
reacción mundial ante esta semana vivida por tanta gente, de las más
variadas creencias o increencias, en torno al televisor. Hay quien ya
quiere ver en esta nueva «marcha sobre Roma» un plebiscito del pueblo
cristiano sobre la santidad del Papa («Santo subito»); otros, como la
legitimación de una línea continuista para el próximo pontificado...
+ Sólo la perspectiva histórica nos permitirá valorar con cierta
ecuanimidad el significado histórico de este papado y de este Papa para
la vida de la Iglesia universal y de la humanidad. Un Papa que ha
conseguido dar un protagonismo al fenómeno religioso cristiano que era
muy difícil de prever. Pero (hoy es pronto para juicios interesados) los
sociólogos de la religión tendrán que ayudarnos a interpretar qué
significa en un mundo que creemos secularizado y adulto esta demanda
acrítica y este fervor desbordado ante liderazgos tan fuertes que ya
creíamos de otra época...
Será, sin embargo, importante que no perdamos la perspectiva del
Evangelio y principios básicos de la teología más elemental
para acercarnos con sencillez a acontecimientos como el que acabamos de
vivir; que las coordenadas básicas para un cristiano sigan
orientándonos:
1.-La iglesia de Jesús no se agota en quienes han estado –o están- en
Roma.
2.-Roma, el Papa, la jerarquía... no son la Iglesia, sino una parte de
ella.
3.-Es Jesús el único eje fundamental de nuestra fe en Dios.
4.-El único sentido del ser de la Iglesia es servir al Reino de Dios...
5-La elección de un nuevo Papa, con ser importante, no es una cuestión
vital para la vida de los creyentes.
Pueden parecer afirmaciones evidentes: pero es decisivo no perderlas
como puntos de referencia para momentos como el actual, tan cargados de
emotividad, tan diestramente suministrados por los medios de
comunicación y tan proclives a las simplificaciones
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