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El movimiento por
un celibato opcional (MoCeOp), desde nuestra sencilla experiencia
como creyentes en Jesús, que reivindican con orgullo y con
agradecimiento su redescubrimiento y su retorno a la condición de laicos
en unas comunidades fraternas e igualitarias, ante la proximidad de un
nuevo pontificado, se siente con el derecho a expresar lo que desea,
aquello por lo que ora al Señor, aun a sabiendas de que su voz no vaya a
tener la amplificación necesaria para ser escuchada en Roma; pero con la
convicción y la esperanza de que todo lo coherente, aunque sea sencillo,
colabora a mover la historia.
NOS GUSTARÍA PARA EL PRÓXIMO PONTIFICADO (Y POR ELLO ORAMOS):
+ Un Papa que ponga a toda la
Iglesia en pie de auto-evangelización: que hable del Evangelio no como
un libro que contiene todas las verdades, que se sabe y que se custodia;
y del que se predica...; sino
que lo presente como un libro que nos da pistas, a los cristianos en
primer lugar, para vivir, para descubrir el rastro de Dios entre las
personas, en el mundo de hoy, en medio de las alegrías y de las
dificultades, en el compartir y en la lucha por la paz y la justicia de
este mundo nuestro...
O sea: un Papa para quien el
Evangelio sea antes algo a descubrir que a predicar: que nos apee de la
confusión tan extendida de que evangelizar es predicar.
+ Un Papa que ponga de nuevo en primer
plano que la Iglesia debe ser sacramento de salvación y de esperanza;
y no una sociedad minuciosamente organizada, que compite con
la sociedad civil por el poder y desde cierto complejo de superioridad.
Es decir, un Papa que esté convencido de que la Iglesia sólo es fiel a
Jesús en la medida en que sirve a la sociedad y es signo y factor de que
se puede vivir de forma humana, justa y solidaria: y que sólo se atreva
a hablar y a recomendar a todos los seres humanos aquello que practica.
O sea: Un Papa que nos recuerde que
la Iglesia debe enseñar más con el ejemplo y el compromiso que con la
predicación o los documentos.
+ Un Papa que descubra y acepte que la
Iglesia es plural, dentro de la unidad fundamental de la fe en Jesús;
que no identifique ser cristiano con serlo de una manera concreta, con
la pertenencia a ciertos movimientos; que acepte, con todas su
consecuencias y desde lo más profundo, que «en la casa del Padre hay
muchas moradas»; que cada creyente y cada comunidad son mayores de edad
y que el Espíritu guía a los seres humanos por caminos muy diversos; que
esté convencido de que nadie -ni siquiera él- tiene la Verdad, sino que
todos y todas la buscamos: él, el primero.
O sea: Un Papa que no se
identifique con ningún grupo y que acoja a todos, especialmente a
aquellos que menos fuerza y poder tienen y que se alegre de que cada
iglesia local aporta vivencias complementarias...
+ Un Papa que acepte la mayoría de edad de cada creyente y de cada
comunidad; que no ponga trabas, que respete que las
comunidades puedan debatir y decidir quiénes deben asumir las diferentes
tareas y ministerios que la sirven; y que cada persona elegida -hombre o
mujer- para esos servicios pueda decidir el estado de vida que mejor la
ayuda en su caminar por la vida: soltero, célibe, casado... ; y que de
esa forma se acabe con la contradicción de que pueda haber comunidades
de creyentes que no tienen quien las dirija ni quien las preside...
O sea: Un Papa que rompa la
identificación de ministerio presbiteral y clericalato; que acepte y
bendiga ministerios variados y abiertos a todos y a todas
.
+ Un Papa que acabe de una vez por
todas con la discriminación y la injusticia que la Iglesia sigue
cometiendo con las mujeres; esa incoherencia de una fe que
nos hace a todos y a todas iguales ante Dios (ni siervo, ni esclavo, ni
señor, ni hombre, ni mujer...) pero que mantiene vetadas las tareas de
dirección y de presidencia al colectivo más dinámico y comprometido de
la comunidad eclesial por su mera pertenencia al colectivo mujeres.
O sea: Un Papa que de una vez por
todas declare contrarios al Evangelio todos los argumentos que aún hoy
día intentan perpetuar ese trato discriminatorio a la mujer..
+ Un Papa que respete dentro de la
Iglesia los mismos derechos que pide sean respetados por otras
sociedades; que sea consciente de que sólo es legítimo exigir
lo que se cumple; de que es hipócrita «imponer a otros pesadas cargas
que luego no se está dispuesto a llevar uno mismo»... Que sepa que
carece de autoridad en nuestro mundo una institución que no hace carne
diaria de su convivencia el respeto a los derechos de expresión, de
investigación, de opinión pública, de representatividad, de
discrepancia, de elección de estado...
O sea: Un Papa capaz de acabar con
la prepotencia eclesiástica y la tantas veces pretendida superioridad
del poder religioso sobre el civil, de la sociedad clerical sobre la
sociedad laica...
.+ Un Papa que se sienta dentro de la
humanidad y de la historia y actúe desde esa posición; que
sienta la encarnación como un estar en el mundo y en el tiempo presente,
en búsqueda y en diálogo con los seres humanos para buscar juntos la
solución a los problemas; que no aparezca siempre como poseedor de una
verdad supratemporal y ahistórica, que poco o nada tiene que ver con lo
retos actuales de la humanidad; que sienta como propios «los gozos y las
esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro
tiempo, sobre todo de los pobres y de los que sufren...
Desde nuestra vivencia y nuestro compromiso como creyentes y como
movimiento de iglesia, queremos aportar estas reflexiones o pistas. Son
peticiones para el nuevo Papa: pero son, sobre todo, compromisos que
querríamos se hicieran realidad en nuestras comunidades de creyentes en
Jesús.
Tememos que se pierdan en esa tupida maraña que nos envuelve estos días,
saturada de imágenes cargadas de emotividad.
Pero no nos resignamos a no poner sobre la mesa nuestra parte de verdad
o nuestra exigencia de que no se cierren las ventanas que otro gran Papa
-Juan XXIII- abrió para que entrara en la Iglesia el aire fresco de la
vida y del Espíritu: un Espíritu no estará confinado ni monopolizado por
nadie.
Ramón Alario.
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