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Y EL
PAPA ES RATZINGER
Juan Cejudo
Lo que parecía imposible, ha sucedido. El fiel guardián de la ortodoxia
vaticana ( mejor dicho de Trento), ha sido elegido Papa por la mayoría
de los 115 cardenales que votaban.
No era muy de extrañar, porque todos( menos 3) habían sido nombrados por
Juan Pablo II. Pero siempre quedaba la posibilidad de que para no elegir
al más reaccionario, los cardenales se decantaran por otro algo más
abierto ( dentro de la línea conservadora) que consiguiera mayor
consenso.
Pero no, eligieron al más duro, al más tradicional, al que fustigó
durante tantos años a más de 600 teólogos de línea abierta que no
comulgaban totalmente con la ortodoxia de Trento.
Sigue el Opus imponiendo sus candidatos. Si antes maniobraron para que
Woitila saliera elegido (consiguieron su Prelatura Nullius a lo que se
negaron Juan XXIII , Pablo VI y Juan Pablo I aunque a este no le dio ni
tiempo porque murió en circunstancias más que sospechosas), ahora vuelve
a hacerlo para sacar a otro de los suyos.
Alguien que les garantiza continuidad en su línea de machacar a quienes
no piensen como ellos.
Les da igual ponerse en contra de un gran sector del catolicismo que es
partidario de la aplicación del Vaticano II y de tener una línea mucho
más abierta, dialogante con todas las tendencias del catolicismo y no
excluyente.
Pues este es el Papa elegido.
Seguirá prohibido el uso del condón en África aunque la pandemia del
Sida amenace a todo el Continente.
Seguirán las iglesia vacías y las vocaciones en decadencia (los curas en
Europa con un promedio de edad cercanos a los 70 años).
Seguirá el verticalismo en la Iglesia en una Sociedad cada vez más
democrática.
Seguirá una moral sexual que espanta a la gente....
Seguirán los teólogos de la liberación castigados y represaliados...
Eso es Ratzinger. Eso significa el nuevo Papa, aunque como Pastor
universal nos merezca respeto (lo que no quiere decir ausencia de
críticas justificadas como lo hemos hecho con el anterior Pontífice)
Menos mal que los creyentes no tenemos puesta nuestra fe en ningún Papa,
en ningún obispo, en ningún cura, sino en el Señor Jesús.
En la Historia de la Iglesia, épocas mucho peores se vivieron y los
creyentes, siguieron viviendo su fe sin mirar a los Papas (que hubo de
todo : hasta incestuosos).
Seguiremos luchando mirando el Evangelio desnudo de Jesús y construyendo
otro tipo de comunidades cristianas porque «Otra Iglesia es posible».

¡RATZINGER PAPA!
JUAN LUÍS HERRERO
No es una broma, en cierto sentido, podría apañarnos la coyuntura... Me
explico:
Reconozco que soy terco en mis opiniones. Hace más de 26 años, un grupo
de amigos clérigos comentaban, desolados. la noticia de la elección del
Papa Wojtyla. Ya era algo conocido en los ambientes “progres” como un
conservador de tomo y lomo. Para total desconcierto de mis amigos me
atreví a comentar: Me alegro ¡cuánto peor, mejor! Y la historia me ha
dado la razón: nunca como hoy se está consolidando entre teólogos y en
las bases cristianas más comprometidas una clamorosa demanda de Reforma
de la Iglesia. Casi brama la rebelión. Es imposible que no se produzcan
grandes mutaciones, una verdadera metamorfosis en la Iglesia. Pues bien
¡se lo debemos a Wojtyla! Por haber tensado tanto la cuerda, está a
punto de romperse. Y lo digo como algo positivo porque estoy seguro que
el movimiento de Jesús tiene mucho que hacer.
Al llegar Wojtyla ya se había iniciado el desencanto del Vaticano II. En
los últimos años de Pablo VI la curia romana había retomado las riendas
de la cristiandad y utilizando las propias ambigüedades de los textos
conciliares (que traicionera es la ambigüedad que se presenta como
consenso) comenzaba un proceso de relectura a la luz del Vaticano I,
incluso de Trento. Hoy no sería cuestión de resucitar el Vaticano II.
Cumplió su papel. Dio un golpe impresionante de timón, pero más que como
punto de llegada es preciso tomarlo como decisivo punto de partida.
Porque aunque la orientación del concilio y la recepción de las bases
eclesiales marcaron un buen rumbo, no es seguro que aquel aggiornamento
hubiera bastado a encarar el cambio de época y de paradigma –dicen que
el mayor conocido desde el neolítico- que hoy es imperioso.
En este contexto interpreto como positivo el frenazo y retroceso de Juan
Pablo II. El dique descomunal de contención que ha ido levantando en
todos los ámbitos está recibiendo una tal presión de las aguas
acumuladas que cuanto más se empecine el dique en impedir el flujo
normal del cauce antes estallará. Pero el punto de ruptura tal vez aún
no se haya conseguido. Aún hay demasiada atonía en las bases cristianas.
Aún prevalece el aguante sobre la rebeldía: son siglos, muchos siglos de
entender la sumisión como la esencia de la religión cristiana. Aún queda
mucha libertad interior por recuperar por el creyente de a pie. Tal vez
es preciso tensar mas la soga. Y para lograrlo, tal vez vendría que ni
pintado un papa como Ratzinger.
Se dirá que soy poco providencialista, incluso cínico. Así es, estoy
convencido de que hay que analizar y afrontar la realidad “como si Dios
no existiese” (Bonhoeffer). Que en términos menos secularizados es lo
que ya atribuyen a Ignacio de Loyola: “Confía en Dios como si todo
dependiese de él y actúa como si todo dependiese de ti” (que es decir
como si Dios no existiese). Por eso, el más laico a propósito del
Espíritu Santo en el cónclave fue el comentario del mismo Ratzinger que
puso cautelosamente mucha agua en ese vino... Vamos, como que el
Espíritu Santo no lo hacía todo. Así lo creo, el Espíritu no sopla donde
quiere sino donde le dejan. O como dice el chiste “Los hombres tienen
muchos pajaritos en la cabeza, sólo los cardenales creen que es el
Espíritu Santo”.
Lo que hace que no las tenga todas conmigo es que este cardenal, siempre
inteligente y, en tiempos muy abierto y amigo de H. Küng, no es la
primera vez que cambia de chaqueta, como hizo cuando de Tubinga pasó a
Roma.
(Publicado en ECLESALIA)

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