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La elección de Ratzinger como sucesor de Juan Pablo
II no se puede sino considerar un cálculo meramente humano previsible.
Los indicios sobran. Ciertamente ha causado en muchos católicos un
profundo desánimo, hasta resignación. Yo digo: sin fundamento bíblico.
La Iglesia de Jesús no depende del hombre. «Los pensamientos de los
hombres no son los pensamientos de Dios».
La historia de la Iglesia nos enseña que toda renovación surge desde las
bases, casi siempre antecede una crisis. Ahora sí que es “TIEMPO DE
ACTUAR”, actuar sin protagonismos, discretamente a manera de un
fermento. No se tiene que llegar a ninguna ruptura, simplemente vivir
cada una y cada uno sus carismas. El campo es amplio, solamente con
referencia a aquellos dones que enumera San Pablo: de la profecía, de la
enseñanza, del discernimiento, de la curación, incluso aquel de
compartir el pan en su sentido más amplio.
Los carismas no los distribuyen los obispos o los Papas, ni a ellos se
les debe cuenta sobre el empleo de los talentos en que el Espíritu de
Dios reparte como a Él le place. El pueblo de Dios sabrá valerse de su
deber y su derecho de «examinar todo y de atenerse a lo que, en
conciencia, considera acertado».
El campo de acción es inmenso y hay para todos: En la familia. en la
calle, en el trabajo, en la sociedad, por medio de instrumentos de
comunicación, en reuniones, etc. etc. A nosotros ahora, se nos convoca a
unas reuniones próximas que serán, sin duda, muy interesantes: tenemos
ya el Congreso de Teología, en noviembre la Asamblea 2005, se nos pide
una reflexión profunda sobre el sentido de Moceop hoy... realmente es
“TIEMPO DE ACTUAR”
No hay necesidad de entrar en una competencia con la jerarquía, tampoco
de depender de ella. Hoy se nos ha expuesto claramente que Jesús no
pensaba en un sacerdocio particular, ni en «sacramentos» que funcionen
«ex opere operato» a manera mágica en manos de una clase sagrada y
superior. No hay comunión más íntima con Jesús y con los demás, que
compartir el pan, en su sentido más amplio, y no hay perdón de Dios más
seguro que cuando perdonamos, como Jesús nos enseñó a orar. Renunciemos
a todo instrumento de dominio y respetemos por nuestra parte la
maravillosa libertad de los Hijos de Dios
¿Resignarnos? ¡No!. La Iglesia somos todos. Sigue válido el diálogo
entre Napoleón y el Cardenal Consalvi. Napoleón: «Voy a destruir su
Iglesia» «Je detruirai votre eglise!» El Cardenal le contesto: «No, no
podrá». Napoleón, con sus 1.50 de altura, dijo otra vez: «Je detruirai
votre eglise!» El Cardenal dijo confiado: «No, no podrá. ¡Ni siquiera
nosotros hemos podido hacerlo!». Y no podrán.
.Franz Wieser
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