DIFERENCIA Y DESIGUALDAD

 

 
  LAS PRIORIDADES DE NUESTROS OBISPOS PARA LOS PRÓXIMOS 3 AÑOS
 
 
  ¿A LA CALLE?

 

 
  PORTO ALEGRE 2005
LA LIBERACIÓN ES POSIBLE
 

 

 

DIFERENCIA Y DESIGUALDAD

José M. Castillo catedrático de teología dogmática

 

La diferencia es un hecho. La igualdad es un derecho. Por eso la desigualdad es la violación de la igual dignidad que todos los humanos tenemos por el hecho de ser coincidentes en lo que a todos nos iguala: todos somos humanos. Pero ocurre que, con demasiada frecuencia y sin darnos cuenta de lo que realmente pensamos y decimos, se produce un deslizamiento de la diferencia a la desigualdad. Todos somos diferentes: unos más fuertes que otros; unos más ricos que otros; unos más listos que otros, etcétera. Así las cosas, si fuera cierto que la diferencia justifica la desigualdad, entonces resultaría que el fuerte tendría más derechos que el débil; el rico más derechos que el pobre; el listo más derechos que el torpe, etc. O sea, lo que en realidad ocurriría es que terminaría por imponerse la ley del más fuerte. Y la sociedad se convertiría en una selva. Hubo tiempos, antiguos y bárbaros, en los que los hombres se pensaban que tenían más dignidad y más derechos que las mujeres. Los señores también se veían con más dignidad y más derechos que los esclavos y los siervos. Los nobles igualmente se creían que eran más dignos y tenían más derechos que los plebeyos. Los justos se imaginaban que les correspondían derechos que no podían tener los pecadores. Los fieles estaban seguros de tener más derechos que los infieles. Y así sucesivamente.
Lo más grave del asunto es que los fuertes no sólo veían así la vida, sino que, durante siglos y siglos, se han dedicado a poner en práctica su ley, la ley del más fuerte, sin piedad, invocando incluso la autoridad divina para actuar de forma tan salvaje. Por eso hay personas que, aunque vivan hoy, en realidad viven en tiempos antiguos y bárbaros. Son los que siguen pensando que los hombres tienen derechos que no pueden tener las mujeres, los que defienden que los empresarios tienen derechos que no pueden tener los trabajadores, los que aseguran que los ricos tienen derechos (pagar una fianza) que nunca podrán poner en práctica los pobres. Y son también –lo diré de una vez– los que se echan a la calle para defender que los homosexuales no pueden tener los mismos derechos que los heterosexuales.
En los tiempos antiguos y bárbaros, a los homosexuales se les quemaba vivos en la plaza pública, como se hacía con los herejes, las brujas, los infieles. Luego, con el paso del tiempo, esa ley se humanizó. A los homosexuales no se les quemaba, ni se les metía en la cárcel. Pero su libertad estaba controlada. Hasta que ha llegado el momento en que se les ha igualado en derechos con los demás ciudadanos. Cosa que algunos no pueden soportar. Porque dicen que eso atenta contra la familia. Y amenaza a la sociedad.
A mí me parece que el fondo del problema está en saber si lo esencial y específico de la sexualidad humana, el culmen de su razón de ser, consiste en el instinto que une al macho y a la hembra para procrear, de manera que así sea posible que sigan naciendo hijos y no se acabe la especie. O si, más bien, lo esencial y específico de la sexualidad humana, el culmen de su razón de ser, no se limita a la facultad de procrear, sino que (eso supuesto) lo que caracteriza al sexo, entre los humanos, es la entrega de una persona a otra, la entrega mutua que así expresa y comunica el amor propiamente humano. Hay quienes dicen que esto es un asunto discutible. En cualquier caso, lo que, según creo, no admite discusión es que, si se prefiere la primera solución, en ese supuesto se tiene una idea de la sexualidad humana que poco se distingue del mero instinto animal, ya que, de ser eso así, el amor y la entrega entre las personas no es el culmen y la plenitud, sino una fuerza que atrae a los machos y a las hembras para unirse y copular para tener hijos y que así la vida humana no se acabe en este mundo.
La moral católica ha dicho siempre que lo central es el amor. Pero con tal que sea un amor abierto a la procreación. Con lo cual, lo que en realidad se está diciendo es que lo que nunca puede faltar es la posibilidad de procrear, por más que falte el amor, como de hecho ocurre en tantas familias, en las que se cumplen todos los requisitos de los códigos religiosos, pero las personas no se quieren y a duras penas se soportan. O sea, se antepone la posibilidad de procrear legalmente al amor, por muy fuerte que éste sea.
Por supuesto, cada cual es libre para defender la idea que le dicte su conciencia, su confesor o su catequista. Pero con tal que nunca una idea sea más importante que una persona. Y menos aún que, por una idea, se humille y se amargue la vida a millones de personas. Sabemos que hay personas del mismo sexo que se quieren de verdad, pero no pueden expresárselo. O si se lo expresan, no pueden tener los mismos derechos que tienen los que se quieren desde la diferencia sexual. Porque hay una idea (supuestamente divina) que, a muchas personas que se quieren, les prohíbe el amor. O limita ese amor de tal manera que lo reduce a casi nada. En este asunto, como en tantos otros, siempre se ha impuesto la ley del más fuerte. También en esto, la diferencia se ha convertido en desigualdad. Es comprensible que los hombres de la religión defiendan sus ideas. Pero que no impidan que el legislador organice la convivencia de las personas de forma que todos tengamos los mismos derechos. Porque todos tenemos la misma dignidad. Y merecemos el mismo respeto.
“Diario de Cádiz” 10-07-05

 



LAS PRIORIDADES DE NUESTROS OBISPOS PARA LOS PRÓXIMOS 3 AÑOS

 

Prioridades eclesiásticas

Las prioridades de la Iglesia española para los próximos tres años girarán en torno a tres grandes ejes: en primer lugar, la defensa de la familia y la institución matrimonial, que desde el Episcopado se considera «seriamente amenazada» tras la aprobación en el Congreso de los Diputados del matrimonio homosexual; en segundo término, la «defensa activa» de la importancia de la educación religiosa en los colegios, en un momento en el que se está discutiendo el futuro engarce de la clase de Religión en el sistema educativo; finalmente, el reconocimiento del «déficit de espiritualidad» en la sociedad española y la necesidad de un mayor acercamiento con los jóvenes y con los más alejados de la vida de la Iglesia.(Religión Digital.11-07-05)



Estimados compañeros : no sé qué pensaran Uds. de las prioridades que se marcan nuestros obispos para la acción pastoral de los próximos 3 años.
A mí me parece de pena. De nuevo, otra vez, una vez más, las prioridades se centran “en la defensa de la familia y la institución matrimonial” que según ellos se encuentra “seriamente amenazada”, “ la defensa activa de la importancia de la educación religiosa en los colegios” y el déficit de espiritualidad” en la sociedad española…Y, curiosamente, la necesidad de un mayor acercamiento a jóvenes y alejados…
Pero señores obispos…otra vez estáis mirando para “dentro” de la institución eclesiástica. Creía que ibais a marcar como objetivos prioritarios los acuciantes problemas de nuestro Pueblo a los que la Iglesia debe servir y dar respuesta.
Los problemas de los que carecen de un trabajo digno, los que no tienen techo ni hogar, el problema de los centenares de miles de inmigrantes cuyos derechos humanos no son reconocidos, el problema de los hombres del campo y del mar, el problema de la juventud en su conjunto y los colectivos de marginados de todo tipo (ancianos, enfermos etc…), la necesidad de luchar por un cambio en las relaciones económicas internacionales para que los países más desfavorecidos puedan lograr su desarrollo con un nuevo sistema internacional más justo, la necesidad de luchar contra la pobreza en el Mundo, contra las guerras. Una actitud de denuncia de las injusticias sociales…
Creía que ibais a estudiar cómo poner todas las estructuras de la Iglesia al servicio de estos problemas de nuestra Sociedad…
Unas parroquias abiertas a los problemas de los que más lo necesitan y no anquilosada en ritos sacramentales sin sentido…
Fomentar actitudes de denuncia…, fomentar las comunidades de base…
¿Cómo van Uds. a acercar así a los jóvenes y a los alejados? Si nada más que están pendientes de solucionar sus problemas internos…
Como dice Monseñor Guillot ..”una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”
Una vez más, nuestros obispos vuelven a decepcionarnos
Saludos cordiales :
Juan Cejudo

 



¿A LA CALLE?

Nota de la Junta Directiva
de la Asociación de Teólogos Juan XXIII

 

La jerarquía eclesiástica española ha decidido apoyar la manifestación pública contra la decisión gubernamental de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y su derecho de adopción, convocada por el Foro Español de la Familia para el 18 de junio en Madrid.
Algunos obispos han invitado a que sus feligreses salgan “a la calle”, un precedente discutible ya que de este modo -inusual en la Iglesia católica- se desautorizan algunas leyes aprobadas por el Congreso de los Diputados y se ahonda la división entre católicos con visiones religiosas y políticas diferentes. La Iglesia no es una institución política frente a otras instituciones, ni puede imponer en la sociedad su código ético. Los fieles laicos más conscientes no toleran ser tratados por los obispos como menores de edad, ni muchos de ellos están dispuestos a formar un “frente político” afín a los partidos de la derecha. Entienden su misión con otros criterios.
Nos estamos alejando del espíritu del Vaticano II, Concilio que propuso una Iglesia al servicio del reino de Dios en la sociedad, enraizada en el evangelio de Jesucristo, samaritana con la humanidad doliente, profética frente a los poderes de ete mundo y partidaria de una vida cristiana pacífica, compartida y gozosa, desde la opción por los pobres. Contemplamos a nuestros obispos crispados frente al gobierno socialista; a los movimientos católicos neo-conservadores aliados con la derecha política; a nuestros fieles de las parroquias desorientados; y decepcionados profundamente los que proponemos otro tipo de teología, de pastoral y de Iglesia, propensa a la reforma y distanciada de la «restauración»
No pretendemos con esta nota avalar al gobierno socialista, con el que disentimos en ciertos puntos de su programa. En nuestra Asociación hay diversidad de opiniones políticas. No estamos de acuerdo en salir “a la calle” en cuanto católicos. Que cada cristiano opte por la formación política más apropiada a sus criterios y haya libertad de decisión en el seno de la Iglesia, sin que se nos conmine a seguir un camino único. Estamos hondamente preocupados por el rumbo que está tomando la jerarquía frente a un gobierno no confesional, legítimamente constituido, en medio de una sociedad secular y plural que rechaza consignas episcopales, propuestas desde una autoridad religiosa escasamente creíble.
Madrid, a 14 de junio de 2004

 


 



PORTO ALEGRE 2005
LA LIBERACIÓN ES POSIBLE

Evaristo Villar
 


La cita en los comienzos de 2005 estuvo en Porto Alegre (Brasil). Bajo un sol penetrante y húmedo se desarrolló, del 26 al 31 de enero, el V Foro Social Mundial (FSM). Simultáneamente y en el marco del mismo foro tuvieron lugar otros cónclaves regionales y temáticos que abarcaron un am-plio abanico desde la administra-ción local y el parlamentarismo, desde las prácticas de lucha contra las pobrezas, la ecología, la cultura, la sanidad y la justicia, hasta secto-res tan determinantes de la socie-dad actual como la juventud, los indígenas, la emigración, etc. Por su novedad y la repercusión mun-dial que tuvo destacamos el I Foro Mundial dedicado a la Teología y la Liberación (FMTL), que se de-sarrolló en los días previos al V FSM (21 al 26 de enero) y espiri-tualmente vinculado al mismo.
Lo primero que sorprende en esta cita es la magnitud de acontecimiento mismo: una abigarrada multitud, variopinta, festiva y cordial llenó a todas las horas las 102 hectáreas del “territorio social mundial” situado a lo largo de 5 kilómetros sobre la ribera del río Guaíba. La globalización del colorido de la imagen, de los ritmos musicales, de las múltiples formas de protesta y de fiesta, hasta de los ritos y estilos de celebración religiosa, se apropió durante unos días de esta zona de la bonita y rica ciudad de Porto Alegre.
Mirando más al fondo del
fenómeno, se cae pronto en la cuenta de que no se trata de una mera concentración turística. Todo en este evento tiene sentido. Todos los elementos coadyuvan a crear un “espacio acogedor y de encuentro” donde se comparten experiencias y se debaten ideas, donde se intercambian proyectos y se coordinan agendas y plataformas de lucha en vistas a rehacer este mundo maltrecho.
Ausente cualquier tipo de dirigismo vertical, la autogestión alcanza apreciables niveles de articulación y convergencia entre las más de 6.000 organizaciones y movimientos que vienen de tradiciones, prácticas y contextos político-culturales extraordinariamente diversos. Nunca se tiene la sensación de estar atravesando el reino del caos o de la Torre de Babel, sino más bien de estar viviendo una versión moderna de la rica experiencia de Pentecostés. Porto Alegre se ofrece como un escenario de “aprendizaje colectivo” para supe-rar el sectarismo y la intolerancia y para asumir “una nueva forma de hacer política”, desprendida de la pretensión de la verdad única, y del modelo/sistema único.
Aún una reflexión importante. Más que un evento, Porto Alegre es sobre todo el “eslabón de un proceso” que cuestiona decidida y sólidamente el neoliberalismo y la “globoco-lonización” (F. Betto) como la única e inevitable concepción social posible para la humanidad. Contra los interesados y falsos profetas del momento, la caída del muro de Berlín no ha traído el “fin de la historia”, ni el mercado libre ha otorgado la salvación. Más bien han sido portadores de una gerontocracia y esclerosis galopante y de un discurso único dógmático y paralizante tanto en la sociedad como en las iglesias.
Pero la historia se ha empeñado en continuar y el deseo de liberación está rebasando por todas partes el mercado libre y el control de las iglesias. Cuando, contra lo que se predicaba, las personas comienzan a ser sujetos y no meros objetos de la historia, ésta empieza a recuperar su sentido dialéctico. Y la apuesta por “otro mundo posible” de los FSM de Porto Alegre se convierte en un brillante catalizador de las nuevas energías sociales y esperanzas que están recorriendo el mundo.
En un número doble de la revista Éxodo presentamos, organizados a nuestro aire, algunos de los materiales más relevantes del V FSM y de I FMTL junto a las opiniones de algunos protagonistas destacados y la experiencia de testigos presenciales de parte del equipo de redacción de la revista.