Os ofrecemos un resumen
de las
aportaciones que se hicieron en el
IX Encuentro Estatal del Moceop.
Bajo el título general de «Ser Familia Hoy»
va una pequeña muestra
de lo que allí se habló |

HOLA FAMILIA
LA CIGÜEÑA
La cigüeña es un ave muy familiar y hasta doméstica, aunque en la
clasificación técnica de la fauna no figura como tal. Pero en la
concepción infantil y de cuento se le ha asignado la tarea de ser
portadora del fruto de la mater-paternidad. Noble oficio, con el cual la
cigüeña se nos ha metido en casa. Cuánto sabe de alegrías y esperanzas,
de sorpresas, sobresaltos y hasta de disgustos y rechazos.
NIDO MOCEOPERO
En Moceop, que somos como niños, elegimos a la cigüeña como mascota de
nuestro IX Encuentro Nacional, que celebramos los días 4, 5, y 6 de
marzo, porque íbamos a compartir experiencias familiares y porque en la
mayoría de las familias de Moceop la conocen por sus visitas. Nos
pareció que, si la enviábamos por la geografía de España con una
invitación para acudir a esta cita en El Espinar, localidad segoviana y
aldea de cigüeñas, realizaría bien el encargo. Y así lo hizo; a pesar
del mal tiempo, la invitación cigüeñil hizo que más de 60 cigoños
acudieran al Encuentro. Y aquí constituimos, durante tres días el nido
moceopero.
1ª NIDADA
( o sentada, mesa redonda....)
En la primera nidada intervinieron distintas parejas, que nos dieron su
experiencia familiar, moderadas por Mario, que nos introdujo en el tema
con estas ideas:
“Hablar de familia es hablar de una realidad plural y compleja. Existen
tantos estilos familiares como familias, pero la complejidad social en
la que vivimos ha generado diferentes estructuras familiares.
Modelos de familia desde la perspectiva de género: familia tradicional
(el hombres es el proveedor y la mujer se ocupa de la crianza); familia
semitradicional (hombre y mujer son proveedores y la mujer, además, se
ocupa de las tareas domésticas; familia de doble carrera (hombre y mujer
comparten tareas domésticas, de crianza y ambos son proveedores)
Nuevos modelos de familia: de unión libre, sin mediación del matrimonio;
de unión libre entre miembros del mismo sexo; de unión libre del mismo
sexo reconocido como matrimonio; familias monoparentales”
“UN NUEVO SITIO DISPONED.....

(JOSÉ ANTONIO)
En un lugar de Murcia y en 90 metros cuadrados vive una familia numerosa
de 9 miembros: padres (Manolita y José Antonio), 5 hijos y los abuelos.
Aquí la cigüeña tuvo que esforzarse.
“Todos los hijos fueron bien recibidos y supusieron una gran alegría.
Con los cinco somos felices, aunque hubo sus dificultades”.
Según José Antonio, esta cigüeña tan generosa siguió merodeando los
alrededores de su casa, por si necesitaban de sus servicios. Pero un día
la pareja decidió dejarla libre, para que emigrara a otros hogares.
“Organizamos la vida familiar en la felicidad que íbamos construyendo
día a día, aunque la vida era de lo más normal”
“La preocupación por los hijos ha llenado nuestro tiempo; había que
estar cerca de ellos; tenían que sentir nuestra cercanía”
Cada hijo necesitaba una dedicación personal, porque “cada hijo es un
modelo”. Sin embargo, reconoce José Antonio, que al primero lo cuidaron
especialmente, para que fuera “ tal como lo habían concebido y deseado”.
Es más, querían que el primero “fuera el referente de todos los demás”.
Y fue tal la preocupación y el cuidado que incluso “lo marcamos
demasiado”
El hijo después escogió la libertad, ser el mismo, pero “guardando un
talante humano muy positivo”. Lo mismo hicieron los demás hijos.
“Creemos, tanto mi mujer como yo, que la labor de los padres es labor de
siembra”. Luego “la cosecha es personal”.
Los abuelos completaban la familia con su convivencia, su ejemplo, su
presencia y hasta con sus limitaciones.
La madre en esta familia “cuida de lo tradicional y de lo moderno”,
según confiesa su cónyuge José Antonio, porque asume las tareas
domésticas ( es que a José Antonio le ‘salen peor’) y realiza su trabajo
profesional.
La transmisión de la fe la han hecho como invitación, sin imponerla. Los
hijos reaccionan con una actitud de crítica muy dura contra todo lo
eclesial.
La faceta generosa y solidaria de esta familia es que, a pesar de los 90
metros “todavía sobra algún rincón para los de fuera” (han salvado
literalmente (con literas) el espacio). Se nota que el espacio del
corazón de esta familia es mucho más amplio que el espacio físico.
“LA PUERTA SIEMPRE ABIERTA”...
(TERE Y ANDRÉS)
Tere y Andrés llegaron a la familia después de un “recorrido como pareja
en el amor”, aunque “nos costó formar pareja y formar familia”, confiesa
Tere. Hubo serias dificultades familiares, eclesiales y sociales.
“Comenzamos a caminar en igualdad, repartiendo tareas educativas,
domésticas, laborales”
Un día decidieron llamar a la cigüeña. Se hico un poco de rogar, pero
llegó con un niño. Era el hijo “buscado, deseado, conseguido”, “llenó
nuestras expectativas, nuestro amor”. Pero también fue “un reto que
merece la pena”, “das amor, dejas esfuerzo, consumes tiempo y energías,
pero recibes vida, sonrisas, ilusión....”
Al no poder contar más con la cigüeña, y “buscando una familia más
amplia, en la que estuviera presente la gran familia humana”, la pareja
adoptó la táctica de “abrir la puerta” y facilitar la entrada en ella de
algún miembro más. La maniobra dio resultado y “en nuestra familia entró
un chaval de 10 años que fue acogido con el cariño de un hijo y un
esfuerzo añadido”. Otro reto. Pero la ampliación familiar duró sólo
cinco años, “dejando un sabor agridulce”.
A pesar de ello, la familia sigue teniendo “la puerta siempre abierta”,
por la que entran personas que “quieren compartir vivencias y
esperanzas”.
La familia sigue su caminar, apoyada en unos valores como respeto,
diálogo, solidaridad, amor; sobre todo, amor, “cultivándolo día a día, a
través de los “distintos episodios vitales”, sin olvidar “los detalles”
(flor, sonrisa...) y así “no perder el rescoldillo interior”
La fe en Jesús también les sirve de “motor”, a la vez que representa “un
compromiso”; fe que es difícil de transmitir al hijo, pues la práctica
eclesial y jerárquica “provoca en él una actitud muy crítica y hasta de
rechazo a lo religioso”.
“EL NOVIO DE MI HIJO ES MI YERNO FAVORITO”
(MANUEL)

Manuel, gay, vive en pareja desde hace hace algún tiempo. No le gusta
hablar de “distintos modelos de familia”; él prefiere hablar de
“distintas formas de convivencia y de vinculación afectiva, que pueden
constituir familias”.
La convivencia en pareja ha tenido un recorrido no exento de
dificultades por su orientación sexual; los condicionantes familiares
(en un principio), el rechazo social, la beligerancia eclesial han sido
barreras importantes. “Yo he contado con el apoyo de mis padres, hasta
tal punto que mi pareja está integrada en mi familia de procedencia”
Recuerda, emocionado, la frase de su madre: “el novio de mi hijo es mi
yerno favorito”.
Como creyentes esta pareja ha necesitado de apoyos para “compaginar su
fe y su orientación sexual”. Pero “nosotros lo hemos conseguido”, dice
Manuel.
Piensan casarse en cuanto salga la ley que permita el matrimonio entre
personas del mismo sexo.
Y lanzando hacia el futuro la vivencia familiar “hace tiempo que venimos
planteándonos la adopción y seguramente nos decidiremos”. Otra vez la
cigüeña dispuesta a hacer un recado gratificante.
“ESPERANDO LA CIGÜEÑA....
(Mª JOSÉ Y PADRE LUIS)
La familia Mª José y Pedro Luis vive “tiempos de esperanza y de retos”.
Son jóvenes que han hecho “el camino de pareja con dificultades”, pero
queda tiempo suficiente “para vivir otras experiencias más gratificantes
e intensas”.
Es u na pareja de “unos sin papeles”, así catalogados por la jerarquía
eclesiástica, al no conseguir Pedro Luis la dispensa celibataria. Se han
atrevido a vivir en libertad y a la intemperie su amor, por encima de
códigos trasnochados, superando la “falta de apoyo de ciertos amigos y
compañeros”
Las dificultades económicas y de trabajo iniciales no les arredraron. La
vida familiar se fue desarrollando apoyada en su amor, tratando de
compaginarla con la vida laboral.
A veces los condicionantes laborales (horarios, sueldos...) junto con
otras necesidades básicas, como la vivienda, exigieron “renunciar a unos
desarrollos y reciclajes profesionales”, así como a una mayor
participación en actividades de tipo social.
Pero “las posibilidades están por explotar; y se realizarán”, dicen
esperanzados.
Pero esta familia tiene un gran reto derivado de un serio problema:
tener hijos. Siguen esperando la llegada de la cigüeña cargada de
sonrisas. Hasta doce visitas había soñado Pedro Luis recibir de este ave
mensajera. No fue así. Pero sí será, porque “son tiempos de esperanzas y
de retos, dice Mª José.
“Después del peregrinaje por médicos, hospitales, clínicas privadas,
operaciones, pruebas, técnicas, y una vez curadas las heridas, nos hemos
decidido por la adopción internacional. Ya hemos iniciado el proceso”
Seguro que ahora sí vendrá la cigüeña. Y más gritando vuestro deseo
desde este lugar, El Espinar, la casa de tantas cigüeñas y que “tan
buenas vibraciones” le produce a Pedro Luis.
2ª NIDADA
Esta segunda nidada (sentada, alrededor del nido) estuvo protagonizada
fundamentalmente por mujeres que pusieron en común su experiencia
familiar.
Sin discursos, sin tecnicismos, con lenguaje directo y experiencial nos
relataron su vivencia.
Así se expresaron, bajo la moderación equilibrada de Paloma.
“FAMILIA ‘MONOMARENTAL’...
(MARISA)
Jubilada, separada, madre de siete hijos y una fuerza arrolladora que
hace que “nada me arredre” y “nada pueda conmigo”
Marisa tuvo “una infancia maravillosa” en su Aragón querido, según
confiesa.
Se casó muy enamorada. Quiso compartir con su marido todo, pero no
estaba dispuesta a que “la hiciera una inútil”.
Después de veinticuatro años de matrimonio, se separa y “creé una
familia ‘monomarental’, no monoparental como se dice ahora”
Tiene que hacerse cargo de la familia y del negocio que mantenía a la
familia. Esta mujer, dura y fuerte, trabaja, sufre, empuja, cuida de sus
hijos.
“Eduque a mis hijos muy duramente y lo mejor que he podido. Tan
importante es darles un chupachups como un bofetón a tiempo”
Quiere a sus hijos, habla con unción de ellos, aunque “a veces volara la
zapatilla junto a ellos”
Cargada de razón por su experiencia, dice que “la mujer en la familia es
importante, la mujer-madre fundamental, eje principal de la familia”.
Y en el tiempo “que le sobraba” ( no se sabe cómo) se metió en las
luchas por la igualdad de la mujer. Junto con otras aguerridas mañas
fundó el Teléfono de la Esperanza y la Asociación de Separadas y
divorciadas de Aragón para conseguir la igualdad de la mujer “cosa que
todavía no hemos conseguido del todo”.
Declara tener tres grandes retos: Uno, “seguir apoyando a mis hijos
desde la jubilación; que me encuentren cuando me busquen”, “ me gustaría
avivar en su corazón el rescoldo de la fe que prendió de pequeños”. Un
segundo reto: “colaborar en el barrio, en lo vecinal, en la parroquia”.
Y para redondear los anteriores un tercer reto: “ayudar a todos, hasta
que el cuerpo aguante”. La cigüeña, después de los años, volvió a
visitar a Marisa, trayéndole varios nietos.
“NO PODEMOS DIVORCIAR NUESTRAS VIDAS”.... (PORFIRIA)
Latinoamérica es tierra de grandes esperanzas, porque hay grandes y
fuertes mujeres. Como nos dice Porfiria, hondureña, que le decía su
madre: “la mujer debe ser presencia real en todos los ámbitos”.
Porfiria es presencia. Hija de familia numerosa: 11 hermanos (9
biológicos y dos adoptados). Esta forma de ser familia venía ya de sus
abuelos que tuvieron 16 hijos biológicos y 16 adoptados. “Esto quiere
decir que era una familia donde había mucho amor”, dice Porfiria.
Dejó la casa familiar y se fue a la ciudad “en busca de preparación y
promoción”. Poco a poco en la ciudad construye su familia con sus
hermanos que se fue trayendo. Luego casándose construye otra familia con
3 hijos. Las cigüeñas en Latinoamérica también son portadoras de
alegría.
Fue ampliando la familia, ayudando a otras personas en sus necesidades;
trabajó a favor de los niños de la calle, formaba parte del movimiento
de mujeres sindicalistas....
Un día el marido se marchó: “ no entendía mi proyecto de vida”
Sufrió un secuestro por trabajar a favor del pobre. Tuvo el coraje de
escaparse de sus secuestradores. Vino a España huyendo y dejó allí a sus
hijos: «había construido una familia y tenía que defenderla». Si ella se
hubiera quedado allí. corría peligro toda la familia.
En España se fue abriendo camino junto a Felipe, su actual pareja. Se le
“fueron abriendo las puertas, menos las de la iglesia”
“Estoy contenta, porque mi vida es un recorrido señalado por Dios. El
sabe donde me lleva”.
Su actual familia, ya reunida aquí, “es una piña que se ha ido
construyendo día a día, en medio de “ dificultades, pero con el espíritu
elevado”, porque “ en nuestra familia no hay nada individual, es una
sola cosa; no podemos divorciar nuestras vidas”. Prueba de esta unidad y
de este compartir familiar es esa frase, que Porfiria sentenció: “en la
vida familiar no se manda, se vive”.
La familia tiene unos retos claros y ambiciosos: continuar con la
Asociación, que fundaron, para el desarrollo de los pueblos de América.
Así mismo, seguir manteniendo el Hogar para niñas abandonadas e impulsar
una Escuela vocacional para jóvenes.
“ATENTOS A LA VIDA...
(JUANI)
“Tus hijos no son tus hijos; son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí
misma.
no vienen de ti, sino a través de ti,
auque estén contigo, no te pertenecen”.
Con este poema comenzó Juani su intervención, a quien el vuelo de la
cigüeña ya no le preocupa; únicamente le hace cosquillas ver “el nido
vacío”, frase que a ella no le gusta, ya que “la vida no se termina
porque los hijos se vayan; siempre seguirás atenta a ellos”.
Eso dice Juani, madre de familia con hijos mayores que han volado ya del
nido familiar para hacer su vida.
Y dice convencida que la marcha de los hijos no debe ser mirada en
negativo, pues “los hijos necesitan salir de la familia y organizarse
por si mismos”, aunque la no presencia de los hijos la vive “con pena y
gozo a la vez”
Juani procede de una familia rural que “tuvo que arriesgar y marchar del
campo a la ciudad”

A la hora de consti-tuir su propia familia con José Luis y sus dos hijos
no olvidó la de procedencia. Tanto que “las abuelas han sido parte
importante de la familia”. “Siempre hemos pensado que los nietos
necesitan a los abuelos y los abuelos a los nietos”. Ella cree que en su
familia “las abuelas han influido mucho en la educación de sus hijos”
“Mucho diálogo entre padres e hijos, para contar los bueno y lo malo” ha
sido una actitud constante en la familia. En ocasiones ese diálogo ha
sido tenso, debido a la “rebeldía juvenil”. La cercanía con los hijos
sigue hoy en la distancia.
Esta familia “vivió la fe en comunidad desde el primer momento”. Los
hijos también han participado en los actos de la comunidad, aunque no de
forma tan permanente como los padres. La comunidad cristiana de base, en
la que siguen, es un estímulo y una ayuda en su vivencia de fe.
La familia vive “con la puerta entornada, por si alguien necesita
entrar”, porque “estando atentos a la vida, aunque los hijos ya no
estén, hay otras muchas cosas que pueden llegar a formar parte de
nuestras vidas”
Y así, por la “puerta entornada” se les han metido las necesidades de
los inmigrantes, con los que colaboran y las gentes de la República
Dominicana, donde se fueron, por un tiempo, tratando de “humanizar”.
Jubilada la pareja, con tiempo para sí misma y los demás, “siguen
abiertos a lo que salga, a cualquier otro proyecto en el cual podamos
colaborar”.
SIENTO QUE DIOS ME HIZO ASÍ (JUANI)
“Desde que tengo uso de razón he sentido de una manera determinada
sexualmente; igualmente, desde que tengo uso de razón, me ha atraído el
mundo espiritual y religioso”
Dos facetas importantes en la vida de Juani, que se siente “sexualmente
distin-ta”, aunque “nunca le ha supuesto, personal-mente, ningún
problema”, a pesar de que “tenía conflicto con los demás”
Proviene de familia normal, de trabajadores, y en “ella se ha sentido
privile-giada, integrada y bien aceptada”; “la familia ha sido uno de
mis pilares, siempre ha esta-do ahí, para reír y para llorar; yo también
he estado con ella”
“Dios me hizo así; siento que Dios me hizo así”, aunque la familia
Iglesia la marginó, tanto la familia “en círculo” (grupo, comunidad),
como la de “la pirámide” (jerárquica).
“Estuve en barbecho ocho años, pero ahora me estoy encontrando con las
vivencias y ayudas que necesité hace tiempo”
Ahora vive independizada de la familia de origen, pero le “es muy dura
la vida en soledad. No he elegido vivir en soledad, sólo independiente”
“Ahora necesito una pareja, compartir mi vida y compartir mi fe”
“Necesito ser acogida por la Iglesia, integrada”
“Voy a volver a empezar. Tengo todas las posibilidades”
La paloma del Espíritu, esa que tu dices que “tenemos todos”, te llevará
al nido familiar. La cigüeña, nuestra mascota en este encuentro, llegará
un poco más tarde.
OTRAS REFLEXIONES
DESDE EL NIDO
En el diálogo que siguió a las dos mesas redondas (nidadas), la
participación fue importante. Los moderadores, Mario y Paloma,
respectivamente, coordinaron las intervenciones de los asistentes.
Se tocaron temas variados, relacionados con la familia, como violencia
doméstica, la homosexualidad en la familia, la sexualidad en la pareja,
la fe como valor humano y su transmisión a los hijos, la familia de l@s
solter@s, problemas en la pareja, la familia humana y cósmica.....
Recogemos solamente algunas frases de los intervinientes:
“La familia se hace desde la vida y con la vida”. Y es “una realidad
múltiple”. “No hay un modelo ideal de familia”
“Echando mano de la autoestima tendremos que decir que la mejor familia
es mi familia, no porque sea la mejor, sino porque es mía”
“La Iglesia no puede imponer ni sobrevalorar un único modelo de familia,
porque la vida va poniendo delante realidades nuevas y ‘no se puede
echar vino nuevo en odres viejos’”
“Para la Iglesia la naturaleza ha sido considerada siempre heterosexual;
pero la naturaleza se sigue manifestando en otras formas de vinculación
afectiva”
“Luchar contra la violencia doméstica, física y psicológica, nos exige
educar a nuestros hijos sin sexismo, en la igualdad y los valores. Exige
también practicar el diálogo en la pareja sin pasar factura”
L@s solter@s también tienen familia. Estar solter@ no es estar sin
familia, porque la familia nace de un@ mism@.
“ El fin del matrimonio no es la procreación; es el amor”. De ahí que
“tenga sentido la vida de pareja sin hijos y la familia homosexual sin
función procreativa”
La fe es un valor humano, uno más de los valores humanos. Su transmisión
a los hijos resulta difícil hoy ,dada la actitud de rechazo que los
jóvenes sienten a lo eclesial”. “La transmisión debe ser a nivel
experiencial, invitando, no imponiendo y esto hacerlo sin agresividad.”
Aún así, hay quien “insiste más en la transmisión de la fe en la persona
humana que en la transmisión de la fe religiosa”
“La relación sexual en la pareja debe ser gratificante, satisfactoria,
un encuentro en la profundidad y reconocerlo abiertamente”
“La idea de familia cristiana va más allá de la familia biológica,
porque en cristiano todos somos hermanos, todo ser humano es mi hermano
y nos amamos. Es una idea que tenemos que tener en cuenta pues el mundo
no nos está preparando para el amor”
“Hay que ampliar el concepto de familia a la humanidad entera; y al
igual que la familia biológica es plural, hay que aceptar que la familia
humana también es plural. Podemos y debemos llegar a la gran familia
humana y hasta la familia cósmica”
“La educación de los hijos es una responsabilidad de la familia y de la
sociedad, que no se puede dejar de asumir”, para que no ocurra, como
pasa algunas veces hoy, “que hay hijos que viven en cierto abandono. De
esto no hay que culpar a la mujer por haber accedido al mundo laboral.
Habrá que compaginar los distintos derechos y responsabilidades para que
los hijos tengan el espacio, el tiempo y la dedicación que necesitan”.
¿Cómo afrontar la homosexualidad en algún miembro de la familia?
Saliendo del armario también los padres; teniendo en cuenta que ayudar a
la persona humana es lo primero y echando mano del amor”
La cigüeña, cual paloma del espíritu, seguirá volando en torno a
nuestras vidas.
Andrés Muñoz


SER FAMILIA HOY
TESTIMONIO
En nuestra familia somos
cuatro: los padres, Ana y Paco; los hijos, Gregorio y Pedro, de 5 y 1
años respectivamente.
Intentamos vivir dos dimensiones:
a) Una que podríamos llamar interior o de relaciones entre nosotros
b) Otra que podríamos llamar exterior o de relaciones con los demás;
aquí entran desde los más cercanos (vecinos, compañeros de trabajo…) a
los seres humanos más lejanos que viven en otros países, en situación de
sufrimiento y pobreza.
Creemos que ambas dimensiones han de vivirse y entre ellas ha de existir
un equilibrio: ni vivir volcados sólo hacia fuera, olvidando a tu
familia; ni vivir sólo pensando en lo más cercano, olvidando a los de
alrededor. El vivir cada dimensión ayuda a vivir mejor la otra, pues no
se oponen, sino que se complementan y ayudan mutuamente la una a la
otra.
Un aspecto que valoramos mucho es el de conciliar vida laboral y vida
familiar. En este sentido, con nuestro primer hijo optamos por estar uno
de los dos casi año y medio sin trabajar. Con el segundo, hemos optado
por una reducción de jornada. Ganas menos dinero, pero te das cuenta de
dos cosas:
1º) No se necesita tanto para vivir
2º) Ganas mucho en algo que no se puede comprar con dinero: el tiempo de
convivencia con los hijos en estas edades básicas de la vida
Ni que decir tiene que consideramos fundamental la realización, por
parte de ambos, de un trabajo remunerado fuera del hogar. Y esto no sólo
ni principalmente por el hecho de ganar dinero (pues después compartes
con organizaciones y colectivos mucho de lo que ganas) sino, sobre todo,
por realización personal de ambos.
Creemos que, en esta edad de la vida de nuestros hijos, es importante
dedicar el tiempo libre que disponemos a estar con ellos. Es el mejor
“regalo o juguete” que podemos hacerles.
Vivimos nuestra fe en un grupo o pequeña comunidad, que hemos concretado
en la HOAC, donde nos estamos iniciando. A nuestros hijos intentamos
educarlos en la fe en Jesús. Gregorio, el mayor, recibe la catequesis
que le damos en la familia; la empezamos a los dos años; ya vamos
leyendo un sexto libro de catequesis (del mismo modo que leemos otros
libros de niños, infantiles o cuentos). A esto se une nuestro ejemplo de
vida, la oración y la vida eclesial y comunitaria. La pertenencia a
MOCEOP y SOMOS IGLESIA es fundamental.
Como padres, experimentamos la necesidad de formarnos en lo referente a
cómo educar a los hijos, pues eso nunca se ha estudiado (aunque creemos
que debería plantearse en algún momento del proceso formativo de las
personas). Para ello, hemos recurrido a leer libros escritos por
especialistas (pedagogos, psicólogos, pediatras), maestros y
experiencias de padres.
Parte de lo que ganamos lo compartimos, principalmente con
organizaciones, aunque no con cualquiera. Lo hacemos con aquellas que
(aunque hagan una tarea asistencial), trabajan por cambiar los esquemas
y valores de este mundo, con aquellas que son críticas con la situación
de desigualdad e injusticia a nivel mundial, cuestionan y denuncian las
situaciones de injusticia y explotación, y trabajan por cambiar las
causas de esas situaciones.
En nuestra familia, intentamos cuidar la comunicación y el diálogo entre
todos. A veces nos sale muy bien y otras… no tanto, pero sabemos que ése
es el único camino para querernos y estar unidos.
Os enviamos un cariñoso saludo a todos los amigos y amigas de MOCEOP,
de Pedro, Gregorio, Ana y Paco.

MATRIMONIO
ENTRE HOMBRE Y MUJER
Sin dejar de pensar en la importancia de la comunicación emocional en la
pareja en sus distintas modalidades, no se deben olvidar los problemas
de convivencia que están surgiendo también en la unión estable de hombre
y mujer. Ambientes preñados de hedonismo están erosionando fundamentos
íntimos de la misma dignidad humana. Todo ser humano merece el máximo
respeto, sea cual sea el nivel de su inclinación y enfoque sexual, pero
ello no quita que en los momentos actuales convenga reflexionar también
sobre comportamientos que se está abriendo camino en parejas de distinto
sexo. Con facilidad se rompen matrimonios que parecían de estabilidad
consolidada. Esto genera noticias morbosas. Sin embargo, no sería justo
pasar por alto y olvidar la gran cantidad de parejas que luchan en la
vida por ser cada vez más felices el uno con el otro y dedican su
entrega y entusiasmo en la educación y formación integral de sus hijos.
Ante los frecuentes fracasos matrimoniales conviene aclarar algunos
aspectos. Puede ocurrir que los móviles que llevaron a algunos a elegir
su pareja y casarse no estuvieran del todo fundamentados en el amor,
sino en otras circunstancias: el miedo a la soledad, la necesidad de
seguridad, la huida de la familia, cierto afán de conquistar y dominar.
Por ser una decisión importantísima para la vida, contraer matrimonio
requiere la previa maduración de la persona y una preparación
responsable La etapa de noviazgo es una experiencia fundamental. A
través de ella, los novios se van conociendo entre sí, se van tomando el
pulso mutuamente y al mismo tiempo se conocen en esta relación a sí
mismos. Se trata de saber si los dos tienen capacidad y madurez para dar
el paso del compromiso matrimonial y si la pareja será capaz de
compenetrarse y vivir en común.
La capacidad de amar y ser amado tiene su expresión más plena en la
unión estable, en la comunidad de vida y amor. A esta decisión se llega
cuando la persona se encuentra capaz de contraer un compromiso de
fidelidad con la otra persona. A partir de ahí se opta por construir una
existencia en común, enriquecedora para ambos. Esta unión, realizada con
y por amor, se perfecciona y consolida momento a momento. La unión entre
un hombre y una mujer no es sólo un compromiso privado de acompañarse
mutuamente. Al contraer matrimonio ese compromiso se hace público y es
reconocido por la sociedad que ha de amparar y proteger la nueva
situación de la pareja.

Si por una parte la sociedad reconoce la unión conyugal, por otra parte
el matrimonio acepta la dimensión social de ese compromiso. De ahí se
derivan una serie de derechos, obligaciones y comportamientos
determinados por la sociedad en que vivimos. Por eso decimos que el
matrimonio no es sólo asunto privado, sino que es célula viva y
fundamento del tipo de sociedad que se quiera instituir. Esta aventura
del matrimonio es además fructificante: los hijos, como fruto del amor,
son a la vez fuente de amor y proporcionan a los padres una nueva
dimensión que les introducen con ilusión y esperanza hacia el futuro. Y
desde el punto de vista cristiano, los esposos, en virtud del Sacramento
del Matrimonio, se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal
y en la procreación y educación de los hijos. Cristo se acerca a los
esposos y convierte su matrimonio en imagen duradera de la unión Cristo
con su Iglesia.
Juan de Dios Regordán Domínguez

MATRIMONIOS HOMOSEXUALES
CARLOS LANUZA En Estados Unidos, hasta bien
entrados los años 60, los afro-americanos eran considerados como
ciudadanos de segunda. No podían ir a los mismos colegios que los
blancos, ni subir en los mismos autobuses, ni optar a ciertos trabajos.
Durante siglos se habían construido sesudas teorías acerca de la
superioridad del hombre blanco sobre el negro. La inmensa mayoría de la
gente así lo creía, muchas veces por ignorancia, inercia o pereza
intelectual. La lucha por los derechos civiles de esa minoría fue larga
y enconada pero finalmente se consiguió; ahora, muy poca gente pondría
en duda la igualdad de derechos de negros y blancos.
Algo similar ha ocurrido con los homosexuales. Durante siglos han sido
considerados como enfermos, pervertidos, traidores a su sexo, y la
homosexualidad como “inclinación objetivamente desordenada”, “pecado
gravemente contrario a la castidad”, “pecado nefasto”, etc. Por esas y
otras razones han sido insultados, encarcelados, violados, castrados,
mutilados, quemados o gaseados.
Hoy, en nuestro país, los homosexuales intentan tener los mismos
derechos que los demás ciudadanos. Y, al igual que los negros americanos
o los de Sudáfrica, no lo están teniendo fácil porque hay sectores de la
población que están empeñados en evitarlo.
En primer lugar, los obispos españoles, con sus documentos y cartas
pastorales, han hecho todo lo que se puede hacer para paralizar u
obstaculizar cualquier Proyecto de Ley de este tipo e influir en las
conciencias de los católicos.
Desde luego ninguno de esos documentos y cartas son fruto de un diálogo
profundo, sincero y sin prejuicios entre la Iglesia y el colectivo
homosexual. Son documentos en los que hay mucha doctrina y poca
compasión, mucha Ley y poco corazón. El derecho canónico se quiere
imponer al civil, como en tiempos que todos recordamos.
También ciertos funcionarios se consideran avasallados y amenazados en
sus derechos porque tendrán que casar, contra su voluntad, a
homosexuales. ¡El mundo al revés! ¡Como si una pareja homosexual
quisiera que los casara un juez homófobo!
Hay quien afirma que los matrimonios homosexuales ponen en peligro la
institución familiar. No entiendo en qué medida los derechos de unos
pueden poner en peligro esos mismos derechos en otros. Nadie ha dicho
todavía que los matrimonios homosexuales en Holanda y Dinamarca, hayan
acabado con la institución familiar en esos lugares ni la hayan
debilitado.
Nadie que desee el matrimonio puede estar en contra del matrimonio. Y si
los homosexuales pagan los mismos impuestos que los demás, ¿por qué el
Estado no puede ofrecerles los mismos derechos? No nos engañemos. No hay
crisis de la familia; hay crisis del concepto rígido e inflexible que
algunos tienen de cómo tiene que ser una familia.
Otros esgrimen el argumento etimológico. Efectivamente la palabra
matrimonio significa etimológicamente “defensa / gravamen de la madre” (matri
munire). Sin embargo, es absurdo pensar que el problema pueda residir en
una palabra. Las lenguas son algo vivo que va evolucionando con el
tiempo. Si el significado ha quedado obsoleto, se cambia o se amplía y
ya está. Lo que los homosexuales piden no es que su unión sea
etimológicamente correcta sino que puedan acogerse a la institución
matrimonial, que les ofrece iguales derechos que a los demás.
Otros utilizan argumentos fisiológicos basándose en que una pareja
homosexual no puede procrear. Y yo me pregunto: ¿qué pasa con los
matrimonios tradicionales que no pueden tener hijos? ¿Son por ello menos
matrimonios? La esencia de una relación de pareja, del tipo que sea, es
siempre el amor. He conocido parejas homosexuales rebosantes de amor el
uno por el otro, con una fidelidad y una madurez que muchos matrimonios
tradicionales querrían para ellos.
En resumen, no me parece que haya argumentos serios para no aceptar y
respetar el matrimonio de homosexuales. Es una cuestión de igualdad y
justicia. Bienvenido sea
ECLESALIA, 01/07/05.
(Carlos Lanuza es sacerdote en ejercicio de la Diócesis de MADRID)

TESTIMONIO
Mª Antònia Aragay
Collectiu de Dones en l’Església
Barcelona Me han pedido un testimonio familiar:
Después de 54 años de matrimonio, mi marido ha muerto de una enfermedad
de la piel que le ha hecho sufrir mucho y que ningún médico creía que
fuese el final.
La base de nuestro matrimonio era el amor. Veníamos de familias
diferentes: él tenía solo dos hermanos. Yo, la septima de catorce.
Podemos entender, entonces, que viniendo de núcleos tan dispares no fue
fácil casarnos; quiero decir que fue un largo trabajo día a día,
aceptarnos, garantizando que uno no se comiera al otro, bandeando toda
forma de discriminación, aceptada por la sociedad de aquel tiempo, que
ya le iba bien que la mujer fuese sumisa e infravalorada.
Pero nosotros fundamentábamos nuestra relación en el diálogo, en el amor
y en la fuerza que juntos pediamos a Dios. Nos enfadábamos sí, y
discutiamos también, pero intentábamos que no durara demasiado nuestro
enfado, no dejábamos que el sol de nuestro amor se ocultara en el
horizonte del atardecer, y el perdonarnos de corazón nos daba un nuevo
empuje... hasta el próximo choque. Ya volvíamos a topar... ¡qué tontos
somos!, perdón de nuevo, no dejábamos pasar demasiado tiempo, no
queríamos dormir y besarnos enfadados.
Y vinieron los hijos, uno detrás de otro, sin respirar, el 51, el 52, el
53, abortamiento natural, reposo obligado; el 56 el cuarto hijo, nuevo
aborto, el 60 llegó el quinto hijo. Era no parar, la faena se nos comía,
dormíamos poco y el dinero no abundaba.
Ya de bien pequeños les enseñábamos a colaborar en las faenas del hogar.
La casa es de todos y entre todos hemos de tirar adelante. La casa
comunidad de amor, entre todos se hacía todo. Aprendían a ser
responsables, cada uno de su cargo; ayuda mutua, compartir las cosas,
compartir lo que somos. La casa abierta a los amigos y amigas, ya se
sabe, allá donde hay muchos se juntan más, la juerga es más buena y no
viene nunca de uno.
Nuestra familia ha crecido mucho y es una auténtica tribu de 30
personas: hijas e hijos casados, 16 nietos. Han pasado años, sus
familias son hermosas y abiertas, pero la Fe que les quisimos transmitir
sólo pocos la han seguido. Pero la simiente está sembrada y no somos
nosotros los que hemos de decidir cuando será el tiempo de la siega.
Veo, pero, que el valor principal: el amor, saber dar y darse sin
medida, esto lo han aprendido, diría más, se aman y se respetan en sus
maneras diferentes de vivir. Sus familias: casados por la Iglesia, por
lo civil, parejas de hecho, todos se respetan y se ayudan en lo que sea
preciso.
Con los nietos mayores, tengo 8 mayores de edad, 18 años y más,
comentamos los hechos del día, ellos opinan tranquilamente lo que
piensan, ellos son del siglo XXI. Pero tienen la simiente sembrada, son
abiertos, aman., se aman no se condenan las diferentes formas afrontar
la vida. Hace unos días, como se habla tanto de los homosexuales yo
pensaba: y si tuviera un nieto homosexual, ¿qué haría? ¿Lo condenaría?
¿Dejaría de amarle? ¡De ninguna manera!
Hace unos días, hablando con un chico amigo, que lo es y no se esconde,
(forma parte del colectivo homosexual cristiano, decía: “No se entiende
la gran condena que hace la Iglesia. Somos hijos de Dios, hechos a su
imagen, si Él me ha hecho diferente yo ¿qué culpa tengo? Recordemos:
Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo (el ser humano) esté
solo, hagámosle una compañera (compañero) que le ayude. ¿Es que yo no
puedo ser ayudado, amado? Me lo pasé muy mal, sufrí mucho cuando tenía
doce o trece años me descubrí diferente, no me atrevía a decirlo a
nadie, tenía miedo... ¿es que Dios no me quería? ¿Qué había hecho mal?
Ya más mayor encontré la asociación gays y lesbianas cristianos. Ahora
me siento comprendido, aceptado y amado.”
Jesús no condenaba a nadie. Les llamaba al amor a seguirle. La Iglesia
no habría de condenar, ayudar a bandear el egoísmo, a crecer en el amor
a todos eso sí. ¿Por qué la Iglesia se empeña en querer solo a personas
célibes a su servicio? Jesús no lo hizo así, no es buena la soledad.
¡Cuantos disparates y aberraciones nos ahorraríamos!
La familia es la primera que habría de tener muy claro el mensaje
transmitir: Dios nos ama a todos y “no hace diferencia a favor de unos u
de tros”. Él quiere que seamos felices y que, por encima de todo, nos
amemos, “porque si uno dice que ama a Dios que no ve y olvida a su
hermano que sí que ve, que tiene al lado es un embustero”. Solo el amor
auténtico puede transformar el mundo.

UNA
FAMILIA GRANDE
María Jesús Bermejo
Madre de Domingo Pérez
Nos conocimos un día,
éramos adolescentes,
y casi sin darnos cuenta
una amistad especial,
amigos en nuestro ambiente.
Fueron pasando los días
y vimos ilusionados
que nos alegraba vernos,
que con trato cariñoso
nos llamábamos hermanos.
Algo en nosotros nacía
que nuestra vida cambiaba,
era el amor que surgía
de una amistad clara y limpia
y que a los dos nos gustaba.
Me acompaña en mis paseos,
en silencio nos miramos
dibujando una sonrisa
y temblándonos las manos.
Fue naciendo entre nosotros
respeto, cariño, amor
y un proyecto iba naciendo,
una ilusión compartida:
un hogar para los dos.
Un hogar puro y sencillo
con la presencia de Dios,
una vida que empezaba
y con ilusión soñada
reinará siempre el amor.
Y así sucedió que un día
unimos nuestros amores;
aceptando nuestros hijos
con paz y felicidad
nos nacieron once soles.
¡Cuánta ilusión compartida!
¡Cuánto amor en nuestro hogar!
Después de cuarenta años,
cada día que amanece
te vuelves a enamorar.
Si veinte veces naciéramos
uniríamos nuestro amor:
unas vidas entregadas,
fuertemente entrelazadas.
De esto se enamora Dios.

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