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¡Mirar la realidad con ojos de mujer! Cualquiera que sea la realidad, la
que tenemos al lado y la que tenemos más lejos, la que la historia o las
historias han querido o quieren retener y reflejar. También la historia
bíblica, la historia de la salvación con sus personajes y con todo el
entorno concreto de estos personajes. Una historia muy especial, porque
quiere narrarnos la actuación del Dios-que-salva en medio de los
acontecimientos humanos, de los acontecimientos que señalan los hitos de
la historia de un pueblo, el que nació en el parto difícil de la salida
de Egipto y en la majestuosa y espléndida teofanía del Sinaí, y el que
nació en el parto no menos difícil de la Cruz y en la no menos
majestuosa y espléndida teofanía de la resurrección.
¡Mirarla realidad con ojos de mujer! Los Evangelios retienen y reflejan
una historia, la historia de Jesús de Nazaret y la del movimiento que
Jesús puso en marcha. En el recuerdo de las comunidades cristianas de
Palestina, de Siria, del Asia Menor, se habían fijado muchos detalles,
los más esenciales y sorprendentes de esta historia, la del profeta de
Galilea, que había pasado por el mundo haciendo el bien, curando a los
enfermos, liberando a las personas de las cárceles de las angustias de
siglos y haciendo posible lo imposible. La esperanza que este profeta, y
más que profeta, había desvelado en los que le seguían para escucharle,
era y había de ser la esperanza que se había de instalar en el
corazón de la humanidad, una humanidad marcada por la torpeza constante
y abrumadora del «no se puede hacer nada». Los Evangelios retienen y
reflejan esta historia y esta esperanza y a la vez las quieren referir a
las situaciones vivas y punzantes de estas primeras comunidades
cristianas en las que continuaba habiendo enfermos y personas
angustiadas, que habían de ser liberadas; y, entre estas personas, las
mujeres que quién sabe si, en el interior de sus comunidades, se iban
viendo cada vez más ignoradas y eclipsadas, escondidas, en definitiva,
tras otras situaciones que parecían más importantes y urgentes.
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«La condición de mujer y
su alta dignidad contra una execración tradicional toman sentido
y cuerpo en este volumen esclarecedor, inquietante, estimulante
y rico de sugerencias e interrogantes.»
Joseph Vallverdú (Escritor)
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Los Evangelios narran toda una serie de historias de mujeres, de muchas
mujeres, y de mujeres de toda clase, desde la madre de Jesús hasta la
pecadora. Las mujeres están en los Evangelios, pero no siempre están, o
no parece que estén, tal como estuvieron en la realidad de la historia o
historias que los Evangelios quieren narrar. Es preciso, pues, recuperar
con la máxima exactitud posible estas historias y la historia concreta
de estas mujeres que son las protagonistas, una recuperación que están
llamadas a hacer, principalmente, las mujeres de hoy, porque son ellas,
las mujeres, las que tienen los ojos más iluminados para ver la realidad
tal como es, especialmente, la realidad de las mujeres.
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«La mirada violeta es un libro
tan libre, tan fresco, tan fundamentado y asimismo tan
provocador que hace “mirar” mejor el Evangelio”.
Pedro Casaldáliga, obispo emérito de Sao Félix do Araguaia
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Ver la realidad con ojos de mujer. Ver la realidad escondida de los
Evangelios, o la realidad que los Evangelios, influidos por intereses
diversos, no reflejan suficientemente bien. Son muchas las mujeres que
se han puesto como objetivo mirar la realidad de la historia de los
Evangelios con ojos de mujer. Las conocemos, sabemos quienes son, y nos
alegramos que hayan tenido y que tengan el coraje de hacerlo, aunque no
sea imprescindible compartir los criterios, más o menos ideológicos, que
dirigen estas relecturas. Porque lo más importante no es la
reconstrucción de la historia bíblica, aunque lo sea, y mucho, sino el
hecho de que esta mirada con ojos de mujer permita ver la realidad
actual, la realidad de muchas mujeres escondidas detrás de los intereses
de una humanidad que tendría que ir aprendiendo a mirar la realidad con
ojos de mujer. Mirar la realidad con ojos de mujer es una buena manera
de ver las cosas de otra manera. Mirar la realidad con ojos de mujer es
ver la sociedad y la Iglesia, donde las mujeres, más o menos
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Mirar la realidad con ojos de
mujer es lo que, a mí entender, ha querido hacer la mujer que ha
escrito este libro, Mª Angels. La felicito por haber intentado
hacerlo y por el éxito que ha conseguido. La animo a continuar y
quiero animar a las mujeres en general, pero sobretodo a las que
más aman a la Iglesia, a proseguir esta tarea. Estoy convencido
que esta mirada purifica la realidad y nos la ofrece a todos,
hombres y mujeres, como un auténtico regalo que hay que
apreciar.
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abiertamente, reclaman el lugar y la consideración que les
corresponde. Mirar la Iglesia con ojos de mujer es verla como el lugar y
el espacio habitable donde todos, especialmente las mujeres, puedan
sentirse acogidas y puedan hacer la experiencia del Espíritu que nos
hace libres.
Josep GIL i RIBAS, pbro.
Doctor en teología
PARA QUE LEAS
Lectora, lector, ¡he aquí este libro de Ma Ángels!
Este libro es del tipo de los que siembran en la mente de quien los lee
y sigue trabajando en ella tras la lectura. Se trata, pues, de una obra
muy educativa porque, a la par que nos informa, nos fuerza a pensar,
cosa siempre útil, y zarandea esquemas que endurecen la mente, por lo
muy petrificados que están a causa de la costumbre y el aburrimiento.
¡Estamos perdidos! ¡De esta obra no nos libraremos nunca más! Estemos o
no de acuerdo con ella en todo lo que expone, nunca más podremos
sustraernos a los brotes de curiosidad que su lectura suscita ni al
contagio de entusiasmo que nos comunica.
¡Resignación, amigos y amigas!
Y puesto que ya no podemos evitar las consecuencias, es mejor aceptarlas
y conservar el libro al alcance de la mano (¡no se lo prestemos a nadie,
pues se perdería!) para releerlo y realimentar nuestra capacidad
crítica, a veces un tanto adormecida. Usted, lector reverendo, podrá, si
lo desea, inspirarse para dar un toque progresista a sus sermones (¡sin
pasarse, que se la podría cargar!). Los lectores y lectoras de frecuente
misa podrán recordar, al escuchar la lectura del Evangelio, algunas
«variaciones sobre el tema». Los «desertores» de la religión católica y
los que pertenecen a otras religiones y los agnósticos y los ateos, al
rememorar los capítulos de la obra, contactarán de un modo más natural
con Jesús de Nazaret y, especialmente, con las mujeres que le rodeaban.
Y siguiendo un «eje transversal», concepto muy de moda actualmente,
nosotras, las mujeres de todas las tendencias, podremos mirar el
Evangelio con una mirada más violeta.
Desde el punto de vista pedagógico que es, lógicamente, el que más me ha
llegado a la fibra sensible, pienso que es muy importante aprender que
las cosas siempre se pueden imaginar de una manera diferente a la que
nos es familiar y, al ver que no ocurre nada, que no se hunde el mundo
ni nos parte ningún rayo celestial, aprender a crear nuestras propias
fantasías sin perder por ello el contacto con la realidad. Esto es lo
que nos enseña La mirada violeta.
Ahora nos toca, pues, dejar que nuestra mente trabaje, piense, sueñe,
destruya y construya. Veremos como la obra de Mª Angels, no tiene fin.
Neus Moly i Martí
doctora en pedagogía
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