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RELECTURA DE WIESBADEN
Ramón Alario.
1.-
EJES DE UNA CRÓNICA
Como tantas veces habíamos insistido, el Encuentro Internacional de
Wiesbaden tenía ante sí unos retos importantes, que, con machacona
insistencia, generaban entre nosotros tantas esperanzas como temores. No
hay que olvidarlo.
Sin embargo, hay que decir, sin ningún tipo de ambigüedades, que las
esperanzas se impusieron a los temores. Los trabajos realizados en
aquellas jornadas, ambientadas en un paradisíaco paraje cercano a
Frankfurt, entre abetos y hayas, creo que han establecido con claridad y
buen entendimiento las bases para un nuevo caminar del movimiento
internacional surgido en torno al fenómeno de los curas casados. Nada
más: aunque esto puede ser suficiente.
Deseo destacar los ejes del trabajo desarrollado por quienes allí
estuvimos y preparado previamente desde las bases de los movimientos.
1. 1.- Se ha cerrado una etapa que se abrió hace bastantes años en
Ariccia: la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados. La
Asamblea General, formada por quienes representá-bamos a los dife-rentes
gru-pos y pre-sidida por quienes han dirigido el movimiento en los
últimos años (con Aitor a la cabeza), la presencia de los anteriores
presidentes (Peeters, Julio) y el buen clima general dieron por
finalizada una andadura que, aun con etapas difíciles y tensiones tal
vez nacidas del excesivo celo, hemos de valorar como altamente positiva.
Hemos conseguido entre todas y todos que un tema que consideramos
importante para la comunidad de creyentes en Jesús (una ministerialidad
plural y libremente elegida y vivida, sin imposiciones celibatarias), no
haya sido silenciado. Y, sobre todo, nos hemos ayudado a reencontrar
nuestro lugar en medio de unas pequeñas comunidades, que se sienten
ministeriales, servidoras, útiles, en todos sus miembros.
1. 2.- Se abre un nuevo cauce de coordinación internacional: la
Confederación de Federaciones. La pluralidad de planteamientos, la
lejanía geográfica y las difíciles y costosas comunicaciones nos han
conducido a esta nueva situación, que -esperamos- facilite una marcha
menos complicada y más enriquecedora; más sencilla, en definitiva.
Moceop queda enmarcado en la Federación Europea, junto a los grupos
franceses (Prêtres en Foyer, Effata, Prêtres Mariés de France Nord),
italiano (Vocatio), belga (Hors- les-Murs) y británico (Advent Group); y
con la presencia, de momento como observadores, de los grupos austriaco
(Priester ohne Ambt) y alemán (Vereinigung katholischer Priester und
ihrer Frauen). La representación de nuestra federación en la
confederación queda en manos de Pierre Collet (Hors les Murs), ayudado
por Ramón Alario (Moceop).
Las otras federaciones son la Latinoamericana, la Filipina, la India y
la NordAtlántica.
1. 3.- Creemos que los objetivos de la nueva Federación Europea suponen
un avance clarificador, que refleja tanto el sentir democrático de los
movimientos federados (debido a la elaboración, corrección y aprobación
de sus estatutos) como la perspectiva eclesiológica desde la que se
formulan, punto de llegada de nuestras apuestas experienciales:
a)prioridad absoluta de las personas sobre la ley;
b)prioridad de la comunidad sobre los ministerios;
c)dimensión de democracia participativa;
d)solidaridad con todas las luchas por la justicia.
1. 4.- Las dos conferencias que ambientaron nuestra reflexión (De la
santidad a la compasión: vivir y amar en un mundo ambiguo. Rafael
Esteban. Ministerios femeninos: ¿qué contribución a una iglesia
renovada? Alice Gombault), abundaron en unos análisis a los que cada vez
más nos vamos acostumbrando; y subrayaron elementos que puede ser
importante mencionar de nuevo, de forma explícita.
a) Constatación de otra forma de vivir en iglesia que se va haciendo
imprescindible y presente para poder ser fieles a una fe mínimamente
coherente con el Evangelio y con el ser humano tal cual hoy lo sentimos;
y para poder sentirnos útiles a un mundo tan necesitado y complejo como
el que nos ha tocado vivir.
b) El mismo proceso personal y eclesial en que andamos embarcados no es
sino un reflejo concreto y un síntoma de esta evolución desde unos
ministerios para hacia una encarnación y unos servicios desde.
c) La escasa solidez de toda la argumentación oficial en contra de los
ministerios femeninos, incluyendo las últimas intervenciones vaticanas.
Y, sobre todo, la contundencia de unos ministerios femeninos de hecho
que cuestionan aún más profundamente la poca validez de esos argumentos
ideológicos.
d) Aceptación de que las estrategias eclesiales para abordar esta etapa
de profundos cambios, pueden ser múltiples y aun contrapuestas:
ejercicio del ministerio presbiteral como se pueda y se solicite,
reivindicación del sacerdocio femenino, ordenación de mujeres-obispas...
Tolerancia y aceptación positiva, sí. Aunque, por supuesto, pueda haber
ciertas estrategias que tal vez no respondan a perspectivas
eclesiológicas reformadoras en profundidad de la comunidad eclesial.
2.- POR DÓNDE VAMOS CAMINANDO.
A las conferencias y coloquios en gran grupo les siguieron unos trabajos
y unas puestas en común de los diferentes grupos lingüísticos. Partiendo
de la problemática planteada por las dos conferencias, se intentaba que
profundizáramos en la actual ubicación de nuestros movimientos.
Qué duda cabe que una teología de la misericordia (con) cuestiona en
gran parte -de raíz- muchas prácticas pastorales oficiales, un
funcionamiento prioritariamente jerárquico y una estructura nacida desde
una teología de la santidad (para) y
de
la lucha contra el pecado. Los grupos lingüísticos debíamos aportar cómo
cada movimiento va encontrando su lugar en este alumbramiento diario de
otra forma de vivir en iglesia.
Y ahí trabajamos. Se intentó en este espacio que, desde la experiencia
acumulada en los diferentes movimientos y desde la reflexión sobre
nuestras experiencias, aportáramos algunos de los puntos de referencia
que nos van pare-ciendo funda-mentales en ese alumbrar unas comunidades
eclesiales que surgen y se estructuran desde el compartir y el
participar en la transformación de nuestra sociedad y de nuestra iglesia
a favor de los más desheredados.
Éstos son los cuatro puntos en que se basó nuestra intervención ante la
asamblea general.
a) Nos gustaría que nuestra aportación a la iglesia universal estuviera
siempre enmarcada en la línea de acentuar su servicio a los más
desfavorecidos, por supuesto. Pero en otra perspectiva tal vez no
merezca la pena gastar tiempo ni energías.
El ser de la Iglesia de Jesús -y su organización- debe estar contrastado
con su misión: ésa es la dinámica que genera de continuo a la iglesia (eclesiogénesis).
Aunque es claro que hoy existen múltiples formas de interpretar esa
misión (salvar del pecado, apoyar el orden social, ser fieles a la
tradición, seguir las consignas y enseñanzas del Vaticano, asegurar una
práctica religiosa...), nos sentimos legitimados y urgidos a luchar por
la nuestra. Y aquí nos movemos en el campo de la utopía y del
profetismo... También desde una cierta marginalidad.
Nos gustaría que nuestra forma de entender esa misión arrancara
necesariamente de una opción por los pobres: vulnerables, marginados,
perseguidos, empobrecidos, inmigrantes, homosexuales, ancianos,
jóvenes... Ésos parecen hoy algunos de los nombres que configuran el
colectivo privilegiado del Jesús histórico.
No es nuestra manía «meternos con la iglesia», tirar o destruir algo que
funciona, enzarzarnos en debates más o menos ideológicos; sino
confrontar esa comunidad de creyentes con su misión prioritaria.
Confiamos que sea esta confrontación la que le vaya abriendo caminos de
servicio: la que la convierta cada día más en la Iglesia de Jesús.
Cuando cuestionamos la realidad o el funcionamiento de nuestra iglesia
universal, lo estamos tratando de hacer al mismo tiempo de nuestras
pequeñas comunidades: porque esa urgencia de servir y de comprometerse y
compartir la vida con quienes nos necesitan, es uno de los signos
evangélicos universalmente exigentes.
b) Nos gustaría que nuestra aportación siempre estuviera avalada por los
hechos, por los compromisos liberadores con personas concretas. Aquí
deseamos que se encuentre nuestro reto profundo. Y por ello debemos
luchar cada día.
El debate de ideas puede ser más o menos interesante; pero siempre será
secundario, aunque haya resultado altamente clarificador para nuestro
compromiso. ¡Qué duda cabe que muchos artículos, ponencias, conferencias
y grupos de trabajo nos han dado las bases teóricas desde las que ser
conscientes de que nos movemos en la búsqueda -legítima- de ese grupo de
creyentes en Jesús y de que no estamos dinamitando la iglesia ni creando
otra paralela...
Pero son los hechos, la apuesta comprometida por vivir lo que creemos,
contra viento y marea, soportando la marginalidad y aun la exclusión, lo
que da sentido y consistencia a nuestra aportación.
Y ahí sí que resultaría pretencioso -en el marco de estas notas-
enumerar los campos múltiples y variados en que nuestra vida ha ido
girando «desde la santidad a la compasión», desde el suministrar unos
servicios religiosos, desde unas plataformas oficiales y
«santificadoras» (estados de perfección) a unas búsquedas solidarias y
comunitarias, a unos riesgos por vivir en el camino, desde el desierto,
desde la provisionalidad...
Sin embargo es éste un trabajo que aún no hemos hecho con suficiente
intensidad y detenimiento: repensar y escribir cómo la vida nos ha ido
transformando, cómo nuestra fe va siendo remodelada día a día por ese
sumergirnos en la vida normal de las personas normales. Y que deberíamos
asumir de forma más o menos organizada.
c) Nos parece que la forma más coherente y eficaz para que la iglesia
sea sacramento y símbolo de salvación, es elegir como eje de su vida -y
de su misión- convertirse en auténtica comunidad de iguales. Sabemos la
dificultad de esta apuesta. Pero deseamos insistir: nada debería ser
planteado ni decidido sin una comunidad que lo respalde y lo asuma.
Son estas pequeñas comunidades las que nos han recibido con los brazos
abiertos y las que nos acompañaron en nuestros procesos de
secularización. Son ellas las que pueden hacer realidad la desaparición
de las desigualdades y la asunción de responsabilidades por parte de
todos sus integrantes.
En esas comunidades el ministerio presbiteral queda enmarcado en un
entorno amigable y de corresponsabilidad; y no se constituye en algo
separado ni por encima del grupo de creyentes: es un auténtico servicio
que sólo puede ser tal cuando actúa en función de lo que la comunidad
necesita y decide. Y esa forma de ejercer este ministerio no suplanta
las responsabilidades de los restantes miembros de la comunidad; más
bien los promueve y potencia.
Este tipo de comunidades sí pueden convertirse en signo eficaz
-sacramento- de participación y de corresponsabilidad, dando pautas de
cómo vivir y promover una comunidad que se enfrenta a la desigualdad y a
la exclusión.
d) En esas pequeñas comunidades no deberíamos hablar ya nunca del
ministerio: toda la comunidad es ministerial y una real pluralidad de
ministerios debería ocupar el lugar que durante tantos siglos les ha
arrebatado el ministerio sacerdotal ordenado.
Esa pluralidad de servicios y de tareas -consideradas todas ellas
importantes- colaborarían a romper el confinamiento que el ministerio ha
sufrido al ser monopolizado por el estamento clerical y al ser reducido
progresivamente -a lo largo de los siglos- a funciones meramente
rituales y sacrales.
Por eso tenemos muy claro que nuestra urgencia no es volver a presidir
comunidades -menos aún, volver a celebrar la misa-; y por eso decimos
que la crisis actual no es de vocaciones, sino de comunidades que
repartan las responsabilidades y las tareas entre sus miembros. Donde
hay comunidad auténtica, no puede haber falta de ministerios, a no ser
que intervengan factores -leyes- externas a la propia vida de la
comunidad, que impidan o dificulten
Como podréis observar, nada nuevo, nada espectacular. Aunque sí llamadas
y apuntes para seguir profundizando y compartiendo juntos en esa apuesta
por crear un mundo y una iglesia diferentes: que son posibles porque
pueden ser realidad; porque son ya pequeñas pero esperanzadoras
realidades.
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ESTATUTOS DE LA
FEDERACIÓN EUROPEA
DE SACERDOTES CATÓLICOS CASADOS
Art. 3.- Objetivos y perspectivas.
La finalidad de la Federación Europea es la renovación de los
ministerios eclesiales al servicio de la renovación de la
Iglesia en su compromiso por un mundo más justo.
La Federación pretende, por tanto, favorecer esta toma de
conciencia y este compromiso. Los grupos miembros de la
Federación consideran necesario renovar los ministerios dentro
de la Iglesia católica, en especial en los aspectos siguientes
1. Prioridad absoluta de la persona sobre la ley:
- rechazo de toda discriminación, bien sea debida al matrimonio,
al género, a la edad o a la orientación sexual;
- supresión de la unión obligatoria entre un estado de vida y
una función eclesial; en particular, supresión de la obligación
del celibato para los curas;
- derecho de todo ser humano, incluidos los curas, a ejercer el
oficio que desee, escoger sus compromisos sociales y decidir su
militancia política;
- concesión de todas las dispensas tras un cambio de estado de
vida o de función por razones de conciencia.
2. Prioridad absoluta de la comunidad sobre los ministerios:
- derecho de la comunidad a disfrutar y beneficiarse de los
ministerios que considere convenientes;
- libertad de acceso a las funciones y a los ministerios
eclesiales desde el momento en que la comunidad los experimenta
como necesarios y los pide.
3. Dimensión de democracia participativa:
- reconocimiento de la igualdad fundamental de todos los
bautizados como base de un funcionamiento auténticamente
democrático y de una participación en todos los niveles de
decisión;
- la insistencia en los deberes ligados a toda aceptación de una
responsabilidad o de servicio.
4. Solidaridad con todos las luchas por la justicia:
- opción por los pobres y los excluidos de nuestros países y del
Tercer Mundo,
- apoyo a la lucha por el reconocimiento de la igualdad de las
mujeres y los hombres en la Iglesia;
- acogida y ayuda a los curas en proceso de secularización y a
las mujeres y hombres víctimas de la ley del celibato. |
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