El espíritu sopla donde quiere.
Tengo “impresionado” en el  recuerdo como un mosaico variopinto y multicolor de cuantos moramos en aquel original edificio con una calle cubierta, con vegetación y bancos, donde nos encontrábamos a cada momento.
Aires de renovación llegados de la India o Filipinas, nuevas generaciones de franceses y alemanes, la presencia por carta de latino-americanos combinada con la presencia física de un paraguayo y finalmente los de siempre, algunos viejas glorias, de Europa, Canadá y USA.
Como es habitual desbordaba la riqueza de experiencias, compromisos e inquietudes; desde los que trabajan con los niños de la calle hasta los que hacen un trabajo teológico o los que se dedican a ayudar a sobrevivir “monetaria-mente” a los secularizados filipinos.
Escondidos en plena naturaleza dentro de un tupido bosque germánico, compartiendo vida, idiomas, ideologías teníamos dos miradas en diferentes direcciones.
Unos clavan sus ojos en Roma, en la jerarquía, con una esperanza inmediata de que iba ya a temblar y casi caer el muro del celibato en el sínodo que se celebraría unas semanas más tarde. A pesar de sus buenas fuentes de información su expectativa no se cumplió. En todo caso su quehacer teológico, sus publicaciones en revistas religiosas, sus investigaciones sobre la historia de la Iglesia y sus contactos con jerarquías de la Iglesia son necesarios para que en las cúpulas del Vaticano se abran grietas de apertura y evolución.
Otros, los del mediterráneo, asiáticos, latinoamericanos, y también algunos centroeuropeos y canadienses ponen sus ojos más en lo que pasa en el mundo: la guerra y la paz, el hambre y la justicia, la cultura y la laicidad, los derechos humanos....
Por ahí se orientó la conferencia de Rafael Esteban, Padre Blanco, y la intervención de Alice Gombault, del Instituto Católico de Paris, sobre la situación de minoría de edad de la mujer. Menos preocupados por “lo oficial” o “lo institucional”y mas centrados en hacer que surja la Iglesia y la fe en medio de los aconteceres de la vida, que surjan comunidades de hermanos en la esperanza de construir la sociedad nueva, llamada “Reino” en el Evangelio, en la que Jesús de Nazaret, el Hombre (el Hijo del Hombre) sea el centro y referencia de las relaciones humanas. Una sociedad “humana”, “humanizada”, según el plan de Dios en la creación. Rafael nos habló de “ingeniería social”, de compasión (en su sentido original), de abrir “espacios de transición” hacia una convivencia sin fracturas, de nuestra tarea de “jardinería humana” que ayude a florecer lo mejor de las personas.
La noches con sus tertulias, videos de diferentes países y canciones populares internacionales alrededor de una mesa con productos típicos fueron el contrapunto a las largas sentadas de las reuniones y pusieron color a las tensiones de “reglamentos organizativos” que no faltan en estas clases de eventos. Una celebración muy original. Los compañeros anfitriones de Alemania sumamente acogedores y cálidos.
“En la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Esta es una de ellas que desborda Fe, Esperanza y Amor al mundo y a la Iglesia
José Centeno