SEÑOR, NO
TARDES

 

 

En el encuentro «MOCEOP» que tuvimos en mayo del 2004 la zona del sureste, Juan nos deleitó a pequeños y grandes con sus pinturas y su música.

Unos días antes de que Juan muriera, Maricarmen y yo tuvimos la suerte de estar varias noches a su lado. Del sentimiento de su grata compañía ha nacido este comentario de lo que vimos y sentimos en aquellos inolvidables momentos. 
Desde lo alto de un octavo piso, la casa de Juan López Bermúdez se asoma a una gran avenida de apacibles silfos que fluyen desde la Cresta del Gallo hasta desembocar en el río Segura. El aire limpio que viene de las tierras del sur se cuela por el balcón. Lleva el aire en sus alforjas abrazos de Lo Campano, luces de las Seiscientas, brisas del Portús y de Canteras, suspiros de Villalba, puños solidarios del Valle de Escombreras. Al llegar a la terraza el aire que viene del mar deja caer de sus brazos un manojo de flores sobre las macetas donde Juan cultiva sueños, amores y hierba buena.
El aire lleva prendido sobre su frente una cinta de siempre-vivas y en sus bolsillos costales repletos de música callada. El salón principal de la casa es amplio y luminoso. El aire convertido ahora en palabra penetra en la estancia, se recrea por toda la estantería gozosa de libros. Es muy temprano. El cáncer lo está matando. Juan pregunta si falta mucho para el amanecer. Desde hace unos días ya no puede con su cuerpo, a pedazos se le cae el alma de sus manos. Pero su cabeza está despierta, piensa que otro mundo es posible y espera ver despuntar por la ventana la aurora, quiere ver llegar el día y, aún sin poder, se levanta de la cama. El aire se transforma en aliento, ensancha sus pulmones y con dulce quietud el alba se desparrama por su atenta mirada.
  El sol acaba de salir. Su luz enciende de colores “El Cántico de las Criaturas”. De los ojos de sus pinceles nacen la noche, las estrellas, la luna, el viento, las nubes, el cielo, la tierra, flores, hierbas, los frutos, la vida, tal cual Francisco de Asís con acertado arte le inspirara. La flauta de madera con la que Juan amaina sinsabores y quebrantos desde el jarrón, donde silente aguarda, entona romanzas de subido y enamorado acento. El fresco de la mañana, la ducha de agua fría, el café con unas gotas de anís, las tostadas de pan y aceite restregadas con ajo y el zumo de melocotón parecen revivir su ánimo. Las migajas del pan luego Juan las pondrá en la repisa de su ventana donde los pájaros alimentarán su vuelo. Para Juan saborear, luchar, compartir, oler, ver, comer y soñar son palabras todas que vienen de la misma raíz, el amor. Y sobre la misma mesa del desayuno, sentado sobre su silla de ruedas celebra su eucaristía, el propio sacrificio de su vida, escucha a San Juan de la Cruz:
“¿Adónde te escondiste amado,
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, eras ido.”
Juan permanece en doloroso silencio, no se quiere morir, no quiere dejar de contemplar el placentero nadar de los patos en el estanque que hay junto a su casa. La flor de la manzanilla amarillea en el rincón de la azotea, los brotes de los chopos de la calle estiran su despuntar plateado por encima de tejados y ventanas. Las clavellinas que él mismo replantó hace tan sólo unos días han agarrado. La primavera está al llegar y Juan quiere ver el rojo de sus corazones latir en libertad, el amarillo de sus corolas brillar de gozo, quiere ver el azul de la vida, el verde de los sueños, un arco iris resplandeciente para todos.
Se siente cansado, pero no renuncia a vivir. Juan nunca creyó en la muerte. Le hace frente a su agonía, a la dictadura, con la cárcel si es preciso, con sus pinturas, su protesta, con el reto de sus escritos, la utopía de su cielo aquí en la tierra, con el amor de sus hijos, la Isabel de sus cantares, las pancartas de sus reivindicaciones, su compromiso con los pobres. “Que no me quiero morir, que quiero vivir la eternidad de este instante, agua de una zaranda que se me escapa entre mis dedos”. Juan gime de dolor y no es el desgarre de su hígado malherido el que le hace llorar ahora; es el miedo a lo desconocido, la pérdida de lo que deja: la huerta de su niñez, el Abel y la Paloma, su Isabelica del alma, el azahar de los limoneros, el abrazo de sus hermanos, sus amigos, el vía pacis, sus placeres del agua, la transparencia del alba....
Luego de gritar su “eloi, eloi”, más calmado, coge su cuaderno. Los colores de sus ilusiones siempre los tiene al alcance. Y pinta dos manos completamente abiertas y en el lecho de su cuenco se pinta a sí mismo abandonado sobre un inmenso mar azul. Juan dice que estas manos son de Dios y que falta ya muy poco para que las semillas de su cuerpo macerado caigan sobre las aguas vivas del océano. Su dolor es muy grande y susurra, “Señor, no tardes”.Las lágrimas vuelven a caer de sus ojos al mar, se confunden con el agua, pero en su interior llevan fuerza sobrada como para seguir moviendo el mundo.
Juan Serrano
Las Seiscientas. Cartagena,
Martes 15 de marzo de 2005
           
           

(Las ilustraciones que acompañan esta página son de Juan López Bermúdez y su hermoso trabajo sobre "el cántico de las criaturas")



DECLARACIÓN FINAL DEL VI CONGRESO DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE SACERDOTES CATÓLICOS CASADOS

Tras veinte años de existencia, la Federación Internacional de sacerdotes Católicos Casados ha finalizado su VI Congreso Internacional en Wilhelm-Kempf- Haus, Wiesbaden, Alemania, el 19 de septiembre de 2005 con el tema


“LA RENOVACIÓN DE LOS
MINISTERIOS HOY”.


Al cerrar esta asamblea queremos declarar nuestro firme compromiso para renovar la Iglesia y sus ministerios por fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II, conscientes de las circunstancias actuales del mundo y de la Iglesia. Esta renovación tiene una nueva urgencia. En este contexto queremos ofrecer a la Iglesia la búsqueda de modelos alternativos de ser Iglesia y de ejercer los ministerios en la Iglesia.
Afirmamos nuestro amor y lealtad a la Iglesia. No queremos de ninguna manera crear una Iglesia paralela y deseamos entrar en un diálogo construcitvo con los Obispos.
Afirmamos la importancia de la Iglesia para todos nosotros como una mediación para animarnos y facilitarnos la profundización de nuestra opción por los pobres y marginados.
Al mismo tiempo nos comprometemos a ayudar a la Iglesia para estar al servicio del mundo y no ser un fin en sí misma.
Durante la Asamblea hemos conseguido una apreciación más profunda del tema de la ordenación de las mujeres y del ministerio de la mujeres en la Iglesia.
Esta Asamblea General, con delegados de veinticinco grupos nacionales venidos de cuatro continentes ha decidido reorganizarse como una Confederación de federaciones:
1.- Federación Latino-Americana
2.- Federación Filipina
3.- Federación Europea
4.- Federación Nor-Atlántica
Esta Confederación quiere:
a) Fortalecer las relaciones entre sus grupos.
b) Acelerar el Movimiento Internacional por la renovación de los ministerios en el mundo.
c) animar el intercambio de experiencias.
d) apoyar las aspiraciones de todos los miembros a través de sus encuentros, correo electrónico, página web, etc..
Ha sido un largo viaje de solidaridad y gracia. Dado que tomamos nuestro caminar en una nueva dirección, rogamos a Dios nos guíe con sabiduría y coraje a ese amor que vislumbramos desde nuestra juventud..