En Perspectiva

“Ultreia”... Anda, avanza

LA TEOLOGÍA
NO NOS DA DE COMER

TAMILNADU
Estado del sur de la India

Mi vida,
mis años en prosa... Y EN POESÍA

 

 

 
     
 

  En Perspectiva


Joe Gubbels
Coordinador de Corpus Canadá

En nuestro caminar sobre la tierra tratamos de comprender la vida en relación con Dios y actuamos según esa comprensión. Cada uno de nosotros debe seguir su conciencia y plasmarla en la manera de vivir. Nuestro guía y ejemplo es Jesús. Esto tiene más importancia para nosotros como sacerdotes. Tratamos de proyectar nuestra vida en Jesús al pueblo de Dios por medio de nuestras palabras, acciones y ejemplo.

Durante su vida, Jesús tuvo predilección por los marginados, inmigrantes, pecadores, publicanos, enfermos, moribundos, encarcelados y pobres. El los trató con paciencia, tolerancia, amor, compasión y apertura. Su mundo ideal es un mundo de paz, igualdad, fraternidad y libertad. Su ley estaba resumida en “amor a Dios y amor al prójimo”.

Según nos cuenta el evangelio, los Fariseos, Saduceos y Doctores de la ley se fundamentaban en la autoridad, leyes, condenación, entredichos, vestimentas de riquezas, separación, clericalismo, jerarquía y discriminación. Ellos tenían que mantener un sistema estricto sin tolerancia. De veras, ellos creían que tenían el control de la salvación de todos los individuos del pueblo. Solamente por medio de ellos la gente podría ser agradable a Dios. Ellos actúan teniendo un monopolio en la inspiración del Espíritu de Dios en el control de las personas.

Hay sacerdotes que han dejado su ministerio por varias razones; algunos por casarse y otros por no creer en las leyes humanas que han sido establecidas por la iglesia católica. Muchos de estos sacerdotes quieren influir en la jerarquía católica para cambiar tales leyes y destruir el sistema de clerica-lismo.
¿Cual seria nuestra acción para efectuar cambios en la iglesia católica?
Pregunto si Jesús se acercó a los Sacerdotes, Saduceos y Doctores de la Ley para pedir cambios de las leyes. Yo pienso que no. El trabajó con la gente y apremió e insistió en lo que debe cambiar: su manera de vivir, quitar su opresión, las personas están antes que las leyes…. Les dijo que sus leyes no son de Dios sino de los hombres.

Una agrupación de sacerdotes que se han retirado del sistema clerical es necesario que escuchen la voz del pueblo de Dios. La voz que viene del espíritu de Dios: que estén junto a los marginados, inmigrantes, pecadores, publicanos, enfermos, moribundos, encarcelados y pobres. Muchas de estas gentes se han visto marginadas en la iglesia católica por sus leyes. Ellos ven la exclusividad y no se sienten aceptados. Nosotros, los sacerdotes secularizados podemos ser para ellos “otra voz de iglesia”, podemos acogerlos.

Yo camino con mi fe en Dios con toda confianza. Cuando veo que la jerarquía está pronunciando un edicto que no está conforme con el mensaje verdadero de Jesús, yo no les enviaré cartas personales porque ya no me escuchan. Al contrario mi estrategia es un proceso de concientización con el pueblo de Dios y por medio de cartas a los periódicos católicos y públicos. Yo creo que es tiempo de hacerlos responsables del daño que ellos están haciendo al pueblo de Dios.
 
En conclusión rezo para que el espíritu de Dios inspire a la jerarquía para cambiar su manera de tratar al pueblo de Dios y que sea conforme al mensaje verdadero de Jesús. Y en lo que depende de nosotros: estar dispuestos como Jesús a vivir el mismo estilo de vida que él quiso para sus seguidores.

 



“Ultreia”... Anda, avanza


 
Emmanuel Binder


Ultreia...Anda, avanza...Fue en el magnífico camino que va de Puy a Santiago de Compostela en el que yo tomé conciencia y la decisión de vivir a plena luz mi amor por Sophie. Y esta decisión no ha sido fácil ni de tomarla ni de vivirla después. Pero en lo más íntimo de mí mismo y en verdad delante de Dios, tuve esta íntima convicción de que esta elección era justa, sincera, y por muy curioso que pueda parecer, respetuosa hacia las personas que había podido frecuentar durante mi ministerio presbiteral.
Esta vocación de ser sacerdote remonta a mis 17 años durante un peregrinaje en Polonia, yendo de Varsovia a Czestochowa en 1983. ¿Cómo olvidar esta llamada de Cristo a Levi: “Ven y sígueme” que resonó en el fondo de mi corazón para consagrar mi vida al servicio de Dios y de los hombres con el anuncio de la Buena Nueva: Dios es Amor?
Todavía hoy, esta palabra continúa haciendo camino en mi vida.
Ordenado sacerdote en junio 1994, ejercí mi ministerio en los pueblos de la región de la Drôme, en Provenza ( Francia). Feliz de ser testigo de Cristo para aquellos y aquellas que se cruzaban en mi camino, mi ministerio de sacerdote me ha aportado mucho. Creo que yo me sentía verdaderamente realizado. Sin embargo, me di cuenta de mi fragilidad afectiva (por decirlo de alguna forma) de manera que al filo de los días, de los años, esta situación se hacía cada vez más difícil de aguantar. Confiándolo al Señor en mi oración, le pedía ardientemente me ayudara a superar mi debilidad afectiva para ser un buen sacerdote como lo pide la Santa Iglesia Católica Romana. ¿La respuesta del Señor? Sophie se cruzó en mi camino, nos miramos e iniciamos una vida amorosa. Obra del diablo para desviar a un sacerdote o, por curioso que pueda parecer, elección de Dios para poner en mi camino una persona que me ayuda a ser plenamente hombre (cuerpo, alma y espíritu). Lo que sé es que esta actitud extraordinaria de Sophie, que no ha pedido nunca que yo hiciera una elección entre Dios y ella. Siempre ha respetado mi ministerio sacerdotal. Y cuando tomé esta decisión de hacer el camino de Compostela para ver más claro, ella me dejó ir sin saber si un día me volvería a ver.
Es en la aridez de los días helados de los caminos de Navarra, Galicia y otras regiones, a menudo sólo en las noches de los refugios sin calefacción en España, donde mi corazón se tambaleaba entre el deseo de continuar siendo sacerdote respetando la ley del celibato y el deseo de vivir abiertamente mi amor por Sophie. Elección terrible. Como si lo uno y lo otro no
pudieran ser compatibles...
Fue al alba de mi llegada a Santiago, después de haber andado de noche y ser guiado por la estrella de Compostela, donde la luz se hizo. Pude por fin confiarme a mi mismo que el celibato era un ideal magnífico pero que para mí era un estado que me destruía. Acababa al fin de comprender la elección que me quedaba por hacer.
De regreso a Francia, tomé la decisión de vivir con Sophie para su mayor felicidad y por consiguiente, renunciar al ministerio presbiteral para mayor desgracia de la Institución.
Sin querer hacer polémica, me pregunto si me he marchado o si no sería más razonable decir que la Institución me ha puesto a la puerta porque mi situación no correspondía más al ideal...?
Hace dos años que con Sophie, nos hemos integrado en un grupo de sacerdotes casados del centro de Francia. ¡Que alegría encontrar personas que como nosotros han tenido un recorrido similar al nuestro sufriendo al no ser comprendidos en su historia por una jerarquía esclerosada por los dogmas!. Y es así como el grupo Effata, me pidió ir al Congreso internacional de sacerdotes casados en Wiesbaden. Mi mujer no ha podido acompañarme ocupada por su trabajo profesional.
¡Qué alegría! Qué felicidad de ser un testigo privilegiado de este encuentro. Y las razones son múltiples:
1.- En los cuatro rincones del mundo, de cualquier nacionalidad, sacerdotes han tenido que hacer esa elección difícil entre ministerio y vida amorosa...
2.- Se siente un gran sufrimiento ante la intolerancia de la Institución por acogernos con la realidad que es la nuestra. No estamos solos para vivirla.
3.- Sacerdotes, mujeres de sacerdotes, cuánta gente extraordinaria dotada de una gran capacidad de reflexión y escucha.
4.- Escuchar y descubrir todas las iniciativas que nacen por todas partes en nuestro planeta: ¡qué esperanza!...
5.- 20 años de trabajo juntos para llegar a la formación de federaciones de sacerdotes casados por continente: ¡qué buen trabajo!
Para nosotros los jóvenes sacerdotes casados, es una suerte inaudita llegar a una federación existente. Uno no se siente sólo. Y creo que nos toca tomar el relevo, continuar este combate para que un día los sacerdotes casados puedan vivir con su esposa un ministerio pastoral parroquial.
Es verdad que durante este congreso, ha habido tensiones así como preguntas. Es verdad que de un lado hay partidarios por guardar un contacto estrecho con la jerarquía, y por otro lado los que estiman que es quemar energía para nada y que es mejor actuar... Por mi pequeña experiencia de deportista amateur del tandem: en la bicicleta de dos plazas, el que está delante no es el que está detrás. El trabajo no es el mismo y por tanto para que el tandem pueda avanzar es necesario que los dos pedaleen aunque uno esté ocupado en pilotar la máquina y el otro a dar más impulso. Ambos son necesarios. Lo mismo ocurre con los sacerdotes casados. Lo importante es avanzar en el reconocimiento de lo que somos y si algunos escojen guardar una ligazón con la institución: pues bien; si otros optan por actitudes innovadoras, tanto mejor aún. No hay un solo camino para llegar a la
Cumbre de un monte, lo esencial ¿no es llegar? Y me alegro que haya preguntas. Eso es señal que estamos en camino.
Para terminar, yo quisiera retomar las palabras de Martín Luther King:
  “ I have a dream”, “Tengo un sueño” que un día la institución movida por la lectura del evangelio, acepte que los hombres sean todos diferentes y que cada uno tenga su lugar en la Iglesia pueblo de Dios;
“ I have a dream” “Tengo un sueño” que un día los sacerdotes célibes y los sacerdotes casados en la Iglesia Católica Romana puedan trabajar cogidos de la mano al servicio del Amor de Cristo para todos los hombres;
“I have a dream” “Tengo un sueño” que un día la Institución no tendrá sospechas sobre la sexualidad y la afectividad y que sabrá mirar cada ser humano con el corazón y no solo sacrosanta doctrina.
“I have a dream” «Tengo un sueño» que un día la Institución acepte reencontrar la vulnerabilidad de los gestos de Jesús que no mantuvo el rango de igualdad con Dios;
“ I have a dream” «Tengo un sueño» que un día la Institución tendrá bastantes agallas para dejar su poder y revestir el hábito del servidor, tal como nos lo muestra Jesús en el Evangelio.


 

Continuemos con perseverancia este
sendero
que
nuestros mayores
han abierto.

Es
verdadero, dinámico
y
cargado
de esperanza.



LA TEOLOGÍA
NO NOS DA DE COMER

Andrés Muñoz

Cebú está muy distante de Wiesbaden. Cebú es la capital de la isla del mismo nombre en el archipiélago filipino. Desde allí se acercó a nuestro Congreso ORLANDO CARVAJAL, sacerdote católico, casado y padre de familia, para representar a todas las familias de sacerdotes casados filipinos.

Da gusto hablar con Orlando, porque no hay que esforzarse para entenderse con él, tanto por el idioma como por el talante abierto y comunicativo. Su lengua propia es el tagalo, pero habla también castellano, una reminiscencia cultural de la colonización española. Además nos dice que en el tagalo existen muchas palabras castellanas incorporadas como propias del idioma.

A través de las conversaciones de pasillos con él y de sus intervenciones en el pleno, nos dimos cuenta de que, aunque venía de lejos, no estaba lejos, sino muy cerca, de la visión y planteamientos que el grupo español llevaba y que coincidía con la postura dominante en el Congreso: la renovación de la Iglesia, partiendo de la prioridad de la comunidad y de cara al servicio a los hombres y mujeres de hoy.

Orlando dijo en una de sus intervenciones que “el tema del celibato no es prioritario” entre los objetivos de la Federación Filipina de Sacerdotes Casados. “Hay otras urgencias humanas y eclesiales en nuestra vivencia”, decía.

En Filipinas los sacerdotes casados están agrupados en distintas asociaciones, y, éstas a la vez, forman la Federación, fundada en el año 1.996. Esta Federación tiene una mínima estructura organizativa, la imprescindible para mantener la cohesión entre sus miembros. Así el Presidente de la misma “sólo tiene una labor de coordinación y comunicación entre los grupos”

El objetivo final y aglutinante de la Federación, dice que es “la renovación de la Iglesia, respetando la pluralidad”, pero también se ocupa de “ayudar a desarrollar la vida familiar y solidarizarse con el desarrollo del pueblo”

Lo más importante en su organización, dice Orlando, “son los grupos y asociaciones” que la componen. “Cada colectivo es autónomo” y se organiza según las pautas que él mismo se da. Se valora mucho la participación a nivel igualitario. En concreto, en una asociación de la que Orlando forma parte “todas las personas, incluidos los niños tienen derecho a voto”. Por eso, “un niño hasta podría ser elegido presidente de la asociación, aunque en la práctica ese derecho se restringe, porque un niño no puede asumir las responsabilidades, incluidas las económicas, que debe tener un presidente”

En general, estas asociaciones tienen como una triple función u objetivo: “ayudarse personal, familiar y espiritualmente”. Esto se resume, según Orlando, en el lema que se han fijado: “lo importante es el amor”. Buen programa que, tanto en Filipinas, como en cualquier lugar del planeta, puede producir efectos gratificantes y beneficiosos.

Los sacerdotes casados filipinos viven con realismo su situación: “las condiciones de vida son difíciles y se necesita de la solidaridad”. Orlando hace una comparación entre el clero en activo y los sacerdotes casados: “los sacerdotes en activo tienen la vida económica resuelta, pero los sacerdotes que se casan tienen que asumir una vida de pobreza”, pues les es muy difícil ganarse el sustento y mantener a la familia, a falta de una especialización profesional. “La teología no nos da de comer”, aclara, ya que la preparación teológico-filosófico no proporciona un puesto de trabajo.

Pero la esperanza no la pierden, mientras luchan, rezan, se ayudan y participan en la marcha del pueblo




TAMILNADU
Estado del sur de la India

Aitor Orube

.


El grupo de sacerdotes casados “Former Catholic Priests Council of Tamilnadu” es un grupo que lleva unos quince años en marcha y desde hace dos años funcionando como ONG legalmente registrado ante el gobierno indio.
Le preguntamos a Anthony Raj Arulswamy, director de la organización:
¿Cómo empezasteis a funcionar?
-- En casa del arzobispo hace quince años un grupo de sacerdotes casados empezamos por crear un centro de Pastoral destinado a la educación de la salud pública, una causa humanitaria destinada particularmente a los pobres. Poco a poco, hemos ampliado con educación básica y trabajos de desarrollo.
¿Cuántos componéis el grupo?
-- Unos treinta miembros activos con un Director, un secretario y un tesorero. El grupo se reúne cada tres meses y una vez al año celebramos una fiesta familiar con nuestras esposas e hijos.
¿ Quiénes trabajáis directamente en vuestra actividad?
-- Somos dos coordinadores, nueve profesores y doce animadores o visitadores de aldeas.
¿ Cuál es vuestro objetivo hoy?
-- Despertar la conciencia social y desarrollar programas destinados a la educación de los niños de la calle y de los que libramos del trabajo en la explotación industrial, educación de mujeres y cuidado de los ancianos. Ahora mismo, queremos buscar fondos para comprar un terreno que nos permita construir una residencia de ancianos. Esto permitirá dar algún trabajo a los sacerdotes casados que no tienen donde encontrar salida una vez dejado el ministerio.

¿Con qué recursos contáis?
-- Los miembros del grupo contribuyen con poco, aunque el objetivo de cotización es de 500 rupíes al año, normal-mente la mayoría sólo contribuyen con unos 250 rupíes.
¿Cómo se percibe al sacerdote casado en el sur de la India?
-- Todo sacerdote casado al dejar el ministerio tiene que hacer frente a dos tipos de problemas : uno psicológico debido al aislamiento social y familiar y otro, el económico, debido a que los estudios cursados de filosofía y teología no le facilitan para abrirse paso en el mundo del trabajo.
¿Cuáles son vuestras dificultades principales?
-- Conseguir el apoyo financiero necesario pues las ONG católicas al pedir subvenciones oficiales por ejemplo en Europa, se reportan previamente al obispo de Tamilnadu, que se niega a colaborar y así nos resulta imposible salvar este obstáculo por tratarse de curas casados.
¿ Cuáles son vuestros éxitos?
-- Hemos podido bloquear la explotación de los niños en la industria, de 40 pueblos donde hemos podido llegar con nuestra actividad. Estos niños, entre cinco y 14 años frecuentan actualmente la escuela. Hemos tenido que compensar a sus familias con programas de promoción de la mujer y que éstas se coloquen en la industria.

Anthony Raj Arulswami ejerció el ministerio ordenado durante diez años y desde 1997 está casado con una mujer viuda y con un hijo dedicándose en cuerpo y alma a esta ONG. Se le ve ilusionado y lleno de esperanza en sus proyectos y compromisos.
Ha estado de paso unas horas en Madrid para contactar con Manos Unidas antes de regresar a la India. Nos sentimos unidos con la alegría y delicadeza que refleja su semblante y con la que nos ha acompañado durante el congreso de Wiesbaden, junto a su colega Joseph Sebastián, que está enseñando teología en un seminario protestante de la Iglesia evangélica para poder ganarse el pan de cada día.

 



Mi vida,
mis años en prosa

José A. Carmona Brea


Hace 41 años me ordenaba de presbítero en Cádiz de manos de Antonio Añoveros, fue el 29/6/64. Aquel día fue muy importante para mí, en aquellos momentos, en pleno apogeo de la España franquista y católica, llegar a ser sacerdote era algo muy grande, yo realmente creía que tenía, como tal sacerdote, una misión religiosa especial.
Detrás han venido los cuarenta y un años de vida para colocarme un tanto en mi sitio en esta historia de luz y confusiones. En aquellos momentos ya tenía en mi interior todas las raíces de lo que sería mi vida posterior: sentido de servicio, sentido de ser a través de la persona de Jesús de Nazaret, un sentido muy vivo de la libertad de conciencia a la hora de optar un camino, o el camino de mi seguimiento personal, un sentido de honestidad personal. A la vez que grandes defectos, como la dispersión, una indolencia para el trabajo o el esfuerzo, un gusto por lo novedoso (bajo una capa de conservadurismo), una vanidad que me ha llevado a actitudes egoístas, un cierto afán de notoriedad... Hoy no sigo siendo el mismo, y sin embargo, lo sigo siendo. ¿Qué es lo que mantiene este sentido de identidad en mi interior?
Hoy no podría en modo alguno aceptar ser sacerdote de la iglesia católica, y mucho menos ejercer como tal en una parroquia, ni de profesor en la Facultad de Teología (no me dejarían proclamar la fe tal como la experimento en mí), no tengo la ingenuidad (no sé si buena o mala) de aceptar al Espíritu Santo tras todas las acciones oficiales, y mucho menos detrás de Ratzinger (como papa Benedicto XVI), ni el conservadurismo a ultranza de los obispos españoles, ni acepto que ellos sean seguidores de Jesús... Y no niego que la institución ha hecho muchísimo por la cultura y el bien en general de Occidente en los últimos dos mil años.

 
 

La iglesia es una institución enorme, cuajada de contradicciones, nada divina como se autoproclama, pero llena de valores humanos y también de sus trágicos defectos.
 

 


Y su mentalidad, la de la iglesia oficial y jerárquica, ha quedado anclada en formas e ideas de la época agrícola de la historia de la evolución de la conciencia. En muchas cosas es muy anterior a Jesús de Nazaret y se identifica con aquella institución de poder religioso que lo llevó a la cruz.
Cuando me secularicé lo hice por motivos de fe y de obediencia. Son los motivos que aduje en el informe que envié a Roma. Yo sentía que había algo en la vida clerical que me impedía desarrollarme, que estrangulaba de alguna manera mi yo, pero entonces no sabía bien cómo verbalizarlo, es más, ni siquiera en mi mente se había forjado el concepto de forma definida, tan sólo me inundaba una vaga experiencia de asfixia, que me impedía someterme a una fe tan infantil y sólo porque lo dijera la jerarquía eclesiástica. Al secularizarme quedó mi camino libre, camino que no era nada fácil. Han sido necesarias decenas de años para desbrozarlo un poco.

 
   

De la institución había recibido y aceptado en mi corazón una convicción: Jesús de Nazaret es un camino de Liberación.

Después esta convicción se ha hecho experiencia empapada de Misterio, experiencia vivida en las meditaciones, en la vida de pareja, en las relaciones sociales,... y bañándome en el mar y conduciendo nuestro coche (de Paqui y mío). Libertad, liberación de toda estructura que ahogue, que impida el desarrollo y evolución de la conciencia (el germen del Absoluto que somos), libertad de dogmas, leyes, prescripciones, ritos... para descubrir la profunda verdad de una fe vivida en las raíces de mi propio ser, de mi YO-YO, no arbitraria, ilusoria, ni caprichosa, sino una fe cotejada con las experiencias de todos aquellos que optaron por el camino de «obedecer a Dios antes que a los hombres». Una fe cotejada con las experiencias de todos aquellos que «en una noche oscura saltaron las murallas de las creencias impuestas por otros, y con ansias y en amores inflamadas» buscaron al Amado en la soledad de un corazón limpio, a aquel Amado «que en soledad vivía, y en soledad había puesto ya su nido».
Por eso esta fe no es capricho, ni ilusión, sino exigencia y decisión, es seguridad que se asienta en lo más profundo de una conciencia que camina hacia la Totalidad.
Cuando hoy me siento a reflexionar sobre la trayectoria de mi vida, empiezo a ver lo que antes no veía, pero de algún modo intuía. Estoy contento de haberme secularizado. No entiendo que en el cristianismo pueda haber sacerdocio ritual, cuando no es más que una comunidad de hermanos. El único sacerdocio existente en el mismo Jesús (el Cristo para nosotros) es el existencial, ¿cómo puedo yo, y en nombre de qué o de quién ser proclamado sacerdote ritual?
Respeto a los buenos amigos que continúan en el ejercicio de su sacerdocio, los abrazo, pero no puedo compartir su actitud, ni siquiera entenderla.
Y así voy caminando, si es que esto es caminar. ¿no es el mismo camino ya la meta?

Y ahora en poesía


ES mi existencia una vida,
perfilada por el tiempo,
y una pregunta constante
que me inunda por entero.
Pregunta que ya no es.
Quizá en tiempos
fue de un fuego
que comiéndose las pieles
destapó hasta los huesos,
en los que habita el Espíritu,
el que impulsa con su aliento
mi camino en esta tierra
y lo convierte en mi cielo.
Y a mis años, transcurridos
en los afanes terrenos,
los transforma poco a poco
en la raíz de lo eterno.
Quizás, ya no es pregunta,
sino tan sólo sendero.
Comenzaba yo mis años
con andares chiclaneros,
hijo de madre hacendosa,
hijo de un buen zapatero,
hermano de tres mujeres,
tres espigas a los vientos.
Mis primeras enseñanzas,
las que aprendí en el colegio,
fueron sencillas, simplonas,
carentes de carne y nervios.
Sin darme cuenta del todo,
casi sin poder saberlo,
cuando tenía diez años,
las monjitas decidieron
que mi futuro sería
hacerme letrado clérigo.
Oprimido por los muros,
dirigido por maestros
educados en lo atávico,
cerrados a lo moderno
ya de niño y aún imberbe,
me instalé contra el progreso
y me hice adulto infantil.
A los veinte años, viejo.
Parapetado en doctrinas,
en dogmas, en premodernos
mitos carentes de todo
razonable fundamento
cumplidos los diecinueve,
emprendí, alegre, un vuelo:
A Salamanca marché,
la sede del pensamiento
religioso medieval
en la España del «imperio».
Mas los aires novedosos,
que bañaban por entero
este mundo de los hombres,
despertándolos del sueño
que minando su razón
los relegó al desacierto,
se colaban por las aulas,
deshaciendo los entuertos.
Yo, buscador de verdades,
que en mi mente ya era viejo,
experimenté en mí mismo
los barruntos del Misterio,
que no comprenden las mentes
y que supera los tiempos,
barruntos que en mí labraron
las premisas de algo nuevo.
Abierto. Con nuevas formas
en mi corazón sincero
volví a tierras de Cádiz,
predicando el Sacramento
de ese Padre que nos arpa
y de Jesús Nazareno.
Al cabo de pocos años,
marché buscando un secreto
que en mi mente no cabía
y en mi alma era incierto.
Cursé diversos estudios,
viví en pueblos diversos.
Y el contacto con la vida
Tocó mi espíritu inquieto
haciéndome descubrir
un mundo de amor y miedos
que me llevaron sin prisas
y con pasos algo lentos
a plantearme vivir
sin antiguos privilegios,
siendo uno más en verdad
entre la gente del pueblo.
Sin la máscara de cura,
sin sus vetustos derechos
pasé los años siguientes
a tientas y sin consuelo.
Y, decidido por fin
a dar un salto de riesgo,
me marche a Cataluña
a enseñar en un colegio.
Y en Cataluña encontré
El sentido y el sosiego,
Porque pronto descubrí
ese profundo secreto
Que mi alma cobijaba
desde siglos y milenios.
El secreto se guardaba
Dentro de un hermoso cuerpo
con interior luminoso
que al amor estaba abierto.
Era luz, hecha mujer,
por nombre, Paqui Vallejo.
Y la búsqueda, empezada
con temblores y silencios,
se hizo sendero y camino
en el amor descubierto
entre Paqui y quien buscaba.
Amor de lazos eternos
que insuflaba en mis sentidos
a Paqui, sabor y aliento.
Un corazón jubiloso
nació de nuestros encuentros.
Le llamamos Ismael,
Ismael, el agareno,
hijo de madre amorosa,
también hijo del desierto,
hijo de profeta santo,
padre de pueblos honestos .
Pasaron mis años breves,
mi madurez llego presto.
Y en mi corazón ya arde
la compasión y el sosiego,
el amor que es lo que soy,
la ternura y el consuelo.
Ternura que en piel de plata,
la piel de Paqui, mi cielo,
con temblores y esperanzas
mis labios van recogiendo
El consuelo de mi hijo
Que me invade por completo,
Cuando contemplo quien es.
Prescindiendo de lo externo.
El amor me queda libre
Y se expande al Universo,
porque abrazando a los míos,
abrazo a todo mi pueblo,
a este pueblo de los hombres,
que continúa disperso.
Y en mi vida así avanzo,
y hago presente mi mi tiempo
descubriendo en mi Paqui
y en el hijo que tenemos,
aquel secreto fecundo,
aquel profundo Misterio
que mi corazón ansiaba
desde allá, desde lo eterno.



José Antonio, el nombre por el que soy conocido.