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En
Perspectiva
Joe Gubbels
Coordinador de Corpus Canadá

En nuestro caminar sobre la tierra
tratamos de comprender la vida en relación con Dios y actuamos según esa
comprensión. Cada uno de nosotros debe seguir su conciencia y plasmarla
en la manera de vivir. Nuestro guía y ejemplo es Jesús. Esto tiene más
importancia para nosotros como sacerdotes. Tratamos de proyectar nuestra
vida en Jesús al pueblo de Dios por medio de nuestras palabras, acciones
y ejemplo.
Durante su vida, Jesús tuvo predilección por los marginados,
inmigrantes, pecadores, publicanos, enfermos, moribundos, encarcelados y
pobres. El los trató con paciencia, tolerancia, amor, compasión y
apertura. Su mundo ideal es un mundo de paz, igualdad, fraternidad y
libertad. Su ley estaba resumida en “amor a Dios y amor al prójimo”.
Según nos cuenta el evangelio, los Fariseos, Saduceos y Doctores de la
ley se fundamentaban en la autoridad, leyes, condenación, entredichos,
vestimentas de riquezas, separación, clericalismo, jerarquía y
discriminación. Ellos tenían que mantener un sistema estricto sin
tolerancia. De veras, ellos creían que tenían el control de la salvación
de todos los individuos del pueblo. Solamente por medio de ellos la
gente podría ser agradable a Dios. Ellos actúan teniendo un monopolio en
la inspiración del Espíritu de Dios en el control de las personas.
Hay sacerdotes que han dejado su ministerio por varias razones; algunos
por casarse y otros por no creer en las leyes humanas que han sido
establecidas por la iglesia católica. Muchos de estos sacerdotes quieren
influir en la jerarquía católica para cambiar tales leyes y destruir el
sistema de clerica-lismo.
¿Cual seria nuestra acción para efectuar cambios en la iglesia católica?
Pregunto si Jesús se acercó a los Sacerdotes, Saduceos y Doctores de la
Ley para pedir cambios de las leyes. Yo pienso que no. El trabajó con la
gente y apremió e insistió en lo que debe cambiar: su manera de vivir,
quitar su opresión, las personas están antes que las leyes…. Les dijo
que sus leyes no son de Dios sino de los hombres.

Una agrupación de sacerdotes que se han retirado del sistema clerical es
necesario que escuchen la voz del pueblo de Dios. La voz que viene del
espíritu de Dios: que estén junto a los marginados, inmigrantes,
pecadores, publicanos, enfermos, moribundos, encarcelados y pobres.
Muchas de estas gentes se han visto marginadas en la iglesia católica
por sus leyes. Ellos ven la exclusividad y no se sienten aceptados.
Nosotros, los sacerdotes secularizados podemos ser para ellos “otra voz
de iglesia”, podemos acogerlos.
Yo camino con mi fe en Dios con toda confianza. Cuando veo que la
jerarquía está pronunciando un edicto que no está conforme con el
mensaje verdadero de Jesús, yo no les enviaré cartas personales porque
ya no me escuchan. Al contrario mi estrategia es un proceso de
concientización con el pueblo de Dios y por medio de cartas a los
periódicos católicos y públicos. Yo creo que es tiempo de hacerlos
responsables del daño que ellos están haciendo al pueblo de Dios.
En conclusión rezo para que el espíritu de Dios inspire a la jerarquía
para cambiar su manera de tratar al pueblo de Dios y que sea conforme al
mensaje verdadero de Jesús. Y en lo que depende de nosotros: estar
dispuestos como Jesús a vivir el mismo estilo de vida que él quiso para
sus seguidores.
“Ultreia”... Anda, avanza
Emmanuel Binder

Ultreia...Anda, avanza...Fue en el magnífico camino que va de Puy a
Santiago de Compostela en el que yo tomé conciencia y la decisión de
vivir a plena luz mi amor por Sophie. Y esta decisión no ha sido fácil
ni de tomarla ni de vivirla después. Pero en lo más íntimo de mí mismo y
en verdad delante de Dios, tuve esta íntima convicción de que esta
elección era justa, sincera, y por muy curioso que pueda parecer,
respetuosa hacia las personas que había podido frecuentar durante mi
ministerio presbiteral.
Esta vocación de ser sacerdote remonta a mis 17 años durante un
peregrinaje en Polonia, yendo de Varsovia a Czestochowa en 1983. ¿Cómo
olvidar esta llamada de Cristo a Levi: “Ven y sígueme” que resonó en el
fondo de mi corazón para consagrar mi vida al servicio de Dios y de los
hombres con el anuncio de la Buena Nueva: Dios es Amor?
Todavía hoy, esta palabra continúa haciendo camino en mi vida.
Ordenado sacerdote en junio 1994, ejercí mi ministerio en los pueblos de
la región de la Drôme, en Provenza ( Francia). Feliz de ser testigo de
Cristo para aquellos y aquellas que se cruzaban en mi camino, mi
ministerio de sacerdote me ha aportado mucho. Creo que yo me sentía
verdaderamente realizado. Sin embargo, me di cuenta de mi fragilidad
afectiva (por decirlo de alguna forma) de manera que al filo de los
días, de los años, esta situación se hacía cada vez más difícil de
aguantar. Confiándolo al Señor en mi oración, le pedía ardientemente me
ayudara a superar mi debilidad afectiva para ser un buen sacerdote como
lo pide la Santa Iglesia Católica Romana. ¿La respuesta del Señor?
Sophie se cruzó en mi camino, nos miramos e iniciamos una vida amorosa.
Obra del diablo para desviar a un sacerdote o, por curioso que pueda
parecer, elección de Dios para poner en mi camino una persona que me
ayuda a ser plenamente hombre (cuerpo, alma y espíritu). Lo que sé es
que esta actitud extraordinaria de Sophie, que no ha pedido nunca que yo
hiciera una elección entre Dios y ella. Siempre ha respetado mi
ministerio sacerdotal. Y cuando tomé esta decisión de hacer el camino de
Compostela para ver más claro, ella me dejó ir sin saber si un día me
volvería a ver.
Es en la aridez de los días helados de los caminos de Navarra, Galicia y
otras regiones, a menudo sólo en las noches de los refugios sin
calefacción en España, donde mi corazón se tambaleaba entre el deseo de
continuar siendo sacerdote respetando la ley del celibato y el deseo de
vivir abiertamente mi amor por Sophie. Elección terrible. Como si lo uno
y lo otro no
pudieran ser compatibles...
Fue al alba de mi llegada a Santiago, después de haber andado de noche y
ser guiado por la estrella de Compostela, donde la luz se hizo. Pude por
fin confiarme a mi mismo que el celibato era un ideal magnífico pero que
para mí era un estado que me destruía. Acababa al fin de comprender la
elección que me quedaba por hacer.
De regreso a Francia, tomé la decisión de vivir con Sophie para su mayor
felicidad y por consiguiente, renunciar al ministerio presbiteral para
mayor desgracia de la Institución.
Sin querer hacer polémica, me pregunto si me he marchado o si no sería
más razonable decir que la Institución me ha puesto a la puerta porque
mi situación no correspondía más al ideal...?
Hace dos años que con Sophie, nos hemos integrado en un grupo de
sacerdotes casados del centro de Francia. ¡Que alegría encontrar
personas que como nosotros han tenido un recorrido similar al nuestro
sufriendo al no ser comprendidos en su historia por una jerarquía
esclerosada por los dogmas!. Y es así como el grupo Effata, me pidió ir
al Congreso internacional de sacerdotes casados en Wiesbaden. Mi mujer
no ha podido acompañarme ocupada por su trabajo profesional.
¡Qué alegría! Qué felicidad de ser un testigo privilegiado de este
encuentro. Y las razones son múltiples:
1.- En los cuatro rincones del mundo, de cualquier nacionalidad,
sacerdotes han tenido que hacer esa elección difícil entre ministerio y
vida amorosa...
2.- Se siente un gran sufrimiento ante la intolerancia de la Institución
por acogernos con la realidad que es la nuestra. No estamos solos para
vivirla.
3.- Sacerdotes, mujeres de sacerdotes, cuánta gente extraordinaria
dotada de una gran capacidad de reflexión y escucha.
4.- Escuchar y descubrir todas las iniciativas que nacen por todas
partes en nuestro planeta: ¡qué esperanza!...
5.- 20 años de trabajo juntos para llegar a la formación de federaciones
de sacerdotes casados por continente: ¡qué buen trabajo!
Para nosotros los jóvenes sacerdotes casados, es una suerte inaudita
llegar a una federación existente. Uno no se siente sólo. Y creo que nos
toca tomar el relevo, continuar este combate para que un día los
sacerdotes casados puedan vivir con su esposa un ministerio pastoral
parroquial.
Es verdad que durante este congreso, ha habido tensiones así como
preguntas. Es verdad que de un lado hay partidarios por guardar un
contacto estrecho con la jerarquía, y por otro lado los que estiman que
es quemar energía para nada y que es mejor actuar... Por mi pequeña
experiencia de deportista amateur del tandem: en la bicicleta de dos
plazas, el que está delante no es el que está detrás. El trabajo no es
el mismo y por tanto para que el tandem pueda avanzar es necesario que
los dos pedaleen aunque uno esté ocupado en pilotar la máquina y el otro
a dar más impulso. Ambos son necesarios. Lo mismo ocurre con los
sacerdotes casados. Lo importante es avanzar en el reconocimiento de lo
que somos y si algunos escojen guardar una ligazón con la institución:
pues bien; si otros optan por actitudes innovadoras, tanto mejor aún. No
hay un solo camino para llegar a la
Cumbre de un monte, lo esencial ¿no es llegar? Y me alegro que haya
preguntas. Eso es señal que estamos en camino.
Para terminar, yo quisiera retomar las palabras de Martín Luther King:
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“ I have a dream”, “Tengo un
sueño” que un día la institución movida por la lectura del
evangelio, acepte que los hombres sean todos diferentes y que
cada uno tenga su lugar en la Iglesia pueblo de Dios;
“ I have a dream” “Tengo un sueño” que un día los sacerdotes
célibes y los sacerdotes casados en la Iglesia Católica Romana
puedan trabajar cogidos de la mano al servicio del Amor de
Cristo para todos los hombres;
“I have a dream” “Tengo un sueño” que un día la Institución no
tendrá sospechas sobre la sexualidad y la afectividad y que
sabrá mirar cada ser humano con el corazón y no solo sacrosanta
doctrina.
“I have a dream” «Tengo un sueño» que un día la Institución
acepte reencontrar la vulnerabilidad de los gestos de Jesús que
no mantuvo el rango de igualdad con Dios;
“ I have a dream” «Tengo un sueño» que un día la Institución
tendrá bastantes agallas para dejar su poder y revestir el
hábito del servidor, tal como nos lo muestra Jesús en el
Evangelio.
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Continuemos
con perseverancia este
sendero
que
nuestros mayores
han abierto.
Es
verdadero, dinámico
y
cargado
de esperanza. |
LA TEOLOGÍA
NO
NOS DA DE COMER
Andrés Muñoz
Cebú está muy distante de Wiesbaden. Cebú es la capital de la isla del
mismo nombre en el archipiélago filipino. Desde allí se acercó a nuestro
Congreso ORLANDO CARVAJAL, sacerdote católico, casado y padre de
familia, para representar a todas las familias de sacerdotes casados
filipinos.
Da gusto hablar con Orlando, porque no hay que esforzarse para
entenderse con él, tanto por el idioma como por el talante abierto y
comunicativo. Su lengua propia es el tagalo, pero habla también
castellano, una reminiscencia cultural de la colonización española.
Además nos dice que en el tagalo existen muchas palabras castellanas
incorporadas como propias del idioma.
A través de las conversaciones de pasillos con él y de sus
intervenciones en el pleno, nos dimos cuenta de que, aunque venía de
lejos, no estaba lejos, sino muy cerca, de la visión y planteamientos
que el grupo español llevaba y que coincidía con la postura dominante en
el Congreso: la renovación de la Iglesia, partiendo de la prioridad de
la comunidad y de cara al servicio a los hombres y mujeres de hoy.

Orlando dijo en una de sus intervenciones que “el tema del celibato no
es prioritario” entre los objetivos de la Federación Filipina de
Sacerdotes Casados. “Hay otras urgencias humanas y eclesiales en nuestra
vivencia”, decía.
En Filipinas los sacerdotes casados están agrupados en distintas
asociaciones, y, éstas a la vez, forman la Federación, fundada en el año
1.996. Esta Federación tiene una mínima estructura organizativa, la
imprescindible para mantener la cohesión entre sus miembros. Así el
Presidente de la misma “sólo tiene una labor de coordinación y
comunicación entre los grupos”
El objetivo final y aglutinante de la Federación, dice que es “la
renovación de la Iglesia, respetando la pluralidad”, pero también se
ocupa de “ayudar a desarrollar la vida familiar y solidarizarse con el
desarrollo del pueblo”
Lo más importante en su organización, dice Orlando, “son los grupos y
asociaciones” que la componen. “Cada colectivo es autónomo” y se
organiza según las pautas que él mismo se da. Se valora mucho la
participación a nivel igualitario. En concreto, en una asociación de la
que Orlando forma parte “todas las personas, incluidos los niños tienen
derecho a voto”. Por eso, “un niño hasta podría ser elegido presidente
de la asociación, aunque en la práctica ese derecho se restringe, porque
un niño no puede asumir las responsabilidades, incluidas las económicas,
que debe tener un presidente”

En general, estas asociaciones tienen como una triple función u
objetivo: “ayudarse personal, familiar y espiritualmente”. Esto se
resume, según Orlando, en el lema que se han fijado: “lo importante es
el amor”. Buen programa que, tanto en Filipinas, como en cualquier lugar
del planeta, puede producir efectos gratificantes y beneficiosos.
Los sacerdotes casados filipinos viven con realismo su situación: “las
condiciones de vida son difíciles y se necesita de la solidaridad”.
Orlando hace una comparación entre el clero en activo y los sacerdotes
casados: “los sacerdotes en activo tienen la vida económica resuelta,
pero los sacerdotes que se casan tienen que asumir una vida de pobreza”,
pues les es muy difícil ganarse el sustento y mantener a la familia, a
falta de una especialización profesional. “La teología no nos da de
comer”, aclara, ya que la preparación teológico-filosófico no
proporciona un puesto de trabajo.
Pero la esperanza no la pierden, mientras luchan, rezan, se ayudan y
participan en la marcha del pueblo
TAMILNADU
Estado del sur de la India
Aitor
Orube .

El grupo de sacerdotes casados “Former Catholic Priests Council of
Tamilnadu” es un grupo que lleva unos quince años en marcha y desde hace
dos años funcionando como ONG legalmente registrado ante el gobierno
indio.
Le preguntamos a Anthony Raj Arulswamy, director de la organización:
¿Cómo empezasteis a funcionar?
-- En casa del arzobispo hace quince años un grupo de sacerdotes casados
empezamos por crear un centro de Pastoral destinado a la educación de la
salud pública, una causa humanitaria destinada particularmente a los
pobres. Poco a poco, hemos ampliado con educación básica y trabajos de
desarrollo.
¿Cuántos componéis el grupo?
-- Unos treinta miembros activos con un Director, un secretario y un
tesorero. El grupo se reúne cada tres meses y una vez al año celebramos
una fiesta familiar con nuestras esposas e hijos.
¿
Quiénes trabajáis directamente en vuestra actividad?
-- Somos dos coordinadores, nueve profesores y doce animadores o
visitadores de aldeas.
¿ Cuál es vuestro objetivo hoy?
-- Despertar la conciencia social y desarrollar programas destinados a
la educación de los niños de la calle y de los que libramos del trabajo
en la explotación industrial, educación de mujeres y cuidado de los
ancianos. Ahora mismo, queremos buscar fondos para comprar un terreno
que nos permita construir una residencia de ancianos. Esto permitirá dar
algún trabajo a los sacerdotes casados que no tienen donde encontrar
salida una vez dejado el ministerio.
¿Con qué recursos contáis?
-- Los miembros del grupo contribuyen con poco, aunque el objetivo de
cotización es de 500 rupíes al año, normal-mente la mayoría sólo
contribuyen con unos 250 rupíes.
¿Cómo se percibe al sacerdote casado en el sur de la India?
-- Todo sacerdote casado al dejar el ministerio tiene que hacer frente a
dos tipos de problemas : uno psicológico debido al aislamiento social y
familiar y otro, el económico, debido a que los estudios cursados de
filosofía y teología no le facilitan para abrirse paso en el mundo del
trabajo.
¿Cuáles son vuestras dificultades principales?
-- Conseguir el apoyo financiero necesario pues las ONG católicas al
pedir subvenciones oficiales por ejemplo en Europa, se reportan
previamente al obispo de Tamilnadu, que se niega a colaborar y así nos
resulta imposible salvar este obstáculo por tratarse de curas casados.
¿ Cuáles son vuestros éxitos?
-- Hemos podido bloquear la explotación de los niños en la industria, de
40 pueblos donde hemos podido llegar con nuestra actividad. Estos niños,
entre cinco y 14 años frecuentan actualmente la escuela. Hemos tenido
que compensar a sus familias con programas de promoción de la mujer y
que éstas se coloquen en la industria.

Anthony Raj Arulswami ejerció el ministerio ordenado durante diez años y
desde 1997 está casado con una mujer viuda y con un hijo dedicándose en
cuerpo y alma a esta ONG. Se le ve ilusionado y lleno de esperanza en
sus proyectos y compromisos.
Ha estado de paso unas horas en Madrid para contactar con Manos Unidas
antes de regresar a la India. Nos sentimos unidos con la alegría y
delicadeza que refleja su semblante y con la que nos ha acompañado
durante el congreso de Wiesbaden, junto a su colega Joseph Sebastián,
que está enseñando teología en un seminario protestante de la Iglesia
evangélica para poder ganarse el pan de cada día.
Mi vida,
mis años en prosa
José A. Carmona Brea
Hace 41 años me ordenaba de presbítero en Cádiz de manos de Antonio
Añoveros, fue el 29/6/64. Aquel día fue muy importante para mí, en
aquellos momentos, en pleno apogeo de la España franquista y católica,
llegar a ser sacerdote era algo muy grande, yo realmente creía que
tenía, como tal sacerdote, una misión religiosa especial.
Detrás han venido los cuarenta y un años de vida para colocarme un tanto
en mi sitio en esta historia de luz y confusiones. En aquellos momentos
ya tenía en mi interior todas las raíces de lo que sería mi vida
posterior: sentido de servicio, sentido de ser a través de la persona de
Jesús de Nazaret, un sentido muy vivo de la libertad
de conciencia a la hora de optar un camino, o el camino de mi
seguimiento personal, un sentido de honestidad personal. A la vez que
grandes defectos, como la dispersión, una indolencia para el trabajo o
el esfuerzo, un gusto por lo novedoso (bajo una capa de
conservadurismo), una vanidad que me ha llevado a actitudes egoístas, un
cierto afán de notoriedad... Hoy no sigo siendo el mismo, y sin embargo,
lo sigo siendo. ¿Qué es lo que mantiene este sentido de identidad en mi
interior?
Hoy no podría en modo alguno aceptar ser sacerdote de la iglesia
católica, y mucho menos ejercer como tal en una parroquia, ni de
profesor en la Facultad de Teología (no me dejarían proclamar la fe tal
como la experimento en mí), no tengo la ingenuidad (no sé si buena o
mala) de aceptar al Espíritu Santo tras todas las acciones oficiales, y
mucho menos detrás de Ratzinger (como papa Benedicto XVI), ni el
conservadurismo a ultranza de los obispos españoles, ni acepto que ellos
sean seguidores de Jesús... Y no niego que la institución ha hecho
muchísimo por la cultura y el bien en general de Occidente en los
últimos dos mil años.
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La
iglesia es una institución enorme, cuajada de contradicciones,
nada divina como se autoproclama, pero llena de valores humanos
y también de sus trágicos defectos.
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Y su mentalidad, la de la iglesia oficial y jerárquica, ha quedado
anclada en formas e ideas de la época agrícola de la historia de la
evolución de la conciencia. En muchas cosas es muy anterior a Jesús de
Nazaret y se identifica con aquella institución de poder religioso que
lo llevó a la cruz.
Cuando me secularicé lo hice por motivos de fe y de obediencia. Son los
motivos que aduje en el informe que envié a Roma. Yo sentía que había
algo en la vida clerical que me impedía desarrollarme, que estrangulaba
de alguna manera mi yo, pero entonces no sabía bien cómo verbalizarlo,
es más, ni siquiera en mi mente se había forjado el concepto de forma
definida, tan sólo me inundaba una vaga experiencia de asfixia, que me
impedía someterme a una fe tan infantil y sólo porque lo dijera la
jerarquía eclesiástica. Al secularizarme quedó mi camino libre, camino
que no era nada fácil. Han sido necesarias decenas de años para
desbrozarlo un poco.
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De la
institución había recibido y aceptado en mi corazón una
convicción: Jesús de Nazaret es un camino de Liberación.
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Después esta convicción se ha hecho experiencia
empapada de Misterio, experiencia vivida en las meditaciones, en la vida
de pareja, en las relaciones sociales,... y bañándome en el mar y
conduciendo nuestro coche (de Paqui y mío). Libertad, liberación de toda
estructura que ahogue, que impida el desarrollo y evolución de la
conciencia (el germen del Absoluto que somos), libertad de dogmas,
leyes, prescripciones, ritos... para descubrir la profunda verdad de una
fe vivida en las raíces de mi propio ser, de mi YO-YO, no arbitraria,
ilusoria, ni caprichosa, sino una fe cotejada con las experiencias de
todos aquellos que optaron por el camino de «obedecer a Dios antes que a
los hombres». Una fe cotejada con las experiencias de todos aquellos que
«en una noche oscura saltaron las murallas de las creencias impuestas
por otros, y con ansias y en amores inflamadas» buscaron al Amado en la
soledad de un corazón limpio, a aquel Amado «que en soledad vivía, y en
soledad había puesto ya su nido».
Por eso esta fe no es capricho, ni ilusión, sino exigencia y decisión,
es seguridad que se asienta en lo más profundo de una conciencia que
camina hacia la Totalidad.
Cuando hoy me siento a reflexionar sobre la trayectoria de mi vida,
empiezo a ver lo que antes no veía, pero de algún modo intuía. Estoy
contento de haberme secularizado. No entiendo que en el cristianismo
pueda haber sacerdocio ritual, cuando no es más que una comunidad de
hermanos. El único sacerdocio existente en el mismo Jesús (el Cristo
para nosotros) es el existencial, ¿cómo puedo yo, y en nombre de qué o
de quién ser proclamado sacerdote ritual?
Respeto a los buenos amigos que continúan en el ejercicio de su
sacerdocio, los abrazo, pero no puedo compartir su actitud, ni siquiera
entenderla.
Y así voy caminando, si es que esto es caminar. ¿no es el mismo camino
ya la meta? Y ahora en poesía
ES mi
existencia una vida,
perfilada por el tiempo,
y una pregunta constante
que me inunda por entero.
Pregunta que ya no es.
Quizá en tiempos
fue de un fuego
que comiéndose las pieles
destapó hasta los huesos,
en los que habita el Espíritu,
el que impulsa con su aliento
mi camino en esta tierra
y lo convierte en mi cielo.
Y a mis años, transcurridos
en los afanes terrenos,
los transforma poco a poco
en la raíz de lo eterno.
Quizás, ya no es pregunta,
sino tan sólo sendero.
Comenzaba yo mis años
con andares chiclaneros,
hijo de madre hacendosa,
hijo de un buen zapatero,
hermano de tres mujeres,
tres espigas a los vientos.
Mis primeras enseñanzas,
las que aprendí en el colegio,
fueron sencillas, simplonas,
carentes de carne y nervios.
Sin darme cuenta del todo,
casi sin poder saberlo,
cuando tenía diez años,
las monjitas decidieron
que mi futuro sería
hacerme letrado clérigo.
Oprimido por los muros,
dirigido por maestros
educados en lo atávico,
cerrados a lo moderno
ya de niño y aún imberbe,
me instalé contra el progreso
y me hice adulto infantil.
A los veinte años, viejo.
Parapetado en doctrinas,
en dogmas, en premodernos
mitos carentes de todo
razonable fundamento
cumplidos los diecinueve,
emprendí, alegre, un vuelo:
A Salamanca marché,
la sede del pensamiento
religioso medieval
en la España del «imperio».
Mas los aires novedosos,
que bañaban por entero
este mundo de los hombres,
despertándolos del sueño
que minando su razón
los relegó al desacierto,
se colaban por las aulas,
deshaciendo los entuertos.
Yo, buscador de verdades,
que en mi mente ya era viejo,
experimenté en mí mismo
los barruntos del Misterio,
que no comprenden las mentes
y que supera los tiempos,
barruntos que en mí labraron
las premisas de algo nuevo.
Abierto. Con nuevas formas
en mi corazón sincero
volví a tierras de Cádiz,
predicando el Sacramento
de ese Padre que nos arpa
y de Jesús Nazareno.
Al cabo de pocos años,
marché buscando un secreto
que en mi mente no cabía
y en mi alma era incierto.
Cursé diversos estudios,
viví en pueblos diversos.
Y el contacto con la vida
Tocó mi espíritu inquieto
haciéndome descubrir
un mundo de amor y miedos
que me llevaron sin prisas
y con pasos algo lentos
a plantearme vivir
sin antiguos privilegios,
siendo uno más en verdad
entre la gente del pueblo.
Sin la máscara de cura,
sin sus vetustos derechos
pasé los años siguientes
a tientas y sin consuelo.
Y, decidido por fin
a dar un salto de riesgo,
me marche a Cataluña
a enseñar en un colegio.
Y en Cataluña encontré
El sentido y el sosiego,
Porque pronto descubrí
ese profundo secreto
Que mi alma cobijaba
desde siglos y milenios.
El secreto se guardaba
Dentro de un hermoso cuerpo
con interior luminoso
que al amor estaba abierto.
Era luz, hecha mujer,
por nombre, Paqui Vallejo.
Y la búsqueda, empezada
con temblores y silencios,
se hizo sendero y camino
en el amor descubierto
entre Paqui y quien buscaba.
Amor de lazos eternos
que insuflaba en mis sentidos
a Paqui, sabor y aliento.
Un corazón jubiloso
nació de nuestros encuentros.
Le llamamos Ismael,
Ismael, el agareno,
hijo de madre amorosa,
también hijo del desierto,
hijo de profeta santo,
padre de pueblos honestos .
Pasaron mis años breves,
mi madurez llego presto.
Y en mi corazón ya arde
la compasión y el sosiego,
el amor que es lo que soy,
la ternura y el consuelo.
Ternura que en piel de plata,
la piel de Paqui, mi cielo,
con temblores y esperanzas
mis labios van recogiendo
El consuelo de mi hijo
Que me invade por completo,
Cuando contemplo quien es.
Prescindiendo de lo externo.
El amor me queda libre
Y se expande al Universo,
porque abrazando a los míos,
abrazo a todo mi pueblo,
a este pueblo de los hombres,
que continúa disperso.
Y en mi vida así avanzo,
y hago presente mi mi tiempo
descubriendo en mi Paqui
y en el hijo que tenemos,
aquel secreto fecundo,
aquel profundo Misterio
que mi corazón ansiaba
desde allá, desde lo eterno.
José Antonio,
el nombre por el que soy conocido.
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