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| “TIEMPO DE HABLAR” Y LA COPE… … … | ||
| He leído con pena
el apoyo del equipo de redacción de la revista “Tiempo de Hablar” a la nota y pancarta de unas Comunidades de Base de Málaga, que denuncian a la COPE por “verter odio fratricida” y por su “incitación al odio”. No me parece prudente dar por sentado que la mayoría de los suscritores de “Tiempo de Hablar” pensemos lo mismo al respecto, por lo que se corre el riesgo de introducir la división entre quienes tanto tenemos en común. Esas declaraciones me parecen graves e injustas, por lo que no deberían hacerse sin previo y sosegado debate. Más aún, a algunos nos parece esa denuncia calumniosa. Nuestro modelo es la comunidad cristiana primitiva en la que hubo desacuerdos y debate, imponiéndose al final un criterio con el aval de los testigos privilegiados de la fe. Denunciar a los Obispos, responsables de la emisora, de esa manera y en público, sin ese debate y sin ese aval, conduce a la politización de una comunidad, que debería esforzarse por tender puentes de reconciliación acentuando lo mucho que nos une y dejando en segundo plano lo que legítimamente nos separa. Paso a lo que en realidad considero secundario, la diferente valoración de unos hechos públicos, pero que conlleva un efecto desproporcionado, como es la calificación de la labor de la COPE como supuesta “incitadora al odio”. No puede hacerse acusación más grave si nos tomamos en serio los escritos de Juan sobre el amor y el conocimiento de Dios, como enfrentados al desamor y al odio. ¿Es el amor a los Obispos lo que lleva a los denunciantes a una lucha pública colectiva para que reconozcan sus supuestos yerros? Desconozco si existen escritos mediante los que esos grupos se han dirigido previamente a los Obispos en un esfuerzo de comprender sus razones, atendiendo a lo positivo y a lo negativo de esa emisora, antes de erigirse en sus jueces.Lo cierto es que si quisiésemos valorar lo más objetivamente posible el programa de la mañana de la COPE, que es sin duda la bestia negra de sus denunciantes, se necesitarían analistas o jueces imparciales y, en todo caso, estaríamos dentro de lo opinable y nunca se justificaría la expresión «mensajes de odio». En un intento de tender puentes, sin embargo, y de llamar la atención sobre aspectos de la tarea de ese programa que, al parecer, pasan inadvertidos a los denunciantes, me atrevo a hacer una serie de preguntas que invito a contestar a esas comunidades: ¿Conocen muchos medios de comunicación en la España actual que sean perseguidos por los poderes fácticos, aparte de la COPE? ¿No ha sido el sufrir persecución la nota distintiva de los cristianos —en abierto contraste con aquellos que reciben apoyos mediáticos de aquellos poderes? Más en concreto, ¿conocen muchos medios que hayan sufrido hostigamiento y calumnias por parte de los poderes fácticos por tratar de conocer la verdad del 11-M, es decir por denunciar la masiva destrucción de pruebas (incluso vagones de tren), la manipulación y falsificación de otras muchas, las mentiras y perjurios de muchos responsables de la investigación evidenciadas a lo largo del proceso? ¿Quién ha hecho más por contribuir a la verdad y a la justicia que se debe a las víctimas? ¿Quién se ha beneficiado más de todo ese silenciamiento, obstrucción y adulteración de la investigación? ¿Ha sido la COPE o han sido más bien sus poderosos detractores? Los supuestos excesos de la COPE, que no excluye de su crítica a la oposición, no pueden juzgarse silenciando sus evidentes méritos. En sus comentarios evangélicos, Juan Mateos deja bien claro que Jesús puso distancia entre su misión y la del partido zelota, más o menos activo en su época. A los ambiciosos hijos del Zebedeo, les recordó que lo suyo era servir y beber el cáliz, tomar la cruz y seguirle. Creo que el fondo de la cuestión es que la búsqueda de la verdad y la justicia no forma parte de lo legítimamente debatible —y así parecen entenderlo los millones de oyentes de la emisora de los Obispos. Si no me falla la memoria, no recuerdo que, quienes ahora les acusan, les aplaudieran con el mismo ímpetu cuando secundaron la firme oposición del Vaticano a la guerra de Irak… Por eso, tal vez lo que necesitemos sea aprender a dirimir nuestras diferencias en otros foros, en vez de introducirlas en el seno de la comunidad cristiana, llamada a ser signo de amor, reconciliación y perdón. Juan-Luis Recio Adrados |