Querido Cuerpo

 

 
  Bienvenidos a nuestra cama. 
Ménage à…cientos
 
 

 

 

 

 

 

queridocuerpo
 

    A la comunidad moceopera
Amigas y amigos: Ahí va la carta
que ha recibido mi cuerpo.
Tere Cortés
 

Querido cuerpo:
Me dirijo a ti, mi cuerpo de mujer.
Y lo primero que quiero manifestarte es mi dolor por el menosprecio que has sufrido a través de la historia
Ya desde el principio el mito de la costilla de Adán te hizo mucho daño y nos hizo daño a las mujeres. Eso de que Dios te hizo de una costilla del hombre, como si fueras un apéndice de él, se convirtió en un cuento de aviesas intenciones y sobre él se montó un modelo de vida para la mujer. A partir del dichoso cuentecito, a ti, cuerpo de mujer, se te atribuye una cierta debilidad y un supuesto germen de fragilidad. Desde esta visión los hombres se sienten en la obligación de defender “lo que es suyo por derecho” y en ciertos ambientes y culturas juzgarte, condenarte y hasta ejecutarte como trasgresor. Hasta hoy en día sigues sufriendo malos tratos, que, según algunos obispos españoles, son “fruto amargo de la revolución sexual” que estáis haciendo.
Parece como si los cuerpos de mujer llevarais el pecado innato desde el momento en que se os ha considerado causantes del primer pecado, del original.
Pero yo quiero tener esta conversación contigo para contarte cómo te veo, cómo te siento y cómo te vivo.
Siempre te he querido mucho, pues a través de ti soy capaz de ver y de verme. Primero me veo a mi misma, luego a mi familia, mis amigos, mi pueblo. Puedo ver la belleza que hay en mi marido, en mi hijo, en el mundo con sus paisajes y flores.
A través de ti huelo la gran variedad de perfumes.
Porque tu existes, porque existes en mi, puedo amar.
Me facilitas estrechar con tus brazos a la gente, acariciar con tus manos, besar con tus labios.
Tu corporalidad me hace sentir el placer de hacer el amor, de entregarme en el cuerpo del ser amado.
He conseguido a través de ti engendrar una vida, ¿te acuerdas? Cuando lo supimos parecía que flotábamos, nos parecía mentira. Pero era verdad. Y al principio caminábamos alegres por la calle sin que nadie se diera cuenta del gran misterio que guardábamos. ¿Te acuerdas de los cambios que tuviste? Y ya cuando nació mi hijo lo abrace con tus brazos, lo miré con tus ojos, lo besé con tus labios, lo alimenté con los pechos que me diste.
Dios quiso que su hijo naciera de un cuerpo de mujer y tuviera un cuerpo humano. Pero cierta Iglesia no ve con buenos ojos a los cuerpos y nos dice que la verdadera vida está en el espíritu. Pero ¿qué haría el espíritu sin el cuerpo o el cuerpo sin el espíritu?
Como ves, te considero una obra maestra y como tal te vivo. A los demás cuerpos, por supuesto, también los veo así. Todos son portadores de vida, de sentimientos, de belleza.
Y ¿qué decir de tu cerebro, de los cerebros de todos los cuerpos que sois capaces de hacer descubrimientos extraordinarios para el bien de la humanidad? Pues que sigáis alimentando vuestras benéficas neuronas.
Me gusta que te relaciones con otros cuerpos, con los de tantas amigas y amigos. Cómo nos gusta achucharnos cuando nos vemos, sentirnos y expresarnos el cariño que nos tenemos. Necesitamos utilizar tu epidermis para facilitar el camino del encuentro, sentir la presencia, compartir anhelos y preocupaciones y solidarizarnos con los cuerpos más desfavorecidos.
Te recuerdo lo gratificantes que han sido las relaciones con los amigos y amigas de Moceop: “bienaventurados todos y todas porque nuestro encuentro en el amor nos ha acercado al valor de las cosas sencillas, diarias y aparentemente con poco valor”, decía un cuerpo amigo moceopero.
Otra de las maravillas que tienes es la sexualidad. Qué importante es en nuestra vida. Qué bueno y maravilloso disfrutar del cuerpo sexuado.
A través de tu (mi) sexualidad llegamos a las afectos más profundos y al placer más íntimo e intenso. Y qué bueno compartirla, irradiarla, desarrollarla.
¿Quién se atreverá a ver tu sexualidad, afectividad y actividad sexual como algo pecaminoso, cuando obtiene tan buenas obras? S ólo alguna mente enferma o algún corazón sucio. La Iglesia católica tiene muchas reservas, mucha legislación y mucha prohibición en este tema. Pero si Dios os ha dotado a los cuerpos de esta facultad, ¿no será pecado el no vivirla y disfrutarla? Además, si Dios es amor, es sexualidad, ¿o no?
Querido cuerpo, ya ves que estoy encantada de tenerte, que me gustas como eres y que, pese a quien pese, te voy a seguir queriendo y disfrutando. Y es que para eso tienes, tenemos, corazón, otro órgano fundamental.
Voy a hacer caso al corazón que siempre me da buenas vibraciones.
Gracias por tanta vida. Contigo al fin del mundo.
Te quiero”.



 
 
 

Bienvenidosanuestracama
Ménage à…cientos

 

 

Quienes detrás del llamativo título que hemos elegido –las leyes del marketing mandan- busquen historias morbosas al estilo Pájaro Espino se sentirán inmediatamente defraudados. Nuestra vida afectivo-sexual no difiere de la del resto de parejas de nuestra edad. La cantante Ana Belén lo resume y corea estupendamente: Besos, ternura, derroche de amor, locura…Por nuestra parte, nada más que añadir.
Si algún interés pudiese tener el hablar de nuestra vida amorosa es que la vivencia y expresión pública de nuestro amor despertó el monstruo de la exclusión eclesial, social y laboral. Sí, en nuestra cama han pretendido colarse clérigos intentando impedir nuestra boda y queriendo amedrentar nuestras conciencias. Debajo del edredón se cobijaron Salsas Rosas de patio de vecinas donde todo el mundo se creía con derecho a opinar sobre nuestra vida. Detrás de la mesita de noche se escondieron dos guardias civiles de los de Cuéntame como pasó, aquellos que en los años 60 te llevaban al calabozo por besarte en público y que, hoy en el 2008, te mandan a la cola del paro si muestras pública y honestamente tu amor –y no estamos hablando de metáforas, sino del INEM que abre a las ocho de la mañana-.
  Los especialistas de camas recomiendan los colchones mixtos de látex-algodón. A nosotros un comercial con alzacuellos nos quiso vender uno de amor-exclusión. Gracias a Dios-(Amor), devolvimos a tiempo y sin desembalar aquel colchón infectado de ácaros reprimidos. Ahora dormimos y disfrutamos en una amplia cama de 1,60 x 2mtr.de Ikea. Os invitamos a entrar en ella, en uno de esos domingos que huele a café recién hecho. Mientras sujetamos a Carlitos para que no se caiga tras su último salto mortal, os presentaremos al juez Grande Marlaska, Boris Izaguirre, Santa Teresa…, sí, todos ellos participan de nuestro ménage a… cientos.
  
 
EL JUEZ GRANDE-MARLASKA Y EL CURA SERAFÍN
 
Una reciente campaña publicitaria ha unido bajo el mismo eslogan: “Entre nosotros usa preservativo”, a los presentadores Jesús Vázquez, Boris Izaguirre y al  juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska. Que yo sepa, después de su salida del armario, ninguna de las sentencias del juez ha sido recurrida argumentado que su condición homosexual le nubla el juicio y le inhabilita para el ejercicio de su profesión.
  El miércoles 1 de Junio de 2005 el doctor José Pérez me operó de un colesteatoma en el oído derecho. El cirujano acababa de incorporarse después de su viaje de novios. Tumbado en la mesa del quirófano, en ningún momento pensé que su nueva situación de hombre casado influyera en la pericia con el bisturí. A día de hoy, mi oído continúa perfectamente.
Serafín, cura en San Blas (Madrid), se viene unos días a vivir a casa. Ha hecho pública su relación con Ana y el obispo le ha pedido que abandone inmediatamente la parroquia para no escandalizar a los fieles. Después de cenar, Serafín nos cuenta su temor en el futuro; ha sido inhabilitado para el ejercicio de su profesión/vocación. “Sus sentencias han dejado de ser válidas y nunca más podrá entrar al quirófano”.
  Lo que en los rescriptos de secularización no deja de ser un lenguaje inquisitorial caduco y ridículo: el sacerdote secularizado “aléjese de los lugares donde sea conocida su antigua condición. (…) Queda inhabilitado incluso para el oficio de monaguillo”, en el acontecer cotidiano supone –¡en pleno siglo XXI!- el despido de tu puesto de trabajo y la presión socioeclesial de un juicio implacable sobre tu opción de vida en pareja.
 
No todas las psicologías son capaces de soportar el sinsentido que supone el que la vivencia del amor en pareja sea condenada al interior de una religión que confiesa que Dios es amor. El “funcionario religioso” que durante años ha predicado desde el púlpito el amor de Dios, es expulsado como un apestado cuando pasa a vivirlo con su esposa.
 
ESQUIZOFRENIAS
ECLESIALES
 
Con ser dura, la exclusión “profesional” (dejar el ejercicio público del sacerdocio) no es la más dolorosa. Lo que más cuesta restañar son los desgarros de incompatibilidades legales elevadas al rango de verdades psicológicas y teológicas. “Si quieres a una mujer y decides llevar una vida en pareja, es evidente que no tienes vocación de cura”, esta raquítica línea resume el análisis de la inmensa mayoría de los “directores” espirituales. Cuantas noches de llanto amargo intentando casar una esquizofrenia imposible. La vivencia gozosa del amor con mi mujer en absoluto era (es) incompatible con una vocación sacerdotal.
  Días y días tumbado en el diván de la psicoanalista para llegar a la conclusión obvia de que el amor a mi mujer no me alejaban de mi vocación más auténtica. Muchos euros pagados a los discípulos de Freud para descubrir que el superyo eclesial proyectaba sobre mi psicología una ruptura tramposa y mezquina. Un jesuita sabio –no todos lo son ni lo fueron conmigo-, lo definió certeramente después de escucharme: “tienes vocación de cura casado y eso en ésta Iglesia es imposible”. A partir de ese momento el puzzle vuelve a encajar. Es entonces cuando uno empieza a entender que las tardes de abrazos, las noches de amor y las madrugadas de biberones contribuyen a ir construyendo otra Iglesia posible. Entonces uno comprende que el rechazo manifiesto de antiguos compañeros de sacerdocio por mi afirmación como cura casado (y no con el tranquilizador exsacerdote débil e infiel), bebe en el pozo de sus miedos: miedo a perder sus privilegios de casta en una Iglesia de iguales, miedo al cuerpo femenino interiorizado como ocasión de pecado, miedo a tener que buscarse las habichuelas para llegar a fin de mes. Tanto miedo a la libertad que algunos prefieren seguir bebiendo de la esquizofrenia de la sopa boba.
Sé que mi antiguo compañero de tareas pastorales no se lo dirá a sus novicios, pero en la última y única cena a la que le invitamos en nuestro pequeño piso de Villaverde olvidé decirle que cada beso que recibo de mi mujer me hace más libre y más sacerdote. Blasfemia para sus novicios, caricia y ternura para nuestro sentido común.
 
BAJO LA ESTIRPE
DE MARÍA MAGDALENA
 
“Eres una pecadora pública, instrumento del demonio para tentar a los sacerdotes”, con estas palabras recibió, hace apenas unos meses, un formador del Seminario de Madrid a Silvia, compañera de Diego, sacerdote en proceso de secularización. Hace falta mucha paciencia, sabiduría y cordura para vivir sanamente una relación de pareja que cose sobre el pecho de la  mujer la “M” herética de la estirpe de la Magdalena. Hace falta mucha fe –muchísima-  para seguir apostando por esta Iglesia mojigata y madrastra.
 
A DIOS LO QUE ES DE DIOS
Y AL CUERPO…
LO QUE TAMBIÉN ES DIOS
 
Para un libro de texto de religión, se encargó a un ilustrador ajeno al universo católico un dibujo de la “Familia de Nazaret”. Cuando llegó el encargo, al editor le saltaron los ojos de las órbitas. El dibujante había pintado a María y José metidos en la cama y jugando con el niño Jesús. Obviamente la ilustración no apareció en ningún libro.
  ¿Obviamente para quién? Porque, hoy por hoy,  para nosotros es una de las escenas más tiernas, familiares y divinas (en el sentido estricto de la palabra) que se pueden vivir.
  Los autores célibes alaban la sensualidad del Cantar de los Cantares, o la experiencia corporal, casi erótica, de san Juan de la Cruz o santa Teresa de Jesús. Pero ojo, desde  la lejanía de la metáfora, no vaya a ser que la pasión y el deseo contaminen la experiencia divina. Desde esa represión proyectan un universo místico sobre las relaciones de pareja. No es esa la teología del amor que nosotros vivimos. En familia vamos descubriendo a un Dios-Beso, Dios-Ternura, Dios-Derroche de amor, Dios-Locura, Dios-Madre, Dios-Biberón, Dios-Varicela, Dios-Tobogán.
  Una Iglesia madrastra enrojece de rabia gritando que no hay vida Al otro lado de la cama. Sentimos llevarle la contraria; Al otro lado no sólo hay vida, también hay Dios, amor y humor, mucho humor.
 

Mónica y Pepe