A toda la tríbu de MOCEOP

MOCEOP en el Congreso de Teología

Decíamos hace 29 años

 
   

 

«a toda la tribu de moceop»

 

queridos Tere y Andrés (y toda la santa tribu de MOCEOP)

 

Sois ahora un testimonio de pluralismo y una invitación a la complementariedad en una Iglesia toda ministerial, en diálogo ecuménico y macroecuménico, en una vivencia de fe y política convividas diariamente.

 

      Me pedís un artículo que no voy a enviar. No tengo condiciones ahora de hacer un texto. Valga este mensaje.

     El tema (Iglesia lugar de acogida) es de suprema actualidad y vosotros y vosotras lo sentís en carne viva. Y no sólo la tolerancia, que es poco, sino la convivencia fraterna, el enriquecimiento plural, la corresponsabilidad y, como decimos en Brasil, la «partilha» (ese compartir que es raíz y fruto de una buena convivencia).

       Pensando en vosotros, en todo el proceso de MOCEOP, hay que dar gracias al Dios de Jesús. Habéis superado con gallardía ciertas tensiones y réplicas de aquellos primeros tiempos; y sois ahora un testimonio de pluralismo y una invitación a la complementariedad en una Iglesia toda ministerial, en diálogo ecuménico y macroecuménico, en una vivencia de fe y política convividas diariamente.

     A seguir. Y tener aquel «corazón pascual» , siempre es pascua, que pedía el obispo mártir argentino Angelelli.

     Con mucho cariño y mucha gratitud, os abrazo en la Paz subversiva del Evangelio del Reino. Vuestro viejo compañero de camino.

 

Pedro Casaldáliga, «Ex-emérito», como decía un periodista chusco.

=======================================================================================

 

 
  moceop en el congreso de teología

José Luis Alfaro

Todos los años, al iniciar septiembre, moceop tiene una cita, ya tradicional, en Madrid. Es el Congreso de Teología al que pertenecemos con otros grupos para gestionar su celebración.

Alrededor de cincuenta personas de MOCEOP nos hemos juntado con las mil asistentes.

El filósofo José Antonio Marina, abrió el Congreso con una ponencia sobre ‘el fenómeno del laicismo’, defendió que éste debe ser defendido por los teólogos cristianos y dijo que la laicidad no significa irreligiosidad, sino que es una manera de organizar las libertades.

La laicidad, dijo Marina en su intervención, ‘no es una realidad, es un proyecto para construir un espacio social democrático, justo, respetuoso con los derechos de todos, que no se cierra a la religión, que no expulsa a las religiones, sino que las protege situándolas, sin embargo, dentro del marco ético en el que todos queremos vivir’.

«El tema de la laicidad, que parecía resuelto o al menos olvidado, ha recobrado interés por una serie de acontecimientos históricos, unos internacionales y otros nacionales. La fuerza de Estados teocráticos, la belicosidad política de movimientos integristas, un desconcierto en democracias que no han sabido recorrer sin daño el camino de la laicidad y añoran seguridades antiguas, son algunos de los fenómenos internacionales».

Por su parte Victoria Camps afirmaba que «la ética sólo puede ser laica, es autónoma y es la expresión de la razón humana y de la conciencia individual y social».Si para la profesora Camps «la moral es previa a la religión» -»no puede estar fuera de la razón humana», dijo citando a Kant-, en opinión de José Antonio Marina «la laicidad no es, por supuesto, irreligiosidad». «Es una manera, a mi juicio la adecuada, de concebir y organizar las libertades, en especial las libertades de opinión, conciencia y creencia. Se trata pues de un modo de interpretar las relaciones entre poder político y poder religioso, entre verdades privadas y verdades universales, y entre esfera pública y esfera privada».

Las situaciones de exclusión y marginación que se viven en Africa y América Latina han sido también preocupaciones del congreso, tratándose sobre la presencia liberadora del cristianismo en ambos continentes, a cargo de la teóloga y religiosa dominica en la República del Congo Petronille Kayiba, y de la teóloga brasileña Nancy Cardoso.

El sábado, a mediodía, como ya es costumbre, nos juntábamos en un restaurante cercano unas cincuenta personas para, después de la comida, informar y proyectar la vida y funcionamiento de Moceop.

Tere Cortés nos informó del encuentro de Valencia, y nos animó a asistir a la Semana de Teología Andaluza.

Pepe Laguna informó de la buena marcha de la página web moceop.net al comunicarnos que cada día hay más participación, petición y información y visitas. Es visitada la página con un promedio de mil entradas diarias.

Ramón Alario nos informó de la reunión en Bruselas de la Federación Europea de sacerdotes casados.

José Luis Alfaro nos habló de las dificultades económicas de la revista, nos invitó a hacer suscripción de apoyo, nos citó para el día 25 de octubre en Albacete para programar el año próximo

En el mensaje final de este congreso, la Asociación Juan XXIII recalca: ‘el horizonte de nuestro compromiso ha de ser la realidad de la exclusión y la marginación, que se dan en el Tercer Mundo’.

Los intervinientes en la mesa redonda sobre los Acuerdos Iglesia-Estado han reiterado, y así se recoge en el mensaje final, la necesidad de que la laicidad en el Estado español deje de ser ‘buenas palabras’ para convertirse en un Estado aconfesional y plenamente laico, a la vez que abogan por modificar los Acuerdos de 1979 y una nueva ley de Libertad Religiosa y de Conciencia.

En este sentido, el colectivo Redes Cristianas, de las que formamos parte, ha presentado un manifiesto en el que defiende un Estado laico que supere el ‘actual confesionalismo encubierto’ y por una ‘Iglesia inspirada sólo por el Evangelio’ y ‘no sometida a ningún tutelaje del Estado’.

Os invitamos a difundir este manifiesto y a conseguir firmas de apoyo tanto individuales como de colectivos. En la sección "Redes Cristianas" de este mismo número se ofrece el modo de realizarlo.

Y nos despedimos con la ilusión de haber cargado las pilas, de empezar un nuevo curso con ánimos e ilusiones renovados. Con deseos de que se haga realidad aquello de que "otro mundo es posible" y "otra iglesia es posible y necesaria"

==========================================================================

decíamos

hace 29 años

MAS ALLÁ DE LA REIVINDICACIÓN..

 

Habernos lanzado a la calle con el lema «PRO CELIBATO OPCIONAL» comporta grandes dosis de «reivindicación». No lo negamos. Es más: somos conscientes de que en nuestra Iglesia -también- hay mucho terreno por conquistar en favor de los «derechos humanos». Es excesivo, y pensamos que injusto e infructuoso, el «sufrimiento» de tanto cura -y de sus compañeras- lanzado a la mutilación afectiva o mental. Son sangrantes las injusticias que todo esto origina: discriminación, degradación, expulsión, «reducción»..., e insultantes para el Evangelio las secuelas de marginación apoyadas y justificadas por una ley como la del celibato.

Pero somos conscientes de que embarcarnos en todo un movimiento eclesial por la supresión de esa ley ha de ir mucho más al fondo. Reivindicar -sin más- un derecho humano puede solucionar muchos problemas humanos angustiosos. Pero podría ser una expresión más de CLERICALISMO. Y es aquí donde queremos ser reiterativos: la ley del celibato y sus secuelas no es una cuestión de curas. NOS AFECTA A TODOS. Y llegar a esta convicción es un paso decisivo para desterrar de nuestras relaciones el clericalismo.

CLERICALISMO es poseer, vivir o padecer una panorámica de la Iglesia como algo parcelado, estamentalizado, seccionado en «cotos»; una visión que potencia la separación, la atomización de los problemas. Y aceptar que uno de esos estamentos -los clérigos- se sientan garantes de casi todo: son los que saben y deciden, los técnicos, los «cercanos a Dios».

Como todos los liderazgos abusivos, también éste se padece al mismo tiempo que se potencia; nos lo imponen, pero le damos fuerza en la medida en que no hacemos por enterrarlo.

La primera «consecuencia» de esta forma de

destrozar al Pueblo de Dios, es el surgimiento de unos «personajes maniqueamente divididos»: hace falta anular parcelas de la vida de los curas -trabajo, política, afec­tividad- para que ese poder monopolizador quede aureolado con un carácter sagrado. Son muchas las dictaduras camufladas a lo largo de la historia con un «por la gracia de Dios»... Si hacemos recaer sobre unos hombres la responsabilidad, decisiones y derechos que son de todos, necesitamos que sean diferentes, para no sentir mala conciencia. Y los convertimos en personajes.

La segunda consecuencia es la otra cara de la moneda: el pueblo llano padece una crónica minoría de edad, con todas las secuelas de lo injustamente impuesto... Son otros los seres especiales capacitados para hablar y opinar de Dios. El laico normal queda reducido a ser un ejecutor sumiso... a no ser que prefiera dejar de ser «normal» y así acceder al poder sacral.

Lógica y consecuentemente, en tercer lugar, la vida de la Iglesia queda marcada por los esquemas mentales de personas que han aceptado la carga de ser «casta», de no ser normales. La moral, la teología, la política, etc., llevan la impronta de personas que «no viven» sino que «piensan la vida» normal desde parcelas incontaminadas.

Malparada queda con toda esta situación la figura de un Jesús que quiso ser «laico», que no perteneció al grupo sacerdotal, para así romper con una religión de separados.

En no mejores condiciones queda el Dios bíblico que contagia secularidad: que invita a la trascendencia, pero desde la vida; que se mete en la historia -se encarna- para romper todas las servidumbres del hombre. Dios deja de ser el Todopresente, adorable «en espíritu y en verdad», para ser de nuevo confinado en Garizim o en Jerusalén, perfectamente custodiado por sus «expertos».

Cuando reivindicamos la supresión de una ley que estimamos injusta, hay que hacerlo -pensamos- atacando sus raíces: tratando de desmontar todo clericalismo. Si no, nos quedamos en lo anecdótico, aunque aquí lo anecdótico amargue la vida de tantas personas. Y ese ataque frontal y decidido debe surgirnos desde y porque somos gente de Iglesia.

No se trata, por tanto, de reivindicar un derecho para un estamento ya de por sí privilegiado. Sino de luchar por un NUEVO ROSTRO DE IGLESIA -objetivo central del Concilio Vaticano II-

 Queremos rescatar una fe y una comunidad de creyentes de una de sus grandes mordazas: el clericalismo.

Así lo entienden tantos creyentes como los que en este número se ex­presan: laicos «normales», gente de «a pie». Su aporte crítico ante toda imposición u opresión ha sido decisivo para la «laicización» de tanto cura que hoy se encuentra -gracias al Dios de la vida y de la historia- con una identidad menos definida, pero con una fe más normal en la vida y en los hombres, lugar del encuentro con el Señor.

MO-CE-OP