¿ES LO NUESTRO?

José Luis Alfaro

 

 
   

En alguna ocasión, nos ha escrito algún suscriptor que se ha dado de baja de la revista porque decía que habíamos abandonado «lo nuestro».

Nos preguntamos : ¿y qué es lo nuestro?

Sin duda que él se refería a la reivindicación del celibato opcional. Y que fuera de eso no deberíamos tratar nada en la revista.

¿Qué es lo nuestro?

Porque el sacerdote, según creemos debe ser uno más, un cristiano más al que la comunidad le ha encargado un ministerio, pero alejado de ser casta, de dedicarse sólo a lo sagrado, de sentirse escogido, de ser «personaje» que se traga a la persona. Lo primero que nos debe preocupar como cristianos seguidores de Jesús es lo que nos dice el Concilio Vaticano II:

«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdadera­mente humano que no encuentre eco en su corazón».(IM nº1))

Cerca de los demás, como uno más, sin sentirse poseedor de la verdad absoluta sino inmerso en las dudas que toda persona arrastra en su existencia. Por eso, en nuestra revista trataremos temas tan cercanos a la persona como los que sigue indicándonos el Concilio:

«¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?» (IM 10)

No podemos, ni queremos, estar obsesionados con que el celibato unido necesariamente al sacerdocio es nuestro gran problema. Por supuesto que si el celibato fuese opcional, muchas cosas cambiarían en la iglesia. Pero si cambiara la ley del celibato y nada más, y siguieran las cosas como están… de nada serviría… Lo que queremos es que cambie la manera de ejercer el ministerio. Que se centre en la comunidad, que sea la comunidad la que encomende servicios.... que en vez de existir clérigos-laicos, sea comunidad-ministerios

Porque realmente el problema es que haya tantas desigualdades en la humanidad, el problema es que tantos y tantos mueran de hambre, el problema es que todavía haya hijos de Dios que no pueden sentarse a la mesa común de todos…eso sí es problema. Y en eso debemos estar.

Y como eso consideramos que es lo nuestro, en este número hablamos de crisis económica, de recuperar la fraternidad, de desigualdades, del reinado de Dios. Porque nos importan las preocupaciones de la humanidad y no lo podemos separar de nuestra vocación: vocación de seguidores de Jesús.

Parece como si el concilio nos recomendara que dedicáramos un número de la revista a estas cosas:

«Para responder a las exigencias de la justicia y de la equidad hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que, dentro del respeto a los derechos de las personas y a las carac­terísticas de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente posible las diferencias económicas verdaderamente monstruo­sas que, vinculadas a discriminaciones individuales y sociales, existen hoy y frecuentemente aumentan.» (IM 66)

 

«Los gozos y las esperanzas,

las tristezas y las angustias

de los hombres de nuestro tiempo,

sobre todo de los pobres

y de cuantos sufren,

son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias

de los discípulos de Cristo».