En este grano de sal, dedicado a
UN NUEVO ORDEN MUNDIAL,
nos vamos a encontrar con tres artículos
que se complementan entre sí.

En primer lugar tenemos el informe que Fernándo Bermúdez nos dió en la reunión del 25 de octubre en Albacete. Son sus impresiones al ver lo que se encuentra en España despues de cuarenta años trabajando por los Derechos Humanos en Méjico y Guatemala.

Entonces le pedimos que nos escribiera un artículo sobre la Crisis Actual y realmente ha hecho un magnífico trabajo.

Completando el tema hemos pensado que sería enriquecedor completar lo anterior con la ponencia que Jaume Botey tuvo en la Semana Andaluza de Teología con el tema
«Recuperemos la Fraternidad»

Y perfeccionando este tema puede completarse con el siguiente apartado de «Sacramentos de la Vida» donde Pope Godoy
nos clarifica, como siempre, y nos dá animos para seguir caminando hacia la utopía.

 

 

 
 

AL REGRESAR A ESPAÑA

JUICIO ÉTICO DE LA CRISIS ECONÓMICA
ALTERNATIVAS
A LA CRISIS

RECUPERAR
LA FRATERNIDAD

 

 
 

AL REGRESAR A ESPAÑA

Fernando Bermúdez y Maricarmen García Alguazas (Murcia)

 

 
  Al regresar a España, después de treinta años caminando por América Latina sirviendo al pueblo más necesitado, valoramos como un elemento positivo la seguridad ciudadana que todavía se siente al caminar por pueblos y ciudades españolas. Asimismo, valoramos el desarrollo económico, el nivel de bienestar de las familias y las prestaciones sociales que todo trabajador español tiene, sobre todo en materia de salud, desempleo o jubilación. A lo largo y ancho de España hemos encontrado muchas personas y colectivos sociales y cristianos comprometidos en la solidaridad con los pueblos del sur y en la búsqueda de otro mundo más humano. Esto es una esperanza.

Sin embargo, nos sorprenden muchos aspectos negativos de su realidad, que a manera de síntesis expresamos:

1.- La decadencia de valores éticos y cívicos, sobre todo en la adolescencia y juventud. Percibimos un marcado individualismo y una pérdida de ideales y de principios que favorezcan la convivencia ciudadana. Los niños y adolescentes, en general, caminan sin rumbo, se muestran mal educados, han perdido el respeto a los mayores y en algunos lugares participan en actos vandálicos. Es frecuente ver y escuchar cómo los adolescentes no piensan en otra cosa sino en una diversión sin control, en la droga, el alcohol y el sexo. Es idea generalizada que un alto porcentaje de familias españolas no educan bien a sus hijos. Es por eso que vemos con esperanza la implantación de la asignatura "Educación para la ciudadanía" que, bien utilizada y con algunas matizaciones, puede significar una contribución al rescate de los valores humanos.

2.- Se habla mucho y se escucha poco. En las conversaciones y tertulias públicas todos hablan al mismo tiempo sin escucharse debidamente, formando una algarabía. Encontramos gente con muchos problemas de soledad y falta de sentido de la vida. Nos sorprende la cantidad de hombres y mujeres que sufre frecuentes depresiones.

3.- El derroche y el consumismo desenfrenado.

El "usa y desecha" parece que es una constante entre los ciudadanos. La población española se ha acostumbrado a la "sociedad del bienestar" y al mínimo esfuerzo de una manera irresponsable. La gente vive para tener, gastar, acumular cosas… Parece que comprar es una necesidad existencial. Como hemos señalado en otras ocasiones, encontramos personas llenas por fuera, pero vacías por dentro. En esta sociedad quien no tiene no es nada. Sin embargo, en medio de este individualismo colectivo, se aprecia la existencia de muchas personas, ong,s y movimientos de base, solidarios con los pueblos del Sur y con los excluidos de la sociedad española, y que con su trabajo buscan la construcción de otro mundo más humano.

4.- La crisis económica que está afectando, sobre todo a los trabajadores. Esta crisis manifiesta que ha tocado fondo el sistema capitalista neoliberal. Pues la economía se ha fundado más en la especulación que en la producción. Es verdad que esta crisis que es mundial, afecta también, como es lógico, a España. Hay algo que nos sorprende e indigna: que los grandes empresarios que siempre han estado privatizando las ganancias, ahora exigen a los gobiernos socializar las pérdidas. Una inmoralidad sin nombre.

5.- El creciente desempleo que está creando una situación de inseguridad en muchas familias pese a la ayuda estatal para los "parados", que sin duda es un gran logro social. Analizando este fenómeno observamos que España, y concretamente la región de Murcia, ha crecido económicamente en los últimos años en base a un empleo barato y poco seguro, como es la construcción. Se han edificado en la Región multitud de urbanizaciones que esconden intereses financieros de especuladores. La construcción, tal como ha sido enfocada, no ofrece un trabajo estable y seguro. Es pan para hoy y hambre para mañana. Ya lo estamos percibiendo.

6.- La ignorancia generalizada. La gente tiene de todo, pero le falta lo esencial: el espíritu de humanidad, que es conciencia crítica y conciencia social. Se percibe un bajo nivel cultural, incluso en profesionales. Hemos escuchado comentarios que demuestran una gran ignorancia y acriticidad, cuyo argumento es que "lo dice la Tele" o porque lo dice este o aquel político. Se habla de las cosas sin analizarlas seriamente y en profundidad.

7.- La polarización ideológica partidista que hace de la política algo nauseabundo. El cuasi bipartidismo que hoy impera en España está contribuyendo al fundamentalismo ideológico-político, que hace perder de vista todo sentido crítico y maduro para analizar la realidad. Esto lo comprobamos en la actitud de muchos políticos y ciudadanos frente al proyecto de Educación para la ciudadanía y frente al proyecto de recuperación de la memoria histórica. Hay personas en la sociedad española que parecen tener reacciones infantiles, y lo que es todavía peor, fanáticas, en una o en otra postura.

8.- La indiferencia de la juventud frente a la Iglesia. En las celebraciones litúrgicas apenas se ven jóvenes. Preguntados éstos, responden que la Iglesia no ofrece alternativas a sus inquietudes e interrogantes. Consideran a la Iglesia como una institución anquilosada en el pasado, obsoleta, sin vida, más preocupada por la defensa del dogma y las normas que en ser portadora de la buena noticia de liberación que proclamó Jesús. Más aún, los jóvenes ven a la Iglesia como una institución aliada con la derecha política, más preocupada en la defensa de sus "privilegios" que en la promoción de la justicia, los derechos humanos, el diálogo y la paz.

En contraste con la iglesia latinoamericana, en España los obispos no cuentan con los sacerdotes que dejaron el ministerio para contraer matrimonio, antes bien los ignoran.

En medio de esta realidad, nos llena de esperanza haber encontrado jóvenes con ideales nobles, altruistas, solidarios, amantes de la humanidad, que no frecuentan la Iglesia. Hemos encontrado, asimismo, excelentes testimonios de vida cristiana y comunidades que buscan vivir al estilo de Jesús, integradas muchas de ellas a redes cristianas.

9.- Despreocupación por el medio ambiente. En aras del desarrollo económico se ha destruido huertas, se ha talado bosques, se ha contaminados ríos, y el aire es cada vez más impuro. El cemento está sustituyendo la escasa vegetación. Sin embargo, nos alegra percibir grupos de hombres y mujeres amantes de la naturaleza, que trabajan en la conservación del medio ambiente, pero son todavía minoritarios dentro de la sociedad.

 

10.- Tendencia en algunas comunidades autonómicas hacia la privatización de la salud y educación, de manera que en el futuro el que tiene dinero tendrá acceso a una buena atención educativa y médica, mientras que las personas de escasos recursos se contentarán con las migajas que les sobran a los ricos. Hay tendencia de repetir socialmente la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro. La privatización de los servicios públicos es una flagrante violación de la Declaración universal de los derechos humanos y de la Constitución española.

11.- El rostro multicultural de España con la presencia de inmigrantes, que es una oportunidad para tomar conciencia de que todos somos de la misma y única raza humana más allá del color de la piel, cultura, lengua, creencia o nacionalidad. Como creyentes en Jesús confesamos que todos somos hermanos. Sin embargo, constatamos en algunos sectores un manifiesto racismo y discriminación hacia los inmigrantes en general, pero particularmente hacia los de origen magrebí. Se siente, asimismo, desconfianza e indiferencia hacia el diálogo intercultural e interreligioso. Hemos visto pintadas en paredes y bancas públicas ofensivas para los inmigrantes y expresiones como estas: "Europa blanca", "moros no", "que cada quien se quede donde nació"… Pero al mismo tiempo, hemos encontrado personas y organizaciones muy solidarias con los inmigrantes que implementan iniciativas profundamente humanas y evangélicas.

12.- Visualizamos como positiva la valoración de la cultura propia de cada región del Estado Español y el régimen autonómico. Sin embargo, creemos que se ha caído en un proceso pendular que apunta al fundamentalismo étnico-cultural con la consiguiente pérdida del valor humano de la solidaridad con el resto de las comunidades autonómicas. Nosotros, desde nuestra experiencia latinoamericana, percibimos que la globalización neoliberal nos reta a globalizar la solidaridad y a tomar conciencia de que antes que de este o aquel país o región somos ciudadanos del mundo.

 
 
 

JUICIO ÉTICO DE LA CRISIS ECONÓMICA
ALTERNATIVAS A LA CRISIS

No sé cómo comenzar esta reflexión. Un montón imágenes de injusticia y de pobreza se me acumulan en la mente. Yo no soy economista, ni sociólogo, ni analista financiero. Sencillamente soy un hombre a quien le duele la humanidad, que ha caminado al lado de los pobres, particularmente en América Latina, promoviendo y defendiendo los derechos humanos. Esta experiencia me ha posibilitado escuchar el grito de los pobres, ver la situación de empobrecimiento y exclusión de multitud de hombres y mujeres con nombre y apellido y de rostros concretos, ver morir niños a quienes se le ha robado el derecho a la vida, y palpar el dolor humano hasta dolerme el alma y convertirse en indignación y rebeldía ante tanta injusticia y abuso de poder.

Esta realidad me ha llevado a analizar el sistema dominante y las causas estructurales de tanta pobreza, explotación, exclusión y muerte, a la luz de los principios éticos más elementales y, sobre todo, del evangelio de Jesús. Desde este lugar teológico comparto esta reflexión, que busca ofrecer un modesto aporte al desarrollo de la conciencia crítica y social frente a la crisis y fortalecer el compromiso con la construcción de otro mundo posible.

 

1. LA CRISIS, UNA REALIDAD

 

Estamos sumergidos en una crisis macroeconómica y financiera a gran escala que convulsiona al mundo entero. Hay que ser ciegos para no percatarlo. Joseph Stiglitz, premio Nóbel de Economía, señala que estamos en medio de un fracaso macroeconómico global. Han quebrado bancos, el Wall Street que es el centro financiero mundial se desploma, se desestabiliza el sistema monetario financiero, se cierran empresas, se dan despidos masivos, aumenta el desempleo, los salarios están congelados mientras todo se encarece, muchos no pueden pagar las hipotecas, cunde una psicosis de incertidumbre y angustia…, y no cesa de parar las migraciones del sur hacia el norte.

Por el momento no se vislumbra una salida a la crisis. Según Stiglitz, la crisis no va a ser en forma de U sino en forma de L, es decir, que va a ser prolongada.

Dominique Strauss, director del Fondo Monetario Internacional (FMI), confiesa que la crisis económica actual es amplia, sumamente profunda y no hay ninguna posibilidad de que ningún país, en ninguna parte del mundo, pueda escapar de ella». Y «la velocidad de la crisis –señala Krugman, premio Nóbel de Economía 2008- es superior a la velocidad de reacción de los gobiernos».

En España los gobernantes tardaron en reconocer que esta crisis mundial nos estaba afectando. Pero la caída de la industria de la construcción ha puesto al rojo vivo la gravedad de la crisis con el elevado número de desempleados que ha dejado.

Pero la crisis no es sólo económico-financiera. La crisis la valoramos fundamentalmente como una crisis de humanidad, una crisis ética, cultural y existencial. Ha entrado en crisis el sentido mismo de la vida y de la historia. La sociedad de consumo y de «bienestar» de los países del norte ha generado una profunda crisis de valores. Se ha colocado los intereses del lucro por encima de la persona, y la razón de la fuerza de las armas sobre la fuerza de la razón de la vida, como señalaba yo recientemente en otro artículo.

 

 

2. ¿QUIÉNES LA SUFREN?

 

 

La crisis la sufrimos todos, porque es una crisis de humanidad. Sin embargo, en su dimensión económica, quienes están siendo más golpeados son los pobres, la clase trabajadora y los inmigrantes, que habiendo dejado sus países para buscar mejores condiciones de vida, ahora se encuentran de la noche a la mañana sin trabajo. También afecta la crisis a la clase media que ve reducido su poder adquisitivo, creando un clima de temor e incertidumbre. Asimismo, afecta a los pequeños y medianos empresarios.

En los países del sur, llamados países en vía de desarrollo, la crisis agudiza la explotación de sus recursos naturales, la sobreexplotación humana con salarios de hambre y, sobre todo, con la creciente y masiva exclusión. África, por ejemplo, para el sistema dominante es masa sobrante. Aumenta la hambruna, la desnutrición y mortalidad infantil. Hay países como Haití en donde sectores de la población tratan de alimentarse con tortas de lodo cocido con hierbas, así matan el hambre aunque sea cogiendo otras enfermedades. Son estos países los que están sufriendo más cruelmente la crisis. El mismo Dominique Strauss, director del FMI, señala que «la crisis será muy dura para los sectores de bajos ingresos y sobre todo para los países emergentes y en vías de desarrollo».

La crisis la sufre también de alguna manera los poderosos, los grandes propietarios de empresas nacionales y transnacionales, las corporaciones financieras, los empresarios de inmobiliarias, constructores, los dueños de empresas automovilísticas..., quienes, acostumbrados a enriquecerse con el libre mercado y sin control alguno por parte del estado, de repente han dejado de percibir esas suculentas entradas económicas.

Finalmente, la sufre también aquellos gobiernos que, buscando nuevas alternativas al sistema neoliberal, tratan de generar un orden económico y social más justo y equitativo. La crisis obstaculiza la puesta en marcha de estas iniciativas. Pensamos, por ejemplo, en aquellos países de América Latina que giran en torno a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

 

3. ¿POR QUÉ HAY CRISIS?

 

Hay quienes, ingenuamente, atribuyen la crisis sólo a la gestión de los gobernantes. Por ejemplo en España hay todavía gente que sin ningún sentido crítico, la atribuyen al gobierno del presidente José Luís Rodríguez. Sin embargo, es cierto que en algunos países, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y otros, sus gobernantes fueron corresponsables de esta crisis. Otros, los menos, la atribuyen a un castigo de Dios, dicen que así está escrito en la Biblia, a lo cual respondemos que responsabilizar a Dios de la crisis y de la injusticia es ofenderle. Dios no es responsable de la ambición, codicia e injusticia que cometemos los humanos.

Las causas de la crisis son complejas. Ésta no ha estallado de golpe. Es como una enfermedad que venía incubándose desde hace muchos años. El sistema capitalista neoliberal ha estado generando una cultura fanáticamente individualista, lucrativa, competitiva, excluyente y discriminatoria, pues valora más el «tener» que el «ser» persona. Favorece el desarrollo de una economía cada vez más especulativa que productiva. En España concretamente, desde hace años, con la industria de la construcción, se desató una salvaje ambición lucrativa con la consiguiente especulación. Había trabajo, los políticos de algunas regiones autonómicas alardeaban del alto y acelerado crecimiento económico, por ejemplo en Murcia, cuando en realidad este desarrollo era inestable y fugaz. La especulación nunca genera estabilidad económica. Y, lógico, esto hizo crack, se vino abajo. La especulación y corrupción de muchos empresarios y políticos ha contribuido a lo que hoy estamos sufriendo.

Pero, yendo al fondo, creo que podemos afirmar que la raíz de la crisis se encuentra en la injusticia de la macroeconomía mundial que se funda en la avaricia y ambición económica y en el ansia de poder sin medida. Es decir, la crisis es generada por el mismo sistema capitalista neoliberal. Tras la caída del muro de Berlín en 1989, el capitalismo se fortaleció llegando a globalizarse de tal manera que un ideólogo y destacado exponente del sistema, el norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, exultaba triunfante diciendo que «hemos llegado al final de la historia», es decir, que ya no es posible soñar en nuevos modelos socioeconómicos porque el libre mercado es el único capaz de generar riqueza para toda la humanidad. Así pensaban también los neoconservadores norteamericanos Friedman, Berger, Novak… Pero quienes operativizaron esta ideología económica son los grandes ejecutivos y administradores de empresas que se han embolsado miles de millones de dólares amparados por las autoridades fiscales y los gobernantes ultraconservadores como Reagan, Tatcher, Pinochet, Aznar, Bush, Belusconi…, algunos de estos de marcada tendencia neofascista, «productos malignos de la naturaleza», en palabras del premio Nóbel de Literatura José Saramago, pues fueron descaradamente mintiendo y prometiendo el mejor de los mundos, mientras los poderosos se enriquecían a costa del hambre del pueblo.

La caída del sistema financiero norteamericano, con el desplome del Wall Street y uno de sus principales bancos, el Leaman Brother, ha sido también la caída de todo el sistema económico de Occidente, pues Europa y demás países occidentalizados participan de este modelo construido en los últimos veinte años de globalización.

Saramago señala que «los grandes potentados económicos y financieros, señores de los paraísos fiscales, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales e ilegales, limpios o sucios, son responsables de la crisis» (Agencia P.L.17.10.2008). Entre los medios que señala el Nóbel de Literatura, se halla el narcotráfico, el lavado de dinero y el negocio de las armas. Según Krugman, el sistema bancario paralelo nos ha llevado a la crisis que hoy padecemos.

Por otra parte, la carrera armamentista y las guerras devoran los recursos económicos que deberían destinarse al desarrollo de los pueblos. Sólo la guerra de Irak, según Joseph Stiglitz, sobrepasa los 3 billones de dólares. Esta guerra ha sido uno de los detonantes de la crisis.

No puedo dejar pasar por alto este dato. La carrera armamentista y los conflictos armados consumen un alto porcentaje de los recursos de la humanidad. El gasto militar a nivel mundial aumentó el 49,7% en la última década. Sólo Estados Unidos representó el 48% del gasto militar en todo el mundo, seguido por el Reino Unidos, Israel y China. En el mundo se gasta 190 veces más en armas que en combatir el hambre.

En síntesis, las causas de la crisis radican en definitiva en un sistema socioeconómico, financiero y político inhumano, injusto, salvaje y violento, que favorece la acumulación más riqueza en manos de unos pocos, dejando a la mayoría de la población del planeta en situación de empobrecimiento. Mientras al mismo tiempo crea y fortalece un orden geopolítico y militar basado en un terrorismo de Estado, tal es el caso de Estados Unidos, Colombia e Israel, entre otros.

 

 

4. MECANISMOS DEL SISTEMA ECONÓMICO-FINANCIERO NEOLIBERAL

 

 

No pretendo hacer una análisis del sistema económico capitalista neoliberal, sino sencillamente resaltar los elementos más significativos que nos pueden dar luz para visualizar la injusticia e inhumanidad de este modelo económico occidental de libre mercado globalizado, el cual gira fundamentalmente en torno a estos ejes:

1.-Valoración del capital sobre el trabajo y la persona. En este sistema el trabajador es deshumanizado y convertido en pieza de la producción al servicio del capital.

2.-El libre mercado como algo sagrado. El capitalismo neoliberal concibe el mundo como un gran mercado que se mueve sin control y sin límite alguno. Toma como disponible a todo el planeta, que es convertido en campo de inversión y de lucro, de manera que, de hecho, tiene más poder que los mismos gobiernos. En palabras de Noam Chonski, «el sistema capitalista neoliberal ha permitido a un grupo relativamente restringido controlar la vida social, económica y financiera con la finalidad de maximizar las ganancias».

3.- Libertad total para competir, libertad para movilizarse y libertad para explotar tanto al ser humano como a la naturaleza. Los fundamentalistas neoliberales endiosan y divinizan el libre mercado.

4.- La desregulación total. No permite que el Estado controle la actividad económica y financiera. El poder económico-financiero se ha colocado por encima de la política.

5.- La propiedad privada sin límite como un derecho absoluto, desconociendo las exigencias éticas del bien común y las necesidades de las mayorías empobrecidas. El sistema privatiza no sólo los medios de producción sino trata también de privatizar los servicios sociales, como son la salud, educación, transporte, vivienda, seguridad…

6.- La producción sin fin, es decir, busca producir artículos no para responder a las necesidades de la población sino sólo con el objetivo de la acumulación de capital, y para ello crea constantemente nuevas necesidades en la población.

7.- La codicia del sistema que acumula desmedidamente la riqueza en pocas manos. El punto de partida y de llegada del capital es su afán ilimitado de acumulación, como señala Leonardo Boff. El afán ciego de acumulación de riqueza lo lleva a no ver las consecuencias ambientales que provoca, como es el calentamiento global planetario y las reestabilización atmosférica que ya está ocasionando en unos lugares grandes inundaciones y en otros persistentes sequías.

8.- La explotación irracional de los recursos naturales. Las grandes corporaciones y compañías transnacionales caen como aves de rapiña sobre los países del sur para explotar y saquear su materia prima que, por otra parte explota a los trabajadores pagándoles bajos salarios. Uno de los casos más candentes y vergonzosos en la explotación minera de coltan en el Congo.

9.- La especulación económico-financiera. En los últimos tiempos la economía productiva ha sido superada por la financiera, que según destacados analistas a la primera le corresponde un 3% y a la segunda un 97% (Luís Capilla). Los especuladores han convertido el imperio de las divisas en paraísos fiscales. Posibilitan que el dinero se fugue de un lugar a otro a la velocidad de la luz. El dinero se ha convertido en un objeto de intercambio en sí mismo, de manera que lo que se compra y se vende es el mismo dinero. Es el colmo de la especulación. La era de Reagan-Tatcher abrió el camino a la consolidación de esta nueva generación de financieros. Se institucionalizó la especulación, de manera que se ha llegado al extremo de prescindir de la producción como una prioridad del sistema. Debido a la falta de regulación del Estado, la economía financiera ha dado pié a grandes actos de corrupción, como hemos visto estos últimos meses no sólo en Estados Unidos sino también en España.

10.- La fiebre del consumismo. Se consume para dar salida a la producción, generando una espiral cada vez más amplia, cuyas consecuencias humanas son la configuración de personas que viven para tener, no para ser, alienadas y esclavas del sistema, con pensamientos y prácticas egoístas y hedonistas. El sistema concibe a los seres humanos como individuos-masa al servicio del mercado a través de la producción, la competitividad y el consumo. Pero al mismo tiempo con consecuencias nefastas para el medio ambiente, como hemos señalado.

11.- El orden y control geopolítico y militar, liderado por Estados Unidos. Limita el papel del Estado al mantenimiento de una situación que favorezca los intereses del sistema. Busca tener un Estado fuerte en lo policial y militar, pero débil en lo social. Esto lo visualizamos en la política de Estados Unidos en donde el poderío militar a nivel planetario está en función del sistema. Las guerras de Afganistán e Irak, el apoyo político-militar a los estados represores de Israel y Colombia así como las distintas intervenciones militares en un sin número de países, responden a esta política imperialista.

12.- Estados Unidos y los poderosos económico-financieros controlan, como gendarmes, la vida del planeta en beneficio del sistema a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Toda iniciativa que se salga de su control es considerada errónea y peligrosa.

13.- A los defensores del sistema se les hace la boca agua hablando de democracia. Califican al capitalismo de «sistema democrático». Promueven elecciones. Reducen la democracia al simple voto. Después, una vez en el poder, los gobernantes se pliegan a los intereses del poder económico y financiero, y si el pueblo protesta, se le descalifica o reprime porque para eso votó. Esta es una democracia meramente representativa, que no es más que una pantomima de democracia. No hay democracia real y participativa.

14.- Los medios de comunicación son acaparados y manipulados por el poder económico. Con frecuencia se terjiversa la realidad a favor de sus intereses en desprestigio de quienes lo cuestionan u ofrecen resistencia.

15.- El sistema tilda de subversivos y alteradores del orden, e incluso de terroristas, a aquellas personas y organizaciones sociales que exigen sus derechos y luchan por una sociedad más justa y humana.

 

 

5. JUICIO ÉTICO DEL SISTEMA ECONÓMICO-FINANCIERO NEOLIBERAL

 

 

La crisis ha puesto de manifiesto que el sistema económico neoliberal ha fracasado. Lo decíamos desde hace ya muchos años. ¿Por qué? Porque nunca ha habido tanto desarrollo y riqueza como hoy, y sin embargo, quienes se benefician de ello apenas son un 20% de la población mundial ubicada en el norte (Estados Unidos, Canadá, Unión Europea, Japón, Australia…), mientras que el otro 80% del sur, conocido también como tercer mundo, se ve cada vez más sumergido en la pobreza y el hambre. «Jamás se ha producido tanta riqueza en el mundo –señala Francois Hutart-, y nunca hemos tenido un número tan elevado de pobres, que alcanza ya los 900 millones de personas que viven en situación de hambre». Pero dentro del norte son unas minorías, las corporaciones transnacionales, las que controlan cada vez más la riqueza del planeta en beneficio propio. Las consecuencias para el sur es que más de 900 millones de seres humanos viven en permanente situación de hambre. Aquí evidenciamos que la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro del evangelio se ha mundializado.

El imperio norteamericano y las multinacionales provocan guerras, invaden naciones y pisotean el derecho a la vida de los trabajadores y de los pobres para incrementar su capital. En realidad la historia de la riqueza en el capitalismo es una secuencia de guerras, opresión colonialista, invasiones, anexiones, saqueos, robos…, como señala Frei Betto. Este sistema profundiza cada vez más la división entre el norte y el sur, provocando constantes avalanchas migratorias de hombres y mujeres que huyen de la pobreza y del hambre. Y también da lugar a una confrontación entre el occidente y el mundo islámico, generando de esta manera radicalizaciones fundamentalistas en éste último. Esta realidad es un fracaso de la humanidad y un indicador de que quienes lo sustentan son personas irresponsables, irracionales, sin corazón, deshumanizadas, violentas, enemigas de la vida y de la paz, que aman su bienestar individual y menosprecian el bien de la humanidad. La codicia y la ambición económica han cegado a los que controlan el poder económico y financiero. En verdad el sistema capitalista deshumaniza a quienes caen en sus redes. Algunos todavía dan limosnas o promueven obras benéficas, pero no permiten que cambie la estructura del sistema de injusticia imperante.

Además de lo señalado, el sistema legitima y globaliza la corrupción a todos los niveles, a nivel nacional e internacional. Hemos visto cómo se presta a fraudes, estafas, extorsiones, desfalcos…La ética no tiene cabida dentro del mundo económico-financiero capitalista.

Al interior de los países del sur se dan también fenómenos de desigualdad cada vez más alarmantes, por ejemplo, México que es la décima potencia económica mundial tiene la familia más rica del planeta, los Slin, sin embargo, este país tiene 60 millones de pobres y 13 millones de hombres y mujeres viviendo en la miseria. En Guatemala, país rico en recursos naturales, el modelo socioeconómico impuesto tras la intervención militar norteamericana de 1954, configuró una oligarquía integrada por no más de 300 familias civiles y militares que controla el 72% de la riqueza, mientras el 80% de la población vive en situación de pobreza. Lo mismo podemos decir de casi todo el continente latinoamericano y países africanos. Estos son los resultados del capitalismo neoliberal. Los datos hablan por sí solos.

Las dictaduras militares se identifican con facilidad, sin embargo, se pasa por alto la dictadura del capital que domina al mundo a través del FMI, BM y la OMC. Estas instancias hacen y deshacen, ponen condiciones a los préstamos en beneficio de las naciones ricas y subyugan a las naciones pobres.

En el sistema capitalista los derechos humanos son reducidos al derecho de propiedad. El principal derecho, que es el derecho a la vida, se ignora, más aún, se viola sistemáticamente. La propiedad privada se ha absolutizado. Se ha convertido en algo sagrado e intocable. «La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto- señalaba Pablo VI-. No hay ninguna razón para reservar en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario. El derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento del bien común» (Populorum progressio,32).

En esta época de crisis se presenta como uno de los principales problemas de la humanidad el endeudamiento del Leaman Brother, el desplome del Wall Street, la bajada del IBEX o que el Banco Santander tenga menos ganancias. Así nos lo quieren hacer creer. Estamos en crisis, ¿qué crisis? Los verdaderos problemas que hacen sufrir a la humanidad es la decadencia de valores, la falta de justicia y solidaridad, la hambruna en África, los millares de niños y niñas que a diario mueren de hambre, los muertos en las pateras, el genocidio en la República de El Congo en manos de las tropas rebeldes apoyadas por las grandes potencias, la explotación de niños en las minas de coltan, las guerras de Afganistán e Irak, la salvaje represión israelí sobre el pueblo palestino o los diez millones de refugiados a causa de los conflictos armados. Estos son los verdaderos problemas de la humanidad. Muchos gobiernos ante la crisis económica, han decidido tomar medidas de rescate, inyectando grandes sumas de dinero a los bancos y empresas, para evitar el colapso. Un gesto verdaderamente injusto, pues ese dinero es del pueblo, sale de sus impuestos. Los grandes empresarios y banqueros se han enriquecido por largo tiempo a costa del pueblo. Han estado privatizando las ganancias y ahora, en tiempos de crisis, socializan las pérdidas. Esto lo calificamos como un acto verdaderamente inmoral. Indigna ver que gobiernos que se llaman socialistas, como el de España, hayan caído también en esta dinámica de rescate de la gran empresa privada.

El 30 de junio de 2008, en la Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) realizada en Roma, el presidente de esta institución, Jacques Diouf, solicitó a los líderes mundiales 30 mil millones de dólares anuales para relanzar la agricultura y solucionar el hambre en el mundo. La FAO sólo recolectó 7,500 millones de dólares, cifra que se traduce en unos mil 875 millones de dólares anuales. Esta cantidad representa tan sólo unos dos dólares anuales por cada persona hambrienta en el planeta.

En contraste, durante la semana transcurrida entre el 30 de septiembre y el 8 de octubre de 2008, Estados Unidos aprobó 700,000 millones de dólares en el «paquete de rescate financiero»; Alemania salvó un banco inyectándole 70,000 millones de dólares. Lo mismo hizo Gran Bretaña, España, Japón…

El monto destinado a la inyección de capitales en el mercado financiero mundial hubiera permitido alimentar y desarrollar programas de producción de alimentos y seguridad alimentaria por aproximadamente 50 años, señala Pablo Siris Seade.

Por otro lado, la industria bélica movilizó el año 2007 más de 3 billones de dólares. Para la industria de la guerra y el rescate de bancos siempre hay recursos, mientras los hambrientos mueren de hambre.

Los defensores del sistema llaman a la población a consumir más para hacer frente a la crisis, de manera que se mueva el capital y se reactiven las empresas. Este es un principio de la globalización capitalista neoliberal. Su filosofía es que hay que vivir para producir y consumir en lugar de producir y consumir para vivir. Sin embargo, cuando a tantas personas en el mundo les falta lo necesario para vivir, no es ético el consumismo y el gasto en cosas innecesarias.

Los capitalistas estimulan el consumo para no quebrar el sistema. Lo hacen ignorando, consciente o inconscientemente, que esto agudizaría aún más el abismo entre el norte y el sur, que quedaría más excluido. Ellos dicen que el desarrollo del sur llegará, en el futuro, cuando produzcan y consuman como el norte, pues la globalización del capitalismo va a producir riqueza para toda la humanidad. Sin embargo, tal como funciona el sistema esto no es posible, y aunque lo fuera, este modelo de desarrollo provocaría un colapso de los recursos naturales y del ecosistema. La noruega Harlem Bruntland señala que si el 80% del sur consumiera lo que consume el 20% del norte, es decir, si los casi 7,000 millones de habitantes que pueblan el planeta consumieran lo que consume los países desarrollados, harían falta 10 planetas como el nuestro para satisfacer todas sus demandas. El planeta tierra no lo soportaría. Acabaríamos en la destrucción y la muerte de la misma humanidad.

Después de haber vivido en la década de los 70 en las áreas marginales de Vallecas y después, durante tres décadas en Guatemala y Chiapas, y de haber visitado en diversas ocasiones Palestina, pueblo convertido en un gran campo de concentración por el estado de Israel, he llegado a la convicción de que el sistema capitalista es «intrínsecamente perverso», inmoral, inaceptable desde la más elemental ética humana y más inaceptable todavía desde la fe cristiana, pues antepone el capital a la ética económica y al bien común, favorece la desigualdad, agudiza la división y discriminación entre los seres humanos, genera salarios de hambre y desempleo, recorta los programas de acción social y tiende a privatizar los servicios públicos más elementales (salud, educación…), consiente que 954 millones de seres humanos vivan en situación de hambruna mientras destina casi 3 billones de dólares a la carrera armamentista y a la guerra, y, como señala Leonardo Boff, este sistema está teniendo «dimensiones catastróficas para la humanidad y para la sostenibilidad de la Tierra como consecuencia de la virulencia productivista y consumista». Y ahora, en tiempos de crisis, propone recortes de salarios, despidos masivos, rebaja de los derechos sociales, reducción de impuestos a las empresas, expulsión de inmigrantes. Con estas medidas quienes vuelven a sufrir las consecuencias de la crisis son los pobres. El sistema legitima y globaliza la corrupción a todos los niveles. Se presta a fraudes, estafas, extorsiones, desfalcos… La ética no tiene cabida dentro del mundo económico-financiero capitalista. ¿Qué persona, creyente o no creyente, con el más mínimo sentido de humanidad dejará de rechazar este sistema de muerte?

En este sistema el dinero se ha convertido en dueño del hombre y el capital en dueño del trabajo. La sed insaciable de poder y la acumulación de riqueza se han transformado en la razón última de la vida. Ahí, la justicia social y la solidaridad no tienen cabida. El evangelio de Jesús desenmascara y denuncia esta idolatrización del dinero y del mercado. «No se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo» (Mt 6,24), «¡Ay de vosotros, los ricos…! (Lc 6,21). Jesús no se opone a la riqueza en sí misma sino a la acumulación de la riqueza a costa de dejar en la pobreza a los demás. A Jesús lo que le importa es que todos los hombres y mujeres vivan como hermanos, compartiendo solidariamente los bienes de la creación, dando preferencia a los pobres.

Sin embargo, para el sistema neoliberal, los pobres, los marginados, los excluidos, no valen, no cuentan. Son parásitos que no producen ni consumen. No tienen derechos. Es gente sobrante.

La ética cristiana valora a la persona por sí misma. Jesús colocó a la persona por encima del dinero, de toda ley y de todo sistema cuando dijo: «No está hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre» (Mc 2,27). Se situó al lado de los pobres, juzgó al mundo desde los pobres (Mt 25,31-46) y entre ellos conformó una comunidad donde se comparte la fraternidad y los bienes (Hch 2,44-46; 4,32) y se contempla la vida con un corazón nuevo y limpio.

 

 

6. ALTERNATIVAS. ¿REFUNDAR EL CAPITALISMO O REFUNDAR EL SOCIALISMO?

 

 

La globalización neoliberal ha fracasado, no precisamente por una victoria del comunismo, sino como consecuencia de sus contradicciones internas. La globalización neoliberal ha llevado al mundo a un desequilibrio humano, social, económico, cultural y ambiental. El mundo hoy es un caos.

Hoy por hoy no hay una solución rápida y eficaz a la crisis. Lo que es claro es que la sociedad está enferma y que con este modelo socio-económico de libre mercado vamos irremediablemente a la destrucción de la humanidad y del ecosistema. «El Tercer Mundo –señala el obispo Pedro Casaldáliga- ha experimentado amargamente la iniquidad de ese sistema homicida y ecocida que es el capitalismo, ahora neoliberal y global».

El sistema económico capitalista quebró. Manifestó ser como sepulcro blanqueado por fuera, pero por dentro lleno de podredumbre, retomando las palabras de Jesús. La globalización va a experimentar un cambio radical. El libre-mercado ya no será hegemónico.

Es por eso que urge recrear la humanidad con un modelo socioeconómico alternativo. De todos los rincones de la tierra surge el grito esperanzador de que otro mundo es posible.

Los neoliberales buscan desesperadamente salir de la crisis aplicando un programa de emergencia, y para ello realizan despidos masivos y exigen a los Estados que intervengan inyectando grandes sumas de dinero, como señalábamos anteriormente. Sus representantes y los jefes de gobierno de los países ricos se reúnen para «refundar» el capitalismo.

Yo comparo la «refundación» de quieren hacer del capitalismo como si a un paciente con una grave enfermedad se le quisiera curar con una aspirina, o si a un vestido viejo y gastado se le pusiera un remiendo nuevo, como dice Jesús. Un sistema que está basado en la injusticia, que reduce al ser humano a una «cosa» al servicio del mercado, que agudiza la brecha mundial entre ricos y pobres, que se desarrolla destruyendo el medio ambiente y que utiliza la fuerza militar para dominar el mundo, no tiene posibilidad de refundación.

Ante el temor de que se desarrolle una alternativa nueva de carácter socialista, los neoliberales levantan una campaña de miedos con la teoría de totalitarismos públicos. Pero, como dice José Torres Pérez, «la teoría de lo privado y de la libertad privada de empresa, que se traduce en la libertad de saqueo y explotación de la fuerza de trabajo local, nacional y mundial, ya no tiene respaldo teórico, ni incluso académico, desde el momento en que el libre mercado se convirtió en una amenaza social, con efectos claramente empobrecedores, como ha quedado expuesto en esta crisis financiera».

Hay quienes dicen que el capitalismo es muy astuto, que va a tratar de sobrevivir, asumiendo medidas de la socialdemocracia en una línea keinesiana, que hasta ahora siempre había rechazado y combatido con virulencia, como es la regulación económica por parte del Estado, pero manteniendo sus principios fundamentales. Nosotros creemos que, aun así, no es la solución a la crisis global por las razones que ya hemos señalado. Es necesario buscar nuevas alternativas.

El paradigma de la refundación del capitalismo, presiento que tarde o temprano, se va a evaporar, pero dependerá de una izquierda verdaderamente organizada y plural, coherente, basada en principios éticos, humanistas y sociales y con una visión procesualmente revolucionaria. Cuando hablo de izquierda no me refiero sólo a los partidos sino a todo el movimiento social y político que sueña y lucha por un modelo alternativo de sociedad en base a una visión social y humanista, con justicia social y libertad, participativa, incluyente, equitativa y auténticamente democrática.

La refundación de la izquierda, llamémosle socialismo, es una alternativa hoy más necesaria y urgente que nunca. No se trata de volver a modelos superados, es decir, de repetir los socialismos históricos. Estos han dejado bastante que desear. Han cometido muchos errores. Han sido agentes de dictaduras, de represión, violencia y muerte. Creo que la causa fundamental de su fracaso ha sido la falta de ética y coherencia revolucionaria y la pérdida de la utopía humanista que encierra el auténtico socialismo.

Estructuralmente, el socialismo es más justo que el capitalismo. Pero en sus experiencias históricas concretas, en la mayor parte de ellas, no ha sabido establecer un equilibrio entre justicia social y libertad. Ha tratado de establecer un sistema justo, pero ahogando la libertad. Incluso ha caído en un capitalismo de Estado, como le llaman algunos.

Se trata entonces de recrear un socialismo nuevo. Pedro Casaldáliga señala que hay valores referenciales que son columnas maestras del socialismo nuevo, tales como la dignidad humana, el amor y pasión por la humanidad, la igualdad social, la libertad, la participación, la corresponsabilidad, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, el cuidado del medio ambiente, la propiedad relativizada, el bien común… Evidentemente, -prosigue Pedro Casaldáliga-, un socialismo auténtico rechaza, por definición, toda dictadura, todo imperialismo, todo tipo de manipulación y toda democracia burocratizada.

El objetivo último del nuevo socialismo es acabar con la explotación del hombre por el hombre, la exclusión humana, la desigualdad socioeconómica, la carrera armamentista, las guerras y la explotación insostenible de la naturaleza, para establecer un nuevo orden social global fundado en la paz que nace de la justicia. Por eso, la refundación del socialismo no debe reducirse sólo a la cuestión económica, técnica, ecológica, energética, alimentaria o educativa, sino que debe asumir como prioridad la dimensión ética y espiritual, entendiendo por espiritualidad la vivencia profunda de lo humano, la fraternidad universal, la ternura, la sensibilidad frente al dolor humano, la opción por los pobres, la opción por la vida y la felicidad de todos los hombres y mujeres. Vivir es crecer en humanidad, en dignidad, en libertad, en justicia y en solidaridad con una actitud revolucionaria permanente de ir corrigiendo y encauzando el rumbo del proceso histórico en orden a una humanización cada vez mayor, asumida ésta como utopía.

Para los cristianos la utopía se plantea en aquel texto del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,44-45): «Todos los creyentes estaban de acuerdo y lo tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno». El espíritu de este texto es que la transformación personal lleva a que las ganancias sean compartidas por todos. De ahí que tenemos el desafío de desplazar y sustituir la lógica individualista de la acumulación por la lógica del bien común, del servicio y del cuidado de la naturaleza. Esto se presenta como una utopía, que está ahí como un ideal humano de manera que signifique una luz que oriente toda actividad social y política. Es por eso que el nuevo socialismo que queremos nos convoca a «no sacrificar el ideal frente al altar del socialpragmatismo» (Claudia Korol), como fácilmente caen los partidos socialistas una vez que llegan al poder.

Refundar el socialismo es, en palabras de Mariátegui, «no ser copia de modelos hechos sino creación heroica de los pueblos», es decir, reinventar el socialismo como proyecto popular, amasado con todas las resistencias y luchas de los pueblos, de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de las organizaciones de mujeres, de derechos humanos, ONG`s, organizaciones ecologistas, inmigrantes, asociaciones y comités de solidaridad, foros ciudadanos, asociaciones de vecinos, medios de comunicación alternativos, comunidades cristianas conscientes…, tejiendo así la trama de una sociedad de hombres y mujeres libres y solidarios, en armonía con la naturaleza, como señala Claudia Korol.

Hago mías las palabras de Gregorio Uriarte cuando dice que «el verdadero socialismo no es poder, sino servicio; no es dominación sino fraternidad; no es individualismo sino comunidad, no es confiscación sino renuncia personal a la riqueza; no es sectarismo sino solidaridad», y yo añadiría: el verdadero socialismo no es caudillista, es decir, no gira ni depende de un líder sino que es del pueblo; tampoco es nacionalista sino internacionalista, en búsqueda permanente de un «diálogo de civilizaciones».

El socialismo del futuro creo que debe ser más del pueblo organizado, del movimiento social y popular, y menos de los partidos. «Un socialismo entendido como un camino construido colectivamente, y no dictado por una central, por un partido, un sindicato, o mantenido por un Estado denominado socialista», señala Ivon Guerava. En los países denominados «socialistas», el partido representa y manda sobre el pueblo, el comité central representa y manda sobre el partido y el secretario general representa y manda sobre el comité central. Es lo que se ha denominado como dictadura del partido y dictadura de Estado. Esto es precisamente lo que rechaza el socialismo nuevo.

El Estado debe estar al servicio de la revolución socialista que está en el pueblo organizado y no convertirse en el centro del proceso revolucionario socialista. De ahí que la refundación del socialismo debe encauzarse por los caminos de la descentralización y la autogestión, no desarticulados sino configuran-do una gran red de redes de abajo arriba y fortaleciendo la unidad en la diversidad.

La refundación del socialismo exige una revolución de la conciencia personal y colectiva. Revolución que implica conciencia social, conciencia crítica, conciencia ética, conciencia ambiental y conciencia de ciudadanía universal. Es decir, exige un cambio profundo de la persona. Sólo un hombre o mujer justo, coherente, respetuoso y tolerante, servicial y solidario puede ser agente forjador de una sociedad justa, transparente, equitativa, democrática y solidaria. La coherencia con lo que soñamos y por lo que luchamos es garantía de la consolidación del socialismo nuevo. Lo cual exige también renunciar, personal y socialmente, al consumismo irracional e insolidario, para vivir con austeridad en solidaridad eficiente con las víctimas que el sistema capitalista ha dejado tanto en los países del norte como del sur. El socialismo nuevo que soñamos está exigiendo mística, esfuerzo, sacrificio y generosidad. De ahí la necesidad de que no puede imponerse un socialismo de arriba para abajo sino de abajo para arriba, desde la conciencia de hombres nuevos y mujeres nuevas.

Hay otros muchos elementos del socialismo nuevo que menciono sin ahondar en ello, tal como la opción por los pobres y por los que sufren, de manera que podamos decir con José Martí: «Con los pobres de la tierra mi suerte yo quiero echar», que por otra parte, es una opción profundamente evangélica.

El nuevo socialismo, lejos de ser dogmático y «ateo», será aconfesional, pero respetuoso de los valores culturales y religiosos del pueblo. Y desde el punto de vista ideológico deberá asumir la pluralidad, respetando las diferentes corrientes de izquierda que surjan y cuidando siempre la unidad en la diversidad.

Asimismo, creo que el socialismo debe ser menos nacionalista y más internacionalista. Con esto quiero decir que debe romper los fundamentalismos etnocéntricos para pensar globalmente en solidaridad con todos los pueblos, particularmente con los más excluidos.

El auténtico socialismo debe ser revolucionario, entendiendo por ello que siempre está en un proceso de crítica y autocrítica y de cambio, siempre en busca de la utopía. Un socialismo que abandona la característica revolucionaria, ha perdido su razón de ser. Es lo que dice Jesús en su evangelio: si la sal pierde su sabor ya no sirve sino para tirarla al camino.

Vemos con esperanza los procesos que se están gestando en muchos países de América Latina en torno a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA). Procesos que apuntan a la construcción de una nueva sociedad y de una economía social con un Estado que la protege y promueve, frente a la privatización. Está surgiendo un socialismo propio, de acuerdo a la realidad de cada país, pero con perspectiva continental y mundial. Esta es una gran noticia para la supervivencia del ser humano en un mundo cuyos recursos energéticos y naturales se encuentran en vías de agotamiento. Tenemos la esperanza de que estos procesos socio-económicos y políticos estén preñados de utopía y de ética. Los cristianos los contemplamos como una mediación histórica del reino de Dios.

Si el capitalismo se encargó de convertir a Occidente en rival del mundo musulmán, el nuevo socialismo está llamado a establecer un diálogo y encuentro intercultural con el mundo islámico. Éste encierra una fuerza potencial de cambio. «El futuro de la humanidad no puede construirse contra el islam, ni al margen del islam, sino en colaboración con él», señala Juan José Tamayo.

Finalizo retomando algunas ideas de José Torres sobre un dato fundamental del socialismo nuevo. Se trata de la construcción de una Economía Social, una economía que sin amenazar la libertad de iniciativa permita el reparto de la riqueza entre los distintos eslabones de la producción: agrícola, industrial, comercial... Es la hora de una Economía Social, justa y solidaria, que regule el sector financiero impidiendo la especulación y la apropiación privada de la plusvalía, producida en los sectores primario y secundario. En este sentido, creo que el nuevo socialismo deberá aspirar a que el Estado controle la actividad de los bancos y de los principales sectores económicos, estableciendo objetivos, criterios y medios para garantizar el desarrollo económico justo y armónico.

La refundación del socialismo exige, por lo tanto, una Economía Social que ponga la propiedad del capital en manos de los trabajadores y la gran propiedad con sus infraestructuras pase a ser, como hemos señalado, controlada por el Estado, en empresas públicas, pero también con participación de capital privado. Para instaurar esta Economía Social hace falta un Estado social, que no es posible sin unas fuerzas políticas regeneradas que presenten leyes en el Parlamento para incentivar el nuevo modelo económico: cooperativismo en pequeñas empresas y nacionalizaciones en las grandes, con participación del capital privado. Porque no se trata de eliminar la propiedad privada en las empresas sino de potenciar espacios para la Economía Social aprovechando la experiencia y la participación de la empresa privada. No se puede ser dogmático en economía, señala Torres.

La conquista de este espacio económico-social, implica una nueva visión del papel de los sindicatos, del movimiento social y popular y de los partidos políticos de izquierda, los cuales deberán acompañar activamente este proceso con las características éticas que hemos señalado.

La Historia puede volver otra vez a tener futuro.

Alguazas (Murcia), enero de 2009

Dom Pedro Casaldáliga ha sido una voz firme en la defensa de que, «para un Socialismo nuevo, la Utopía continúa». Escribe: «la Utopía de la que hablamos, la compartimos con millones de personas que nos precedieron, dando incluso su sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan». Para él, «esta utopía está en construcción, somos obreros de la Utopía».

¿Cómo ve usted, D. Pedro Casaldáliga la devastadora crisis que ya afecta a todos los países, y principalmente a la clase trabajadora?

Con rebeldía y mucha indignación. Con una sensación de impotencia y, al mismo tiempo, con la voluntad radical de denunciar y combatir las grandes causas de esta crisis.

Olvidamos demasiado fácilmente que la crisis ha sido provocada, fundamentalmente, por el capitalismo neoliberal. Es irritante ver a gobernantes, y a toda la oligarquía, justificando que las economías nacionales deban servir al capital financiero. Los pobres deben salvar económicamente a los ricos. Los bancos ocupan el lugar de la mesa de familia, la financiación de las escuelas, el equipamiento de los hospitales...

Estaba comentando con unos compañeros de misión que la avalancha de despidos del trabajo acabará justificando una avalancha de asaltos, por desesperación. Está creciendo cada día más el criminal absurdo de constituir la sociedad en dos sociedades, de hecho: la oligarquía privilegiada, intocable, y todo el inmenso resto de la humanidad, arrojada al hambre, al sinsentido, a la violencia enloquecida. Se cierra las empresas cuando no consiguen un lucro voraz, y se cierra el futuro de un trabajo digno, de una sociedad verdaderamente humana.

(Servicios Koinonía)

 

 

 

 

Fernando Bermúdez

Ha estado de misionero en Méjico y Guatemala desde 1979.Contrajo matrimonio con Mari Carmen y han estado trabajando en defensa de los derechos humanos.

Como hemos visto en las páginas anteriores, han regresado a España, a su pueblo, donde ha sido nombrado hijo predilecto y le han dedicado una plaza.

Fue nombrado Ciudadano Distinguido del año 2007, en el Departamento de San Marcos (Guatemala) le fue otorgado el Diploma Reconocimiento Monseñor Gerardi por su intensa labor en defensa de los derechos humanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dom Pedro Casaldáliga ha sido una voz firme en la defensa de que, «para un Socialismo nuevo, la Utopía continúa». Escribe: «la Utopía de la que hablamos, la compartimos con millones de personas que nos precedieron, dando incluso su sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan». Para él, «esta utopía está en construcción, somos obreros de la Utopía».

¿Cómo ve usted, D. Pedro Casaldáliga la devastadora crisis que ya afecta a todos los países, y principalmente a la clase trabajadora?

Con rebeldía y mucha indignación. Con una sensación de impotencia y, al mismo tiempo, con la voluntad radical de denunciar y combatir las grandes causas de esta crisis.

Olvidamos demasiado fácilmente que la crisis ha sido provocada, fundamentalmente, por el capitalismo neoliberal. Es irritante ver a gobernantes, y a toda la oligarquía, justificando que las economías nacionales deban servir al capital financiero. Los pobres deben salvar económicamente a los ricos. Los bancos ocupan el lugar de la mesa de familia, la financiación de las escuelas, el equipamiento de los hospitales...

Estaba comentando con unos compañeros de misión que la avalancha de despidos del trabajo acabará justificando una avalancha de asaltos, por desesperación. Está creciendo cada día más el criminal absurdo de constituir la sociedad en dos sociedades, de hecho: la oligarquía privilegiada, intocable, y todo el inmenso resto de la humanidad, arrojada al hambre, al sinsentido, a la violencia enloquecida. Se cierra las empresas cuando no consiguen un lucro voraz, y se cierra el futuro de un trabajo digno, de una sociedad verdaderamente humana.

(Servicios Koinonía)

 

 

RECUPERAR  LA FRATERNIDAD

Jaume Botey Vallès nació en Barcelona en 1940. Este cura obrero secularizado, inició su apostolado en el Camp de la Bota para trasladarse después al barrio Can Serra del Hospitalet, donde conocería a la que hoy es su esposa, Pilar Massana. Licenciado en Historia y Filosofía es doctor en Antropología y se vinculó a Cristianos por el Socialismo. Actualmente es profesor en la UAB.Dirigió la cooperativa de disminidos psíquicos l Olivera, en Vallbona de les Monges, que elabora un vino de calidad con la demoninación de origen Costers del Segre. Los que le conocen dicen que es introvertido y de unos principios ideológicos inalterables. Es autor de numerosos libros sobre sociología, con la inmigración como base fundamental de sus investigaciones.

 

   

RECUPERAR LA FRATERNIDAD

1. El siglo XX y las esperanzas frustradas

Esperanzas y frustraciones

Las cifras de la desigualdad

La violencia y la guerra

Conflictos identitatrios

La exclusión social cercana a nosotros, el pan nuestro de cada dia

2. La historización de la teología y de la fe

¿Desde dónde comprendemos a Dios?

La Trinidad como Historia

Desde la óptica de los perdedores

El pobre, lugar teológico

De qué sirve la Fe en la construcción del Reino.

3. El silencio de Dios ante el sufrimiento del mundo

Dios y la humanidad ante las víctimas.

Alianza y fraternidad en el pueblo de Israel.

4. La justicia y la paz, desde la perspectiva del Reino

El "bienaventurados los pobres" y la doctrina social de la Iglesia.

El "bienaventurados los pacíficos" y la construcción civil de una cultura de paz.

La fraternidad cristiana es memoria y promesa.

5. "Lo mejor de la religión es que provoca herejes" (Ernst Bloch)

Subversión y herejía, o la difícil lucha por la fraternidad.

Herejías medievales: retorno a la tradición fundante, prioridad del pobre.

Utopías renacentistas y autonomía de la conciencia individual

Hacia el mundo moderno y utopías sociales

6. Creyendo en el Dios de la debilidad

Desde la teologia del poder no hay fraternidad

Desde la teologia del poder no hay paz

7. Creyendo en Jesús, hermano pobre

Jesús se sitúa fuera del sistema

Jesús, víctima

Jesús y el Reino

8. Con el Espíritu, la alegría y la fuerza de los que no tienen nada que perder

La lucha por la fraternidad

Desde la política y desde la profecía

Conclusión: los incansables

Jaume Botey Vallès

21 noviembre del 2008

 

1.- EL SIGLO XX Y LAS ESPERANZAS FRUSTRADAS

Esperanzas y frustraciones


El siglo XX ha sido el que mayores esperanzas de fraternidad ha generado, pero también el de mayores frustraciones: ha sido el siglo del comienzo del estado del bienestar resultado de las luchas obreras, trajo la libertad a las antiguas colonias, la conciencia –por lo menos la conciencia!- que los derechos humanos deben ser extensibles a todos, la creación de unas instituciones y un nuevo orden jurídico para garantizar la paz a través del diálogo, el ejercicio de la libertad individual y el respeto a la conciencia, los enormes avances en tecnología que cambiaron e hicieron pequeño el mundo y un largo etcétera que pudo dar en determinados momentos la impresión que antiguas utopías eran posibles.
Sin embargo junto a los avances, la injusticia y la violencia en continuo incremento frustraron grandes esperanzas. Hemos cumplido el cuarenta aniversario de aquel 1968 en el que se aplastaron las utopías de una generación de jóvenes, y de manera emblemática, en el Primer Mundo capitalista (mayo en París), en el mundo socialista (invasión de Praga en agosto por las tropas del Pacto de Varsovia) y en el Tercer Mundo (matanza de universitarios en México-DF, en Tlatelolco, la Plaza de las Tres Culturas en octubre). Podría decirse que los tres fueron movimientos proféticos, pero los tres fueron abatidos. El sistema se impuso por la fuerza.
Escogeré dos temas-clave tanto en las expectativas creadas como en las esperanzas frustradas, la Justicia y la Paz, indisolubles y por otra parte fundamentales en el Reino futuro anunciado por Jesús.



Las cifras de la desigualdad

Ha sido en este siglo cuando más se han agudizado las injusticias (a principios de siglo la distancia entre la quinta parte más rica y la quinta parte más pobre de la humanidad era de 10 y a finales de siglo era de 82!). Las cifras de la injusticia, de hambre y muerte por hambre, de analfabetismo, del incremento de las enfermedades curables, del aumento de la deuda de los países pobres, del incremento asimismo de la corrupción y de los paraísos fiscales, etc. son de sobras conocidas. No sólo eso. En este comienzo de siglo vemos horrorizados cómo el criminal aumento de precios de los alimentos que dejará a millones de víctimas por el camino en contraste con las escandalosos beneficios de transnacionales y entidades financieras, cómo el sistema tiene mecanismos para enfrentar a pobres contra pobres, desde Sudáfrica a Nápoles o cómo venir como inmigrante a buscar trabajo en algunos países de la de Europa rica será considerado delito. Y la UE calla, como callaba hace años ante el avance del fascismo.


La violencia y la guerra


Ha sido asimismo el siglo más belicoso de la historia. Sólo doscientos años después de la proclamación ilustrada del dominio de la razón y del pronóstico kantiano de una paz cosmopolita, el siglo XX ha hecho verdadera la sentencia de Clausewitz según la cual la guerra es la continuación de la política con otros medios. Se calcula que casi 190 millones de personas han muerto de manera directa en conflictos armados. Además desde Guernica o Hiroshima la técnica de la guerra ha cambiado substancialmente. Antes moría “el que iba a la guerra” y hoy son los civiles y la muerte de civiles el objetivo primario de la acción militar: de cada 100 muertos en guerra 7 son soldados y 93 civiles, de los cuales 34 niños. Además de las dos grandes guerras mundiales, desde 1945 un trágico rosario de nombres han frustrado las esperanzas de un mundo en paz: Corea, Vietnam, Camboya, Lagos, Angola, Mozambique, Israel, Palestina, Líbano, Nicaragua, Salvador, Guatemala, Colombia, Ruanda, Burundi, Congo, Sierra Leona, Argelia, Eritrea, Libia, Etiopia, Bangla Desh, India, Croacia, Bosnia, Kosovo, Armenia, Pakistán, Chechenia, Afganistán, Irán, Irak…
Ha sido el siglo de la guerra continua, con la pasión de aplicar por la fuerza las nuevas “utopías” de salvación terrenal: la supremacía de la raza, la sociedad igualitaria, la abolición de la. lucha de clases, la liberación nacional, la globalización del mercado, el reino democrático del sufragio universal. Millones de personas han sido sacrificadas en los altares de estos nuevos dioses profanos lanzados a la macabra empresa de matar a los que piensen o sientan diferente. Concluye el siglo con el recuerdo de Auschwitz, de los miles de muertos en campos de exterminio, de Hiroshima, de los Gulags, de las guerras globales, de Irak, de centenares de miles de muertos y centenares de conflictos regionales.


Conflictos identitarios

Se proclama libertad de conciencia, pero se han incrementado los conflictos étnicos y religiosos. En nuestro mundo aparentemente laico ha estallado el volcán de unas nuevas pasiones religiosas con toda clase de fundamentalismos retrocediendo a la situación anterior a Westfalia (1648) cuando se creyó en el fin de las guerras de religión. El retorno de lo religioso ha supuesto a menudo el retorno a la intolerancia, al dogmatismo e integrismo, al fundamentalismo y fanatismo, al rigorismo moral y disciplinar, a la discriminación de sexos, a la práctica del terrorismo en el nombre de Dios.
Se construyen estereotipos para condenar mas fácilmente como “enemigos” todos aquellos que no queremos reconocer como hermanos por no pertenecer a la misma raza, color, lengua, religión, cultura. Así se explica la crueldad que, bajo el discurso de la seguridad nacional o de la preservación de intereses vitales, puede ser ejercida por unos seres humanos contra otros que, aun sabiéndose próximos, se aprende a verlos como enemigos por causa de la diferencia del color de la piel, de la lengua o del diferente nombre que dan al único Dios. Serbios, croatas y bosnios, hutus y tutsis, georgianos y azerbayanos, judíos y palestinos, ladinos y mayas, irlandeses católicos y protestantes, sudaneses cristianos e islámicos, turcos y kurdos, sunitas y chiítas, rusos y chechenos (la lista es interminable)… han sido conducidos hacia insondables abismos de odio. Nunca la humanidad, con todos sus avances técnicos, había sido tan despiadada y cruel.
La exclusión social cercana a nosotros, el pan nuestro de cada dia…

2.- LA HISTORIZACIÓN DE LA TEOLOGÍA Y

 DE LA FE



Vivimos en medio de un “tsunami” político, económico, cultural, religioso. Necesitamos saber dónde ponemos los pies
y desde dónde cogemos firmeza


¿Desde dónde comprendemos a Dios?

El Vaticano II significó un punto de inflexión de 180º de la historia de la espiritualidad y de la teología cristiana. La pregunta fundamental que pretende responder el Concilio fue ¿desde donde se hace teología? ¿de arriba abajo, deduciendo la esencia de Dios de los grandes principios filosóficos o de abajo arriba, leyendo la historia y la vida del pueblo? Es un problema epistemológico, ¿bajo qué prisma, con qué gafas leemos la historia? Y el Concilio invirtió la perspectiva desde la que se había hecho teología desde entonces. A Dios se le descubre desde abajo: se hace vida en la vida de sus hijos e hijas, y se hace amor en el amor de sus hijos e hijas, y sufrimiento, y esperanza. El cristianismo tiene más de estructura narrativa y mística que de estructura racional-deductiva. Por eso podemos hacer un discurso tan encarnado sobre Dios. De aquí la importancia de las vidas concretas y de la narración de la vida cotidiana en el cristianismo. Porque las vidas de sus hijos e hijas son la vida de Dios.
Todas las religiones parten del sentido del sacrificio, de la redención por la muerte y la sangre.
La violencia de la religión. El Dios que nos ha enseñado Jesús, no. Es al revés. Lo religioso inventó el sacrificio, el cristianismo lo anuló “quiero misericordia y no sacrificio” (Mt. 9,13)


La Trinidad como Historia

El Dios que crea y que se retira.
La primera explosión, el big-bang, la energía, miles de millones de años, lo “oscuramente primordial”
El Dios que se encarna. La aparición del hombre libre y la aparición del Dios-hombre
Los mensajes fundamentales de Jesús:
padrenuestro y.
la predilección por los pobres. Las dos parábolas de la fraternidad, el hijo pródigo y el samaritano. El Dios que va uniendo frente a la disgregación, la fuerza de la fraternidad surgida desde dentro de la historia.
El espíritu del Dios-vida y que da vida. Si la trinidad es unidad por arriba, desde abajo, desde el origen y hasta el final, se construye la fraternidad. La confianza en el Dios Padre y el dejarse llevar por el corazón abre todos los caminos de la fraternidad.

Desde la óptica de los perdedores

El concilio ayudó a leer la historia desde abajo, desde la contrahistoria. No desde la óptica en que se ha hecho siempre, la de los personajes importantes o de los que ganan. La reflexión entre cristianos tiene que partir siempre de un dato de fe: pertenecemos al Señor, pero qué Señor tan peculiar!: un Señor condenado a muerte y ejecutado, que abandona toda condición divina para ser sirviente. El Dios de Jesús, es el Dios de la debilidad y del hombre condenado.

El pobre, lugar teológico

La inmensa masa de dolor en el mundo ya no es sólo objeto de compasión o de justicia. Es lugar teológico. El pobre es el sacramento -“señal”- de Dios. “Lo que hicisteis a uno de estos pequeños a mi me lo hicisteis” en la parábola de Mt.25 del juicio final. Y por consiguiente son también sacramento de Dios aquellos otros que han hecho suya la causa de los pobres. El contacto con los pobres, como si hubieran tocado directamente a Dios, los ha cambiado. Han experimentado que el contacto con los pobres es salvador “los pobres nos han evangelizado”, dicen con razón. Se convirtieron en “radicales”, tan radical como es el mismo Dios. Han experimentado que convertirse en portavoz de los pobres significa que desde los poderes políticos, culturales y eclesiásticos poco a poco iran perdiendo poder, credibilidad, honorabilidad y se les identificará como exagerados, antisistema, extraparlamentarios (¿acaso el mismo Jesús no fue un extraparlamentario, radical, exagerado, antisistema?). Cada vez contaran menos en las esferas sociales bienpensantes. Son también la inmensa masa anónima de los que no se han adaptado al lenguaje y a los hechos de lo considerado “políticamente correcto”, los militantes de las mil causas perdidas.
Por suerte, son muchos más de los que creemos, procedentes de todas las culturas, ideologías y confesiones, creyentes y no creyentes. Hacen crecer el Reino sin que ni ellos lo sepan, a .
escondidas y silenciosamente. No tienen agencias de publicidad ni medios de comunicación. En los campos de refugiados, entre los que luchan contra la ley de extranjería, en el movimiento antiglobalización reclamando un mundo más justo, los de cualquier partido que no se cansan de nadar contracorriente, de un sindicato luchando contra el corporativismo, los de la causa de la paz y que promueven el diálogo, y también, tantos y tantas, que viven con alegría su vida cotidiana, aquella madre, aquel vecino que ayuda al enfermo, el que comparte sueldo y piso con inmigrados, aquel conserje amable, aquel de la asociación de vecinos, aquel joven que se esfuerza, aquella pareja, aquella monja...
Hemos hecho poca teología del Reino y de cómo el Reino crece de manera misteriosa, incluso con aquéllos que dicen combatir la fe o son de otras religiones, no desde el poder sino desde la humildad, no según la cantidad de oraciones sino según lo que seamos capaces de compartir… por aquello de «benditos vosotros que me disteis de comer».
Pero si todos por igual, creyentes y no creyentes, hacen crecer el Reino, ¿de que nos sirve la Fe? ¿A qué nos impulsa? ¿De qué sirve de cara la transformación del mundo? ¿No habíamos identificado siempre Reino con creer? ¿Si la construcción del Reino se hace, también, desde la no fe, de qué sirve creer?

De qué sirve la Fe en la construcción del Reino.

La Fe no “sirve” de nada. Es demasiado importante, se trata de algo inefable que pertenece a la dimensión mística de la persona y que, como todo lo que consideramos importante no podemos explicarlo por la razón. Para muchos creyentes la Fe y el seguimiento a Jesús ha sido el motor de sus vidas, les ha impulsado al compromiso. Pero por el hecho de ser creyentes, en su compromiso no aportan ningún “plus” de radicalidad, de honestidad o de transparencia. Lo contrario seria minusvalorar la grandeza de la persona humana, creyente o no. No hay diferencia entre los valores y las actitudes que puedan aportar los creyentes con los valores y actitudes que puedan aportar los no creyentes a partir de otros principios, ideologías o utopías.
De igual manera el hecho de ser creyente no le da al cristiano derecho ninguno socialmente, políticamente y ni siquiera religiosamente. En este magno combate del género humano hacia su propia liberación, más bien se pondrá humildemente junto a los demás sin exhibir su Fe, precisamente porque la considera su mejor tesoro. Porque la Fe no es para él una arma de combate para establecer el Reino de Dios aquí en la tierra sino un estímulo.
interior de servicio a los pobres que son ya aquí el Reino de Dios.
¿Qué es, pues, lo propio del cristiano, su señal de identidad, aquello que le distingue en su trabajo por la justicia? ¿Qué aporta? ¿Qué puede aportar a este mundo post-religioso la comunidad de cristianos, la Iglesia?
Lo que tanto el cristiano como la Iglesia deben aportar es, simplemente, ser testigos de aquello que está más allá de los límites de la razón: trascendencia, continuidad de la vida, el anuncio profético del Reino a los pobres etc. y la posibilidad de hacer presente ya aquí el sentido gratuito de la “justicia” de Dios. Porque la justicia divina y la justicia humana son diferentes. Esta es resultado del derecho. Aquella es un obsequio, un regalo inesperado. No se trata de perfeccionar la justicia humana sino de poder leer la realidad de una nueva manera. No se trata de hacer mejor las cuentas para medir con mayor exactitud las deudas. La justicia de Dios, no paga según horas trabajadas, no es justicia distributiva según entendemos la justicia humana, cancela la deudas y coloca a las prostitutas y a los perdedores de la historia en el primer lugar,

 

 

3.- EL SILENCIO DE DIOS ANTE EL SUFRIMIENTO DEL MUNDO


Dios y la humanidad  ante las víctimas

Juan B. Metz, católico, y Jürgen Möltmann, protestante, que vivieron Auschwitz de cerca, se preguntan qué sentido tiene hablar de Dios después de aquel infierno. Allí Dios callaba. Creo que con toda honestidad podemos hoy preguntarnos lo mismo después del millón y medio de muertos de Irak, de lo de Camboya, de la tragedia de los Grandes Lagos, del incremento de precios de los alimentos básicos. ¿Porqué tanto sufrimiento inocente?
¿Porqué el muchacho de 14 años en la alambrada? Simon Lévy. “Allí está Dios”
¿Porqué las palabras de Hosnia Hanromani?
¿Porqué los muertos en la patera?
Vivimos en un mundo aparentemente con mucha religión pero como si Dios no estuviera. Como una época de religión sin Dios. Porque si la religión, con mucho culto y procesiones, no se plantea el problema de las víctimas, sólo sirve para esconder la razón fundamental de ser de Dios, que es la salvación de la criatura. Que los asesinos, que los que roban la esperanza de los pobres y de los pueblos, apelen a Dios, pone de manifiesto hasta que punto el discurso sobre Dios puede llegar a ser instrumentalizado y cínico.
El olvido despiadado de las víctimas se ha convertido en la clave del triunfo del vencedor. La memoria del sufrimiento ajeno es como una categoría débil en un tiempo en el que la humanidad, en el fondo, cree que puede medirse en su poder con las armas de destrucción masiva. El olvido o mirar hacia otro lado ante las siempre nuevas historias de sufrimiento no puede hacerse sin pagar un precio: la degradación de la moral, la disolución del hombre. La cuestión de Irak, y la de tanto sufrimiento, no es sólo la pregunta dónde está Dios, sino dónde ha quedado el hombre. Irak, Palestina, los grandes lagos y la crisis actual han hecho bajar drásticamente la frontera metafísica y moral del respeto entre los humanos. Caminamos hacia el olvido del pasado, de la cultura, de los valores, del sufrimiento y tendemos a adoptar la cultura del mercado que cree que todo puede comprarse y venderse. Son.. pocos los que relacionan el actual hundimiento de valores con la amnesia provocada acerca del recuerdo de las víctimas (p.ej. EUA, Bush, Obama). La historia profunda de la especie humana es vulnerable.
Pero los muertos no prescriben. Por mucha tierra que se quiera echar encima, por muchas leyes de amnistía, vuelven y vuelven. El neoliberalismo sabe que quien quiere controlar el futuro tiene que controlar y manipular el pasado en la misma dirección; por eso todos aquéllos que se atrevan a hacer esta interpretación serán tenidos por subversivos y perseguidos. El recuerdo de la muerte, el sufrimiento o el martirio de las víctimas nos permite descubrir las dimensiones sociales y de más allá de la persona. De aquí que intentar rescatar del olvido la historia del sufrimiento humano es un hecho revolucionario.

Alianza y fraternidad en el pueblo  de Israel

Sin embargo todas las tradiciones de los discursos sobre Dios conocen los gritos del sufrimiento, las llamadas de auxilio, como en el pueblo de Israel, en el profetismo. La mística bíblica es una mística del dolor de Dios, del sufrimiento de Dios ante el sufrimiento humano.
La idea bíblica de la Alianza, que significa esperanza y solidaridad hacia el futuro, exige también solidaridad con el pasado, la memoria.
El discurso bíblico sobre el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que es el Dios de Jesús, no es la expresión de un monoteísmo cualquiera, sino de un monoteísmo de un Dios débil y cercano al débil, de un Dios crucificado y de alguien que se siente abandonado de Dios. El monoteísmo bíblico tiene un carácter escatológico que sitúa todos los ámbitos del poder –político, económico, cultural- bajo una reserva escatológica, que relativiza toda absolutización del poder.
Nuestras actitudes frente a los pobres: la gente de la exclusión tiene rostro, historia, vida, alegrías, defectos, dificultades… capacidad de encuentro, de caminar juntos, de hacerse cargo
¿Qué peso ha tenido en la historia la vivencia de este monoteísmo en la comunidad cristiana? ¿Es la comunidad cristiana un grupo sensible al sufrimiento? ¿No han sido acaso las religiones monoteístas –en la ex-Yugoslavia, en Irlanda, en el conflicto Palestino, en el Líbano, en Irak etc.- las que pecan contra este sufrimiento ajeno?

 

4.- LA JUSTICIA Y LA PAZ  DESDE

LA PERSPECTIVA DEL REINO





El “bienaventurados los pobres” y la doctrina social de la Iglesia

Para nuestro mundo autosuficiente y rico, el “bienaventurados los pobres” es un escándalo, es mirar el mundo al revés, un absurdo! Con criterios de este mundo a nadie se le ocurre un sin-sentido semejante. Tiene además muy poco que ver con criterios de justicia o equidad. Porque las bienaventuranzas no son un código de moral, de derechos humanos, no es un mensaje político, no es una doctrina social ni es la Doctrina Social de la Iglesia. Son el anuncio desconcertante del Dios de Jesús: el Reino de los cielos es de los pobres y de las víctimas, eso es todo! Los pobres y víctimas no sólo son personas dignas de misericordia sino, fundamentalmente, son los poseedores del Reino. No por ser mejores que los demás, sino por ser pobres. No es una calificación moral sino un contenido de revelación. Ante semejante incongruencia, poco podemos decir, simplemente aceptar.
¿Porqué precisamente los pobres son los preferidos de Padre? No sabemos, no hay ninguna razón-racional. El Dios en el que hemos creído ama los últimos, es Padre. Jesús no anuncia a un Dios monarca absoluto sino un Dios padre-madre, fiel y tierno que como todo padre-madre ama, naturalmente, a los más desprotegidos. Éste es el Dios que los pobres entienden como suyo. Se trata de un mensaje esencialmente profético.
Los oídos bienpensantes querrían que el Reino de los cielos fuera algo más manipulable, más comprensible, más de acorde con la ética natural, con criterios de justicia. Pero proclamar bienaventurados a los insignificantes es un escándalo. Y este Reino de Dios no empieza en un «más allá» sino ya que ya empezó en Jesús, como un marginado más entre los marginados. Su aparición y su vida y su muerte no ha significado más progreso material o más desarrollo económico sino la conciencia -tan poco y tanto!- que Dios está sobre todo con los y las que todo el mundo rechaza.
Igual que con la Fe, podemos preguntarnos ¿de que “sirven” las Bienaventuranzas? y también responderíamos que «sirven» de. .poca cosa. Son más, demasiado importantes para «servir» de nada. El mensaje cristiano no “sirve” para ninguna política concreta desde el poder ni para legitimar ninguna actuación de Imperio cristiano «mi Reino no es de este mundo», pero inevitablemente tiene implicaciones políticas. Es un mensaje trascendente, de futuro, del Reino. Obviamente el camino que Jesús señala para alcanzar este Reino es su continuada insistencia de amor a los pobres, de ayuda al necesitado, la visión crítica de las actuaciones del poder, etc. solemnemente explicado en la parábola del juicio final de Mateo 25. Pero Mateo 25 es un mensaje moral, comprensible desde la moral natural. Las bienaventuranzas, en cambio, desde la moral natural rompen toda lógica, son un mensaje profético, de Fe.

El “bienaventurados los pacíficos” y la construcción civil de una cultura de paz

De igual manera tiene muy poco que ver el “bienaventurados los pacíficos” con la doctrina de la Iglesia acerca de la paz y la guerra. Además a lo largo de la historia en este campo la Iglesia ha mantenido posturas contradictorias. A partir del siglo IV poder político e Iglesia se dan soporte y legitiman mutuamente sus opciones, incluso militares. Las guerras quedaban justificadas como si fueran conflictos en defensa de la Fe. Espada y cruz por desgracia irán juntas durante muchos siglos. En los últimos tiempos, la Iglesia intenta limitar, según criterios de moral natural el uso de las armas pero haciéndolo no hace más que aceptar y justificar la guerra. Es prisionera de otros pactos que la condicionan. Hará llamamientos genéricos a la paz sin pronunciarse claramente contra la guerra; intercederá por una conducción “justa” de la guerra y según una teología que nace y justifica el poder: la teoría del mal menor, de la Guerra Justa, de la Guerra en defensa propia etc. Por desgracia, por ejemplo, la Iglesia justificó el colonialismo, las guerras imperialistas, legitimó las armas, bendijo ejércitos, proclamó “cruzada” la guerra civil española, etc.
Incluso ante el cambio cualitativo en capacidad de muerte y destrucción que supuso la era atómica y la aparición de las armas de destrucción masiva, Pío XII quedó dramáticamente prisionero de un cuadro teológico y político dominado por la guerra fría. Quiere dibujar un nuevo orden mundial fundamentado sobre la Ley de Dios. Este nuevo orden es sostenido por Occidente y tiene a Oriente -la Unión Soviética- como principal enemigo. Y obviamente la Iglesia confía en Occidente. Los enemigos de este orden lo serán también de la Iglesia, y serán condenados por todos los medios, impidiendo incluso sus parciales victorias políticas o sociales que proponían mejorar las condiciones de vida del pueblo.
Pero el mensaje de Juan XXIII en la “Pacem in Terris” de 1963 dio un giro de 180º a los 1500 años de Teología de la Guerra Justa. Juan XXIII abandona para siempre los capítulos de la Teología moral o de la Doctrina Social. En la “Pacem in Terris” la Paz se convierte en un lugar decisivo de la confesión de la Fe y es concebida como un bien absoluto e indivisible y que en sí mismo contiene toda la unidad y radicalidad del Evangelio. No hay Guerra Justa. Guerra y Justicia son términos antitéticos. La guerra, toda guerra, es antievangelio, ninguna es justificable desde la fe. Ni las que violan el Derecho Internacional, ni las avaladas por alguna organización internacional o por la misma ONU.
Por desgracia el Concilio, después del paréntesis profético de la Pacem in Terris, en la Gaudium et Spes vuelve a sentirse deudor del Occidente, de su política y de sus armas y ejércitos. No habla de Guerra Justa pero sí de la Guerra en legítima defensa, lo cual significaba resucitar la Teología de la Guerra. Podemos buscar razones históricas atenuantes: que estábamos en plena guerra fría, la guerra del Vietnam, estaba en ebullición del proceso de descolonización etc., pero fue un retroceso doctrinal sin paliativos que frustró las esperanzas del pacifismo, tanto el laico como el creyente.
Debemos aceptar que lo que Juan XXIII había indicado proféticamente, que toda guerra es antievangelio, independientemente del juicio que pueda merecer desde la política o moral natural, es asimilado por la conciencia eclesial más lentamente de lo que desearíamos. Para acabar de remachar la frustración, el famoso Catecismo de la Iglesia Católica de 1992, obra especialmente del cardenal Ratzinger, reafirma la teología de siempre: guerra justa y en legítima defensa, introduciendo un nuevo elemento de confusión: la posibilidad de ingerencia humanitaria (lo que en aquél momento estaba haciendo la ONU en Kosowo).
El único camino del cristiano es la profecía, proclamar el juicio de Dios a favor de toda vida. Sólo así el cristiano podrá proclamar el misterio desarmado de la palabra de Dios, hermano de todos. La Paz, los pobres y las víctimas están en el centro mismo del misterio de Jesús, pobre, pacífico y víctima. El “bienaventurados los pacíficos” tampoco es un juicio moral. Se trata de una proclamación profética del Reino.

La fraternidad cristiana es memoria y promesa

En contacto con la cultura greco-romana el cristianismo, que había aparecido desde la perspectiva del pobre, se transformó en. un cristianismo desde la perspectiva del poder. Esta transformación no sólo afectó sus relaciones políticas con las instituciones de poder sino, sobre todo, a la misma concepción del misterio y de la Fe. Se aceptó el Imperio como molde político y se inició una simbiosis entre imperio y cristianismo, de manera que se confunde la rápida construcción política del Imperio cristiano con la justificación teológica del cristianismo imperial. Se trata de la divinización teológica del poder, en la antítesis de las bienaventuranzas que significa la divinización teológica de los pobres.
En lugar de seguir anunciando el escándalo de las bienaventuranzas como utopía del Reino de Dios, el mensaje utópico y profético se diluyó rápidamente, e igual que en el AT, a partir del mismo siglo IV surgieron grupos que huyeron de esta politización de la Fe. Algunos se retiraron hacia el desierto como los antiguos esenios. Otros, más adelante, en nombre de la tradición, denunciaron la corrupción del mensaje. Muchos, acusados de herejía, dieron la vida por ello. En su mayor parte las herejías medievales fueron la expresión de un cristianismo de marginados, rebeldes y excluidos, y por ello objeto de especial vigilancia por parte de la autoridad eclesiástica. No por posibles desviaciones doctrinales sino por su proximidad a la radicalidad del mesianismo o profetismo. No se trataba de grupos o personas que perdieran la fe, sino todo lo contrario, de creyentes fervientes y apasionados, pero anticlericales y antijerárquicos que viven una especie de religiosidad autogestionaria de contacto directo con Dios y que no cuenta con la mediación eclesiástica, decididos partidarios de la pobreza voluntaria reclamando su fidelidad de la vuela a los orígenes fundantes.
Afortunadamente la laicidad y mayoría de edad de nuestro mundo hará que las instituciones eclesiásticas, y en especial la religión cristiana, vayan perdiendo notoriedad e influencia. Los creyentes podremos escuchar con mayor nitidez el llamamiento a la Vida y a la Paz que Dios dirige a cada uno de nosotros. Esta será una de nuestras señas de identidad y uno de los motivos de resistencia y a actuar, paradójicamente, según el «realismo evangélico». Dios habla a través del grito silencioso de las víctimas. Escuchar, dar a conocer, acompañar a las víctimas es un acto de resistencia y una de las fuentes de la fuerza necesaria para resistir porque es escuchar, dar a conocer y acompañar al mismo Jesús. Monseñor Claverie, obispo de Oran y mártir, en el momento decisivo en el que los cristianos tenían que decidir quedarse en Argelia o marcharse, en una memorable homilía decía «es el momento de quedarse, aunque solo sea para estar en silencio junto a la cama de los que amamos: un sencillo ofrecimiento de estar a su lado, para estar cerca del que sufre, aunque sólo sea para cogerle la mano. Éste tendría que ser nuestro compromiso de amar gratuitamente... los cálculos demasiado humanos pueden pervertir el sentido espiritual de nuestras acciones. La Iglesia no está en el mundo para conquistarlo y ni siquiera para salvarse con sus bienes y personas. La Iglesia está, como Jesús, atada a la humanidad sufriente, hermana de cualquier víctima».




5.- LO MEJOR DE LA RELIGIÓN ES QUE

PROVOCA HEREJES (Ernst Bloch)



Subversión y herejía,
o la difícil lucha por la fraternidad.


Un posible hilo conductor para comprender la historia es leerla a partir de estos buscadores de nuevas tierras prometidas, creadores de fraternidades que empeñaron su vida al servicio de un mundo mejor. Los hay en todas las formaciones sociales. Viven su compromiso como la exigencia y entrega a una causa que sienten como absoluta. Para ellos el camino hacia esta tierra prometida supone un duro “paso del desierto” porque casi todos fueron considerados subversivos, quebrantadores del orden, disidentes, herejes. Fustigan tanto a las autoridades en tanto que responsables del mal como al pueblo por sus infidelidades, y son rechazados por ambos. Así fueron condenados los profetas de Israel y acostumbran a ser condenados los profetas de hoy. Sin embargo aunque no hay una tierra prometida definitiva, son creadores de esperanza. Censurando el presente anuncian un futuro mejor y en esta confrontación ponen de manifiesto la dialéctica entre sistema-antisistema, institución-protesta, poder-fe, político-profeta.
La mayoría tuvo que escoger entre obediencia a la norma u obediencia a la conciencia. Obedecer a la conciencia exige convencimiento y una total libertad y pobreza porque quien lo hace sabe que deberá asumir graves consecuencias sociológicas y psicológicas, soledad, aislamiento, descrédito, vivir en el ostracismo, quizá ponga en riesgo su propia vida. Antígona sabe que enterrando a su hermano desata la ira de Creonte, y debe escoger entre la piedad y el orden. Sócrates es acusado de desacato a los dioses. Los dos serán condenados. En ocasiones, más que el hecho en sí, lo que se condena es el quebrantamiento del orden por su valor simbólico. En la República de Platón el innovador será reprobado y quien rompa o añada una cuerda a la lira será desterrado. Así también en Jesús porque pone. por delante el valor del hermano que el valor de la ley. Proclamando que “el hombre no se ha hecho para el sábado sino el sábado para el hombre”, Jesús asume las consecuencias de su enfrentamiento con el poder.
La mayoría de las veces el disidente no alcanza a ver el resultado de su sacrificio. Pero si Espartaco y los miles de esclavos que fueron. crucificados con él 70 años antes de Jesucristo no hubieran existido quizá estaríamos todavía en la esclavitud… sin las revoluciones de los pobres en la Edad Media, sin los libertadores de las colonias, sin fray Bartolomé de las Casas, sin tanto sufrimiento obrero, sin la resistencia en Irak… Además con suerte la historia recuerda sólo el nombre de los líderes, las mayorías sacrificadas permanecerán en el anonimato.
¿Quién tiene autoridad para condenar? ¿quién crea desorden y quién crea esperanza, el desobediente o el que manda obedecer un orden injusto? ¿En qué objetividad se fundamentan los criterios que condenan a uno y absuelven a otro? Porque muchos de los condenados fueron rehabilitados y otros a punto de ser condenados fueron encumbrados a la cima de los altares. En el palo al que fue atada Juana de Arco, 1431, para ser quemada se describían las causas de su condena: “Jehanne que se hacía llamar virgen: mentirosa, perniciosa, engañadora del pueblo, hechicera, supersticiosa, blasfema de Dios, presuntuosa, descreída de la fe de Jesucristo, jactanciosa, idólatra, cruel, disoluta, invocadora de los demonios, apóstata, cismática y hereje”. Pocos años después es rehabilitada y posteriormente canonizada y nombrada patrona de Francia. San Francisco de Asís estuvo a punto de ser condenado. San Juan de la Cruz fue encarcelado a pan y agua durante siete meses por sus mismos hermanos de congregación. San José de Calasanz, condenado por la inquisición, muere con su orden de los escolapios prohibida por la Santa Sede. La lista de condenas que hoy nos avergüenzan seria inacabable, sobre todo en las organizaciones que dicen representar valores, la iglesia especialmente.
¿Debemos con esto decir que la herejía es un concepto subjetivo elaborado por parte de quien tiene el poder, es decir, que el poder actúa arbitrariamente? No necesariamente, pero hay que destacar la incomodidad que para el poder representan la mayor parte de los movimientos rebeldes. Porque con el tiempo las instituciones tienden a la esclerosis y a convertir la esclerosis en ley, en autoritarismo en lugar de fraternidad. Las cúpulas acostumbran a secuestrar para sí el poder que deberían tener siempre las bases. En ocasiones se plantea como la necesidad de adaptar a las circunstancias el mensaje profético original, pero en otras funciona sólo la lucha por el poder. Entonces el poder no.
declara herejes a los que lo son sino a los que puede o quiere, en parte porque en muchas ocasiones los herejes son las mismas autoridades que están condenando. A diferentes escalas se reproduce el conflicto entre Stalin y Trotsky. Quienes hoy en algunas organizaciones de izquierda proclaman el retorno a los principios fundantes del socialismo son acusados por las. direcciones como perturbadores del orden en la organización. Y el poder condena o amenaza con la condena no sólo a los declarados disidentes sino a todos aquellos que presumiblemente pueden poner en cuestión los intereses del grupo en el poder.

Herejías medievales: retorno a la tradición fundante.

Una de las características que la historiografía atribuye a las herejías medievales (Chénu, Le Goff, G.Duby, Duvignaud, Valdeón) es su reiterada propuesta de retorno a la tradición fundante, y en especial a la pobreza evangélica. Por ejemplo, el movimiento de mendicantes de la Edad Media como fenómeno de extraordinaria vitalidad y ubicuidad en toda Europa, siempre decapitado y siempre renaciente bajo múltiples formas. Todos ellos tienen en común su enfrentamiento a una jerarquía vinculada al poder y defensora de la fe por las armas y fueron mayoritariamente condenados como herejes. Sin embargo hoy debemos agradecerles que escogieran la pobreza y que en un largo período del XII al XIV se enfrentaran incluso a los grandes pontificados como los de Gregorio VII, Inocencio III o Bonifacio VIII e intentaran crear, como Jesús en su momento, espacios de resistencia frente una Jerarquía que actuaba en contra de los principios del evangelio.
Entonces y ahora reivindicar el pasado puede ser lo más revolucionario. Iglesia y colectivos sociales de izquierda saben que ante “el pobre” se juegan su ser o no ser. Pero frente al poder, tanto religioso como civil, los pobres son peligrosos, son incontrolables. No responden a las características que pueda asumir una institución que, aun teniéndolos en cuenta, quiere tener presentes criterios de oportunidad y prudencia, pactos, negociaciones. Pero ni los profetas ni el evangelio aceptaron estas sutiles distinciones. No es tanto un problema doctrinal como ético, no de ortodoxia sino de ortopraxis.
Siempre las expresiones sociales que parten de la fe tienden a ser radicales, no se guían por la oportunidad o moderación porque no se mueven por los criterios de la ética sino por la escatología.

Utopías renacentistas y autonomía de la conciencia individual

Al Renacimiento se le atribuyen los orígenes de la modernidad, el advenimiento de una nueva racionalidad económica –la mercantil- y de una nueva racionalidad política –laica, el Estado-. Se le adjudica la ruptura con el teocentrismo, el inicio de una larga secuencia de. revoluciones científicas y técnicas y una transformación radical de principios éticos. En este contexto surge un género literario situado entre la imaginación y propuestas de cambio, entre la crítica al príncipe y el ofrecimiento de alternativas. Las más conocidas La Utopía de Tomas Moro, La Ciudad del Sol de Tomasso Campanella o La Nueva Atlántida de Francis Bacon. Los autores fueron condenados, Moro fue ejecutado, Campanella pasó veintisiete años en prisión. Las diferencias entre ellas, una defensora de la libertad y otras del orden, se reproducen una y otra vez en todos los intentos de un orden diferente en el mundo.
Todavía en la Europa de los siglos XVI y XVII sigue siendo la biblia, en su intepretación más social e igualitaria el principal “manual revolucionario” que inspiró tanto la libre conciencia individual frente al poder de la institución (protestantismo) como los movimientos más radicales y utópicos. Huss, Savonarola, Lutero, Calvino y tantos otros siguen teniendo a Dios como referencia en sus propuestas de reforma de la Iglesia y la sociedad.
Será, p.ej., la biblia la que inspirará a Thomas Münzer, partiendo de la misma teología luterana, a encabezar una revolución de campesinos y mineros contra Lutero por haber entregado el poder religioso a los príncipes. Puede considerarse la primera revolución social de la Europa moderna. Münzer fue ejecutado por orden de Lutero. De manera parecida ocurrió con el movimiento de los “niveladores” durante la revolución inglesa a mediados del XVII. Winstanley encabezó un movimiento agrario de revolución social contra la propiedad de la tierra bajo el lema que Jesucristo habría sido el primer “nivelador”.
En la misma línea hay que tener presente los movimientos surgidos en Latinoamérica a partir de la conquista. De entre muchas la figura más importante por su constancia en la defensa de la cultura india será la de Bartolomé de las Casas.

Hacia el mundo moderno y utopías sociales

La autonomía de la razón, la nueva ciencia, el secularismo y la laicidad, la conciencia y la proclamación de unos Derechos Humanos inalienables, la democracia, la libertad individual y colectiva etc. han sido conquistas sociales detrás de las cuales hay sufrimiento, condenas y víctimas. En muchas la violencia y abusos empañaron el ideal de los promotores. A menudo los principios quedan esclerotizados y después se condena a otros en nombre de aquellos principios. Por ejemplo, 70 años después de la Revolución Francesa en nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad se aplasta a sangre y fuego la Comuna de París que se guiaba por los mismos principios.
Así ha ocurrido durante este trágico siglo XX con tantas utopías sociales y doctrinas globales de salvación. Marxismo y anarquismo son utopías con propuestas concretas de justicia, igualdad y cooperación, con voluntad de “soñar hacia delante”, son ciencia en el análisis social y son ideología, una fe de transformación social. Demasiado rápidamente se contaminaron de ambición, voluntad de poder y corrupción, propiciaron la represión y crearon los gulags de muerte. Aprender la lección para no repetirla supone recordar los errores pero también los aciertos y no desechar la propuesta por el hecho que algunos la hayan desacreditado. También los cristianos tenemos una larga y desgraciada experiencia de lo que supone la arteriosclerosis en las instituciones religiosas y no por eso hemos dejado de creer.

 

6.- CREYENDO EN EL DIOS DE LA DEBILIDAD

 



No busquemos ya pues el anuncio de la Buena Nueva
a partir de las estructuras o instituciones de poder.

Desde la teología del poder no puede haber fraternidad

En la teología del poder la preocupación por el pobre no desaparecerá pero quedará como planteamientos éticos, de justicia, filosóficos, de humanismo, lejos del mensaje de las Bienaventuranzas. Y en segundo lugar, la salvación del pobre será asunto del poder, no del mismo pobre. Por lo tanto el poder decide. Y normalmente el poder decide a favor del propio poder.
La fraternidad sólo vendrá a partir de los humildes. En las frecuentes conversaciones sobre pobreza y desarrollo demasiado a menudo reducimos el horizonte del debate a la ética. Incluso, a veces, a una ética humanista del sentido común, de vagas declaraciones de bondad. No hablamos del juicio de Dios sobre los poderes y sobre la historia, del Dios que convierte al pobre en el analogado principal. Hablamos de justicia, de libertad o de valores humanos con un lenguaje abstracto que acaba siendo empalagoso. El lenguaje eclesiástico es maestro en esta manera de hablar: quiere contentar a todo el mundo, al que tiene el poder y a la víctima, al pobre y al que tiene dinero, lejos del lenguaje transparente de las Bienaventuranzas.

No hay paz desde la teología del poder

En relación con la Paz, la teología del poder tendrá también estas dos características: cuando la Jerarquía considera que tiene obligación de implicarse en los procesos de la Paz, lo hace desde la convicción del papel social o de mediación que puede ejercer la religión y por lo tanto desde la razón o la lógica de la moral natural, «desde la sabiduría humana y no desde la Cruz de Jesucristo» (I Cor.1,22). Por eso su mensaje no acostumbra a ser percibido como mensaje profético salido del Evangelio, sino como el mensaje de un poder político. La misma Jerarquía, además, acostumbra a poner más confianza en los medios del poder político que en los de los pobres y. desarmados del evangelio.
Se intenta ser protagonista en las relaciones internacionales pero en el fondo hay una gran impotencia e ineficacia. Se proclaman declaraciones abstractas de principios, deseos genéricos de paz pero paralelamente, desde muchas otras complicidades se da apoyo a las acciones de violencia. Queriendo indicar a los estados el camino de la justicia se acepta la lógica de la política de los estados y a menudo también su praxis. El mensaje profético de la Iglesia sólo podrá ser escuchado al precio de ser auténticamente pobre, si previamente ha tomado partido por los débiles.
Cuando los poderosos de este mundo nos halagan, cuando consideran a la Iglesia “autoridad moral”, deberíamos preguntarnos si hemos proclamado el Reino de Dios con bastante claridad, si acaso no nos habrá faltado profecía. Jesús no tuvo autoridad moral ante los poderosos. Se burlaron de él y lo mataron.
Quien entendió la esencia profunda del cristianismo fue Nietzshe -y no Marx ni Hegel ni los ilustrados ni el pensamiento griego-. Comprendió que el mensaje del Dios de Jesús y el espíritu de las Bienaventuranzas era el amor de Dios a los pobres y lo combatió como la religión de los esclavos. Entendió las palabras de Maria «derroca a los poderosos del solio y exalta los humildes, llena de bienes a los pobres y los ricos vuelven sin nada» (Lc. 1,52). Recordamos la diatriba en el Anticristo: «El cristianismo ha extendido el veneno de la doctrina de la igualdad.. ha hecho crecer el odio del pueblo contra nosotros los sabios y aristócratas del pensamiento... el cristianismo es el enemigo de la humanidad». «El Ecce Homo» coronado de espinas y anunciado por Pilato es la antítesis del «Super-Hombre» de la voluntad de poder del hombre sin Dios.

 

7.- CREYENDO EN JESÚS,  HERMANO POBRE



Preguntas previas y fundamentales:
¿Qué conciencia tenia Jesús de sí mismo? ¿Qué significan en él sus contínuas referencias al “Padre”? etc.
Avances en la exégesis bíblica y en la interpetación histórica.
Al margen de estas respuestas, sin embargo, es cierto que:

Jesús se sitúa fuera del sistema

Se hizo amigo de los últimos; se hace presente entre ellos al margen del poder y lo hace con medios pobres, desde una lógica de servicio, contraria a toda lógica guiada sólo por la razón. La referencia humana fundamental de la vida de Jesús son los que viven en el espacio de la penumbra de la historia. Desde el comienzo aparece con un «perfil» especial: es un “ser-para los-pobres” y lo es cumpliendo una misión: «he venido a anunciar la salvación de los pobres», dice en Lucas 4, lo proclama Maria antes de su nacimiento, había sido anunciado a Isaías y lo repite por el Bautista, «será la salvación para los presos» es la señal dada a Juan: «decidle a él que el pobres reciben el anuncio de la Buena Nueva» (Mt.11.5). Así son también las parábolas: la de los vagabundos (Mt.22,10), los pobres, inválidos, ciegos y cojos invitados a la cena (Lc.14,21), el pobre y el rico (Lc.l6,19), la de la viuda y el juez (Lc.18,1), hasta llegar a las ya citadas del 23 y 25 de Mateo, las diatribas contra los poderosos de entonces y la parábola del Juicio Final. Cuando Jesús reiteradamente y en público vulneró la ley y el sábado a favor de los pobres, y a las autoridades políticas y culturales de su momento los insultaba como «hipócritas», «ciegos y guías de ciegos», «sepulcros blanqueados, serpientes, crías de víboras» del terrible Mateo 23, rompió todo comportamiento «políticamente correcto».
Escogió como amigos los proscritos de la sociedad. Sus amistades tienen en común la marginación y la debilidad. Se aparta de los puros y se va con los que están al margen de la ley, con los enfermos y pecadores, el leproso, el paralítico, los endemoniados, los publicanos, las mujeres pecadoras, la samaritana, la adúltera, el elogio de las prostitutas, Magdalena como ejemplo de amor y de. fe, amigo de zelotes y de revolucionarios, de los mal vistos para ser de otras culturas como el samaritano. La lista de los que se le acercan es siempre parecida: los afligidos, con hambre, paralíticos, ciegos, cojos, leprosos, sordos, muertos, presos. No es un cuadro de pobreza idealizada ni pobreza espiritual o moralizante, es la pobreza corporal. No son una especie de espirituales místicos o alienados, son los pobres-pobres.
Es importante ver las razones que lo mueven. Porque no provienen de consideraciones morales, de la voluntad de hacer la revolución o de luchar contra el sistema. No son sólo razones de justicia sino que son, sobretodo, por cumplir la voluntad de Padre. No son razones humanitarias, filosóficas o revolucionarias, no se mueve por imperativos de la razón o por exigencias de ética, sino por encargo de Padre: Jesús viene a cumplir la voluntad de Padre y es el Padre quien le marca las prioridades. Es por la voluntad del Padre que se hace hermano de los marginados. Es el misterio de Dios que ha decidido hacerse presente como Padrenuestro.

Jesús, víctima

Es por voluntad del Padre que rompe la ley y se convierte en subversivo del orden. Por ejemplo, la diferencia entre las razones de la muerte de Jesús y la de Sócrates -educadores, los dos, portadores de un mensaje de justicia y víctimas de juicios inicuos- es que Sócrates, ciudadano ejemplar, acepta la ley. El tribunal se puede haber equivocado, pero se somete y acepta morir. Jesús se rebela. Un pequeño grupo ha hecho la ley a favor suyo y contra la mayoría, los pobres, por lo tanto contra la voluntad de Dios, Padre de todos. Una es muerte por humanismo, la otra es muerte porque el amor de Dios quiere librar a la mayoría de la opresión de una ley que mata. No es tampoco una actitud sacrificial al estilo del relato de Mel Gibson. Jesús muere rebelándose contra la ley por amor a los hombres.

Jesús habla del Reino

Tanto ahora como en el pasado, cristianos de buena fe hemos luchado por la frateridad desde diferentes estrategias, legítimas todas ellas: son las propuestas políticas organizadas como partidos; cada una de ellas se acercará más o menos a lo esencial del mensaje pero ninguna de ellas, ninguna propuesta política concreta puede decir que es, del todo, el único camino acertado porque la fe no es más que una referencia final y las estrategias, caminos o instrumentos pueden ser muy variados.

No son los pobres los que luchan por llegar al Reino sino que es el Reino que se ofrece a los pobres y les dice que Dios es de ellos, que entren, invita a su cena a los que encuentra por las plazas y calles de la ciudad: pobres, inválidos, ciegos y cojos (Lc.14, 21). No son sólo imágenes y palabras. Son hechos, los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen (Mt.11,5). Es un Reino de felicidad para los últimos, para los enfermos y los que están solos, para los Lázaros (Lc.16,19) y que sólo éstos entenderán.

Dicho de otra forma: el pobre real es el referente evangélico necesario y un referente escatológico, de un futuro que cuestiona críticamente cualquier estrategia humana. Moltmann y Metz reiteran que demasiado a menudo las teologías que afirman no tener implicaciones políticas, tienen de hecho alianzas tácticas muy fuertes con los movimientos conservadores. Las Iglesias o comunidades que dicen retirarse hacia la neutralidad normalmente son Iglesias o comunidades muy politizadas.

 

8.- CON EL ESPÍRITU, LA ALEGRÍA  Y LA FUERZA DE LOS QUE  NO TIENEN NADA QUE PERDER.




La lucha por la fraternidad

A menudo la fraternidad nos llevará a asumir posturas radicales, difícilmente comprensibles por el conjunto de la sociedad. Son los consejos de toda madre a su hijo «no te enredes, no seas tan atrevido», «tú solo no harás nada» y que posiblemente también Maria hacía a Jesús. Pero deberíamos preguntarnos si el radical, el que por honestidad tiene prisa por cambiar las cosas sabiendo que será víctima de la sociedad bienpensante, el que por altruismo se sitúa fuera del sistema porque considera el sistema injusto, el extraparlamentario... no estarán más cerca del mensaje radical de Jesús condenando a sus contemporáneos. ¿Quién de nosotros se atrevería, hoy, a hablar el lenguaje de Jeremías o Amós?
El compromiso de la Fe no es deudor de ninguna doctrina humana de liberación: marxismo, liberalismo, democracia cristiana etc. ni con las doctrinas políticas de utilización del poder. Pero tampoco está necesariamente en contra de ellas. No hay ningún instrumento intrínsecamente bueno ni ningún instrumento intrínsecamente malo. El Evangelio sólo proclama: «los pobres son los primeros». Demasiado a menudo la Iglesia ha considerado buena una mediación -p.ej. la escolástica o el aristotelismo- que pasados los años se ha comprobado que dificultaba la comprensión del mensaje. O, al revés, ha condenado algunas mediaciones -p.ej. el marxismo- que con el tiempo han sido asumidas en parte. Demasiado tiempo perdido y sufrimientos causados por cosas secundarias. La Fe nos hace libres para utilizar cualquier instrumento.
Demasiado a menudo los cristianos nos dejamos llevar por una prudencia o cobardía que Jesús no tuvo. Acusamos a los de arriba -autoridades políticas, Jerarquía de la Iglesia, partidos- que son demasiados prudentes o cobardes, pero a menudo eso no es más que la cobardía de cada uno de nosotros. Porque la Jerarquía y el político deberán dar cuenta de su inhibición o cobardía, pero la suya no nos exime de nuestras responsabilidades.
Cuando hablamos de cristianos y política no debemos dejar de hablar de la actividad política de aquellos cristianos más significados públicamente: Jerarquía, obispos, el Papa. Deberíamos librarnos de aquel doble lenguaje que cuando los laicos intervienen en la sociedad hacen política, la Jerarquía se atreve a juzgarlos. Pero cuando interviene la Jerarquía, a su intervención política se llama solicitud pastoral. Todos tenemos en mente la cantidad de veces que la Jerarquía ha intervenido a favor de los poderosos de este mundo. En la conciencia de la sociedad laica moderna y en la de los fieles creyentes, estos hechos pesan más que mil declaraciones sobre la doctrina social de la Iglesia. La actuación política de las más altas jerarquías a menudo contradice las teorías y acciones de las personas más humildes de la sociedad. Los terribles efectos de estas actuaciones en tanto que testimonio anti-evangélico sólo pueden ser contrarrestados por las actuaciones de muchas comunidades y de muchos cristianos de base, muchos de ellos mártires, que a menudo tuvieron como primer adversario político la misma Jerarquía. Cuando hablamos de «el compromiso de la fe del cristiano» debe tenerse presente la adultez del mundo civil y la adultez del mundo cristiano, también dentro de la Iglesia.
Desde la política y desde la profecía
La acción inmediata es la acción política. La voluntad de mirar el futuro y en profundidad, lo que da sentido a la acción política, es la acción profética. Se alimentan mutuamente. La acción profética se propone mantener el sentido de los valores absolutos y confirmar, sin dudas y probablemente también sin prudencia, la fidelidad a los principios. Busca la calidad de la acción más que la cantidad, la solidez del resultado más que su visibilidad. Su peligro es despreciar los medios cotidianos a través de los cuales, paso a paso, la profecía se concreta en acciones de transformación, en política. Los dos tipos de acción son igualmente necesarios, pero tienen funcionamientos diferentes. La política sin profetismo queda prisionera de sí misma y de la inmediatez, pero la profecía que no concreta, que no transforma lo inmediato, que no se mide con la historia, se convierte en meros gestos vacíos.
La profecía se expresa a través de palabras y gestos. El gesto profético no entra en cálculos tácticos, rompe esquemas, sorprende la imaginación. No se organiza, nace de un llamamiento profundo y no se alimenta de un vago entusiasmo o imitando otro gesto profético. No tiene que preocuparse de influir en las situaciones porque es el reclamo de un llamamiento interior, de una urgencia que rompe los límites de lo inmediato, que trasciende la lógica del conflicto concreto para situarse en otro nivel. Necesita la acción organizada y quiere concreciones, pero su urgencia no es preocuparse de los efectos inmediatos, sino abrir nuevos caminos. Juzga el realismo político y las estrategias, obliga a repensar. en.términos nuevos las palabras de siempre. Los resultados, si se producen, vendrán por sí solos porque son imprevisibles. Y a menudo, ya antes de saberse los resultados, los hechos y sus protagonistas son acusados de extravagantes o insensatos.
Una de las características más interesantes de la profecía es que critica el presente y anuncia el futuro en función de la fidelidad al pasado, del retorno a la tradición original. Los profetas criticaban que para obedecer la Ley se olvidaran de Dios. Las herejías medievales se oponían a la Iglesia vinculada al Imperio exigiendo retornar al espíritu de pobreza original. Los que se opusieron a Stalin denunciaban el genocidio en función del sentido original y fraternal del comunismo. En estas circunstancias la ruptura entre institución y profetismo es inevitable porque el profetismo pone sobre la mesa y en primer término la fidelidad. El sistema se defenderá negando las acusaciones del profeta y lo condenará al descrédito, al ostracismo o a la muerte.
El gesto profético se acompaña de sentimientos proféticos, sentimientos fuertes alimentados desde una fuerza espiritual que viene de la pasión por el absoluto, en las antípodas de lo que hoy llamamos pensamiento débil. El pensamiento débil sueña emociones y sentimentalismo. El de pensamiento débil «siente» horror, miedo o compasión, pero no va hacia el compromiso. Buena parte de la técnica informativa de la TV lleva al pensamiento débil: las imágenes escalofriantes provocan emociones cada vez más fuertes e insoportables sin impulsar al compromiso. El sentimiento profético pretende sustituir la resignación por lucha, mira hacia el futuro, deja a un lado las pequeñas exigencias personales de comodidad, riqueza o seguridad y se mide a sí mismo con las grandes cuestiones de justicia o del derecho del otro. No cuenta ya mi vida o mi muerte, no cuento yo, no cuenta mi fortuna o mi desgracia, no cuenta mi miedo, sino que cuenta la injusticia que se hace al otro y mi solidaridad fraterna con él.
Sin sentimiento profético la gestión política es sólo una suma de intereses corporativos. Por eso la acción política, si quiere ser eficaz, debe tener valores y mística y exigencia con los que se comprometan. El político revolucionario debe gestionar bien y para el bien de todos la parte de sistema que el sistema le haya confiado, pero tiene que dar también inequívocas señales de estar contra el sistema que está gestionando. Intentar cambiar el sistema para favorecer a las mayorías pobres, y esto implicará necesariamente sacrificio y riesgo.



Conclusión. Los incansables

A pesar de la aparente atonía en el mundo actual, sigue viva la veta utópica escondida de la historia de la que surgen continuamente nuevos movimientos, colectivos que responden a los nuevos problemas de manera alternativa y en todas sus variantes, superando antiguas divisiones ideológicas o confesionales: pacifismo, antiglobalización, solidaridad internacional, feminismo, ecologismo, indigenismo, acogida al inmigrante, contra la droga, movimiento okupa, comunidades de base, colectivos de dialogo interreligioso etc, que proclaman con sus vida que otro mundo no sólo es posible sino que existe. Ellos son en parte nuestros profetas de hoy.
No hay nada tan reaccionario como creer que “no hay nada que hacer”. La realidad no se agota en aquello que vemos, actúa más allá de los sueños que soñamos despiertos, son los sueños que penetran la vida aunque no los veamos. Lo querido utópicamente dirige todos los movimientos de la libertad. Por otra parte lo nuevo no es nunca del todo nuevo. Siempre hubo alguien que lo había intentado antes en la misma dirección.
Finalmente, sabemos que siempre permaneceremos en el exilio porque la realidad conquistada nunca se conformará a nuestros deseos. Estemos donde estemos, estaremos siempre en el destierro, en Egipto. Siempre habrá un lugar mejor que el presente, una tierra prometida mejor para la que trabajar y esperar con esperanza activa, espacios donde crear y recuperar la fraternidad.




 

 

 



Ponencia de Jaume Botey Vallès. en la Semana Andaluza
de Teología
el 21 noviembre del 2008











 

 

 

Jaume Botey Vallès nació en Barcelona en 1940. Este cura obrero secularizado, inició su apostolado en el Camp de la Bota para trasladarse después al barrio Can Serra del Hospitalet, donde conocería a la que hoy es su esposa, Pilar Massana. Licenciado en Historia y Filosofía es doctor en Antropología y se vinculó a Cristianos por el Socialismo. Actualmente es profesor en la UAB.Dirigió la cooperativa de disminidos psíquicos l Olivera, en Vallbona de les Monges, que elabora un vino de calidad con la demoninación de origen Costers del Segre. Los que le conocen dicen que es introvertido y de unos principios ideológicos inalterables. Es autor de numerosos libros sobre sociología, con la inmigración como base fundamental de sus investigaciones.