«LA LUZ DE LLUM»

Deme Orte

 
 

Llum García Irles era ( y es, de otro modo) una encantadora chica de 24 años.. Hace tres años, cuando era estudiante de Ciencias Ambientales en la Universidad Miguel Hernández de Elche, le diagnosticaron un cáncer avanzado en un riñón. En el hospital la operaron y los médicos le comunicaron que no existía más tratamiento para ese tipo de cáncer, al no ser quimio ni radiosensible. Posteriormente le detectaron cuatro metástasis en ambos pulmones. Llegó un momento en que los mismos médicos le pronosticaban meses de vida y le propusieron tratamiento con medicamentos paliativos, que ella decidió no tomar, porque, si bien previsiblemente alargarían unos pocos meses el proceso, comportaban una disminución de su calidad de vida desde el comienzo, debido a sus efectos secundarios.

Llum se encargó de buscar por su cuenta para intentar encontrar posibles soluciones alternativas: internet, jornadas sobre terapias alternativas, medicina naturista, bioenergética.... Se acercó a las tendencias espirituales orientales, como la meditación budista, orientaciones de una maestra espiritual india... Quiso vivir su vida a fondo. Ella no se arredró. Muy consciente de su enfermedad y con mucha información sobre las posibilidades pronosticadas, optó decididamente por pensar en positivo y vivir su vida, la que le quedara, intensamente, y procurar ser feliz no sólo a pesar de su enfermedad, sino viviéndola. Solía decir que gracias al cáncer había aprendido a vivir de verdad. Siguió estudiando hasta terminar la carrera, participó en muchos encuentros con gente muy variada, hizo muchos amigos nuevos y continuó con los que ya tenía, viajó a donde le apeteció y pudo; se fue un tiempo de la casa materna, iba y venía... Los mismos médicos quedaban desconcertados: sus tumores de pulmón no solo pararon de crecer una buena temporada, sino que alguno hasta parecía haber desaparecido.

En su juventud, era impresionante la lucidez y la madurez con que vivió su enfermedad. Desde el primer momento transmitía optimismo, paz, ánimos a su alrededor.. Hizo amistades en el hospital y fuera.

Hace unos meses se le detectó una metástasis cerebral que parecía fulminante. Se operó del tumor y contra todo pronóstico se recuperó. Ella siguió su vida, consciente de que podía ser breve pero que había de ser la suya. Prefería vivir hasta los 24 años como ella quería que hasta los 80 como le marcaran. Aún viajó a Barcelona, a la consulta de una terapeuta, y a Granada, a cambiar de aires y a participar en un curso en el centro budista de la Alpujarra, donde hizo buenos amigos.

Recientemente se le repitió el tumor cerebral. Hasta el último momento mantuvo la sonrisa en sus labios, dando ánimos a su madre y a quienes le rodeaban. En los últimos dos días, se fue desconectando de su cuerpo, que no le respondía ya a las muestras de cariño que quería expresar. Pero mantenía su lucidez y entereza ante la muerte cercana.

Pero antes dejó bien claro que, llegado el momento, no quería un funeral con coronas de flores ni sala de tanatorio, ni ataúd y llantos ni oraciones de responso. Quería una fiesta de despedida en la que hubiera sonrisas, música, canciones, poemas, palabras espontáneas y serenidad. Unos días antes dejó escrito este poema de agradecimiento: su testamento vital.

   

Y así fue: su madre, junto con los amigos y amigas más cercanas a Llum en todo su proceso, prepararon una fiesta en su casa, en el campo. Llum no estaba en el ataúd, sino acostada en su cama, con velas y flores como solía, con la guitarra al lado y sus cuadros y fotos preferidas. La compañera que presentó el acto recordó el deseo de Llum y reclamó sonrisas en las personas presentes: «¡que se vean!» Un amigo de Llum cantó dos de las canciones preferidas que muchas veces habían cantado juntos. Una de ellas, «Polvo de estrellas» de Jorge Drexler, reflejaba bien el sentido de trascendencia que vivía Llum. Otro amigo, con música de flauta travesera acompañando, leyó el poema que Llum dejó escrito: «Gracias a la vida, a la enfermedad, a la muerte...» Otro amigo (yo) leyó un poema sobre la vida y la muerte no como tragedias sino como retos o pulso en que la muerte gana una vez pero la vida muchas. Hubo palabras de su madre. Hubo aplausos, lágrimas de pena y alegría. Hubo incluso un piscolabis como pequeña fiesta de compartir. Fue una fiesta de despedida, no un duelo; con dolor, pero con un mensaje vitalista de Llum. Muchas personas muy variadas de procedencias y de creencias: cristianas de diversas tendencias, budistas, musulmanas, agnósticas o ateas. Todas compartían la amistad y el recuerdo cariñoso de Llum.

Llum no está pero nos queda su luz. La luz de sus ojos vivarachos, la luz de su sonrisa, la luz de su lucidez frente a la vida, a la enfermedad y a la muerte, la luz de su ánimo vitalista, jovial, valiente e incansable, la luz de la madurez de sus 24 años, la luz de su entereza, la luz de su sentido peculiar de la trascendencia. Llum sigue viva. ¡Vive! ¡Viva!

 

 

 

VIDA Y MUERTE.

 

Hoy la muerte ha ganado la partida.

Y nos deja heridos de muerte a quienes seguimos vivos.

Pero esta herida se resiste a conformarse.

Sí. Sabemos que todos y todas hemos de morir.

Vivimos la vida siempre amenazada de muerte.

Hay quien dice que vivimos para morir.

Pero otros decimos que vivimos para vivir,

y que morir, morimos, pero morimos para vivir.

En este pulso permanente entre vida y muerte,

hoy la muerte ha ganado la partida

(reconozcámoslo deportivamente),

pero sólo una vez, sólo que es la última.

Cada día y a cada instante la vida vence a la muerte;

en cualquier momento podemos morir, pero vivimos,

ganamos muchas veces a la muerte, cada día;

(Llum ha ganado muchas partidas a la muerte,

viviendo intensamente, viviendo la vida contra pronósticos);

ella ( la parca) sólo una vez, inexorable.

La vida está amenazada de muerte,

pero la muerte está amenazada de vida:

A su pesar seguiremos viviendo y luchando por la vida,

luchando por una vida digna y por una muerte digna.

La vida es débil. La muerte es fuerte.

Pero el amor es más fuerte que la muerte.

La muerte puede matar la vida, pero no el amor.

Hay vidas, que, por amor, vencen la muerte.

Hay muertes, que, por amor, dan vida.

Hay amores tan vivos que nunca mueren.

Más acá de la muerte está la vida.

Por encima de la muerte está la vida.

La muerte tiene una palabra, sí, y parece la última, pero no.

La última palabra es la primera,

una palabra de amor que engendra vida.

Unas personas lo llaman Dios, otras Vida, otras Amor.

Da igual. Son lo mismo.

Hoy, Llum, pasada la última palabra de la muerte,

Vives la primera palabra de la Vida:

¡Vives! Vives ya sin amenaza de muerte.

¡Vives!

Deme Orte (19 Octubre 2008)

 

 
 
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ASOCIACIÓN PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
 

ADIM

 
  La Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid ha nacido estrechamente vinculada a tres acontecimientos de gran relieve que han marcado profundamente su identidad y sus primeros pasos: la denuncia de la invasión de Irak, la inspiración y aliento recibidos del IV Parlamento de las Religiones del Mundo en Barcelona, y, de un modo especial, el apoyo a las víctimas del 11 de marzo en Madrid.

La formamos personas vinculadas a diferentes tradiciones religiosas y espirituales y a colectivos culturales y sociales interesados por el fenómeno religioso en nuestra sociedad.

Estamos convencidos de que en un tiempo de pluralismo religioso y cultural como el nuestro, el diálogo entre las diferentes tradiciones religiosas y espirituales constituye no sólo un valor en sí y un cambio profundo en las relaciones mutuas entre dichas tradiciones, sino que también – lo que no es menos importante- parece ser un factor decisivo para el establecimiento de una convivencia social justa y pacífica.

En este sentido nos hemos dado unas "líneas de acción" para dar contenido y tareas específicas al diálogo interreligioso e intercultural. Su desarrollo aparece en nuestros estatutos, artículo 2, bajo el epígrafe Fines: "El compromiso por la paz" desde el diálogo, la negociación y la noviolencia activa; "la opción por las víctimas y excluidos" desde una perspectiva liberadora; la apuesta por "una espiritualidad interreligiosa" que valore como riqueza la pluralidad de las tradiciones espirituales; la recuperación de las "tradiciones emancipatorias" inherentes a las religiones y a los humanismos capaces de aportar alternativas a los deterioros de la vida ecológica y social; la denuncia de los "fundamentalismos" y "la defensa alternativa de la democracia y de los derechos humanos" tanto en la sociedad como en el seno de las tradiciones religiosas…"