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LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
n apretada síntesis, la Psicología Transpersonal incluye las ideas
esenciales de una «cuarta vía» en el discurrir de la Psicología.
1. En primer lugar, el término «transpersonal» se desglosa en el
prefijo «trans» que indica «más allá» y el sustantivo «persona» o
ego condicionado; con lo cual el vocablo recompuesto nos señala lo
que está más allá de la persona. El psiquiatra Assagioli, que fue
uno de los primeros en utilizar esta denominación, lo propuso en
sustitución de «espiritual», que tiene la misma significación, para
eludir las connotaciones negativas que conlleva, en nuestra cultura,
lo espiritual. En este sentido, transpersonal indica el nivel que se
alcanza por medio del desarrollo espiritual, y consiste en
trascender la identificación con el cuerpo y la mente, para alcanzar
un nivel de conciencia más elevado
2. Hay que señalar, de paso, que la Psicología transpersonal no
excluye las tres escuelas precedentes, sino que presenta un modelo
integrador que, teniendo en cuenta las aportaciones anteriores,
incorpora la dimensión espiritual y conceptualiza al ser humano como
«una unidad cuerpo-mente-energía-espíritu». De esta forma asume el
principio filosófico de Heidegger de que todo ser humano encarna por
naturaleza un proyecto trascendente y que este proyecto puede
adquirir un aspecto existencial, religioso o espiritual.
3. Se propone como objeto de estudio los estados modificados de
conciencia. Es decir, trata de aquellos estados o episodios,
diferentes de la conciencia ordinaria, en los que la mente cambia su
modo de funcionamiento habitual de vigilia y, aunque sean momentos
fugaces, tienen un extraordinario potencial transformador. Para
quienes experimentan tales vivencias la vida adquiere un sentido más
pleno, luminoso y esperanzador.
4. Considera Las posibilidades evolutivas de la conciencia humana.
La constatación de la realidad de los estados no ordinarios de
conciencia hizo evidente que la conciencia humana no constituye un
fenómeno estático sino un proceso dinámico en permanente
transformación. En esta consideración se postula que la conciencia
ordinaria de vigilia no es sino un nivel a partir del cual la
persona puede expe-rimentar otros niveles superiores que le
descubren horizontes inéditos de la realidad.
5. Hace objeto de su estudio «El anhelo de sentido y trascendencia».
Como dijo una vez el poeta mexicano y premio Nóbel de Literatura
(1990) Octavio Paz «el hombre tiene nostalgia de infinito». Esta
nostalgia, aunque velada, ordinariamente, por las urgencias
naturales impuestas por la existencia cotidiana, pero sobre todo por
el desenfreno materialista de la vida moderna, siempre permanece
como un anhelo inconsciente que suele manifestar como religioso,
búsqueda de sentido, pretensión inconsciente de trascendencia, amor
altruista, apertura a lo sublime de la naturaleza, del arte...etc.
6. Incorpora, como un elemento constitutivo, «La dimensión
espiritual del ser humano»
7. Un enfoque diferente de la patología. Lo que diferencia,
radicalmente, a la psicoterapia transpersonal de las tradicionales,
sean de corte conductista, psicoanalítico o humanista, es el modelo
de la psique humana que reconoce la importancia de las dimensiones
espirituales o cósmicas y el potencial evolutivo de la conciencia.
En este nuevo paradigma, ciertas perturba-ciones mentales
calificadas por la psiquiatría oficial como trastornos psicóticos,
trastornos del estado de ánimo, etc. pueden entenderse, de manera
más apropiada, como crisis espirituales, dotados de un potencial de
crecimiento y transformación de la personalidad.
8. Una última característica la podemos ver como un puente tendido
hacia las profundas intuiciones de las psicologías orientales. Las
grandes escuelas de la psicología occidental, salvo raras
excepciones, había desdeñado a las filosofías orientales por
considerarlas acientíficas. Con el advenimiento de la psicología
transpersonal se inicia una apertura hacia las enseñanzas milenarias
que han enriquecido la visión occidental sobre la estructura y
funcionamiento de la mente. Las grandes tradiciones místicas
orientales como el Hinduismo, el Budismo, el Taoísmo, el Zen o la
tradición Sufí, han aportado al acerbo psicológico conceptos tales
como «niveles de conciencia», «disolución de la identi-dad», «maya o
ilusión», «unidad cósmica», «trascendencia», etc.
Quiero recordar la estremecedora historia de amor y búsqueda
espiritual narrada en «Gracia y coraje» de Treya Killam y Ken Wilber.
«Gracia» y «Coraje», sugeridoras expresiones del bagaje que
necesitamos para el viaje hacia lo transpersonal:
+La Gracia está siempre en nosotros: «la Gracia está en él todo el
tiempo. La Gracia es el Ser. No es algo que haya que adquirir. Lo
único que hace falta es reconocer su existencia».
+Pero necesitamos investirnos de coraje, que es «impetuosa decisión
y esfuerzo de ánimo y valor», para iniciar el camino hacia el
encuentro de nuestra mismidad luminosa.
«Es una conmovedora historia de amor y una viva fuente de
inspiración para quienes se encuentran recorriendo un camino
espiritual o se hallan en la busca de sí mismos; un testimonio de
cómo la trascendencia se hace real y se encarna día a día en unas
personas de este mundo, de este tiempo, llenando de sentido sus
vida; y una llamada a la esperanza ante el desafio de la vida y de
la muerte».
«Esta es la historia hasta hoy: tras miles de millones de años de
evolución ha surgido en el planeta Tierra una criatura consciente de
sí misma, una criatura capaz de reflexionar sobre su propia
existencia, una criatura que puede pensar, razonar y sacar sus
propias conclusiones acerca del Universo en el que se encuentra. Y
esa criatura somos nosotros». (Peter Russell. El Agujero blanco en
el tiempo. Claves para el despertar de la conciencia global)
LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
i hasta ahora nos hemos podido manejar, en las dimensiones física y
psíquica, dentro de la evidencia, es decir, con la certeza clara y
manifiesta de la que no se puede dudar, en el tema de la
espiritualidad, en cambio, nos adentramos en un ámbito diferente,
sin asidero en datos materiales, empíricos científicamente
experimentables y, por lo tanto, objeto de la especulación
metafísica. Para no enredarnos en una discusión filosófica,
improcedente de un texto como el presente que pretende ser práctico,
seguiré fiel a la perspectiva de la Psicología Transpersonal. Víktor
Frank autor de referencia en lo que voy diciendo, afirma sin ambages
que «la espiritualidad es la verdadera dimensión del ser huma-no».
Etimológicamente, el término proviene del griego «nóos» que, en el
diccionario griego — español de José M. Pabón, tiene el significado
de inteligencia, espíritu, que son nuestras señas de identidad
idiosincrásica y que implica un salto evolutivo sin parangón desde
la materia, desde la naturaleza animal hasta constituir algo tan
extraordinario como un ser multidimensional, dotado de
autoconciencia, responsabilidad, libertad. Es preciso enfatizar que
la espiritualidad es el fenómeno humano por excelencia, porque
estamos en un mundo materialista que nos aboca, sin remedio, a la
infelicidad, la frustración, al vacío existencial, a la
autodestrucción personal y hasta provocar la completa devastación de
«Gaia», término que utilizaban los griegos para nombrar la Tierra
(James Lovelock, Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra),
y que sólo el despertar espiritual nos hará recuperar el verdadero
camino para completar nuestra evolución hacia el Ser integral.
Para la Logoterapia, modalidad psicoterapéutica creada por Viktor
Frank, el verbo adecuado para hablar de espiritualidad es el verbo
ser, y no el tener, entendiendo por espiritualidad la dimensión en
la cual ocurren los protofenómenos (de «protos» , anterior a y
«fenómeno», lo que se percibe por los sentidos), es decir, son
manifestaciones propias del espíritu y no responden a fenómeno
anterior y pertenecen al plano existencial: libertad,
responsabilidad, consciencia, creación artística, religiosidad,
sentimiento ético, comprensión del valor, el amor, etc. Esta
condición exclusiva del ser humano nos permite:
a) El autodistanciamiento o la posibilidad de distanciarse de sí
mismo, convertirse en observador de los propios pensamientos,
sentimientos o conductas; separarse mental-mente de una situación,
unas circunstancias o determinadas de los condicionamientos.
b) La autotrascendencia:. Es la aptitud de elevarse por encima de sí
mismo hacia algo superior más allá a aquello que está más allá de
los límites naturales; acceder al mundo numinoso de lo divino; pero
también el poder superar el cerco asfixiante del ego-centrismo para
entregarse generosamente, por amor o por altruismo a una persona o a
una causa noble. «Sumergiéndonos en el trabajo o en el amor, nos
estamos transcendiendo y, por tanto, nos estamos realizando a
nosotros mismos», dirá el autor en su libro «El hombre doliente».
En resumen, para Víktor Frank la dimensión Noética o Espiritual es
la característica primaria y fundamental del ser humano que permea o
penetra y da vida a todo el organismo e, insiste, no tiene un
significado religioso.
Hasta aquí hemos estado considerando la dimensión espiritual,
constitutivo integral del ser humano, emancipada de la religión,
aunque no en contraposición con ella. Se trata simplemente de una
dimensión desligada de lo que solemos llamar religiosidad y que
fundamenta una espiritualidad religiosa con características muy
definidas. Religiosidad, o cualidad de religioso, que el diccionario
define como «práctica y esmero en cumplir las obligaciones
religiosas», tiene una referencia directa con la fe, la relación con
Dios, la adhesión a una iglesia que propone su credo, conjunto de
las verdades reveladas que los fieles deben aceptar, unas normas
morales a las que los creyentes han de ajustar sus conductas y unas
celebraciones rituales que aseguran la cohesión del grupo y
alimentan sus creencias.
La dimensión espiritual, emancipada de lo religioso, es, además, más
anchurosa en cuanto que tiene que ver con las experiencias que
trascienden los fenómenos sensoriales, verdaderamente lo más
específicamente humano, lo que nos diferencia definitivamente de los
demás seres vivos; es la búsqueda del sentido de la vida, el sentido
último, pero también tiene que ver con la respuesta solidaria con
los demás mortales y con la naturaleza, con los valores morales
superiores que apelan a esta esencia espiritual humana. Reconocer
esa energía espiritual, ese impulso sutil e inmanente en nosotros,
no es crearse dependencias de un Dios exterior, no es reclamar la
protección de las iglesias....sino tomar conciencia de que lo
espiritual siempre estuvo presente en nuestra vida y de que nuestra
mente lo disfrazó de una u otra forma dependiente de lo que
necesitáremos en cada momento
Precisamente para evitar la confusión con el hecho religioso,
Assagioli prefiere emplear el término «transpersonal» en
substitución de espiritual y lo justifica diciendo:
«Científicamente es un termino más apropiado: es mucho más preciso.
Por una parte es neutro e indica aquello que está más allá o por
encima de la personalidad ordinaria. Por otro, evita la confusión
que resulta de mezclar todo aquello que genéricamente se engloba
bajo el término espiritual...’’
El autor utiliza esta expresión en su más amplia connotación que
incluye no sólo las experiencias místicas, sino todos los contenidos
del superconsciente, que pueden incluir o no la experiencia del Sí
Mismo.
La dimensión espiritual, soslayada por las escuelas psicológicas
precedentes, es recuperada por la Psicología Transpersonal, una
realidad apenas vislumbrada todavía por la neurociencia o, en todo
caso, considerada como una mera manifestación del complejo
funcionamiento del cerebro. El término trans-personal se refiere
específicamente a la conciencia y a las experiencia de una extensión
de la identidad que va más allá de la individualidad y de la
personalidad. Hay que precisar que esta disciplina no excluye el
estudio de la persona y los aspectos patológicos, pero debemos
enfatizar que se centra más en el proceso de sanación, la
transformación personal y el despertar espiritual. En este sentido
dirá Abraham Maslow, uno de los psicólogos funda-dores de esta nueva
perspectiva, que esta corriente no contradice las valiosas
aportaciones de las otras doctrinas que le precedieron, sino que las
complementa y amplía su objeto de estudio a los fenómenos llamados
transpersonales, espirituales, religiosos...
José A. Chumillas
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