SOBRE LA CAMPAÑA DE LOS OBISPOS
CONTRA EL PROYECTO DE LEY DEL ABORTO

 

A PROPÓSITO DE LOS REPETIDOS ESCÁNDALOS SEXUALES
EN NUESTRA IGLESIA

 

¿QUÉ PIENSAN LOS CURAS?

 

CELIBATO OBLIGATORIO

 

 

 

 
 

SOBRE LA CAMPAÑA DE LOS OBISPOS
CONTRA EL PROYECTO DE LEY DEL ABORTO

 

EQUIPO DE PRENSA DE MOCEOP

Vemos con preocupación cómo los obispos , de nuevo, se lanzan a la calle para exponer sus puntos de vista sobre el aborto con unos medios absolutamente desproporcionados..
La imagen que dan es la de querer trasladar a toda la Sociedad Española, que es muy amplia y plural en creencias y en no creencias, sus criterios concretos sobre un tema muy discutido y polémico.
El tema del aborto para la mujer que tiene que hacerlo no es nada agradable. Es una situación muy difícil por la que tiene que pasar y la Iglesia debería tener para ella más capacidad de compasión que de condena.
Pensamos que desde luego siempre es mucho mejor una política sexual de información y de prevención mediante el uso de preservativos que tener que llegar a abortar.
En todo caso, parece lógico que el Estado se vea en la obligación de regular esta realidad que se sigue dando en todos los países del Mundo, también en el nuestro en miles de casos cada año .
Por otro lado, nuestros obispos, como siempre, siguen mucho más sensibles al derecho a la vida de los nasciturus, los que aún no han nacido, que del derecho a la vida de quienes cada día mueren víctimas del hambre, de las guerras y de la miseria en el Mundo.
Aunque es verdad que la libertad de expresión y de manifestación es válida para todos los ciudadanos, obispos incluídos, nos parecería pastoralmente más acertado que hicieran llegar sus convicciones a todos los cristianos, allá donde los cristianos se reúnen: en las iglesias y empleando medios sencillos como podrían ser la predicación de los domingos o en sus propias publicaciones.
Pero no. Hacen un verdadero alarde de derroche de dinero para pagar el importe de esa gigantesca factura publicitaria que suponen los 30.000 carteles a colocar en centros educativos católicos, templos y también en 1.600 vallas, así como un número de 8.000.000 de dípticos. ¿Cuánto cuesta todo eso? No nos han dicho el importe porque posiblemente, de conocerse, los ciudadanos pondrían el grito en el cielo. Este derroche de dinero nos parece sencillamente antievangélico.
No estamos para nada de acuerdo con este despilfarro, ahora que la crisis se acentúa, aumentan más de un 30% las peticiones de ayuda a Cáritas y parece lógico que los obispos sean los primeros que deberían dar ejemplo y destinar ese dinero a los más necesitados.
Y no se nos diga de que, como el fin que se persigue es justo, los medios que se utilicen están justificados. Porque ha sido la misma Iglesia quien siempre ha defendido que “el fin no justifica los medios”. Como así se manifestaron en el caso del niño nacido para curar a su hermano. Entonces ellos decían que el fin no justificaba los medios. ¿Por qué en ese caso sí y en esta Campaña multimillonaria contra el proyecto de Ley de ampliación del aborto no? Hay que subrayar que los medios que aquí se usan son absolutamente escandalosos por parte de unos obispos que debieran dar ejemplo de austeridad de medios, más de acuerdo con el Evangelio.
Tampoco compartimos la premisa sobre la que ellos se basan de que la persona humana existe desde el primer instante de la concepción y que ellos la toman como un dogma de fe y de la que extraen gravísimas conclusiones.
La comunidad científica está muy dividida en este asunto. No se puede hacer un dogma de algo que es sólo una teoría discutida científicamente. Como bien dice el sacerdote y teólogo Benjamín Forcano citando al prestigioso moralista Bernhard Haring: “no está en el ámbito del magisterio de la Iglesia el resolver el problema del momento preciso después del cual nos encontramos frente a un ser humano en el pleno sentido de la palabra”.
Por eso nos parece que habría que tener en cuenta esta diversidad de teorías científicas que el teólogo Benjamín Forcano expresa en su artículo “Por un consenso ético-científico” (El Periódico 17 de Marzo de 2.009), desde quienes piensan que la persona humana está ya presente desde el primer momento de su concepción ( que es la opinión del Papa y de los obispos) hasta quienes defienden que son necesarias hasta 8 semanas antes de poder hablar de la existencia de una nueva constitución individual. Teoría avalada por no pocos científicos de prestigio.
Por último, nos parece que los obispos deberían emplear sus energías para denunciar las causas profundas que están motivando la crisis económica que cada mes deja en el paro a cientos de miles de parados y actuar en consecuencia.
Esto sí que es un tema absolutamente prioritario para abordar con todas las fuerzas . Porque si está muy bien que el lince ibérico sea una especie protegida, proteger a millones de seres humanos que se quedan sin trabajo o sin vivienda parece que requiere la unión de todas las manos- también la de los obispos- para evitar que millones de personas caigan en la exclusión social a la que hoy son abocados.
20 de Marzo de 2.009



 

 
 

A PROPÓSITO DE LOS REPETIDOS ESCÁNDALOS SEXUALES
EN NUESTRA IGLESIA

De forma periódica nos inundan noticias sobre escándalos de tipo sexual, en los que se encuentran implicados integrantes del clero católico.
Últimamente, han sido las paternidades atribuidas al presidente del Paraguay en su anterior vida como obispo católico; los abusos de tipo sexual del fundador de los Legionarios de Cristo Rey; actos de pederastia cometidos por una parte del clero norteamericano, llevados a los tribunales por algunas de sus víctimas; hace sólo unos días, el P. Alberto de Miami…
La Iglesia Católica, tan celosa y minuciosa en este terreno, se tropieza de forma tozuda con una realidad que repetidamente lanza a los cuatro vientos que «no es oro todo lo que reluce».
Estas noticias –como cualquier otra- son tratadas, desde muy diversas perspectivas, dada la pluralidad de nuestro mundo: se utilizan como arma arrojadiza contra los implicados en ellas; para desautorizar sus opciones políticas o eclesiales; para atizar el anticlericalismo o, incluso, para salvar prescrip-ciones eclesiásticas (el celibato obligatorio, por ejemplo), limitando todo el análisis a defectos o fallos de tipo personal. Parece igualmente evidente que, en ocasiones, la difusión de estas noticias forma parte de ciertas campañas, abiertamente interesadas en el desprestigio de sus protagonistas. Sin embargo, no va nuestro comentario por esos derroteros.
Desde nuestra reflexión, nos gustaría insistir en dos aspectos, que en muchas ocasiones –lamentamos- quedan bastante silenciados. El primero tiene que ver con las víctimas de estos atropellos.
Son, con excesiva frecuencia, los grandes ausentes de estas polémicas y debates; los olvidados; mujeres, niños o niñas, que valiéndose de una atmósfera de dominio y manipulación de tintes religiosos son violentados, vejados y marcados síquicamente de forma irreparable; seres humanos que han sufrido o están sufriendo en sus propias carnes abusos de quienes representan oficialmente la bondad y el respeto de Dios…
Para ellos y ellas deben ser las primeras muestras y peticiones de perdón más sinceras; y también las decisiones de justicia y reparación, sin ningún tipo de atenuantes; es más, con los agravantes que puedan ser demostrados…
Pero nos parece claro –y éste es el segundo aspecto- que en esta serie de escándalos se traspasa el límite de las responsabilidades personales y se puede hablar, con fundamento, de un atropello y una complicidad de tipo institucional.
La represión ideológica, la obligación celibataria impuesta, los ambientes oscurantistas tantas veces vividos en casas religiosas de formación, la convicción imperante de que los eclesiásticos están por encima de los fieles en lugar de ser sus servidores desde la igualdad, el sometimiento religioso de los laicos a curas y monjas tantas veces defendido… todo ello se ha convertido con excesiva frecuencia en un condicionante tremendo para las víctimas; y también para los maltratadotes (que, desde esta perspectiva, son también víctimas de una maldad de otro nivel).
Es claro que estas situaciones –con tanta injusticia y tanto dolor por medio- deberían ser más que suficientes para que nuestra iglesia abordara el tema de la sexualidad y la afectividad (celibato, regulación de natalidad, lugar de la mujer en la Iglesia…) desde otros parámetros y con otro espíritu, el de Jesús: la transparencia, la claridad, la sencillez y la misericordia. Nunca desde la ocultación o la táctica de buscar la culpa en otros. De otra forma, nos convertimos todos, de alguna manera, en cómplices.
Desde nuestro movimien-to, nos gustaría que quienes tienen responsabilidades en nuestra iglesia, abordaran estos temas desde convicciones profundas de tipo evangélico (bondad de todo lo creado por Dios, libertad de todos los hijos e hijas de Dios para tomar las decisiones que consideren convenientes desde su conciencia, sin imposiciones difíciles de justificar, igualdad fundamental de todos y todas las creyentes, invitación a la búsqueda desde la Buena Noticia del Dios de la Vida…)
Pero cuando todas estas convicciones no parecen ser suficientemente fuertes para provocar un cambio en este campo, que sea al menos el eco del sufrimiento de tantas víctimas lo que les haga reflexionar y adoptar decisiones que puedan acabar con las semillas de tanto dolor y tanta injusticia.



¿QUÉ PIENSAN LOS CURAS?


Los resultados son sorprendentes, y echan por tierra tópicos muy arraigados.
Por ejemplo, los sacerdotes españoles se sienten llamados por Dios y orgullosos de su misión y de su vocación, que alimentan sobre todo con la oración; viven con suficiencia económica, no exenta de problemas, y visten de civil; son hombres maduros, que accedieron al sacerdocio antes de los 30, con los estudios eclesiásticos como bagaje principal en su formación, y se sienten libres, dentro y fuera de la Iglesia y bien aceptados por la gente.

IDEOLOGÍA POLÍTICA.

A los curas no les gusta mojarse políticamente. Y menos, en público. Su autodescripción política fue la única pregunta del cuestionario ante la que los sacerdotes se mostraron reticentes y algo más de un tercio (38,3%) optó por no definirse. Con todo, la mayoría de los que respondieron se sitúa en una franja que va desde el centroderecha a la derecha (31,1%), seguida de cerca por los que se declaran de centroizquierda o izquierda (28,5%).
Al igual que algunos de sus obispos, la mayoría de los curas (61,5%) se adscribe al discurso eclesial predominante y opina que «el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es anticlerical y laicista», frente al 24,8% que cree que «no actúa de forma distinta a los otros gobiernos de la democracia». Un 8,5% dice que trata «correctamente» a la Iglesia e, incluso, un 5,2% considera que la trata «con respeto y hasta con generosidad».

COMPROMISO CON LOS POBRES.

La edad es una de las variables que más diferencia a los curas. Los más jóvenes son más espiritualistas y optan menos por el «compromiso con los más necesitados», creen que la Iglesia tiene derecho a ser financiada por el Estado y no son partidarios del celibato opcional ni del sacerdocio de la mujer. Por el contrario, los más mayores se muestran más comprometidos con los pobres, apuestan por la autofinanciación de la institución y son partidarios del celibato opcional y del sacerdocio de la mujer.

CELIBATO.

El clero está muy dividido frente al eterno problema del celibato sacerdotal. Para el 52,7% de los encuestados, el celibato debería ser opcional, frente al 47,3%, que se decanta por dejar el celibato obligatorio.
SACERDOCIO DE LA MUJER.

Gana el no al sacerdocio femenino por un margen ajustado: 58,7% frente al 41,3%. Eso quiere decir que, a pesar de ser una cuestión «oficialmente cerrada y zanjada» por la jerarquía, cuatro de cada 10 curas están a favor del sacerdocio de la mujer.

FINANCIACIÓN.

Quieren una Iglesia autofinanciada y, por lo tanto, más libre. Para dos de cada tres curas (63%), «la Iglesia debería autofinanciarse y renunciar a la financiación del Estado para ser más libre». El tercio restante (23,3%) cree, por el contrario, que la financiación por parte del Estado es «justa, por lo que la Iglesia aporta a la sociedad».
 

  ASAMBLEA CONJUNTA OBISPOS SACERDOTES 1969 (BAC pag. 240-41)


EL CELIBATO DEBE SER UNA OPCIÓN LIBRE, INCLUSO PARA LOS YA ORDENADOS


PLASENCIA.-El celibato debe dejarse a la opción libre de los candidatos al sacerdocio.
SI 38, NO 5.


ALBACETE.—La Iglesia, al tratar la posibilidad de ordenar seglares casados, debería igualmente tratar la posibilidad de permitir el matrimonio a los presbíteros y seguir ejerciendo el ministerio.
SI 22, NO 8, IM. 4.


VITORIA.—El sacerdocio célibe no debe considerarse como la única posibilidad de realización del sacerdocio.
SI 40, NO 2, IM. 1.


HUELVA.—Se desea que la legislación de la Iglesia no exija el celibato como condición indispensable para ser presbítero.
SI 42, NO 16.


SEVILLA.—Creemos que, en el momento presente y para el desarrollo de su misión en el mundo actual, no se ha de imponer el celibato como condición necesaria para ser ordenado presbítero.
SI 50, NO 21.


(Votaban los representantes por arciprestazgos)

 

 

CELIBATO OBLIGATORIO

 

Roma da una vuelta de tuerca más en la defensa del celibato obligatorio. El celibato obligatorio de los curas hace aguas por todas partes y en todas partes. Tanto en la teoría como en la práctica. Véase los dos obispos de la República centroafricana o el padre Alberto Cutié. Por citar sólo dos casos famosos y recientes. La respuesta del Vaticano no se hizo esperar.
Y concede poderes máximos a la Congregación del Clero y a los ordinarios para que puedan utilizar la reducción al estado laical como una «pena». Es decir, por encima y sin someterse al Derecho Canónico. Carta blanca para echar a los que no se sometan a la disciplina eclesiástica.
Nuevas normas que quedan al albur de la interpretación de la Congregación (sin estar sometidas al Derecho Canónico) y, sobre todo, de los ordinarios del lugar. Puerta abierta a eventuales arbitrariedades episcopales. Y no sólo en el ámbito sexual, sino incluso doctrinal. Cualquier cura podrá ser acusado de «grave indisciplina» y, automáticamente, el obispo lo podrá echar, es decir lo podrá reducir al estado laical. Sin defensa y sin juicio.
Y, además, la normativa no se ha hecho pública, al menos por ahora. ¿A qué viene tanto secretismo? ¿Encajan estas nuevas normas con el Derecho Canónico y con las garantías procesales que cualquier cristiano, tamibén los curas, deben gozar en la Iglesia? ¡Cómo estarán las cosas para que, a estas alturas, haya que acordarse del Derecho Canónico!
Por mucho que se empeñen algunos en Roma, el tema del celibato nunca ha estado cerrado. Y nunca lo estará. Aunque sólo sea porque un carisma impuesto es menos carisma. ¿Por qué tanta resistencia al celibato opcional? ¿Sólo por cuestiones económicas y de logística, disfrazadas de doctrinarismo y tradición? Se abrirán al celibato opcional cuando no tengan más remedio por falta de vocaciones.

José Manuel Vidal en RD