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Uno sospecha que las mujeres, más
que para agradar a otros, se maquillan para sentirse bien ellas mismas.
Con los curas obreros intuyo que sucede tres cuartos de lo mismo: no van
a la fábrica, a la construcción, a otros mil sitios para ofrecer un
producto más atractivo a los trabajadores. Para buscar, por así decirlo,
clientela. Lo que intentan es satisfacer las exigencias de coherencia
que les plantea su fe cristiana.
Es una mística poderosa la que les empuja a renunciar a privilegios y,
simplemente, estar. Estar con otros obreros, lejos de cualquier
tentación proselitista. A veces sin que siquiera sus compañeros conozcan
su ministerio. No es extraño, pues, que no salgan en los grandes medios
de comunicación. El protagonismo no es lo suyo. Sin embargo en los
últimos tiempos se han editado diversos libros que recogen sus
experiencias. Ahora, tras las obras de Julio P.Pinillos y Esteban
Tabares CURAS OBREROS recoge una amplia panorámica desde los años
sesenta a la actualidad. Los editores han seleccionado casi treinta
testimonios en los que se presenta un estilo muy poco convencional de
vivir el sacerdocio. Se trata, valga la paradoja, de un clero
desclericalizado.
Salta a la vista que nos encontramos ante un colectivo heterogéneo. Si
unos curas han mantenido su vínculo con la iglesia institucional, otros
han ido más por libre. Unos continuan célibes, otros se han casado, los
hay que militan en el MOCEOP. A todos, sin embargo, les une una apuesta
por los desheredados. A menudo forjada en la escuela de los movimientos
apostólicos como la JOC y la HOAC. En muchos casos, su esfuerzo de
adaptación adquirió proporciones titánicas. Su formación, evidentemente,
no les había capacitado para tareas duras y mecánicas, sin nada que ver
con su nivel cultural y su preparación teológica. Unas cualidades
notables, sin duda, que en su entorno pasaron desapercibidas. No creo
que sean ellos quienes lo lamenten...
...El capítulo introductorio, escrito por Pedro Carasa, catedrático de
Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, es especialmente
sugerente y da pistas para una futura historia académica de los curas
obreros, aún por hacer. Y necesaria, porque la lietratura testimonial,
tan cálida, tan cercana, resulta inevitablemente sesgada....
Un leivmotiv que recorre el libro es el contraste entre los 60 y los 70
en lo que todo parecía posible, y nuestro presente gris e
involucionista. ¿Está todo perdido? Los curas obreros con su resistencia
al desorden establecido nos enseñan que no. Que de las pequeñas semillas
siempre puede brotar un futuro nuevo.
(Francisco Maertínez Hoyos en «El Ciervo», nº 700) |
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