CRÓNICA DE UN ENCUENTRO: UN CUENTO DIFERENTE

 

ROUCO QUIERE A LOS CURAS CASADOS... Fuera de la iglesia

 

CURAS CASADOS...Y DESPRECIADOS

 

¿ME HARÉ ANGLICANO?

UN AÑO SACERDOTAL

 

 

 

 

 

 
 

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO:

UN CUENTO DIFERENTE

" Había una vez un cuento diferente... un cuento en el que,

si así lo deseaban, ellas también podían matar dragones

o conquistar castillos...

                                                            No todos los personajes estaban cómodos en este cuento diferente".

 

En este cuento que nos ha contado Pepe Laguna, moceopero él, se sitúa Moceop, porque no nos gustan los cuentos tradicionales de la tradicional Iglesia y de la sociedad cuentista.

En este cuento diferente lleva trabajando el colectivo moceopero, soñando con una Iglesia diferente y una sociedad nueva, en la que los roles cambian, las personas son respetadas y los pobres y humildes merecen tener más protagonismo que los capitanes garfios (jerarcas),los piratas malapata (explotadores), los caballeros de la armadura oxidada (déspotas y tiranos) o los lobos feroces (financieros y especuladores).

Moceop sigue apostando por un mundo al revés. Y una vez más ha renovado y reafirmado esta utopía en la Convivencia de Torre de la Horadada, que tuvo lugar las días 7-8 de noviembre.

A esta cita anual, preparatoria del curso, acudimos 38 personas, contando, entre ellas, 7 niños/as. ¡Qué gustazo tener niñas y niños entre nosotros, mujeres y hombres en su mayoría de la tercera infancia!.

Comenzamos el encuentro recordando la presencia de los ausentes, unos excusanso su asistencia, otros enviando sus aportaciones, que fueron unos cuantos. A continuación, los presentes, a corazón abierto, fuimos expresando sentimientos y actitudes de nuestro caminar. Sin forzar los ánimos, sino dejándolos fluir, afloraron las entrañas, como si se tratara de responder a las eternas preguntas: quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Alguien, en tono jocoso, contó las respuestas lacónicas que Juan y María, personajes rurales, daban a estas preguntas: semos yo y tu, y vamos de casa a la era.

Así íbamos interiorizando el cuento diferente. Terminamos este momento prometiendo que "Se subvencionará a perpetuidad cualquier promoción de la bondad, de la delicadeza, de la acogida y de la comprensión, del respeto y del amor"

En la narración del cuento hicimos aparecer a Tiempo de Hablar, nuestra voz y nuestro pregonero. Constatamos que goza de buena salud, porque, a pesar de la crisis, había un pequeño superavit y que la aceptación de la revista era grande. Se repasó la lista de morosos; los cobradores del frac harán su cometido, comenzando por aconsejar las suscripciones por banco.

La programación de los cuatro números del año 2010, en donde iremos contando nuestro cuento diferente moceopero, se concretó en cuatro temas, después de una rica lluvia de ideas, en las que cayeron, entre otras, gotas como éstas: celebración de la vida (eucaristía), relectura de la historia de la Iglesia, misericordia quiero, crisis vocaciones, el sufrimiento humano, dónde va la juventud, ecología-horizonte 2020, qué ha sido del Concilio, degradación ética, valores éticos, jerarquía y pueblo de Dios, otros ojos, otro corazón (mirada feminista)....

De entre todos se eligieron cuatro y su coordinadores. Estos son:

1.- Degradación ética-valores éticos. Coordina Fernando Bermúdez

2.-Celebrar la vida-eucaristía.

Tere y Andrés

3.- La Madre tierra que nos parió

José Luis, Margarita y Tere

4.- Misericordia quiero

(sufrimiento humano desde las víctimas) . Joaquín y Pilar

Se acordó que todos los temas se tratarán sin olvidar la mirada femenina. También se estimuló a que todos participáramos más en la preparación de la revista, enviando nuestras aportaciones.

Los temas no elegidos no se desechan, sino que quedan ahí para reflexiones personales o comunitarios y para posibles colaboraciones en las distintas secciones de la revista.

Otro punto del orden del día, en esta convocatoria a orillas del mediterráneo, era avanzar propuestas concretas sobre la celebración de la Asamblea Nacional de Moceop, que celebraremos al año que viene, siguiendo el ritmo establecido.

Como ya tenemos tablas en el asunto se concretó todos los aspectos, a falta de imprevistos.

La cosa quedó así: comenzaremos el viernes, 21 de mayo, con la cena y terminaremos con la comida del domingo, día 23. El lugar de maravilla: Albergue Juvenil Alonso Quijano. Lugar: Lagunas de Ruidera (Ciudad Real). Están que se salen...

Tema central:

Hacia el Jerusalén II

(el tema recoge las sugerencias de asistentes y aportaciones de ausentes en los que se pedía profundizar en la idea de nueva sociedad, nueva Iglesia. También se tendrá en cuenta el tema del "año sacerdotal". Todo ello lo especificará el equipo coordinador de la Asamblea que será el grupo de Castilla-La Mancha.

Se informó también del Libro de monografías sobre curas casados. Hay 23 testimonios que se están repasando y corrigiendo. En el libro también irá un Glosario y una introducción-comentario y una pequeña historia del Moceop. Sobre la editorial se está viendo distintas posibilidades. El grupo preparador sigue trabajando ajustando decisiones y tareas de última etapa.

Por último, una noticia que nos llenó de alegría: la demanda presentada por José Antonio de Cieza sobre su despido de profesor de religión, ha sido admitida por el tribunal de Estrasburgo y así se le ha comunicado al gobierno español, uno de los implicados en el caso.

Después, en la eucaristía, tratamos de situarnos personalmente en ese cuento... ¿estamos coformes con el narrado mil y una vez? ¿Nos ilusiona un mundo nuevo, una Iglesia nueva dónde todos y todas quepamos en igualdad? Terminamos cantanto la canción del lobito bueno...

«Todas estas cosas

había una vez

cuando yo soñaba

un mundo al revés»

Había una vez un cuento diferente. En él estamos. Los tradicionales personajes, los de los cuentos y los reales, seguirán con su cuento mil veces contado, viviendo felices y comiendo perdices. Que les aproveche. Nosotros seguiremos nuestro cuento diferente hasta que podamos contar el final de su cuento y decirles: colorín, colorado, vuestro cuento ha terminado

Andrés Muñoz

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ROUCO QUIERE

A LOS CURAS CASADOS...

Fuera de la iglesia

Representan al 20% del clero español, unos 5.500 sacerdotes. En el mundo, son más de 150.000. Son los curas casados, hombres que abandonaron el sacerdocio y se secularizaron. Muchos de ellos continúan trabajando en la Iglesia. Algunos, incluso, continúan celebrando misa y confesando. Al menos hasta ahora. Porque el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, no les quiere y lo dejó claro.

En respuesta a un reportaje de TVE emitido recientemente sobre curas casados, el Arzobispado de Madrid, «para evitar la confusión de los fieles», ha indicado que «la Iglesia prohíbe celebrar la Santa Misa, así como los demás sacramentos, a los sacerdotes secularizados o que han contraído matrimonio, abandonan-do así sus compromisos sacerdotales».

«MALOS CURAS, Y TRAIDORES».

Así define Rouco a estos hombres, cuyo único delito fue el de reivindicar la abolición del celibato obligatorio, una norma impuesta por Roma en el siglo XII, pero que a día de hoy sólo afecta a los curas de rito latino. Los sacerdotes de rito oriental, también católicos, sí pueden casarse, así como los pastores anglicanos, ortodoxos o evangélicos.

En su nota, el cardenal de Madrid asegura que, en su diócesis, cuando se verifica una situación así, «las autoridades eclesiásticas comunican inme-diatamente dicha prohibición al interesado». Y es que en Madrid, prosigue el comunicado, «no se tiene constancia de que ningún sacerdote que se encuentre en esa situación celebre los sacramentos en alguna iglesia o lugar de culto de la archidiócesis».

Sin embargo, en la capital de España, concretamente en Vallecas, Julio Pérez Pinillos sigue ejerciendo su ministerio. Pinillos, uno de los primeros «curas obreros», se casó en 1977 con Emilia y juntos pertenecen al Movimiento Pro Celibato Opcional. El sacerdote prefirió no profundizar en el tema por temor a las consecuencias del comunicado de Rouco contra él y sus compañeros (una veintena de curas en Madrid).

Pinillos se confiesa «rebelde». «Porque el Evangelio te invita a la honestidad, no a la doble vida», dice. Aunque la jerarquía se muestre intolerante, lo cierto es que, según varios estudios, siete de cada 10 católicos verían con buenos ojos que los sacerdotes pudieran casarse. Esto, junto a la escasez vocacional, ha llevado a altos responsables vaticanos, como el cardenal Martini, a pedir la abolición del celibato sacerdotal.

Jesús Bastante en RD

 

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CURAS CASADOS...Y DESPRECIADOS

Son miles. Concretamente, 5.500 sólo en España. En cualquier empresa, los curas casados serían recibidos con los brazos abiertos. Pero la Iglesia no es una empresa cualquiera. A pesar de ser una institución humano-divina, no sabe aprovechar sus recursos humanos. Y, en época de invernía vocacional, no sólo prescinde olímpicamente de 5.500 sacerdotes, sino que, además, los ningunea y los señala públicamente como los traidores a «sus compromisos». El último en hacerlo, el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela.

En una nota pública, el purpurado madrileño no sólo quiere dejar constancia de que la Iglesia les prohíbe ejercer el sacerdocio ministerial a los curas casados, sino que, además, trata de estigmatizarlos como los que «rompieron sus compromisos» y de desautorizarlos por completo. Sobre todo a los más combativos en este campo. A los curas del Movimiento pro celibato opcional (MOCEOP), que llevan más de 40 años luchando por la supresión del celibato obligatorio en la Iglesia católica.

Entre ellos, un hombre profético: Julio Pérez Pinillos. Cura obrero y casado y uno de los fundadores del Moceop. De los que no se cansan ni se quema en la lucha. Porque lleva en la brega muchas décadas. Con humildad y constancia. Haciendo mucho bien a mucha gente. Celebrando y actuando muchas veces como cura, porque la gente y las comunidades se lo piden. Y porque él está convencido de que el matrimonio no impide ejercer el sacerdocio con todas las de la ley. La ley de Cristo, claro. En el tajo, con los obreros. En Vallecas, con los más desfavorecidos. Con las causas perdidas. Con la utopía del Reino.

Un cura casado, pero entregado por completo, consumido por el celo de la evangelización. Un cura al que algún día la Iglesia española tendrá que reconocerle sus méritos. Y su lucha profética, que aquí Rouco censura, pero que otros cardenales apluaden.

Porque son ya muchos los jerarcas que están planteando abiertamente la supresión del celibato obligatorio. Desde Martini a Arns, pasando por otros muchos. Hasta el propio Hummes, prefecto del dicasterio del Clero. Y no digamos los fieles, que apoyan en un 80% el que los sacerdotes puedan casarse.

Pero a Rouco le sale pocas veces su vena de párroco, tapada por la de canonista. Encerrado en su mundo, rodeado de «pelotas» que sólo le dicen lo que quiere oír, está perdiendo sus entrañas de pastor. Monseñor, acepte una sugerencia. Hecha desde el cariño y sin ánimo de ofender, por supuesto. ¿Por qué no llama a Julio Pinillos o se va un día a comer a su casa? Y que le cuente, que le diga, que le abra su corazón. Que le enseñe su comprometida familia, su trabajo, su lucha, su tesón, su amor a la Iglesia...Y pronto llegaría a la conclusión de que su celo por el Reino está a la altura del de los mejores curas célibes que tenga en su diócesis.

Entrañas de misericordia. Pastor, pero sobre todo padre. Y permítame que le diga que no se deje arrastrar por los talibanes, que quieren llevarlo a las trincheras. Al catolicismo del «conmigo o contra mí». Al catolicismo de los cátaros.

Recuerdo, monseñor, cuando llegó a Madrid, allá por el año 1994, y proclamó, alto y claro, que quería ser el obispo de todos. Pues éstos, los curas casados, tamibén son Iglesia. Y están esperando (llevan 15 años esperando) su abrazo de padre y pastor. Nunca es tarde, eminencia. Y perdone la osadía. Son licencias que quizás entre paisanos nos podemos permitir.

José Manuel Vidal en RD

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¿ME HARÉ ANGLICANO?

 

Soy sacerdote católico. Estoy casado. Trabajo manualmente. No soy por tanto clero ni diocesano ni regular. Ejerzo mi ministerio en una comunidad de base y con un grupo de creyentes gais y lesbianas. Formo parte de la iglesia de base de comunidades populares, curas obreros, moceop y redes cristianas.

La reciente noticia de que el Vaticano abre las puertas a los sectores más tradicionales de la comunión anglicana que no aceptan la ordenación de mujeres, de homosexuales y lesbianas, posibilitando que incluso sacerdotes casados anglicanos puedan pasarse al a Iglesia católica, me suscita algunas consideraciones:

1.-No me parece casual la coincidencia con el diálogo con los lefevrianos, con lo que queda evidente la tendencia del actual Papa y Curia de potenciar el tradicionalismo más reaccionario, incluso con el retorno a la misa en latín.

2.-Es paradójico que ahora acepte sacerdotes casados originarios del anglicanismo cuanto tan cerrilmente cerrado se muestra a la apertura a los sacerdotes católicos casados. Será con tal de que se integren dócilmente en el clero católico sin cuestionar la estructura clerical de la Iglesia católica romana.

3.-Siendo que el actual Papa considera tema cerrado la ordenación de mujeres, no sé cómo aceptará que en la comunión anglicana sean aceptadas al ministerio.

4.-Asimismo, la aceptación de homosexuales y lesbianas, no sólo bendiciendo su unión sino incluso su acceso al ministerio presbiteral y episcopal.

5.-Me sospecho que esta maniobra es una trampa al ecumenismo pues no sé en qué medida es fruto de un diálogo sincero o es una «opa» para captar los sectores descon-tentos del anglicanismo. Con lo cual la comunión anglicana se libera del lastre del sector más reaccionario y en cambio la Iglesia católica se convierte en refugio de los sectores más conservadores.

¿QUÉ HACER ANTE ESTO? ¿ME HARÉ ANGLICANO?

Por ahora no. De momento seguiré en la Iglesia Católica, pero como disidente y desobediente a las normas que considero injustas y antievangélicas. Promoveré comunidades cristianas adultas y libres, que decidan sobre su ministerios y promuevan a las personas más adecuadas para ellos, especialmente si son mujeres, o incluso aunque sean curas casados.

Estoy pensando proponer al grupo con que celebro la eucaristía que una mujer, lesbiana y con pareja, que considero que tiene formación y carisma para ello, presida la celebración comunitaria del grupo, si el grupo así lo considera. Yo la apadrinaría con gusto.

¿Y la Curia?

Que diga misa.

Deme Orte.

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UN AÑO SACERDOTAL

Disculpen ustedes si durante el último mes he estado ausente de este blog. Un viaje por Uganda de varias semanas me ha mantenido alejado de ordenadores y conexiones a Internet. Mi mujer (ugandesa) y yo, acompañados de nuestro hijo de un año, aprovechamos nuestra visita para casarnos por la Iglesia en una ceremonia que intentamos fuera lo más sencilla posible. Después de haber trabajado en este país africano durante 20 años, no me sorprendí mucho cuando muchos de mis amigos y antiguos feligreses me felicitaban con el consabido «enhorabuena, padre Carlos… perdón, señor Carlos».

Al hilo de este importante acontecimiento personal en mi vida, quisiera comentar un par de cosas sobre unas recientes declaraciones del Cardenal Bertone, quien acaba de decir que «el año sacerdotal se dirige también a los que han abandonado el ministerio». Por lo que a mí me toca, es un consuelo saber que desde las más altas instancias de la Iglesia no se nos olvida. Somos miles los sacerdotes que un día tomamos no la decisión de abandonar el ministerio, sino de casarnos, y que al querer regularizar nuestra situación para participar de la vida sacramental de la Iglesia no tuvimos más remedio que dejar de ejercer nuestro sacerdocio, algo que si hubiera sido cuestión de elección no habríamos hecho. Yo, personalmente, pedí la secu-larización (el año pasado) por amor a una mujer, no porque tuviera nada en contra de la Iglesia ni del ministerio sacerdotal, que ejercí durante 22 felicísimos años, la mayor parte de los cuales pasados en el África más pobre. Reconociendo que hay muchos y muy distintos casos, no se puede negar que muchos de nosotros, si se nos permitiera seguir sirviendo a la Iglesia como ministros ordenados, lo haríamos de todo corazón.

Nuestra reciente visita a Uganda así me lo ha reafirmado. En dos ocasiones mi familia y yo estuvimos durante varios días en aldeas remotas del Norte del país donde no había cura en la parroquia y la gente llevaba varias semanas sin tener la Eucaristía. Ni que decir tiene que si me lo hubieran permitido con mucho gusto habría celebrado la misa durante los días en que estuve allí, como lo mismo habría hecho de vuelta en Madrid para ayudar al cura de nuestra parroquia que no daba abasto al haberse quedado solo. Y en ambos casos ni siquiera habría pensado en una remuneración ni nada parecido. En muchas ocasiones pienso que es un contrasentido que en la Iglesia nos quejemos de la falta de vocaciones y escasez de clero, cuando somos muchos los sacerdotes casados que, si se nos permitiera, estaríamos en-cantados de seguir sirviendo al pueblo de Dios con nuestro ministerio. No hace falta ahondar en lo que tantas veces hemos oído: que durante muchos siglos en la Iglesia el celibato no fue obligatorio, y que hoy la Iglesia

Católica de rito oriental mantiene el celibato como un estado de vida opcional para su clero. Y que son muchos los sacerdotes católicos prove-nientes de la Comunión Anglicana que mantienen su vida familiar.

La misma visita me ha hecho aflorar también algunos sentimientos que inevita-blemente un sacerdote secularizado siente en muchos momentos de su vida. Aunque me imagino que en esto, como en todo en la vida, las cosas dependen de la actitud que uno tome, y sabiendo que la mayor parte de las personas con las que uno se relacionó durante sus años de sacerdote siguen teniendo contigo una relación cordial y de sincera amistad (mi antigua congregación, los misioneros combonianos, siempre se han portado exquisitamente bien con nosotros), tampoco se puede negar que en bastantes ocasiones uno se encuentra con situaciones poco agradables, y no por elección propia. Mi mujer y yo, a pesar de tener todos los documentos en regla, sin traspasar ni un milímetro los límites canónicos, no pudimos casarnos en la parroquia de ella –como hubiera sido nuestro deseo- porque al final el obispo del lugar insistió en que «habría que dar antes una catequesis adecuada a la gente para que no se confundiera». Ni que decir tiene que por nosotros no había ningún inconveniente, pero al final esta salida de pata de banco se convirtió en un obstáculo insalvable que nos hizo cambiarlo todo a última hora y hacerlo en la capilla de la casa de una diócesis en Kampala donde otro comprensivo obispo nos permitió celebrar nuestro matrimonio a 500 kilómetros del pueblo de mi mujer. Esto nos obligó a organizar el transporte para mi suegra, varios de mis cuñados y cuñadas con sus respectivas proles.

Esto fue solo un pequeño aviso de lo que a bastantes veces puede aguardar al hombre que ha abandonado el ministerio por querer casarse. Te «aconsejan» que no vivas en el territorio de la parroquia donde anterior-mente ejerciste tu sacerdocio, e incluso que no aparezcas por allí para evitar supuestos escándalos. Además, no es raro que conseguir un empleo en una institución de Iglesia (para muchos de nosotros, la primera elección a la hora de buscar un trabajo) se convierta en una carrera de obstáculos, ni que en instituciones de enseñanza eclesiales te esté vedado el poder ejercer la docencia, ni que en muchos ambientes de Iglesia se te mire con una cierta sospecha.

Por esto celebro que según el cardenal Bertone el año sacerdotal tenga un recuerdo, aunque sea modesto, para nosotros lo curas seculari-zados. Siendo realistas, no digo que tenga que ser una ocasión para reabrir el debate sobre el celibato opcional en la Iglesia (aunque tampoco estaría mal que se hiciera algún día con seriedad) pero por lo menos es de desear que se mire a los que hemos pasado a esta «reserva» en medio de elecciones que para muchos de nosotros no han sido nada fáciles. Muchos de nosotros estaríamos encantados de pasar otra vez al ministerio activo, sobre todo para echar una mano en lugares donde los cristianos tienen más hambre de la palabra de Dios y los sacramentos.

José Carlos fue misionero durante décadas en el norte de Uganda

http://blogs.periodistadigital.com/enclavedeafrica.php/2009/09/01/un-ano-sacerdotal-tambien-para-nosotros-