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ÉTICA EN LA ACCIÓN POLÍTICA
Fernando Bermúdez López
1.¿ES IRRECONCILIABLE LA ÉTICA CON LA POLÍTICA?
Vivimos inmersos en una profunda crisis histórica que
afecta no solamente a la economía y al mundo de las finanzas, como se
nos quiere hacer creer. Están en crisis las mismas estructuras de la
sociedad. Por eso podemos decir en verdad que es una crisis de
humanidad, que abarca todas las dimensiones de la vida: la realidad
personal, social, política, ecológica, cultural, ética y espiritual.
Las causas de esta crisis histórica son múltiples y
complejas. Manifiestan la decadencia de valores en la sociedad actual.
Se han incrementado las conductas violentas, la especulación y la
corrupción en los negocios, la competitividad ambiciosa, la
desconfianza, el individualismo que nos hace cada vez más insolidarios,
el consumismo desenfrenado y el hedonismo.
A todo esto se suma el drama humano: la creciente y
escandalosa agudización de la brecha entre el mundo rico y el mundo
pobre. Nunca ha habido tanta riqueza como existe hoy día y, sin embargo,
crece el número de empobrecidos. Los últimos datos hablan de mil
millones de seres humanos pasando hambre en el mundo. Estos días el
mundo ha conocido, con el terremoto, la situación de extrema pobreza que
vive Haití.
No solamente la crisis afecta al ser humano. Golpea
también a la tierra. En aras del lucro y del «desarrollo» se están
explotando irracionalmente los recursos de la naturaleza y contaminando
el medio ambiente, que es la causa fundamental del cambio climático,
porque «en un mundo finito no podemos crecer de manera infinita», dice
Joan Surroca. Los gobernantes no son capaces de ofrecer una alternativa
que saque a la sociedad de esta crisis. Copenhague fue un fracaso.
En las naciones «democráticas» se van sucediendo
partidos y gobiernos, los cuales responden, salvo algunas excepciones, a
los intereses del poder económico y sobre todo de las corporaciones
financieras multinacionales, que desde la sombra tiran de los hilos y
controlan a los gobiernos. Las campañas electorales, en gran medida, se
presentan como una burla al pueblo. El grupo político que más responda a
los intereses del gran capital y posea recursos económicos y control
sobre los medios de comunicación, es el que tiene las mayores
posibilidades de ganar las elecciones.
Se lee y escucha en los medios de comunicación que
existe una decadencia de valores éticos en la población española y en
los líderes políticos, tanto en los que ocupan algún cargo público como
en los de la oposición. El Congreso de los diputados se ha convertido en
un espacio de lucha de poder, demagogia y confrontación partidaria. No
hay criterios serios y maduros a la hora de hacer política. No hay
ética. Se utiliza la política para buscar intereses personales o
sectoriales, ascender a cargos y lograr privilegios económicos. Hemos
sido testigos de casos de corrupción que han envuelto a altas
autoridades políticas en distintas comunidades autónomas, sobre todo en
Valencia, Madrid, Murcia, Cataluña y Andalucía.
La oposición política en España, concretamente del
Partido Popular, no parece tener propuestas serias, eficientes y
convincentes. Sólo protesta, pero no propone. En vez de arrimar el
hombro para buscar juntos soluciones a los problemas del país, crea más
división y confusión entre la ciudadanía. Parece que le interesa más el
partido que el bien de la nación.
Da la impresión de que la política y la ética son
irreconciliables. La política se ha convertido en «politiquería», es
decir en un sucio juego de intereses de poder y de ambición económica.
La crisis de valores en la política se refleja en el
sistema mismo, caracterizado por la ambición, la corrupción, la
impunidad, la mentira, la injusta distribución de la riqueza, la falta
de sensibilidad frente al sufrimiento de los pobres y la violación a los
derechos humanos. Cada vez más, las viejas estructuras políticas se ven
envueltas por una crisis de valores que indican su inviabilidad.
En la política internacional impera la ley del más
fuerte, se viola el derecho internacional y el más elemental sentido de
humanidad. Se impone la guerra como medio de solución de conflictos por
encima de la razón y del diálogo. Ahí tenemos, como muestra de ello, las
guerras de Afganistán e Irak, el sangriento genocidio de la República
Democrástica del Congo, la ocupación de los territorios palestinos y la
construcción del muro por Israel, el abandono por parte de la Unión
Europea y Estados Unidos de las demandas del heroico y paciente pueblo
saharaui que, pese a las resoluciones de la ONU para la realización de
un referéndum, Marruecos persiste en la ocupación y represión… Se impone
la fuerza militar como medio de solución de conflictos, desconociendo el
sentido de la razón y del diálogo. Toda esta realidad es un indicador de
la descomposición social y de la degradación de los valores éticos que
envuelve a la humanidad y afecta a toda la realidad humana.
Frente a esta realidad no podemos permanecer
indiferentes ni neutrales. Desde la ética más elemental y desde la fe
cristiana, hemos de optar por la justicia al lado de los empobrecidos, y
desde ahí soñar y luchar por otro mundo posible en donde todos tengan
oportunidad de una vida digna.
Hoy asistimos a una lucha cosmovisionológica. Por un
lado, una corriente que se resiste a abandonar las viejas concepciones y
estructuras socioeconómicas y políticas que han caracterizado a la
sociedad en beneficio de unas minorías, que coincide con el pensamiento
«cristiano-occidental». Y por otro lado, visualizamos otra corriente,
cada vez más extendida a lo largo y ancho del planeta, que busca la
construcción de otro mundo posible, más humano, más justo y respetuoso
con el medio ambiente, con un pensamiento plural. Y esto es un signo de
esperanza.
Hay cosas que están muriendo y otras que están
naciendo. Participamos, sin duda, en el ocaso de una época y en el
alumbramiento de una civilización nueva, cuyos datos y creencias aún
están confusos y mezclados con las formas de un sistema desfalleciente.
2. SENTIDO ÉTICO DEL PODER
El poder es un componente necesario de la vida de la
sociedad. Su ausencia provoca graves trastornos sociales. Sin embargo,
la experiencia muestra que el poder político, con frecuencia, ha sido
causa de dominación, corrupción, represión y muerte. Es por eso que el
poder político se hace sospechoso para mucha gente y se visualiza como
algo negativo y malo. Un pensamiento muy común es que «el poder
corrompe».
Sin duda que el poder es una de las grandes
ambiciones del ser humano. Siendo esto así, surge un interrogante: ¿es
ético aspirar al poder? Cuando se habla de política el poder está en el
centro del debate. Los grandes empresarios se organizan para mantener el
control del poder político, y también las organizaciones sociales y
movimientos de izquierda que buscan una sociedad más justa, se organizan
para alcanzar el poder y desde ahí realizar los cambios que anhelan.
No podemos negar la realidad del poder. Hay hombres y
mujeres que tienen capacidad de mandar y consiguen de hecho imponer su
voluntad. Los que tienen poder con frecuencia se aferran a él e incluso
llegan a considerarse caudillos imprescindibles, sean de derecha o de
izquierda.
Los creyentes miramos a Jesús, quien debe ser siempre
el referente en nuestra vida. Él presenta otra visión del poder. Rechaza
ser proclamado rey. Aunque reconoce la legitimidad del poder, no lo
quiere para sí mismo. Esta actitud desconcertó y escandalizó a las
autoridades de Israel y también al pueblo que esperaba que él fuera su
libertador. No podían comprender por qué no quería el poder. En
realidad, Jesús constituyó un poder paralelo y alternativo, diferente a
todo poder establecido. Su poder no se basa en la fuerza y el dominio de
los demás sino en la libertad, el amor y el servicio. Tampoco Jesús se
somete al poder injusto del Consejo de los judíos. Él es libre frente al
poder. Denuncia con fuerza el mal uso del poder de las autoridades. Las
ataca frontalmente, diciendo al pueblo que aquellos que tienen por
dirigentes no son más que unos hipócritas y ladrones. Es libre,
asimismo, frente a la autoridad civil y militar. Al rey Herodes le llama
«zorra» y al gobernador romano Poncio Pilato le dice tajantemente: «Tú
no tendrías poder si…».
Jesús le da otro giro al poder. Señala que «Los jefes
de las naciones se creen dueños de ellas y las tiranizan con gran poder,
pero entre vosotros no ha de ser así. El que quiera ser el primero,
hágase el servidor de los demás…»(Mc 10,42-45). A los primeros los
coloca los últimos y a los últimos los primeros. Desmonta el sistema
piramidal existente por injusto e inhumano. Y llama a crear un nuevo
estilo de organizar la sociedad fundado en la justicia y en la
solidaridad.
Jesús no pretende suprimir el poder sino darle una
dimensión nueva, es decir, el poder es un servicio, que conlleva una
gran responsabilidad y sacrificio. Viene a decir: el que aspire a ocupar
un cargo lo haga motivado por amor al pueblo, particularmente a los más
pobres, y con un gran espíritu de servicio, de entrega y generosidad.
Hablar de la ética del poder nos obliga a
desenmascarar las tentaciones a las que éste está expuesto, tanto en la
política, en la economía como en la religión. Señalo algunas, que a mi
juicio más sobresalen:
-La tentación de la prepotencia y afirmación del
poder por el poder. Los que lo detenta llegan a pensar que son
superhombres, se consideran infalibles, que todo lo que hacen es bueno y
que tienen autoridad absoluta sobre los ciudadanos.
-La tentación de controlar las fuerzas económicas, de
manera que los poderosos llegan a considerarse con autoridad para
disponer de los recursos del Estado. El propio poder se deja manipular
por las clases ricas y poderosas.
-La tentación de controlar y dominar las ideas y la
cultura. Imponer el «pensamiento único» a través de la difusión de
mentiras y de poner obstáculos a la verdad. Para ello trata de controlar
y utilizar los medios de comunicación.
-Otra tentación es la misma lucha de poder, que
conlleva actitudes sucias y mezquinas con el fin de abrirse camino y
ascender a puestos políticos. No tanto importa el bien del pueblo cuanto
sus intereses personales.
El fundamento de la autoridad no es otra sino lograr
una sociedad con justicia social y evitar la explotación humana. El
poder político auténtico radica en la defensa de los más desfavorecidos.
Su sentido radica en ser instrumento de liberación. Cuando no cumple
este papel, la autoridad pierde legitimidad. Los que detentan el poder
para utilizarlo en beneficio propio explotando a los trabajadores y
privilegiando a la minoría poderosa, no sólo pierden legitimidad sino
que destruyen los fundamentos de la autoridad.
En conclusión, el poder se humaniza cuando asume una
actitud de servicio y de búsqueda de la libertad y del bien común,
cuando busca el consenso de todo el pueblo y posibilita una
participación efectiva. Un poder así no tiene necesidad de usar las
armas ni la represión porque su arma es de carácter moral.
3. DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN POPULAR
Para evitar que los políticos caigan en estas
tentaciones, que desacreditan al mismo político y sobre todo dañan al
pueblo, es necesario que la sociedad civil esté organizada en
movimientos sociales y populares para reivindicar su derecho
constitucional. El verdadero soberano es el pueblo, como señala la Carta
Magna (Art. 1, 2).
Desde el punto de vista ético no podemos desligar
poder y democracia, porque ésta es el poder del pueblo, para el pueblo y
por el pueblo. La palabra democracia viene del griego, que significa
«poder del pueblo», o gobierno del pueblo.
Hay dos formas de entender la democracia: Una es la
representativa. El pueblo elige a sus representantes mediante el voto, y
una vez electo el gobierno, el pueblo se limita a obedecer. Pierde su
voz y su capacidad de decisión. Este es el modelo de democracia que el
sistema capitalista nos ha impuesto, y que muchos partidos socialistas
también han caído en ella. Es una tergiversación de la democracia y una
forma de engañar al pueblo. El otro modelo de democracia es la
participativa, que no sólo es el derecho del pueblo a elegir a sus
representantes sino también y sobre todo, a controlar el modo de ejercer
el poder y a participar en la gestión pública mediante asociaciones,
consejos, sindicatos, comisiones de auditoría social o de incidencia
política, plataformas que echo de menos en la sociedad civil española.
Esta sería la democracia auténtica, no la que se nos ha impuesto, en la
que el poder es controlado por el sector poderoso de la nación o por la
clase política. Ningún sistema sería verdaderamente democrático si el
poder no está controlado por un poder popular libre y eficiente. Habrá
democracia verdadera cuando todo el pueblo tenga oportunidad de
participar, a través de las organizaciones sociales, en las decisiones
públicas.
Se precisa una democracia que apunte hacia la
consolidación de la libertad, la justicia social y el bien común, con
amplia participación de la sociedad civil, de los diversos sectores
sociales y populares: foros ciudadanos, sindicatos, asociaciones de
mujeres, maestros, estudiantes, profesionales, ONG‘s…, ejerciendo la
incidencia política.
4.- ÉTICA DEL LIDERAZGO
¿Es posible una sociedad sin líderes? El ideal de
sociedad sería aquella en la que no fuera necesario ningún líder porque
cada quien asume su responsabilidad, su liderazgo, al servicio del bien
común. Pero la humanidad no está madura para este ideal de sociedad. Es
por eso que la realidad demanda que entre la sociedad civil organizada
surjan hombres y mujeres que asuman un liderazgo. Ahora bien, este
liderazgo debe ajustarse a la ética social, de manera que el líder
«mande obedeciendo al pueblo», en palabras del presidente boliviano Evo
Morales. Lo que equivale a decir que el protagonista de los destinos de
una sociedad es el pueblo organizado. De ahí la necesidad del
empoderamiento individual y colectivo mediante el desarrollo de la
sociedad civil organizada. En una democracia participativa todos somos
líderes y corresponsables.
En España siento que hay una crisis de liderazgo,
tanto en el pueblo como en los políticos. Somos muy dados a criticar al
oponente, pero sin ofrecer propuestas serias. Es bueno y necesario ser
críticos con el poder establecido, sea del color que fuere. Ser críticos
no significa oponerse a los planes de los gobernantes para
desacreditarlos, sino apoyarlos en todo lo que beneficie al pueblo, pero
al mismo tiempo cuestionando los errores que cometan para que cambien de
rumbo. A esto le llamamos «crítica constructiva», cosa que echamos de
menos en la oposición española actual, que sólo ataca sin ofrecer
propuestas que favorezcan al pueblo trabajador.
Dejando por sentado que el liderazgo pertenece a toda
la comunidad, vamos a dibujar el perfil de un buen líder, sea gobernante
o de la oposición, desde la perspectiva de la ética. Describimos el
ideal de líder político. Éste debe ser una persona:
+Profundamente humana y humanista
+Honesta, sincera y coherente consigo misma y con los
demás.
+Responsable, generosa y con espíritu de sacrificio,
que no hace las cosas por obligación sino por convencimiento.
+Que tenga credibilidad e infunda confianza en el
pueblo.
+Que tenga conciencia y sensibilidad social.
+Que sea crítica de la realidad local, nacional e
internacional.
+Que no sea dogmática. Firme en sus convicciones
político-sociales, pero tolerante y abierta al diálogo.
+Autocrítica y con capacidad de corregir actitudes,
líneas de pensamiento y prácticas políticas.
+Que tenga sensibilidad ante el sufrimiento de la
gente.
+Que tenga espíritu solidario con los de cerca y más
allá de las fronteras.
+Que sea una persona con espíritu internacionalista,
abierta a todos los pueblos y culturas.
+Que sea una persona respetuosa con todos, incluso
con los que no piensan como ella.
+Con valores éticos y morales bien arraigados, libre
de intereses personales, grupales o partidistas.
+Que mande escuchando al pueblo y a sus bases
sociales organizadas.
+Disponible para servir y dedicar lo mejor de sí al
servicio de su pueblo.
+Coherente entre lo que dice, vive y hace. Y que su
ideología esté en armonía con sus actitudes y práctica.
+Que sea democrática y respetuosa con las decisiones
de la comunidad.
+Amante de la verdad y de lo que es justo.
+Que no sea oportunista y manipuladora, y que tampoco
se deje manipular por otros.
+Que no busque protagonismos ni personalismos.
+Que priorice el bien de la nación por encima de
intereses de su organización o partido.
+Que busque siempre el bien común con una opción
preferencial por los más pobres y excluidos.
+Que tenga capacidad de perdonar y que sea agente de
reconciliación
+Que ante la realidad local, nacional e internacional
tome una clara y firme opción por el proyecto de vida del pueblo frente
al proyecto de muerte de la oligarquía y del imperio.
+Que sea una persona amante del estudio y del
análisis socio-económico, político, cultural y ambiental.
+Que sea respetuosa y defensora de los derechos
humanos, socioeconómicos, políticos, culturales y ambientales.
+Persona amante y defensora del medio ambiente.
+Que sea profundamente respetuosa de las creencias de
los demás.
+Austera en su forma de vida personal, dado el
contexto de crisis que se vive.
+Persona madura y decidida para enfrentar los
conflictos.
+Que contagie ánimo y esperanza.
+Que propicie la unidad.
+Que tenga buen carácter, amable y cortés con todos y
cree un clima de confianza.
Este es un perfil ideal, lo cual no quiere decir que
todo buen líder deba reunir la totalidad de estas características. Sin
embargo, ahí está como un referente, un ideal al cual se debe aspirar.
Sin duda que este perfil coincide más con los ideales y objetivos
programáticos de la izquierda que con los de la derecha.
5.- RELACIÓN ENTRE ÉTICA Y UTOPÍA
Hay políticos que abogan por la separación entre
ética y política. Dicen que son dos cosas que no hay que entremezclar.
¿Qué ocurre cuando la política se separa de la ética? Que la política se
reduce a una lucha incontrolada por el poder y a una visión economicista
y materialista de la sociedad.
La utopía es un ideal. Está en el deseo de todo ser
humano auténtico y consciente de la realidad social. Por eso utopía es
equivalente a un sueño, un deseo, un anhelo y una esperanza. Es la
proyección de las aspiraciones más nobles y sinceras que brotan del
corazón humano.
El ser humano está abierto y camina en busca de su
verdadero ser, de la patria nueva, donde nadie ha conseguido llegar
todavía, como dice Juan José Tamayo. La utopía no es realizable en el
momento histórico presente, pero ello no significa que no sea realizable
en ningún momento histórico.
Por eso, en primer lugar, la utopía tiene un carácter
histórico, social y político. Se presenta como un proyecto alternativo
capaz de generar vida y bienestar para todos y todas. La sociedad
dominante de carácter neoliberal genera bienestar sólo para una minoría.
Es por eso que no tiene viabilidad, ha llegado a su tope, sólo produce
más pobreza para las grandes masas de la humanidad y más violencia. Este
sistema es la muerte para los pobres de la tierra y la destrucción del
planeta. Y en segundo lugar, la utopía proporciona a la lucha social y
política concreta de cada día, el horizonte de futuro.
De ahí que la utopía ejerce dos funciones
fundamentales, una de crítica y autocrítica permanente, para no
estancarse, ni instalarse, ni caer en actitudes antiéticas. Y otra de
búsqueda de alternativas, pues la lucha por transformar la realidad es
un proceso que tiene su capacidad transformadora en las mediaciones. La
utopía se presenta como una energía para transformar la realidad social
existente. Por eso la utopía se opone a toda actitud conformista o
derrotista. Juan Vandeveire afirma que «necesitamos pensar una sociedad
utópica, sin los males que adolecen en el presente, para tener un norte
donde dirigir nuestros esfuerzos de transformación».
Si en la historia ha habido cambios positivos es
porque ha habido utopías. Desde este punto de vista se puede decir que
la utopía es un motor de la historia que nos mantiene en pié de
esperanza provocando y movilizando nuestra imaginación y nuestras luchas
por un mundo más humano.
Históricamente, la derecha se ha manifestado
antiutópica, o dicho de otra manera, es materialista, se concentra tan
sólo en el desarrollo económico, en la producción, el mercado y el
consumo, excluyendo a las grandes masas de empobrecidos. Sin embargo, el
movimiento de izquierda auténtico genera utopía porque sueña con una
sociedad en donde todos los hombres y mujeres quepan en igualdad de
condiciones.
Si bien, hay que señalar que cuando la izquierda ha
abandonado la ética y la utopía en la acción política ha caído en el
mismo pecado que denunciaba en el capitalismo. La desaparición de la
Unión Soviética, en gran medida, se debe al abandono de la ética y la
utopía.
Tal vez nunca vamos a alcanzar la plenitud de
nuestros sueños. Pero estamos igualmente convencidos de que la utopía
nos fortalece y moviliza hacia la nueva humanidad que soñamos.
A modo de conclusión, diría que se nos plantea varios
desafíos apremiantes. Estos son:
Reconstruir la ética en las bases de la sociedad
(asociaciones de todo tipo, centros educativos, sindicatos, iglesias…).
Exigir a los dirigentes políticos que actúen con
ética, siendo tolerantes con las equivocaciones que cometan, pero
intransigentes con sus faltas de ética.
Avivar la esperanza en la utopía de un mundo
diferente. Denunciar con fuerza los actos de corrupción y demás
actitudes antiéticas.
Fortalecer la sociedad civil, organizada a todos los
niveles, con conciencia social y crítica, de manera que ejerza su papel
de auditoría social y política frente al poder. Si transitamos este
camino, habrá un futuro esperanzador.
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LA ÉTICA DE CRISTO
José Mª Castillo
Vivimos en tiempos de desconcierto ético. La
sociedad, las instituciones, las costumbres, casi todo ha cambiado con
demasiada rapidez y con demasiada profundidad, de forma que, en este
momento, no resulta exagerado afirmar que los problemas éticos son los
grandes problemas del momento. Lo son en política, en economía, en
educación, en religión, en casi todo lo que forma parte del tejido
social y de la vida privada de las personas. Por eso, ahora más que
nunca, necesitamos un referente que nos sirva de luz en el camino. Y así
las cosas, para nosotros los cristianos, ese referente está, ante todo,
en el Evangelio. De ahí, la actualidad de la ética de Cristo. ¿Qué se
puede decir, de forma resumida, sobre este asunto?
Tal como la presentan los evangelios, la ética de
Jesús se estructura sobre tres pilares fundamentales:
1. NO ES UNA ÉTICA DEL «DEBER», SINO UNA ÉTICA DE LA «NECESIDAD»
La ética, que casi siempre han defendido las
religiones, ha sido la ética de la obediencia a las leyes divinas o a
las normas de la institución sagrada. En Israel, sobre todo a partir del
exilio, adquirió una importancia absoluta la sumisión a la Ley (Torá).
Por tanto, en la cultura en que nació y se educó Jesús, el principio
determinante de la conducta era el «principio del deber». Un principio
que se acentuó a partir de la Modernidad. Baste recordar el «imperativo
categórico» que, desde Kant, ha sido determinante hasta los
desconcertantes tiempos de Posmodernidad en que vivimos ahora. Pues
bien, así las cosas, resulta reconfortante recordar que Jesús insistió
en un criterio ético que va por otro camino: «Por sus frutos los
conoceréis». Decir esto es situarse decididamente en el
planteamiento de una ética «consecuencialista». Es decir, una ética que
se organiza, no a partir de unos «deberes» que nos imponen, sino a
partir de las «necesidades» de la gente», para ponerles remedio. Y, por
tanto, una ética que se estructura en función de los «resultados» o
«consecuencias» que se siguen de nuestras decisiones. Nuestros actos son
correctos cuando producen paz, respeto a los demás, bienestar,
felicidad. Y son incorrectos cuando producen lo contrario, por más que
lo que se haga esté basado en mandatos de una presunta «ley natural» o
cosas por el estilo. No olvidemos que las leyes (divinas y humanas)
siempre están «mediadas» por las instituciones. Y entonces, lo que
prevalece no son ya las «necesidades» de las personas, sino los
«intereses» de la institución. Con razón Miroslac Milovic ha dicho: «el
sufrimiento de un niño no necesita de ninguna interpretación ética
posterior... El imperativo categórico es superfluo en este encuentro con
el niño que sufre».
2. UNA ÉTICA DE «LO HUMANO»
El Evangelio contiene principios éticos claros y
firmes. Sin embargo, el Evangelio es el gran relato de un conflicto. El
conflicto de Jesús con la religión. Porque Jesús vivió, habló y actuó de
forma que la religión vio en Jesús el máximo peligro. Hasta el punto de
llegar a la absoluta incompatibilidad. Es lo que queda patente en el
relato en el que se nos informa de la sentencia de muerte contra Jesús (Jn
11, 47-53). Por los elementos que allí estaban en juego, el Templo, la
Ley, los Sacerdotes, se comprende que el problema no está en el
conflicto de Jesús con «aquella» religión, sino con «la» religión, como
hecho que la contraposición entre «lo sagrado» y «lo profano», «lo
religioso» y «lo laico», «lo natural» y «lo sobrenatural», «lo humano» y
«lo divino». Las religiones se mueven casi siempre entre esta
terminología. Lo que supone una ideología sumamente peligrosa. Porque,
desde el punto de vista de los dirigentes religiosos, lo lógico es que
lo sagrado, lo religioso, lo sobrenatural, lo divino, todo eso, está por
encima de todo lo humano, de todo lo profano, de todo lo meramente
natural, de todo lo laico. Ahora bien, desde el momento en que, en la
sociedad y en la intimidad de las personas, entran en juego estas
clasificaciones, estas convicciones, estos criterios, para la visión de
la vida y para organizar las conductas, desde ese momento se mete en la
sociedad y en la vida un «elemento extraño», una cuña, que se clava en
lo más hondo de la convivencia y de la subjetividad. Lo cual puede hacer
de la vida un infierno. ¿Por qué las religiones matan, humillan,
someten, exigen privilegios, dividen a la gente y generan conflictos en
lo más secreto de muchas vidas, que terminan siendo carne de psiquiatra?
Sin duda alguna, Jesús se dio cuenta del enorme problema que entraña el
modelo convencional de la religión. Y por eso él, vio que la solución
estaba, no en abolir la religión, sino en proponer otro modelo de
religiosidad, es decir, una «religión alternativa». Jesús centró sus
preocupaciones religiosas en tres cuestiones vitales para todo ser
humano:
+la salud (curaciones de enfermos),
+la alimentación (comidas con toda clase de
gentes, sobre todo con los pobres),
+ las relaciones humanas (Sermón del
Monte...). Pero se dedicó a estas tres tareas de forma que, por estos
motivos, entró en conflicto con los hombres de la religión. Jesús
antepuso la vida y la felicidad de las personas al sometimiento a las
normas de la religión. Al final, declaró que el Templo ya no era una
casa de oración, sino una cueva de bandidos. ¿Qué había en el fondo de
todo esto? La cosa está clara: para Jesús, el bien del ser humano (de
cualquier ser humano) está antes que lo «sagrado», lo «divino», lo
«religioso», lo «sobrenatural», cuando todas esas denominaciones (y lo
que implican) se utiliza para obtener privilegios, para crear divisiones
y para generar violencia.
3. UNA ÉTICA DE «LOS ÚLTIMOS»
Jesús dijo muchas veces que «los últimos serán los
primeros» (Mc 9, 35; 10, 31; Mt 19, 30; 20, 16; Lc 13, 30; cf. Mt
20, 8; Lc 14, 9. 10; Mc 10, 35-45 par; Lc 22, 24-30 par). Se sabe que en
las culturas mediterráneas del s. I, el valor supremo no era la
riqueza, sino el honor (B. J. Malina). Pues bien, en un mundo
que veía así las cosas, Jesús planeó una ética subversiva. En cuanto que
le dio la vuelta a la situación. Cortó en sano las repetidas discusiones
de los apóstoles cuando planteaban quién era el más importante. No
toleró a los que apetecían los primeros puestos. Y puso como modelo a
los pequeños, los pobres, los excluidos, los niños, los samaritanos,
etc. La ética de Cristo es la ética que, en caso de duda, se pone
siempre de parte del débil: el pordiosero, el inmigrante, el preso, el
enfermo... El día que los Gobiernos y, sobre todo, la Iglesia tomen esta
ética en serio, el mundo cambia radicalmente. Ese día se acabaron los
problemas del hambre, la exclusión, la crisis económica, el cambio
climático, la violencia... ¿Un sueño? No, es la utopía del Evangelio. Lo
que pasa es que entre todos hemos hecho que, en los países más
cristianos y más católicos, tengan más presencia ética los deberes y sus
imperativos, los religiosos y sus privilegios, los primeros y sus
dignidades. Y así nos va.
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PROYECTO «ETICA MUNDIAL»
Miguel Vera
«IMPOSIBLE SOBREVIVIR
SIN UNA ÉTICA MUNDIAL»
Una de las aventuras más apasionantes del nuevo
milenio es la gran apuesta ética de Hans Küng y su proyecto de ética
mundial. Éste viaje por los mares de la ética lo ha recogido en un breve
volumen de la editorial Trotta que recomiendo como bibliografía básica
en este tema tan central y necesario hoy en día.
Los acontecimientos sucedidos durante los últimos
años han permitido ver con claridad que el mundo en que vivimos no
conservará posibilidades de sobrevivir mientras sigan existiendo
espacios para éticas diversas, opuestas o antagónicas. Un mundo único
necesita un talante ético fundamental; esta sociedad mundial única no
necesita, ciertamente, una religión o una ideología unitarias, pero sí
alguna clase de normas, valores, ideales y fines obligatorios y
obligantes.
No hay pez religiosa sin un diálogo entre religiones
No hay supervivencia sin una ética planetaria.
No hay Paz mundial sin paz religiosa.
Sin un talante ético mundial, no hay orden mundial al
ser el presupuesto de toda cultura la aceptación ética de las leyes; el
ser humano no va a mejorar mediante el creciente recurso a leyes y
preceptos y tampoco por meros procedimientos psicológicos o
sociológicos. La constante creación de nuevas leyes, de poco sirve si
una gran parte de ciudadanos no piensa lo más mínimo en aceptarlas.
«Quid leges sine moribus?» (De qué sirven las Leyes sin costumbres?).
Además existe un hecho que no podemos ignorar: el templo del progreso
tecnológico se ha acelerado tan drásticamente que corre constantemente
el peligro de superar a la organización política, cuya legislación va
con la lengua fuera persiguiendo al desarrollo tecnológico; hasta ahora
, la ética, casi siempre ha llegado demasiado tarde; la pregunta por la
licitud surge después de haber pasado ya los hechos, la reflexión sobre
lo que es lícito ha de preceder a la realización de lo que
es factible, no limitarse a ser una reflexión sobre la crisis sino
contribuir a una profilaxis de las crisis. Necesitamos una ética
preventiva.
El cambio de paradigma no significa necesariamente
destrucción de valores, sino más bien un cambio de valores:
- De una ciencia amoral a
una ciencia éticamente responsable.
- De una tecnocracia
dominadora del ser humano a una tecnología al servicio de una persona
más humana.
- De una industria de
impacto medioambiental a una industria que, de acuerdo con la
naturaleza, fomente los auténticos intereses y necesidades del ser
humano.
- De una democracia
jurídico formal a una democracia viva que garantice la libertad y la
justicia.
Actualmente existe una ética del éxito que considera
bueno todo lo que funciona, proporciona beneficios, poder o placer;
también contamos con una Ética de intenciones cuya orientación hacia una
idea de los valores (justicia, amor, verdad) la inclina a interesarse
por una motivación puramente interna de la acción, eliminando cualquier
preocupación por las consecuencias de una decisión o actuación, por la
situación concreta, con sus exigencias y repercusiones. Tal absolutismo
ético es peligrosamente ahistórico, es apolítico pero si puede, dado el
caso, justificar incluso el terrorismo por motivos ideológicos. Por
tanto debemos llegar a una ética de responsabilidad en el sentido
propuesto por Max Weber, es decir, sin una ética ideológica, la ética de
responsabilidad degeneraría en una neutra ética del éxito, para la que
cualquier medio es bueno en función de los fines. Y sin una ética de
responsabilidad, la ética ideológica se quedaría en mera
autojustificación de la propia subjetividad. Según ésta ética de
responsabilidad el mensaje para el tercer milenio se podría concretar en
Responsabilidad de la comunidad mundial con respecto a su propio futuro.
Responsabilidad para con el ámbito común y el medio
ambiente y en
Responsabilidad también para con el mundo futuro.
Los responsables de las diferentes regiones,
religiones e idelogías han de aprender a pensar y actuar desde contextos
globales. Se impone con más urgencia la cuestión cardinal de la ética:
+¿Bajo qué condiciones fundamentales podemos
sobrevivir con una vida humana en una tierra habitable, programando
humanamente nuestra vida individual y social?
+¿Qué presupuestos son necesarios para salvar la
civilización humana en este tercer milenio?
+¿A qué principio básico habrán de atenerse los
responsables de la política, de la economía, la ciencia y la religión?
+¿Qué se requiere para que el hombre concreto alcance
una existencia plenamente realizada?
OBJETIVO Y CRITERIO DE LA ÉTICA
:
¡EL SER HUMANO!
El hombre y la mujer ha de ser más de lo que es:
ha de ser más humano. Es bueno para el ser humano lo que preserva,
fomenta y realiza su humanidad.
El hombre no podrá convertirse en simple medio.
Tendrá que seguir siendo siempre objetivo último, finalidad y criterio
decisivo. Dinero y capital, lo mismo que el trabajo son medios, lo mismo
que la ciencia, la técnica y la industria; de ningún modo pueden
considerarse neutrales o inocentes sino que deberán ser valorados y
utilizados en la medida en que sirvan al desarrollo del hombre y de la
mujer.
«El factor humano es el elemento central, impulsor o
moderador, tanto del acontecer global como del particular» (R.Müller)
De todo ello se desprende una exigencia programática
de nuestro gran viaje «la ética, que la modernidad consideró cada
vez más como cosa privada, vuelve a convertirse, en la posmodernidad
--por el bien del hombre y la supervivencia de la humanidad-- en un
asunto público de primer orden.»
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Es necesario ser
responsables si no queremos que el mundo entre en un declive que
ya no tendrá salvación, todo esto supone lo siguiente:
Que es
necesaria una ética mundial
Que los
acuerdos comunes sustentados en el diálogo y en el
respeto funcionan como un saber orientativo que nos
permite capacitarnos adecuadamente para aplicar la
responsabilidad en nuestros actos
Partir de
principios mínimos nos abre un horizonte de diálogo que
no irrumpe con la libertad de elección
La
responsabilidad con el otro, con el futuro y con el
mundo es actuar más allá de todo acto inmediato, es
decir, es realmente actuar
La persona
no es un medio, es un fin, es decir, que si ha podido
originar tantos males en el mundo puede a su vez
originar bienestar y salud social
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DESEO, QUIERO, PUEDO:
ACCIONES PARA UNA ÉTICA FEMINISTA
Margarita Pintos
L a ética es una
parte de la filosofía que reflexiona sobre la práctica de
las llamadas virtudes o costumbres. La ética feminista recoge las
críticas que desde el feminismo se han hecho a los conceptos y
perspectivas que han fundamentado una ética racional y universal
centrada en la defensa de la libertad y la igualdad que ha sistematizado
la razón patriarcal.
Por feminismo entiendo el movimiento social y
político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que
supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo
humano, de la opresión, dominación y explotación de la que han sido
objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado
bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual
mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las
transformaciones de la sociedad que pueda requerir.
El movimiento feminista actúa en dos niveles:
+La lucha por la igualdad en lo económico, social,
cultural
+La construcción de una sociedad en la que quede
superada la dicotomía hombre-mujer para realizar funciones basadas en el
género.
Poco a poco llegamos a la igualdad formal (Ley
8-3-2007), pero las costumbres no cambian a golpe de leyes, sino tan
lentamente que casi no lo apreciamos. Podemos distinguir al menos tres
grandes desigualdades:
1. EN LA VIDA DOMÉSTICA:
En la vida doméstica seguimos con las labores propias
sobre todo en el cuidado de familia, niños, personas con otras
habilidades, ancianos… y si no lo hacemos sentimos culpabilidad. Estamos
liberadas fuera de la casa, pero nos agobiamos y desilusionamos dentro.
Algunas una minoría) hacen lo mismo que los hombres: no tienen hijos, no
cocinan, no van a la compra… asumen una cultura masculina. Otras siguen
con la doble o triple jornada. Muchas mujeres están de mal humor porque
el día a día es hostil y duro, aunque hay esperanza porque algo se ha
conseguido y vemos despejado el horizonte.
2. IGUALDAD DE OPORTUNIDADES:
Formalmente está ahí: puestos de trabajo,
profesiones, cargos de responsabilidad… están a disposición de hombres y
mujeres. Algunas han llegado a desempeñar algunos puestos impensables
hace pocos años, pero la mayoría de las mujeres encuentran obstáculos de
todo tipo. Se puede pero… Por una parte el hombre no quiere perder su
protagonismo, y por otra las mujeres se resisten a sacrificar
determinados valores: maternidad, cuidado. No quieren renunciar a nada:
ni a lo que ha sido, ni a lo que puede llegar a ser. No quiere pagar por
su emancipación. Además la escasez de puestos de trabajo "compatibles"
con lo que queremos ser llevó a la Declaración de Atenas en 1992, en la
que se insta a los gobiernos a aprobar una Ley de paridad para paliar
esta desigualdad.
3. LA VIOLENCIA SEXUAL
La violencia sexual sigue siendo una constante que
afecta a las mujeres y que no mejora con los años. Las violaciones,
acosos sexuales, malos tratos muestran que las mujeres seguimos siendo
objetos más que sujetos, medios que un fin en sí mismo. De hecho las
decisiones en derechos sexuales y reproductivos las siguen tomando los
hombres porque son mayoría en los Parlamentos (donde hay democracia…)
ESTA SITUACIÓN NO ES BUENA
PARA LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO.
Algunas mujeres, de segunda generación, quieren
volver a tiempos de las abuelas: espacio doméstico, regreso a lo natural
(mujer = naturaleza), la arruga ya no es bella, hay que plancharla,
parir a los hijos con dolor…incluso en la última encuesta del CIS
aparece que el 62,5% de las mujeres confiesan que se despedirían del
trabajo si les tocase la lotería. Se acaba el mito de la liberación por
el trabajo.
Encontramos dos vías o estrategias para acabar con
estas desigualdades:
1. Masculinizar a las mujeres
2. Feminizar a los hombres
Ya dijimos que algunas mujeres han optado por
masculinizarse y entrar de lleno en el sistema patriarcal de manera
a-crítica y de alguna manera se han convertido en hombres.
Otra opción es llevar al espacio público, ocupado
durante siglos sólo por hombres, los valores desarrollados en el ámbito
doméstico.
Virtud y varón tienen la misma raíz latina: vir. Y la
primera virtud de los varones fue la fuerza física, el valor guerrero y
de ahí salieron las demás: valentía, agresividad, dureza, inteligencia,
estrategia para vencer hasta la muerte. En cambio valores como ternura,
abnegación, pasividad, modestia, cooperación, pragmatismo,
responsabilidad son débiles y pasivos. Estos atributos les chirrían a
las mujeres liberadas y les producen rechazo. Los valores femeninos son
virtudes débiles.
Esta dicotomía genérica puede ser cambiada si
apostamos por una sociedad que acepte formas nuevas de actuar.
Los hombres han desarrollado la ética de la justicia
y han dejado en manos de las mujeres la ética del cuidado. Feminizar a
los hombres es otra manera de hacer política en la que la conciliación,
el diálogo y el pragmatismo venzan sobre la agresividad y la lucha
partidista. ¿Por qué no podemos trasladar los valores de la ética del
cuidado a la vida pública y al revés?
Todo esto sin olvidar la lucha por el acceso al
poder, pero las mujeres no podremos tener más poder si la compatibilidad
de la vida pública y privada no se hace realidad. Porque creo que cada
hombre y cada mujer han de poder no abdicar de ciertas obligaciones
privadas por el hecho de entrar en el mercado laboral. Además, no
estamos defendiendo a las mujeres, sino que estamos planteando quién se
ocupa de los niños, de los ancianos, de los enfermos, del reparto
equitativo de las tareas domésticas…
Mi opción es empeñarse en cambiar las costumbres
cotidianas, sin abandonar la política dirigida a corregir las
desigualdades, y sobre todo ser conscientes de que podemos hacer
realidad lo que tantas veces pensamos, y que podemos expresar con tres
verbos: DESEO, QUIERO, PUEDO.
ELIMINAR LOS VALORES PATRIARCALES.
El problema está en que mientras se crea que la
superioridad o centralidad de lo masculino es natural o MANDATO DIVINO,
siempre existirá el peligro de que algunos seres sean interiorizados o
feminizados. Si queremos una justicia duradera debemos eliminar los
valores patriarcales.
Hace 21 siglos se empieza a desarrollar un movimiento
reformador del judaísmo que ha llegado a nosotros como cristianismo y
que tiene su origen en el judío Jesús de Nazaret que se enfrenta con las
grandes instituciones el Templo y la Ley, creando un movimiento de
discípulos y discípulas. Son precisamente las mujeres de su movimiento
las que transmiten las experiencias de vida, muerte y resurrección que
pone en marcha esta nueva religión.
Pablo de Tarso organizó y sistematizó este movimiento
para que llegara hasta nuestros días, aunque se perdieron tradiciones y
prácticas igualitarias más cercanas al círculo de las personas que
conocieron y vivieron con Jesús de Nazaret.
La moral sexual ha sido un plato fuerte en el
judaísmo, cristianismo (sobre todo en la confesión católica) así como la
fijada en los códigos de familia en los países islámicos, aunque en el
Islam el cuerpo está para disfrutar de él, principalmente en el ámbito
privado.
Ignorar las experiencias y reflexiones de los seres
humanos en relación con la sexualidad ha sido el fruto de las
restricciones en la mayoría de las tradiciones religiosas. Cuando las
mujeres empiezan a cuestionar algunas prohibiciones, las respuestas se
atienen a la rigidez institucional que demuestran sus códigos. Lo que
aportamos las mujeres con nuestras preguntas son generalmente problemas.
Desde Eva, el cuerpo de las mujeres es visto como
tentador, sujeto de bajas pasiones. El afán por controlar y estipular
rígidamente los comportamientos sexuales repercute, en primer lugar,
sobre las mujeres y después sobre toda la sociedad. Se insiste en las
fronteras que no se deben traspasar, en las decisiones que no son
lícitas tomar, etc. (Rosa, niña de 9 años nicaragüense, violada y
excomulgada).
No nos damos cuenta de que EL CUERPO individual es un
símbolo de la sociedad, un microcosmos donde se reflejan los poderes y
peligros que se le atribuyen a la estructura social. Nuestra percepción
del cuerpo, así como el modo de tratarlo, están influenciados por las
categorías sociales y viceversa. Se condicionan mutuamente. Por ello, el
control corporal transparenta el control social.
Algunas de las actitudes espirituales más
recomendadas a las mujeres son la humildad, el sacrificio, la entrega
escondida… situación que muchos aprovechan para reforzar y legitimar el
rol asignado y, sobre todo, para acallar, domesticar y tergiversar en
muchos casos los deseos profundos, razonados y legítimos de igualdad en
el seno de las comunidades de creyentes.
ESE PECADO TAN POCO ORIGINAL
El relato del Génesis, que es la versión semítica del
imaginario sumerio que aparece en el Cántico de la diosa Innana, la
mujer será culpable de la pérdida del paraíso. Aquí nace el rechazo a la
mujer y a su sexualidad. Su único poder es la capacidad de dar vida.
En un intento de suavizar su maldición, el
cristianismo asignó a María un grado superior al de los mortales: la
santidad, pero no la hacían divina. Es más fortaleció la masculinidad
del Dios creando la Trinidad, un círculo formado sólo por varones:
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella no era ni diosa, ni hija de dioses,
sino sólo una mujer cuyo mérito consistía en traer al mundo al Hijo de
Dios, sin placer, sin deseo, sin voluntad ya que la inseminación venía
del cielo, anunciada por un ángel asexuado.
En el Corán no hay mención a Eva. La culpa no se
hereda y la mujer aparece como un ser humano independiente y libre. Dios
perdona la desobediencia y envía a las personas a la tierra por un
tiempo, donde serán responsables de sus propios actos. En la era pre-islámica
estatuas de diosas poblaban el recinto de la Meca y regían la vida de
muchas tribus. Exigían sacrificios humanos sobre todo de niñas. El Islam
quiso acabar con el poder de esas diosas y para ello decidió someter a
las mujeres. Al relacionar a la mujer con el "desorden", las privará de
su poder en la escena pública (haram), relegándolas al terreno de lo
privado (mahram). Las mujeres serán recluidas en los harenes, alejadas
del poder de decisión, de legislar y de ejecutar. Los hombres fueron
abandonando el infanticidio de las niñas, librándolas de la primera
muerte que encontrarán más tarde negándoles el derecho a la educación y
terminando con la lapidación o ejecución.
ATRIBUTOS DE BELLEZA
Entre los atributos de belleza que todas las culturas
reconocen en una mujer, se encuentra el cabello. La mata que
cubre nuestra calavera adquiere un valor simbólico en las religiones que
optan por regular su presencia ante los ojos de los demás. El tandem
castidad/pelo se convierte en una virtud que es obligatoria para
cualquier mujer que se precie: a más exhibición de la cabellera menos
castidad.
En la cultura occidental, la toquilla con la que se
cubrían los hombros las mujeres, servía para tapar los cabellos al
entrar en la iglesia. El velo de las novias tapándoles la cara y que el
novio levantaba al final de la ceremonia como referencia simbólica al
himen de la desposada, también va desapareciendo y se usa simplemente
como tocado.
El pueblo judío identifica a Lilith, la primera mujer
de Adán, con la que hechiza a los hombres con su cabellera negra como el
azabache. El velo de la mujer judía simbolizaba su estado de distinción
y lujo, es decir añade dignidad y superioridad a las mujeres que de por
sí ya eran nobles. Si una mujer es acusada de infidelidad, es obligada a
quitarse el velo. Actualmente las mujeres judías también se cubren el
pelo para entrar en las sinagogas, y en las sectas Jasídicas siguen
usando peluca. Los hombres usan el Kepah que es señal de sumisión a
Dios.
En el catolicismo el velo para las monjas es una
realidad. Son las esclavas del Señor, y esconde su cuerpo y su
cabellera. Es la mejor manera de in-visibilizar a las mujeres, además de
ponerles rejas y un visitador varón que es su intermediario con el
ordinario del lugar u obispo. También tienen que esperar que un hombre
venga cada día para poder celebrar la eucaristía o para confesarse. Es
una manera más de violencia y control, creyendo que así las mantienen
sumisas y obedientes. Las cartas de Pablo a los Corintios están llenas
de citas en esta dirección: "Si una mujer no se cubre la cabeza, que se
corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o
raparse, que se cubra. El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es
imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre. La mujer
debe llevar sobre la cabeza una señal de sujeción (1Cor 11, 5-10). Las
asimilaciones en los textos bíblicos de la castidad y el velo son muy
numerosas, motivo por el que los Maíz y los Mennonitas mantienen a las
mujeres sometidas al velo.
El Corán 33:59 dice:"Profeta. Di a tus esposas, a tus
hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el Heyab. Ése
es el modo más sencillo de que sean reconocidas y no sean molestadas".
El valor del velo es para ser distinguidas y para evitar que las
confundan con las prostitutas, pero no hay ningún razonamiento religioso
ni de sumisión a Dios. El velo es una herramienta que separa a la mujer
de la mirada de deseo de otros hombres. Frenar el deseo de los hombres
deja de ser una responsabilidad masculina para convertirse en un deber
femenino.
Sin embargo, Heyab, siempre hace referencia a
separar, esconder. El velo ha sido signo de reclusión femenina. Hasta la
Edad Media la mujer no llevaba velo y fue entonces cuando los hombres
utilizaron la heyab para excluirlas de la escena social y someterlas en
el ámbito familiar. Esta reivindicación sirve para legitimar la
desigualdad de género, silenciar las exigencias del pueblo entero y
desviar la atención de graves problemas sociales y económicos. Ahora el
velo de las mujeres está en el centro de la lucha tanto de los
movimientos islamitas como de los grupos más modernos, pues son
representaciones simbólicas de su ideología y su programa político.
HIMEN, ABLACIÓN, VIRGINIDAD
Las religiones, siempre tan empeñadas en cuestiones
de fe, se carnalizan cuando se trata de hablar de las mujeres. Mientras
la pureza del hombre se manifiesta en los hechos, la de las mujeres se
sitúa en el himen.
Ya desde el helenismo tardío existe un vínculo entre
la virginidad y la espiritualidad. En el judaísmo se valoraba por encima
de todo la fecundidad y morir virgen era una desgracia (María aparecerá
como la engendradora de lo divino, es la pureza premiada). La novedad
que impuso el cristianismo fue la institucionalización del celibato como
forma de vida. Alá promete huríes vírgenes a los varones musulmanes
virtuosos como recompensa a su obediencia.
Llegar virgen al matrimonio ha sido y sigue siendo en
muchas personas y países un valor imprescindible. En muchos casos
equivale a un documento de propiedad privada y exclusiva. Si una mujer
no ha descubierto el placer, el hombre no tiene miedo a ser comparado
con otro y pierde la angustia ante la posibilidad de no poder satisfacer
los deseos de su cónyuge. Así, la mujer, pensará que todos son iguales,
creerá que el horizonte sexual es lo que su marido le ofrece y la
ignorancia sexual de las esposas asegura así su fidelidad. Las
religiones son el soporte ideológico de estos principios patriarcales.
Por eso en muchos países se llama "felices a aquellos padres, cuyas
hijas han tenido se primera menstruación en el domicilio conyugal". Así,
la familia queda libre de la preocupación por salvaguardar la honra de
su hija, y por extensión de los miembros de la familia.
La extirpación del clítoris, acto simbólico de la
castración, no es una obligación religiosa. El Corán no hace alusión a
esta práctica. Las culturas asentadas en el Valle del Nilo sí la
consideran una obligación sean musulmanes o cristianos coptos. Los
misioneros cristianos no han denunciado esta práctica, ya que era una
manera "local" de mantener la pureza sexual de la mujer, un valor
importante para las iglesias cristianas. Con respecto a los judíos, la
mutilación es practicada por los Falashas etíopes, que ahora residen en
Israel.
El grupo de trabajo sobre Prácticas Tradicionales que
afectan a la Salud de las Mujeres y los Niños (IAC) establece en su Plan
de Acción que la mutilación genital femenina "es una violación de los
Derechos Humanos y no sólo es una cuestión moral… es una expresión de la
subordinación social de la mujer por razón de su género". El gobierno
español ha reconocido la ablación como causa suficiente para que una
mujer consiga el refugio o asilo fuera de su país.
(Variantes: clitoridectomía o circuncisión; escisión
e infibulación el caso más extremo). (Nawal al-Sa’dawi. La cara desnuda
de la mujer árabe. Horas y horas 1991)
En algunas culturas, la violación se castiga muy
duramente, incluso con la pena de muerte, pero siempre y cuando la
víctima fuese virgen. Lo que realmente se pretende proteger es la
virginidad como bien supremo y en otros casos el honor del padre o del
esposo. La preservación del linaje y la certeza de la paternidad eran
objetivos determinantes en el castigo de este tipo de delitos. En
cualquier caso, la mujer como ser humano vejado y humillado, no tiene
demasiada importancia. Es más, su prestigio y valor social se reduce a
cero después de sufrir una violación. Esta baja estima de la mujer
violada se ha mantenido a través de los tiempos a causa de esa
mitificación de la virginidad que se aprecia en todas las
culturas.
Tradición, religión e historia han exigido a la mujer
la defensa de su honestidad hasta la muerte si fuera necesario. Un
ejemplo lo encontramos en el proceso de beatificación de María Goretti,
en el que Pío XII, 1939-1958, contemporáneo de muchos de los presentes,
argumentaba y describía en sus páginas la violación, no como un ataque
brutal que en buena lógica repugnaba a María, una niña de doce años,
sino como ejemplo del camino a la santidad que "le hizo renunciar a un
atractivo placer" por defender su honestidad. Según esta interpretación,
lo esperado de la agresión era la producción de placer: sólo la
resistencia de la víctima explicable porque atentaba contra su
virginidad, convierte dicha agresión en especialmente indeseable.
No he encontrado una sola nota episcopal sobre los
casos de ablación denunciados en nuestro país. Quizás es considerada una
tradición cultural, en vez de una mutilación y un atentado contra los
derechos humanos.
La escultora Christine Kowal, que vive en los Países
Bajos, nació en Nigeria y se crió en Inglaterra, talló una estatua de
mujer en madera de pino. Esa mujer está desnuda y aprieta contra su
cuerpo un cáliz. Su mirada es angustiosa y expectante; su cuerpo,
sensual y robusto. Si uno mira alrededor de la estatua, observará que
esa mujer lleva escondido un puñal en la mano izquierda. En esa mujer
con cáliz y puñal se simbolizan las anchas fronteras de la violencia
permitida contra las mujeres, y las líneas feministas de demarcación
entre violencia y sexualidad. Su desnudez está descubierta, pero la
mujer está preparada para la angustia. Se protege con el cáliz en el que
la sangre de los sacrificios corre como peligroso recuerdo. Esa mujer es
la víctima y es la resistente. Es una imagen de la humanidad vejada y
nueva a la vez.
Ella podría decirnos:
Esto es mi cuerpo,
que he entregado
por vosotros
Un cuerpo lleno
de calor y de vida
Martirizado,
violado, frío.
Esto es mi sangre,
que he derramado
por vosotros
Sangre menstrual, sangre
del alumbramiento, sangre pura
Que mana, que gotea, que está
muerta.
Esto es un arma
que no quería utilizar
Con fría hoja
y afilada punta.
Me habéis hecho violencia,
Habéis nublado
mi mente,
Habéis vejado
mi cuerpo,
habéis dejado sin patria mi
alma.
Yo sólo quería vivir, amar,
creer, esperar,
llegar a ser.
¡Oh Dios mío!,
¡pase de mi esta cáliz!1
(Footnotes)
1 Meyer-Wilmes,
H. "Prácticas de violencia en
nombre de la religión": Concilium nº 272 (1997), p.704.
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