ÉTICA PARA  UNA    SOCIEDAD NUEVA               

 

 

Un día alguien muy agitado le dijo a Sócrates:

--Tengo algo que contarte...

-- Un momento, ¿Has pasado lo que tienes que decirme por los tres coladores?. El primero es la verdad. ¿Has comprobado lo que vas a decirme?

--- No, sólo lo he oído contar.

-- ¿Lo has hecho pasar por el colador, de la bondad?, ¿tiene al menos algo de bueno?

-- No, al contrario...

-- Probemos, pues, el tercer colador y preguntémonos si es útil contar lo que te agita.

-- Útil, la verdad es que no es.-

-- Pues bien -dijo Sócrates- si lo que tienes que decirme no es ni verdadero ni bueno ni útil, olvídalo y no te preocupes más.

La moraleja es que evitemos lo que amenaza con perturbar la atmósfera de nuestra sociedad: lo falso, lo instantáneo, la moda y la frivolidad»


 

 
   

1.- ÉTICA EN LA ACCIÓN POLÍTICA

Fernando Bermúdez López

2.- LA ÉTICA DE CRISTO

José M. Castillo

3.- PROYECTO « ETICA MUNDIAL»

Miguel Vera

4.- DESEO, QUIERO, PUEDO  ACCIONES PARA UNA ÉTICA FEMINISTA

Margarita Pintos

 

 

 
 

ÉTICA EN LA ACCIÓN POLÍTICA

Fernando Bermúdez López

1.¿ES IRRECONCILIABLE LA ÉTICA CON LA POLÍTICA?

 

Vivimos inmersos en una profunda crisis histórica que afecta no solamente a la economía y al mundo de las finanzas, como se nos quiere hacer creer. Están en crisis las mismas estructuras de la sociedad. Por eso podemos decir en verdad que es una crisis de humanidad, que abarca todas las dimensiones de la vida: la realidad personal, social, política, ecológica, cultural, ética y espiritual.

Las causas de esta crisis histórica son múltiples y complejas. Manifiestan la decadencia de valores en la sociedad actual. Se han incrementado las conductas violentas, la especulación y la corrupción en los negocios, la competitividad ambiciosa, la desconfianza, el individualismo que nos hace cada vez más insolidarios, el consumismo desenfrenado y el hedonismo.

A todo esto se suma el drama humano: la creciente y escandalosa agudización de la brecha entre el mundo rico y el mundo pobre. Nunca ha habido tanta riqueza como existe hoy día y, sin embargo, crece el número de empobrecidos. Los últimos datos hablan de mil millones de seres humanos pasando hambre en el mundo. Estos días el mundo ha conocido, con el terremoto, la situación de extrema pobreza que vive Haití.

No solamente la crisis afecta al ser humano. Golpea también a la tierra. En aras del lucro y del «desarrollo» se están explotando irracionalmente los recursos de la naturaleza y contaminando el medio ambiente, que es la causa fundamental del cambio climático, porque «en un mundo finito no podemos crecer de manera infinita», dice Joan Surroca. Los gobernantes no son capaces de ofrecer una alternativa que saque a la sociedad de esta crisis. Copenhague fue un fracaso.

En las naciones «democráticas» se van sucediendo partidos y gobiernos, los cuales responden, salvo algunas excepciones, a los intereses del poder económico y sobre todo de las corporaciones financieras multinacionales, que desde la sombra tiran de los hilos y controlan a los gobiernos. Las campañas electorales, en gran medida, se presentan como una burla al pueblo. El grupo político que más responda a los intereses del gran capital y posea recursos económicos y control sobre los medios de comunicación, es el que tiene las mayores posibilidades de ganar las elecciones.

Se lee y escucha en los medios de comunicación que existe una decadencia de valores éticos en la población española y en los líderes políticos, tanto en los que ocupan algún cargo público como en los de la oposición. El Congreso de los diputados se ha convertido en un espacio de lucha de poder, demagogia y confrontación partidaria. No hay criterios serios y maduros a la hora de hacer política. No hay ética. Se utiliza la política para buscar intereses personales o sectoriales, ascender a cargos y lograr privilegios económicos. Hemos sido testigos de casos de corrupción que han envuelto a altas autoridades políticas en distintas comunidades autónomas, sobre todo en Valencia, Madrid, Murcia, Cataluña y Andalucía.

La oposición política en España, concretamente del Partido Popular, no parece tener propuestas serias, eficientes y convincentes. Sólo protesta, pero no propone. En vez de arrimar el hombro para buscar juntos soluciones a los problemas del país, crea más división y confusión entre la ciudadanía. Parece que le interesa más el partido que el bien de la nación.

Da la impresión de que la política y la ética son irreconciliables. La política se ha convertido en «politiquería», es decir en un sucio juego de intereses de poder y de ambición económica.

La crisis de valores en la política se refleja en el sistema mismo, caracterizado por la ambición, la corrupción, la impunidad, la mentira, la injusta distribución de la riqueza, la falta de sensibilidad frente al sufrimiento de los pobres y la violación a los derechos humanos. Cada vez más, las viejas estructuras políticas se ven envueltas por una crisis de valores que indican su inviabilidad.

En la política internacional impera la ley del más fuerte, se viola el derecho internacional y el más elemental sentido de humanidad. Se impone la guerra como medio de solución de conflictos por encima de la razón y del diálogo. Ahí tenemos, como muestra de ello, las guerras de Afganistán e Irak, el sangriento genocidio de la República Democrástica del Congo, la ocupación de los territorios palestinos y la construcción del muro por Israel, el abandono por parte de la Unión Europea y Estados Unidos de las demandas del heroico y paciente pueblo saharaui que, pese a las resoluciones de la ONU para la realización de un referéndum, Marruecos persiste en la ocupación y represión… Se impone la fuerza militar como medio de solución de conflictos, desconociendo el sentido de la razón y del diálogo. Toda esta realidad es un indicador de la descomposición social y de la degradación de los valores éticos que envuelve a la humanidad y afecta a toda la realidad humana.

Frente a esta realidad no podemos permanecer indiferentes ni neutrales. Desde la ética más elemental y desde la fe cristiana, hemos de optar por la justicia al lado de los empobrecidos, y desde ahí soñar y luchar por otro mundo posible en donde todos tengan oportunidad de una vida digna.

Hoy asistimos a una lucha cosmovisionológica. Por un lado, una corriente que se resiste a abandonar las viejas concepciones y estructuras socioeconómicas y políticas que han caracterizado a la sociedad en beneficio de unas minorías, que coincide con el pensamiento «cristiano-occidental». Y por otro lado, visualizamos otra corriente, cada vez más extendida a lo largo y ancho del planeta, que busca la construcción de otro mundo posible, más humano, más justo y respetuoso con el medio ambiente, con un pensamiento plural. Y esto es un signo de esperanza.

Hay cosas que están muriendo y otras que están naciendo. Participamos, sin duda, en el ocaso de una época y en el alumbramiento de una civilización nueva, cuyos datos y creencias aún están confusos y mezclados con las formas de un sistema desfalleciente.

 

2. SENTIDO ÉTICO DEL PODER

 

El poder es un componente necesario de la vida de la sociedad. Su ausencia provoca graves trastornos sociales. Sin embargo, la experiencia muestra que el poder político, con frecuencia, ha sido causa de dominación, corrupción, represión y muerte. Es por eso que el poder político se hace sospechoso para mucha gente y se visualiza como algo negativo y malo. Un pensamiento muy común es que «el poder corrompe».

Sin duda que el poder es una de las grandes ambiciones del ser humano. Siendo esto así, surge un interrogante: ¿es ético aspirar al poder? Cuando se habla de política el poder está en el centro del debate. Los grandes empresarios se organizan para mantener el control del poder político, y también las organizaciones sociales y movimientos de izquierda que buscan una sociedad más justa, se organizan para alcanzar el poder y desde ahí realizar los cambios que anhelan.

No podemos negar la realidad del poder. Hay hombres y mujeres que tienen capacidad de mandar y consiguen de hecho imponer su voluntad. Los que tienen poder con frecuencia se aferran a él e incluso llegan a considerarse caudillos imprescindibles, sean de derecha o de izquierda.

Los creyentes miramos a Jesús, quien debe ser siempre el referente en nuestra vida. Él presenta otra visión del poder. Rechaza ser proclamado rey. Aunque reconoce la legitimidad del poder, no lo quiere para sí mismo. Esta actitud desconcertó y escandalizó a las autoridades de Israel y también al pueblo que esperaba que él fuera su libertador. No podían comprender por qué no quería el poder. En realidad, Jesús constituyó un poder paralelo y alternativo, diferente a todo poder establecido. Su poder no se basa en la fuerza y el dominio de los demás sino en la libertad, el amor y el servicio. Tampoco Jesús se somete al poder injusto del Consejo de los judíos. Él es libre frente al poder. Denuncia con fuerza el mal uso del poder de las autoridades. Las ataca frontalmente, diciendo al pueblo que aquellos que tienen por dirigentes no son más que unos hipócritas y ladrones. Es libre, asimismo, frente a la autoridad civil y militar. Al rey Herodes le llama «zorra» y al gobernador romano Poncio Pilato le dice tajantemente: «Tú no tendrías poder si…».

Jesús le da otro giro al poder. Señala que «Los jefes de las naciones se creen dueños de ellas y las tiranizan con gran poder, pero entre vosotros no ha de ser así. El que quiera ser el primero, hágase el servidor de los demás…»(Mc 10,42-45). A los primeros los coloca los últimos y a los últimos los primeros. Desmonta el sistema piramidal existente por injusto e inhumano. Y llama a crear un nuevo estilo de organizar la sociedad fundado en la justicia y en la solidaridad.

Jesús no pretende suprimir el poder sino darle una dimensión nueva, es decir, el poder es un servicio, que conlleva una gran responsabilidad y sacrificio. Viene a decir: el que aspire a ocupar un cargo lo haga motivado por amor al pueblo, particularmente a los más pobres, y con un gran espíritu de servicio, de entrega y generosidad.

Hablar de la ética del poder nos obliga a desenmascarar las tentaciones a las que éste está expuesto, tanto en la política, en la economía como en la religión. Señalo algunas, que a mi juicio más sobresalen:

-La tentación de la prepotencia y afirmación del poder por el poder. Los que lo detenta llegan a pensar que son superhombres, se consideran infalibles, que todo lo que hacen es bueno y que tienen autoridad absoluta sobre los ciudadanos.

-La tentación de controlar las fuerzas económicas, de manera que los poderosos llegan a considerarse con autoridad para disponer de los recursos del Estado. El propio poder se deja manipular por las clases ricas y poderosas.

-La tentación de controlar y dominar las ideas y la cultura. Imponer el «pensamiento único» a través de la difusión de mentiras y de poner obstáculos a la verdad. Para ello trata de controlar y utilizar los medios de comunicación.

-Otra tentación es la misma lucha de poder, que conlleva actitudes sucias y mezquinas con el fin de abrirse camino y ascender a puestos políticos. No tanto importa el bien del pueblo cuanto sus intereses personales.

El fundamento de la autoridad no es otra sino lograr una sociedad con justicia social y evitar la explotación humana. El poder político auténtico radica en la defensa de los más desfavorecidos. Su sentido radica en ser instrumento de liberación. Cuando no cumple este papel, la autoridad pierde legitimidad. Los que detentan el poder para utilizarlo en beneficio propio explotando a los trabajadores y privilegiando a la minoría poderosa, no sólo pierden legitimidad sino que destruyen los fundamentos de la autoridad.

En conclusión, el poder se humaniza cuando asume una actitud de servicio y de búsqueda de la libertad y del bien común, cuando busca el consenso de todo el pueblo y posibilita una participación efectiva. Un poder así no tiene necesidad de usar las armas ni la represión porque su arma es de carácter moral.

 

3. DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN POPULAR

 

Para evitar que los políticos caigan en estas tentaciones, que desacreditan al mismo político y sobre todo dañan al pueblo, es necesario que la sociedad civil esté organizada en movimientos sociales y populares para reivindicar su derecho constitucional. El verdadero soberano es el pueblo, como señala la Carta Magna (Art. 1, 2).

Desde el punto de vista ético no podemos desligar poder y democracia, porque ésta es el poder del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. La palabra democracia viene del griego, que significa «poder del pueblo», o gobierno del pueblo.

Hay dos formas de entender la democracia: Una es la representativa. El pueblo elige a sus representantes mediante el voto, y una vez electo el gobierno, el pueblo se limita a obedecer. Pierde su voz y su capacidad de decisión. Este es el modelo de democracia que el sistema capitalista nos ha impuesto, y que muchos partidos socialistas también han caído en ella. Es una tergiversación de la democracia y una forma de engañar al pueblo. El otro modelo de democracia es la participativa, que no sólo es el derecho del pueblo a elegir a sus representantes sino también y sobre todo, a controlar el modo de ejercer el poder y a participar en la gestión pública mediante asociaciones, consejos, sindicatos, comisiones de auditoría social o de incidencia política, plataformas que echo de menos en la sociedad civil española. Esta sería la democracia auténtica, no la que se nos ha impuesto, en la que el poder es controlado por el sector poderoso de la nación o por la clase política. Ningún sistema sería verdaderamente democrático si el poder no está controlado por un poder popular libre y eficiente. Habrá democracia verdadera cuando todo el pueblo tenga oportunidad de participar, a través de las organizaciones sociales, en las decisiones públicas.

Se precisa una democracia que apunte hacia la consolidación de la libertad, la justicia social y el bien común, con amplia participación de la sociedad civil, de los diversos sectores sociales y populares: foros ciudadanos, sindicatos, asociaciones de mujeres, maestros, estudiantes, profesionales, ONG‘s…, ejerciendo la incidencia política.

4.- ÉTICA DEL LIDERAZGO

¿Es posible una sociedad sin líderes? El ideal de sociedad sería aquella en la que no fuera necesario ningún líder porque cada quien asume su responsabilidad, su liderazgo, al servicio del bien común. Pero la humanidad no está madura para este ideal de sociedad. Es por eso que la realidad demanda que entre la sociedad civil organizada surjan hombres y mujeres que asuman un liderazgo. Ahora bien, este liderazgo debe ajustarse a la ética social, de manera que el líder «mande obedeciendo al pueblo», en palabras del presidente boliviano Evo Morales. Lo que equivale a decir que el protagonista de los destinos de una sociedad es el pueblo organizado. De ahí la necesidad del empoderamiento individual y colectivo mediante el desarrollo de la sociedad civil organizada. En una democracia participativa todos somos líderes y corresponsables.

En España siento que hay una crisis de liderazgo, tanto en el pueblo como en los políticos. Somos muy dados a criticar al oponente, pero sin ofrecer propuestas serias. Es bueno y necesario ser críticos con el poder establecido, sea del color que fuere. Ser críticos no significa oponerse a los planes de los gobernantes para desacreditarlos, sino apoyarlos en todo lo que beneficie al pueblo, pero al mismo tiempo cuestionando los errores que cometan para que cambien de rumbo. A esto le llamamos «crítica constructiva», cosa que echamos de menos en la oposición española actual, que sólo ataca sin ofrecer propuestas que favorezcan al pueblo trabajador.

Dejando por sentado que el liderazgo pertenece a toda la comunidad, vamos a dibujar el perfil de un buen líder, sea gobernante o de la oposición, desde la perspectiva de la ética. Describimos el ideal de líder político. Éste debe ser una persona:

+Profundamente humana y humanista

+Honesta, sincera y coherente consigo misma y con los demás.

+Responsable, generosa y con espíritu de sacrificio, que no hace las cosas por obligación sino por convencimiento.

+Que tenga credibilidad e infunda confianza en el pueblo.

+Que tenga conciencia y sensibilidad social.

+Que sea crítica de la realidad local, nacional e internacional.

+Que no sea dogmática. Firme en sus convicciones político-sociales, pero tolerante y abierta al diálogo.

+Autocrítica y con capacidad de corregir actitudes, líneas de pensamiento y prácticas políticas.

+Que tenga sensibilidad ante el sufrimiento de la gente.

+Que tenga espíritu solidario con los de cerca y más allá de las fronteras.

+Que sea una persona con espíritu internacionalista, abierta a todos los pueblos y culturas.

+Que sea una persona respetuosa con todos, incluso con los que no piensan como ella.

+Con valores éticos y morales bien arraigados, libre de intereses personales, grupales o partidistas.

+Que mande escuchando al pueblo y a sus bases sociales organizadas.

+Disponible para servir y dedicar lo mejor de sí al servicio de su pueblo.

+Coherente entre lo que dice, vive y hace. Y que su ideología esté en armonía con sus actitudes y práctica.

+Que sea democrática y respetuosa con las decisiones de la comunidad.

+Amante de la verdad y de lo que es justo.

+Que no sea oportunista y manipuladora, y que tampoco se deje manipular por otros.

+Que no busque protagonismos ni personalismos.

+Que priorice el bien de la nación por encima de intereses de su organización o partido.

+Que busque siempre el bien común con una opción preferencial por los más pobres y excluidos.

+Que tenga capacidad de perdonar y que sea agente de reconciliación

+Que ante la realidad local, nacional e internacional tome una clara y firme opción por el proyecto de vida del pueblo frente al proyecto de muerte de la oligarquía y del imperio.

+Que sea una persona amante del estudio y del análisis socio-económico, político, cultural y ambiental.

+Que sea respetuosa y defensora de los derechos humanos, socioeconómicos, políticos, culturales y ambientales.

+Persona amante y defensora del medio ambiente.

+Que sea profundamente respetuosa de las creencias de los demás.

+Austera en su forma de vida personal, dado el contexto de crisis que se vive.

+Persona madura y decidida para enfrentar los conflictos.

+Que contagie ánimo y esperanza.

+Que propicie la unidad.

+Que tenga buen carácter, amable y cortés con todos y cree un clima de confianza.

Este es un perfil ideal, lo cual no quiere decir que todo buen líder deba reunir la totalidad de estas características. Sin embargo, ahí está como un referente, un ideal al cual se debe aspirar. Sin duda que este perfil coincide más con los ideales y objetivos programáticos de la izquierda que con los de la derecha.

 

5.- RELACIÓN ENTRE ÉTICA Y UTOPÍA

Hay políticos que abogan por la separación entre ética y política. Dicen que son dos cosas que no hay que entremezclar. ¿Qué ocurre cuando la política se separa de la ética? Que la política se reduce a una lucha incontrolada por el poder y a una visión economicista y materialista de la sociedad.

La utopía es un ideal. Está en el deseo de todo ser humano auténtico y consciente de la realidad social. Por eso utopía es equivalente a un sueño, un deseo, un anhelo y una esperanza. Es la proyección de las aspiraciones más nobles y sinceras que brotan del corazón humano.

El ser humano está abierto y camina en busca de su verdadero ser, de la patria nueva, donde nadie ha conseguido llegar todavía, como dice Juan José Tamayo. La utopía no es realizable en el momento histórico presente, pero ello no significa que no sea realizable en ningún momento histórico.

Por eso, en primer lugar, la utopía tiene un carácter histórico, social y político. Se presenta como un proyecto alternativo capaz de generar vida y bienestar para todos y todas. La sociedad dominante de carácter neoliberal genera bienestar sólo para una minoría. Es por eso que no tiene viabilidad, ha llegado a su tope, sólo produce más pobreza para las grandes masas de la humanidad y más violencia. Este sistema es la muerte para los pobres de la tierra y la destrucción del planeta. Y en segundo lugar, la utopía proporciona a la lucha social y política concreta de cada día, el horizonte de futuro.

De ahí que la utopía ejerce dos funciones fundamentales, una de crítica y autocrítica permanente, para no estancarse, ni instalarse, ni caer en actitudes antiéticas. Y otra de búsqueda de alternativas, pues la lucha por transformar la realidad es un proceso que tiene su capacidad transformadora en las mediaciones. La utopía se presenta como una energía para transformar la realidad social existente. Por eso la utopía se opone a toda actitud conformista o derrotista. Juan Vandeveire afirma que «necesitamos pensar una sociedad utópica, sin los males que adolecen en el presente, para tener un norte donde dirigir nuestros esfuerzos de transformación».

Si en la historia ha habido cambios positivos es porque ha habido utopías. Desde este punto de vista se puede decir que la utopía es un motor de la historia que nos mantiene en pié de esperanza provocando y movilizando nuestra imaginación y nuestras luchas por un mundo más humano.

Históricamente, la derecha se ha manifestado antiutópica, o dicho de otra manera, es materialista, se concentra tan sólo en el desarrollo económico, en la producción, el mercado y el consumo, excluyendo a las grandes masas de empobrecidos. Sin embargo, el movimiento de izquierda auténtico genera utopía porque sueña con una sociedad en donde todos los hombres y mujeres quepan en igualdad de condiciones.

Si bien, hay que señalar que cuando la izquierda ha abandonado la ética y la utopía en la acción política ha caído en el mismo pecado que denunciaba en el capitalismo. La desaparición de la Unión Soviética, en gran medida, se debe al abandono de la ética y la utopía.

Tal vez nunca vamos a alcanzar la plenitud de nuestros sueños. Pero estamos igualmente convencidos de que la utopía nos fortalece y moviliza hacia la nueva humanidad que soñamos.

A modo de conclusión, diría que se nos plantea varios desafíos apremiantes. Estos son:

Reconstruir la ética en las bases de la sociedad (asociaciones de todo tipo, centros educativos, sindicatos, iglesias…).

Exigir a los dirigentes políticos que actúen con ética, siendo tolerantes con las equivocaciones que cometan, pero intransigentes con sus faltas de ética.

Avivar la esperanza en la utopía de un mundo diferente. Denunciar con fuerza los actos de corrupción y demás actitudes antiéticas.

Fortalecer la sociedad civil, organizada a todos los niveles, con conciencia social y crítica, de manera que ejerza su papel de auditoría social y política frente al poder. Si transitamos este camino, habrá un futuro esperanzador.

 

 
  LA ÉTICA DE CRISTO

José Mª Castillo

Vivimos en tiempos de desconcierto ético. La sociedad, las instituciones, las costumbres, casi todo ha cambiado con demasiada rapidez y con demasiada profundidad, de forma que, en este momento, no resulta exagerado afirmar que los problemas éticos son los grandes problemas del momento. Lo son en política, en economía, en educación, en religión, en casi todo lo que forma parte del tejido social y de la vida privada de las personas. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos un referente que nos sirva de luz en el camino. Y así las cosas, para nosotros los cristianos, ese referente está, ante todo, en el Evangelio. De ahí, la actualidad de la ética de Cristo. ¿Qué se puede decir, de forma resumida, sobre este asunto?

Tal como la presentan los evangelios, la ética de Jesús se estructura sobre tres pilares fundamentales:

1. NO ES UNA ÉTICA DEL «DEBER», SINO UNA ÉTICA DE LA «NECESIDAD»

La ética, que casi siempre han defendido las religiones, ha sido la ética de la obediencia a las leyes divinas o a las normas de la institución sagrada. En Israel, sobre todo a partir del exilio, adquirió una importancia absoluta la sumisión a la Ley (Torá). Por tanto, en la cultura en que nació y se educó Jesús, el principio determinante de la conducta era el «principio del deber». Un principio que se acentuó a partir de la Modernidad. Baste recordar el «imperativo categórico» que, desde Kant, ha sido determinante hasta los desconcertantes tiempos de Posmodernidad en que vivimos ahora. Pues bien, así las cosas, resulta reconfortante recordar que Jesús insistió en un criterio ético que va por otro camino: «Por sus frutos los conoceréis». Decir esto es situarse decididamente en el planteamiento de una ética «consecuencialista». Es decir, una ética que se organiza, no a partir de unos «deberes» que nos imponen, sino a partir de las «necesidades» de la gente», para ponerles remedio. Y, por tanto, una ética que se estructura en función de los «resultados» o «consecuencias» que se siguen de nuestras decisiones. Nuestros actos son correctos cuando producen paz, respeto a los demás, bienestar, felicidad. Y son incorrectos cuando producen lo contrario, por más que lo que se haga esté basado en mandatos de una presunta «ley natural» o cosas por el estilo. No olvidemos que las leyes (divinas y humanas) siempre están «mediadas» por las instituciones. Y entonces, lo que prevalece no son ya las «necesidades» de las personas, sino los «intereses» de la institución. Con razón Miroslac Milovic ha dicho: «el sufrimiento de un niño no necesita de ninguna interpretación ética posterior... El imperativo categórico es superfluo en este encuentro con el niño que sufre».

 

2. UNA ÉTICA DE «LO HUMANO»

 

El Evangelio contiene principios éticos claros y firmes. Sin embargo, el Evangelio es el gran relato de un conflicto. El conflicto de Jesús con la religión. Porque Jesús vivió, habló y actuó de forma que la religión vio en Jesús el máximo peligro. Hasta el punto de llegar a la absoluta incompatibilidad. Es lo que queda patente en el relato en el que se nos informa de la sentencia de muerte contra Jesús (Jn 11, 47-53). Por los elementos que allí estaban en juego, el Templo, la Ley, los Sacerdotes, se comprende que el problema no está en el conflicto de Jesús con «aquella» religión, sino con «la» religión, como hecho que la contraposición entre «lo sagrado» y «lo profano», «lo religioso» y «lo laico», «lo natural» y «lo sobrenatural», «lo humano» y «lo divino». Las religiones se mueven casi siempre entre esta terminología. Lo que supone una ideología sumamente peligrosa. Porque, desde el punto de vista de los dirigentes religiosos, lo lógico es que lo sagrado, lo religioso, lo sobrenatural, lo divino, todo eso, está por encima de todo lo humano, de todo lo profano, de todo lo meramente natural, de todo lo laico. Ahora bien, desde el momento en que, en la sociedad y en la intimidad de las personas, entran en juego estas clasificaciones, estas convicciones, estos criterios, para la visión de la vida y para organizar las conductas, desde ese momento se mete en la sociedad y en la vida un «elemento extraño», una cuña, que se clava en lo más hondo de la convivencia y de la subjetividad. Lo cual puede hacer de la vida un infierno. ¿Por qué las religiones matan, humillan, someten, exigen privilegios, dividen a la gente y generan conflictos en lo más secreto de muchas vidas, que terminan siendo carne de psiquiatra? Sin duda alguna, Jesús se dio cuenta del enorme problema que entraña el modelo convencional de la religión. Y por eso él, vio que la solución estaba, no en abolir la religión, sino en proponer otro modelo de religiosidad, es decir, una «religión alternativa». Jesús centró sus preocupaciones religiosas en tres cuestiones vitales para todo ser humano:

+la salud (curaciones de enfermos),

+la alimentación (comidas con toda clase de gentes, sobre todo con los pobres),

+ las relaciones humanas (Sermón del Monte...). Pero se dedicó a estas tres tareas de forma que, por estos motivos, entró en conflicto con los hombres de la religión. Jesús antepuso la vida y la felicidad de las personas al sometimiento a las normas de la religión. Al final, declaró que el Templo ya no era una casa de oración, sino una cueva de bandidos. ¿Qué había en el fondo de todo esto? La cosa está clara: para Jesús, el bien del ser humano (de cualquier ser humano) está antes que lo «sagrado», lo «divino», lo «religioso», lo «sobrenatural», cuando todas esas denominaciones (y lo que implican) se utiliza para obtener privilegios, para crear divisiones y para generar violencia.

 

3. UNA ÉTICA DE «LOS ÚLTIMOS»

Jesús dijo muchas veces que «los últimos serán los primeros» (Mc 9, 35; 10, 31; Mt 19, 30; 20, 16; Lc 13, 30; cf. Mt 20, 8; Lc 14, 9. 10; Mc 10, 35-45 par; Lc 22, 24-30 par). Se sabe que en las culturas mediterráneas del s. I, el valor supremo no era la riqueza, sino el honor (B. J. Malina). Pues bien, en un mundo que veía así las cosas, Jesús planeó una ética subversiva. En cuanto que le dio la vuelta a la situación. Cortó en sano las repetidas discusiones de los apóstoles cuando planteaban quién era el más importante. No toleró a los que apetecían los primeros puestos. Y puso como modelo a los pequeños, los pobres, los excluidos, los niños, los samaritanos, etc. La ética de Cristo es la ética que, en caso de duda, se pone siempre de parte del débil: el pordiosero, el inmigrante, el preso, el enfermo... El día que los Gobiernos y, sobre todo, la Iglesia tomen esta ética en serio, el mundo cambia radicalmente. Ese día se acabaron los problemas del hambre, la exclusión, la crisis económica, el cambio climático, la violencia... ¿Un sueño? No, es la utopía del Evangelio. Lo que pasa es que entre todos hemos hecho que, en los países más cristianos y más católicos, tengan más presencia ética los deberes y sus imperativos, los religiosos y sus privilegios, los primeros y sus dignidades. Y así nos va.

 

 
  PROYECTO «ETICA MUNDIAL»

Miguel Vera

 

«IMPOSIBLE SOBREVIVIR

SIN UNA ÉTICA MUNDIAL»

Una de las aventuras más apasionantes del nuevo milenio es la gran apuesta ética de Hans Küng y su proyecto de ética mundial. Éste viaje por los mares de la ética lo ha recogido en un breve volumen de la editorial Trotta que recomiendo como bibliografía básica en este tema tan central y necesario hoy en día.

Los acontecimientos sucedidos durante los últimos años han permitido ver con claridad que el mundo en que vivimos no conservará posibilidades de sobrevivir mientras sigan existiendo espacios para éticas diversas, opuestas o antagónicas. Un mundo único necesita un talante ético fundamental; esta sociedad mundial única no necesita, ciertamente, una religión o una ideología unitarias, pero sí alguna clase de normas, valores, ideales y fines obligatorios y obligantes.

No hay pez religiosa sin un diálogo entre religiones

No hay supervivencia sin una ética planetaria.

No hay Paz mundial sin paz religiosa.

Sin un talante ético mundial, no hay orden mundial al ser el presupuesto de toda cultura la aceptación ética de las leyes; el ser humano no va a mejorar mediante el creciente recurso a leyes y preceptos y tampoco por meros procedimientos psicológicos o sociológicos. La constante creación de nuevas leyes, de poco sirve si una gran parte de ciudadanos no piensa lo más mínimo en aceptarlas. «Quid leges sine moribus?» (De qué sirven las Leyes sin costumbres?). Además existe un hecho que no podemos ignorar: el templo del progreso tecnológico se ha acelerado tan drásticamente que corre constantemente el peligro de superar a la organización política, cuya legislación va con la lengua fuera persiguiendo al desarrollo tecnológico; hasta ahora , la ética, casi siempre ha llegado demasiado tarde; la pregunta por la licitud surge después de haber pasado ya los hechos, la reflexión sobre lo que es lícito ha de preceder a la realización de lo que es factible, no limitarse a ser una reflexión sobre la crisis sino contribuir a una profilaxis de las crisis. Necesitamos una ética preventiva.

El cambio de paradigma no significa necesariamente destrucción de valores, sino más bien un cambio de valores:

-De una ciencia amoral a una ciencia éticamente responsable.

-De una tecnocracia dominadora del ser humano a una tecnología al servicio de una persona más humana.

-De una industria de impacto medioambiental a una industria que, de acuerdo con la naturaleza, fomente los auténticos intereses y necesidades del ser humano.

-De una democracia jurídico formal a una democracia viva que garantice la libertad y la justicia.

Actualmente existe una ética del éxito que considera bueno todo lo que funciona, proporciona beneficios, poder o placer; también contamos con una Ética de intenciones cuya orientación hacia una idea de los valores (justicia, amor, verdad) la inclina a interesarse por una motivación puramente interna de la acción, eliminando cualquier preocupación por las consecuencias de una decisión o actuación, por la situación concreta, con sus exigencias y repercusiones. Tal absolutismo ético es peligrosamente ahistórico, es apolítico pero si puede, dado el caso, justificar incluso el terrorismo por motivos ideológicos. Por tanto debemos llegar a una ética de responsabilidad en el sentido propuesto por Max Weber, es decir, sin una ética ideológica, la ética de responsabilidad degeneraría en una neutra ética del éxito, para la que cualquier medio es bueno en función de los fines. Y sin una ética de responsabilidad, la ética ideológica se quedaría en mera autojustificación de la propia subjetividad. Según ésta ética de responsabilidad el mensaje para el tercer milenio se podría concretar en Responsabilidad de la comunidad mundial con respecto a su propio futuro.

Responsabilidad para con el ámbito común y el medio ambiente y en

Responsabilidad también para con el mundo futuro.

Los responsables de las diferentes regiones, religiones e idelogías han de aprender a pensar y actuar desde contextos globales. Se impone con más urgencia la cuestión cardinal de la ética:

+¿Bajo qué condiciones fundamentales podemos sobrevivir con una vida humana en una tierra habitable, programando humanamente nuestra vida individual y social?

+¿Qué presupuestos son necesarios para salvar la civilización humana en este tercer milenio?

+¿A qué principio básico habrán de atenerse los responsables de la política, de la economía, la ciencia y la religión?

+¿Qué se requiere para que el hombre concreto alcance una existencia plenamente realizada?

OBJETIVO Y CRITERIO DE LA ÉTICA :

¡EL SER HUMANO!

El hombre y la mujer ha de ser más de lo que es: ha de ser más humano. Es bueno para el ser humano lo que preserva, fomenta y realiza su humanidad.

El hombre no podrá convertirse en simple medio. Tendrá que seguir siendo siempre objetivo último, finalidad y criterio decisivo. Dinero y capital, lo mismo que el trabajo son medios, lo mismo que la ciencia, la técnica y la industria; de ningún modo pueden considerarse neutrales o inocentes sino que deberán ser valorados y utilizados en la medida en que sirvan al desarrollo del hombre y de la mujer.

«El factor humano es el elemento central, impulsor o moderador, tanto del acontecer global como del particular» (R.Müller)

De todo ello se desprende una exigencia programática de nuestro gran viaje «la ética, que la modernidad consideró cada vez más como cosa privada, vuelve a convertirse, en la posmodernidad --por el bien del hombre y la supervivencia de la humanidad-- en un asunto público de primer orden.»

   

Es necesario ser responsables si no queremos que el mundo entre en un declive que ya no tendrá salvación, todo esto supone lo siguiente:

Que es necesaria una ética mundial

Que los acuerdos comunes sustentados en el diálogo y en el respeto funcionan como un saber orientativo que nos permite capacitarnos adecuadamente para aplicar la responsabilidad en nuestros actos

Partir de principios mínimos nos abre un horizonte de diálogo que no irrumpe con la libertad de elección

La responsabilidad con el otro, con el futuro y con el mundo es actuar más allá de todo acto inmediato, es decir, es realmente actuar

La persona no es un medio, es un fin, es decir, que si ha podido originar tantos males en el mundo puede a su vez originar bienestar y salud social

 

 
 

 

DESEO, QUIERO, PUEDO:

ACCIONES PARA UNA ÉTICA FEMINISTA

Margarita Pintos

La ética es una parte de la filosofía que reflexiona sobre la práctica de
las llamadas virtudes o costumbres. La ética feminista recoge las
críticas que desde el feminismo se han hecho a los conceptos y perspectivas que han fundamentado una ética racional y universal centrada en la defensa de la libertad y la igualdad que ha sistematizado la razón patriarcal.

Por feminismo entiendo el movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de la que han sido objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que pueda requerir.

El movimiento feminista actúa en dos niveles:

+La lucha por la igualdad en lo económico, social, cultural

+La construcción de una sociedad en la que quede superada la dicotomía hombre-mujer para realizar funciones basadas en el género.

Poco a poco llegamos a la igualdad formal (Ley 8-3-2007), pero las costumbres no cambian a golpe de leyes, sino tan lentamente que casi no lo apreciamos. Podemos distinguir al menos tres grandes desigualdades:

1. EN LA VIDA DOMÉSTICA:

En la vida doméstica seguimos con las labores propias sobre todo en el cuidado de familia, niños, personas con otras habilidades, ancianos… y si no lo hacemos sentimos culpabilidad. Estamos liberadas fuera de la casa, pero nos agobiamos y desilusionamos dentro. Algunas una minoría) hacen lo mismo que los hombres: no tienen hijos, no cocinan, no van a la compra… asumen una cultura masculina. Otras siguen con la doble o triple jornada. Muchas mujeres están de mal humor porque el día a día es hostil y duro, aunque hay esperanza porque algo se ha conseguido y vemos despejado el horizonte.

2. IGUALDAD DE OPORTUNIDADES:

Formalmente está ahí: puestos de trabajo, profesiones, cargos de responsabilidad… están a disposición de hombres y mujeres. Algunas han llegado a desempeñar algunos puestos impensables hace pocos años, pero la mayoría de las mujeres encuentran obstáculos de todo tipo. Se puede pero… Por una parte el hombre no quiere perder su protagonismo, y por otra las mujeres se resisten a sacrificar determinados valores: maternidad, cuidado. No quieren renunciar a nada: ni a lo que ha sido, ni a lo que puede llegar a ser. No quiere pagar por su emancipación. Además la escasez de puestos de trabajo "compatibles" con lo que queremos ser llevó a la Declaración de Atenas en 1992, en la que se insta a los gobiernos a aprobar una Ley de paridad para paliar esta desigualdad.

3. LA VIOLENCIA SEXUAL

La violencia sexual sigue siendo una constante que afecta a las mujeres y que no mejora con los años. Las violaciones, acosos sexuales, malos tratos muestran que las mujeres seguimos siendo objetos más que sujetos, medios que un fin en sí mismo. De hecho las decisiones en derechos sexuales y reproductivos las siguen tomando los hombres porque son mayoría en los Parlamentos (donde hay democracia…)

ESTA SITUACIÓN NO ES BUENA

PARA LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO.

Algunas mujeres, de segunda generación, quieren volver a tiempos de las abuelas: espacio doméstico, regreso a lo natural (mujer = naturaleza), la arruga ya no es bella, hay que plancharla, parir a los hijos con dolor…incluso en la última encuesta del CIS aparece que el 62,5% de las mujeres confiesan que se despedirían del trabajo si les tocase la lotería. Se acaba el mito de la liberación por el trabajo.

Encontramos dos vías o estrategias para acabar con estas desigualdades:

1. Masculinizar a las mujeres

2. Feminizar a los hombres

Ya dijimos que algunas mujeres han optado por masculinizarse y entrar de lleno en el sistema patriarcal de manera a-crítica y de alguna manera se han convertido en hombres.

Otra opción es llevar al espacio público, ocupado durante siglos sólo por hombres, los valores desarrollados en el ámbito doméstico.

Virtud y varón tienen la misma raíz latina: vir. Y la primera virtud de los varones fue la fuerza física, el valor guerrero y de ahí salieron las demás: valentía, agresividad, dureza, inteligencia, estrategia para vencer hasta la muerte. En cambio valores como ternura, abnegación, pasividad, modestia, cooperación, pragmatismo, responsabilidad son débiles y pasivos. Estos atributos les chirrían a las mujeres liberadas y les producen rechazo. Los valores femeninos son virtudes débiles.

Esta dicotomía genérica puede ser cambiada si apostamos por una sociedad que acepte formas nuevas de actuar.

Los hombres han desarrollado la ética de la justicia y han dejado en manos de las mujeres la ética del cuidado. Feminizar a los hombres es otra manera de hacer política en la que la conciliación, el diálogo y el pragmatismo venzan sobre la agresividad y la lucha partidista. ¿Por qué no podemos trasladar los valores de la ética del cuidado a la vida pública y al revés?

Todo esto sin olvidar la lucha por el acceso al poder, pero las mujeres no podremos tener más poder si la compatibilidad de la vida pública y privada no se hace realidad. Porque creo que cada hombre y cada mujer han de poder no abdicar de ciertas obligaciones privadas por el hecho de entrar en el mercado laboral. Además, no estamos defendiendo a las mujeres, sino que estamos planteando quién se ocupa de los niños, de los ancianos, de los enfermos, del reparto equitativo de las tareas domésticas…

Mi opción es empeñarse en cambiar las costumbres cotidianas, sin abandonar la política dirigida a corregir las desigualdades, y sobre todo ser conscientes de que podemos hacer realidad lo que tantas veces pensamos, y que podemos expresar con tres verbos: DESEO, QUIERO, PUEDO.

ELIMINAR LOS VALORES PATRIARCALES.

El problema está en que mientras se crea que la superioridad o centralidad de lo masculino es natural o MANDATO DIVINO, siempre existirá el peligro de que algunos seres sean interiorizados o feminizados. Si queremos una justicia duradera debemos eliminar los valores patriarcales.

Hace 21 siglos se empieza a desarrollar un movimiento reformador del judaísmo que ha llegado a nosotros como cristianismo y que tiene su origen en el judío Jesús de Nazaret que se enfrenta con las grandes instituciones el Templo y la Ley, creando un movimiento de discípulos y discípulas. Son precisamente las mujeres de su movimiento las que transmiten las experiencias de vida, muerte y resurrección que pone en marcha esta nueva religión.

Pablo de Tarso organizó y sistematizó este movimiento para que llegara hasta nuestros días, aunque se perdieron tradiciones y prácticas igualitarias más cercanas al círculo de las personas que conocieron y vivieron con Jesús de Nazaret.

La moral sexual ha sido un plato fuerte en el judaísmo, cristianismo (sobre todo en la confesión católica) así como la fijada en los códigos de familia en los países islámicos, aunque en el Islam el cuerpo está para disfrutar de él, principalmente en el ámbito privado.

Ignorar las experiencias y reflexiones de los seres humanos en relación con la sexualidad ha sido el fruto de las restricciones en la mayoría de las tradiciones religiosas. Cuando las mujeres empiezan a cuestionar algunas prohibiciones, las respuestas se atienen a la rigidez institucional que demuestran sus códigos. Lo que aportamos las mujeres con nuestras preguntas son generalmente problemas.

Desde Eva, el cuerpo de las mujeres es visto como tentador, sujeto de bajas pasiones. El afán por controlar y estipular rígidamente los comportamientos sexuales repercute, en primer lugar, sobre las mujeres y después sobre toda la sociedad. Se insiste en las fronteras que no se deben traspasar, en las decisiones que no son lícitas tomar, etc. (Rosa, niña de 9 años nicaragüense, violada y excomulgada).

No nos damos cuenta de que EL CUERPO individual es un símbolo de la sociedad, un microcosmos donde se reflejan los poderes y peligros que se le atribuyen a la estructura social. Nuestra percepción del cuerpo, así como el modo de tratarlo, están influenciados por las categorías sociales y viceversa. Se condicionan mutuamente. Por ello, el control corporal transparenta el control social.

Algunas de las actitudes espirituales más recomendadas a las mujeres son la humildad, el sacrificio, la entrega escondida… situación que muchos aprovechan para reforzar y legitimar el rol asignado y, sobre todo, para acallar, domesticar y tergiversar en muchos casos los deseos profundos, razonados y legítimos de igualdad en el seno de las comunidades de creyentes.

ESE PECADO TAN POCO ORIGINAL

El relato del Génesis, que es la versión semítica del imaginario sumerio que aparece en el Cántico de la diosa Innana, la mujer será culpable de la pérdida del paraíso. Aquí nace el rechazo a la mujer y a su sexualidad. Su único poder es la capacidad de dar vida.

En un intento de suavizar su maldición, el cristianismo asignó a María un grado superior al de los mortales: la santidad, pero no la hacían divina. Es más fortaleció la masculinidad del Dios creando la Trinidad, un círculo formado sólo por varones: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella no era ni diosa, ni hija de dioses, sino sólo una mujer cuyo mérito consistía en traer al mundo al Hijo de Dios, sin placer, sin deseo, sin voluntad ya que la inseminación venía del cielo, anunciada por un ángel asexuado.

En el Corán no hay mención a Eva. La culpa no se hereda y la mujer aparece como un ser humano independiente y libre. Dios perdona la desobediencia y envía a las personas a la tierra por un tiempo, donde serán responsables de sus propios actos. En la era pre-islámica estatuas de diosas poblaban el recinto de la Meca y regían la vida de muchas tribus. Exigían sacrificios humanos sobre todo de niñas. El Islam quiso acabar con el poder de esas diosas y para ello decidió someter a las mujeres. Al relacionar a la mujer con el "desorden", las privará de su poder en la escena pública (haram), relegándolas al terreno de lo privado (mahram). Las mujeres serán recluidas en los harenes, alejadas del poder de decisión, de legislar y de ejecutar. Los hombres fueron abandonando el infanticidio de las niñas, librándolas de la primera muerte que encontrarán más tarde negándoles el derecho a la educación y terminando con la lapidación o ejecución.

ATRIBUTOS DE BELLEZA

Entre los atributos de belleza que todas las culturas reconocen en una mujer, se encuentra el cabello. La mata que cubre nuestra calavera adquiere un valor simbólico en las religiones que optan por regular su presencia ante los ojos de los demás. El tandem castidad/pelo se convierte en una virtud que es obligatoria para cualquier mujer que se precie: a más exhibición de la cabellera menos castidad.

En la cultura occidental, la toquilla con la que se cubrían los hombros las mujeres, servía para tapar los cabellos al entrar en la iglesia. El velo de las novias tapándoles la cara y que el novio levantaba al final de la ceremonia como referencia simbólica al himen de la desposada, también va desapareciendo y se usa simplemente como tocado.

El pueblo judío identifica a Lilith, la primera mujer de Adán, con la que hechiza a los hombres con su cabellera negra como el azabache. El velo de la mujer judía simbolizaba su estado de distinción y lujo, es decir añade dignidad y superioridad a las mujeres que de por sí ya eran nobles. Si una mujer es acusada de infidelidad, es obligada a quitarse el velo. Actualmente las mujeres judías también se cubren el pelo para entrar en las sinagogas, y en las sectas Jasídicas siguen usando peluca. Los hombres usan el Kepah que es señal de sumisión a Dios.

En el catolicismo el velo para las monjas es una realidad. Son las esclavas del Señor, y esconde su cuerpo y su cabellera. Es la mejor manera de in-visibilizar a las mujeres, además de ponerles rejas y un visitador varón que es su intermediario con el ordinario del lugar u obispo. También tienen que esperar que un hombre venga cada día para poder celebrar la eucaristía o para confesarse. Es una manera más de violencia y control, creyendo que así las mantienen sumisas y obedientes. Las cartas de Pablo a los Corintios están llenas de citas en esta dirección: "Si una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o raparse, que se cubra. El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre. La mujer debe llevar sobre la cabeza una señal de sujeción (1Cor 11, 5-10). Las asimilaciones en los textos bíblicos de la castidad y el velo son muy numerosas, motivo por el que los Maíz y los Mennonitas mantienen a las mujeres sometidas al velo.

El Corán 33:59 dice:"Profeta. Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el Heyab. Ése es el modo más sencillo de que sean reconocidas y no sean molestadas". El valor del velo es para ser distinguidas y para evitar que las confundan con las prostitutas, pero no hay ningún razonamiento religioso ni de sumisión a Dios. El velo es una herramienta que separa a la mujer de la mirada de deseo de otros hombres. Frenar el deseo de los hombres deja de ser una responsabilidad masculina para convertirse en un deber femenino.

Sin embargo, Heyab, siempre hace referencia a separar, esconder. El velo ha sido signo de reclusión femenina. Hasta la Edad Media la mujer no llevaba velo y fue entonces cuando los hombres utilizaron la heyab para excluirlas de la escena social y someterlas en el ámbito familiar. Esta reivindicación sirve para legitimar la desigualdad de género, silenciar las exigencias del pueblo entero y desviar la atención de graves problemas sociales y económicos. Ahora el velo de las mujeres está en el centro de la lucha tanto de los movimientos islamitas como de los grupos más modernos, pues son representaciones simbólicas de su ideología y su programa político.

HIMEN, ABLACIÓN, VIRGINIDAD

Las religiones, siempre tan empeñadas en cuestiones de fe, se carnalizan cuando se trata de hablar de las mujeres. Mientras la pureza del hombre se manifiesta en los hechos, la de las mujeres se sitúa en el himen.

Ya desde el helenismo tardío existe un vínculo entre la virginidad y la espiritualidad. En el judaísmo se valoraba por encima de todo la fecundidad y morir virgen era una desgracia (María aparecerá como la engendradora de lo divino, es la pureza premiada). La novedad que impuso el cristianismo fue la institucionalización del celibato como forma de vida. Alá promete huríes vírgenes a los varones musulmanes virtuosos como recompensa a su obediencia.

Llegar virgen al matrimonio ha sido y sigue siendo en muchas personas y países un valor imprescindible. En muchos casos equivale a un documento de propiedad privada y exclusiva. Si una mujer no ha descubierto el placer, el hombre no tiene miedo a ser comparado con otro y pierde la angustia ante la posibilidad de no poder satisfacer los deseos de su cónyuge. Así, la mujer, pensará que todos son iguales, creerá que el horizonte sexual es lo que su marido le ofrece y la ignorancia sexual de las esposas asegura así su fidelidad. Las religiones son el soporte ideológico de estos principios patriarcales. Por eso en muchos países se llama "felices a aquellos padres, cuyas hijas han tenido se primera menstruación en el domicilio conyugal". Así, la familia queda libre de la preocupación por salvaguardar la honra de su hija, y por extensión de los miembros de la familia.

La extirpación del clítoris, acto simbólico de la castración, no es una obligación religiosa. El Corán no hace alusión a esta práctica. Las culturas asentadas en el Valle del Nilo sí la consideran una obligación sean musulmanes o cristianos coptos. Los misioneros cristianos no han denunciado esta práctica, ya que era una manera "local" de mantener la pureza sexual de la mujer, un valor importante para las iglesias cristianas. Con respecto a los judíos, la mutilación es practicada por los Falashas etíopes, que ahora residen en Israel.

El grupo de trabajo sobre Prácticas Tradicionales que afectan a la Salud de las Mujeres y los Niños (IAC) establece en su Plan de Acción que la mutilación genital femenina "es una violación de los Derechos Humanos y no sólo es una cuestión moral… es una expresión de la subordinación social de la mujer por razón de su género". El gobierno español ha reconocido la ablación como causa suficiente para que una mujer consiga el refugio o asilo fuera de su país.

(Variantes: clitoridectomía o circuncisión; escisión e infibulación el caso más extremo). (Nawal al-Sa’dawi. La cara desnuda de la mujer árabe. Horas y horas 1991)

En algunas culturas, la violación se castiga muy duramente, incluso con la pena de muerte, pero siempre y cuando la víctima fuese virgen. Lo que realmente se pretende proteger es la virginidad como bien supremo y en otros casos el honor del padre o del esposo. La preservación del linaje y la certeza de la paternidad eran objetivos determinantes en el castigo de este tipo de delitos. En cualquier caso, la mujer como ser humano vejado y humillado, no tiene demasiada importancia. Es más, su prestigio y valor social se reduce a cero después de sufrir una violación. Esta baja estima de la mujer violada se ha mantenido a través de los tiempos a causa de esa mitificación de la virginidad que se aprecia en todas las culturas.

Tradición, religión e historia han exigido a la mujer la defensa de su honestidad hasta la muerte si fuera necesario. Un ejemplo lo encontramos en el proceso de beatificación de María Goretti, en el que Pío XII, 1939-1958, contemporáneo de muchos de los presentes, argumentaba y describía en sus páginas la violación, no como un ataque brutal que en buena lógica repugnaba a María, una niña de doce años, sino como ejemplo del camino a la santidad que "le hizo renunciar a un atractivo placer" por defender su honestidad. Según esta interpretación, lo esperado de la agresión era la producción de placer: sólo la resistencia de la víctima explicable porque atentaba contra su virginidad, convierte dicha agresión en especialmente indeseable.

No he encontrado una sola nota episcopal sobre los casos de ablación denunciados en nuestro país. Quizás es considerada una tradición cultural, en vez de una mutilación y un atentado contra los derechos humanos.

La escultora Christine Kowal, que vive en los Países Bajos, nació en Nigeria y se crió en Inglaterra, talló una estatua de mujer en madera de pino. Esa mujer está desnuda y aprieta contra su cuerpo un cáliz. Su mirada es angustiosa y expectante; su cuerpo, sensual y robusto. Si uno mira alrededor de la estatua, observará que esa mujer lleva escondido un puñal en la mano izquierda. En esa mujer con cáliz y puñal se simbolizan las anchas fronteras de la violencia permitida contra las mujeres, y las líneas feministas de demarcación entre violencia y sexualidad. Su desnudez está descubierta, pero la mujer está preparada para la angustia. Se protege con el cáliz en el que la sangre de los sacrificios corre como peligroso recuerdo. Esa mujer es la víctima y es la resistente. Es una imagen de la humanidad vejada y nueva a la vez.

Ella podría decirnos:

Esto es mi cuerpo,

que he entregado

por vosotros

Un cuerpo lleno

de calor y de vida

Martirizado,

violado, frío.

Esto es mi sangre,

que he derramado

por vosotros

Sangre menstrual, sangre

del alumbramiento, sangre pura

Que mana, que gotea, que está muerta.

Esto es un arma

que no quería utilizar

Con fría hoja

y afilada punta.

Me habéis hecho violencia,

Habéis nublado

mi mente,

Habéis vejado

mi cuerpo,

habéis dejado sin patria mi alma.

Yo sólo quería vivir, amar, creer, esperar,

llegar a ser.

¡Oh Dios mío!,

¡pase de mi esta cáliz!1

 

 

(Footnotes)

1 Meyer-Wilmes, H. "Prácticas de violencia en nombre de la religión": Concilium nº 272 (1997), p.704.