PENSAMIENTO

 
 

 

FEMINISMO SACERDOTAL

La decisión, tomada por la Iglesia de Inglaterra, de admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal ha levantado una polvareda, no solamente en la comunión anglicana, sino en la misma Iglesia católica. En efecto, no podemos olvidar que esta última, tras mucho tiempo de valoración, llegó a reconocer como válidas las ordenaciones realizas en el ámbito de la Confesión anglicana; por eso, se presenta ahora el problema de qué hacer si en un momento dado una "sacerdotisa" anglicana se convierte al catolicismo, como en el caso no infrecuente de sus compañeros masculinos.

 

DESDE EL PRINCIPIO

Pero vamos a empezar por el principio. Para ello no podemos olvidar lo que nos dicen los historiadores de la Iglesia y los eclesiólogos. Es decir, que al principio en las comunidades cristianas no hubo "sacerdotes" ya que solamente al pueblo cristiano en general se le asignaba la adjetivación de "pueblo sacerdotal". A los dirigentes de las comunidades se les llamaba pastores, apóstoles y profetas.

Pero más tarde, ya en el siglo II, cuando, por influencia tanto del judaísmo como del paganismo, a los responsables de las comunidades se les denominó con la apelación de "presbíteros" y "epíscopos". Al principio se confundían ambas expresiones, hasta que quizá a finales del siglo 11 surgió la figura del "epíscopo" como único responsable mayor de la comunidad, acompañado del senado ("senado" viene de senex, anciano) de los "presbíteros" o "senadores".

Lo que ahora nos preguntamos es si en los primeros momentos de la iglesia, tanto en el Nuevo Testamento como en los primeros pasos dados después de la muerte y resurrección de Jesús, la mujer tuvo un cargo directivo dentro de las comunidades.

Para responder a esta pregunta tenemos que acudir principalmente a la tradición del cuarto evangelio, cuyo autor o responsable fue el "Discípulo Amado". No hay tiempo ni espacio para dar todas las razones que los exégetas nos ofrecen con vistas a poner de relieve que el Discípulo Amado no pertenecía al grupo de los Doce; quizá por ello nunca habla de "los apóstoles", sino de `los discípulos".

Pues bien, los eclesiólogos más recientes y mejor informados nos recuerdan que la tradición del Discípulo Amado respecto a las mujeres era totalmente diferente de la atestiguada en otras iglesias cristianas del siglo 1. Basta recordar, por ejemplo, que de la mujer samaritana se dice que mucha gente de su pueblo "creyeron en Jesús por su palabra"(Jn 4,39), lo mismo que se dice de los discípulos en la última Cena (17,20), y en ambos casos en un contexto de "envío" o "misión", o de lo que puede convertir en "apóstol" (4,38 y 17,18); que a Marta se atribuye la confesión fundamental: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios" (Jn 11,27), la misma que los tres evangelios sinópticos atribuyen a Pedro como el primero de los apóstoles (Mt 16,16; Mc 8,29; Lc 9,20). Y, sobre todo, no podemos olvidar que en el Nuevo Testamento el grado supremo de la responsabilidad en las comunidades era la de ser "testigos de la resurrección de Jesús". Ahora bien, "ser testigos" no implicaba una actitud notarial, sino una postura de proclamación del hecho sorprendente de que Jesús venció a muerte.

 

UNA MUJER PRIMER TESTIGO

He aquí, pues, el ápice de lo que anacrónicamente podríamos llamar la "jerarquía" de entonces: ser "testigo de la resurrección. Pues bien, el primer testigo, mejor la primera testigo, fue una mujer: María Magdalena. Y hay más: fue esta mujer la que comunicó su testimonio a Pedro y a los demás del grupo de los Once.. Por eso en la Edad Media la Magdalena se mereció el título de apostola apostolotum, y ha podido decirse que tuvo en los orígenes del cristianismo una importancia tan grande como Pedro, si no mayor.

Por eso, el argumento que algunos esgrimen diciendo que Jesús eligió solamente hombres que fueran los responsables de las comunidades cae por tierra. A esto habría que añadirle el "escándalo" del evangelio de Lucas, en el que las mujeres aparecen profusamente como "discípulas de Jesús" contrariamente a los usos y costumbres de los rabinos, que sólo trababan directamente con hombres, los cuales a su vez podían transmitir el mensaje religioso a sus mujeres.

Hay también otra consideración. A través de las Cartas paulinas vemos que era uso frecuente que el anfitrión del grupo presidiera la eucaristía doméstica que se celebra en su casa. Ahora bien, a veces se trataba de una anfitriona. ¿Por qué no sospechar, al menos, que aquellas mujeres presidieran el rito eucarístico?

Hay muchas otras consideraciones, las cuales dejan abierta la posibilidad "dogmática" de que una mujer pueda recibir ordenes sagradas.

Eso sí, hay que tener en cuenta la sensibilidad del grupo humano en que se vive; y para ello tenemos en cuenta la capacidad de digerir que pueda tener el mundo ambiente donde está inserta la comunidad cristiana. Desde aquí únicamente se puede dar razones en pro y contra, o sea, desde los presupuestos de una sociología religiosa.

CAMBIO DE MENTALIDAD

Efectivamente, ya en el siglo II la tradición del Discípulo Amado sufrió una involución, tal como vemos en las Cartas llamadas Pastorales y que sin razón alguna durante mucho tiempo fueron atribuidas a San Pablo. Baste, por ejemplo, la discriminación de la mujer en la iglesia que aparece ya con cierta crudeza en esos documentos que fueron insertos en el Nuevo Testamento: "La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio" (1 Tim 2, 11-12). Se habla incluso de "mujerzuelas" que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar la pleno conocimiento de la verdad (2 Tim 3,5-7).

¿Qué habría dicho el Discípulo Amado si hubiera sobrevivido para ser testigo de esta dolorosa involución de su mensaje de amplitud, todo él inspirado en la regla de oro del amor al prójimo, predicada insistentemente por Jesús y remachado por él mismo en sus comunidades de Antioquía o de Asia Menor? En todo caso, el tiempo dirá en qué queda este contencioso de las iglesias cristianas.

Pero, hasta que llegue ese momento, no tenemos derecho a olvidar la doctrina primitiva que surge de lo más sustancioso del mensaje cristiano.

 

J. M. González Ruiz


 

¿MUJERES SACERDOTES?

 

El tema está ahí. En la calle. En la prensa. En la TV. En las iglesias hermanas. La iglesia Anglicana autoriza la ordenación sacerdotal de mujeres. También la Luterana sueca. En E.E.U.U. la iglesia Anglicana ya tiene mujeres obispos. ¿Y la Iglesia Católica? Tarde o temprano tendrá que plantearse el tema si quiere ser fiel a los signos de los tiempos. Las mujeres constituyen la mitad de la humanidad y son madres, esposas, hijas y hermanas de la otra mitad. Hoy se reconoce su igual derecho y dignidad en todos los ámbitos de la vida.

 

POSTURAS TEOLÓGICAS

Es un tema abierto en la iglesia. No hay dogma.

Entre teólogos modernos hay prácticamente acuerdo: "no hay razones teológicas" que se opongan al sacerdocio femenino. Puede haberlas sociológicas y disciplinarias.

La teología conservadora y la postura oficial del Vaticano alega como razones teológicas para el no las siguientes:

1. Jesucristo fue varón, no mujer. Solo el sacerdote varón puede por tanto representarle, actuando en persona de Cristo-cabeza.

Aceptar este argumento supondría aceptar que Cristo se encamó en los varones, no en la humanidad. Además, El superó la condición racial, biológica y sexual: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Los que hacen la voluntad de mi Padre.

Además la mujer puede bautizar y es ministro ordinario del sacramento del matrimonio, con el esposo. En ambos casos actúa válidamente en representación de Cristo-cabeza. (Es Cristo quien bautiza). ¿Por qué no puede representarle en otros sacramentos?.

2. Los 12 discípulos que Jesucristo eligió eran solo varones. No había mujeres. Luego debe seguirse esa norma.

Los teólogos modernos consideran que este hecho se debió a las circunstancias histórico-culturales del momento. Era inviable que la mujer pudiera desempeñar una función religiosa.

La mujer entonces no tenía entidad jurídica, no valían como testigos en los juicios, eran poco más que un objeto de posesión del varón, quien únicamente era considerado verdaderamente humano. Era posible que en ese contexto Jesús eligiera a la mujer para representarle.

Aceptar como algo definitivo que Jesús eligió solo a varones para sacerdotes nos llevaría a aceptar que solo eligió a judíos o blancos y que por tanto habría que excluir del sacerdocio a hombres de otra raza o color. Nada más lejos de su espíritu universal.

3. En la tradición de la Iglesia nunca ha habido sacerdotisas. Sí. Es verdad. Aunque desde el siglo 1. Hasta el XII nos habla de Diaconisas. San pablo nos habla de Febe, diaconisa de la Iglesia. (Rom. 1661). Recibían el ministerio y eran ordenadas con la imposibilidad de las manos en un rito igual a la ordenación de los diáconos.

En la tradición no hay razones esenciales dogmáticas que justifiquen la exclusión de la mujer del sacerdocio. Esta se debe a razones histórico-sociológicas que reflejan la marginación global de la mujer de al sociedad.

Además, la tradición en temas disciplinares ha cambiado. La fidelidad a lo esencial puede exigir cambios en lo disciplinario, en lo accidental. Así lo ha hecho la Iglesia en muchos temas.

Sin duda es necesario un gran debate a todos los niveles en la Iglesia sobre el tema.

Personalmente opino con Rahner: 'Dentro de dos siglos habrá mujeres ordenadas en la Iglesia". Quizá mucho antes.

RAZONES SOCIOLÓGICAS

No hay razones "teológicas" que se opongan a la ordenación sacerdotal de mujeres. Sí las hay sociológicas-culturales, se dice. Veamos algunas.

1. La gente no está preparada para el cambio. Produciría división interna en la Iglesia.

Es posible. Franco también decía para justificar su dictadura que el pueblo no estaba preparado para la democracia y que los partidos políticos dividirían España. No fue así.

Sí. Es necesario un gran debate, durante el tiempo que sea necesario. Primero hay que admitir la posibilidad teológica. Quizá el pueblo de Dios es más maduro de lo que pensamos y tiene menos prejuicios que la Jerarquía.

¿Posible cisma? Parece que puede darse en la Iglesia anglicana. Los más cerrados y conservadores que no toleran a la mujer sacerdote son minoría. Posiblemente pasaría igual en la Iglesia Católica. Pero... si no se dan pasos ¿quién se queda en la Iglesia? También así se marchan las mujeres. Los más abiertos, ¿no podríamos convivir unidos respetando las diferencias? Cabe la unidad en el pluralismo. La unidad igual a uniformidad es un error. Es contraria al Espíritu católico y universal.

También hay razones sociológicas a favor.

2. La liberación de la mujer_ La iglesia no puede proclamar la plena igualdad del hombre y la mujer ni apoyar los movimientos de liberación femenina, si ella no admite a las mujeres en plenitud de igualdad a los varones es sus órganos de gobierno. Al contrario: Sería un gran signo si la Iglesia fuera capaz de transformar sus estructuras. Así haría creíble que "ya no hay hombres ni mujeres, pues todos somos uno en Jesús" (Gal, 3, 38).

3. El rostro materno de Dios.- Dioses Padre y Madre. "La plenitud de la divinidad y de la humanidad de Cristo no se puede agotar en la representación masculina". Lo humano y lo divino es siempre masculino y femenino articulado en unidad y armonía. ¡Cómo se enriquecería la Iglesia, sus ministerios ordenados, sus órganos de gobierno, y sus normas con la aportación de lo femenino! El sacerdote hombre o mujer representa mejor el rostro masculino-femenino de Dios encarnado en Cristo. Quizás la Iglesia sería más Madre.

4. La superación del tabú sexual, Desde los primeros siglos, por influencias neoplatónicas y maniqueas Iglesia y sexualidad en la práctica han estado enfrentadas. La mujer sacerdote, casada o soltera, replantea el tema del celibato obligatorio para los sacerdotes varones. ¿Qué va a ocurrir con los obispos y sacerdotes anglicanos casados que piden su incorporación a la Iglesia Católica? ¿Se les exigirá que vivan con sus esposas "como hermanos" y que vivan y duerman en distintas casas, como parece haberse exigido en casos semejantes? Lamentable. Superable.

5. Superación del actual modelo clerical.- Otra oportunidad. El actual modelo está muy marcado por la imagen del hombre varón, célibe, clérigo. Sería un error que la mujer reprodujese el modelo hasta ahora vivido sólo por los hombres. Caben otros modelos: sacerdote seglar (Jesucristo lo fue), hombre o mujer, casado o soltero, padre o madre de familia, trabajador, siempre animador de la comunidad y vínculo de unidad.

¿Razones "sociológicas" para el no? Son discutibles. A debatir y sopesar. Depende de contextos.

Quizás muchos piensan así. Pero hay miedo a manifestarse. ¿Está prohibido soñar con la utopía, con el Reino de Dios? Tema complejo, pero abierto. A pensar y debatir.

Eduardo Lallana