TESTIMONIO

 

 

 

GRUPO «MUJERES Y TEOLOGÍA»

 

RASGOS DE IDENTIDAD

Somos un grupo de mujeres, estudiantes y licenciadas en teología que nos venimos reuniendo en Madrid desde noviembre de 1986. Presentamos, en síntesis, nuestros objetivos, rasgos de identidad y centros de interés

1. Objetivos:

a) Elaborar una reflexión teológica que pase por la experiencia vital; creemos que las experiencias religiosas deben ser el eje y motor de la vida cristiana, edificando sobre ellas nuestra respuesta intelectual, celebrativa y moral. Porque "sabemos de quien nos hemos fiado" nos ponemos en acción.

No es una meta inmediata la publicación de nuestro trabajo como grupo, sino dar algunos pasos previos, como buscar otras metodologías en este campo, acabar los estudios, participar y fomentar encuentros entre otras mujeres etc.

b) Intercambiar información y materiales de cursos, cursillos, conferencias etc.

c) Apoyarnos mutuamente, y ayudar especialmente a las mujeres que están encontrando dificultades en sus estudios de teología (accesos, becas, horarios, tesinas etc). Todavía existen en este campo numerosas "barreras de cristal", que aparentemente son invisibles, pero que dañan seriamente a la mujer que tropieza con una de ellas.

d) Conocer y valorar la exégesis hecha por mujeres, así como la teología feminista. Descubrir los rasgos de identidad de la teología elaborada por las mujeres, así como su especificidad frente a la masculina.

e) Buscamos la claridad y la sencillez en el lenguaje, y establecer puentes entre la reflexión teología y los gozos y sombras de los hombres y mujeres de hoy.

 

2. ¿Por qué hablamos de "tareas urgentes" de las mujeres en la Iglesia?

Tras una lectura de datos sociológicos sobre la situación de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad podemos afirmar: ¡La realidad nos apremia!

Nuestra situación se inscribe en el ámbito mas amplio de la marginación de la mujer, e incluso de la opresión, en la medida en que la antropología, los modelos culturales, las pautas morales etc. han sido, y son, definidos y establecidos por hombres e impuestos a las mujeres. Lo grave es que ahora no se fomente suficientemente, y a veces ni siquiera se permita, el compartir hombres y mujeres la tarea de redescubrir una antropología basada en la dignidad humana y que las mujeres descubramos y hagamos nuestros los rasgos de identidad que nos parezcan oportunos.

 

3. Tareas urgentes de las mujeres en la Iglesia

Como una de las acepciones del término "Iglesia" es la del edificio en el que nos reunimos los cristianos, vamos a comenzar por señalar algunas líneas de trabajo "intraeclesial", para cambiar la situación actual y favorecer una corresponsabilidad seria y coherente:

3.1. Que haya compromiso serio y progresivo de estudiar y profundizar la problemática de la participación de la mujer en la Iglesia desde la antropología, la revelación y la teología.

3.2. Que se reconozca, de hecho y de derecho, la participación plena de las mujeres en la vida eclesial: su voz es esencial en la sacramentalidad de la Iglesia y en su testimonio.

3.3. Mayor participación de la mujer en los órganos consultivos y de discernimiento de la Iglesia, reconociendo y reclamando la aportación de éstas en debates vitales para la sociedad: bioética, violencia, familia etc.

3.4. Que se permita el acceso a los ministerios de lector y acólito, reservado hasta ahora para los varones, y que se revisen otros cánones del Código de Derecho Canónico donde se haga discriminación por razón de sexo. Entre tanto suprimir las incoherencias de prohibir que se ejerzan funciones (acólito y lector), que se vienen realizando con toda naturalidad y dedicación desde hace años.

3.5. Que se actualice el lenguaje eclesial sobre la mujer, que en algunos casos y comparaciones llega a ser ofensivo.

3.6. Que se sensibilice en esta línea a seminaristas, sacerdotes y obispos de la Iglesia.

3.7. Que, cuando por el motivo que sea, los planteamientos de la mujer no puedan ser aceptados, se ofrezcan repuestas razonadas con argumentos convincentes.

3.8. Que las mujeres teólogas vayan estando presentes progresivamente en los ámbitos de elaboración teológica. En lugar de excluirlas, alegando su posible falta de preparación, habrá que invertir tiempo y dinero a medio y largo plazo.

3.9. Trabajar por la fraternidad, por un talante comunitario y participativo.

3.10. Fomentar los grupos de trabajo de mujeres, en vista a su propia promoción humana. Articular mecanismos que incidan en las diócesis, siguiendo el ejemplo de Canadá.

3.11. Denunciar la confusión -presente en muchas comunidades- de que es lo mismo servir al Señor que servir al Monseñor (Como diría González Faus). Estamos al servicio del Reino, por eso hay que denunciar el mal uso del poder, que oculta el verdadero rostro de la Iglesia.

4. Tareas en la ecclesía

La Iglesia es, fundamentalmente, ecclesía, comunidad de creyentes y comunidad de seres humanos, por eso creemos que son urgentes también estas otras tareas que superan el ámbito intraeclesial:

4.1. Escribir, para poner nombre a lo que vivimos, sentimos y pensamos. Porque gracias a esas palabras otras mujeres ven reflejadas sus experiencias, las ideas que todavía no sabían expresar y que apenas balbucían. Es muy importante hacer llegar toda una carga emotiva y vital a través de escritos sencillos que dejen huella, que sean como esa chispa que prende y que puede dar lugar a grandes incendios, o a grandes transformaciones.

4.2. Ser especialmente sensibles a la marginación, en cualquiera de sus aspectos. Hay que superar la tentación de ser "altavoces de los sacerdotes", que es la primera tarea que suelen encargar en las parroquias, para ser altavoces de los colectivos sin voz. Aprovechar esa situación cultural que ha hecho que las mujeres estemos al lado de los débiles (ya sean ancianos, niños, moribundos, etc.), para transformar esa presencia y esa escucha en grito eficaz, y en protesta organizada.

4.3. Caminar en y con los movimientos feministas. Gracias al trabajo de muchas mujeres de estos colectivos hemos logrado el reconocimiento en la ley de derechos que hubiera sido impensable conseguir si sólo hubiéramos trabajado y los hubiéramos reivindicado desde dentro de la iglesia (por ejemplo el Instituto de la Mujer o los Centros de Planificación Familiar).

Puede haber, y hay un intercambio muy rico: muchos movimientos feministas nos aportan organización, método de trabajo, años de experiencia, y en esos movimientos encontramos grandes mujeres que han dado los mejores años de su vida por una causa que han creído, y no dudamos que justa: la promoción de las mujeres. En este intercambio, las mujeres cristianas tenemos algunos correctivos a la idea del feminismo, podemos aportar valores de pequeñez, de servicio gratuito, de no-poder que enriquecen el trabajo común.

Unas y otras contactamos con colectivos diferentes, juntas llegamos a mas grupos de la sociedad. Solemos leer y escribir en ámbitos distintos. Juntas hacemos mas rica la tarea de fundamentar intelectualmente nuestro trabajo. Tenemos discrepancias en algunos temas. Juntas podemos buscar soluciones humanas a los grandes desafíos de la sociedad actual.

Pero para realizar esta tarea tienen que caer prejuicios por las dos partes. Se están consiguiendo logros gracias a la tarea de mujeres pioneras que están facilitando desde hace dos años esta labor de intercambio. Si las mujeres cristianas llegaran a convencerse de que trabajar en y desde los movimientos feministas es también un modo de vivir su compromiso cristiano, este intercambio y este enriquecimiento serían mas fructíferos.

4.4. Participar activamente en la política, porque a veces una decisión tomada a altos niveles ahorra años de lucha y es el fruto de mucho trabajo y esfuerzo previos. Es un campo que está ante nosotras como un reto mas. Un campo de arenas movedizas, y vamos constatando a diario como otros y otras (sobre todo otros), que nos han precedido se hunden a medida que avanzan o que pasa el tiempo. Por eso se necesitan grupos de mujeres, de hondas raíces cristianas, con una formación teológica, que sean capaces de tender un puente entre teología y política...

"La teología es la esperanza de que la injusticia que caracteriza al mundo no puede permanecer así, que lo injusto no puede considerarse como la última palabra... La teología es la expresión de un anhelo, de una nostalgia de que el asesino no puede triunfar sobre la victima inocente: M. Horkheimer, H. Marcuse, y K. Popper, A la búsqueda del sentido, Salamanca, 1976, p. 106.

4.5. Elaborar la reflexión teológica desde la interdisciplinariedad. Decía Ramon Llull que hacer puentes en la Edad Media era una de las posibles manifestaciones de la caridad. Hoy es manifestación de la caridad y de la justicia tender puentes desde la teología hacia la bioética, la economía, el derecho, la antropología, y viceversa. Pero esos puentes deberán estar hechos con los materiales del lugar, no con materiales prefabricados que nos llegan desde Roma. Porque la fe y la cultura tienen que ir estrechamente entrelazadas con todas sus consecuencias, no sólo con las que ya conocemos.

4.6. En muchos casos y temas los árboles no nos dejan ver el bosque, por eso habrá que volver a la sencillez primigenia del lenguaje. Nos hemos dedicado a elaborar caviar teológico, cuando multitudes habrientas siguen buscando un pan de vida eterna. A la mayoría de los cristianos se les prohibió leer personalmente la Biblia; después no han recibido con el mismo énfasis que aquella prohibición la recomendación de leerla, tomar postura, reflexionar seriamente sobre lo que les dice la Palabra hoy y aquí. Seguimos pasando la batidora por la Biblia, para dar puré aderezado al gusto de varones célibes (por ejemplo en el campo de la moral sexual), en lugar de enfrentarnos con la Palabra, para que sea como un fuego que devora.

Tenemos que volver a acercar el Evangelio a las mujeres y hombres de hoy para que descubran personalmente qué es seguir a Jesucristo. En lugar de seguir ofreciendo reflexiones que surgen en cascada desde algunos principios del derecho canónico y que nos hacen exclamar a muchas mujeres cristianas ¿qué tiene esto que ver con mi vida?

5. Medios y talante para llevar a cabo estas tareas:

Hay grandes colectivos de mujeres que están trabajando desde hace varios años, con seriedad y eficacia, para que las mujeres podamos desempeñar los papeles que nos corresponde en la Iglesia y en la sociedad. Nos referimos al Forum Ecuménico de Mujeres Cristianas de Europa, al Decenio de las Iglesias en solidaridad con las mujeres y a la Asociación de Mujeres teólogas de Europa. Es muy importante que poco a poco grupos de mujeres españolas vayan integrándose en estas organizaciones.

Pero no se trata sólo de trabajar organizadas, sino de hacerlo con un determinado talante:

a) Saber decir "no", sin hacer perder la dignidad al otro.

• Tener una gratuidad semejante a la que tuvieron las mujeres que fueron a limpiar y ungir el cuerpo de Jesús. ¿Qué recompensa se podía esperar de un cadáver?, sin embargo ellas estaban allí. Sólo una gratuidad sin limites puede ayudar hoy a descubrir que la Gracia de Dios se hace presente cuando "damos gratis lo que hemos recibido gratis". Así la gracia, término tan desconocido hoy día, pasará a ser comprendido desde la gratitud de los y las testigos de Jesús.

• Hacer la teología desde el amor y con humor. Cuando oímos afirmaciones como ésta que ha hecho Monseñor Angelo Becciu, encargado de asuntos eclesiásticos en Nueva Zelanda, "Es tan imposible para una mujer ser sacerdote como a una paloma ser cristiana. Se podría verter el agua y decir la fórmula sobre la paloma, y no llegaría a ser nunca discípula de Cristo. Por analogía, la imposición de manos y la fórmula de la ordenación no pueden hacer de la mujer un sacerdote, porque la mujer no tiene la capacidad de obedecer (de obediencia) para ser sacerdote" Boletin Hommes et Femmes dan l`Eglise, 41 (1990) 42.

Por eso "el hermano humor" es el compañero imprescindible de nuestro camino, por lo menos hasta que los hombres, se acostumbren a no decir ni hacer aquello que si les dijeran o hicieran a ellos les resultara hiriente.

• Que la reflexión teológica no vaya desencarnada de la vida, que nos implique y modifique a nosotros también. Comprendemos la teología como gestación; en las palabras o en los gestos entregamos algo de nuestra propia vida (sintonizamos así con un modo de hacer teología que ya ha estado presente en la Iglesia)

e) Asumir aquello para lo que estamos capacitadas, y aquello en lo que podamos prestar un servicio, perdiendo el miedo al ridículo, y aprendiendo de los errores.

f) Reconocemos y valoramos que una parte de nuestra metodología es la confrontación mutua y el trabajo en equipo, por encima de la propia firma y el quedar por encima de los demás. Creemos que enriquece a la teología el que cada vez haya una presencia comunitaria mayor.

Denunciamos determinadas normas y orientaciones de la moral sexual, hechas por varones célibes para mujeres, con una experiencia vital tan distinta y tan distante.

h) Es urgente que la teología fomente un nuevo equilibrio entre lo masculino y lo femenino, y no sólo que fomente el acceso de la mujer a determinadas funciones o puestos, ya que algunos de esos puestos y funciones habría que ponerlos en cuestión. Por ejemplo, creemos que sería mejor que desapareciera la función del nuncio a que las mujeres accedieran a este puesto.

 

6. Conclusiones

Estamos invitadas a creer en la utopía y a crearla. En este sentido las mujeres estamos llamadas, como María, a ser engendradoras de utopías, parteras de la Palabra para un mundo que busca desesperadamente Mesías.

Y a hacer llegar esta utopía desde determinadas actitudes del Evangelio, porque la teología que no hunde sus raíces en el Evangelio es como un esqueleto sin vida. Por eso no queremos pagar cualquier precio, por ejemplo someternos a nadie, ni cerrar los ojos a la realidad, ni hacer una teología de laboratorio, ni hacer de la teología un negocio.

Quisiéramos ir del centro a la periferia, atentas y encarnadas en lo marginal del mundo. Ir con una actitud de escucha y de servicio. Con tal apertura que se fomente la conversión, no los juicios, ofertando valores en lugar de imponer normas.