LA
INCLUSIÓN DE LOS EXCLUIDOS: Parece que hay manías viscerales por excluir de lo oficial todo aquello que tiene vida y no se amedrenta por la marginación. Y cuanto menos se aminora, más exclusión se produce. Parecería que la sociedad y la iglesia estuvieran hechas para segregara y excluir. Siempre que alguien pretende pensar, sentir y actuar por cuenta propia o guiado por su voz interior o del Espíritu, siempre hay ahí una institución encargada de avisarle que no es ese el camino, que se camina sólo por donde la institución ha dictaminado. Para eso tiene sus dogmas, sus leyes, sus hogueras, sus códigos, sus cárceles y torturas, sus crazadas y sus espadas, sus inquisiciones y sus inquisidores, su... Puede haber alguien que hasta piense que para eso esta la institución, y que para eso dios (con la más minúscula de las letras posible) le ha concedido el poder de excluir y marginar. A lo peor de ahí vienen sus manías de dividir y separar, de los buenos y los malos, de ortodoxos y herejes, de hombres y mujeres, de clérigos y laicos, de civiles y militares, de.. En el Evangelio aparece otra "manía" distinta: la preocupación por incluir a los excluidos. Esa fue, sin duda, la gran preocupación de Jesús, su "manía": incluir a los cojos, leprosos, ciegos, mujeres, niños, prostitutas...por mas que las instituciones se empeñasen en excluirlos. Al fin y al cabo no quería distinciones entre griegos o judios, esclavos o libres, varones o mujeres. En este año jubilar queremos reivindicar el gran perdón de romper con cualquier tipo de exclusión y descubrir formulas de inclusión, pues en definitiva "todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal. 3, 28) DERECHOS HUMANOS Y RECONCILIACIÓN ¿Cuantos? ¿cuales? ¿Cómo? ¿quien los dicta?... sobran preguntas. Los DDHH (Derechos humanos) han nacido desde el hombre cuando este toma conciencia que es tal. Y sobre todo cuando se conciencia de que no es hombre, de que no puede vivir como tal. Nuestro vocabulario se ha hinchado de palabras bonitas: dignidad, libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad... son gritos hermosos que claman por los DDHH, son gritos que proclaman lo mas noble del hombre como señor de lo creado, son desgarros por la vida, por la alegría posible, por la esperanza alcanzable. Pero el hombre adquiere conciencia de ellos, sobre todo, desde la indefensión, desde la marginalidad, desde la esclavitud, la tortura, el hambre o la opresión. Cuando el viejo filósofo ilustrado se encuentra con las masas empobrecidas de la tierra cae de su torre de marfil y formula tesis reivindicativas. Cuando las comunidades cristianas empiezan a hablar de dignidad, de lucha liberadora, de DDHH... es cuando descubren al pobre y al marginado y cuando esa misma comunidad vive pobre y marginada y descubre allí, en el pobre, la presencia privilegiada de Dios, la auténtica epifanía. Hablar de DDHH en vísperas de Navidad, es proclamar que desde el pequeño de Belén la pobreza y la dignidad se hacen carne humana. Carne mecida y acariciada en los brazos de una mujer. Y así se puede gritar, en estos días navideños, desde lo mas profundo de nosotros una palabra aún no manoseada por los poderosos: RECONCILIACION. Es preciso un esfuerzo renovador, desde la radicalidad de nuestra fe, desde una vuelta a lo sencillo para dejarnos acunar en brazos de la mujer de Belén, para reconciliarnos con todo lo hermoso del mundo, con lo débil, con lo frágil, con lo pequeño. Poder oír el llanto de un niño. Desde TIEMPO DE HABLAR un deseo especialmente intenso para los excluidos: que el mensaje de la paz de jesús, en esta navidad iniciadora de milenio, sea un canto de esperanza en una reconciliación desde el corazón, con el corazón. Vosotros, marginados y excluidos, recibid un deseo de plenitud.
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