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"El
estudio de los documentos sobre el celibato eclesiástico Así escribía Pablo VI en su encíclica «Sacerdotalis caelibatus» (Nº 35). Nuestros lectores han podido leer en «TIEMPO DE HABLAR...(1) un artículo sobre «La formación celibataria" en él se prestaba una especial atención a los libros en los que bebieron doctrina los seminaristas de las seis primeros decenios del presente siglo; digamos que hasta el Concilio Vaticano II. Bebieron, o directamente, o a través de sus formadores que, a su vez, también se nutrieron de las ideas de aquellos libros. Hoy, siguiendo la anterior sugerencia de Pablo VI, nos proponemos estudiar el mismo tema, pero basándonos en los documentos pontificios y, más concretamente, de Pío XI a Pablo VI, con una breve alusión a Gregorio XVI (2). DILIGENCIAS PREVIAS Empecemos haciéndonos unas preguntas: en los Seminarios
Las respuestas que cada uno haya ido dándose les ayudarán a descubrir cuál fue verdaderamente la formación en orden al celibato en aquellos tiempos. EL MATRIMONIO EN LA FORMACIÓN CELIBATARIA Digamos, en primer lugar, que la idea que se inculcara al seminarista acerca del matrimonio determinaría en gran parte el concepto que él se formara sobre el celibato. Pío XII hablaba de esas "almas sublimes que, in viri ac mulieris cópula fastidirent connubium" desean el misterio que está en ella recóndito y, en vez de imitar lo que es propio del matrimonio, aman lo que por él se ha lla simbolizado" (SV l4) La idea principal de la frase está clara; pero nos preguntamos por el inciso que hemos dejado en el original latino. Hemos visto que algunos lo han traducido por «desdeñando la unión carnal del hombre y la mujer». «Desdeñar» según la Real Academia Española, significa "tener a menos el hacer o decir una cosa, juzgándola por indecorosa". Y el latino "fastidirent" habla de «sentir aversión, repugnancia; estar asqueado». El mismo Pío XII recuerda que «los Santos Padres hablan de las ventajas que existen en una completa renuncia a los placeres de la carne. No hay que condenar de por sí los placeres del matrimonio, ennoblecidos y consagrados por un sacramento especial» (SV 9). Nos preguntamos: ¿»Los placeres del matrimonio» son únicamente «los placeres de la carne»? Y ¿por qué «no hay que condenar», así, en negativo, habiendo tantas fórmulas positivas? («alabar», «estimar», y -en el colmo- «ensalzar» ... ) No se nos olvida lo de «ennoblecidos y consagrados» ... Pero ... «Pero, según la expresión del Doctor Angélico, -recuerda el mismo Pío XII- el uso de matrimonio retrahit al alma de entregarse totalmente a Dios (S. Th. 2, 2ae, 186,, 4).(6) Retrahit significa "aparta, aleja, impide ..." Y es el mismo Pío XII el que dice que los casados difícilmente pueden «dedicarse a la meditación de las cosas divinas, puesto que se impone clara e imperiosamente la ley del matrimonio: serán los dos una sola carne» (ib.). Cierto que también se decía que «de la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio no se sigue en modo alguno que sea imprescindible para alcanzar la perfección cristiana» (SV 20). "Por lo cual no es raro tampoco en nuestros tiempos encontrar personas casadas que con todo empeño tienden a la perfección cristiana" (ib.). Por favor, nótese que, cuando se trata de la virginidad se habla de legiones de personas que han alcanzado la santidad; al hablar del matrimonio, se dice «no es raro»; de unos se dice que «alcanzan la perfección»; de los otros, «tienden a la perfección»: ¿por qué? MOTIVACIÓN: DEDICARSE AL MINISTERIO Antes de entrar en este apartado, permítasenos una pregunta: ¿a qué están dedicados los sacerdotes católicos de rito oriental, para los que no cuenta la obligación del celibato? Y, dicho esto, recordemos que el sacerdote debe dedicar su vida al ministerio pastoral: por tanto, debe desasirse de todo aquello que impida esa dedicación. La parábola del sembrador (Lc 8, 4s) ha brindado un elemento que recogen -de modo más o menos explícito- los documentos vaticanos al tratar del celibato: "sollicitudinibus"l = inquietudes, preocupaciones, solicitudes ... Así, por ejemplo, Pío XII dice que el sacerdote «ha de estar libre de las solicitudes del mundo, y consagrado por completo al servicio divino» (MN 11). Permítannos unas reflexiones en voz alta. «Solicitudes»: ¿buenas?, ¿malas?. Si son buenas; ¿por qué evitarlas?; si malas ... tendrán que evitarlas todos los cristianos ... También se habla en ese texto de consagrarse «por completo al servicio divino». ¿Porque no se consagra a la vez a algo bueno? ¿porque no se consagra a la vez a algo malo? Agradecemos al P. Luis Mª de Mendizábal que se haya fijado en un detalle del Concilio Vaticano II: «El Concilio ha silenciado prudentemente una motivación que a veces se ha solido aducir: la disponibilidad activa del sacerdote ... Pero no parece justificación suficiente, ya que en condiciones análogas se encontraría el médico o el asistente social, etc.; ni corresponde al sentido más íntimo que la Iglesia descubre en el celibato. A la luz de esta motivación, el celibato se presentaría como liberaci6n de los empeños y preocupaciones de alimentación y educación» (4 ). Siempre pensamos que hay casados santos, y célibes que no lo son; como hay célibes que son santos, y casados que no lo son. ¿Se trata de un «estado», o de una «actitud»? Para que este estudio no resulte «demasiado largo», como temía Pablo VI, nos limitaremos a citar algún que otro texto, sin glosa. El celibato «para entregarse al servicio divino» (SV 9); «para evitar que se enreden en negocios temporales» (SV 10); «la ley del celibato ... debe sostener al ministro en su elección exclusiva, perenne y total del único y sumo amor a Cristo y a la dedicación al culto de Dios y al servicio de la Iglesia» (SC 14). PUREZA, LIMPIEZA... Pío XII, citando el Pontifical Romano ( 5 ), dice que «los ministros y dispensadores de los misterios de Cristo (1 Cor 4, 1) deben «conservarse cada día nítidos, limpios, puros, castos» (MN 12). Suponemos que este argumento no tiene valor pro-celibatario, a no ser que a la vez neguemos que los casados cristianos, sexualmente activos, pueden ser igualmente castos, puros, limpios y nítidos.(MN 12). Y el mismo Pío XII, citando a San Cipriano (3), después de dar el argumento pro-celibatario, «comenzáis a ser ya lo que un día hemos de ser todos», añade: «pasáis a través del mundo sin contaminaros con el siglo» (SV 14) ¿Argumento pro-celibatario? ¿Se contaminan «con el siglo» los casados honrados y, repetimos, sexualmente activos? Pureza, limpieza... Pío XI, exhortando al celibato, escribía: «No basta al sacerdote ... tener pura el alma, limpia la lengua, lavadas las manos y adornado todo el cuerpo: sino que debe ser en todo tiempo completamente puro» (ACS 35). ¿Limpia también la... ? ¡Ánimo! ¡dígase! Y añade: "Quien desempeña un ministerio en cierto modo superior a los espíritus purísimos que asisten ante el Señor (Tb 12, 15), ¿no ha de estar con mucha mayor razón obligado a vivir, en cuanto sea posible, como espíritu puro?" (ACS 36). «Espíritus puros» son los ángeles porque, además de ser espíritus, no están destinados por su naturaleza a es tar unidos a ningún cuerpo. Suponemos que son «puros» en orden a lo sexual, y a lo digestivo, y a lo renal, y a lo otorrinolaringológico LOS DOCUMENTOS, LA BIBLIA Y EL CELIBATO Como no podía ser menos, los documentos vaticanos acuden a la Sagrada Escritura en busca de argumentos para apoyar, recomendar, imponer el celibato. «La ley del celibato eclesiástico ... no hace sino dar fuerza de obligación a una cierta y casi diríamos moral exigencia, que brota de las fuentes del Evangelio y de la predicación apostólica». Así se expresaba Pío XI (ACS 34) Veamos algunos textos, y la aplicación que de ellos se hace en algunos documentos. El ejemplo de los sacerdotes del Antiguo Testamento que debían abstenerse de sus esposas mientras durara el ministerio en el templo, es invocado por Pío XI (ACS 35), y por Pío XII (SV 10). Para Pío XII, la «perla preciosa» (Mt 13, 46) es la virginidad. El grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto (Mt 13) es para Pablo VI el que renuncia al matrimonio (SC 30). A lo largo de la Historia, los escritores clericales no se han puesto muy de acuerdo a la hora de interpretar este pasaje. Así, para San Jerónimo, el cien por uno lo producen los vírgenes; el sesenta, los viudos; el treinta, los casados ( 7). En cambio, para San Agustín, el cien por uno lo dan los mártires; el sesenta, los vírgenes; el treinta, los casados (8). Un simple cálculo nos lleva a la conclusión de que vírgen-mártir = 200%; viudo-mártir = 160%,y así sucesivamente. Sólo en una cosa hay acuerdo: los casados son los que menos fruto producen en orden al Reino de los Cielos. Citando a San Pablo (1 Cor 7, 32), Pío XI (ACS 34) y Pío XII (SV 5) admiten que «todo soltero se dedica a las cosas de Dios». Sobre el texto del Apocalipsis «siguen al Cordero a dondequiera que vaya... porque son vírgenes» (Ap 14, 4), (9), «no se mancharon con. mujeres», aparte de otras consideraciones, una pregunta: del casado que «conoce» a su esposa, ¿se puede decir que «se manchó con mujeres»? Y, sin embargo, nos parece que ni él ni su esposa son vírgenes. «Seguid también al Cordero porque también es virgen la carne del Cordero ... Razón tenéis para seguirle con la virginidad del corazón y de la carne», concluye Pío XII, citando a San Agustín (SV 8). LOS SACERDOTES DE RITO ORIENTAL Antes hemos aludido a los sacerdotes de rito oriental para los que no es obligatorio el celibato. Podríamos haber repetido esa alusión, una y otra vez, después de todos y cada uno de los textos en los que se alaba-impone el celibato; pero, no ... Pablo VI escribía: "Si es diversa la legislación de la Iglesia de Oriente en materia de la disciplina del celibato del clero, tal como finalmente fue establecida por el concilio de Trullo (a. 962) ... esto es debido también a una diversa situación histórica de aquella parte nobilísima de la Iglesia, situación a la que el Espíritu Santo ha acomodado su influjo providencial y sobrenatural"(SC 59). Unas reflexiones. Quisiéramos que alguien nos aclarara a qué se refiere esa «diversa situación histórica». ¿Quizá a las relaciones Constantinopla-Roma? ¿Quizá a que los de Oriente tomaron en serio aquello de que «en tiempos venideros, algunos ... dando oídos a doctrinas de demonios...proscribirían el matrimonio? (1 Tim ls), aunque «el tálamo es inmaculado? (Hb 13, 4). Estábamos hechos un mar de dudas, cuando se nos ocurrió buscar el texto original latino (10). En efecto, encontramos que ese «acomodó» respondía a un «praefuisse». Es decir, que lo que el Espíritu Santo hizo no fue «acomodar su influjo», sino "dirigir..estar al frente de ... esas situaciones históricas. 0 sea: que el Espíritu Santo ejerció su influjo en aquellas Iglesias a la hora de no exigir el celibato a sus sacerdotes. Siempre se nos hizo difícil comprender que el Espíritu Santo tuviera que actuar de una manera si soplaba al Oriente, o al Occidente, de Macedonia. Con la mente puesta una vez más en los sacerdotes de Oriente, recordamos otra frase de Pío XII: «Si los sacerdotes y religiosos pueden dedicarse a todos y a amar a todos por amor de Cristo, es precisamente gracias a la castidad perfecta que tan celosamente guardan» (SV 19). Y otra. "Cuando más refulge la castidad sacerdotal, tanto más viene a ser el sacerdote, junto con Cristo, hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada" (MN 11). ¿Y los sacerdotes de Oriente? ¿Pueden ser también «junto con Cristo, hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada? LA DIGNIDAD SACERDOTAL La «dignidad sacerdotal y el brillo y honor que deben tener los que la poseen» es otro argumento que suele esgrimirse a favor del celibato. Gregorio XVI, de los que en su tiempo querían que se suprimiera el celibato decía que, al pedir tal cosa, «se olvidaban de la propia dignidad» (MV 7). No hace falta decir que no se trataba de «suprimir» la virtud de la castidad, sino el celibato. Pío XI habla de la «honra y dignidad increíble del sacerdocio", citando a San Efrén (ACS 36). Juan XXIII, por su parte, habla del celibato como de «una de las glorias más nobles y más puras del sacerdocio durante muchos siglos», y la razón que da es que con el celibato se realiza «el trinomio glorioso de la Iglesia de Dios, que es siempre símbolo de victoria: Iglesia de Cristo, libre, casta y católica» ( DSA2) Una vez más tenemos que recordar a los sacerdotes de Oriente, no obligatoriamente célibes: ¿se olvidan ellos de la propia dignidad? (Gregorio XVI); ¿se olvidan de su «dignidad increíble» (Pío XI); ¿no son ellos, en su matrimonio, «libres, castos y católicos» (Juan XXIII)? EPÍLOGO Terminemos con la referencia a un concepto que no es raro encontrar en los escritores clericales antiguos y modernos, y que recoge Pablo VI: «La virginidad consagrada de los ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a la Iglesia» (SC 26). Esto nos parece un eco de lo que escribiera San Gregorio Nacianceno, dieciséis siglos antes, y que recoge San Antonio Mª Claret, en un libro dedicado a la formación de «el Colegial o Seminarista instruído": hablando de la castidad, "lamadísimo seminarista... el Padre Eterno es padre porque tiene la gloria de engendrar al Hijo; pero lo engendra sin concurso de madre, virginalmente, y con sola su eterna y fecundísima inteligencia. Y si es gloria del Padre el engendrar virginalmente al Hijo entre los resplandores de los santos, también es gloria del Hijo el ser engendrado eterna y virginalmente por el Padre; y es gloria del Espíritu Santo el ser el amor virginal, puro, casto, eterno y personal que procede del Padre y el Hijo. Por eso decía San Gregorio Nacianceno «que la virgen más soberana es la veneranda, inefable y sacrosanta Trinidad» "Prima Trinitas virgo est." (11). Es la misma sacrosanta Trinidad que «los creó varón y hembra, y los bendijo diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid la tierra» (Gn 1, 27-28), «y vio ser muy bueno cuanto había hecho» (Gn 1, 31). ¡Maravilloso celibato! ¡Maravilloso argumento! NOTAS: (1) Nº 74, trim. 3º 1998, págs. 47ss. (2) Todos estos escritos pueden versé en "Colección de Encíclicas y Documentos Pontificio" Madrid 1967, 7ª edic., A..C E. Consultamos los siguientes: Gregorio XVI, «Mirari vos» (MV).- Pío XI, «Ad catholici sacerdotii» (ACS).- Pío XII, «Sacra virginitas» (SV) y «Menti nostrae» (MN).- Juan XXIII, Discurso a superiores y alumnos de Seminarios, 22-XI-1959 (DSA).- Pablo VI, "Sacerdotalis caelíbatus» (SC). (3) De habitu virginum 22, PL 4, 462. (4) «Formación del celibato sacerdotaU" en Rev. «Vocaciones" nº 37 (1968), págs. 76-77. (5) Ordenación de diácono. (6) S. Th. 2-2ae, 186, 4 . (7) Cfr. S. Th. 2-2ae, 42, 5. (8) De quaest. evang., 1, 4. (9) Cfr. ‘’TIEMPO DE HABLAR " nº págs. (10) AAS 59 (1967) 673. (11) El colegial o seminarista teórica y prácticamente instruido, Madrid 1932, 11,159.
Los presbíteros se quedan solos en la decisión
de mantenerse solos. El padre Sergio* sale bien temprano en la mañana para oficiar misa en un lujoso barrio de la ciudad. Cuando la tarde declina se dirige a su morada en uno de los sectores más modestos, al otro extremo. En la casa lo esperan su mujer y dos chiquillos hiperquinéticos que lo abrazan y se le cuelgan del cuello. Imparte clases en un colegio cercano y los vecinos lo conocen como el profesor Peláez. La historia de un sacerdote que es doctor Jekyll en el día y míster Hyde por la noche es común entre algunos miembros del clero colombiano. La doble vida muchas veces funciona en un país donde la doble moral parece ser costumbre. Es difícil que la gente permanezca impasible al enterarse de investigaciones en las cuales una algunos sacerdotes practican el sexo, porque cualquier escándalo o pequeña desviación de los sacerdotes siempre tiende a magnificarse. En el Decamerón hay historias de religiosos enredados con bellas damas. En la picaresca española se relatan los avatares de curas con hijos bastardos. Y últimamente abundan libros y películas donde estos temas se ventilan ante el mundo. La película El nombre de la rosa aborda el tema tímidamente, cuando un joven sacerdote se entrega a una bella prostituta. Ella es quemada en la hoguera; él, perdonado. En Actos privados el sacerdote practica su homosexualidad y es condenado por todos, los fieles incluidos. El padre Alfonso Hurtado, de la arquidiócesis de Cali, aclara que "el celibato quiere decir soltería y la castidad es una virtud que nos obliga a los seres humanos a guardarla. Jesucristo no impuso la soltería a sus apóstoles; por el contrario, Jesús escogió apóstoles casados". En los primeros años del Cristianismo hubo papas casados, incluso viudos (Alejandro VI). Durante el Concilio de Trento se impuso el celibato. Desde entonces, la Iglesia Católica Romana sólo acepta a los jóvenes presbíteros que prometan cumplir el celibato. Las opiniones se hallan fragmentadas según el bando de donde provengan. Los sicólogos opinan que la soltería propicia la neurosis de los ministros de Dios. En cambio, un teólogo que no quiso ser identificado opinó que "el celibato sólo lo entiende quien viva en ese estado de espiritualidad. Un sacerdote sí puede sublimar los impulsos sexuales. Debe mantener su disponibilidad a través de la oración". Todos están de acuerdo en que el celibato estuvo ligado desde el principio al pragmatismo político. Los bienes de la Iglesia no podían heredarse como las tierras de los señores feudales. Además, si permitieran los matrimonios entre los curas y las muchachas, las parroquias terminarían convertidas en pensiones como las descritas por Balzac. Es cierto que algunos de los gustos sexuales de estos padres hubieran sido tema de estudio para las investigaciones del doctor Freud. Aquí lo que importa es que esa misma jerarquía católica condena severamente situaciones de menos peso y en otras -como el aborto y el homosexualismo -se muestra inflexible. El presbítero Juan Carlos Cobos piensa que en Colombia esos son casos aislados. "No se está ajeno a la situación de sentir deseo sexual; lo que debe controlarse es la parte genital. No pasar a la otra fase de pecado". Un asunto desconocido para la mayoría de las personas que siguen estos debates lo abordaron Fernando Avila y V.J. Romero en 1996, en el libro Sacerdotes católicos casados, donde explican que desde el Concilio Vaticano Segundo, en 1963, existe la posibilidad de que un hombre casado, mayor de 35 años, con un matrimonio estable de más de siete años, se pueda ordenar como diácono, que es el rango más bajo de la jerarquía. Este asunto voltea la polémica como una tortilla. No fue bien acogido en Colombia al principio, aunque en la actualidad se cuentan unos 80 diáconos colombianos. Ellos existen a pesar de los resquemores y las reticencias de los sacerdotes tradicionales, los cuales -en una gran parte- desconocen su existencia. Cuenta el investigador Fernando Avila que "surgen celos contra los diáconos, pero los sacerdotes ya no dan abasto. Es un fenómeno que viene disparándose. El trabajo de ellos es gratuito y pueden hacer los mismos oficios que los sacerdotes, menos consagrar en la misa y confesar". Muchos se acuerdan ahora de que en el Génesis se decía que no era bueno que el hombre estuviera solo. Dice el padre Hurtado que "no considero nada raro que un sacerdote tenga una amiga. Eso inclusive lo estimula a él en su labor, teniendo en cuenta que esa amiga que él tenga no lo vaya a llevar al mal camino". En cambio para Avila "el gran obstáculo es que el celibato no se ha respetado y los sacerdotes terminan teniendo hijos en aquellos pueblitos perdidos". * Nombre cambiado por solicitud de reserva de identidad. |
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