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ENCUENTRO CON HELDER CÁMARA N o me preguntes por qué, pero sentí
una gran necesidad de viajar y llegar a Helder Cámara, arzobispo de Brasil que integraba en la reunión del CELAM el grupo de Brasil. Pero esta frase es pobre, no sólo quería conocer a Helder, fui como atraída a él como a algo especial, como si fuera parte de mi camino. Hablé con Ezequiel, director de la revista en la que trabajaba, le pedí un fotógrafo y marché con él a Mar del Plata, inventándome un reportaje a Cámara. Había quedado con Podestá que él me lo presentaría cuando terminara la reunión. Conseguí un pase de periodista para entrar en la Asamblea de Obispos Latinoamericanos. Al salir de la reunión en un receso, mientras iban a tomar un café, Podestá pasó a mi lado, de largo, sin mirarme siquiera. Alcancé a verlo a Cámara. Fue así que llamaron a la segunda sesión y volvimos a entrar al recinto. Yo me sentía frustrada por el comportamiento de Podestá. Cuando terminó la sesión me fui rápido a la puerta en medio de un grupo de periodistas. Quería ver salir a Dom Helder, para poder abordarlo y pedirle una entrevista, pero no fue necesario. ¡Fue algo tan natural y sencillo lo que hizo!. Se me acercó espontáneamente, sin presentación alguna me tomó de las manos y me dijo: "Yo no tenía que viajar a Argentina pero ahora sé por qué. No tema, usted tiene la señal de Dios, aquí, aquí, y aquí", sin palabras, tocando mis manos, mi boca y mis ojos, me dijo que yo tenía una misión que cumplir. Así se acercó a mí este pequeño gran hombre, y cuando Podestá vino a nosotros le dije: "No hace falta que nos presentes, Dom Helder y yo nos conocemos desde las entrañas de Dios". El produjo un encuentro muy profundo entre Podestá y yo. Se acabaron los miedos y nuestras almas se encontraron. Una mañana mientras Dom Helder celebrarba la misa, yo estaba arrodillada en la tarima. De pronto apareció el Nuncio Mozzoni que se detuvo cerca mío. Sus ojos eran de nuevo los que yo le vi en la Nunciatura, despedían fuego, y sus mejillas enrojecidas denotaban su furor. Ya me había encontrado. Pasó, y volvió a pasar nerviosamente junto a nosotros, dos o tres veces más, con su mirada fulminante. Al terminar la misa y después de desayunar en el comedor del hotel a la vista de los otros obispos, salimos a caminar y le comenté mi experiencia de esa mañana con el relato de la visita que le hice en la Nunciatura de Buenos Aires. Cámara entonces me confesó que él sabía que aduciendo ‘directivas’ de la Secretaría de Estado del Vaticano, había apalabrado a varios obispos, entre ellos a Podestá, para que formaran un grupo con la misión de neutralizarlo. Entonces yo le aseguré que Podestá no se prestaría a ese juego Llegamos a Recife el día dieciocho y nos hospedamos en el Hotel Guararapes. ¡Bendito hotel! Pedimos un departamento con dos dormitorios y un baño en el medio. Yo dormí en uno de los cuartos y Ezequiel y Jerónimo en el otro. Sucedió algo curioso: cuando al retirarnos Jerónimo pidió la cuenta, nos encontramos con una factura a nombre de Jerónimo Podestá y Clelia Luro. Le dije a Jerónimo que la hiciera modificar pero él no le dio importancia y prefirió pagar sin hacer ninguna observación. Yo había intuido algo feo. No sabemos bien cómo sucedieron después las cosas, o bien los Servicios de Información nos siguieron, o bien el Vicario de Avellaneda, violando su portafolios y faltando a la lealtad le sustrajo dicha factura y posteriormente presentó la fotocopia al Vaticano. En Recife, con Helder dialogamos mucho. Hacíamos largas caminatas por la playa. El veintiuno de febrero pasé uno de mis cumpleaños más maravillosos. Helder había reunido en la noche un grupo grande de jóvenes que nos dieron una serenata con cantos populares del Brasil. Nosotros cuatro nos sentamos en el jardín del obispado, frente a la escalinata donde se habían ubicado los jóvenes. De pronto se apagaron las luces y trajeron una tarta con velitas. Sentí el calor humano que sólo Helder sabe transmitir, la mirada de Jerónimo plena de gozo, y también la presencia de nuestro amigo Ezequiel en ese ambiente inolvidable. En Recife pudimos hablar realmente en verdad de nuestra misión en la Iglesia, en Latinoamérica, en el mundo. En un determinado momento Helder volvió a repetirle a Jerónimo: "Clelia será su fuerza..." y vaya si supe después lo que significaba ser su fuerza. Cuánta lucha, pero en medio de ella nosotros como dos niños tomados de la mano y recorriendo este camino duro, difícil y maravilloso. También nos llegó a decir ese día que nuestro hijo sería una ofrenda. Refiriéndose a nuestro encuentro, afirmó que era un misterio profundo: "No es matrimonio, es más que matrimonio, no es celibato, es más que celibato, pero el hijo debe ser una ofrenda, porque aún no estamos en la Parusía". Helder hablaba un lenguaje profético, sus palabras eran muy claras y al mismo tiempo llenas de misterio. A veces prefiero no hablar de Helder por dos motivos: primero, porque no quiero implicarlo tanto en nuestro camino, pero así fue, es y será, porque para nosotros siempre fue un poco vivir con él en otra dimensión, como el vuelo del águila; segundo, porque al hablar de él no encuentro palabras frente a su pequeña y gigantesca figura. El sabrá perdonarme, porque sólo él sabe cuánto y cómo lo quiero y todo lo que significó y significa en mi vida. CLELIA LURO CARTA A DOM HELDER CAMARA En ella podemos ver la amistad y sinceridad con que se comunicaban. Se consideraban realmente «dos verdaderos hermanos». Dom Helder Cámara Recife Querido hermano: Desde que nos conocimos, su recuerdo, sus consejos y su amistad están siempre presentes. En varias ocasiones hubiera querido escribirle unas pocas líneas, pero mi temor de robarle su precioso tiempo y también mi propia falta de tiempo lo impidieron. Nos hemos sentido siempre muy cerca suyo. Hoy tenía que escribirle; tenía que buscar un momento de reposo y tranquilidad y sentarme a conversar con el amigo y hermano del alma, y cuando lo he hecho me he sentido más cerca de Ud. que en ningún otro momento, como si estuviéramos de nuevo juntos como lo estuvimos en Mar del Plata y en Recife.. Nos sentimos muy entregados a Dios. Clelia totalmente y yo tratando de ser cada día más auténtico, pero no nos han faltado incertidumbres. Clelia es muy fuerte, no teme a nada ni a nadie sólo le importa la Verdad. Yo he madurado mucho, pero todavía soy un leño verde. Al final le copiaré la carta del Nuncio, quizá Ud. pueda hacerme llegar su consejo. He tratado de seguir las líneas de acción y el trabajo que me indicó. No las he cumplido muy bien, pero algo he comenzado a hacer. Espero el envío de los trabajos que haya hecho sobre el temario del Sínodo y sobre las conclusiones del CELAM de Mar del Plata. Estoy tratando de armar lenta y penosamente algunos equipos de trabajo en mi Diócesis y en el episcopado. Si puedo enviarle algún estudio que valga la pena, se lo haré llegar. Usted dijo un día de mí : «Es un verdadero hermano "- Le aseguro que por primera vez en mi vida supe de verdad lo que es ser hermanos. + Jerónimo Podestá
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