JERONIMO Y LA POLITICA

En la presentación del libro "La violencia del amor" de Monseñor Jerónimo Podestá (Buenos Aires, 1968) Arturo Paoli relata el entusiasmo y la esperanza que suscito en Mons. Podestá la promulgación de la encíclica de Pablo VI "Populorum progressio". Tal entusiasmo que le hizo exclamar: "ahora no me para nadie".

Y es que Hablar de Jerónimo y la vida política es hablar de "populorum progressio" y de su amor por la vida de los obreros de la que el mismo Jerónimo confiesa que fue a ellos "para evangelizar a los pobres, pero en realidad fueron ellos los que me evangelizaron a mi porque allí encontré al hombre sin artificios, con sus defectos y sus problemas, pero también con su calidad humana". y es que "la gente me enseñó a amar de verdad al hombre".

Y la tarea noble de predicar que "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz", que "es preciso darse prisa", que es necesario aceptar que "el desarrollo exige transformaciones audaces, profundamente innovadoras"... a esta hermosa tarea dedica Jerónimo múltiples esfuerzos pues está convencido de que "los problemas de los hombres despiertan el sentido de Dios, porque despiertan el sentido de la justicia y el sentido del amor". A Jerónimo, en definitiva, lo que le va a importar "es el hombre, es la gente, son los pueblo"

Amor, hombre, trabajo, pobre, lucha sindical, anticapitalismo, antiliberalismo, solidaridad, lucha contra la pobreza, desarrollo, repulsa a lo neoliberal... son palabras (y por supuesto que mucho más que palabras) que motivan su compromiso en el mundo y sólo desde ahí, desde el amor a los pobres y empobrecidos podemos ubicarnos en el evangelio.

Jerónimo era un obispo tercermundista, impulsor de los curas obreros, considerado un "0bispo rojo" como su amigo Helder Camara... pero siempre fiel. consecuente, voz de los sin voz.

El gobierno del general Onganía prohibió toda actividad a los partidos a la vez que se rodeó de cursillistas de cristiandad como fieles funcionarios. Coincidió con la aparición de la "Populorum Progressio", encíclica que, como hemos dicho antes, suscito todo el entusiasmo en el joven obispo de Avellaneda, desde la que inició una profunda predicación por todo el país. Su primera predicación fue en el teatro Roma, de Avellaneda. El teatro estaba repleto. Jerónimo habló con toda la fuerza con que él sabía hacerlo. A la salida del acto había fuego en su curia y escritos en las paredes: "Podestá comunista"... "Pablo VI traidor".

En esta época intensa de predicación de la Populorum Progressio Clelia era ya su secretaria. En una carta a Helder Camara de este periodo Jerónimo relata: "Nuestro encuentro con Clelia es un misterio maravilloso, nos llena de luz y de paz, nos ha acercado a Dios y nos ayuda a seguir el camino de su voluntad. Es un don de Dios y al mismo tiempo es oblación nuestra... La encíclica última del Papa me ha hecho entrar en otra etapa de mi vida. Esperamos que todo este camino haya sido trazado por Dios, pues nos ha ido poniendo muchas señales" (cita tomada de "Mi nombre es Clelia". Ed. Los Heroes. Santiago de Chile. 1996. Pag. 151).

Desde la Revista Imagen se preparaba un homenaje a la Populorum Progressio, con la única intervención de Jerónimo Podestá para evitar usos partidistas, pero... el freno de la dictadura vino vía nunciatura amonestando severamente al obispo. Cuando Monseñor acudió personalmente a responder al nuncio, este le desvío la conversación y se limitó a preguntarle por "esa señora" (asi es como siempre, despectivamente, se refirieron a Clelia en el entramado burocrático de la jerarquía eclesiástica).

El intento de plantear en Roma la situación socio-política de Argentina y la necesidad de que la Iglesia se recondujera hacia una linea conciliar fue un fracaso. La iglesia oficialista no estaba dispuesta a alejarse del general Onganía. Cuando Jerónimo llegó a Roma, ya estaba juzgado. Y condenado.

La jerarquía católica no quería roces con el gobierno militar. Dejaba solo a los "curitas" en el compromiso político. Y Jerónimo siempre estuvo al lado de esos curas profetas y siempre también frente a los obispos defensores del gobierno. En esta linea cita (pag. 248 o.c.) las palabras de Monseñor Adolfo Tortolo, presidente de los obispos, que le dijo a una interpelación: "yo he hecho averiguaciones, y se me respondió que en todo el mundo se usa la tortura".

Por el año 1972 los obispos se ponen de acuerdo en mandar pastorales sobre moralidad. Para ellos moralidad es sinónimo de sexualidad, pornografía, buenas costumbres... Jerónimo les recriminará que " tristemente no perciben que el verdadero y profundo problema moral que nos afecta es el de la injusticia social, la desunión, la falta de solidaridad y de coherencia del tejido social".

De esta época es una carta a Pablo VI en la que declara que "en conciencia no puedo dejar de advertir la tremenda responsabilidad de la hora presente que nos proyecta hacia un futuro sombrío, porque la espiral de violencia no podrá ser superada con la fuerza de las armas sino con las armas de la verdad y la justicia".

El 1 de octubre de 1974 la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), siguiendo su costumbre de comunicar y después asesinar, lanza la noticia de que Jerónimo Podestá ha sido asesinado. Le dan 72 horas para abandonar el país. Ese día ya no podrá dormir en su casa. El y Clelia asisten esa última tarde al velatorio del Dr. Silvio Frondizi (la victima más reciente). Se les facilita documentación... y al exilio. A la salida del país entregan a la prensa una declaración explicando los motivos de su salida (ver recuadro).

Y podríamos seguir añadiendo datos y anécdotas de sus idas y venidas, de sus caminatas -acompañado de Clelia- por los aeropuertos de Madrid, Roma, Paris, Lima....pero estas líneas sólo pretenden ser un retazo y no una historia. Esta será tarea de otros medios y con más espacio. Sabemos que Clelia pretende poner en Internet todos los escritos de Jerónimo.

Aquí sólo queremos dejar constancia del compromiso de un hombre bueno que predicaba con su vida que "la solución única, verdadera, total, es el amor".

En "La revolución del Hombre nuevo" ( Buenos Aires 1.969. pag. 87) nos deja Jerónimo estas palabras: "El amor es la solución y no la violencia. El amor prefiere los métodos no violentos porque reconoce en la persona el valor supremo que hay que salvar y no cae en la idolatría de las ideologías o de los sistemas. Precisamente, si busca el cambio de las estructuras es para salvar a la persona humana... creo en concreto que el ideal para la superación del capitalismo es el de la revolución por el amor. Creo sincera y convencidamente que el principal factor de la revolución debe ser la conciencia."