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" ' ..Aquí llega Jerónimo a mí vida. Esta carta fue escrita el día que habría de conocerlo. Hoy releyéndola me doy cuenta de mi especial estado de ánimo... S61o habíamos hablado por teléfono, yo lo llamé para pedirle una entrevista. Después de un tiempo nos confesamos que ambos sentimos algo muy especial en ese primer contacto... " 23 de abril, 1966 "...Debo cantar un cántico de acción de gracias por lo que vivi, vivo y habré de vivir.. Hoy estuve con Podestá. Es un hombre maravilloso... No dejaba de pensar que con hombres así qué distinta sería la Iglesia... Carta de Jerónimo, 1966. *' ... Querida Clelia, ( Dios nos ha unido tanto! nos ha unido en una misión y vocación común. No podemos dejar de sentírnos también en lo humano estrechamente unidos... para la mejor realización de nuestra misión... "A Tantas veces nos preguntan: ) qué pretenden ustedes? y siempre respondemos lo mismo: sólo abrir caminos de Libertad, sin ella no crecemos, no vemos, no estamos vivos para dar a la historia lo que necesita de cada uno de nosotros@ Navídad de 1966 Querido Jerónimo: Hoy pregunté a Dios por qué quiero, por qué amo así; no quería amar, se sufre. De lo profundo de mi alma, vino la respuesta: así tengo que quererte. Es cierto que me has dado mucha felicidad al compartir todo lo tuyo, pero también es cierto -y lo sé en toda su profundidad- que es renunciamiento... Tus manos, Jerónimo, amo tus manos que consagran y bendicen. Tú debes ser otro Cristo en la historia de hoy. Todos los cristianos deberíamos ser otros Cristos para que la historia madure. Toda tu vida y todo tu ser: tus labios que dan Su palabra, tus ojos que reflejan a Dios, tus pies que no se cansan de andar para anunciar el Evangelio..." Carapó, 2 de enero "Querida Clelia: i Dios nos ha unido tanto! Nos ha unido en una misión y vocación común. No podemos dejar de sentimos, también en lo humano, estrechamente unidos. Dios lo ha querido así. Será para la mejor realización de nuestra unión. Seremos fuertes y generosos para que toda la vibración humana que nos une esté al servicio de nuestra vocación. Dios es sabio y todo lo ha hecho bien. La creación es de El y en el hombre no contrapone ni separa lo divino y lo humano. No agrego más pues tú expresaste todo esto tan bien en tus cartas desde los primeros momentos. Clelia querida, te amo mucho, te amo de veras, te amo bien; te quiero mucho, muchísimo, con todo mi ser. No quiero ni la más leve sombra que pueda empañar la dignidad y nobleza de este cariño. Asimismo te digo que no debemos permitir la más leve rebaja de( nivel y de la dimensión que Dios le ha dado a nuestro encuentro. En el ínterin, mientras los de casa estaban acostados, llegó en una estanciera el cura de Huerta Grande con un mensaje de Monseñor Primatesta, quien me anuncia para mañana la visita del señor Nuncio y de Monseñor Plaza. Carapé, 10 de enero de 1967 Querida Clelia: He releído unas cuantas veces tu carta de( dos de enero y no me canso de releerla, está tan linda, tan justa, tan equilibrada y expresa con tanta fuerza y verdad lo espiritual y con tanta delicadeza y discreción lo más amable y humano, que se me ocurre aplicarte un lindísimo texto de San Pablo: 'Apareció la benignidad y la humanidad de Dios nuestro Salvador`. Me encuentro realmente bien. Después de la misa he estado el día a caballo y al sol hasta el caerde la tarde. Sólo bajé de( caballo para almorzar y para darme un baño en la represa. Clelia querida, había pensado moderar un poco mis sentimientos para que no me extrañes demasiado. Quisiera que me pongas en Dios y allí me dejes. Será mucho mejor y nuestro amor saldrá ganando, pero te he prometido ser transparente y aunque pensé callado no puedo dejar de decirte, mi Clelia del alma, que te quiero mucho, muchísimo y te extraño tanto, pero tanto, como no te podés dar una idea. Todo me lleva hacia vos, lo espiritual y lo humano; la misa, las oraciones, la lectura, y también lo sensible, la naturaleza, los paisajes, los ejercicios y el descanso. No hago más que recordar la tarde que pasamos juntos, aquí en Carapé, con Clara, Alejandra y Bebita. Qué lindo hubiera sido pasar unos días juntos. Estoy como despertando de un sueño, comprendiendo cada día más tu amor y tu cariño, voy descubriendo más y más cuánto te quiero. No sé qué es mejor si estar lejos o cerca. Al principio no me daba cuenta y por eso te preguntaba y quería que me dijeses que me querías. Tu amor me parecía inmerecido, me parecía imposible que me quisieras así; pensaba que me querías sólo en Dios, que tu afecto era para el sacerdote y nada más. Eso me parecía bastante, demasiado... Pero ahora sí me doy cuenta, sé bien cuánto me amas, ahora estoy tan seguro, vivo y siento tu amor, tu amor grande, inmenso, que por momentos casi tendría miedo si junto con una tremenda exaltación y alegría no conociese a la Clelia de Dios, si no estuviese tan seguro de ella. Jerónimo nunca amó así, ni pensó, ni se le ocurrió jamás que podría amar así.Estando Pedro en Carapé, el día trece llegué con Ezequiel para dialogar los cuatro de tantas cosas que había pendientes. Esa tarde Jerónimo y yo salimos a dar un largo paseo a caballo por la sierra que hasta el día de hoy recuerdo como un momento muy especial, gozando de poder dialogar solos en medio de ese espectáculo maravilloso de la naturaleza. Carapé, 14 de enero de 1967 "Querida Clelia: Ayer a la noche te fuiste de Carapé después de tu visita, que a pesar de haber sido tan fugaz me ha dejado tan feliz. Tu idea de dar un paseo a caballo nosotros dos solos fue maravillosa. ( Cuánto gocé contigo! ( Cuánto me hubiera gustado que te quedases! Pero me alegro de que hayas vuelto lo más pronto posible a estar con tus hijas, a las que considero espiritualmente mías. Transmítele a María algo que a mí me maravilló sobremanera. Yo jamás pude advertir la menor señal de resentimiento de tu parte Del 15 al 16 de enero "Querida Clelia: Esta carta comenzada el quince, recién la estoy terminando en la noche de( dieciséis. He tenido que interrumpida varias veces y quizás ha sido una ventaja, pues a medida que voy escribiéndote, voy profundizando muchas cosas. Primero de todo ha sido darme cuenta de que la Clelia que yo amo, la que yo he aceptado definitivamente, no es una entelequia, no es un ideal, no es una persona ilusoria, sino mi Cielia real, concreta, maravillosa en su realidad, es la Clelia que Dios me ha dado al hacerme encontrar con ella. No la amo porque es una persona que está por encima de la realidad humana, sino porque es una mujer maravillosa en su realidad concreta y humana, porque gracias a Dios nos hemos encontrado para construir juntos un camino hacia Dios. Segundo, he tenido que vivir muy a fondo la dinámica M amor verdadero: es mucho más feliz el dar que recibir. He tenido que jugarme entero y conscientemente porque me entregué a Clelia en forma total, no para recibir de ella, sino para dar, para darme; para dañe lo poco mío. Tercero y no es nada fácil explicar esto porque me ha permitido adentrarme en la profundidad de lo que es una elección libre, soberanamente libre, como lo es la elección M amor. Las cualidades de la persona están en el origen de la elección, sin duda. Pero el amor verdadero va más allá, hasta discernir el núcleo de la persona'. El que ama de verdad, elige una persona no por lo que es, sino por ser'quien'es. Por eso el amor tiene siempre el sabor de lo más ínfimo, de lo maravilloso, es un encuentro en las profundidad ranquera de casa (eran otros veinte kilómetros en subida). Finalmente comenzó a bajar la sierra dentro de( campo nuestro y había hecho unos cuatro kilómetros (le faltaban otros cuatro) cuando uno de nuestros peones le facilitó su caballo para que pudiera llegar hasta casa. Llegó deshecho pero contento. Yo tuve una gran alegría de vedo. Almorzó con nosotros y luego estuvimos charlando hasta las dieciocho. La tarde se nos pasó volando, conversando de todo lo nuestro. Sobre todo traté de sacarle de la cabeza la idea de que el sacerdocio es un ministerio para dispensar sacramentos y sermones. Si se lo quiere llamar ministerio hay que decir ante todo que sacerdocio es un 'servicio de amor a los hombres. Sólo así el sacerdocio vale la pena ser vivido. Carapó, 21 de enero "Anoche, mientras todos estaban ya acostados, llegó en una estanciera el Cura Párroco de Huerta Grande con un mensaje de Monseñor Primatesta, que me anuncia para mañana la visita a Carapé de( Señor Nuncio y de Monseñor Plaza." Carapé, 23 de enero de 1967 "Hoy he rezado intensamente. Dios me está vaciando de mí mismo de una manera tremenda. Si sigo así no me quedará ni pizca de amor propio..." Llama la atención sobremanera que en esta carta Jerónimo no comente ni diga nada de la visita que el día anterior le hicieron en Carapé, el Nuncio y los Arzobispos Plaza y Primatesta. Sólo más tarde me comunicó que habían ido a advertirle sobre nuestra amistad. Carapé, 24 de enero de 1967 "Querida Clelia: ... La verdad es que a vos te debo ese maravilloso acercamiento con Monseñor Cámara, que sin duda es un hombre de Dios, un verdadero Profeta. Quisiera tener la fuerza de oración que él tiene para hablartodas las noches, interrumpiendo su sueño durante dos horas, con 'Su Padre'. 'Desde lo más profundo he clamado a Ti, Señor. Oye mi voz, porque si tuvieras en cuenta nuestras culpas quién podría resistir tu mirada'. Vos me dijiste: Cuando uno reza profundamente, es El quien ora dentro de uno. En realidad ésta es la verdad elemental: 'E] Espíritu clama dentro de vosotros con clamor inefable' y es la esencia de la misa, Así lo sentí hoy. Cada día te amo más y mejor." Carapé, 2 de febrero "Querida Cielia: Acabo de recibir tu última carta escrita desde Córdoba antes de tu partida para Buenos Aires. Me da una alegría inmensa tu excelente estado espiritual, que gracias a Dios, concuerda maravillosamente con el mío. Todo es gracia y todo palidece y se agranda al mismo tiempo, frente a Dios. ( Sólo Dios basta!..." Carapé, 5 de febrero de 1967 "Querida Clelia: Ayer recibí tu última carta, tan hermosa como larga. La leí despacio y quería contestada punto por punto, pero preferí meditada y conversar contigo interiormente. Por ella me entero que hemos coincidido tanto, ( pero tanto! que me pareció más oportuno comentarla juntos de viva voz. Estoy ansioso por verte, por estar contigo y poder conversar largamente acerca de todo. Cada vez veo lo nuestro con más claridad, como una gracia enorme, como algo que madura, ( Que el Señor que ha comenzado en nosotros tan grande obra, quiera El mismo llevada a su perfección y consumación! 70 Jerónimo me ha pedido que escriba esta autobiografía sin traicionar a Clelia y así debo hacerlo. Por eso, este es el tiempo de decir cómo son generalmente estos momentos de crecimiento mutuo. Entonces la libertad de Jerónimo no era la de ahora, aunque sí su amor por la Justicia y la Verdad. En cambio, la libertad, en mí, había madurado en la propia vida. Nuestros prímeros diálogos fueron momentos fuertes y difíciles. Como el escultor que esculpe en la piedra una imagen, yo debí actuar con decisión y rudeza. Jerónimo racionalista y yo intuitiva; Jerónimo más asceta y yo más mística, los caminos por los que ambos marchábamos eran diferentes pero marchábamos juntos hacia un mismo objetivo. Yo entregaba generalmente mis intuiciones y Jerónimo me exigía que yo las expresara correctamente, con palabras justas, que yo no hallaba o que sentía rechazo en buscar. Otras veces insistía en que yo debía dar razón de mis afirmaciones y explicar por qué decía tales cosas. Y siempre era lo mismo hasta que aprendimos a callar y tomarnos de las manos o miramos cambiando de tema; un tiempo después el escollo quedaba superado. Jerónimo estaba muy atado a la mentalidad eclesiástica y a la mentalidad oficial M Magisterio, pero poco a poco se desprendía de tales ataduras y comenzaba a expresar con sus propias palabras lo que me había negado o lo que no había aceptado en la discusión. Para mí todo era muy sencillo, porque yo lo veía así, y Jerónimo sólo después que lo razonaba, lo hacía suyo y lo expresaba mejor que yo. El tenía la preocupación de que los demás entendieran lo que yo quería decir; temía que la gente pensara que yo hablaba sin fundamento y en contradicción con el pensamiento corriente. En cambio a mí, no me importaba que me entendieran todos, sino aquellos que estaban capacitados para entenderme. Cuando yo veo con claridad algo, no me importa que otros no lo vean así. Incluso, en ciertos momentos, he estado dispuesta a tener que chocar con las personas que más me han entendido en mi vida.
Por esto considero una tremenda falsedad afirmar que la mujer divide el corazón de( hombre, que mutila el corazón del sacerdote. Jerónimo, junto a mí y conmigo, es más y los dos juntos somos aún más. Nuestros corazones no están abiertos solamente el uno para el otro. No están abiertos solamente para mis hijas. Al contrario, porque nosamamos ynos plenificamos, somos asírnás plenamente de todos. ( Cómo quisiera que ellas comprendieran bien esto!
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