TESTIMONIO

 

Me resulta difícil escribir sobre lo
que significó y significa nuestro
encuentro...

Nuestra historia y
nuestro amor llegó a nosotros cargado de Misterio y de señales... Cada uno de vosotros y de los que sin ser sacerdotes casados también tienen su propia historia, pienso que muchos pensaran que la historia de uno es algo muy especial y es así. Pues bueno, no quiero dar la imagen que la nuestra fue y sigue siendo a pesar de la ausencia de hoy algo maravilloso y especial. Pero creo que sí, porque se dio con un contexto especial y con un hombre muy especial...

Por esta razón trataré de entregarla a través de momentos de nuestras vidas escritos por nosotros mismos en distintas etapas y que publico en mi libro "Mi nombre es Clelia" que siempre quise editar en España y con más razón ahora porque es un testimonio de vida y de lucha que quisimos dar ya que siempre hemos sentido que todo esto que se nos dio gratuitamente vivir no fue ni es por nuestros propios méritos, fue una elección como nos decía siempre Helder Cámara, nuestro maestro y hermano, que nos acompañó siempre hasta el fin... Pero ustedes lo saben bien que una elección no es un privilegio sino una responsabilidad de la que no se puede ni se debe escapar...

Poco a poco mi actuación a su lado me fue convirtiendo en su compañera de lucha.

A veces Jerónimo pasaba horas de la noche en mi casa donde yo vivía con mis hijas y adonde llegaba extenuado de trajinar un día sin fin. Se recostaba mientras yo le leía lo que él había escrito para tratar al día siguiente. Me enternece hoy recordar como entregaba sus horas de descanso en esa lucha diaria: reportajes, conferencias, entrevistas, viajes. No paraba y cada vez el día le resultaba más corto. A los que lo rodeábamos de cerca.

Transcribo una carta de Jerónimo a Helder Cámara:

" Nuestro encuentro con Clelia es un misterio maravilloso, nos llena de luz y de paz, nos ha acercado a Dios y nos ayuda a seguir el camino de Su Voluntad . Es don de Dios y al mismo tiempo es oblación nuestra. Tenemos la seguridad de no haberlo buscado ni de haber seguido este camino por capricho. Humanamente hablando nos hubiera sido más fácil seguir el camino de una amistad común, guardando ciertas formas y no arriesgar el testimonio de una estrecha colaboración sacerdote--mujer que inmediatamente levanta suspicacias, pero estamos convencidos que es necesario abrir brecha para el futuro. Sin duda esto es más difícil y nos exige una gran renuncia interior, un gran desprendimiento personal y un total abandono en Dios..."

... Hasta entonces yo había tenido siempre temor de perturbar al Hombre y de hacer aún más difícil nuestro renunciamiento a compartir plenamente nuestras vidas...

...Yo sabía que no podía planificar por mí sola el futuro de Nosotros. Tenía que dejarlo a él que viniera a mí, pero tampoco yo me sentía apresurada ni clara acerca de cuándo sería nuestro encuentro total, yo sabía que era querido por Dios pero desconocía el tiempo y el momento en que sucedería.

Ciertamente sabíamos que era una etapa que debíamos trascender y sabíamos que teníamos que superar los miedos y afrontar los problemas que obstaculizaban la unión plena de nuestras vidas para realizar el encuentro interpersonal en plenitud.

NUESTRA UNIÓN

En esa situación se produjo nuestro encuentro total y fue maravilloso. Nuestros cuerpos se fundieron y nuestras almas se tocaron... Al abrazarse nuestros cuerpos sentíamos algo así como si fuéramos dos seres que se fundían en uno solo, penetrando cada vez más profundamente el uno dentro del otro, con el impulso elemental de convertirse en uno solo. Fue algo así como si la creación entera nos envolviera, nos cobijara, toda ella se hizo presente en un cántico a la vida, al amor.

Todo esto es muy difícil de explicar porque es intransferible y las palabras no bastan; yo sólo era la tierra, la humanidad sedienta de amor y pureza y su cuerpo se amoldó tan perfectamente al mío que fue uno conmigo, éramos realmente "una sola carne y al derramarse dentro de mí, lo recibí tal como él se entregaba, para enriquecer al mundo, para encender nuevamente el fuego en la tierra como diría Teilhard de Chardin.

Entonces aprendimos a encarnar el espíritu y a espiritualizar la carne, fue una experiencia feliz y gozosa, sin sombras de ninguna especie y así lo sigue siendo hasta el día de hoy.

Yo quedo siempre serena y en silencio, como quien asiste a un misterio sublime y él nunca deja de pronunciar sus palabras "Clelia... todo tuyo para enriquecer al mundo..." Y fue entonces en enero o febrero de ese año 1968 que mis entrañas se llenaron de luz con un ser fruto de ese amor.

¡Cuánto viví con él dentro de mí...! Lo llevé oculto y en silencio, con vida casi cuatro meses... Era Pablo, ese Pablo que tanto ansié, pero esta vez gestado entre los dos con un sentido de compromiso. Tan sólo a Helder, Pedro y Arturo Paoli pude comunicarles esta riqueza en la que me sentía embargada. Pero al mismo tiempo me embargaba él por verme obligada a guardar silenciosamente aún frente a mis hijas lo que debería haber sido un motivo exultante para gritar al mundo entero.

Estaba dispuesta a alejarme de todos, los últimos meses del embarazo ocultándolo. Sentía con mucha fuerza que debía protegerlo en mis entrañas, de los golpes externos y estaba siempre alerta para que nadie lo lastimara dentro de mi vientre......

Un día Jerónimo me tomó desprevenida con una noticia que para el no tenía mayor importancia pero que para mí fue un duro golpe a mis entrañas. Monseñor Plaza viajaba nuevamente a Roma y yo intuí que llevaría una acusación definitiva contra Jerónimo. A los pocos minutos míos entrañas sufrieron una contracción que desprendió el feto.........

Lo entregué a la tierra, lo puse al pie de un árbol de lapacho y en ese momento sentí que él me decía: «No sufras yo enriqueceré la tierra y serán muchos los Pablos que vendrán después de mí» Así serena, como siempre en todo lo que me tocó vivir en esta dimensión profunda, se me hizo nuevamente presente aquella advertencia que me hiciera Helder Cámara un año antes «El hijo será una ofrenda». Así fue y lo viví y estoy segura de que Pablo tendrá fuerza y vida en otros Pablos que misteriosamente serán fruto de este amor...

Veíamos claramente a la nueva Iglesia que iba naciendo dentro de las estructuras crujientes. Yo sentía que estábamos llamados a hacer algo aunque no lo supiéramos concretamente qué....."

ASÍ COMENZAMOS

Y CONTINUAMOS

NUESTRAS VIDAS.

El siempre creciendo en sabiduría y libertad y yo acompañándolo con mi fuerza.

Así vivimos y caminamos por el mundo con nuestras manos tomadas y nuestro paso firme. Nos entendíamos y conocíamos sólo al mirarnos.

La integración del hombre y la mujer es lo único que hace eclosionar la plenitud del ser humano. Es el meollo profético de nuestro movimiento.

Nuestro camino fue difícil pero maravilloso. Así tratamos siempre de estar presentes donde nos necesitaran, no podíamos ser diferentes.

Recuerdo con emoción nuestro viaje a Venecia donde los dos solos fuimos a gozar sin compromiso alguno...

Tuvimos muchos problemas: económicos, persecuciones, exilio pero en el fondo nuestro el amor nos mantenía fuertes y gozosos siendo fieles a nosotros mismos.

Un día nos llamaron al Sínodo de Sacerdotes casados de la Federación Internacional en Ariccia a unos metros de Castel Gandolfo donde el Papa descansaba...

 

 

 

SU NUEVA DIÓCESIS

Desde que Jerónimo abandonó Avellaneda su Diócesis era la Diáspora y siempre así lo vivimos

. Ustedes no saben lo que significaron de alegría y fortaleza para él "Finalmente encontré mi Diócesis" me decía. Quiero que lo sepan porque verdaderamente fueron mucho para él, siempre hacía hincapié en el valor profético del movimiento: la integración del varón y la mujer en un compromiso de pareja en el mundo... Siempre dio testimonio de ello llevándome de su mano por este Planeta.

Muchos recibieron cartas de él, ustedes lo conocieron y yo me siento pobre para hablar de él...

Después comenzó nuestro recorrido por Latinoamérica. La Federación Latinoamericana que para nosotros fue y es como un hijo dilecto...

Al escribir estas líneas, que muchos leerán, los tengo a todos y cada uno presentes, veo sus rostros y escucho sus palabras. ..

Hoy Jerónimo se fue... sólo una ausencia acompañada quedó junto a mí. El dolor es grande e irreparable. Sé que ya no estará a mi lado como antes...

Quiero pedirles algo en su nombre: lean sus últimas cartas, sus últimos sueños, estar en el Congreso Internacional y vernos ya integrados a los laicos...

Traten de ver si pueden hacer editar mi libro pues allí está él

Y quisiera que llegue a manos de todos.

En estos 33 años vividos juntos he guardado fotocopias de todos sus escritos, notas, cartas y espero tener vida larga para entregarles tanta riqueza, es lo único que me mantiene viva.

No dejen de sentir el valor profético de nuestro camino y vivan plenamente la pareja los que aún están juntos. La vida pasa tan rápido...

Un abrazo grande:

CLELIA Y JERÓNIMO