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TESTIMONIOS |
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NO QUIERO SER JERARQUÍA La palabra "jerarquía" tiene dos significados diferentes: Por una parte "jerarquía" significa orden, organización; en este sentido, al decir que la iglesia es jerárquica, queremos decir que es una institución organizada. Pero " jerarquía" significa, también, distintas categorías de personas. Y así, cuando hablamos de la jerarquía de la iglesia nos referimos a las personas que tienen cierta categoría en la iglesia, como son el Papa, los obispos y los sacerdotes que son los que gozan de una mayor veneración, autoridad y dignidad, por este orden. De manera que los simples bautizados, los laicos, no cuentan para nada, son personas sin categoría alguna. Está claro que en la iglesia, como en cualquier grupo humano, tiene que haber una organización que aúne esfuerzos y facilite la consecución de unos fines comunes. No puede hacer cada uno lo que quiera, sino lo que convenga para que el grupo consiga sus objetivos programados. Pero cuando nos referimos a la jerarquía de la iglesia, todos pensamos, más que en la organización, en unas personas determinadas que son las que mandan, deciden, enseñan sin contar para nada con nadie. Porque en la iglesia hay personas que mandan con un autoritarismo total -o totalitario- de manera que no se pueden poner en duda sus palabras, y otros a los que no les queda sino obedecer ciegamente; hay unos que lo saben todo, son infalibles, sus palabras son dogma y no se pueden discutir ni poner en duda, sino obedecer y callar. Decía Pío X que "en la iglesia, los seglares, pagan y callan". Hay unos que son santos, cuya moralidad, buena voluntad y virtud nadie puede poner en tela de juicio y otros que no son buenos y tienen que dejarse guiar y aconsejar por aquellos. Argumentan que la iglesia no es una " democracia" , porque "Dios es el único Señor" del cual viene la autoridad que, por eso, es sagrada, y el poder -"suyo es el poder"-. En consecuencia, también el poder es sagrado. Por eso, al que más manda en la iglesia, se le llama "santidad", y "santo padre". Y no se le discute. Siempre tiene razón. Es infalible. Después del papa mandan los obispos, que son como delegados del papa, al cual representan en sus respectivas diócesis. Estos son santos también e infalibles, pero menos que el papa. Luego los curas que son los representantes de los obispos en sus parroquias correspondientes , en las que también mandan y disponen, según el obispo ordena sin que los demás miembros del pueblo de Dios cuenten para otra cosa que no sea 11 pagar y callar". Finalmente los seglares, que sólo están para decir "amén" a lo que digan el papa, los obispos y los curas. No mandan nada, ni son santos porque son seglares. ) A cuántos seglares ha canonizado la iglesia? A ellos hay que predicarles para que sean santos, pero nunca lo serán, porque son seglares.Esto hace que, en la iglesia, cada uno busque ascender, es decir, conseguir más poder, mandar más, cosa que se consigue, no por hacer las cosas bien, sino haciéndolas como le gusta al que manda y ganándose su simpatía, aunque sea con malas artes. Esto no tiene nada que ver con la iglesia que se nos revela en los escritos del Nuevo Testamento. La comunidad cristiana, la iglesia, en la intención de Jesús, es una fraternidad. Jesús, nos enseñó a invocar a Dios como a Padre Nuestro, es decir, de todos, señalando así nuestra condición de hermanos, que después recordaría en Hch. 23,8: "Dios es vuestro padre y todos vosotros sois hermanos". En la comunidad cristiana, por tanto, no puede haber dos categorías de personas: los clérigos y los laicos, los que enseñan y los que aprenden, los que mandan y los que obedecen. No se puede vivir la fraternidad si no hay igualdad, desechando todo culto a la personalidad y el paternalismo que pretenden fomentar la minoría de edad y hacer valer la superioridad de uno sobre los demás creando situaciones de dependencia y, por tanto, de desigualdad. La comunidad es la que debe asumir el protagonismo y la responsabilidad de su funcionamiento. Ella es la que tiene autoridad para tomar decisiones. Esta es la iglesia y estas las comunidades que vemos en las cartas y en los hechos de los apóstoles. La democracia como forma de vida es un elemento fundamental del ser y del quehacer de la iglesia. La Constitución española de 1978, que pone fin oficialmente a la dictadura e introduce la democracia, dice en su título preliminar: "La soberanía reside en el pueblo, del cual emanan los poderes" (artic. 1, parrf.2) Esto mismo debe afirmarse de la iglesia. La soberanía reside en el pueblo de Dios, y del pueblo de Dios, de la comunidad, emanan las distintas misiones y responsabilidades, que no poderes. Es la comunidad la responsable de su funcionamiento y ella es la que tiene autoridad para tomar decisiones. Porque la autoridad en la iglesia ha de ejercerse, por voluntad de Cristo, de forma colegiada y comunitaria, no de manera absolutista y monárquica. Aquel dicho "vox populí, vox Dei", hay que recordarlo hoy y asumirlo, porque Dios está presente en su iglesia, en la comunidad, en ella y por medio de ella habla y actúa. Los jerarcas de la iglesia no han podido resistir a la tentación de querer sustituir a Dios y monopolizarlo erigiéndose en sus únicos representantes ante los demás.La jerarquía recela de la democracia y, cuando se ha generalizado ya por todo el mundo este modo de concebir la organización de los estados, resulta que en la iglesia católica se siguen manteniendo procedimientos dictatoriales propios de un régimen totalitario en el que no se tienen en cuenta los derechos humanos y existe un control agobiante sobre las libertades usurpando la autoridad que corresponde a la comunidad creyente y ejerciéndola de manera abusiva sobre ella. A partir de Pío IX se inicia una "veneración" especial del papa hasta hacerlo infalible en el concilio Vaticano I (1870). Crece también, desde entonces, la veneración a los obispos y sacerdotes como representantes de lo sagrado; se desarrolla una eclesiología triunfalista que reclama de los creyentes un acto de fe en la iglesia como organización más que como comunidad de Jesús. El papa busca en la iglesia un pedestal humano sobre el que erigir su imagen. Y lo mismo hacen los obispos y los curas. La institución eclesiástica se ha caracterizado a lo largo de la historia por su carácter autoritario, intransigente y monolítico, tanto en su interior como en el marco de la sociedad, utilizando métodos represivos y legalizando hasta los más ignominiosos comportamientos contra cualquier movimiento crítico. Es totalmente explicable que no se resignen a perder sus privilegios y luchen por conservar sus cotas de poder, incluso aumentarlas, porque la lógica del poder es la de desear más poder. Y así viene a resultar que el principal obstáculo para que la iglesia sea el pueblo de Dios del que nos habla el Concilio Vaticano II, y la comunidad fraterna que Jesús quería, tal como se nos manifiesta en los escritos neotestamentarios es la misma jerarquía de la iglesia. La jerarquía tiene secuestrada a la iglesia. Pero, nosotros, ) qué hemos de hacer ante este estado de cosas ? En primer lugar tomar conciencia de que la iglesia es una fraternidad y en ella no debe haber nadie por encima de nadie, porque todos debemos ser iguales. No debemos caer en la trampa de colaborar con ellos para mantener sus privilegios y su superioridad abusiva e ilegítima. Y en tercer lugar, tenemos que luchar para, como dice María en le "Magnificat" derribar de su trono a los poderosos. CONCLUSIÓN.- No. Yo no quiero ser jerarquía. No quiero mandar. No quiero estar por encima de nadie ni que nadie esté por encima de mi. Quiero ser un hermano entre los hermanos como un servidor de todos.
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