IGLESIA
¿QUÉ TE PASA?
Alguna vez te ha dolido algo. Seguro. Has estado dolido por algo. Dolido con dolor profundo. Dolido hasta no poder dormir. Dolido con un dolor casi insoportable. Y en esas largas noches sin dormir, dolido, te habrás preguntado a ti mismo qué es lo que te pasaba.
¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa, Iglesia?
No es aquí un "¿qué le pasa a la Iglesia?....ni menos una acusación porque a mi iglesia le pasa algo. Es un quejido que brota en mi. Quejido amargo, preocupado, dolorido... porque nada le pasa a la Iglesia. Es algo que a mi me pasa.
Y si le pregunto a la Iglesia es porque me pregunto a mi mismo: ¿qué me esta pasando?. No puedo extrañar la Iglesia, ni situarla en el exterior como algo ajeno a mi. Le pregunto a la Iglesia y con ello me interrogo.
Esta tarde, al escribir estas lineas para el editorial, me pregunto dese mi propio dolor, me cuestiono desde mi por mi dolor, Lo que esta pasando estos días en nuestro mundo y en nuestra Iglesia es mi propia realidad. No hay otra realidad. Y me duele. Me zarandea el sueño hasta no dejarme dormir. Hasta el dolor.
¿Cómo no llorar con los niños afganos? ¿cómo no llorar con las mujeres africanas destrozadas por el SIDA y el hambre? ¿cómo no llorar con las masacres de todos los abusos del fuerte sobre el débil? ¿cómo no llorar con mi Iglesia institución tan institucionalizada, tan alejada de la vida e invirtiendo en mercados de valores, olvidada de que su valor son los pobres? ¿cómo no llorar... cómo...?
Y mientras las lagrimas nublan mis ojos y amargan mi corazón descubro en una cueva un niño: es hijo de una mujer judía, nace en una cueva palestina....esta desnudo, pobre... es la salvación del mundo. Y hasta de la Iglesia.
Si, el hijo de una muchacha judía, nacido en tierra palestina es la salvación. Y esa salvación que proclama mi Iglesia, que yo proclamo con en ella y en ella, es la alegría del mundo, el gozo de las naciones y de mi Iglesia.
Y a vosotros, queridos lectores de TIEMPO DE HABLAR-TIEMPO DE ACTUAR, que el pequeño nacido en tierra palestina, hijo de una mujer judía, os haga sentir una Iglesia mas fraterna, mas pobre, mas llena de perdón y de ternura, mas al alcance de los sencillos, mas pacificadora, ...
Que vosotros podáis escuchar con esperanza y paz como alguien os dice: "Levantaos. Alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación"