HACER EL AMOR,

SOBRENATURALMENTE MERITORIO.

PUEDEN ustedes imaginar que aún pueda existir alguna dama que cuando, dentro de un matrimonio legítimo y sacramental, hace el amor con su esposo (que es, además, ministro del sacramento) distraiga la mente y se arañe y pellizque para no sentir placer? ("pues a mí me lo tiene dicho mi Director Espiritual").

Indudablemente: basándome en datos fidedignos, siguen existiendo tales damas, aunque supongo que, al ritmo de las defunciones, alguna menos cada día.

Nadie se alarme: cierto que se trata de un tema delicado, pero que se puede tratar con toda dignidad, teológica y de la otra. Quédense para la historia aquellas series de minuciosos, enfermizos detalles que, a la hora de prohibir, abundaban sobre todo en despachos parroquiales y, no menos, en muchos libros "devotos que revelaban una cierta "obsexión" (sic).

¿O es que ya no existe ningún sacerdote-profesor que, cuando en Botánica, llega el tema de la polinización, lo pasa por alto...para que los niños no vayan a tener malos pensamientos, privándolos así de un noble recurso pedagógico, que podría ser útil para explicar, con inocente naturalidad, lo humano por medio de lo vegetal?

Sinceramente: creo también que la actitud de aquel Director Espiritual del principio es más que disculpable. El había leído en San Gregorio Magno, a propósito del matrimonio, que el placer no puede existir sin culpa (Epístola X, Interrogatio Augustini); y que Sto. Tomás de Aquino dijo que las acciones permitidas a los esposos, a causa de los goces carnales que las acompañan, tienen por resultado que el hombre sea menos apto para las cosas del cielo" (5. Th. III, supl.. q.LXIV, a. 7), afirmaciones que superaron la reválida del tiempo al ser asumidas, siete siglos más tarde, por Pío XII: los casados difícilmente pueden "dedicarse a la meditación de las cosas divinas, puesto que se impone clara e imperiosamente, la ley del matrimonio: serán los dos una sola carne" (Sacra virginitas, n~ 9). Todo ello con un denominador común: hay que seguir el ejemplo de Cristo que "se privó totalmente de las cosas deleitables que no eran necesarias" (Noldin-Schmitt, Sur. Theol. Moralis, 1, 90).

A ese Director Espiritual que aplicaba estas teorías que parecían resultarle familiares, también debía sonarle algo de lo que sobre el "débito conyugal" se decía en los textos de Noral, y bien claro. Recordemos (además del citado Noldin-Schmitt) los de Arregui, Tanquerey, Wermeerach, Mevkelbach, Ferreres... y el bendito P. Juan Bautista Eerreres, recién beatificado por Juan Fabio II!. Y...

Bien claro que lo decían: 'el acto conyugal completo y el deleite que lleva consigo son lícitos a los cónyuges y, con las condiciones debidas, meritorios". Así se lee en el "Tractatus de matrimonio et castitate" del P. Ulpiano López, 5. 1., (Granada, 1947 p.124) quien, después de ser confesor de Pío XII y Alfonso XIII; que declinó dos veces la púrpura cardenalicia; profesor de Moral en la Gregoriana de Roma, pasó sus últimos anos, a petición propia, como Capellán de una leprosería de nuestras tierras sudamericanas. Otro tanto dice este mismo autor acerca de los actos sexuales incompletos y el consiguiente deleite: son lícitos y, con las debidas condiciones, meritorios (ib.).Completa el panorama Arregui cuando habla de los "actos impúdicos" debidamente ordenados al consorte y al fin natural de la función generativa, en si mismos son lícitos, aunque se preterida con ellos la excitación sexual"(nº 85, A, c). ¡Señor! si se hablaba de este tema en las clases; si hasta a más de uno pudieron preguntárselo en el examen, ¿por qué se evitaba mencionarlo en el púlpito, en el confesonario Y en las Hojas Parroquiales?

Iguales o parecidas fórmulas utilizaban los autores antes citados y otros. Por su claridad y concreción, citamos a Noldin-Schmitt: "El acto conyugal, debidamente realizado entre legítimos esposos, es moralmente honesto y, realizado en gracia de Dios y sin excluir ninguno de los fines del matrimonio, es sobrenaturalmente meritorio" (Sum. Theol. Moralis, De sexto praecepto..., n. 65). Mérito sobrenatural, que lleva consigo aumento de la gracia santificante (vida divina en el alma) y de las gracias llamadas actuales, luz para el entendimiento, fuerza para la voluntad. Algo así como cuando se da un donativo para una causa caritativa, o de hacer un rato de oración con el rosario o el Evangelio en la mano, o de recibir la Sagrada Comunión. Todo ello -no hace falta repetirlo- hecho en gracia de Dios y con rectitud de intención. A la vista de estas ideas (enseñadas --repetimos-- en la teoría de las aulas, que no en la práctica de la vida), y, además, si la Iglesia no considera perfecto el matrimonio-sacramento --y, por tanto, dispensable-- si no se ha realizado el acto conyugal completo (aquello de "rato y no consumado" (canon 1.698), nada tiene de extraño que el P. David Knight escriba que "las relaciones sexuales pueden revestir un carácter  sacramental para los cristianos, al establecer la unión no sólo entre dos peersonas, sino, además, entre ellos y Dios." ("The Good news about sex": cfr. Rev. Concilium, Junio 1982, p. 349).

¡Ojalá que se hubiera hablado más de esto (hacer el amor, sobrenaturalmente meritorio) y menos --nada-- de "lo otro"! Es lógico que ese Director Espiritual diera esas y otras cosas, si en una edición de ¡1971! del "Catechismus Romanus ad Parochos" se puede leer que los esposos deben abstenerse de las relaciones sexuales por lo menos tres días antes de recibir la Sagrada Eucaristía, y con más frecuencia cuando se hacen los ayunos solemnes de la Cuaresma" (Edit. Magisterio Español, 1971 p.II, cap. 3).

Justo es reconocer la influencia que todo esto ejerció en los matrimonios y la diferencia que hay entre aquel arañarse y pellizcarse, o el privarse del acto amoroso en fechas inmediatas a la Comunión, y este pensar --rectamente, teológicamente-- que esa Comunión recibida  "más" en gracia de Dios por ir precedida de un acto meritorio, produce más gracia de Dios que si no hubiese existido ese acto meritorio. Estas prohibiciones superan

los límites de los documentos clericales y pasaron otros medios divulgativos menos eSpecializados. Digal si no. la sefiora Fernanda, de 'LCien aflos de soledad", la que Grabia Jarcia Marices (sic) (el que ha dicho que tiene que Jubilar la ortografía) que "llevaba un preciso calendario con llavecitas doradas en el que su director  espiritual había marcado con tinta morada las fechas  de abstinencia venérea. Descontando la Semana Santa, los domingos, los retiros, los sacrificios y los impedimentos  cíclicos, su anuario útil quedaba reducido a 42 días desperdigados en una maraña  de cruces moradas" (Argos VergE ra, Madrid 1979, p. 170).


Otra pregunta que nos hacemos es si los confesores nos habremos inmiscuido demasiado en la intimidad del tálamo  nupcial. ¿Por qué, sí no, se sigue hablando de la "postura del misionero"? Suponemos que se trata de la misma que preconizaban los viejos tratados de Moral. ¡Que fino el latín! : "Vir ineubus uxorem súccubam et ad e conversan cognoscat" (Arregui, n2 807) ("conocer": tener relación  sexual  entre hombre y mujer":Dicc. RAE, acepc. 4) por lo menos tres días antes de recibir la Sagrada Eucaristía, y con más frecuencia cuando se hacen los ayunes solemnes de la Cuaresma" (Edit. Magisterio Espafiol, 1971,yo! a blasfemo y escandaloso; o alguien que diga que, aunque sea verdad, si predicamos esas cosas, no sabemos a donde vamos a llegar.

Esto nos ha hecho recordar a cierta señora que, después de conocer esta orientación teológica, dedicó alguna que otra lindeza verbal a la santa madre de su Director Espiritual porque..."ha hecho desgraciados los que podían haber sido los quince a5os más felices de mi vida".

Por  fin, amadísimos  hijos e hijas: ya habréis comprendido que, cuando os dispongáis a hacer el amor, no tenéis que darle la vuelta al cuadro de la Virgen que tenéis a la cabecera de la cama, Os santiguáis y decís:

"SOBRENATURALMENTE MERITORIO..

 

Justo C5 reconocer la influencia que todo esto ejerció en los matrimonios y la diferencia que hay entre aquel arañarse y pellizcarse, o el privarse del acto amoroso en fechas inmediatas a la Comunión, y este pensar rectamente, teológicamente-- que esa Comunión recibida "más" en gracia de Dios por ir precedida de un acto meritorio, produce más gracia de Dios que si nc hubiera existido ese acto meritorio. Estas prohibiciones superaron los límites de los documentos clericales y pasaron a otros medios divulgativos menos especializados. Dígaselo a la señora de la cita de Garcia Marquez  que 'llevaba un precioso calendario con  llavecitas doradas en el que su director espiritual había marcado con tinta morada las fechas de abstinencia venérea. Descontando la Semana Santa, los domingos, los retiros, los sacrificios y los impedimentos cíclicos, su anuario útil quedaba reducido a 42 días desperdigados en una marafia de cruces meradas" (Argos Vergara, Madrid i979, p. 170).

Otra pregunta que nos hacemos es si los confesores no nos habremos inmiscuido demasiado en la intimidad del tálamo nupcial. ¿Por qué, si no, se sigue hablando de la "postura del misionero? Suponemos que se trata de la misma que preconizaban los viejos tratados de Moral. ¡Qué fino el latín! "Vir incubas uxorem súccubam et ad se conversam cognoscat" (Arregui, nP 807)

("conocer": tener relaciones sexuales entre hombre y mujer"~Dicc. RAE, acepe. 4).

Suponemos que habrá todavía alguien a quien eso del mérito sobrenatural del acto carnal le sonará...