NO QUIERO SER
SACERDOTE
JUDÍO
Es cierto que el cristianismo tiene sus raíces en el judaísmo, pero también está muy claro que no son una misma cosa. Es verdad que Jesús, que era judío, "no vino a abolir la ley y los profetas" (Mt. 5, 17), pero también es verdad que dio un nuevo sentido a la manera de vivir la relación de los hombres con Dios y entre si mismos:"habéis oído decir... pero yo os digo.. .(Nt. 5, 21s), marcando ant una clara diferencia.
En cuanto al sacerdocio pasa lo mismo. Empecemos precisando que el término 'sacerdote se aplica únicamente a Cristo en el Nuevo Testamento. También a la comunidad cristiana se le llama "pueblo sacerdotal". A los dirigentes religiosos se les denomina con otros nombres: presbíteros, Obispos, etc. Pero sólo hay un sacerdote, que es Cristo (Hb. 7, 25). Los demás, incorporados a Cristo por el bautismo, participamoS de su condición d. sacerdote y entramos a formar parte del pueblo de Dios, pueblo sacerdotal (I Pet. 2, 9).
El sacerdocio judío está reservado exclusivamente a la tribu de Levi. A través de una consagración especial, el sacerdote es separado del pueblo para dedicarse a lo sagrado y encarqarse del culto. Pero su autoridad no estaba sólo en lo religioso, sino también en lo político. El sacerdocio judío era ritualista; se realizaba en el altar cuando quemaba incienso u ofrecía sacrificios de animales...
Pero Dios prefiere los actos de misericordia -las buenas obras- a una religión ritualista, como manifiesta ya en Oseas 6,6 y después confirmaría el apóstol Santiago: 'La religión pura e intachable ante Dios es esta: mirar por los huérfanos y las viudas y no dejarse contaminar por el mundo (Sant. 1, 27).
En los evangelios la palabra "sacerdote" (Hiereus) nunca se aplica a Jesús ni a sus discípulos, sino que designa siempre a los sacerdotes judíos. En la parábola del buen samaritano (Luc. 10, 30-37) el sacerdote no queda en muy buen lugar al concluir: "El samaritano ha practicado la misericordia, el sacerdote, no". Marcos declara que 'amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios"(Mc. 12, 33).
En los Hechos de los Apóstoles la postura que toma el sumo sacerdote y el conjunto de los sacerdotes es de hostilidad cada vez más acusada frente a los apóstoles y la comunidad cristiana (cap. 4 y 5 y 23) El sumo sacerdote ordena arrestar y meter en la cárcel a los apóstoles. Cuando Pablo persigue a los cristianos, su proyecto es llevarlos atados a los sumos sacerdotes (Hec. 9, 21). Los sacerdotes judíos son tan opuestos a la actividad de Jesús que terminan llevándolo a la cruz acusado de blasfemo.
Jesús pertenecía por naciemiento a la tribu de Judá y no a la de Levi, por tanto no era sacerdote según la ley. Su actividad no tenía tampoco nada que ver con la actividad de los sacerdotes judíos. Muchos reconocían en él a un profeta, pero nunca a un sacerdote. En lugar de una santificación obtenida mediante la separación de los demás, proponía una santificación obtenida acogiendo a todos, incluso a los pecadores (Lc.15, 1-7). En Mt. 9,13 y 12,7, recuerda aquello que ya afirmaba en Oseas: "misericordia quiero y no sacrificios" y ordena que se intente la reconciliación con el hermano antes de presentar la ofrenda en el altar (Mt. 5, 23).
La muerte de Jesús es un acto jurídico, no un sacrificio ritual, por ello la primera predicación cristiana no habla de sacerdocio al referirse a Jesús. Si los primeros cristianos no pensaban utilizar para Cristo el vocabulario sacerdotal, sacrifícial, era natural que todavía menos se pensase para sus dicipulos. Ninguna de las funciones ejercidas en las comunidades cristianas tenía correspondencia con las actividades específicas de los sacerdotes judíos.
La carta a los hebresos aborda este tema en profundidad. En ella Pablo hace una afirmación llamando a Cristo 'sumo sacerdote" (Heb. 2, 17). Cristo, para ser sacerdote, lejos de elevarse por encima de los hombres, tuvo que renunciar a todo privilegio y descender hasta el nivel más bajo aceptando la semejanza completa con sus hermanos hasta compartir sus sufrimientos y su muerte. Pablo no evoca aquí ningún rito de consagración, ninguna ceremonia de investidura, sino sólo el deber de "asemejarse en todo a los hermanos" (Heb. 2, 17). Más tarde añade otra condición de Cristo sacerdote: "Hijo y todo como era, sufriendo aprendió a obedecer y, así consumado, se convirtió en causa de salvación eterna" (Heb. 5, 8-9) Estos son los dos rasgos de Cristo sacerdote que Fabio nos irá recordando a lo largo de toda la carta: solidaridad con los hermanos y obediencia al padre hasta la muerte.
El capitulo 10 aporta mucha claridad. En él se nos dice que "los sacrificios que se ofrecen indefectiblemente año tras año nunca pueden transformar a los que se acercan". "Es imposible que la sangre de toros y cabras quite los pecados". "Por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis, no los aceptaré (Amós,5.22).
"Por eso, al entrar en el mundo, dice él: No quieres sacrificios ni ofrendas, en vez de eso me has dado un cuerpo. Holocaustos y victimas propiciatorias no te agradan, entonces dije: Aquí estoy para realizar tu voluntad" (Sal. 40, 7-9)
Cristo es el sacerdote de una nueva alianza y, por tanto, también su sacerdocio es nuevo. Lo cual indica no sólo que la primera alianza ha terminado, sino que también ha terminado el sacerdocio de aquella alianza y ha comenzado un sacerdocio nuevo.
El sacerdocio judío se realiza en el altar y se reduce a unos cuantos ritos. La víctima queda destruida y el sacerdote donde estaba. El sacerdocio de Cristo se realiza en la fidelidad al Padre y en la igualdad y solidaridad con los hermanos. Es un sacerdocio existencial que engloba toda la actividad del hombre: su trabajo, su vida de familia, sus relaciones sociales, etc. Pero, Cristo, al mismo tiempo que sacerdote es también víctima porque se ofrece a sí mismo "para hacer la voluntad de Dios" hasta la muerte. Su sacrificio no es sólo su pasión y su muerte, sino toda su vida dedicada a hacer el bien a los hermanos en un constante acto de obediencia al Padre.
Los sacerdotes judíos "están de pie cada día celebrando el culto, ofreciendo una y otra vez los mismos sacrificios que son totalmente ineficaces" (Heb. 10, 11-12). Cristo ha sido constituido sacerdote en cuanto que su pasión le ha hecho verdaderamente subir hasta Dios. Ofreció un sacrificio único y definitivo porque con él ya consiguió su objetivo; sentarse a la derecha del Padre y la salvación eterna para los que creen en él. Por tanto, se acabaron las ofrendas por el pecado (Heb. 10. 1-18)
En las primeras comunidades no se emplea la palabra "sacerdote" para referirse a una persona concreta. Es más: se evitaba la palabra "sacerdos" porque esta expresión hacía referencia al ministro pagano. Quien presidía la celebración eucarística según las fuentes más antiguas eran los "presidentes" (S. Justino; Apol 1, 65), los "profetas" o los "episcopi" (Didajé, 13, 15), o, conforme a Tertuliano, los "probati seniores" (Apol. 9, 5). No sabemos si recibían o no algún sacramento que los capacitase para ello. Usan el término "presbítero" que no era un término sacerdotal y significa "el más anciano" para referirse a aquellos que apacientan la grey" (I Pet. 5. 2). El término "sacerdotal" se utiliza para referirse a la iglesia en su conjunto, como comunidad y pueblo de Dios a la cual se le llama "pueblo sacerdotal" (I Pet. 2, 9-10).
El sacerdocio cristiano consiste en que toda la comunidad es sacerdotal, porque por el bautismo nos hemos incorporado a Cristo verdadero y único sacerdote. San Pablo nos dice en la carta a los romanos cómo se ejerce ese sacerdocio: "Ofreced vuestra propia existencia corno sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios como vuestro culto auténtico". Y añade: "Que cada uno de vosotros, sea quien sea, no se tenga en más de lo que debe tenerse" (Rom. 12, 1-16). Aquí aparecen de nuevo aquellos dos aspectos del sacerdocio de Cristo: obediencia al Padre y semejante en todo a los hermanos.
CONCLUSIÓN. -- La dedicación exclusiva a lo religioso es propia del sacerdocio judío, no del sacerdocio cristiano, que se ejerce a través de la actividad normal de cada día. Ser buen cristiano, por tanto, más que en ir a misa, consiste en hacer el bien y ser solidario con los hombres mis hermanos.
Una cosa es "sacerdote", que sólo es Cristo, y otra "presbítero", nombre con el cual se designaba a algunos dirigentes de las comunidades cristianas. Sacerdotes somos todos por nuestra participación en el sacerdocio de Cristo, verdadero y único sacerdote.
No sé qué tienen que ver con el evangelio titulos como "Eminencia". "excelentísimo", "reverendísimo", "padre", "Santidad", "Santo Padre"... La única relación con el evangelio es que son diametralmente opuestos a él y son títulos que deberían considerar como un insulto aquellos que los ostentan como un honor. ¿No nos recuerda esto la grandeza de Anás y Caifás y su implicación política?