DE...

             SÁLVESE QUIEN PUEDA

        A...

EMPUJAR TODOS DEL CARRO.

                        Concha Martínez.

Ponencia presentada en Pilas (Sevilla)  en el Encuentro de

Comunidades Cristianas Populares

 

0. Preámbulo tras el 11 de septiembre

El Progreso

La alteridad

Debo comenzar por dar las gracias ante la invitación de la Coordinadora de comunidades para intervenir en la introducción a este Encuentro estatal.

Considero un honor el que se pensara en mí para preparar esta charla, pero por otro lado no sabia, cuando acepté, los quebraderos de cabeza que me iba a ocasionar, sobre todo al intentar contemplar los acontecimientos recientes que han sucedido en nuestro mundo.

El título tan abierto de "Sálvese quien pueda" me ha estado persiguiendo día y noche cada vez que un nuevo suceso parecía justificar el deseo de salir huyendo de nuestro mundo y de la realidad que nos tocaba vivir.

Los atentados del 11 de septiembre me cuestionaron muy a fondo por la validez de lo que había preparado durante el verano pues dos conceptos (el progreso y la alteridad) se resentían tras la brutalidad de los ataques a Nueva York y Washington y la consiguiente brutalidad de los bombardeos masivos sobre Afganistán.

Mis preguntas sin respuestas eran:

- ¿La humanidad progresa?

Porque algo asumido a niveles muy constitutivos de nuestras personas ha sido el convencimiento del camino ascendente de la condición humana hacia cotas más altas de justicia, democracia, libertad. Una idea de progreso concebida como avance lineal del proceso de humanización, o en lenguaje cristiano de construcción del Reino de Dios en la tierra.

Los grandes movimientos emancipatorios de los siglos XIX y XX fueron marcando rupturas significativas. La abolición de la esclavitud, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, la liberación de la mujer, la implantación de la democracia, nos hacían sentir a los ciudadanos de Occidente de finales de siglo que habíamos alcanzado, o conquistado, seguridades irreversibles.

Nuestra fe alimentaba esta idea del avance imparable de la historia hacia su perfeccionamiento. El pueblo judío ya construyó a través de su historia de salvación, el Antiguo Testamento, la imagen de un Dios que intervenía en la historia a favor de su pueblo elegido. ¡Qué difícil, por cierto, tuvo que ser dentro de esas imágenes de Dios encajar a un perdedor como fue aparentemente y en primera instancia el enviado por Dios a la historia: su hijo!

Igual de difícil que nos puede resultar ahora para encajar en nuestros esquemas los retrocesos en la historia, las polarizaciones o cuando menos los ritmos que de tan lentos no se perciben

Quizás hemos despertado de un sueño, en el que nos refugiábamos los habitantes del Norte rico, nuestro bienestar nos aislaba del dolor de las víctimas del Sur empobrecido. Sus carencias en salud, educación, viviendo, seguridad en suma no nos salpicaban.

La repercusión en nuestras vidas se llama desconfianza, pérdida de seguridad en el futuro y en el progreso, y dolor ante el panorama tan incierto y tan desconcertante del camino de la historia.

La otra pregunta iba en le línea de:

¿Cómo combatir la paranoia que desde los EE.UU.. Parecía extenderse también en el mundo occidental ante el extranjero y el miedo ante el musulmán, estereotipado con el integrista fundamentalista, representante maligno del choque de civilizaciones o de culturas.?

Si el ritmo de la historia a la luz del progreso parece ralentizado, el ritmo de acontecimientos en nuestro mundo enriquecido es sin embargo vertiginoso.

Los acontecimientos se desplazan unos a otros a tal velocidad que casi habría que recomponer nuestro pensamiento día a día, tratando de adoptarlo a una realidad que en su fuero externo cambia continuamente, aunque en el fondo los problemas se parecen demasiado. La guerra propiamente dicha acabó, pero la paz no ha llegado.

Las mujeres afganas se liberaron de la opresión de los talibanes, pero no podemos decir nada sobre cómo será ahora su vida bajo el poder de la Alianza del Norte.

El virus del carbunco no venía de grupos fundamentalistas árabes, pero no se ha podido aislar algún grupo o persona del interior de los EE.UU.

Las bolsas suben y bajan sus índices de forma continua, pero no sabemos si entramos en un periodo de recensión económica.

Israel y Palestina continúan dejando vidas en el conflicto de Oriente Próximo en una escalada bélica al parecer imparable. .

EE.UU. sigue con sus proclamas de defensor del mundo mundial al mismo tiempo que en estos últimos meses ha boicoteado la firma de los acuerdos de Kioto sobre el cambio climático, no ha firmado el acuerdo de Ginebra sobre la prohibición de fabricación de armas biológicas o ha demandado judicialmente al gobierno de Brasil por la pretensión de fabricar medicamentos genéricos contra el Sida. (Esta breve relación es reciente y a vuela pluma).

Y, ahora, gracias a su plan contra el terrorismo encuentra la justificación para intervenir en cualquier país que éI considere oportuno. Ha encontrado la patente de corso para perseguir terroristas, narcotraficantes, guerrilleros, opositores en cualquier parte del mundo. Con la salvedad que es EE.UU. el juez, el fiscal y la parte de todo el proceso. Decide quién es culpable y decide cuál es la pena. Y nuestro maravilloso gobierno aplaude cuando le indican.

Porque el gobierno de EE.UU. y sus aliados los gobiernos europeos no paran de lanzar mensajes sobre el consenso de la ciudadanía, el alza en las encuestas de la adhesión a la guerra y demos acciones violentas, así como la aceptación en el recorte de libertades civiles. Por no hablar de la referencia a los índices de la Bolsa como último oráculo para determinar la bondad de las acciones humanas.

El odio y el fanatismo así sólo pueden crecer. Ir contra ellos desde otros análisis del problema es el único camino posible, pero que ardua e inoperante puede parecernos a veces esta tarea.

Ante este panorama ¿merecía la pena cambiar de arriba a abajo la charla inicial?

Ha habido consultas y opiniones variadas, pero la mayoría se inclinaba por no dar mas cabida a los sucesos del 11 de septiembre y seguir con las ideas iniciales.

Los muertos diarios por guerras en los países empobrecidos, o las muertes por hambre y enfermedades curables siguen ahí, día a día, sin que perturben nuestro sueño ni nuestro modelo de vida.

Todo vuelve al "orden".

¿Deberíamos huir de este mundo que naturaliza y normaliza la injusticia y la desigualdad?

¿Tiene sentido buscar salidas individuales para escapar de la vida que nos ha tocado vivir?

Creo que no.

Ni podemos ni debemos huir de este mundo, la huida sería negarnos la condición humana.

Y a eso voy a dedicar finalmente mi exposición a demostrar que el salvarse a solas no es posible

 1. Introducción

2. ¿Es posible salvarse sólo?

3. ¿De qué carro empujar?

4. Imágenes y textos.

5. Ejercicio práctico, manos a la obra, o al carro.

 

1.Introducción

Hemos podido escuchar a lo largo de nuestra historia a gente tan importante desde estas reuniones nuestras, que sería una audacia por mi parte pretender ser original o novedosa en cuanto a mis aportaciones. Y también muchas veces hemos comentado en estas ocasiones que lo más enriquecedor de nuestros encuentros es precisamente eso, el encontrarnos. Dada la sencillez de nuestra estructura organizativa tenemos pocas oportunidades de vernos cara a cara y compartir estos momentos de vida, de afecto, de confrontación desde el respeto y también de apoyo mutuo.

Pero no sólo estamos aquí vacas: muy toreadas, también tenemos, para nuestra sorpresa ilusionada, a gente joven, que pese a nuestro escaso fervor proselitista se enganchan a esta particular forma de vivir la fe en Jesús y la pertenencia a la iglesia católica. De manera que algo tendré que decir.

- Voy a olvidarme de ser original, porque este objetivo seria estéril, ya que nuestro fundamento último, lo que nos convoca hoy aquí, es la buena noticia recogida por grupos y comunidades hace casi dos mil años, profundamente afectados por la relación vital con un profeta único, en el que reconocieron al hijo de Dios por sus palabras de vida y por sus acciones liberadoras.

A esos textos, del Antiguo y Nuevo Testamento volvemos una y otra vez cuando queremos alimentar nuestra esperanza o necesitamos encontrar fuerzas para nuestra debilidad, esclarecer nuestras opciones, celebrar nuestras alegrías y apoyar nuestras certezas.

Me siento dispuesta a poder compartir con todos vosotros y vosotras una serie de intuiciones, que no dejan de ser eso, resplandores o destellos que surgen cuando te pones a rumiar la vida que te circunda, cuando la compartes con los compañeros y compañeras sin perder la capacidad de cuestionar, de observar y de sorprenderte por lo que va sucediendo alrededor tuyo, sin ser especialista en nada. Con el único mérito de la vinculación a Comunidades desde mi juventud y pensar que cada cual de nosotras y nosotros, coherentes con la teología que subyace en nuestro modelo eclesial, tenemos que ser capaces de dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza, máxime por mi condición de mujer, laica, madre de familia, sin ningún titulo especial dentro de la estructura eclesial, salvo el de cristiana, que pienso que es la única filiación que importa aquí y por lo tanto asimilada a los grupos sin voz, tan numerosos desgraciadamente dentro de la estructura de la Iglesia católica.

Dicho sea de paso que esta proclamación de fe la hago desde una actitud humilde, más como formulación de un deseo, pues en mi propia evolución religiosa la tendencia a descarnar los creencias a preguntarte constantemente por lo nuclear de las mismas, por evitar lo ritualizado o rutinario, por seguir buscando el sentido de la fe en una vida plenamente secularizado y muchos veces, demasiadas, confrontada con el triunfo aparente del mal y el absurdo, provoca tal sensación de desamparo, de desconsuelo, que no deja de ser un desafío que asumes con humildad y desde tu pequeñez como la formulación de una necesidad.

Soy cristiana y creo en Jesús y en Dios.

Vamos ahora a la pregunta crucial que planteaba este encuentro

 

2. ¿Es posible salvarse sólo o sola?

 

¿Es posible salvarse a solas, salir corriendo en busca de nuestra particular tabla de salvación?

Las narraciones de los evangelios son a veces relatos de hechos milagrosos o excepcionales, pero también hay relatos de la vida cotidiano de Jesús. No hay grandes planteamientos políticos sobre la estructura del estado judío bajo la dominación romana, tampoco hay discursos sobre la economía y los presupuestos de Israel. Jesús no se manifiesta ante el problema ecológico, ni es un sindicalista al uso que lidere a los pescadores galileos. Es claro que ninguno de estos escenarios tenían una existencia en la sociedad judía de hace dos mil años, pero si que sabemos de la presencia en ese momento de movimientos políticos, movimientos religiosos fundamentalistas, utilización comercial del poder religioso, etc.

Los evangelios, la buena noticia de Jesús, se mueven en torno a dos ejes: lo que dice y lo que hace. Es a través de esos dos planos, escuchando sus palabras, observando sus acciones como vamos a poder extraer el mensaje, esa noticia tan buena que puede cambiar el corazón del hombre y la mujer, despojarlo de su cualidad de piedra y convertirlo en carne, en sensibilidad.

Los cuatro evangelistas nos presentan cuatro versiones de lo que fue la vida de Jesús, con ligeras variantes. Los exegetas pueden hablar de un Jesús que duda ante la magnitud de su tarea al reconocerse hijo de Dios, es el caso de la narración de Marcos. Beligerante en su opción por los pobres y desheredados, como lo presento Luces. 0 con unas profundidades espirituales que acentúen esa interioridad del ser humano como el distintivo de la presencia de Dios en la vida, rasgo más desarrollado por Juan.

Este Jesús poliédrico, que está tamizado por la subjetividad de cada narrador o por la experiencia de una corriente comunitaria, no es disonante pues los cuatro evangelistas presentan constantes en su hacer y en su decir.

Su hacer está totalmente pegado, unido, suturado a la gente, al pueblo. Para empezar, esos treinta años de vide privada, que se nos resuelven con pocos datos, salvo imaginar una vide normal, como la de cualquiera de sus paisanos trabajadores sencillos de Nazaret, que despunto al acudir al llamado de Juan el Bautista, y a partir de ahí se desarrolla entre parámetros de lo cotidiano, ir por caminos, montañas, pueblos, lagos, como un predicador errante, que anuncia una bueno noticia: el amor de Dios, su misericordia y su relación paterna con el ser humano, con una especial predilección por los más débiles.

 

Jesús aparece como una persona sumamente sensible y observadora a quien no se le pasa por alto nada de lo que ocurre a su alrededor, aunque sea lo mas elemental como el hambre, la sed, el cansancio, los preocupaciones de cada día. Preocupado por las cosas cotidianas de la vida, por los problemas de sus compañeros, los discípulos, y de la gente con la que se va encontrando en su caminar continuo por las tierras de Judea, Samaria o Galilea . Y desde lo cotidiano, lo de cada dio, Jesús entra en el interior del ser humano y abordo sus expectativas, sus necesidades, su existencia en todo la plenitud y da palabros de vida que subrayan una nueva relación entre las personas: la hermandad y por lo tanto una nueva relación con el creador: la filiación. Podemos dirigirnos a Dios con la total confianza que depositamos en un Padre o en una Madre, de los que sabemos que nunca fallarán en el amor hacia sus hijos e hijos.

Los evangelios nos acercan a la viuda, al pastor, al extranjero, a la pecadora, al recaudador de impuestos, al enfermo, a los recién casados, etc.

Hay muchos relatos, muchos cuentos, las famosas parábolas que nos van desgranando la actitud fundamental que Jesús reclama de sus seguidores en le vida cotidiano, en la de cualquier día.

Por si esto fuera poco aparecen en los evangelios unas situaciones especiales en las que bien un fariseo, un joven rico o uno cualquiera de los que escuchan, o siguen a Jesús, le incitan a que concrete y aterrice un poco más en sus discursos. Como si pensaron que Jesús se está yendo por las ramos y van a poder cazarlo en el momento del ejemplo más concreto.

- Y lo que Jesús responde en esas situaciones, ante esos individuos que quieren une mayor explicitoción del mensaje que está predicando, es la presencia del Otro en mi vida, al que Jesús llama mi prójimo, mi hermano, el Otro. Y ese Otro, mi prójimo, mi hermano en lenguaje religioso, está junto a mi, aparece a mi lado no sólo en las situaciones limites o extremas sino también en lo cotidiano, en la realidad de cada dio.

Porque nuestras vidas están conformados principalmente por lo cotidiano, por lo que no es excepcional, por lo que nos sucede habitualmente. Es el espacio privilegiado de nuestro hacer y nuestro decir y ahí es donde nos confrontamos con el Otro, donde su rostro se impone a mi mirado sin que yo pueda hacer nada por evitarlo.

Al igual que en las narraciones de los evangelios, donde tenemos claro el mensaje, también el hilo conductor de la conducto de Jesús es el otro, tu prójimo, que en definitiva es tu hermano. Es tu tarea y es tu sentido.

El Otro, con su rostro, que sale a mi encuentro, que aparece en mí vida, iluminado por el foco en un momento, es el que hace posible que yo sea persona, el que me coloca en la encrucijada de mirar hacia su rostro, de ver su mirado , su demanda, su dolor y de implicarme en él. Para ello está claro que debo estar cerca y próxima pues sino muy difícil será ver ni el rostro ni la mirada.

Podemos hablar del rostro sufriente del Otro, porque hay una cualidad que me aproxima mucho más al Otro y es cuando ese Otro esta transido por el dolor por el sufrimiento. Es el dolor de las víctimas o también del pueblo crucificado, con el término acuñado por Ellacuria y Jon Sobrino. Esas victimas que a su pesar serán las que aporten nueva vida a nuestro mundo.

Por si caben dudas sobre quién es ese prójimo la parábola del samaritano bueno nos despeja cualquier vacilación.

Jesús nos habla del hombre asaltado por bandidos, despojado de todo lo que llevaba y abandonado en el margen del camino. Y en su narración está claro que la sola presencia del dolor y el sufrimiento no basta, porque ante él, Jesús también nos habla de huidas, de salir corriendo y poner tierra por medio, dando un rodeo o mirando hacia otro lado.

Y es que dentro de cada persona coexisten los sentimientos y actitudes opuestas, lo más noble y lo más rastrero, el egoísmo y la generosidad, y la posibilidad de descubrir las partes mas positivas creo que se precipitan por los hechos cotidianos que nos acontecen y por la manera en que los miramos, la sensibilidad que se estremece ante ellos. Una mirado que no contempla el Otro desde lo alto, dominado por mí visión panorámica y escuchado desde mi oído expertizado, sino que el Otro es acogido, con todo lo que la palabra acoger puede evocamos. Y para acoger tiene que haber cercanía, de modo que se pueda ver el rostro del Otro, sus arrugas, darle nombre, individualizarlo, humanizarlo.

Vendrían aquí a cuento dos ejemplos que puedan hacer más comprensible lo que estoy tratando de decir.

El primer ejemplo nos remonte al nazismo y sus campos de exterminio. Cuando los judíos eran conducidos masivamente a la muerte, previamente se les desnudaba y se les hacinaba. Así declararan luego sus guardianes, que eran capaces de cometer con ellos cualquier brutalidad inimaginable. Se les despojaba de su cualidad humana, se les desposeía de su nombre y de su rostro y los soldados alemanes podían escudarse en la pretensión de no estar al lado de seres humanos.

El otro ejemplo nos devuelve al momento presente y es menos duro y cruel aunque el principio inspirador es el mismo. En las movilizaciones contra la globalización una de las recomendaciones que reciben los manifestantes, inspirado en el movimiento Pacif ista es que miren a los ojos de los policías que pretenden reprimirlos. Es el modo de irrumpir como rostro ante los ojos del represor y posibilitar así su humanización. Al reconocer la del manifestante, surge también la suya propia.

Y el contra ejemplo seria el modo como se abordan las noticias sobre las víctimas y su sufrimiento desde los medios de comunicación. Sin entrar en análisis más profundos sobre qué se narra de los problemas de los países empobrecidos, cómo aparecen para testificar los desastres de huracanes, terremotos o demás desgracias "naturales" de las que podemos sentirnos ajenos, pues nunca se profundiza en los causas últimas que propician la injusticia y el reparto desigual de la riqueza en nuestro mundo. De este manera parece normal que los efectos de cualquiera de esos desastres sea radicalmente distinto en el Sur y en el Norte. Bien pues al margen de estas consideraciones que nos llevarían a otras charlas y que se abordarán en los talleres, de alguna manera lo que quería transmitir es que cuando esas noticias nos llegan, es desde el anonimato y la multitud. Masas que no permiten una mirado personalizado, sin rostro y sin nombre. Y ¡qué fácilmente nos olvidamos de ellas!, una guerra desplaza a otra guerra, una masacre a otra, una hombruna a otro. No hay rostros con nombre, son intercambiables. Pero que poco son intercambiables los rostros con nombre de mi esposo, mi padre, mi madre, mis hijos, mis hermanos, mis amigos.

Todos las personas que estamos aquí supongo que habremos podido sentir esa reacción primaria de dar el rodeo ante la demanda del rostro sufriente del Otro, pero también habremos experimentado la desazón que provoca en nuestro interior el sentimiento de huida, porque es renunciar a la posibilidad de humanizarme gracias a la demanda del otro ser.

Dejarse ofertar, sin mayores planteamientos, dejarse afectar y actuar ante el dolor es la reacción primaria del buen samaritano. Y ya nos gustaría poder imitarle, sin juicios calculadores, miedos o protecciones.

- Si realmente nuestro capacidad de ser personas se mide en la capacidad de reacción ante el dolor del Otro, ante su demanda, ¿por qué no brota mucho mas espontáneamente?. Me resulta difícil contestar con seguridad a esta pregunto, pero aventuro posibles respuestas, que irían en la línea de cuanto cultivamos nuestra sensibilidad cuánto nos ejercitamos en observar y mirar los escenarios de la vida, desde dónde miramos y pensamos, Leonardo Boff cita un dicho en su libro "La gallino y el águila":

"La cabeza mira desde donde pisan los pie?. Si somos un compendio de oposiciones, de contradicciones, ¿cómo trabajamos el que se resuelvan mas hacia un lado que otro?.

Es fundamental aquí el valor comunitario como apoyo, referente y sustento de sentido. Porque el otro polo de la contradicción es fuerte y juega con muchas ventajas en un mundo, el nuestro, en el que el rostro del Otro que sufre se escamotea constantemente, las masas empobrecidas dejan de tener un rostro individual izado, pues se abordan así, como muchedumbres sin nombre e historia, pero pasar o ser casi objetos prescindibles, pues no contabilizan más que como números de estadísticas.

Las posibilidades de que ofrecen nuestras partes más negativas están ahí y no podemos olvidarlas sino montar estructuras que faciliten todo lo contrario.

Hay dos referencias que me permiten explicar el papel del entorno para que aflore lo mejor o lo peor de cada cual.

Uno seria la referencia a nuestra relación con el tiempo. Ese tiempo que no podemos perder, totalmente organizado, sentido a veces como un valor de bolsa con el que somos ávaras, sin percibir el matiz de gratuidad que posee el tiempo, don para estar, compartir, saborear la vida. En lugar de ello la precipitamos con la prisa que nos domina con el valor de la inmediatez: La lotería de Navidad se empieza a vender en el mes de julio, recriminándonos ya que no podemos dejar escapar la suerte. 0 los resultados de las elecciones hay que conocerlos un minuto después del cierre de los colegios electorales, las emisoras disputan cual será la que gane en esa contrarreloj de segundos de adelanto. Nos domina la urgencia. Y saborear el tiempo, los hechos de la vida se considera una pérdida.

Y una anécdota abundara en una relación deformado con el tiempo. Lo escuché en la radio.

Presentaban como un ejemplo de imaginación empresarial una empresa llamado: "Qué me pongo". Su finalidad vender tiempo pero que lo gente guapo no pierde el suyo en hacer las maletas para viajes, ni en pensar que debe vestir para los acontecimientos de cada día. Y lo mejor eran los comentarios de unas y otros ( empresarias y periodistas) alabando la imaginación de la  iniciativa y las virtudes esenciales de tales tareas.

La segundo referencia sería nuestra relación con la naturaleza y la simplicidad. No voy a demonizar los avances tecnológicos, pues creo que muchos han facilitado la vida de la sociedad occidental, pensemos en la lavadora sin ir más lejos, y también creo que es el uso que demos a la tecnología, al servicio de quien está lo que determina su bondad o su maldad. Pero si que reconoceremos que estamos bastante enganchados a nivel colectivo, internet, moviles, agendas electrónicas, etc.

Aunque es la existencia de esos medios los que también nos ayudan a tener acceso a otras fuentes de información distintos a las teledirigidas desde el Poder.

Y va ahora el consiguiente ejemplo de una mala relación con el entorno También lo oí en la radio a raíz de presentar los 75 años de Philips con una exposición general de todo lo inventado y fabricado por esa empresa a lo largo de su existencia.

Una de los estrellas de la exposición era la casa inteligente. Tenía muchos servicios como un ordenador en la nevera que detectaba la ausencia de alimentos y directamente contactaba con el supermercado para reponer existencias.

Pero una de las gracias de la Inteligencia de la vivienda era despertador natural.

Se trataba de un simulacro de gallo que el tiempo que la case se iba iluminando paulatinamente con luces artificiales, aparentando el amanecer en el campo, un gallo cacareaba pero completar el artificio. ¿No es perverso que una vez que nos hemos cargado el medio rural, que lo simple ha dejado su puesto a lo complicado. (Ciertos relojes o despertadores necesitan de un cursillo para aprender su manejo), que después de eso se diría con ordenadores y alta tecnología la vuelta a lo que antes destruimos?

También podríamos hacer otra lectura de estos dos ejemplos y es pensar que el ser humano sigue dando vueltas continuamente sin encontrar las claves de la felicidad, que por lo tanto son signo de que hay todavía humanidad a rescatar. Que puede ser la ausencia del rostro del otro, sustituido por meros sucedáneos los que crean la insatisfacción profundo del hombre y la mujer de hoy.

- ¿Y qué puede ayudarnos a saber estar, a encontrar el rostro sufriente del Otro y acudir con esperanza y firmeza a su mirada?

Hay que construir estructuras y apoyos que cultiven la densidad vital en todos sus manifestaciones, porque no podemos hacer de la demanda del rostro sufriente del Otro un ejercicio de voluntarismo en el que nos retorcemos interiormente hasta quebrarnos.

No podemos empeñarnos en amor el Otro como si fuera un ejercicio intelectual o de la voluntad.

Muchas de las personas que estamos aquí sabremos por propia experiencia o por otras muy cercanos el precio a pagar en depresiones, ansiedades o angustias cuando forzamos más de lo posible la maquinaria de nuestro cuerpo y nuestra mente. Por eso tenemos que buscar apoyos y

mediaciones que nos ejerciten en mirar y en ser sensibles, y el mismo tiempo afirmar o fortalecer nuestra persona. En este campo me perece inestimable el descubrimiento, para nosotros y nosotras del valor de lade la interiorización. Con una metodología que combina losaspectos individuales, o más personales de reflexión y contemplación, con las expresiones colectivos que tan queridos y mimadas han sido dentro de nuestro modelo eclesial.

La oración, en todos sus manifestaciones, poder establecer esa relación privilegiado con las fuentes de la esperanza y de la fortaleza creo que es un recurso indispensable para dejar aflorar las actitudes mas humanas de nuestra personalidad, las que nos enseñarán a no dar rodeos, a no huir sino a inclinarnos ante el dolor de las victimas, ente el rostro sufriente del Otro y compartir su dolor y sus esperanzas. Porque en nuestro interior tenemos toda la fuerza que el Espíritu puede proporcionarnos.

Texto de San Pablo Romanos 8, 35-39

¿Quién nos podré separar del amor de Cristo Jesús?

¿El sufrimiento, o las dificultades, o la persecución, o el hambre, o la falta de ropa, o el peligro, o la muerte violenta? Como dice la escritura:

Por causa tuya estamos siempre expuestos a la muerte; Nos tratan como ovejas llevadas al matadero.

Pero en todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Estoy convencido de que nada podré separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ní la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales ni lo presente, ni lo futuro, ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra cosa creada por Dios. ¡Nada podré separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor"

Y añadiría yo al texto de Pablo.

Ni yo misma podré ser razón para dudar del amor del Padre.

Porque podría ser que de todo lo que llevo dicho hasta aquí pudierais deducir que he encontrado la piedra filosofal y que yo no tengo problemas. Que no siento las ganas de huir muchos veces, que no doy rodeos ante el hombre apaleado por los bandidos, o que no cierro los ojos ante el rostro doliente de las víctimas.

Nada más lejos de la realidad.

Pero de mis contradicciones, limitaciones e impotencias no puedo deducir que la tarea no sea la de la fraternidad, ni que nada se puede hacer conmigo.

Más bien, y siguiendo a Pablo, confío en que mi conversión es posible gracias al amor de Dios.

Vamos a pasar a los carros que nos reclaman

3. El carro o los carros.

El espacio de lo cotidiano es el lugar donde nos encontramos con el Otro. Ahí está también el carro que nos invita a empujar.

Hemos tenido durante mucho tiempo una idea  reduccionista de nuestro comportamiento cristiano, de nuestro compromiso, fruto también del momento histórico que vivíamos. En nuestra cultura occidental fue primero la preeminencia de lo económico. Todo es economía según decía Marx, la vida estaba regida por las relaciones económicas y en cambiar la propiedad de los medíos de producción estaba la clave del cambio social, pero no fue así exactamente.

Posteriormente el protagonismo se traspasó a la política, todo era política y conseguir el poder político satisfaría. nuestras ansias de justicia e igualdad, y tampoco fue así.

Una tercera pata aparece ahora: la cultura , reclamando el olvido en que se había colocado y responsabilizando en porte a este olvido del fracaso de los sistemas de análisis anteriores. El mundo de los símbolos, los imaginarios colectivos e individuales reclaman una nueva atención.

Añadamos rasgos específicos en el caso español, la larga dictadura franquista y la traumática experiencia del Nacional-catolicismo o una iglesia sometida al régimen , para tratar de interpretar los opciones que el movimiento de Comunidades fue adoptando sumamente pegado a la acción política a través de los movimientos clásicos y de los llamados populares, alejados en cualquier caso de forma mayoritaria de las acciones asistenciales, por no considerarlos bien fundamentadas, minusvalorados como paliativos que no abordaban las causas últimos de la enfermedad e incapacitadas por lo tanto para su curación.

Nuestras senos de identidad, contenidas en las siglas con que nos presentamos, CCP, enfatizaban como opción por el pueblo el compromiso político en sus expresiones clasicas: partidos y sindicatos, un poco más tarde incorporamos también los movimientos sociales y más tarde los nuevos movimientos sociales, propiciados por la crisis de la militancia y más especialmente de los partidos políticos, cuya credibilidad bajó muchos enteros, ante la confusión de desvalorizar medios ante fines, de la corrupción, o de la desconexión con los problemas de la gente común. No pretendo entrar en un debate ni en una confrontación sobre como analizar la crisis de la militancia en partidos supuestamente de izquierdas. Y quiero dejar claro que paro mi las opciones políticas a través de los partidos no son idénticas, que las opciones de las clases populares están más cerca de unos que de otros. Pero algo hay en la institucionalización, en el acceso el poder paro que la credibilidad de los políticos cotice tan a la bajo.

Para justificar la atracción de los nuevos y novísimos movimientos sociales creo que hay que contemplar la evolución histórica de los últimos 20 anos que ha sido crucial en los cambios de militancia.

Nuestra generación ha crecido en un mundo bipolar, en el que era difícil luchar, pero en el que interpretábamos con claridad lo que sucedía.

Había dos sociedades y dos ideologías: capitalismo y comunismo, que se diferenciaban claramente. Incluso físicamente se podía representar esta separación: el Muro de Berlín o el Telón de Acero marcaban los limites entre una y otra.

En un exceso de ingenuidad o de simplismo identificábamos el bien y el mal con cada uno -de los bandos y sabíamos, más o menos con quién y cómo debíamos trabajar para que la causa del Reino triunfase.

También sabíamos que el proceso era lento, con contradicciones que nuestro sentido critico captaba muy bien, pero en cualquier caso debíamos estar allí pues nuestra contribución, por pequeña que fuese, era necesaria.

Una etapa importante de los movimientos sociales que hemos apoyado sin

fisuras era la que surgía en los años 80 en torno al PACIFISMO.

La lógica perversa de los bloques, militarizados y armados hasta lo impensable nos hizo conscientes de que el mundo tenla por primera vez la capacidad plena para autodestruirse. No había problemas técnicos, al revés, la tecnología nuclear nos capacitaba para la autoaniquilación

La amenaza nuclear provocó unanimidad en la respuesta y la sensación de haber triunfado, lo que abrió paso al ecologismo al visucilizar en la depredacíón de la Naturaleza el siguiente problema colectivo de la humanidad.

Un paso más es la fascinación por los nuevos movimientos, o novisimos

ecologia, ong de solidaridad, economia alternativo, antimilitarismo, antiglobalización, inmigrantes, cultura popular... por todo lo que puede sonar a disidencia, que tiene en la base un sustrato común:

La acción directo e inmediato, Las ideas y experiencias comunitarias, y lo que también llamamos ahora creación de red, articulación de redes, combinado con grandes dosis de libertad.

Conocemos experiencias que den cuenta de estos valores comunitarios y libertarios: campamentos familiares, economía cotidiana colectiva, comunas, cooperativos de consumo, etc. Hay une inmensa riqueza en todo ese campo de lo alternativo y de lo comunitario, que se niega a formalizarse más allá de lo elemental por miedo quizás a la perversión de lo instituido, M poder de absorción del llamado sistema, y que tiene un campo de acción limitado al espacio de lo cotidiano, de lo vecinal.

Para algunos esto será un problema, su falta de operatividad medida en los parámetros clásicos de acceso al poder, y para otros aquí estará su valor, en la capacidad de hacer en el dio a dio; de verificar que otros modelos, con sus limitaciones y sus fallos son posibles, aunque su alcance sea escaso.

También estarán los que pueden por carácter, situaciones personales, etc. compatibilizar una y otra mediación y empujarán desde la militancia clásica y desde la alternativo.

- Vamos a otro carro que creo que es novedoso en nuestro horizonte de opciones. En otros momentos de nuestro trayectoria hemos juzgado con dureza las opciones existencialistas. Las que iban a paliar los efectos de la injusticia de nuestro mundo, sin plantear el porqué de esas heridas y de esos sufrimientos. Hemos analizado como dos momentos diferentes el del compromiso político y la acción social y sin embargo creo que ahora estamos en una linea de reconciliación entre ambas posibilidades. No queremos agudizar las contradicciones como un método de lucha política sino que hemos metido nuestras manos y nuestros hombros en empujar el carro de lo cotidiano y nos hemos implicado en proyectos de infancia, de mujeres, de inmigrantes, de jóvenes marginados,... Hemos mirado de otra manera nuestro entorno, ha evolucionado nuestra sensibilidad y en esa acción directa, que no abandona la critica con el sistema que propicia y alimenta la desigualdad y la injusticia, hemos encontrado un campo de expresión para nuestra identidad

La opción por el pueblo pasa por empujar del carro de lo cotidiano, de lo inmediato, pues no quiero dejar al margen de este abanico la llamada que viene de lo más inmediato, de nuestra propia familia, que reclama en determinados momentos de la vida y según situaciones pasar al primer plano de nuestra dedicación. Se convierte en el Otro que irrumpe en mi vida, en el hombre asaltado por los bandidos y no vale decir que son tareas de poca envergadura o de nula relevancia política.

Mi idea de lo cotidiano es aquello que sucede todos los días, habitualmente a tu lado, en tu casa, en la de tu vecino, o en tu barrio. Puede ser que tú no lo controles y lo encuentras a tu pesar, en otras ocasiones puedes provocarlo voluntaria o involuntariamente. Lo que tiene en común es que sucede entre seres humanos con rostro, que buscan mi mirada y gracias a ella yo me hago persona, me humanizo, tomo dimensiones propias del ser humano y me alejo de los seres irracionales.

Un tema que ha ocupado mucho tiempo de reflexión a nivel colectivo y comunitario en los últimos tiempos es el tema de la globalización. No voy ahora a entrar en él mas que para subrayar que si alguna ventaja tiene la globalización, y claro que las tiene, es esa dimensión mundial que permite que la información fluya con rapidez de un extremo a otro del planeta, que la estructura en red permita conectar movimientos, situaciones y experiencias muy distantes geográficamente.

El mundo ya no es ancho y ajeno como decía el escritor indigenista Ciro Alegría, sino que se queda pequeño. Mi mirada puede recorrerlo. Me puedo sentir interpelado por la vecina de mi calle y por la indígena de Chiapas, por la mujer maltratado de mi ciudad y por la vendedora de rosas de Medellín, por el joven fracasado del sistema escolar o por el tejedor de alfombras de Pakistán, por el enfermo mental de mi familia y por la mujer sojuzgada por los integristas.

Hay una multitud de rostros humanos ente los que sigo descubriéndome y siguen invitándome a empujar del carro.

No voy a inclinarme por un modelo concreto o correcto de empujar del carro. Y es que otro gran valor a cultivar además de la sensibilidad me perece que es el respeto mutuo, la tolerancia con las opciones de los demos.

Tendríamos que estar alertas el dogmatismo o la rigidez que muchos veces aparece como primer juicio ante las opciones de otros. La verdad no nos pertenece, y no podemos arrogarnos haber encontrado el procedimiento ideal para subir las cuestas con nuestros carros. Me perece más honesto admitir que estamos en procesos de experimentación, de búsqueda, que nos movemos por terrenos en los que las rutas no están marcados previamente sino que exploramos junto con otras persones la forma de transitorios y vamos en muchos ocasiones por llanos en los que felizmente los carros avanzan ligeros y sin chirriar, en otras las pendientes son tan fuertes que perdemos el resuello y necesitamos descansar, y puedo hacerlo porque el otro que empuja a mi lado me invita a que lo hago con sinceridad y con la confianza de que él o ella también podrá descansar cuando le fallen las fuerzas.

- No sé si lo estoy dejando claro pero resumirla mi intuición en el caso de los carros diciendo que pueden ser muchos y variados, que todo depende de quién es el Otro que sale a mi encuentro y de cómo voy a dejarme afectar por su mirado.

Que ese Otro tiene el rostro de las victimas preferencialmente y que lo importante es mi acercamiento a su dolor y las acciones para compartirlo y mitigarlo.

Que todos los carros son igualmente valiosos para llegar a destino. Que hay muchas maneras de empujarlos, según las características de cada cuál y que las aceptaré todas con tal de que no frenen sus trayectorias.

 

Que todo esto sólo tiene sentido como una acción colectiva, de muchos y muchas, pero en libertad. Y que la otra fuente de acrecentar nuestras fuerzas, o de engrasar los ejes de las ruedes, además del apoyo mutuo es la espiritualidad cultivado individual y colectivamente.

 

A pesar de las noches oscuras, personales y colectivas, a pesar de la acumulación de dificultades que nos pesan y nos desfondan, a pesar de los deseos inconscientes o conscientes de tirar la toalla mas de una vez, quiero terminar con palabras de esperanza porque:

El púlpito de la vida es mas fuerte que nuestras limitaciones y sigue latiendo en la naturaleza, en hombres y mujeres, muchas veces aún por encima de nuestra visión. No podemos más que sonar que es posible volver a ver la luz, la claridad y soñarla es acercarla.