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¿UN NUEVO CONCILIO? |
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El 11 de octubre de 1962, Juan XXIII inauguraba en Roma el Concilio Vaticano II, al que él mismo definió como «un soplo de aire fresco en la Iglesia».
A seis meses de que se cumplan 40 años del acontecimiento que cambió el rostro de la Iglesia moderna, 35 obispos y cardenales de todo el mundo solicitan al Papa, en una iniciativa sin precedentes, la «convocatoria de un nuevo Concilio Ecuménico». Entre los firmantes, personalidades conocidas de la Iglesia, como el cardenal brasileño Paulo Evaristo Arns, el obispo de Sao Félix de Araguaia, el español Pedro Casaldáliga o el que fuera obispo de San Cristóbal de las Casas (México), Samuel Ruiz.La mayoría de los prelados firmantes proceden de Brasil y, entre ellos, figuran Tomás Balduino, obispo emérito de Goiás; Frei Luiz Cappio, obispo de Barra o Luis D'Andrea, obispo de Caixas.También hay obispos de Argentina, como Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú; de Ecuador, como Luis Alberto Luna, arzobispo emérito de Cuenca o de Perú, Albano Quinn, obispo emérito de Sicuani. De España, dos firmas: la del obispo emérito de Palencia, Nicolás Castellanos, que renunció a la mitra para irse de misionero con los más pobres de Bolivia, y la del teólogo Raimon Pániker, famoso por su intento de fundir el cristianismo en el molde hinduista. La iniciativa no pretende ser rupturista. Los firmantes, conscientes de la inercia eclesial, la conciben como un «proceso participativo y corresponsable» y «a lo largo de un tiempo suficientemente amplio». Para ellos, no es tan importante celebrar ya un nuevo concilio, sino que «la comunidad de creyentes se ponga en marcha y pueda pronunciarse sobre los temas que considera más importantes y urgentes». La iniciativa pretende ser «colectiva e independiente». No hay líderes o promotores visibles de la misma. El miedo a las eventuales represalias de Roma hace que sea muy significativa la presencia, entre los primeros 35 firmantes, de un miembro de la Curia vaticana, el presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes, el japonés Stephen Fumio Hamao. Por hora, no hay europeos ni africanos.
¿Un nuevo concilio? En Roma no quieren oír hablar del asunto, y, para colmo, la sorpresa le llega a la curia vaticana de donde menos lo esperaba. De Hispanoamérica, la Iglesia emergente, en la que tiene sus complacencias el pontífice Juan Pablo II. Después de años de tarea para segarle la hierba a la teología de la liberación, con acciones de represalia que alcanzaron incluso el cierre de parroquias enteras, Roma ya conoce que es en esos países de donde surge el primer empujón conciliar, y que la marea continuará en África y en no pocos países de Europa. `Desde que los papas comenzaron a temer a los concilios, la Iglesia está sin concilios, y así seguirá para desgracia y ruina de la religión'. La frase no es de un teólogo de la liberación, sino del dominico Francisco de Vitoria, que la pronunció en 1530. Hace 40 años, Juan XXIII convocó el Vaticano II, pero los resultados de la experiencia [la renovación del rostro de la Iglesia] nunca gustaron a la curia vaticana. Desde entonces, cada vez que un prelado o un movimiento eclesial retoma el asunto recibe sonados varapalos de quien manda en la sede papal. La última vez, en 1999, se atrevieron incluso con el cardenal de Milán, el jesuita Carlo María Martini, uno de los grandes eclesiásticos del siglo, que ante el sínodo de los obispos europeos desveló sin tapujos que había tenido `un sueño' conciliar. |
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