FERNANDO BERMÚDEZ

GUATEMALA.

El terrorismo es la negación de la humanidad.
Es la degeneración ética que conduce al ser humano a su autodestrucción. Por eso todo tipo de terrorismo es condenable. Sin embargo, ante los atentados terroristas de los Estados Unidos, la tendencia ingenua es pensar que este país es la víctima inocente, cuando en realidad, la política que ha venido aplicando a nivel mundial es la de un "terrorismo de estado". Así como nos duele el alma por tantas vidas segadas y tanto sufrimiento en estos actos terroristas, nos duele también la muerte y el sufrimiento causado por las igualmente salvajes intervenciones norteamericanas en todo el mundo.

El lanzamiento por Estados Unidos de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, en 1945, donde murieron 300.000 personas, hombres, mujeres, niños y ancianos, ¿no es un acto terrorista?

La intervención norteamericana en China en 1949 al lado de Chiang Kai-Chek, que ocasionó más de millón y medio de muertos, ¿no es un acto terrorista?

La planificación, a través de la CIA, del derrocamiento de gobiernos democráticos elegidos por el pueblo, reemplazándolos por dictaduras militares, participando en el secuestro y asesinato de sus dirigentes, ¿no es un acto terrorista?

La intervención en Grecia en 1948 apoyando a los grupos neofascistas e instaurando una dictadura militar que perseguía, torturaba y asesinaba a los opositores y llenó las cárceles de presos políticos, ¿no es un acto terrorista?

La invasión de Filipinas en 1950 y la imposición de un régimen dictatorial pro-norteamericano, corrupto y tirano, que culminó con el gobierno de Ferdinand Marcos, ¿no es un acto terrorista?

La intervención militar en Corea del Sur en 1953 para reprimir al movimiento popular progresista y favorecer a las fuerzas conservadoras corruptas y criminales, ¿no es un acto terrorista?

La intervención militar en Irán, en 1953, que derrocó al presidente Mossadegh, electo por el parlamento iraní, después de que éste nacionalizara las compañías petroleras, e impuso a un nuevo presidente amigo de Estados Unidos, el tristemente famoso por su represión, el "Sha de Persia", ¿no es un acto terrorista?

La intervención en Guatemala, en 1954, que derrocó al presidente Jacobo Arbenz, electo democráticamente por el pueblo, y el apoyo que dio a los regímenes militares, caracterizados por la corrupción y la represión más brutal que, después, dio origen al conflicto armado que dejó un saldo de 448 aldeas arrasadas, 200.000 muertos y un millón de desplazados internos, ¿no es un acto terrorista?

La intervención en el Congo cuando su primer ministro, Patricio Labumba, hizo un recuento de las injusticias cometidas por los propietarios blancos contra la población nativa y trató de nacionalizar las minas. Entonces, el presidente estadounidense, Eisenhower, dio orden de asesinar a Lubumba en enero de 1961, y colocó en la presidencia del Congo a Mobutu, que gobernó el país por más de treinta años con descarada corrupción y crueldad. ¿No es esto terrorismo?

El golpe de estado que Estados Unidos propició en Camboya en 1970, para derrocar al príncipe Sihanouk, provocando una guerra con masivos bombardeos norteamericanos e insurrecciones, igualmente violentas, de los Khemer Rojos, ¿no fue una acción criminal y terrorista?

Las invasiones militares en Siria en 1956, en Líbano en 1957, en Indonesia en 1957, en Egipto en 1958, en Guayana en 1964, en Brasil en 1961, en República Dominicana en 1963, en Timor Oriental en 1975 y en otros muchos países, aplastando sus anhelos de justicia y libertad, ¿no son actos terroristas?

El bombardeo con "napalm" sobre pueblos y aldeas de Vietnam, de 1961 a 1973, en donde se aplicó por primera vez la política de "tierra arrasada", ¿no es un acto terrorista?

La intervención militar en Chile, en 1973, y el trabajo previo que la CIA había realizado, creó un estado de terror en todo el país: el palacio presidencial es bombardeado, donde muere el presidente Salvador Allende; los soldados derriban puertas, detenciones arbitrarias, ejecuciones masivas en los estadios, cuerpos apilados a lo largo de las calles, centros de tortura por doquier, libros "subversivos" ardiendo en las hogueras... Más de 3.000 personas fueron ejecutadas, miles torturadas y desaparecidas. El general Augusto Pinochet instaura una cruel dictadura. Este "triunfo" de Estados Unidos, ¿no fue una acción terrorista?

La intervención militar en Nicaragua a partir de 1979, apoyando a los comandos terroristas de la "Contra", que se propuso destruir todos los programas económicos y sociales del gobierno sandinista, quemando escuelas y hospitales, secuestrando, torturando, colocando minas y asesinando a humildes campesinos. El presidente norteamericano Ronald Reagan llamó a estos comandos "luchadores de la libertad". ¿No fue esto una acción terrorista?

La invasión a Granada en 1984, un país de tan sólo 110.000 habitantes, para imponer una dictadura pro-norteamericana, ¿no es un acto terrorista?

Los bombardeos sobre ciudades libias en 1989, porque su líder Muammar el Gaddafi, de un modo arrogante, rehusó ser un aliado de Washington en el medio Oriente, ¿no es un acto terrorista?

El bombardeo sobre la ciudad de Panamá en 1989, en el que murieron más de 8.000 personas inocentes en el barrio de San Miguelito y otras 20.000 quedaron sin hogar, ¿no es un acto terrorista?

Los implacables bombardeos sobre Irak, en 1990, por más de cuarenta días y noches, destruyendo viviendas, escuelas, hospitales y devastando ciudades enteras, con armas que vertían uranio incinerado a la población, causando cáncer, envenenamiento de la atmósfera a un grado nunca alcanzado en ninguna otra parte, ¿no es un acto terrorista?

El apoyo económico y militar a los talibanes de Afganistán, desde 1979 a 1992, y el adiestramiento por la CIA de Osama Ben Laden para combatir al régimen pro-soviético, que por primera vez en la historia de aquel país había dado libertad a las mujeres e iniciado una profunda reforma social, ¿no es un acto terrorista?

Las intervenciones en El Salvador de 1980 a 1992 y en Haití en 1987, apoyando regímenes represivos y tiranos, ¿no fueron acciones terroristas?

Los bombardeos sobre Yugoslavia en 1999, destruyendo puentes, escuelas, hospitales, áreas residenciales..., ¿no son actos terroristas?

El entrenamiento contrainsurgente de los militares latinoamericanos en la Escuela de las Américas, ubicada primero en Panamá, después en Fort Benning, Georgia, donde se les enseña a secuestrar, torturar y matar, ¿no es un acto terrorista?

La guerra de Afganistán, que dio inicio el 7 de octubre del 2001, bombardeando y destruyendo poblaciones enteras, escuelas y hospitales..., en donde murieron decenas de millares de personas inocentes, ¿no es un acto terrorista?

En Afganistán, los norteamericanos no quisieron dejar con vida a muchos de los talibanes que se rendían. Exigieron que prosiguiesen los combates hasta la liquidación total de los sobrevivientes. "¡Hay que matar a todos los combatientes, nada de aceptar que depongan las armas!", exigió Donald Rumsfeld, ministro de Defensa de Estados Unidos (Ignacio Ramonet, El País 4.9.2002). En noviembre de 2002, cinco mil talibanes presos fueron encerrados en contenedores y transportados a la ciudad de Sheberghan. Más de un millar murieron asfixiados, el resto fueron ametrallados por la Alianza del Norte, en presencia de soldados norteamericanos que también participaron en la matanza, "rompiéndole el cuello a un prisionero" y vertiendo ácido en la cabeza de otros" (Ramonet, El País, 4.9.2002).

Bajo el pretexto de combatir el terrorismo internacional, Estados Unidos está transgrediendo no sólo las convenciones de Ginebra, sino la más elemental razón humanitaria.

Sería interminable mencionar todas las intervenciones y abusos de poder de Estados Unidos a lo largo y ancho del planeta. ¡Cuánta destrucción, sufrimiento y muerte ha ido sembrando en su historia reciente!

Hoy, el presidente norteamericano George W. Bush está decidido a intervenir militarmente en Irak con el pretexto de sacar del poder a Saddán Hussein. En todo el mundo hay una fuerte oposición a esta iniciativa guerrerista, que podría causar millones de muertos y una tragedia mundial. Esta actitud hace sospechar que Bush se ha autoproclamado en el gran talibán de occidente.

En el campo ecológico no es menos criminal la postura de Estados Unidos. Este es el país que más dióxido de carbono vierte a la atmósfera (el 25% del total mundial), que es el causante de la destrucción de la capa de ozono y del consiguiente calentamiento del planeta. Sin embargo, se negó a firmar el Protocolo de Kioto, por el cual todos los países se comprometieron a disminuir la emisión de gases tóxicos. Más aún, en la reciente Cumbre de la Tierra, celebrada los primeros días de septiembre en Johannesburgo, Estados Unidos tampoco quiso firmar ningún acuerdo concreto. Este desprecio por el medio ambiente y del futuro de la humanidad, ¿no es una actitud terrorista?

El supuesto autor intelectual del atentado del 11 de septiembre, el religioso fundamentalista musulmán Osama Bin Laden, como decíamos, fue preparado por la CIA para combatir al régimen prosoviético de Afganistán. Washington lo convirtió en un héroe e incitó a los talibanes a tomar las armas contra los "ateos" comunistas. Pero después se le volteó el cañón. Su política intervensionista y sucia es la causa de fondo de la violencia terrorista que está sufriendo. Esta violencia es la respuesta o consecuencia de su prepotencia económica y militar y de la violencia igualmente terrorista que, bajo fachada de lucha por la libertad, siembra destrucción y muerte en el mundo.

George W. Bush dice que su lucha contra el terrorismo es una acción de justicia. Nada de eso. Es una acción de venganza, que genera una espiral de violencia. Por un norteamericano muerto mata mil árabes inocentes. ¿Acaso todo ser humano, sea norteamericano o árabe, europeo o asiático, blanco o negro, no posee la misma dignidad? Según Bush, no. Con este pensamiento y con esta clase de hombres, la humanidad no tiene futuro.

Más aún, hoy Estados Unidos se encuentra en una situación hiperhegemónica que nunca en la historia ningún país conoció. Su fuerza militar es aplastante. Es la primera potencia nuclear, espacial y marítima. Posee una flota marítima en cada uno de los océanos del planeta y cuenta con bases militares en todos los continentes. Después del 11 de septiembre, el gobierno norteamericano tiene luz verde para la puesta en marcha del proyecto conocido como la "Guerra de las Galaxias", que consiste en militarizar el espacio, colocando en órbita satélites cargados de armas de destrucción masiva. Proyecto verdaderamente monstruoso, porque cualquier fallo humano o técnico o la iniciativa de un fanático podría poner en juego la existencia del mismo planeta. ¿No es esto una institucionalización del terrorismo?

¿Quién le ha dado a Estados Unidos el poder de erigirse en juez supremo del planeta y en policía de la humanidad? ¿Quién le ha dado el poder de poner en riesgo permanente la sobrevivencia de la humanidad?

Más aún, este país encabeza la fabricación y venta de armamento bélico en el mundo y ha proporcionado armas simultáneamente a bandos en conflicto, tal fue el caso de la guerra entre Irán e Irak. Su industria armamentista exige que haya guerras en el mundo para dar salida a su arsenal, y si no las hay las provoca. Mientras destina sumas astronómicas a la carrera armamentista y proyecta la "Guerra de las Galaxias", dos terceras partes de la humanidad pasan hambre y carecen de hospitales, escuelas y viviendas dignas de este nombre. Cada misil lanzado sobre Afganistán cuesta millón y medio de dólares. "Toda carrera de armamento se convierte en un escándalo intolerable", señalaba el Papa Pablo VI ((Populorum progressio, 53).

A nivel económico Estados Unidos es la primera potencia. Washington pesa decisivamente en el seno de las instancias multilaterales que determinan el curso de la globalización neoliberal, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio..., instancias que son la causa principal de la agudización de la brecha entre el mundo rico del Norte y el mundo pobre del Sur, y por lo tanto, del hambre de dos terceras partes de la humanidad.

Sólo cuando el gobierno de Estados Unidos, por presión de su mismo pueblo y de toda la comunidad internacional, tenga el suficiente coraje para pedir perdón a la humanidad por los atropellos causados, "urbi et orbi", y utilice el diálogo y la negociación como medio político para la resolución de conflictos internacionales, y se globalice, asimismo, la justicia y la solidaridad, se eliminará la amenaza del terrorismo y lograremos un mundo libre y en paz.

Otro problema que cada vez más preocupa a la humanidad es el deterioro del medio ambiente. Estados Unidos es el país que más gases tóxicos arroja a la atmósfera: un 26% del total mundial. Sin embargo, se negó a firmar el "Protocolo de Kioto", cuando la mayoría de los países lo firmó, por el cual se tomó el compromiso de reducir la emisión de hidrocarburos y asumir otras medidas preventivas. Esta actitud del gobierno norteamericano, ¿no pone en riesgo la supervivencia del planeta? y ¿no es un desprecio a toda la humanidad?

Más aún, este país encabeza la fabricación y venta de armamento bélico en el mundo y proporciona armas simultáneamente a bandos en conflicto, tal fue el caso de la guerra entre Irán e Irak. Su industria armamentista exige que haya guerras en el mundo para dar salida a su arsenal, y si no las hay las provoca. Y mientras destina sumas astronómicas a la carrera armamentista y proyecta la "guerra de las galaxias", dos terceras parte de la humanidad pasan hambre y carecen de hospitales, escuelas y viviendas dignas de este nombre. Cada misil lanzado sobre Afganistán cuesta millón y medio de dólares. "Toda carrera de armamentos se convierte en un escándalo intolerable", señalaba el Papa Pablo VI (Pp.53).P

Autores consultados:

-Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.

-William Blum, analista norteamericano

-Noam Chomski, analista y profesor norteamericano



«Me es evidente que Roma jamás ha buscado ni busca sino una sola cosa: la afirmación de su autoridad. El resto no le interesa sino como lugar de ejercicio de esa autoridad. Salvo un cierto número de casos, representados por hombres de santidad y de iniciativas, toda la historia de Roma es reinvidicación, fundamentación, de su autoridad, y destrucción de todo aquello que no se conforme con la sumisión».

Estas duras palabras no provienen de un panfletario ni de una persona marginal a la Iglesia, sino del dominico Cardenal Congar, a propósito de las intervenciones del Santo Oficio de la Inquisición contra él y su teología.

TIEMPO DE HABLAR TIEMPO DE ACTUAR ante la condena realizada, sin diálogo y sin aclaraciones, al teólogo Juan José Tamayo Acosta, colaborador de nuestra revista, desea manifestar los siguientes extremos:

1.La compatibilidad con la fe católica radica en la fidelidad a Jesús y su Evangelio y no en las «condenas que puedan hacer unos monseñores en un momento determinado de la historia» Observamos que se condena mucho más la doctrina que la práctica: en el pontificado de Juan Pablo II se han condenado a unos 500 teólogos. ¿A cuántos por aliarse con el poder, rodearse de dineros, ser ambiciosos?

2.La praxis del creyente en Jesús queda muy alejada de las actitudes de condena que escandalizan a cualquier sensibilidad humana y democrática, por mas que se esconda en una pretensión de justificar la reducción de la libertad a lo canónicamente establecido. Cuánto más si se condena sin escuchar, sin avisar, y sin comunicar ls razones de «la condena». Condenar, un libro o una persona, sin dialogo previo es un insulto tal a la inteligencia humana que solo descalifica a quien actúa así. Amen de caer en el error teológico de confundir Jerarquía con Iglesia.

3.Imponer sin convencer sólo suscita en la sociedad una postura de amargura, alejamiento e indiferencia que hace difícilmente creíble una institución que se autopresenta como seguidora de Jesús de Nazaret.

4.Es sospechoso que la nota episcopal además de su opinión "teológica" de condena, aproveche también para atacar la presencia publica de Juan José Tamayo y resaltar que la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII no es manejada y domesticada por la Jerarquía. ¡Bendito sea Dios que concedió lucidez a quien en su día propuso crear esa Asociación con carácter civil!.

5.Por encima de cualquier argumento, postura, reflexión, ideología, código canónico o cualquier entelequia, Tiempo de Hablar manifiesta su apoyo incondicional a quien sabemos y apreciamos como amigo, testigo de la fe, guía de esperanza para tantas y tan diversas comunidades creyentes y estandarte de amor en un mundo al que le sobran palabras huecas y busca hechos sinceros de compromiso con los necesitados.