CREYENTES ESPERANZA

En el pliego central de esta revista encontramos una reflexión dramatizada que nos presenta una María de Nazaret cercana, muy cercana. profunda e históricamente humana (por eso puede ser modelo de fe para todos los creyentes), mujer sometida a las condiciones de vida de su tiempo, pobre de Israel creyente en Jesús, el Cristo, después de haber recorrido un duro trayecto de fe desde Belén al Gólgota, lleno de dudas, de contradicciones, de búsqueda, de dolor, de lágrimas, de esperanza y, finalmente, de alegría al ver el sepulcro vacío. Una mujer pobre de solemnidad y analfabeta, ocupando un puesto muy secundario en una sociedad muy jerarquizada y machista. Una mujer con el coraje suficiente como para aguantar enganchada a la cruz mientras torturaban a su hijo. Una mujer que acompañaba a los primeros creyentes en los momentos de más desolación. Mujer sencilla, profunda y apasionada en la escucha y el seguimiento de Jesús.

También hemos encontrado en nuestros correos-e a final de 2002 la nueva carta pastoral de Pedro Casaldáliga, anunciándonos que en el mes de febrero cumplía 75 años y renunciaba (como prescribe el Derecho Canónico) a su diócesis. Ha dado muestras de sencillez y desprendimiento absolutos durante estos años de servicio pastoral; siempre ha sido un hombre profundamente libre; su profundidad nos ha dado páginas en prosa y en verso verdaderamente hermosas; su apasionamiento nos hace recordar el de María, la madre; su trayectoria vital es una constante búsqueda de la voluntad de Dios llena de todas las dificultades que podamos imaginar, jugándose la vida en cada recodo del camino; su opción radical por los pobres le ha hecho renunciar a cualquier signo externo del episcopado, enfrentarse a los poderes militares, políticos y eclesiásticos, denunciar al Imperio y su absoluta inmoralidad y amonestar a la Iglesia de Roma por su incoherencia evangélica. Tiene el coraje de aguantar enganchado a la Cruz para derribar "a golpes de libertad solidaria" las otras cruces que clavan a los hombres en la miseria y en la injusticia.

María y Pedro se parecen mucho, como tantos grandes creyentes en Jesús de Nazaret a lo largo de los siglos. Ninguno de los dos nos han pedido que los ensalcemos, ni que los distingamos y mucho menos que les rindamos culto. María, por la que tantas muestras de amor ha dado Pedro, soporta una tradición católica en muchos casos excesiva y que aparta de nosotros el hecho fundamental por el que es llamada "llena de gracia": el haber creído en la palabra de Dios, el haber dado un sí pleno, entregando su vida con pasión a la Causa de su hijo: El Reino. Pedro, "abierta de par en par la antigua espera" no quiere ser estrella de moda, reivindicando terminar su existencia (si la salud lo permite) en África, el continente excluido.

Los dos son trabajadores incansables del Reino de Dios, los dos nos remiten clara e constantemente a Jesús de Nazaret, los dos son motivo de alegría para nosotros, testimonio "exagerado" del amor de Dios. Y, sobre todo, son el potente antídoto que tenemos (juntos con muchas más mujeres y hombres creyentes y no creyentes trabajadores por el Reino, gracias a Dios) frente al Imperio, cuyo injusto y terrible sistema intenta por todos los medios cercenar nuestra esperanza, nuestra pasión por la utopía del Reino que Jesús nos anuncia.

Apoyados en ellos, podemos decir con Pedro "Inútilmente, Imperio, inútilmente". Porque todo el sufrimiento del pueblo pobre no terminará en la cruz, sino en la resurrección; porque cada muerte, cada injusticia soportada, se convertirá en un potente Pentecostés.

Todo esto hay que decirlo, celebrarlo y anunciarlo caminando hacia otro mundo mejor (porque otro mundo es posible), trabajando por un nuevo concilio en nuestra Iglesia (porque otra Iglesia es posible), haciendo efectivo el macroecumenismo (porque de él depende la paz y la justicia en nuestro mundo). Caminando, caminando juntos con Esperanza, con terca Esperanza.

María (sentida y querida como madre de todos los creyentes, madre de todos los pobres) y Pedro (nuestro querido hermano mayor) forman parte del grupo de caminantes que hacen avanzar a toda nuestra familia humana hacia el Mundo Nuevo. Ellos son para todos nosotros Creyentes Esperanza.