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XI Semana Andaluza de Teología: COMUNICADO FINAL Nos hemos reunido en esta XI Semana Andaluza de Teología 290 personas venidas de numerosos pueblos y ciudades de Andalucía. También han participado personas venidas de Murcia y Madrid. El resumen de estos días de convivencia y trabajo lo expresamos en estos puntos: 1) Quienes hemos participado en esta Semana mantenemos nuestra decisión de seguir a Jesús de Nazaret, aquel que pasó por la vida haciendo el bien y apostando por eliminar todas las formas de marginación humana, aquel que fue constituido Hijo de Dios en plena fuerza a partir de su Resurrección de la muerte. 2) También nos sentimos, con pleno derecho, miembros de la Iglesia de Jesucristo. Por eso, hemos analizado a lo largo de estos días qué Iglesia queremos. Es decir, cuáles son las líneas del mensaje de Jesús, en su proyecto de sociedad humana fraternal, y cuáles son los desequilibrios, las exigencias y los retos de la sociedad en que vivimos. 3) Nos sentimos golpeados por el fenómeno de la globalización en sus efectos más negativos. Cada vez se manifiesta con más evidencia que la participación en los bienes de la tierra se va haciendo más desigual no sólo entre países ricos y pobres, sino en el interior de cada país. 4) De manera especial nos preocupa la ceguera de los gobiernos en la inmensa mayoría de los países ricos y especialmente el gobierno de los EE.UU. Los vemos mucho más atentos a potenciar su poderío militar y geoestratégico que a establecer una paz mundial sobre las bases sólidas del respeto universal a los derechos humanos y la urgente eliminación del hambre y la miseria en todo el mundo.5) En este contexto, vemos a una parte considerable de nuestra Iglesia oficial ensimismada y bastante ausente de los problemas de la gente, demasiado preocupada por salvaguardar sus tradiciones, su estructura organizativa y su estatus social. 6) Coincidimos con otras muchas personas y colectivos cristianos en la misma aspiración y la misma exigencia: que las iglesias cristianas en general y muy en particular la Iglesia Católica recuperen el modelo de sociedad fraterna que Jesús vivió y fomentó. Una comunidad basada en la igualdad y en la gozosa gratuidad, donde cada persona pueda participar en todas las responsabilidades eclesiales sin establecer cortapisas por razón de sexo, inclinación sexual o estado civil. 7) Entendemos que la Iglesia Católica carece de legitimidad moral para exigir el respeto a los derechos humanos en la sociedad civil, cuando ella misma no reconoce esos mismos derechos a sus miembros en la organización interna de la propia Iglesia.. 8) Queremos una Iglesia que no se constituya en fin ni en centro de nada. Muy al contrario, que se sitúe al servicio de toda la humanidad, cargando las tintas con toda valentía en la defensa de los excluidos, denunciando los mecanismos perversos que conducen o provocan la marginalidad, la pobreza, la frustración y, muchas veces, la violencia desesperada. 9) La mentamos profundamente el escándalo provocado en personas creyentes y no creyentes por el sacerdote y presidente de Cajasur. Sin entrar en otros análisis, tenemos muy claro que el enriquecimiento desmedido significa la negación hiriente de la solidaridad y de la austeridad cristiana. 10) Cada una de nosotras y de nosotros, en el plano individual y en los colectivos comunitarios de los que formamos parte, seguiremos trabajando por construir esa comunidad humana, solidaria y fraterna, como la expresión más visible de la Iglesia que quería Jesús. 11) También seguiremos esforzándonos, desde los ambientes y contextos más variados, en la doble tarea de cambiar las estructuras injustas de nuestra sociedad y de crear espacios de solidaridad que suavicen el sufrimiento humano que nos rodea. 12) Manifestamos nuestra solidaridad con el pueblo gallego ante la dramática tragedia ecológica y social que les invade. También expresamos nuestra solidaridad con las trabajadoras y trabajadores agrarios de Andalucía y Extremadura. Sus variadas movilizaciones sirven de contrapeso esperanzador al modelo de globalización neoliberal que se ceba en las personas y en los colectivos más débiles. 13) Finalmente, lanzamos una llamada angustiosa a todas las iglesias cristianas. Les pedimos que, siguiendo el ejemplo de la jerarquía católica de EE.UU., lancen un mensaje de alcance mundial donde denuncien de forma inequívoca la programada y temida guerra de EE.UU. contra Irak. Afirmamos rotundamente que la guerra no es una fórmula justa ni válida ni eficaz para solucionar los conflictos, porque sus consecuencias son imprevisibles y porque siempre pagan los platos rotos miles y hasta millones de víctimas inocentes. Málaga, 8 de di ciembre de 2002
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