MOVIMIENTO INTERNACIONAL: UNA NUEVA ETAPA.

De siempre hemos considerado y defendido que el fenómeno socio-eclesial curas-casados era una cuestión de iglesia: en su sentido más pleno y universal. De ahí que nos hayamos rebelado contra todos los intentos simplistas de reducir el tema del celibato impuesto a un problema meramente personal. Nuestra más firme convicción en este campo es que el debate eclesiológico y el cuestionamiento vital del cura-célibe obligatoriamente-clérigo no es sino uno más de los múltiples síntomas de una estructura eclesial histórica y, como tal, cambiante.

Por eso nos ha parecido desde los primeros momentos de nuestro movimiento que una perspectiva importante era nuestra conexión con lo que estaba sucediendo en otros muchos lugares de la tierra. La internacionalización del movimiento por la opcionalidad del celibato desde una perspectiva de renovación profunda de la iglesia no es sino una consecuencia inevitable de esa convicción profunda.

Nuestros primeros contactos con este movimiento eclesial internacional se dieron en 1983; aunque los pasos más firmes se dieron en el 11 Sínodo Internacional de Ariccia (1985). De entonces para acá se celebraron varios Congresos promovidos ya por la para entonces creada Federación Internacional: Ariccia-1987, Holanda-1990, Alcobendas-1993 Brasilia-1996 y Atlanta-1999. (Se puede consultar mi trabajo Breve recorrido por nuestra historia como movimiento, en Tiempo de Hablar, n. 81-82, extraordinario, pp. 31-47).

Luces y sombras de este movimiento.

En su origen esta Federación había nacido en el centro de nuestra vieja Europa: y ahí radicaban algunas de sus más llamativas limitaciones. Unas iglesias demasiado acomodadas y anquilosadas en una pastoral prioritariamente conservadora generaba unas comunidades y unos

presbíteros -aun casados- excesivamente apegados al mantenimiento del status quo; la ausencia y lejanía de otras situaciones de misión y del sur generaban en el movimiento una tendencia prioritariamente volcada en la reivindicación de la compatibilidad presbiterado-matrimonio junto a la urgencia por conseguir reconocimientos jurídicos de la jerarquía eclesiástica.

Entre las riquezas, dentro de esa tónica dominante, estaba la multiplicidad de situaciones y el pluralismo de planteamientos. No podemos olvidar que en el seno de este movimiento internacional se encontraban desde curas casados muy identificados con sus puestos

parroquiales o con sus antiguas capellanías, junto a curas obreros y consiliarios de los más punteros movimientos especializados de Acción Católica.

La inicial ubicación del movimiento dio origen a un comité ejecutivo de la federación mayoritariamente ocupado por centroeuropeos que, al mismo tiempo, tenían mayores facilidades para contactar y reunirse. La pluralidad existente en el seno de los movimientos federados generaba una línea ideológica suficientemente abierta y hasta indefinida: cabían las posturas más avanzadas junto a otras netamente conservadoras eclesiológicamente hablando. Un sesgo decisivo en este movimiento internacional fue la incorporación de movimientos latinoamericanos, en gran parte animados e invitados a participar por los españoles: ése fue -creemos- el gran valor de un congreso como el celebrado en Alcobendas.

Recorrido de los últimos años.

Tanto Alcobendas como Brasilia dieron lugar e impulso a un movimiento internacional de unas características más plurales; pero al mismo tiempo más difíciles de coordinar: la fuerza de unos movimientos más volcados en situaciones misioneras y con mayor conexión e implicación en comunidades de base y misioneras acentuó con mayor notoriedad el cuestionamiento de una estructura clerical conservadora; pero la presencia mayoritaria y la mayor facilidad para reunirse jugaba todavía y juega a favor de quienes vivimos en la vieja Europa o en la América del Norte, con más medios económicos.

En la primera etapa parecía imponerse una línea ideológica volcada en la compatibilización del presbiterado con el matrimonio, quedando más en penumbra la renovación consiguiente de la estructura eclesial; en la segunda, adquiría mayor protagonismo

la comunidad de creyentes, su transformación profunda en una perspectiva evangélica, fraterna, quedando como una consecuencia lógica el cuestionamiento de un presbiterado célibe y clerical. Como todo análisis, también éste puede resultar un tanto reduccionista; pero refleja a

mi entender una de las tensiones más fuertes vividas por el movimiento internacional y, consecuentemente, manifestadas en el seno del comité ejecutivo de la federación internacional. El Congreso celebrado en Atlanta apuntó con gran corrección otro elemento importante: la urgencia de que nuestra federación internacional se abriera cada vez más en todos los lugares a otros movimientos de iglesia que están luchando igualmente por la renovación de la iglesia y del mundo. En este sentido se apuntaba la conveniencia de celebrar encuentros internacionales en los que ya no fuera sólo el movimiento internacional de curas casados quien convocara y gestionara. Era un reto de última hora establecer y conectar con redes internacionales por el cambio social y eclesial.

El comité ejecutivo en los últimos tres años.

Esta situación prometedora y delicada quedó en manos del comité gestor tras el congreso de Atlanta. La amplia pluralidad, la diversidad eclesiológica y el reto de un movimiento más contactado con otras redes internacionales han sido problemas objetivos más que suficientes para generar mucha tensión. El comité ha vivido al mismo tiempo unas ciertas dosis de desconexión con las bases. Y algunos de sus más antiguos miembros han asumido unas tareas y un protagonismo que no les correspondía.

Todo esto -aun sin entrar en más detalles- nos hará entender y ser comprensivos con los compañeros que han prestado este importante servicio de coordinación internacional: han trabajado en exceso, han dedicado mucho tiempo y han sufrido bastante más de lo que sería de desear.

Asamblea de Leganés.

Este rápido recorrido un tanto general, pero suficiente, puede situar y contextualizar el significado de todo lo ocurrido en nuestra asamblea internacional de Leganés. Ignorar lo analizado deja reducido lo vivido en aquella densa jornada a una lucha y un forcejeo difícilmente inteligibles y justificables en un movimiento como el nuestro.

A Leganés se llega con una gran tensión en el seno del comité ejecutivo y con actuaciones concretas de algunos de sus miembros muy alejadas de sus cometidos y aun usurpando el papel de otros miembros. No fue fácil sortear los diversos peligros, no herir aún más a las personas; pero urgía al mismo tiempo dejar definida una línea de actuación en Consonancia con los grandes objetivos de la federación.

Y en esta perspectiva hay que dejar claro que la asamblea fue un éxito: se consiguió sacar adelante un reto que presentaba muy graves dificultades.

a.- En positivo: no hubo rupturas, al menos dentro del desarrollo de la misma, y confiamos que no las haya después; el clima que se respiró fue bueno, de sinceridad, aunque en bastantes momentos se palpara una cierta tensión; se criticó abierta y mayoritariamente la usurpación de funciones realizada en el seno del comité ejecutivo, especialmente a cargo del secretario anterior, en la línea de la carta que Moceop había enviado hacía unos meses; esta crítica al funcionamiento del comité no se circunscribía únicamente a intervenciones de una persona -que no asistió- sino a una forma de abordar lo relacionado con este encuentro internacional; se votó expresamente la no publicación del boletín del comité ejecutivo Ministerium Novum (eran muchos los malentendidos que había generado y había colaborado explícitamente en la usurpación de funciones anteriormente aludida); al tiempo se hizo hincapié en que cada movimiento recibirá con mayor frecuencia y formalidad información del secretario de la federación para poder insertarla en sus revistas o boletines; se abrió camino a la posible confederación de movimientos o federaciones, en aras de una mejor comunicación y de un más fácil pluralismo; y se acabó, por fin, con la figura de miembros cooptados en el comité ejecutivo.

b.- Terrenos ambiguos: hubo ciertos temas -algunos importantes- en que la votación no llegó a producirse, dejando -voto de confianza- que el nuevo comité trabaje y pida opiniones que ir incorporando a sus trabajos; son algunos de estos temas el presupuesto económico, la elaboración de los nuevos estatutos y del reglamento de régimen interior, el mismo proceso hacia una confederación... No hay en absoluto desconfianza del buen hacer del nuevo equipo; pero quedan temas importantes donde no se ha llegado a votar casi ningún aspecto concreto.

c.- Asuntos oscuros: la presencia de los vicepresidentes -de forma un tanto sin definir- en el comité ejecutivo. No queda claro si están o han estado representando a movimientos (como es

el caso de América del Norte) o a federaciones (como es el caso de América del Sur). Debería dejarse claro en los nuevos estatutos (tanto de federación como, más urgente aún, de confederación). Tampoco se entró en depurar responsabilidades de las actuaciones incorrectas anteriormente al encuentro, quedando saldada la responsabilidad con la no comparecencia y el cese del anterior secretario).

Y después de Leganés ) qué?

Parece claro que el movimiento internacional ha superado una muy difícil prueba, aunque sólo el tiempo nos confirmará si esta apreciación es totalmente correcta. Y esto por diversas razones.

a.- El comité ejecutivo ha salido reforzado, con un mandato claro dado por la asamblea general; pero también con una exigencia rotunda de no constituirse en algo autónomo sino al servicio de los movimientos. Para ello deberá estar mucho más en contacto con los responsables de cada movimiento.

b.- Los objetivos del movimiento internacional quedan clarificados: intensificar la renovación de los ministerios dentro de las comunidades eclesiales en la perspectiva de una profunda renovación evangélica de iglesia.

c.- Para dar mejor cabida a la pluralidad y facilitar el intercambio, la actual federación internacional deberá transformarse en una confederación en la que puedan integrarse diferentes federaciones como la ya creada latinoamericana. Una confederación parece ser un molde más plural y operativo.

d.- Los movimientos hasta ahora federados -a excepción del latinoamericano que ya lo ha hecho- deberán transformarse en nuevas federaciones de movimientos: en esta línea se invita a que trabajen los movimientos europeos, asiáticos o norteamericanos... La forma concreta deberá irse construyendo. En concreto, el comité ejecutivo ha sugerido ya la formación de un grupo europeo con este cometido.

e.- El nuevo encuentro internacional o congreso deberá irse preparando: existen ya temas sugeridos, aunque es un asunto abierto, y países que se han ofertado para prepararlo (Alemania y Bélgica).

Cabanillas del Campo, 13 de enero de 2003. RAMÓN ALARIO.