Hola a tod@s:

Queremos animaros a participar en el "encuentro virtual" o CHAT que convocamos todas las semanas desde la página web que MOCEOP tiene en internet.

Os recordamos que la cita es todos los jueves, a partir de las 22:30 hora española (vamos, que pasamos un ratito juntos charlando entre amig@s después de la cena). Incluimos esta iniciativa como novedad este año, y ya llevamos varios meses funcionando con la experiencia piloto. Todo funciona correctamente, tal como hemos podido comprobar en este tiempo los miembros del equipo que coordinamos la web y la revista, y la experiencia de comunicación por este medio ha sido muy positiva.

Pedro y yo estamos encargados de la parte del CHAT dentro de la web, y queremos que esta experiencia se abra más allá del grupo de asiduos que nos conectamos con regularidad, los mismos que comenzamos con esta iniciativa y la hemos mantenido de forma más o menos constante. Poco a poco, vamos teniendo nuev@s invitad@s y lo más interesante es que aumente la participación, que es lo que más nos enriquece a tod@s: muchas personas creyentes, con inquietudes y ansias de una iglesia más abierta, sencilla y plural están acudiendo a nuestra cita como punto de encuentro y esperanza; algunos quizá en busca de una palabra de aliento, apoyo y comprensión en una situación difícil ¿? o simplemente para compartir sus experiencias eclesiales (por ejemplo, muchas personas que trabajan en la enseñanza de la religión han contactado con nosotros).

Así que ¡ÁNIMO!, sólo tienes que seguir los siguientes pasos (previa conexión a Internet):

1. Entrar en nuestra página, escribiendo la dirección web: http:\\www.moceop.net

2. Seleccionar la carpeta HABLAMOS y, una vez dentro, la opción CHAT

3. Escribir tu nombre en el recuadro blanco (arriba, a la izquierda) y pulsar el botón CONECTAR.

4. Si tu nombre aparece ahora en el recuadro de la derecha, ya estás dentro. (Si no, repite el punto 3)

5. Ahora puedes participar en el diálogo. Tienes que escribir en la línea inferior tus comentarios y pulsar la tecla INTRO ó ENTER para que todos puedan leerlo.

6. Ya está, es así de fácil.

Os esperamos, para que la web sea un espacio vivo de encuentro sin fronteras ni censuras (no tenemos mayor ambición), y entre todos lo conseguiremos. También os animamos a enviarnos aportaciones interesantes y sugerentes para la sección TEOLOGÍA, que está también un poco huérfana (queremos que tenga un matiz "alternativo" a los habituales y nos está costando un poco poner en marcha esta sección).

Un fuerte abrazo para tod@s. Hasta muy pronto.

Mª José Mayordomo

y Pedro Luis Jiménez

MOCEOP Madrid



Se nos pide desde «TIEMPO DE HABLAR» que expongamos nuestras experiencias de desclericalización así como nuestras aportaciones a la opcionalidad de los ministerios.

Vaya de entrada la consideración sobre la pobreza de mi testimonio, tanto en mis opciones personales fuera del marco de mi trabajo profesional como en mis aportaciones al grupito cristiano de La Línea, en el que estoy integrado desde hace ya bastantes años. Entiendo que éstos son los dos marcos de referencia en los que puede hablarse del ejercicio de ministerios desclericalizados.

Si he de ser sincero, los primeros atisbos de mis experiencias de desclericalización se encuentran paradójicamente relacionados con mi entrada oficial y libre en el terreno de los clérigos. La idea de ser sacerdote y ejercer como tal dentro de la Congregación de los Marianistas, a la que yo he pertenecido, se presentaba para mí como una modalidad atrayente de servicio al Evangelio pero al interior de la propia Congregación. Por ello no viví los distintos pasos al sacerdocio ni la propia ordenación sacerdotal como entrada en la categoría de clérigo. Y los ritos de la ordenación fueron para mí algo muy secundario y supeditado a mi opción de vida religiosa y, por supuesto, cristiana.

Por descontado, que «vivir del altar» no había pasado nunca por mi cabeza. Además, mis pequeñas investigaciones sobre los ministerios, que cuajaron en la tesina de Licenciatura en la Universidad de Friburgo, me llevaron desde entonces a mantener un cierto distanciamiento y postura crítica contra todo lo que en la Iglesia oliera a sacralización, incluido en ello el mundo clerical tal y como estaba y está configurado en la Iglesia...

Cuando unos años más tarde la Congregación me confió la dirección de una parroquia en La Línea ( Cádiz ), lo hice no tanto por regentar una parroquia cuanto porque se me ofrecía un medio de contacto más real con el mundo que el que había tenido en el ejercicio de profesor de una institución privada como eran los Marianistas.

Aunque le eché buena voluntad a mi nuevo destino, pronto empecé a vivir las contradicciones de una opción con la que no me sentía a gusto y fue en el ejercicio de mi tarea parroquial cuando experimenté con más fuerza lo que suponía la pertenencia al estamento clerical.

Mi progresiva des-identificación con los planteamientos que predominaban en mi Congregación y en la Iglesia, así como el rechazo experimentado por mí de la figura que estaba representando al frente de la parroquia, me llevaron en un doloroso proceso interior a abandonar ambas condiciones de religioso y sacerdote y terminar pidiendo mi reducción al estado laical, opción esta última que me presentaron como única y que acepté, una vez que hube tomado la decisión de separarme de la Congregación y de mi condición de sacerdote. Tal vez hoy y después de haber entrado en contacto con el MOCEOP, hubiera obrado de otro modo en relación con Roma.

Estuve dos o tres años sin orientación significativa de carácter cristiano hasta que de un modo más sistemático retomé los contactos con un antiguo grupo local de reflexión y celebración cristianas así como con el MOCEOP de la etapa de los 83-84.

Con todas las limitaciones y altibajos que podéis suponer a la vida de un grupo que lleva encontrándose ininterrumpidamente durante casi veinte años, ha sido precisamente en este ámbito en donde he podido vivir más de cerca el ministerio descle-ricalizado, entendido en la práctica concreta como respuesta personal o de pareja, basada en mis capacidades, a las diversas demandas del propio grupo, traducido dicho ministerio en cosas tan diversas como la presidencia de la Eucaristía, el ejercicio de cierta coordinación y enlace con otros grupos o aportaciones doctrinales de carácter puntual.

Del mismo modo , ha sido el contacto con el grupo quien me ha facilitado el planteamiento de cara adoptar pequeños compromisos de carácter social, en los que hasta el día de hoy he venido participando, bien sea a título individual, bien en compañía de mi mujer.

De estos compromisos he excluido por motivos puramente personales el político y el sindical y he de decir que aunque no los he vivido expresamente como servicios para construir la comunidad, sí han sido opciones hechas a la luz de principios evangélicos, en el sentido de ser respuestas a la cuestión de la necesidad de estar presente en algunos de los campos afectados por la marginación.

Me gustaría poner a la consideración de los participantes de este taller la naturaleza de los compromisos sociales o políticos en relación con los ministerios desclericalizados con el objeto de llegar a una mayor claridad de ideas en este campo preciso.

Por último, otro aspecto que me preocupa en relación con el ejercicio de los ministerios desclericalizados se refiere al mantenimiento de la comunión de fe y caridad con el resto de la Iglesia. Repetidamente hemos hecho profesión de nuestra determinación de no constituirnos en iglesia paralela y personalmente estoy convencido de que debemos seguir actuando bajo este mismo principio. Pero en la práctica no resulta fácil nuestra posición y, sobre todo, si queremos seguir expresando de algún modo dicho deseo de comunión.

 

A) VIVENCIA EN COMUNIDAD PARROQUIAL TRADICIONAL:

Las aportaciones que se permitían a la mujer en este primer contexto eran: la catequesis de la Primera Comunión, la limpieza y arreglo de la iglesia, la preparación de los cantos litúrgicos y la visita a los enfermos-as. Estos diversos servicios estaban programados y supervisados en todo momento por el párroco . Por mi parte viví otra realidad un poco más amplia al participar en la J.I.C de aquel momento.

B) VIVENCIA EN COMUNIDAD RELIGIOSA:

Mi actividad como religiosa - Terciaria Capuchina- viene a coincidir con los años inmediatamente posteriores al Vaticano II. Pude vivir los aires de renovación y esperanza, que alcanzaron tanto a la vida religiosa como a muchas actividades parro-quiales, en las que participé ampliamente. Mis experiencias de entonces se caracterizaron por desarrollarse en un ambiente de mayor iniciativa individual, de mayor autonomía y menor control por parte de las personas que estaban al frente de las Instituciones ( vida religiosa y parroquia ) así como con la participación conjunta con otros laicos. Sin tener una conciencia explícita de ello, fue en este momento cuando empecé a experimentar que mis aportaciones respondían directamente a mis cualidades, aptitudes y preparación y que mis servicios eran vividos desde la comunidad y para ella.

C) PARTICIPACIÓN PARROQUIAL FUERA DE LA VIDA RELIGIOSA:

En un momento determinado y por planteamientos personales opté por abandonar mis compromisos con la Congregación, a la que pertenecía.

No obstante, continué con las tareas parroquiales en la misma parroquia, en la que estaba hasta el momento y que tenían que ver con la coordinación de la catequesis de Primera Comunión y la participación en las del Bautismo así como en los cursos prematrimoniales. Desde el punto de vista social mantuve mi colaboración activa en la Asociación de Vecinos de la barriada.

Se produjo por entonces cambio de párroco y el nuevo asumió la dirección y coordinación de los servicios que yo venía realizando hasta el momento, sin que mediase en esta decisión diálogo alguno.

D) VIVENCIAS EN GRUPO DE REFLEXIÓN Y CELEBRACIÓN CRISTIANA:

Después de bastantes años de andadura de este grupo y con múltiples altibajos tanto en su composición como en su metodología y realizaciones, creo que puedo sacar las siguientes conclusiones en relación con los ministerios desclericalizados:

- se vive una igualdad indistinta para ambos géneros a la hora de las aportaciones al grupo, las cuales se basan en la capacidad y disponibilidad de la persona y no en la diferencia de género.

- la dinámica del grupo es decidida por igual por todos los miembros del grupo, en el que se da la no directividad, cosa que nos ha llevado en reiteradas ocasiones a declinar las exigencias de una cierta metodología.

- la presencia de un cura en el grupo, hombre con el que estoy casada, no parece haber llevado a planteamientos clericales ni por parte de él ni por parte de los demás miembros del grupo. En todo momento se ha conducido como un miembro más, aunque es él quien preside la Eucaristía, celebrada, por lo demás, en un contexto comunitario: lecturas, comentario de la Palabra, oraciones, cantos, etc.

- desde mi condición de mujer, he tratado de aportar al grupo una visión positiva de la sexualidad, una vivencia personal de un Dios más cercano a nuestra vida diaria, así como la defensa de la condición de la mujer en cada cultura y sociedad.

- teniendo al grupo como punto de referencia he optado por prestar diferentes servicios en la sociedad concreta en la que me muevo, sin sentirme controlada por persona o instancia alguna, sí, en cambio, respetada e impulsada a continuar en mis opciones, tales como en la Coordinadora contra la droga, en la creación de una residencia para enfermos terminales del sida, en la puesta en funcionamiento del programa Proyecto Hombre, integración en el movimiento 0,7 local y en la puesta en marcha de La Línea Acoge para inmigrantes.



Nunca en mi vida, ni en mi largo tiempo de estudiante, ni como sacerdote durante 22 años, se me había ocurrido visitar una Cárcel.

Sólo por obligaciones de mi cargo me vi obligado a visitarla, pero, por tener que acompañar a mi Obispo.

En las pocas ocasiones oficiales que esto ocurrió: 2 en Huelva y 3 en Valencia, el sólo hecho de entrar ya me sobrecogía, pero, como solamente el trato con los Presos era desde la «Altura y Distancia del Altar», no me infundía mucho miedo, ya que estaba rodeado por los funcionarios que se encargaban de la vigilancia y el orden.

Así dicho fríamente quiero dar a entender que con 5 veces visitadas, no tenía conocimientos suficientes como para decir qué es una Cárcel.

Pasó el tiempo, transcurrieron los años y 15 después de mi Secularización, me di de cara con una persona seglar que me brindó la OPORTUNIDAD de poder pertenecer a la O.N.G. - Voluntariado Interno de la Cárcel de Huelva.

Me lo repensé bien y no lo veía muy claro. Creía iba a suponer para mí un gran compromiso. Y mira por donde que en esas fechas es conducido a la Cárcel un viejo amigo mío. Hago todo lo posible por que me dejen entrar y todo son pegas, ya no pertenecía a la Clerecía, y todas las puertas se me iban cerrando; además que la burocracia Penitenciaria es muy complicada.

Estaba en esos momentos de mi vida muy impactado con la Palabra de Dios, tanto que estaba siendo fuerte sostén en mi vida; yo mismo estaba sorprendido cómo actuaba Dios y con qué empuje experimentaba su paso en medio de mi realidad concreta

Manejando la Biblia, topé un día con el capítulo 4 de Lucas, versículos 18 y 19 donde Jesús de Nazaret con contundencia, autoridad y toda unción brinda al que va a ser el Nuevo Pueblo de Israel su Discurso Programático, en el que manifiesta taxa-tivamente que ha venido para:

-Traer la Buena Nueva a los Pobres,

-Anunciar a los cautivos su libertad

-A los ciegos que pronto van a ver, etc...

Y me hizo tanta pupa que me interrogué a mí mismo, diciendo. ¿Cuándo voy a dar yo respuesta a esta Palabra? ¿Sigo abrazándome a la comodidad de mi mundillo, sin tener en cuenta para nada al mundo de los excluidos y marginados? Y comprendí que aquel compromiso eludido un día había que hacerlo resurgir hoy, ya que de no ser así la Palabra de Dios volvería de nuevo vacía.

Tomé la determinación e inicié la tramitación para que me concedieran a través de la Pastoral Penitenciaria la autorización de poder entrar en la Cárcel, haciéndome miembro para ello del Voluntariado de su O.N.G.

Hasta aquí los hechos. Ahora después de 4 años os narro mi experiencia, contestando a las 2 siguientes preguntas:

1. ¿QUÉ ES PARA MI HOY LA CÁRCEL?

Un lugar totalmente cerrado, vigilado milímetro a milímetro donde habitan «sin esperanza» una multitud de Hombres y Mujeres -casi todos jóvenes-, arrojados allí por culpa de sus errores, para que paguen con el interminable tiempo el mal atropello que hicieron a la Sociedad, porque ésta no consiente que la «pisoteen tan descaradamente». ¡Fuera! Exclaman la mayoría. Es por tanto, un lugar de:

- Sufrimiento.

- Despersonalización. - Amargura.

- Privación absoluta de Libertad..

Ellos proceden de categorías sociales «muy humildes», por cuya causa sus necesidades perentorias y costumbres estaban desprovistas de:

- Cultura.

- Ambiente Educacional.

- Sana y Resuelta economía.

- Habitabilidad Higiénica.

- Indefinida Situación de Paro.

- Deformación Sexual y Familiar en grado sumo, etc...etc...

Y todos influenciados lógicamente porque se han desenvuelto en un mundo donde tanto el Hombre como la Mujer se han visto desposeídos de valores fundamentales y caminando - como fuera - para buscar más el tener que el ser persona.

Y ese ambiente absurdo para los «cultos», pero, facilón para los «Incultos y Marginados» de la Sociedad fue lo que les llevó por desgracia a esas situaciones macabras y de error, -de delitos y más delitos- por lo que buscaron conscientes o inconscientemente ese estado de «Privación de Libertad», a causa del error o de los delitos cometidos.

Allí dentro el preso se tiene que ajustar lógicamente a un Reglamento Carcelario, cuyo horario tiene que cumplir a rajatabla. Y como están clasificados por delitos y comportamientos y según sean estos en los distintos módulos, puede ocurrir que los que no están en Módulos de Destinos o Servicios varios se encuentran que durante casi todo el día dispone de su tiempo para: hablar, jugar, leer, entretenerse con manua-lidades, etc.

Situación ésta que como cae en una monotonía y rutina insoportable, le lleva normalmente a crearle un estado de depresión, en el que reconsidera su grado de Libertad, viéndose un día y otro totalmente condenado a la soledad y a la marginación, y ocasionándole continuos sufrimientos por:

-El abandono. en que se encuentra.

-La soledad que experimentan

-El olvido de familiares, amigos, conocidos

-El Desprecio de todos los de fuera

Y también porque se ve envuelto continuamente en un mundo oscuro donde únicamente aparece:

-Personas Extranjeras.

-Detenidos por Delitos Sexuales.

-Enfermos Psíquicos.

-Enfermos de Sida.

- Drogadictos.

- Ladrones.

-Criminales, etc...etc...

Y él mismo se pregunta: ¿Me va a servir esto para algo?

Ni le redime, ni le purifica, ni le va a reducir el tiempo. Por lo tanto, le deprime, le hunde y se desespera. La Cárcel es más un lugar donde se va rumiando la rebeldía en exceso que lugar de Rehabilitación y Reflexión continua.

2.- FINALMENTE ¿QUÉ HA SUPUESTO EN MI VIDA EL HECHO DE SER VOLUNTARIO DE LA CÁRCEL?

En primar lugar, la extraordinaria experiencia de haberme convertido en un Don Nadie. He ido siempre por la vida como maestro. Así me formaron y así me enseñaron a actuar. En la Cárcel no sirven para nada los programas y, menos, los relacionados con el Tema Religioso. Convencido que puedo hacer de puente para que Dios pase, pero, sin ruido alguno, sin llamar la atención, sin imposiciones de maestro a discípulo, esforzándome en ser uno igual a cualquier preso, sabiendo estar ante ellos, siendo delicado en la escucha, no prometiendo cosas que después queden en el aire, acompañarles con gusto, que no crean que voy por curiosidad o por hobby, sino poniéndoles en el trance de que ellos mismos se interroguen por qué un día y otro, una semana y la otra también soy constante en salir a su encuentro sin recibir nada a cambio.

Y en segundo y último lugar, para dar cumplimiento a la Palabra recibida, reconociendo que la invitación que Jesús de Nazaret me hace a cada instante de sentarme a la mesa con el hambriento, sediento, forastero, enfermo o el que está en la Cárcel es exactamente igual que si estuviera junto a Él, «porque cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo». (Mateo 25, 40).

Ya era hora que reflexionase un poco y en serio sobre el Mundo de los Marginados.

Dios no excluye a nadie. ¡Si Dios tuviera que excluir de su Creación al que no acepta su voluntad ni cumple sus mandatos, al que se comporta indignamente, al que destruye lo que Él ha hecho, al que en definitiva es un peligro para los demás...! La verdad es que Dios se quedaría muy solo.

Si el anuncio del Reino entusiasmó a los más ignorantes de la Sociedad Judía es que el contenido de tan deslumbrador Mensaje, estaba al alcance de cualquiera por más simple y analfabeto que este fuera.

Si importante es el Magisterio de la Iglesia, también es importante el Magisterio de los Sencillos, ésos que no tienen que decir nada en este mundo, pero, a ésos precisamente son a los que Dios ha revelado sus misterios más profundos; misterios que se han ocultado a los sabios y entendidos y se lo ha dado a conocer a lo necio, débil, plebeyo, a lo despreciado y a lo que no cuenta para nada en este Mundo.

Esta es mi reflexión y ¡Ojalá los Encarcelados! por la sola presencia del Voluntariado en medio de ellos puedan descubrir que somos unos enviados del que es el Abrazo de Dios a los Hombres y Mujeres de este Mundo:¡Cristo Jesús, Salvador de Todos!