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CaCacerolas por la
paz
De ventanas y
balcones
cuelgan pancartas:
"No a la guerra".
Ayer se rodeó la
ciudad
con una cadena
humana
como un abrazo de
paz.
Riadas de personas
por las calles
expresan un
sentir:"¿guerra? no, gracias".
Y en la noche
tranquila de primavera
empieza a sonar un
concierto
que tiene el ruido
por música,
cacharros por
instrumentos,
ciudadanos por
intérpretes
y un mensaje de paz
echado al aire.
Todo ritmo vale,
cualquier sonido.
Empieza tímido, se
anima, va "in crescendo"
y mantiene su tempo
con un motivo claro: ¡guerra no!
Un tam tam urbano de
balcón a balcón
transmite el
mensaje,
recibe la respuesta,
acuerda un consenso,
muestra una
protesta.
En la selva global
la ley del más fuerte
es contestada con la
fuerza del débil,
con el grito
indignado.
El cacharro golpeado
dice: aquí estamos,
y decimos ¡no!.
No se lo decimos al
emperador, que no hace caso.
Nos lo decimos
nosotros.
Y se lo decimos al
vecino, y lo escuchamos,
y así nos
reafirmamos: ¡guerra no!
Que cese la guerra,
todas las guerras.
¡Malditas
las guerras
y los canallas que
las apoyan!
Deme.
Abril 2003
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