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QUEREMOS LA PAZ
Como tanto miles, millones, de ciudadanos del mundo nos sentimos indignados por la guerra injusta e injustificable contra Irak. Creemos que es una obscenidad hacer una guerra que mata a seres inocentes y pobres, en vez de ayudarles a salir de su pobreza, el hambre, la enfermedad y la incultura y proporcionarles una vida más digna. No nos cabe en la cabeza que se pueda masacrar a todo un pueblo para librarse de un gobernante tirano. Las preguntas se nos golpean :¿Qué culpa tiene el pueblo? ¿Por qué se destinan tantos recursos y esfuerzos para matar? ¿Qué pasa en las mentes y en las conciencias de los gobernantes para organizar estas masacres? ¿Es que la economía es más importante que la vida, la dignidad los derechos humanos, la humanidad? No entendemos nada. ¿Será que nosotros, como tantas otras personas, no somos políticos y no entendemos de macroeconomías, globalización, transacciones financieras y nos dedicamos a cosas tan triviales y domésticas como crear humanidad, solidaridad,pacifismo, ecología, inculturación, ecumenismo, utopía? Nos retorcemos de rabia. Pero no nos damos por vencidos. Hay que vencer a la guerra. Y por ello luchamos junto a millones con el grito, la palabra y el llanto, la oración, la pancarta, la manifestación, la vigilia, el boicot a los productos de países guerreros, con el paro laboral, internet, el cabreo visceral. Somos muchos, muchos más cada día que nos vemos y coincidimos en consignas y sentimientos: No a la guerra, Nunca más. Paz, paz, paz. Sólo admitimos una guerra: la lucha contra la pobreza, la desigualdad, la humillación, la muerte de la humanidad. Y con las armas humanas de la razón, la justicia, el derecho, el sentimiento, la opinión pública, Dios, la democracia, la desobediencia civil, la no violencia, la compasión y el perdón. No son “bombas inteligentes” de destrucción masiva, que no saben de valores. No son misiles con cabezas nucleares, que no entienden de sentimientos. Son la fuerza humanitaria cargada de energía positiva, producida en el corazón de las gentes de buena voluntad. La guerra nos ha hecho daño, hemos sentido su efecto devastador aquí en la retaguardia. ¡Cuánto será el dolor producido en el campo de batalla! ¡Malditas las guerras y los canallas que las impulsan y producen! Esperamos, ansiamos, necesitamos la paz, para que aparezcan un nuevo cielo y una nueva tierra más parecidos a los originales. Dios lo hará posible.
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