INTERROGANTES

Juan Antonio Estrada

 

 

1.-¿Cree que la teología
siempre tiene
respuestas a los grandes interrogantes del hombre?

La religión tiene que ofrecer motivos para vivir y luchar, una religión que no aporta nada a la vida no sirve para nada. Ofrece orientaciones y motivaciones para abordar el sufrimiento, la pregunta por el bien y el mal, el sentido del nacimiento y de la muerte, identidad y cohesión, etc. La teología es reflexión sobre la fe y debe mediar entre las necesidades personales y las respuestas de la religión. La crisis de la teología viene cuando no responde a las preguntas humanas, cuando se despreocupa de lo que importa a la gente y se dedica a reflexionar sobre otras cuestiones carentes de significado para la mayoría de las personas. Entonces la teología es un saber erudito, que no interesa, que sólo preocupa a los especialistas y la religión entra en crisis.

2.- ¿Ante el sufrimiento y el dolor, es Dios quien pone a prueba al hombre y le exige fe ciega?

Dios no pone a prueba al hombre, ni quiere el dolor. Esta es la idea primitiva que tenía la religión judía con el sacrificio de Isaac, al que había que inmolar a Dios. Luego vino Jesús, asesinado por su fidelidad a Dios y los hombres. Dios no quiere el sufrimiento, ni el de Jesús i el nuestro, no quiere víctimas humanas. El único sacrificio aceptable a Dios, es que nos preocupemos de los demás. Pero Dios no interviene en la historia enviando legiones de ángeles. La locura de Dios es crear al hombre con libertad y autonomía, respetar ambas y no bloquear nuestra capacidad de actuar. La fe está en creer que Dios está con el crucificado, con las víctimas de la injusticia y no con los poderosos que oprimen. La fe está también en saber perdonar, porque el dolor nos deshumaniza y endurece, y nos lleva a la venganza del ciento por uno. Pero Dios no quiere tanto mal como hay en la historia humana, ni lo envía, ni lo permite en cuanto que no puede impedirlo una vez que ha creado personas libres.

3.-¿Qué relación hay entre Dios y el mal?

Dios es el antimal, los enviados de Dios luchan contra el mal físico y el que generamos los hombres. Dios cura el dolor y la enfermedad del cuerpo y del alma. Podemos vivir sin Dios, arreglándonos con el mal en el mundo. Podemos vivir contra Dios, siendo instrumentos del mal, y podemos vivir la vida en relación con Dios, en su presencia, luchando contra el mal. Somos manos de Dios, sus testigos y agentes, en la lucha contra el mal. Dios necesita al hombre para luchar contra el mal, este es el misterio del Dios encarnado, del Dios amor y de esa afirmación de que el que dice que ama a Dios, al que no ve, y no quiere a las personas, a las que ve, es un embustero.

4.-Después del 11 de septiembre y de las guerras como Irak, ¿Cómo hablar de Dios providencia y señor de la historia? ¿Está Dios ausente o silencioso?

Dios no está de manos cruzadas. La providencia no está en que todo lo que ocurre lo envía Dios, porque el mal no está todavía sometido a Dios sino que sigue presente hasta el final de la historia. La providencia es abordar los acontecimientos con fe, confianza y esperanza en Dios. Saber que Dios puede sacar bien del mal y que hay que pedirle fuerzas y perseverancia para evitar el fatalismo y la resignación. Dios no está silencioso, envía testigos, nos interpela constantemente ante el mal, apela a nuestra conciencia, nos moviliza para luchar contra la injusticia y trabajar por la paz. Pero Dios no actúa desde fuera sino desde dentro de la historia, desde el hombre. Dios no es un extraterrestre que interviene desde fuera, sino la fuerza del Espíritu que nos inspira y motiva desde dentro y la historia de Jesús nos sirve de referencia.

5.-6.-¿El hombre abandonado de Dios? ¿Qué significan las dudas, miedos y temores? ¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? El grito de Jesús en la cruz es el de todo ser humano. La duda, el miedo y el temor es la otra cara de la libertad. Tenemos miedo a la libertad, a equivocarnos sin remedio, a no contar con los demás en los momentos críticos. Toda persona vive momentos de desamparo y de abandono. Al final siempre hay momentos en que estamos solos y nadie puede hacer nada por nosotros, salvo estar y acompañar en silencio. Sólo Dios puede hacerse presente en el desamparo, porque Dios es lo más íntimo de nuestra vida, la raíz misma de nuestra personalidad y de la voz de nuestra conciencia.

7.-8.-¿Cómo se hace Dios presente en la historia? ¿Garantiza Dios el futuro del hombre? La vida es una constante lucha con el mal, que se traduce en sufrimiento e injusticia. Dios se hace presente en la forma de asumirlo. Que el mal no triunfe sobre nosotros, deshumanizando y endureciéndonos. Hay gente que hace de su vida un infierno, y la de los demás, por el mal recibido y transmitido. El mal, vivido con y desde Dios, humaniza, flexibiliza, hace más solidario con los otros, enseña a ser generosos, comprender y perdonar. Cuando se sale de la experiencia del sufrimiento con más hondura, humanismo y claridad de visión, entonces hemos triunfado sobre el mal. Al que viva y muera como Jesús, amando y perdonando, Dios le promete participar en la resurrección de Cristo, que es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte, del amor sobre el mal. Esa es la esperanza cristiana de la que hay que aprender y vivir.

9.-10.-¿De dónde, por qué y para qué del mal?

El árbol del conocimiento del bien y el mal es el símbolo del saber divino que ignora el hombre. Sabemos que el mal está ahí, en el origen del hombre. Desde antes de nacer el feto ya experimenta el mal a través de las situaciones de la madre y el mal nos acompaña en todo el proceso de la vida. Sabemos de su omnipresencia, de su origen radical desde las primeras experiencias de la vida y de que es irrebasable. No tenemos la culpa de la conducta de nuestros padres, pero pagamos las consecuencias y nuestros hijos dependerán también de nosotros. Es la solidaridad humana que vincula a todos, para el bien y el mal. Todo lo demás lo ignoramos, nacemos en un mundo con mal. El cristianismo no es saber teórico ni responde a todas las preguntas humanas, sino que es salvación y praxis, nos enseña a cómo conducirnos ante el mal pero no responde a todas las preguntas que tenemos sobre el mal. El adulto conoce que no hay respuestas para todo, asume vivir en la fragmentariedad y el no saber. Lo que Cristo nos enseña es que Dios nos ama y que su amor se hace presente en su vida, porque él vivió por y para los demás. Nos ha mostrado un camino, seguirlo es ser cristiano. Todo lo demás queda para el final de la historia, para lo que llamamos juicio final, para el encuentro definitivo con Dios, que aquí solo percibimos indirectamente, como en un espejo.