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LOS CURAS OBREROS SON
UNA RIQUEZA PARA LA
IGLESIA
POR SU COMPROMISO
Y POR SUS CONTENIDOS
SOCIALES Y MINISTERIALES
En Europa se la jugaron a fondo en los años
cuarenta-setenta y en España una década más tarde.
Con su decisión de compartir hasta el final -y desde
dentro- la misma historia que sus compañeros de tajo, presentaron un
desafío enriquecedor para el mundo obrero. También vivieron -y viven-
desde dentro la Iglesia Institución que en un primer tramo del camino
los condenó, acogiéndolos más tarde en el Concilio Vaticano II, para
ofrecerles –en el tiempo de la "Nueva Evangelización- el silencio de la
mayoría de los obispos junto al aliento de los más comprometidos.
Están presentes en todos los países de Europa y en
algunos de América Latina y de Asia, según un estudio que se acaba de
elaborar bajo el título "Crónica sobre el Movimiento de los curas
obreros de España".
Antes no era necesario hablar de ellos, porque su
presencia era visible en las fábricas, hospitales, junto a los
jornaleros del campo, barriendo las calles, en la enseñanza, en los
talleres, etc. Hoy sí es útil su "relato" para enriquecimiento la
Iglesia, seminaristas, sacerdotes, comunidades y –en general- para los
buscadores de un sentido radical del Evangelio y de la vida. "Su mística
y sus espiritualidad deberían servirnos de guía" dijeron los obispos
franceses hace dos años.
Vamos a sentirlos a lo largo de los tres episodios
de este pliego con el que "Tiempo de hablar y de actuar" quiere reforzar
su testimonio y sus contenidos para riqueza de la comunidad eclesial y
de la sociedad.
1 "CRÓNICA SOBRE EL
MOVIMIENTO DE LOS CURAS OBREROS DE
ESPAÑA 1963 –
2003"
"Curas y Profetas en el interior del mundo
y del movimiento obreros"- Así acabo de defenderlo
públicamente en la Universidad Pontifica de Salamanca (16 de
Junio). He llegado a esta conclusión –compartida por
comunidades eclesiales, teólogos y obispos- después de treinta
años de servicio desde esa opción presbiteral y habiendo
escudriñado más de ciento cincuenta documentos aún inéditos
que han servido de base para la "CRÓNICA" de la que ahora
informo.
Recuperar la memoria martirial y los contenidos
de los curas obreros.
Un triple objetivo me ha animado desde
hace cinco años a hacer este trabajo:
"En primer lugar he pretendido, recuperar y
poner de relieve el testimonio de vida y de sacerdocio
de los curas obreros de España, ya que representan una opción muy
significativa, tanto por su mística de vida compartida día a día con
el mundo obrero..., como por sus contenidos".
"Por lo mismo y en segundo lugar, he pretendido
también resaltar los contenidos sociales, teológicos,
pastorales y ministeriales que dan coherencia estructural a esta
experiencia sacerdotal que arranca en Francia en el año l944, es
aprobada por Concilio Vaticano II en su Documento Presbyterorum
Ordinis, nº 8. y a la que aquel obispo carismático de Vallecas, D.
Alberto Iniesta, se refirió en nuestro segundo Encuentro estatal de
curas obreros (1983) con estas palabras:
"La opción del cura obrero y todo lo que
ella representa debe ser preferencial para la Jerarquía, porque
apunta la dirección de toda la Iglesia. Nos orientáis. Sois como
los exploradores de la tierra prometida, que nos habláis del lugar
donde Dios se encuentra de modo preferencial. La cuestión para la
Iglesia no es si hacer o no pastoral obrera, sino al contrario, si
hacer o no pastoral burguesa".
"Finalmente me ha movido a este trabajo
alentar a los militantes cristianos obreros y a los agentes de
pastoral, incluidos los sacerdotes y obispos que se sientan llamados
a ello, a reforzar en la pastoral concreta lo nuclear de esta
experiencia, en las formas concretas que deba tomar en cada
momento".
Pasión por compartir la vida y el movimiento
obreros y por sentir desde su entramado el Evangelio.
Para poder trabajar en la línea de los objetivos
marcados, me he apoyado en estos cinco pilares:
a. Algunos libros clásicos sobre el tema,
referidos de modo especial al nacimiento de los Curas Obreros en
Francia y sus primeras vicisitudes: He estudiado de modo especial
"France, Pays de mssion?", "Les prêtres Ouvriers, 50 ans d´
histoire et des combats", "Quand Rome condamne" y "Il lavoro
manuale et l´spirtualita, l`itinerario dei pretioperai".
b. Mi experiencia personal implicada en
este tema durante treinta años fecundos, según creo, de mi vida:
en la primera etapa ganando mi vida como cura repartidor de
productos farmacéuticos, al par que compartía en equipo la
responsabilidad parroquial. Mas tarde como cura obrero en una
multinacional con 3000 operarios de toda ideología, creencia y
afiliación síndico-política, al tiempo que acompañaba
pastoralmente algunas pequeñas comunidades o grupos cristianos en
medios obreros. Finalmente, al ser alejado de la fábrica,
comprometiéndome en la tarea de enseñanza como medio
evangelización y de ganar mi vida y la de mi hogar, aceptando al
mismo tiempo la tarea ministerial que me demanda la comunidad
parroquial.
c. La experiencia ministerial de
otros muchos curas obreros de España y de Europa con los que
sigo compartiendo Encuentros nacionales e internacionales (como el
que acabamos de celebrar en Barcelona el pasado fin de semana, con
participación de diez países).
d. Los Documentos aún inéditos que he
debido catalogar y escudriñar y que recogen la profundidad la
riqueza de nuestros Encuentros de zona, nacionales e
internacionales. También me he servido de entrevistas
específicas para temas concretos relacionados con los Curas
obreros.
e. El mensaje especial de la Comisión para
el mundo obrero del episcopado francés (CEMO) dirigido a los
Curas obreros del mundo, reunidos en Estrasburgo en Pentecostés
del año 2001.
Una historia y una reflexión estructuradas en
cuatro partes:
La primera parte (l954-1982) se centra sobre
las distintas experiencias presbiterales previas al
nacimiento de los curas obreros de España y relacionadas con ellos.
Resaltando de modo especial: "las experiencias de trabajo" de
seminaristas y religiosos estudiantes de teología antes de su
drástica supresión por parte de la Curia vaticana 1954 y 1959).; la
tarea de los consiliarios de los Movimientos Apostólicos Obreros
(JOC, HOAC Y ACO de modo especial) en sintonía con la ya cercana
aparición de los curas obreros; la configuración inicial de
algunos núcleos de curas obreros de "zona" (todavía no de ámbito
estatal).
La segunda parte (1982-1987) se polariza
sobre el nacimiento del Colectivo estatal de curas obreros de
España, resaltando el deseo generalizado de que tuviera la mínima
estructura posible y solo por el tiempo necesario; y que el
Colectivo fuera un grupo de "acompañamiento" de y desde dentro
del mundo obrero -no un grupo propio de presión social o eclesial-
al estilo de los que se configuraban en los otros países de Europa
con los que comenzamos a coordinarnos formalmente en el año 1987. En
esta etapa cristaliza la orientación y el tipo de organización del
Colectivo estatal.
La tercera parte (1987-1979 recoge y analiza
los temas de fondo que fueron planteando a la misión obrera
aquellos años de profundo cambio conservador tanto en lo eclesial
como en lo social:
· ¿Cómo hablar de Dios hoy,
en un mundo secularizado?
· ¿Cómo ser solidarios
realmente al aumentar los excluidos?
· Compartamos la esperanza
con un mundo obrero en cambio profundo.
· ¿Qué hacemos los curas
obreros españoles con las nuevas exclusiones que produce el
sistema y por qué?
· Hacia una austeridad
solidaria como nueva cultura en favor de los excluidos.
La cuarta parte (1997-2003) presenta el
futuro de los curas obreros, como una realidad viable en sus
contenidos y en sus compromisos pastorales y ministeriales, aunque
aceptando que podrán cambiar los modos concretos de realizarse, ya
que pertenecen a la Historia y a Dios. En este capítulo me muevo
entre lo que nos aporta, por un lado, el recorrido ya hecho y
contrastado –tanto en España, como en otros países- y, por otro, la
convicción de que para el reforzamiento de los curas obreros deben
darse cambios de orientación tanto por parte del mundo laboral como
por parte de la Iglesia. Resaltando, en este sentido, que el futuro
de los curas obreros es similar al de otros Colectivos de Iglesia de
talante aperturista y fieles a la eclesiología profunda del concilio
vaticano II: Comunidades Cristianas de Base, Movimiento de
renovación teológica, un Laicado con capacidad de decidir en los
campos profundos de la Iglesia, La aceptación plena de la mujer en
la Iglesia... De cara al futuro estamos todos en el mismo barco.
Un enriquecimiento para la Iglesia, la teología y
el ministerio sacerdotal:
Tanto al final de cada parte como al final de la
tesina presento una reflexión socio – teológica y ministerial que
puede resumirse así:
Nuestro compromiso con el mundo y con el
movimiento obreros ha enriquecido -y enriquece- el ministerio
presbiteral.
La acción pastoral del Colectivo estatal de
curas obreros y su obediencia a la jerarquía han de entenderse
desde los pobres, evangélica y dialéctica.
El soporte de los curas obreros es la
encarnación en lo real, incluido lo estructural, revisada a la luz
del Evangelio..
Los obispos franceses (CEMO) alientan a los
curas obreros de España y del mundo, reunidos en Estrasburgo los
días de Pentecostés del año 2001, con el siguiente mensaje de
clausura: "Vosotros, al participar en las organizaciones del
movimiento obrero y en sus diferentes asociaciones, estáis
recordando que la lucha por la justicia forma parte del anuncio
del Evangelio. Además vosotros manifestáis de una manera
particular que la primera responsabilidad del ministerio episcopal
y presbiteral es anunciar el Evangelio y que este anuncio no debe
circunscribirse a las comunidades ya constituídas y que se reúnen.
Vuestra auténtica aventura espiritual debería ser fuente de
enriquecimiento para toda la Iglesia y, de modo especial, para
otros presbíteros. Merece ser compartida.. Por todo ello, nosotros
queremos manifestar en nombre de toda la Comisión Episcopal para
el Mundo Obrero (CEMO) la fuerza que nos une al servicio de Cristo
y del Evangelio."
La existencia de los curas obreros es una
riqueza para la Iglesia en su responsabilidad misionera y
evangelizadora por lo que debe seguir y ser reforzada. Es la
primera evidencia de mi Crónica; de ella hay que sacar
conclusiones operativas de cara la misión.
El aporte teológico más significativo del
movimiento nacional e internacional de los curas obreros -una vez
rescatado su testimonio martirial- pasa por los siguientes ejes, a
compartir con otros movimientos teológicos y proféticos,
inspirados por el concilio vaticano II. Cito literalmente lo que
digo a este respecto en la introducción a mi tesina:
· Urge reforzar (o, según
ambientes, recuperar) el sentido de la misión y de la
encarnación para una auténtica evangelización.
· Es necesario asumir e
interpretar las mediaciones históricas de la fe. Dios no suele
revelarse directamente.
· La profecía y la ortopraxis ha
de primar sobre la ortodoxia conceptual si queremos hacer caer
el muro que separa a la Iglesia y al mundo obrero.
· La verdadera obediencia
evangélica es dialéctica y se apoya en la preferencia que Dios
siente por los pobres y excluidos.
· La autentica espiritualidad e,
incluso, mística de los curas obreros penetra y atraviesa de
lado a lado la lucha de intereses que se reflejan claramente
en la lucha que representa el mundo obrero.
· Lo fundamental del ministerio
presbiteral pasa por la triple pasión de los ministros: por
Jesús de Nazaret, por lo positivo de la cultura del hombre de
hoy y por el servicio total y desinteresado a la comunidad que
se compromete y celebra. Otras cosas, entre las que cito de
modo explícito el celibato, son opcionales, muy
secundarias y deben ser sometidas a juicio y decisión de la
comunidad eclesial por bien de la misión y de la Iglesia.
Nota : Si alguna persona desea una mayor
información sobre este tema, o enviar algún dato de interés para
ampliar este trabajo, puede dirigirse a
jppinillo@yahoo.es o al correo postal: calle Sierra de
Tornavacas, 6, 1-B, 28031-Madridº.
Julio P. Pinillos
2 CURAS OBREROS: "SOMOS
COMO ESOS VIEJOS ÁRBOLES"
La hondura de los Curas obreros españoles –
pasado, presente, futuro – queda magistralmente recogida en esta
reflexión que nos presenta el cura obrero de Sevilla Esteban Tabares
I.- DE DÓNDE VENIMOS.
Afrontar un contencioso histórico.
Las relaciones entre la Iglesia y la clase obrera han
sido siempre muy complejas y en cada país han tenido y tienen notas
comunes junto a otras características más específicas de cada lugar.
Pero es innegable la existencia de un contencioso histórico entre
Iglesia y mundo obrero en general. Dicho contencioso hunde sus raíces en
la incomprensión y enfrentamiento de la Iglesia con los valores de la
Modernidad y en su opción por el Antiguo Régimen frente al advenimiento
de las democracias y de las libertades ciudadanas.
Todos los movimientos sociales emancipatorios
tuvieron siempre enfrente a la Iglesia, a la estructura religiosa
oficial. Se produjo así una recíproca incomunicación y una
descristianización progresiva, e incluso enfrentamientos violentos en
varias épocas. Clase obrera e Iglesia se miraron como enemigos y el muro
de separación se alzaba cada día más alto.
Ante esta situación de descristianización o de
enfrentamiento nace en Francia una intuición misionera clave:
"fundar la Iglesia" en la clase obrera tal como ésta es, sin
amarillismos, aceptando sus luchas y sus diversas corrientes
ideológicas, mirando sin recelos al marxismo y al ateísmo existentes en
su seno.
Se trataba de buscar caminos para que los
trabajadores y la clase obrera puedan acceder a la fe y al
reconocimiento de Cristo. Ahora ya no se quiere ver a la clase
obrera como un desierto espiritual, sino como un ámbito
con muchos valores humanos (valores que, al mismo tiempo, son signos de
la acción del Espíritu Santo) en su lucha por recuperar la dignidad
humana y un lugar en la sociedad, sin explotación y sin dominadores. Se
tiene la certeza de que Dios no pertenece a ningún sistema político, a
ninguna filosofía determinada y que la fe cristiana puede crecer entre
diferentes concepciones del hombre y de la sociedad. En este nuevo clima
misionero surgen los curas obreros.
Es ya histórica aquella Carta de Cuaresma que el
Cardenal Suhard escribió en 1949:
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"Existe un muro que
separa la Iglesia de la gente. Ese muro hay que derribarlo como
sea para devolver a Cristo a la gente que lo ha perdido. Ese muro
sigue en pie. Es una larga y espesa muralla que separa, en dos
campos cerrados, la Iglesia y la sociedad. El primer deber
sacerdotal de hoy día es tomar conciencia de este hecho y mirar al
mundo de cara... El sacerdote se pregunta hoy: ante este horizonte
oscurecido por el humo de las fábricas, ante esas universidades y
laboratorios de donde salen más problemas que descubrimientos,
¿qué podemos hacer? ¿Ante los trabajadores..., cómo hacernos
semejantes a ellos y convertirnos en sus hermanos?".
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En la actualidad, este esquema tan simplificado
necesita más matizaciones, puesto que se han producido grandes
cambios en la Iglesia, en el mundo en general y también en la clase
obrera en particular: el Concilio Vaticano II, el pluralismo eclesial,
la teología de la liberación, la caída de los comunismos, el descrédito
del marxismo, la pérdida de la identidad de clase obrera, los parados,
la redefinición de los sindicatos y partidos políticos obreros, la
sociedad de consumo, las nuevas clases medias, la división Norte-Sur, la
globalización y el triunfo del neoliberalismo, las otras pobrezas, los
nuevos proletarios, etc... Ciertamente, las situaciones son ahora mucho
más complejas que entonces y, por tanto, hay que huir de las
simplificaciones rápidas.
Pero la cuestión de fondo de antes y de ahora sigue
en pie porque la diferencia de ópticas persiste: no es lo mismo
ver el mundo desde el interior de la Iglesia, que ver la Iglesia desde
el interior del mundo. Según el lugar donde se está así serán
muy diferentes los conceptos, el lenguaje, los intereses, las cuestiones
que preocupan, las soluciones que se ofrecen, las alianzas y amigos de
camino, las prácticas que se ponen en juego, etc... y hasta la
interpretación misma del Evangelio.
Por eso, porque el muro de separación y de
incomprensión aún está alzado, aquella intuición misionera de los
curas obreros (que muy pronto se extendería a otros países, entre ellos
España) sigue siendo hoy necesaria, aunque con las variantes propias de
un tiempo que no es el de épocas pasadas.
Sigue y seguirá vigente acercarse al mundo de los
pobres e integrarse entre ellos como condición imprescindible (lo que
siempre hemos llamado encarnación) para poder deletrear
ahí el mensaje evangélico. Compartiendo, en la medida de lo posible, las
condiciones de vida de los trabajadores; participando en sus luchas por
defender sus derechos y por lograr una organización más justa de la
sociedad y del mundo; estando atentos a las causas del Tercer Mundo y a
cuantos sufren la exclusión social; unidos a ateos, agnósticos, a
creyentes de otras religiones... testimoniamos el Amor de Dios que, para
ser universal, opta por los despreciados y los últimos de la sociedad.
II.- DÓNDE ESTAMOS
Arraigados en la opción misionera y en la vida del
pueblo.
El trabajo civil es nuestra manera normal de ganarnos
la vida y la forma de estar metidos entre la gente como uno más,
"como uno de tantos" (Fil. 2,7). Nuestra vida de curas obreros
gira en torno a la actividad laboral y todos sus condicionamientos: la
vida de un barrio popular, los movimientos sindicales, los partidos
políticos de izquierda, las asociaciones, los ambientes de marginación y
de exclusión social, la inmigración, los grupos cristianos de base, los
movimientos obreros de A.C., etc. Allí donde la gente vive a ras de
tierra ("humus", humano, humanidad, humanización...), ese es el
lugar donde germinan y florecen los brotes del Reinado de Dios que
nosotros queremos favorecer mediante nuestro ministerio (servicio)
de curas obreros.
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Nuestra inserción
en el mundo del trabajo es para estar en él a favor de la vida y
que ésta sea abundante: "La gloria de Dios es que el hombre viva"
(San Ireneo). La lucha por la justicia, por el derecho a un
trabajo en condiciones dignas, por los Derechos Humanos para
todos, etc. forma parte del anuncio de la Buena Noticia. "La lucha
por la justicia es parte integrante del anuncio explícito del
Evangelio" (Pablo VI).
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Intentamos estar en las causas de los problemas, en
lo más duro de las situaciones injustas, allí donde la falta de
horizonte humano es el pan casi diario de mucha gente. Creemos que
estamos en nuestro sitio, sin angustias, libremente, y es ahí
donde realizamos nuestro ministerio, primero como cristianos y, además,
como curas. Ahí nos esforzamos por hacer crecer la vida, la esperanza y
la liberación junto con otros militantes de la vida –cristianos o no
cristianos- que, desde distintas motivaciones, intentan también
transformar esta sociedad luchando contra los sistemas y situaciones de
muerte.
Este impulso y opción por estar metidos (encarnados)
entre la gente sencilla del pueblo y del mundo obrero en particular,
asumiendo sus valores positivos y sus organizaciones propias, lo
alimentamos en la vida y el testimonio de Jesús,
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"que se despojó de
su rango y asumió la condición de simple mortal y fue un hombre
como los demás. Y como tal ser humano se hizo pequeño y modesto y
fue obediente por su camino hasta la muerte, y una muerte de
criminal crucificado" (Fil.25-8).
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Estamos en trabajos profesionales de todo tipo:
metalúrgico, electricista, jardinero, pintor, barrendero, albañil,
chófer, enfermero, administrativo, educador, jornalero agrícola,
informático, profesor, chapucero, campesino... Muchos ya están jubilados
y otros murieron. Todos estamos en compromisos sindicales, políticos o
sociales: con jóvenes, con inmigrantes, con drogadictos, con parados,
con los sin techo, etc. Algunos también ocupan puestos de
responsabilidad sindical.
Unos están en los movimientos obreros de A.C. (HOAC,
JOC, etc.), otros en comunidades cristianas de base, algunos son
párrocos o colaboran en parroquias de barriadas, otros están en la
corriente "Somos Iglesia", otros están presentes y activos en el
presbiterio diocesano, hay algunos casados y viviendo en familia...
A grandes rasgos, nos vemos y nos situamos en
la periferia tanto social como eclesial. Es ahí
precisamente donde queremos estar. Toda institución, cualquier sistema
social o religioso, genera un centro y una periferia. En el centro casi
siempre están el poder, la visibilidad, el privilegio, la autoridad, la
lejanía... En la periferia están la servicialidad discreta, el anonimato
sencillo, la vida a ras de tierra, la levadura y el grano de trigo, la
decisión compartida y la cercanía a la gente en su cotidianidad: sus
problemas, sus luchas y sus dichas...
En el mundo actual donde el pensamiento único
del sistema neoliberal dominante es una fortísima corriente que arrastra
cuanto encuentra a su paso, situarnos en la periferia es una
buena estrategia para sobrevivir sin que nos lleve esa corriente. Se
trata de vivir contracorriente, pero despacito y casi a escondidas, sin
entrar en el centro para no ser arrastrados, haciendo como los bichitos
que sobreviven y se buscan la vida en los charcos de la orilla.
Lamentablemente, también en la Iglesia, en cuanto
institución humana que es, existe una periferia donde residen, entre
otros, aquellos grupos y personas que se resisten a aplaudir muchos
criterios y actuaciones de la oficialidad central. Al gual que muchos de
ellos, son bastantes los curas obreros que, por querer estar cerca de la
gente, se han de situar lejos del centro, en una distancia (e incluso
disidencia) parcial y consciente. En ocasiones, esta lejanía viene
originada por la institución eclesiástica misma, puesto que hay curas
obreros que se sienten semi-ignorados, tolerados pero no impulsados, ni
alentados, ni comprendidos, casi ignorados, sin reconocimiento oficial;
porque desde "arriba" no ven bien que estos curas estén tan "abajo".
También hay otros curas obreros que han recibido un "envío oficial"
y lo son tanto por opción como porque institucionalmente se ha
comprendido y asumido su misión evangelizadora.
Desde hace años, no obstante, se nota un retroceso
tanto institucional como de mentalidad general a la hora de fomentar y
propiciar este tipo de presencias misioneras dentro del mundo obrero y
popular, no solamente de curas, sino también de religiosas y religiosos
que, en etapas anteriores, supieron cortar amarras y abrirse a
experiencias de "inserción pastoral".
En algunos ambientes se ha generalizado el criterio
pastoral de que, ante la escasez de vocaciones, es una especie de lujo o
despilfarro dedicar curas y otros agentes al trabajo obrero.
¿Realmente esos curas son indispensables ahí? ¿No es más adecuado
que estén sirviendo a los fieles de una parroquia, o que animen los
grupos de A.C., o que impartan clases de religión, o que ayuden a otros
compañeros curas tan sobrecargados a veces de tareas?...
Quienes así piensan confunden los efectos con las
causas y -atemorizados ante el presente- en vez de prever y preparar el
porvenir, olvidan prácticamente la misión de evangelizar, que es
el fundamento eclesial y la fuente del carisma y del envío de los curas
obreros para compartir la vida y las esperanzas de los trabajadores.
Olvidan aspectos importantes del Concilio Vaticano II y olvidan asimismo
que la diversidad de carismas contribuye al bien de toda la Iglesia (Iª
Corintios, cap.12). De esta forma, se recorta la fuerza de la Esperanza
cristiana. ¿Si lo que se pretende es salvaguardar y cuidar lo que va
quedando de cristianos aquí en occidente, por qué no hacer que vuelvan
los misioneros que están en países del Tercer Mundo o impedir que se
marchen más? O bien, ¿por qué no exigir a los monjes contemplativos que
dejen sus monasterios para atender las parroquias u otros menesteres
pastorales?...
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La institución nunca
debería sofocar el Espíritu,
pues "En la casa de mi
Padre hay muchas moradas".
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Nosotros hemos optado por morar junto al mundo obrero
y popular. He aquí una de nuestras más fuertes convicciones que nos
animan a seguir fieles a la intuición misionera que un día nos impulsó a
vivir como curas obreros: Vivir como cristianos y como curas obreros
la aventura de un mundo inseguro, de un mundo a construir, mirando hacia
el futuro, y seguros del Amor que Dios tiene por este mundo nuestro en
convulsión, en riesgo, pero también en esperanza de que otro mundo es
posible y lo será.
III.- HACIA DONDE VAMOS:
1.- Reafirmar la validez del ministerio de curas
obreros.
"El trabajo manual no es simplemente un medio de
ganarme la vida, sino la forma prioritaria y privilegiada de ejercer mi
ministerio sacerdotal"... Esta afirmación seguramente la
suscribimos la mayoría de los curas obreros. Plantea la cuestión de
la validez del ministerio de los curas obreros como tal, rechazando
su legitimación a través de actos sacerdotales realizados fuera de ese
contexto obrero. De hacerlo así, eso significaría una dicotomía ilógica
e insoportable: en el trabajo serían simples trabajadores, militantes,
cristianos en el trabajo, etc. pero sacerdotes lo serían sólo en otros
lugares más visiblemente eclesiásticos.
Al enviar sacerdotes al mundo del trabajo, la Iglesia
ofrece un signo de su preferencia por los últimos, como Jesús. Es un
gesto gratuito, a fondo perdido, es un testimonio y no una inversión que
busca la máxima rentabilidad pastoral. Ajustar las cuentas a los curas
obreros para que muestren los resultados de su ministerio sería
exigirles una eficacia muy parecida al proselitismo; sería negar la
gratuidad del amor que se quiere manifestar.
Insistimos en que los curas obreros son enviados
por la Iglesia, aunque en la mayoría de los casos no hubiere un
encargo institucional específico. Pero la clase obrera tiene derecho a
recibir no sólo algunos obreros o militantes cristianos, sino también
curas, sacerdotes. Los curas obreros quieren ser reconocidos
por lo que son y como son: curas en el trabajo.
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Todo lo que hacen y
viven forma parte de su ministerio y de su misión eclesial, pues
así entienden el seguimiento de Cristo, único sacerdote: "No
quieres sacrificios ni ofrendas; en vez de eso, me has dado un
cuerpo a mí. No te agradan holocaustos y víctimas expiatorias;
entonces dije: Aquí estoy yo, Dios mío, para realizar tu designio"
(Hebreos 10,5-7).
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Nos sentimos curas obreros, pero no clérigos
ni funcionarios eclesiásticos. Estamos y nos sentimos dentro de la
institución, pero al mismo tiempo somos libres y participamos solamente
en aquello que tenga sentido liberador. Somos una presencia cualificada
de la Iglesia en el mundo obrero y vale la pena estar con los que
estamos, sin proselitismos. A la vez, vivimos un ministerio muy
significativo para la propia Iglesia, aunque no siempre es comprendido y
estimulado.
Estar en el mundo del trabajo nos ha dado un sentido
centrífugo, hacia fuera, mientras que hay sectores de la Iglesia que
tienen un sentido centrípeto, cerrados hacia sí mismos. Tenemos el
derecho y el deber de ser una voz y un estilo de vida como curas
dentro de la Iglesia, aportando nuestro carisma y creando interrogantes
en una estructura tan alejada a veces de la vida del mundo obrero, del
mundo de los empobrecidos y de sus luchas. En muchas ocasiones, la
Iglesia pretende encuadrar su misión dentro de unos marcos
institucionales muy planificados (parroquia, catequesis, movimientos,
etc.). En cambio, el ministerio de los curas obreros (aunque no sólo
ellos) nos recuerda que la misión es siempre algo frágil, arriesgado,
abierto, comprometido, no totalmente encuadrable en "planes pastorales
diocesanos" a corto plazo.
Hemos de clarificar y encontrar nuestro espacio en la
Iglesia y no resignarnos ni sentirnos a gusto como unos marginados
dentro de ella. Junto a otros colectivos cristianos, aportamos elementos
de interpelación muy necesarios siempre: no a la estratificación ni al
poder en la Iglesia; no a la vida cómoda del clero; ejercer el
ministerio gratuitamente, sin ser gravosos a la comunidad; evitar el
funcionariado religioso; afirmar la igualdad de un pueblo de laicos
frente al centralismo clerical; reconocer la diversidad de ministerios y
el valor de la comunidad; que los empobrecidos y las situaciones
injustas estén siempre en el centro del quehacer de la Iglesia, etc.
Todo cuanto vivimos dentro del mundo obrero, que
tanto nos ha transformado y enriquecido como personas y como cristianos,
hemos de comunicarlo en Iglesia. Como los discípulos en el Tabor, no
podemos quedarnos arriba ni aparte ("!Qué bien se está aquí!"),
sino que hemos de bajar y comunicar lo que hemos visto y vivido.
Los curas obreros tenemos una responsabilidad
especial en la búsqueda de un lenguaje de la fe acorde con el mundo
secular de hoy día. Por la situación social que ocupamos y por la
forma de vivir un sacerdocio misionero, por otras tareas pastorales que
algunos también tienen, podemos aportar mucho a la Iglesia para elaborar
palabras y actitudes eclesiales que no sean ajenas a la vida de la gente
y que, a la vez, sean entendidas como buena noticia.
Finalmente, de cara a nuestros propios compañeros de
trabajo, vivimos la preocupación del acompañamiento de aquellos que
tienen fe cristiana, o que han descubierto un atisbo de fe. ¿Qué hacer y
cómo para no quedarnos siempre en los fundamentos subterráneos o en la
creación de un clima favorable para el anuncio? Se trata de pasar del
testimonio personal de la fe a la creación progresiva de una comunidad
cristiana. Pero en esta tarea ya estamos al mismo nivel de exigencia
y de preocupación que los demás cristianos e instancias pastorales con
inquietud misionera.
2.- Abrirnos a nuevas cuestiones y presencias.
Los tiempos cambian y el mundo actual es muy
diferente al de hace 40-50 años. ¿Estamos instalados con el paso de la
edad en nuestros viejos esquemas, sin la audacia, el vigor y el
entusiasmo necesarios para plantear y vivir nuevas presencias en medio
de los nuevos pobres o excluidos sociales?
Hay que evitar el riesgo de quedarnos encerrados en
una visión demasiado militante o sindical de la clase obrera, pues nos
puede dificultar tener en cuenta la compleja amplitud de la vida obrera
con todas las transformaciones que se están produciendo en ella:
inmigrantes, parados, interinos, temporeros, jóvenes sin trabajo,
contratos-basura, Tercer Mundo, etc. ¿Dónde nos situamos hoy día como
curas obreros?...
Esteban Tabares Carrasco
3 "SOIS COMO LOS
EXPLORADORES
DE LA TIERRA PROMETIDA"
(XV Encuentro Internacional de Curas
Obreros. Barcelona /2003)
Como documento de actualidad, referido a los
curas obreros de España vale la pena publicar el resumen del
último Encuentro que hemos celebrado. De este modo queda patente
que seguimos y construimos futuro. Sabemos que esto alienta a
algunos sacerdotes jóvenes que están buscando.
En los días 7-9 de Junio del presente año hemos
celebrado en Barcelona el XV Encuentro Internacional representantes de
Curas Obreros de diez países de Europa, cuya realidad numérica, tanto
laboral como eclesial, queda recogida en el amplio trabajo que Julio P.
Pinillos acaba de realizar bajo el título "Crónica del Movimiento de
Curas Obreros en España". De los 580 curas obreros franceses ya están
jubilados o prejubilados 350, trabajando la gran mayoría en la industria
y derivados. 110 son los Curas Obreros italianos, de los que 35 son
jubilados; la mayoría trabajan en los servicios y en la artesanía. Al
colectivo de Curas Obreros de Alemania se han unido religiosas
asalariadas y - ¡esto es ecumenismo real y de base¡- pastores
protestantes. Algo similar está ocurriendo en el Reino Unido entre
católicos y anglicanos. En España se habla de 100 Curas Obreros en los
distintos sectores de la producción que después mencionaremos. También
existen colectivos de Curas Obreros fuera de Europa: Chile, Argentina,
Corea, Japón...
Es característica común de todos estos Curas Obreros
ganar su vida trabajando en cualquier rama y oficio: metalúrgicos,
mecánicos, electricistas, carpinteros, vidrieros, limpia-vidrieros,
basureros, jardineros, campesinos, pintores, ATS, auxiliares
hospitalarios, artes gráficas, peones de la construcción, oficinistas,
profesores, camareros, chatarreros, "chapuceros" y parados. Casi todos
están sindicados, a pesar de la debilidad de esas organizaciones aún
necesarias. Todos participan en la Misión evangelizadora ministerial de
la Iglesia, aunque de modos muy diferentes: en los movimientos
apostólicos obreros (JOC, HOAC, ACO...), en las comunidades de base en
ambiente obrero, ayudando en parroquias de barrios populares y en
numerosos grupos eclesiales sin especial adscripción Este es el caso de
muchos curas obreros casados, cuyo ministerio presbiteral es acogido
antes por las iglesias "locales" de base que por la institución
jerárquica como recoge Julio P. Pinillos en el trabajo antes mencionado.
Tema del XV Encuentro
"Vivir la dimensión internacional, intercultural e
interreligiosa" es el lema de este XV Encuentro Internacional de
Curas Obreros que ha sido preparado por el collectiu de Capellans Obrers
dels Paisös Catalans que tanto apoyo han prestado siempre al conjunto de
los Curas Obreros del territorio español. Ellos fueron los primeros en
vincularse a los colectivos europeos. Tienen experiencia en preparar
este tipo de encuentros, ya que orientaron el del año 1992 con "la
Comunidad Europea" como telón de fondo.
"En cada encuentro internacional- así lo recoge Julio
P. Pinillos en su trabajo- seguimos 'exponiendo nuestras raíces al
sol` como formulábamos en nuestra primera reunión internacional de
1987. Es la mejor manera de que las raíces se consoliden compartiendo a
tope y desde dentro la historia cotidiana del mundo obrero como una
opción evangélica de vida. Es el "estar-con" subrayado por los
inspiradores de esta experiencia sacerdotal H. Godin e Y. Daniel autores
del libro France, Pays de Mission? y por el cardenal de París, É.
Suhard, que no pudo dormir tranquilo la noche que leyó de un tirón el
muro de separación entre la Iglesia y el mundo obrero que dibujaban
los autores de este libro."
Nuestras raíces de referencia pasan por compartir al
máximo la vida del mundo obrero que hoy acaba, para un alto porcentaje,
en la exclusión; pasan también por el servicio decidido y entre
iguales a las personas del mundo obrero "clásico", el de los
trabajadores fijos, y actualmente, el de los parados, discontinuos y
habitualmente excluidos; y, finalmente, por entender que el Reino es lo
más importante y la razón de ser de la Iglesia. Verificar estas raíces
puede resultar doloroso y marginalizador. Pero "en la periferia
también hay vida", en palabras del cura obrero sevillano E. Tabares.
Hemos seguido contrastando entre nosotros a lo largo
de este encuentro la verificación de estas raíces con alguna novedad
agradable: que ha estado entre nosotros el obispo Joan Carreras y la
presencia de algunos curas obreros jóvenes que están incorporándose.
Hablan los Obispos
Son palabras las del entonces obispo de Vallecas,
también carismático: "La opción de los curas obreros y todo lo que
ella representa debe ser preferencial para la Jerarquía, porque sois
la punta de lanza de toda la Iglesia; sois nuestros guías; sois como los
exploradores de la tierra prometida, que nos habláis del lugar donde
Dios se encuentra más de un modo preferencial. La cuestión para la
Iglesia no es si hacer o no pastoral obrera, sino al contrario, si hacer
o no pastoral burguesa." Estas palabras las dirigió el obispo D.
Alberto Inhiesta a los curas obreros españoles reunidos en su segundo
encuentro estatal en Pentecostés de 1983
Justo a los 18 años, en Pentecostés de 2001, el
episcopado francés -primer defensor de esta experiencia sacerdotal -
alentaba a los curas obreros de todo el mundo, reunidos en Estrasburgo,
con las palabras siguientes: "Vosotros, al participar en las
organizaciones del movimiento obrero y en sus diferentes asociaciones,
estáis recordando que la lucha por la justicia forma parte del anuncio
del Evangelio. Además vosotros manifestáis de una manera particular que
la primera responsabilidad del ministerio episcopal y presbiteral es
anunciar el Evangelio y que este anuncio no debe circunscribirse a las
comunidades ya constituidas y que se reúnen. Vuestra auténtica
aventura espiritual debería ser fuente de enriquecimiento para toda la
Iglesia y, de modo especial, para otros presbíteros, merece ser
compartida... Por todo ello, nosotros queremos manifestar en nombre de
toda la Comisión Episcopal para el Mundo Obrero (CEMO) la fuerza que nos
une al servicio de Cristo y del Evangelio."
Alentados por estas palabras que, por otra parte,
reflejan la aprobación de los Curas Obreros por el Concilio Vaticano II
(Presbyterorum Ordinis n. 8) hemos concluido este XV Encuentro
Internacional.
José Centeno y Luis Díez Maestro (Colectivo de Curas
Obreros
del Centro-Nor-Oeste y Andalucía) info@curasobreros.com
EL MINISTERIO PRESBITERAL EJERCIDO POR LOS CURAS OBREROS Y LA LEY DE
CELIBATO OBLIGATORIO DE LOS SACERDOTES.
No es el tema de mayor resonancia en la
trayectoria de los curas obreros, pero es importante porque refleja
un modo de interpretar en la practica la ley del celibato en
relación con el ministerio prebiteral. Pienso que tiene cabida
especial en una revista como la de "Tiempo da hablar y tiempo de
actuar".
a. Los curas obreros, un Movimiento de la Iglesia.
El Movimiento internacional de Curas Obreros es un
Movimiento de Iglesia, de nuestra Iglesia católica, nacido en la segunda
guerra mundial, reconocido –gracias a la tenacidad y a la resistencia de
muchos curas, obispos y militantes cristianos obreros- por el Concilio
vaticano II en su Documento Presbyterorum Ordinis, nº 8) y alentado por
algunos obispos y episcopados comprometidos en favor del mundo obrero.
Cito, en primer lugar, las palabras de aquel carismático obispo
vallecano, Alberto Iniesta, dirigidas a los Curas obreros españoles
reunidos en su segundo Encuentro estatal (Pentecostés, 1983):
"La opción del cura obrero y todo lo que ella
representa debe ser preferencial para la Jerarquía, porque apunta la
dirección de toda la Iglesia. Nos orientáis. Sois como los exploradores
de la tierra prometida, que nos habláis del lugar donde Dios se
encuentra de modo preferencial. La cuestión para la Iglesia no es si
hacer o no pastoral obrera, sino al contrario, si hacer o no pastoral
burguesa".
Y la segunda cita la componen las palabras de los
Obispos franceses encargados del mundo obrero (CEMO), dirigidas a los
curas obreros del mundo reunidos en Estrasburgo con ocasión de nuestros
Encuentro mundial (Pentecostés de 2001):
"Vosotros, al participar en las organizaciones del
movimiento obrero y en sus diferentes asociaciones, estáis recordando
que la lucha por la justicia forma parte del anuncio del Evangelio.
Además vosotros manifestáis de una manera particular que la primera
responsabilidad del ministerio episcopal y presbiteral es anunciar el
Evangelio y que este anuncio no debe circunscribirse a las comunidades
ya constituídas y que se reúnen. Vuestra auténtica aventura espiritual
debería ser fuente de enriquecimiento para toda la Iglesia y, de modo
especial, para otros presbíteros. Merece ser compartida.. Por todo ello,
nosotros queremos manifestar en nombre de toda la Comisión Episcopal
para el Mundo Obrero (CEMO) la fuerza que nos une al servicio de Cristo
y del Evangelio."
b. Este Movimiento de la Iglesia reconoce igual al
cura célibe que al casado.
Este Colectivo ha expresado con toda normalidad
–teórica y práctica- que el celibato, como ley medieval y obligatoria,
pertenece al género de lo secundario, discutible y subordinado a otra
realidad más fundamental: el Reino de Dios y la Iglesia como servidora
de ese Reino que se construye día a día desde las realidades plurales
cotidianas. Todo esto, admitido por muchos Obispos, teólogos y
comunidades cristianas lo convierten en algo opcional, radicalmente
opcional, sin poder decir que es más evangélico un camino que otro, ni
lo más servicial, ya que ello depende del tipo de comunidad evangélica a
la que nos estemos refiriendo.
Los curas obreros, nunca han preguntado en sus
reuniones –para aceptar o rechazar- si los compañeros sacerdotes que
participan en los Encuentros nacionales o internacionales son casados o
célibes, tienen su familia y hogar o, por el contrario, son célibes por
que así lo decidieron en su modo de interpretar su fidelidad al mundo
obrero, al Reino y al Evangelio.
Las razones profundas de esta concepción y
sensibilidad ministerial han quedado bien reflejadas, según creo en mi
tesina: "Crónica sobre el movimiento de curas obreros en España".
c. Nuestro compromiso con el mundo obrero nos
descubrió otra polaridad del ministerio presbiteral.
A base, por un lado, de convivir a fondo, "como uno
más", con los obreros sencillos del metal, de la construcción, de los
hospitales, etc, y con los militantes organizados del movimiento obrero
–creyentes o no- y, por otro, a base de analizar, orar e intercambiar
entre los Curas Obreros sobre el sentido del ministerio presbiteral, le
hemos descubierto esta otra polaridad:
Lo importante en el ministerio pasa por
entusiasmarse con la Persona-Mensaje de Jesús, el de Nazaret;
apasionarse, también, con el hombre de hoy y lo positivo de su
cultura y, finalmente, estar al servicio desinteresado de la
Comunidad Cristiana que busca, se compromete y celebra la presencia
del Padre a través del Resucitado.
Otras muchas cosas, que nos imponen como
importantes, son secundarias, están en otro plano y dependen de
circunstancias. Este es el caso del Celibato impuesto a los
pastores.
Este tipo de Celibato impuesto –no el de quien
descubre que es más de Dios sin ejercer la sexualidad ni el compromiso
de hogar- genera la "celibatocracia" o cultivo exagerado al Celibato.
Esta "celibatocracia" crea la casta sacerdotal y divide a la Iglesia en
clérigos y laicos, prima la virginidad -¡impuesta!- sobre el matrimonio,
deja a la Comunidad sin pastores que le den el Pan-Vino del caminante,
comporta sufrimiento grande a muchos sacerdotes llamados al ministerio,
pero a quienes Dios no quiso dar el Carisma del Celibato -¡no se puede
obligar a Dios!-
El Celibato impuesto a los pastores por ley -"si te
casas no puedes ser servidor de la Comunidad"- no tiene soporte en la
Biblia, que deja el camino absolutamente opcional; ni en la Tradición:
¡es la contraria!; ni en la Teología: hay teólogos de mucha categoría en
una y otra postura; ni en una hipotética mayor madurez
espiritual-afectiva, como demuestra la experiencia; ni en un mejor
servicio a la Comunidad cristiana descentralizada: hay testigos muy
serios en uno y en otro lado; ni en la voluntad del pueblo creyente: las
Encuestas hablan; ni en la mayor santidad ya que "tan santo y tan
pecador puede ser el cura casado como el célibe..., todo depende del
amor que uno y otro profesen al Padre y a los hermanos".
La presencia de curas casados en el Colectivo Estatal
y en los de Zona ha enriquecido esta dimensión liberadora, como ya bien
se puso de manifiesto en el I Encuentro Estatal y como escribieron los
Curas Obreros de Zaragoza y de Cataluña .
Este Movimiento eclesial de sacerdotes -aprobado por
el Vaticano II- ha admitido siempre como válido el ejercicio ministerial
de uno y de otro, con tal de que responda a ese triple entusiasmo del
que hablábamos al principio de este punto y esté comprometido con el
mundo obrero, ya se ejerza el ministerio en Movimientos Apostólicos, en
Comunidades de Base o en Parroquias.
Reconociendo la grandeza del celibato libremente
aceptado como uno de lo Signos del Reino -al igual que el amor
matrimonial y de familia- el Movimiento de Curas Obreros aporta,
también, testimonios de una carga mística y ministerial -¡servicio!- de
primera magnitud, en los distintos campos que abarca el ministerio
presbiteral: la diaconía, la Palabra y los Símbolos. En este campo se
han encontrado muy a gusto –y se siguen encontrando- dos Colectivos
serios de Iglesia que han optado por el mismo servicio desinteresado al
pueblo con el que conviven, se entusiasman y trabajan para ganarse la
vida: el Colectivo nacional e internacional de curas obreros y el
Colectivo nacional e internacional de curas casados.
d. Hay Obispos y cardenales que esto lo ven
muy claro
Son, también de agradecer, los alientos que muchos
cardenales y obispos (además de teólogos, comunidades cristianas, pueblo
sencillo...) han manifestado a estos dos Colectivos. Para los referidos
al Colectivo de Curas Obreros, me remito a las pags. 55 y 135 de mi
tesina (las palabras de D. Alberto Iniesta y las de la Conferencia
episcopal para el mundo obrero de Francia, dirigidas a los curas obreros
del mundo, reunidos en Estrasburgo en Pentecostés de 2001).
De la gran jerarquía eclesial, alentadora de la
misión presbiteral que representan los curas católicos casados
retendré los testimonios siguientes:
El cardenal A. Lorscheider, de Fortaleza
(Brasil), nos dijo a los curas casados reunidos en el Encuentro de
Curitiba (Brasil): "Vds., curas casados, no son fugitivos o
desertores, sino pioneros de un movimiento pastoral que necesita la
Iglesia".
El que fuera presidente de la Conferencia
episcopal brasileña, Dom Luciano Méndez: "¿A qué este desperdicio?
Preparamos a los sacerdotes con tanto sacrificio –incluso económico-
para luego tenerlos aparcados como motores perfectos, pero cuyo uso
rechazamos" (Entrevista con los curas casados de Brasil).
El cardenal Lercaro, apasionado de los pobres
dijo, hablando del celibato como ley: ¡Qué error, qué inmenso
error¡.
El cardenal de Londres B. Hume, después de
escuchar durante dos horas en entrevista directa- al comité
ejecutivo de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos
Casados (FISCC) no dijo lo siguiente: "Esto no puede seguir así,
hablaré con Roma ".
¿Estos cardenales, de otra generación, no amaban o
malinterpretaban a la Iglesia del Evangelio de Jesús? ¿ O es que el tema
va por otro lado?
Julio P. Pinillos
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