CURAS OBREROS

Sacerdotes

Queridos hermanos en el servicio sacerdotal,

Compañeros

(táchese lo que proceda o más deleite)

Sin querer poner ninguna pica en Flandes, pero tampoco pasar por estos lares sin pena ni gloria, nos ha ido brotando la necesidad eclesial, comunitaria, de compartir nuestras pequeñas experiencias de inserción y trabajo manual como expresión y ejercicio de nuestro propio ministerio sacerdotal, al mismo tiempo que lo hemos escrito para aclararnos y explicarnos y saber por donde llevamos el tajo.

Convocarnos como CURAS OBREROS a estas alturas, nos daba un poco de palo (vergüenza); juntarnos Manolo Copé, Virgilio y Nacho nos daba un poco de pena.

Necesitamos tomar conciencia y hacer memoria de otras experiencias y de otros hermanos que hicieron camino en esta historia: Federico García, Samuel, Pepe Lozano, Nicandro, Ernesto Gálvez, Manolo Torregrosa y tantos otros (también seminaristas que hicieron más horas que un tonto en bares y cafeterías de toda la Costa Blanca).

En fin, nos hemos ido juntando porque necesitábamos mirar juntos, hacer camino juntos, aguantar y tirar para adelante. Y esta es la Historia, sin más: un pequeño grupo de curas (4) que se han reunido varias veces y que se han dicho cuatro cosas.

En la primera reunión nos contamos lo que estábamos haciendo, dónde estábamos trabajando:

- Virgilio es reponedor en una gran superficie comercial de Alicante. Está en contrato a tiempo parcial.

- Nacho está trabajando en el campo en Dole.

- Manolo Copé echa horas los sábados y festivos en una cafetería-bar de Callosa de Segura.

- Manolo Torregrosa es presencia y memoria viva de esas otras experiencias y de esos... otros hermanos.

Como veis, nada del otro mundo; pero en fin, de eso se trata.

En la siguiente reunión fuimos centrando el tema; queríamos saber más, compartir por qué nos habíamos metido en este berenjenal, qué intuiciones, o sea, a qué tanto jaleo con la falta de curas que hay en las parroquias y para algo que es cosa de laicos (como el SOBERANO); y con todo esto y a toro pasado, qué claves sacerdotales se habían puesto en marcha, o sea, cómo estábamos siendo curas.

Asi que aún siendo cada uno de nuestro padre y de nuestra madre, en la exposición de nuestras motivaciones e intuiciones, fuimos viendo que tampoco estábamos tan lejos; que más o menos nos iba saliendo la misma canción:

- Apostamos por SITUARNOS en la VIDA, sabiendo que uno ve la vida (y posiblemente la fe) desde donde está situado por economía, trabajo, rol, etc. Hay una opción por ir abajándonos y colocándonos con los de abajo y desde ahí leer la historia y la fe.

- Descubríamos la necesidad de encarnarnos, de estar mezclados, insertos; de pertenecer a un pueblo, a una historia y allí compartir alma, vida y corazón (fe/vida).

- Constatamos cierto grado de insatisfacción en el ejercicio ministerial en las parroquias. Somos conscientes de las posibilidades y necesidades, así como valoramos el trabajo y entrega (sin exagerar, como todo en la vida) de nuestros hermanos en el servicio a las comunidades parroquiales; pero también entreveíamos otras posibilidades, otros modos y maneras de ser curas aquí y ahora.

- Nos gustaría VIVIR de otra manera, más evangélica (sin hacer el nota ni cosas raras) pero que abriese esperanza e ilusión en este mundo globalizado y nos permitiese mantenernos en lo esencial.

- Queríamos valorar el trabajo sencillo, el de cada día, el que se hace con "las manos", el que han hecho tantos hombres y mujeres a lo largo de la Historia, el que hemos visto hacer a nuestros padres y madres...

Entendíamos que trabajar así nos podría ayudar a entrar en el "corazón del pueblo".

- Asumimos cierto descontento y crítica ante la sociedad y nuestra Iglesia Diocesana; pero tenemos claro que lo queremos decir en comunión, desde dentro y como servicio a esta Iglesia que tambien es nuestra.

- Queríamos estar cerca de los últimos, de los débiles, de los pobres, sencillos, y compartir con ellos la buena noticia de Jesús.

Bueno pues, estas son "nuestras" intuiciones... bueno nuestras, nuestras...aquí hay de todo y de todos: cosas que oímos a otros, cosas que leímos de otros, cosas que vimos a otros, cosas que heredamos de otros pero que resonaron en nosotros con frescura, como nuevas, y nos empujaron...¿con la fuerza del espíritu? (ojalá sea así para bien nuestro y vuestro!

.... Y así con estos palos y cañicas, hemos ido haciendo camino, hemos ido viviendo las mas de las veces a trancas y a barrancas esas intuiciones que sobre el papel quedan preciosas, pero que luego se viven como se pueden.

Y entre que los que estamos no somos muy espabilados y que la vida da lo que da, nuestro ministerio da para esto:

El ministerio como presencia

Estar ahí dónde están y, en la medida de lo posible, como están nuestros hermanos: a voces sin más, gastando la vida, haciendo un trabajo, echando raíces (sin pena ni gloria) con la única pretensión de ser sacramento (presencia liberadora, gratificante) del Padre común que nos convoca a todos a la mesa fraterna. Estar desde el servicio pequeño, el signo pobre y sencillo y por ende radical y evangélicamente transformador.

El ministerio como acompañamiento

Cada día en nuestro puesto de trabajo se nos abre la posibilidad de compartir la vida, los pequeños acontecimientos de nuestros compañeros de trabajo: ahí nos sentimos acompañados (ganando juntos el jornal, sacando adelante la faena), compartiendo el pan oyendo sus quejas, sus problemas, sus alegrías, y acompañantes.

 

El ministerio como fermento o servicio a la fraternidad

Nuestros trabajos son sencillos, sin especialización, y nos sitúan entre gente sencilla... ahí intentamos hacer familia, hermanos como signo de la presencia del reino.

El ministerio como carisma

Sin querer contraponerlo a nada, ni a jerarquía, ni a involución, ni a nada de nada... simplemente que en la precariedad de la calle, del trabajo, en el mundo del otro, donde uno no manda ni organiza, etc., uno vive cierta libertad de cosas que no son esenciales a nuestro ministerio.

El ministerio como signo en la ciudad secular (postmoderna!

Con sorpresa hemos sido testigos del respeto sencillo, de la acogida sincera, del aprecio sereno con que hemos sido recibidos en nuestros puestos de trabajo. Aquí hemos cobrado conciencia de signos, de apuntar algo desde abajo, con los otros, con sencillez.

E1 ministerio como servicio solidario (in-solidum)

Desde nuestros miedos y dudas, con nuestras contradicciones, pero también con conciencia honesta hemos ido buscando servir a la Iglesia y vivir nuestra vocación (el nombre con el que el Señor nos llama, con el que él nos conoce), y hemos descubierto la necesidad de vivir experiencias comunitarias con nuestros hermanos en el ministerio (vida en común, equipos de vida) para poder ir tirando hacia delante.

La mística de nuestro ministerio

El ejercicio del ministerio en la inserción laboral nos ha hecho ir elaborando nuestra mística (experiencia del Señor) para poder vivir y mantenernos en las fidelidades esenciales. No son muchas pero si que experimentamos que nos han dado fondo, que cuando las vivimos con serenidad nos reconocemos como enviados, como testigos del Señor Jesús,

- la encarnación: sentirnos carne de su carne, con su debilidad y su grandeza, asumiendo sus condiciones de vida, sus posibilidades, sus penas y angustias... nos posibilita poder decir una palabra de esperanza en sus noches oscuras, una palabra de vida en sus pequeñas o grandes muertes, una palabra de fe en su vida: sólo así  podremos hablar del Señor como buena noticia para ellos.

- La entrega del ministerio y en el ministerio

A veces pintan bastos: el cansancio, la falta de resultados o de valoración sentimos ganas de tirar la toalla.... y nos descubrimos diciendo aquello del evangelio "si el grano de trigo no cae en tierra y muere... o las palabras de la consagración... un cuerpo entregado

Una sangre-derramada

Y uno intuye, que posiblemente esto es lo más sacerdotal: dar vida cada día por los demás para que ellos tengan vida.

- Otros..

Bueno pues ya está, a medias como la vida misma; sin querer hacerlo todo y sin querer decirlo todo. Con la pretensión de que os reconozcáis, como presbiterio, como Iglesia en el servicio que ejercemos; con la pretensión de sentirnos y sabernos enviados en el nombre del Señor, en la misión que compartimos.

Un abrazo solidario y globalizado en Jesús Obrero.