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¿SACERDOCIO CRISTIANO O MINISTERIO DE LA COMUNIDAD? José María Marín Miras, laico, Licenciado en Teología. H e elegido el tema del enunciado de esta charla por una razón principal: Hay entre los que se han apartado del ministerio ciertas personas que, cuando se decidieron a ello, lo hicieron con temor a traicionar un sacerdocio que se nos había inculcado era para siempre, pues imprimía un carácter sacramental indeleble Esta idea no poco les hizo sufrir. Yo mismo fui a Roma a la Sda. Congregación de la Fe a consultar mi salida, lleno de temores1 . Aún hoy me he encontrado con algún compañero que, muchos años después, sustentando en esa idea de la perpetuidad del sacerdocio, ha manifestado cierto resquemor, eco de una intranquilidad de conciencia. Y me ha parecido que bien para el sosiego de estos o la curiosidad del resto nos adentremos en estas reflexiones históricas del mal llamado sacerdocio cristiano.Del Nuevo diccionario de Pastoral, dirigido por Casiano Floristán, recupero algunos elementos del sacerdocio, nombre que se usa indistintamente en el lenguaje popular para señalar al "presbítero", al "cura" o al "ministro", lo que da lugar a un revoltillo de cosas muy distintas que genera una gran confusión. En el entorno cultural de los helenistas, el sacerdote se designa con la palabra "hiereús", e indica lo "santo", lo "sagrado" y, por tanto, lo separado de los demás, pues permanece dentro del ámbito de lo divino. Para los israelitas, la familia de los levitas, a la que tenía que pertenecer los sacerdotes, se remonta a una estirpe sacerdotal, asentada en torno a Ceba, emparentada con la de Moisés. A partir de la época de los reyes aparecen sacerdotes organizados, que empiezan a dedicarse al culto, hasta que, en los siglos posteriores, los sacerdotes fueron los hombres del culto sagrado en el templo. Finalmente, en la cultura latina antigua era un hombre dedicado al culto religioso en el ámbito de lo sagrado. En todas las culturas es un intermediario entre los hombres y la divinidad, a la que deben aplacar con sacrificios. Así sucede en culturas orientales, africanas, indoamericanas o en cualquier otra existen los sacerdotes, como todos conocemos. SACERDOCIO, SABER, PODER, DIGNIDAD Y, COMO CONSECUENCIA, PRIVILEGIO. Estas son las tres cualidades que se han dado siempre en todos los sacerdotes de las distintas religiones: El "saber" de lo oculto, de lo mistérico, de lo sagrado, que imparten a los que no saben. Es curioso que, incluso ciertos intelectuales de reconocido prestigio acojan sin ningún espíritu crítico cuanto les proponen los sacerdotes, porque ellos son los "profesionales" de lo sagrado, aunque algunas de sus expresiones mistéricas no les dejen satisfechos e, incluso, repugnen a sus conciencias. Les impulsa el miedo a equivocarse respecto "al más allá". Su aquiescencia a lo que ellos enseñan les hace sentirse más seguros. Otra cualidad es el "poder", que al ser "sagrado", les otorga una categoría única y, por eso están dotados de una "dignidad" excelsa. Esta dignidad explica que, por ejemplo, en el antiguo Egipto, la condición de sumo sacerdote era privilegio del faraón, de manera que su dignidad sagrada se fundaba en su condición sacerdotal más que en la real. De todo esto, necesariamente, surgen una fuente de "privilegios" exclusivos para los sacerdotes. Así lo vemos en el pueblo judío, donde los sacerdotes, en tiempos de Jesús, acumularon dignidad, poder y riquezas en una dimensión increíble; en Grecia las funciones sacerdotales las ejercían familias privilegiadas; en Roma, dice Cicerón, eran hombres honrados con toda clase de privilegios, que debían hallarse en estado de pureza física y moral, evitando todo contacto impuro y llevando vestiduras inmaculadas. Lo mismo hay que decir de las demás culturas. Por ejemplo, quien visite las pirámide de Teotihucan, en México, hallará que las ruinas mejor conservadas son las de las viviendas de los sacerdotes –las más cercanas a las pirámides-, precisamente porque eran las mejores construcciones. En nuestra Iglesia llegaron a acumular tanta riqueza que todas las plusvalías de la naciones cristianas se dividían en cuatro partes: Una para el rey, la segunda para la nobleza; otra cuarta parte para el clero; y la última para cierta burguesía surgida del pueblo bajo. A modo de ejemplo, recuerdo que principios del s. XIX en mi pueblo, con una población de 9.000 habitantes, vivían una cincuentena de clérigos a costa de las propiedades de la Iglesia. En cuanto al poder sacerdotal, dejo a la valoración de cada uno de nosotros, sobre lo importantes que ante nuestros feligreses nos hayamos creído. En general, se ha hablado como tópico de la soberbia clerical. En muchísimas ocasiones, la casta sacerdotal más elevada ejerció un poder omnímodo que llegó a ser terrorífico y hasta satánico. Algunos historiadores 2 justifican una cierta excusa histórica diciendo que, al hundirse el Imperio Romano, la Iglesia optó por asumir el espesor brutal de los pueblos bárbaros, que venían del neolítico, para darles los marcos de la "civílitas cristiana". Para ello, Sumos Pontífices, obispos y sacerdotes hubieron de macharse las manos en el ejercicio del poder político... y luego ya no quisieron desprenderse de este poder: Bonifacio VIII, en la Unam Santam, se abroga todo el poder absoluto sobre reinos y reyes3 , de tal forma que nadie puede salvarse si no le está sometido. La más dolorosa prueba fue el establecimiento de la Inquisición por nuestros Sumos Pontífices sacerdotales. Inocencio IV, ordena su establecimiento en la Bula Ad extirpandas, cuyo contenido es:· El mandato de proceder a la inquisición o investigación policial, mediante el uso de la tortura. · El arrasar de raíz las casa que han ocupado los herejes o incluso las contiguas. · La confiscación de todos los bienes. · Nota de infamia perpetua e incapacidad administrativa de los descendientes, hijos y nietos, quedando relegados a la condición de mendigos. · La hipócrita relajación al brazo secular, porque ellos no podían macharse de sangre, en igual procedimiento al de los sumos sacerdotes con Jesús, entregado a Pilatos. Volvieron a repetir la historia Y la institución se ratifica en esta crueldad cuando León X condena, reprueba y rechaza (DS 1492) la siguiente proposición: "uemar herejes es contra la voluntad del Espíritu Santo" Por consiguiente, según este Papa, es voluntad del Espírtu Santo que los herejes sean abrasados en la hoguera. (Cf. DS 1483, D 773) 5 .Otros, apoyados en el "impellere intrare" de San Agustín, imponen cargas insoportables sobre las conciencias, como Inocencio III, que ordena negar cuidados y medicinas a los enfermos si no consientan recibir los sacramentos, aun cuando de ello se siga la muerte 6 . Esta proposición no fue abolida hasta entrado el s.XIX. Expongo otro caso de arbitrario poder "sagrado", que induciría a la hilaridad si no fuera por lo trágico que era para quien la necesitara: La misma vacuna fue prohibida en los Estados Pontificios desde 1815, apoyándose en las palabras de León XII: Quienquiera que recurre a la vacuna deja de ser hijo de Dios. [Porque] la viruela es un juicio de Dios,.la vacuna es un desafío lanzado al cielo.7 (¡!). Están también las impuestas normas sexuales agustinianas, que tan cruelmente desgraciados han hecho a los matrimonios cristianos durante 15 siglos8 ; y sobre todo, la violencia de las conciencias mediante la confesión. Ejemplo. Un compañero me contaba sus remordimientos tras haber influido "fuertemente", en unos Ejercicios Espirituales, en la obligatoriedad de no hacer ningún acto anticonceptivo para que les exigieran al marido el "recto" uso matrimonial. Una asistente, le expuso, fuera de confesión, que la suya era una pobre familia, con seis hijos, y la grave dificultad para seguir su doctrina. No obstante, él le había inducido "a que fuera fiel a Dios". Pero tras seguir su consejo, tuvieron el séptimo, pero ya con taras físicas, que proporcionó grandes amarguras para la familia y una situación económica insostenible.Para que seguir enumerando multitud de atropellos violentos históricos de sínodos, pontífices, obispos y simples sacerdotes contra los más elementales derechos humanos de pueblos y personas, guerras de religión, imposición forzada de la fe, etc. No conocemos ninguna religión que haya sido tan cruel con sus propios seguidores, tantos quemados en la hoguera. Si el sacerdocio judío mereció la repulsa de Jesús siendo mucho menos cruel, ¿cómo no la habrá tenido el sacerdocio católico y protestante que multiplicó tantas cruces en los atormentados por la Inquisición o la hoguera, cada uno de los cuales era una encarnación del mismísimo Jesús atormentado en la cruz?. Con tal poder y riquezas desmedidas, luego nos extrañamos de la virulenta persecución de sacerdotes, religiosas y religiosos, de la quema de Iglesia y conventos. La mayoría fueron victimas inocentes, pero eran imágenes, iconos, de tan odiado sacerdocio para ellos. Pues bien, en la institución eclesiástica nuestra, ¿existen motivos para una sacerdotalización, que según la Jerarquía es absolutamente necesaria para la misma existencia de la Iglesia, que no podría existir sin los sacerdotes?. Comencemos por preguntarnos:
¿FUE SACERDOTE EL JESÚS HISTÓRICO? Rotundamente no: Él fue sólo un laico durante toda su vida mortal. Los cristianos deben la visión teológica de Jesús sacerdote a la epístola a los Hebreos, que lo señala como tal, pero solamente después de su resurrección. Es una atribución al Cristo teológico, el de la fe, no al histórico, hecha por un cristiano judío, desconocido, muy culto, que escribió esta carta, que luego se atribuyó a San Pablo 9 . En ninguna parte del NT se habla de Jesús como sacerdote en su vida terrena.Pues bien, los creyentes, influidos por esta epístola, se han habituado a creer en el sacerdocio de Jesús terreno, pero hemos de reiterar que Jesús nació como judío laico, vivió sólo como tal, ejerció su ministerio como seglar y murió como profano y hereje. No hay ninguna tradición histórica fiable en los evangelios que le atribuya un origen levítico o sacerdotal, pues en su vida mortal fue considerado de linaje davídico por todos los autores neotestamentarios, pero nunca descendiente de la tribu de Leví, que es la sacerdotal entre los judíos. . Su escritor, sea quien sea, en absoluta contradicción con la mayoría de los autores del NT, ni siquiera dice que fuera de la estirpe de David, sino que lo hace, extrañamanete, descendiente de la de Judá, según se dice en Heb 7, 11-14: ...pertenece a otra tribu, de la cual ninguno se consagró al altar. Pues notorio es que nuestro Señor nació de Judá, a cuya tribu nada dijo Moisés tocante a ser sacerdotes. Nada tienen que ver entre los judíos esta tribu con la casta sacerdotal. Es en esta epístola, y sólo en ella dentro del NT, donde Jesús es llamado sumo sacerdote, pero ni siquiera en la línea levítica sacerdotal, sino en la de un sacerdote pagano, rey de Sodoma, ajeno al pueblo judío, es decir, en el orden de Melquisedec. (Hbr 5,6. Ver los capitulos 5,6,7,8). 10Según esta misma epístola, Jesús tuvo –tiene- un sacerdocio eterno (7,24), que no precisa ofrecer sacrificios cada día, porque esto lo hizo de una sola vez, para siempre, ofreciéndose él mismo (7,26-28) en un único sacrificio que bastó sólo una vez para todos. Así anula cualquier otro sacerdocio por su ineficacia e inutilidad (7,18). El autor de la epístola dice que adquirió esta categoría sacerdotal después de la muerte y resurrección y que nunca fue sacerdote durante su vida mortal. Es más, ni lo pudo ser, como afirma taxativamente: Si Jesús estuviera en la tierra no podría ser sacerdote (Hb 8,4). Si no pudo ser sacerdote en su vida mortal ¿cómo lo van a ser otras personas diferentes a él? Si su sacerdocio es para siempre y su sacrificio es exclusivo en su vigencia perpetua y eficacia, todos los demás sacerdocios son inútiles. Por eso deroga los holocaustos y, por consiguiente el sacerdocio de la Ley, como vuelve a reiterarse en 10,9: Abroga lo primero (el sacerdocio de los hombres), para establecer lo segundo (el sacerdocio de Cristo). Por consiguiente, no lo tiene nadie más que él. No hay, pues, otros sacerdotes. A lo sumo habrá heraldos, anunciadores de su sacerdocio, cuales son los ministros de la Iglesia. Antes de Jesús había un sacerdocio; ahora, después de su resurrección, un solo sacerdote, que en contra de la ley, es un laico, pues no pertenece a ninguna tribu sacerdotal (11-14). Él es un exclusivo sacerdote y único mediador, pues esta única mediación de Jesús ante Dios, que es la nota esencial y característica de su sacerdocio, es claramente atestiguada por Pablo: Porque no hay más que un Dios y no hay mas que un único mediador entre Dios y los hombres, un hombre, el Mesías Jesús, que se entregó en rescate por todos (1 Tm 2,5). No dice un sacerdote que se entregó, sino un hombre laico, que además fue tenido como malhechor. Rescate que, según Pablo, se hace después de haber sido entregado a la muerte con la donación de su propia vida y en su exaltación tras la resurrección. Así queda bien patente que por Jesús fue abolido todo sacerdocio en la tierra. Si la de Jesús es la única mediación, todas las demás mediaciones son inútiles, superfluas, ineficaces (Hbr 26-28): las de los sacerdotes, las de los santos, etc. No hay más mediación universal que la de Cristo Jesús. José María Castillo 11 , expone cómo este sacerdocio de Cristo es existencial, no ritual, pues el autor de la carta dice que el tipo de culto ritual es inútil. La condición que Jesús tuvo que cumplir para llegar a ser sacerdote y mediador después de su resurrección, según la carta a los Hebreos, tiene tres condiciones: 1) No separase de lo profano para entrar en el ámbito de lo sagrado, sino al revés: hacerse semejante en todo a los demás; 2) que el acceso a este sacerdocio no se realiza mediante ritos o ceremonias sagradas, sino en virtud de sus propios sufrimientos y vida, incluso destrozada; 3) que él llega a este sacerdocio celeste a través de su existencia entera entregada a los demás y, sobre todo por su muerte ofrendada a Dios para bien de los hombres.Lo cual dista mucho del oficio ejercido por los sacerdotes eclesiásticos, como fácilmente puede intuirse. Condiciones muy a tener en cuenta por los ministros cristianos, llamados sacerdotes, en contradicción con la exclusividad del sacerdocio de Cristo en la carta a los Hebreos, que se realiza en una entrega total de la vida hasta la muerte.. JESÚS DESACREDITA AL SACERDOCIO. Él tuvo siempre una conducta es antisacerdotal: Detesta a los sacerdotes de su tiempo. En los sinópticos, entra en discusiones frecuentes con los saduceos, la mayoría de ellos pertenecientes a la clase sacerdotal. En sus encuentros hay hostilidad por ambas partes. Por el contrario, con los fariseos devotos y los eruditos letrados y teólogos, conocidos como escribas y con los jefes de la sinagoga, todos laicos, entabla debates normales y, a veces, las relaciones pueden ser cordiales y hasta amistosas. Recordemos cómo el fariseo Nicodemo, muy respetuoso con el Nazareno, mantiene un intercambio de ideas muy cordial con él; le defiende ante las autoridades sacerdotales de Jerusalén y, finalmente, ayuda a José de Arimatea a proporcionarle un respetable entierro. En cambio, las discusiones que Jesús mantiene con los sacerdotes son marcadamente hostiles, hasta tal punto que la animadversión de ellos, especialmente la de Caifás, urde la trama para acabar con él, porque, siendo un seglar religiosamente comprometido, parecía una amenaza para el poder de los sacerdotes, encastillados en su superioridad sagrada. Es más, esta manifiesta hostilidad parece impulsarle a desprestigiarlos, como se deduce de las recriminaciones que les hace de impiedad a los largo de su vida apostólica, lo que resalta muy especialmente en la parábola del Buen Samaritano con sus despectivas referencias al sacerdote y al levita aspirante al sacerdocio, que subían a Jerusalén. A los herejes –el samaritano lo era para los judíos- los pone muy por encima de ellos. Si nos representamos al laico Jesús contando esta parábola a otros laicos galileos y judíos, la narración cobra ciertamente un tono de radicalidad anticlerical. Eso es lo que hacía Jesús, provocando un choque emocional para sacar a sus oyentes de posibles torcidas interpretaciones, cuando él reprochaba sus conductas o animaba al seguimiento de su predicación y consejos. Veámoslo en el ejemplo de la parábola del buen samaritano (Lc 10,33-37): Las expectativas de los oyentes implícitos eran que, tras la insolidaridad del sacerdote y del levita judíos, aparecería un israelita justo, como héroe que ayude al viajero maltrecho. El que llega como héroe, sin embargo, es el enemigo nato: el hereje, el samaritano. Jesús frustra todas las expectativas de sus oyentes para mostrar que en el reino de Dios desparecen todas las fronteras entre los humanos, pues todos son prójimos. Al deshacer esas expectativas excita sus emociones para hacer más fuerte su reacción. NO SOLO EN LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS SE ANULA EL SACERDOCIO. Jesús también lo hace el evangelio con su conducta y sus palabras. Consecuentemente a esta actitud respecto de los sacerdotes, en la doctrina de Jesús puede deducirse la inutilidad del templo y, por consiguiente, del sacerdocio terreno, cuando enseña a la samaritana que, en adelante, el templo no servirá de mediación entre Dios y los hombres y, por tanto, los ritos sacerdotales tampoco sirven para nada: Créeme, mujer, llega la hora de que ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre...; pero ya llega la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre busca. (Jn 4 21-23). No hay personas ni lugares sagrados en la predicación del Reino porque Dios ha suprimido lo sagrado como realidad separada de la existencia profana, de la actividad humana. Así se comprende cuando afirma que los hombres no precisan de intermediaciones entre Dios y ellos, al designarse él mismo, en la víspera de su proceso, único lugar de revelación de Dios y de intermediación con Él. Pero mediación laica, no sacerdotal: Por eso, arroja a los vendedores, como dueño del templo, anuncia su destrucción y se señala él como templo que se reedificará al tercer día, con su resurrección, anunciando a los sacerdotes que van a ser expulsados de él, de la viña y les advierte y echa en cara que han desechado la piedra angular, es decir, a él. Por eso, las autoridades religiosas, los sacerdotes, siempre hostiles, preguntan: ¿Con qué autoridad actúas así?. Él responde, durísimamente, en el mismo contexto, diciéndoles que van a ser desalojados del templo y del Reino que predica: Los publicanos y las prostitutas entran antes que vosotros al Reino de Dios. Por eso os digo: Se os quitará el Reino, para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos. Es muy duro decir a los sacerdotes que esta "mala gente" tienen una preeminencia sobre ellos. Al poner a estas públicas pecadoras por encima de los sacerdotes da a entender el mal concepto que de ellos tiene. Eso lo perciben en sus palabras los sumos sacerdotes y se dan cuenta de que lo decía por ellos. (Cf. Mt 21,23ss; Mc 11,27-33; Lc 20,1-8). Desde entonces le condenan a muerte en su fuero interno. Fijémosnos que cuando anuncia a los sacerdotes que se le quitará el reino, el templo –que será destruido- y su sacerdocio, no dice que se le dará a unas personas determinadas, sino a todo un pueblo, como señala después Pedro en su primera carta, en la que sólo se llama sacerdotal al pueblo creyente, nunca a sus dirigentes. Nosotros, como pueblo cristiano, somos todos sacerdotes: Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido… (1 Pe 2, 1-9), después de haber exhortado un poco antes a acercarse a la piedra viva, rechazada por los hombres, pero por Dios acogida, convertidos también en piedras vivas edificados en casa espiritual y sacerdocio santo (v. 4-6) De igual forma el Apocalipsis designa como sacerdotes a todos los creyentes (1,6; 5,10; 20,6). Pero nunca, individualmente. Pero no sólo anula el sacerdocio, también el templo y el altar. Las burlas al pié de la cruz se ceban en su pretensión de destruir el templo (Mc 15,29; Mt 27,39). Inmediatamente de estas burlas, empalma con ellas el detalle de la ruptura del velo del Templo para significar que ya no tiene vigencia. Porque, cuando arroja a los mercaderes, está recordando las palabras de Isaías (56,7), como dice González Faus 12 , en las que, si consideramos algunos fragmentos de sus oráculos –por ejemplo, cuando dice: No es creáis seguros con palabras engañosa repitiendo: es el Templo del Señor, es el Templo del Señor... Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfanos y a la viuda... entonces habitaré con vosotros-, nos damos cuenta de que todos los gestos de Jesús en contra del templo, los avisos de su destrucción, son una especie de acción simbólica en forma de profecía escatológica: La justicia será la verdadera casa de Dios y el lugar de oración para todas las gentes. Y la sustitución del templo por la justicia y la rectitud es de lo que habla el oráculo de Jeremías (7,6). Y es por eso por lo que sus cultos no son sustituidos por otros, sino echados por tierra y abolidos.Sus discípulos defienden un culto sin templos, como proclama Esteban: Pero el Altísimo no habita en edificios construidos por manos de hombres... (Hch 7, 48-49). Por eso, en el primitivo cristianismo no existen ni templos – los templos eran las casas domésticas-, ni altares –los altares eren las mesas-. Pablo nos habla de la "mesa", trapeza (1 Cor 10,21), no del altar; y de que los templos de Dios son los hombres, los cristianos: ¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?. (1 Cor 32,16). Idea que repite insistentemente: El templo de Dios sois vosotros (1 Cor 3, 16) Todo templo es sustituido por el templo definitivo de la comunidada universal, porque ya todo lo profano es sagrado. En la Didascalía siria, -s.III- las viudas, los huérfanos, los pobres, los ancianos son considerados como el único altar de Dios. Y de tal manera separaron lo sagrado, que los autores cristianos de los siglos II y III tuvieron que defenderse de la drástica acusación de ateos. Así, Justino, Atenágoras, el mártir Policarpo, Clemente de Alejandría, Lactancio, Arnobio, etc., defendieron su fe en Dios ante dicha acusación. Bien es verdad que a finales del siglo III ya proliferan templos, sacerdotes, cultos, y aumentan las conversiones, porque en las comunidades cristianas encontraban los conversos la seguridad, pero, también es verdad que se deterioró la calidad. Uno de los que puso más énfasis en la vuelta a la sacralización de los templos a un sacerdocio ritual y sacral, copiado del judaísmo, pero no menos de la cultura pagana del imperio, fue Cipriano, quien promueve la vuelta de las comunidades a los templos, a los sacerdotes como hombres dedicados exclusivamente a lo divino, como ministros de cosas sagradas. Pero Cipriano se aleja de las ideas del evangelio, cambiándolo todo por la seguridad de la sacralidad y el rito sacerdotal 13 .LA VOZ DE LOS LAICOS, EL PUEBLO DE DIOS, EN LA IGLESIA. Volviendo al evangelio, Jesús era un laico taumaturgo y carismático en conflicto con los poderosos sacerdotes; era un laico, profeta escatológico que prometía la llegada del reino de Dios, en conflicto con los políticos saduceos; pero, sobre todo, era un laico religiosamente comprometido que parecía una amenaza para el poder de aquel sacerdocio. Que Jesús fuera un laico influyó en el desarrollo y desenlace de su drama. Por consiguiente, los laicos piadosos no pueden olvidarse de la conducta del laico Jesús, que tan crítico era para con aquella casta sacerdotal. También es posible hallar casos similares entre el clero y los laicos actuales en nuestra Iglesia. Ser críticos es un ejemplo legado por Jesús y, por consiguiente, un deber. Y los laicos deben hacer que se oiga su voz crítica ante la jerarquía, desechando aquella funesta pretensión del clero, entre las que, tan desafortunadamente, destacan la de Pío X, -¡nada menos que un santo canonizado!- que degrada al laicado, es decir, al resto del Pueblo de Dios –que, vuelvo a insistir, en el NT es el único que se llama sacerdotal- al afirmar que "en sólo la jerarquía reside el derecho y la autoridad, mientras que la multitud del pueblo no tiene otro derecho que dejarse conducir y, dócilmente, seguir a sus pastores". Y prosigue en la Vehementer de 1906: Solo la Jerarquía mueve y dirige. El deber de la grey es aceptar ser gobernada ("gobernari se pati") y cumplir con sumisión las ordenes de quienes la rigen. Un año después, en la encíclica Pascendi, dice: "He aquí que levanta la cabeza esa perniciosísima doctrina que pretende colar a los laicos en la Iglesia como elementos de progreso" (D2095). Por cierto, este aserto ha sido suprimido en la nueva edición del Denzinger. Por eso había dicho mucho antes Gregorio VII que el laicado era masa carnal y mundana, mientras que el papa Bonifacio VIII, en la encíclica Cléricis laicos infectos, asevera: Que los laicos son enemigos del clero lo atestigua toda la antigüedad. ¿Qué habría contestado el laico Jesús si los sacerdotes de su tiempo le hubieran dicho estas palabras para que los siguiera dócilmente sin rechistar? Yo no olvido que fui tenido por sacerdote y que quizás mereciera aun algunas o muchas actuaciones mías los reproches que ahora les estoy haciendo al clero en general. Porque he sufrido en mis actuaciones esta miseria, es porque sé que existen. Por eso, mi denuncia actual debe estar hecha desde mi profundo arrepentimiento personal y deseo de que quienes hoy ejercen el oficio llamado sacerdotal sepan respetar la inmensa dignidad del laico, no con la animadversión que tantas veces dicen sentimos hacia ellos. PERO, ¿ACASO ORDENÓ JESÚS SACERDOTES?. La Iglesia ha de tener y tuvo siempre sus dirigentes, pero esos dirigentes no tienen nada que ver con el hecho "religioso" del sacerdocio, dice González Faus 14 . Son ministros elegidos por y para la comunidad, para representarla en los ritos que realizan en nombre de toda ella.Como dice Juan Antonio Estrada 15 , hoy es doctrina común que no se puede afirmar con los datos del NT que la intención de Jesús fuera fundar una comunidad religiosa aparte del judaísmo. Su misión hay que comprenderla en referencia a Israel, con ocasionales y puntuales aperturas a los no judíos. Su finalidad no fue la de fundar una Iglesia independiente, aunque ésta surgiera históricamente después de su muerte, sino la de renovar a Israel y abrirlo al reinado de Dios como culminación de la alianza. No hubo en él un intento deliberado de construir un embrión de Iglesia futura, con estructuras, cargos, instituciones diferenciadas del Antiguo Testamento. Es más, lo testimonios convergen en la hipótesis de que el mismo Jesús estaba convencido de la llegada cercana del tiempo final y que el inicio del Reino de Dios tendría una culminación, siendo testigos de ella la misma generación que conoció su mensaje. Por tanto, Jesús no fue un "cristiano", sino un judío. Como dice Loisy, predicó el Reino de Dios, pero surgió la Iglesia. Cosa diferente de que Jesús la fundara es el tema de la necesidad histórica de la misma tras la difusión del cristianismo.Fijémosnos que antes de existir el NT existía ya un conjunto de comunidades, que llamamos Iglesia, y de ellas, ya constituidas, derivan los evangelios, no al revés. Por consiguiente, la Iglesia –sus seguidores-, es la autora de los evangelios, no al contrario. Querer, por ejemplo, probar por los evangelios los privilegios sacerdotales o que, v.g., la Iglesia es infalible porque lo dicen los evangelios, constituye una "petitio principii", pues sabemos que es tal porque los evangelios que ella ha escrito como infalibles, apuntan que ella también lo es. Todos los evangelios vinculan la predicación del reino con la llamada al seguimiento. Jesús dio nombre a un grupo que llamó "los Doce", no permanente, pues los Doce no continuaron tras la resurrección, Fue sólo un grupo simbólico que representaba las doce tribus de Israel, pero que no tuvo ninguna acción como tal. Sí constituyó un grupo itinerante que le acompañaba en su misión, participando en su pobreza y que tomaba distancia de los lazos familiares. Y por otro lado se formó una comunidad de discípulos más amplia, receptores de su mensaje. Todos estos, después de la resurrección, continuaron en la iglesia pascual bajo las formas de Apóstoles -según Pablo, los cristianos testigos de la resurrección y que había recibido el encargo de misionar-, y discípulos, carismáticos itinerantes, profetas, misioneros, junto a los miembros estables de las comunidades que se iban fundando. Pero de sacerdotes, nada de nada. San Pablo dirá después que el fundamento de la Iglesia lo constituyen los Apóstoles y los profetas (Ef 2,20). Estos últimos desempeñaron un importante papel, como portavoces inspirados en el primitivo movimiento cristiano. Por ello, el carisma de la profecía era mencionado por Pablo inmediatamente después del de los apóstoles (1 Cor 12, 28). ¿UN SACERDOCIO INSTITUIDO EN LA CENA PASCUAL? La Jerarquía pone el énfasis, con una seguridad absoluta, en que la institución del sacerdocio tuvo lugar en la Cena del Jueves Santo. Pero esto es una afirmación fundada sólo en su autoridad eclesiástica, no en el evangelio. Si, como he dicho, Jesús no fundó directamente la Iglesia, ¿cómo pudo fundar directamente el sacerdocio de la Iglesia? Tal institución no puede ser de fide divina; a lo sumo sería de fe eclesiástica. En primer lugar, la mayoría de los teólogos sostienen que la Cena fue la celebración de la Pascua judía 16 . Ciertamente esta es la tradición de los tres sinópticos, lo cual está clarísimo en Marcos (14, 12), aunque en Juan no esté tan claro. La misma Iglesia creyó que fue una cena pascual, pues en otra cena de diferente índole no había por qué tomar el pan ácimo, prescrito para la de Pascua, que ella sigue considerando la materia eucarística. Por consiguiente, aunque los evangelios no lo digan, esa cena pascual tuvo que celebrarse como prescribía la ley: con las familias de los apóstoles y de algunos discípulos. Los evangelistas distinguen muy bien entre los Doce, los Apóstoles y los discípulos. Los deseos manifestados por Jesús son de celebrarla con sus discípulos (cf., Mt 26, 18), es decir, con el círculo más amplio, entre los que se contaban también mujeres. Por consiguiente, las palabras atribuidas como ordenación, "siempre que hagáis esto hacedlo en conmemoración mía" van dirigidas a todo el discipulado y sus familias allí presentes; a todo el pueblo, que luego la carta primera de Pedro dice que es sacerdotal. Por eso es más congruente que fueran todos los miembros de las primeras comunidades, en las que no existía individualmente ningún sacerdote, quienes celebraran la eucaristía, como veremos más adelante que hacían, hasta que la estructura eclesiástica que fue surgiendo les arrebatara lo que Jesús les había concedido.La institución eclesiástica es parcial en la interpretación del evangelio: Jesús dijo a todos los discípulos, discípulas y familiares en la cena presentes: Tomad y comed...A continuación dice: Siempre que hagáis esto hacedlo en mi recuerdo...Ambas frases las dice, en el mismo contexto y por igual, a todos. Pues bien, la Jerarquía sostiene que todos los cristianos tienen el derecho y la obligación de comulgar, pero no todos pueden hacer la conmemoración, la consagración, que reserva a unos pocos elegidos, que en la cena no se sabe quienes son, pues no aparecen diferenciados por ninguna parte, fuera de todos los presentes de la comunidad jesuana 17 .Sin duda que, con sus palabras y gestos, Jesús alude en la Cena al rito de la primera alianza del Sinaí 18 , como signo y señal de esta nueva alianza con el pueblo cristiano. Por eso hay autores que ponen más el énfasis en un simbolismo del cuerpo de Jesús que iba a ser martirizado y su sangre que iba a ser y fue derramada por todos en esa segunda alianza. Es lo que hoy, en lugar de transustanciación, otros llaman transignifacación o transfinalización. Lo que nuestra fe dice es que, mediante la conmemoración eucarística, Jesús se hace presente en cada uno de nosotros de una manera que, por misteriosa, no podemos conocer ni explicar. Explicar un misterio es una osadía aunque intentaran hacerlos grandes teólogos, como osaron hacer. Esa explicación podría llevar más al mito que a la realidad simplemente creída. Aunque nuestra fe cree y confiesa firmemente la presencia real de Cristo, eso no es obstáculo para que en las especies eucarísticas se conserve el pan y vino19 . Esto parece confirmarlo Jesús mismo cuando, en Mateo, inmediatamente después de las palabras que pronuncia sobre el vino, dice: Yo os digo que no beberé más de este fruto de la vid –es decir, del vino- hasta el día en que lo beba con vosotros de nuevo en el reino de mi Padre (26,29). Este fruto, el mismo que en la consagración llama su sangre, después de ella vuelve a llamarlo vino.Lo que es cierto es que sin fe no hay eucaristía. Quien comulgue y no crea, no recibe a Jesús, como, si un ratón se comiera una ostia consagrada no se comería el cuerpo de Cristo. ¿LA EUCARISTÍA SE INSTITUYE SÓLO EN LA ÚLTIMA CENA?. Los teólogos, exegetas y liturgistas hoy se preguntan por qué la institución eucarística tiene lugar en la última Cena. Teniendo en cuenta todos los rasgos que se van descubriendo en las comensalías de Jesús, ¿no podremos decir que ésta se ha ido manifestando a lo largo de todas ellas como una idea sobre su presencia futura?: Cuando dos o más os reunáis en mi nombre, allí estaré yo en medio de vosotros. Juan no relata la institución eucarística en la última cena, algo muy extraño porque éste es uno de los misterios esenciales del cristianismo. Más bien, en su polémico discurso con los judíos (Jn 6,25) habla de la eucaristía mucho más explícitamente que en la Última cena, tras la merienda campestre en la que todos los asistentes compartieron sus alimentos -panes y peces- que luego el evangelista magnifica con un milagro. Por eso, el símbolo de la eucaristía de las primeras comunidades es, si, un pan, pero también, en catacumbas, restos arqueológicos y escritos, un pez. La enseñanza es que, cuando se comparte, sobra. Es precisamente el compartir la nota esencial de la comida eucarística. Como dice John Dominic Crossan 20 , es una comida real y compartida. El acento se pone en partir el pan, que es signo de compartir. Hay un énfasis, no en el vino sino en la copa que también se puede pasar a otros. Una eucaristía sin compartir tampoco es nada. Por eso Pablo (1 Cor 11, 17-34) y la Didajé condenan a quienes no comparten con los demás en las cenas eucarísticas.En la eucaristía nunca se puede prescindir de esto, sigue diciendo Crossan 21 : es en la comida y la bebida, ofrecida igualmente a todos, donde se encuentra la presencia de Dios y de Jesús. Ahora bien, la comida y la bebida son las bases materiales de la vida, de modo que la Cena del Señor es crítica política y desafío económico, además de rito sagrado y culto litúrgico. Tal vez sea correcto reducirla a una comida simulada de bocado-y-sorbo, pero con tal de que siga simbolizando la misma realidad, a saber: los cristianos afirman que Dios y Jesús están peculiar y especialmente presentes cuando la comida y la bebida son compartidas igualmente por todos. Es decir, cuando se comparte lo que se tiene con los necesitados, los pobres y los marginados. Ese es el mensaje central del reino de Dios. Mucho comulgar sin tener esto presente, sin actuarlo en los pobres y necesitados, conservando un corazón que no comparte, duro ante el que necesita, mientras él comulgante no carece de nada, hace reo de lo que afirma San Pablo: el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Señor, se como y bebe su propia condenación. (1 Cor 11,29). Un cristianismo aburguesado y acomodaticio, solo para consuelo del comulgante, nos ha llevado a olvidar lo que precede, que es esencial para la eucaristía.No es lugar éste para tratar más extensamente el nuevo repensar actual de los teólogos sobre la eucaristía, que es ciertamente apasionante. Podemos preguntarnos: Las palabras de la consagración ¿son de Jesús o puestas en su boca por los evangelistas?. Especialmente la de Mateo: "Comed, esto es mi cuerpo". "Bebed, esta es mi sangre". ¿Pudo decir Jesús estas palabras a un pueblo que tenía prohibido por la ley, beber cualquier tipo de esta sustancia, incluida la de un animal y comer alimentos, carnes contaminantes? (Gn 9,4; Dt 12,16). ¿No les sonaría a blasfemia?. Ningún otro evangelista -excepto Juan, en el capítulo sexto de su evangelio-, ni San Pablo, nada dicen de beber la sangre y comer el cuerpo. Lo primero sería contra la ley; lo segundo una antropofogia. Y así lo interpretan los judíos en su disputa con Jesús: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (Jn 6, 52). ¿POR QUÉ HE HABLADO TANTO DE LA EUCARISTÍA? Sencillamente, para mostrar la ausencia en la intencionalidad de Jesús de instituir un sacerdocio ritual en la Cena pascual y menos aún, la sacramentalidad del mismo. La auténtica eucaristía hemos de hacerla nosotros, los cristianos, el pueblo sacredotal. Karl Rahner dice 22 que del mandato de la conmemoración de la cena no se sigue de ninguna manera la sacramentalidad del orden. Hay cuatro de los llamados sacramentos –el orden, el matrimonio, la confirmación y la unción- sobre los que Jesús no dijo ni una sola palabra. De los tres restantes sí habló, pero, ¿cómo sacramentos?. Porque ni siquiera del Concilio de Trento, como dice J.M.Castillo23 , se puede deducir una doctrina de fe sobre los sacramentos. Se le pidió al concilio que se enseñara qué era un sacramento, pero no dio respuesta. Tras un prolijo estudio, este autor concluye: Por consiguiente, ni de la supuesta "receptio" del concilio, ni de la llamada "fe de la Iglesia" se puede deducir un argumento, en virtud del cual sea posible llegar a la conclusión de que la doctrina sobre los sacramentos...es constitutivo esencial y necesario de su adhesión a Dios en Cristo.La doctrina sacramental es tan oscura, a pesar de su extensión, que los mismos papas no se pusieron de acuerdo para decir qué era lo que constituye la materia y forma sacramental eucarística: Mientras unos dicen –Eugenio IV- que es la entrega del cáliz y la patena, etc., otros afirman que es sólo la imposición de las manos. Esto último lo salda definitivamente el papa Pacelli. Pero la imposición de las manos era una señal de cualquier mandato de la autoridad civil y la asunción de un honor, como, v.g., el "ordo" de los romanos. A mediados del siglo XII, mientras que hay autores de primerísima calidad, como Hugo de San Victor, que hablan de más de treinta sacramentos, otros, como la escuela de Abelardo, sólo enumeran cinco; Trento decide un septenario por ser un número sagrado, simbólico 24 . Ni siquiera hay un acuerdo sobre la epiclesis25 , en algunas de las cuales ni siquiera se pronuncian las palabras de la consagración. Nunca, por ello, las iglesias restantes negaron la existencia de la presencia eucarística de Jesús en aquellas que la celebraban sin pronunciar aquellas palabras.Antes del s, XII no era, comúnmente, aceptada la doctrina de la consagración y la transustanciación a través de las palabras de la institución. La presencia de Jesús se hacía por la invocación, por la epiclesis. Fue el concilio de Florencia quien impuso a los Armenios la doctrina de Santo Tómás sobre materia y forma, deducida de Aristóteles. La enseñanza de que es el sacerdote con estas palabras consecratorias, pronunciadas "in persona Cristi", quien trae a Cristo, nunca ha sido declarada dogma 26LOS MINISTERIOS ERAN MUCHOS EN EL PRIMITIVO CRISTIANISMO. Según la antiquísima Didajé 27 (13,1-7), los profetas eran tan importantes que ocupaban un lugar preferente entre quienes tenían funciones directivas en la celebración eucarística. Esto es, todo el que profetizara, podía presidir la Eucaristía.Existen numerosos testimonios que expresaban que la presidencia eucarística era asumida "ipso facto", sin ordenación, cuando la comunidad elegía a sus presidentes comunitarios, que podían ser hombres o mujeres. La Didajé afirma que eran los profetas y maestros los elegidos para presidirla; cuando aquellos fueron desapareciendo, se designaban a los ancianos, a los que se llamaban presbíteros, como sucede ya en la primera carta de Clemente. De todos estos escritos antiguos la concepción general es que "aquel que dirige la comunidad, sea cual sea la forma concreta que asuma esta dirección, es también, por el mismo hecho, el que preside la celebración eucarística, para lo cual no es necesario poseer una cualidad especial, ni sacramental, ni de orden u "ordinatio". Hay que tener en cuenta que, en su primer discurso pospascual, Pedro afirma que el espíritu de profecía se otorga lo mismo a las mujeres que a los varones, sin rango sacerdotal alguno, dando por cumplida la profecía de Joel: «Profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas» (Hech 2,17). Lucas menciona a las cuatro hijas vírgenes de Felipe como profetisas cristianas (Hch 21,9). La fama de éstas fue tanta en la primitiva iglesia que el historiador Eusebio dice que las provincias de Asia acreditaban su origen apostólico, frente a las pretensiones del papa Victor, afirmando que estaban allí enterradas (Eccl.Hist.III,31). También Pablo da por sentado que las mujeres profetizan y ejercen funciones litúrgicas, viéndose obligado a ordenar su ejercicio (1 Cor 11,2-16). Y otra mujer de Tiatira, Lidia, a finales del siglo I, ejercía como profetisa con una gran autoridad en la comunidad. Por consiguiente, podían presidir la Eucaristía. La Didajé también lo da por sentado: Como dice John Dominic Crossan 28 , en sus instrucciones nunca consigna prohibición alguna para las mujeres como instructoras, administradoras del bautismo, celebrantes de la eucaristía, apóstoles, profetisas o maestras y, por tanto, hay que suponer que estos papeles, desempeñados por la comunidad, estaban abiertos a ellas. Es en el siglo III cuando se les prohíbe.La razón es que el cristianismo primitivo estaba mucho mas involucrado en la familia que en el gobierno como función pública y, por consiguiente, las mujeres eran más importantes en la base organizadora de las comunidades y de las iglesias domésticas. Fue en una etapa posterior, cuando el cristianismo fue pasando a la esfera pública y gubernamental, los hombres retomaron activamente el control que tenían las mujeres. Y es entonces, y sólo entonces, cuando comienza a surgir el liderazgo de los obispos o presbíteros, que eran del mismo rango, que eran la misma cosa, con el mismo grado "sacramental" como veremos más adelante, y que, por otro lado, presentaba la ventaja de ser más seguro que discernir el carisma de los profetas para la celebración eucarística. Pero estos nuevos líderes no fueron al principio aún del todo aceptados, como se desprende del Didajé, 1,1-2, aunque después se fueron institucionalizando. Es más, en consonancia con esta actitud de la Didajé, hay otro ministerio como, por ejemplo, el de las viudas que para algunos historiadores constituyó probablemente una forma autónoma de un cierto presbiterado femenino, que perduró hasta el siglo IV. Se hablaba del viudato, como de un grupo apostólico reconocido por las comunidades, distinto del de las diaconisas. Estas viudas era denominadas «ancianas» o «presbíteras», apelativos que se daban a los dirigentes de las primitivas comunidades cristianas. Desempeñaban las siguientes funciones: pastoral domiciliaria entre mujeres, junto con los servicios caritativos propios del diaconado, el ministerio de la oración y administración de los sacramentos: El bautismo y la eucaristía. La viuda constituía el equivalente del presbiterado masculino. Esta afirmación no es gratuita: Lo sabemos porque, entre otras fuentes, la Didaskalia, que es una constitución eclesiástica siria para el ordenamiento de las comunidades, nacida en los primeros decenios del s.III, y las Constituciones de los santos apóstoles, en el s.IV, prohíben el ministerio que venían ejerciendo las mujeres desde las primitivas comunidades cristianas, derivando sus funciones al diaconado femenino, sin atreverse aún, por su arraigo, a suprimirlo también radicalmente, cosa que se hizo hacia el siglo IX. El viudato definitivamente se suprime para la iglesia de occidente en el Concilio de Leodicea en el año 343. En su canon 11, en la collectio hispana, dice: No conviene que las llamadas por los griegos prebiteras y, entre nosotros, viudas ancianas o presidentas sean constituidas en la iglesia como ordenadas. Como se ve son lo mismo las presbíteras entre los griegos que las viudas poresidentas entre los latinos. Pablo, en la versión griega de sus cartas, las nombra sólo como presbíteras (1 Tm 5,2) y regula, un poco después, las condiciones para inscribirlas en el ministerio del viudato: Una viuda, para que sea inscrita como tal en la lista, no ha de tener menos de sesenta años, mujer que haya sido de un solo marido, acreditada por sus buenas obras: si crió bien a su hijos, si ejerció la hospitalidad, si lavó los pies a los santos, si anduvo solícita en toda obra buena (v.9). Fijémosnos que son casi iguales recomendaciones a las que hace en esta misma carta para la elección de los obispos o presbíteros (3,1 ss.) El hecho de su supresión indica que el ejercicio del ministerio y la posesión de tal dignidad estaban en vigor en el tiempos anteriores a este concilio. Tal concepción ministerial era emergente de los tiempos apostólicos. Junto a las grandes comunidades locales, como, por ejemplo, la de los Corintios (1 Cor 14,23), existían comunidades domésticas (1 Cor 16,19). En estos casos la función directiva correspondía a la familia en cuyas casas se congregaba la comunidad. Así son designados por Pablo Filemón y su mujer Apia (Fim 1-2) y Prisca y Aquila, colaboradores míos en la obra de Crtisto Jesús... Saludad a la iglesia que se reúne en su casa (Rm 16, 3-5). NO EXISTÍA DISCRIMINACIÓN EN LAS PRESIDENCIAS DE VARONES O DE MUJERES. Había tal amplitud para la elección de estas presidencias comunitarias y eucarísticas que no se limitaban a hombres solamente, sino que existía una igualdad de ministros entre hombres y mujeres. Como ejemplos concretos de esa igualdad ministerial, y presidencial de las mujeres, Pablo habla de Junia que es apóstol insigne y está en la cárcel junto a él y su esposo por predicar el evangelio y quizá llevara una vida itinerante como los otros apóstoles; de Febe dice que es diáconisa y prostatis, esto es, ministro, ya que utiliza este sustantivo para designar a quienes trabajan entre vosotros y os presiden en el Señor. Tal es el caso cuando esa palabra es aplicada a Apolo, Timoteo, Tíquico o Epafras. Este mismo verbo caracteriza la función del obispo, presidente de la comunidad (1 Tim 3,4ss). Dice que la Iglesia de Filipos debe su existencia a Lidia de Tiatira; que Evodia y Síntique han luchado codo con codo con él en la causa del evangelio y son predicadoras itinerantes. Alaba la labor misionera de María, Trifena, Trifosa y Preside, que fueron misioneras ambulantes y han trabajado duramente por el Señor, y el verbo que emplea para decirlo es característico del esfuerzo apostólico. Apia dirige la Iglesia de Closas. Nifa reúne en su casa a la iglesia de Laodicea. Y Cloe es tan importante que la primera carta a los Corintios es una respuesta a sus preguntas. Todas presiden las comunidades propias. Por eso, esta precedencia ministerial es originaria del mismo Jesús, auque lo sea indirectamente: Si él no las hubiese puesto al mismo nivel, en todos los ordenes, con los hombres no se explicaría como las primeras comunidades cristianas les hubiesen dado esta protagonismo ministerial. Pablo, que era un escriba judío celoso de la ley y de las costumbres de aquel pueblo, que se muestra tan integristamente misógino cuando afirma que "no tolera que las mujeres hablen en el templo" "ni permite que oren con la cabeza descubierta", a pesar de su patriarcalismo radical, no tiene más remedio que citarlas como apóstoles y ministros e indica que es un precepto de Jesús. Pero en pie de igualdad, como lo atestiguan las cartas paulinas. El Apóstol no habría ordenado tal cosa, como lo hace, de no haber recibido el mandato de Jesús: Todos, al bautizaros, os revestisteis del Mesías. Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra, pues vosotros sois todos uno (Gál 3,27-28). Fijémosnos que cuando la institución eclesiástica niega el sacerdocio a las mujeres lo hace apoyándose en que ellas no tienen el género masculino para representar a Jesús hombre y sacerdote. Pero la igualdad que en este texto proclama Pablo entre hombres y mujeres no les viene por el género sino por estar revestidos igualmente unos y otras del Mesías, de Jesús. Por consiguiente, las mujeres representan a Jesús igual que los hombres. En esta materia la Jerarquía de ha hecho siempre un lío. Es históricamente cierto que el diaconado femenino estuvo vigente hasta el s. IX. Las diaconisas eran ordenadas en la misma ordenación que los diáconos, cono la misma imposición de manos, ritual, materia y forma sacramental, aunque ahora lo niegue, lo que denota o que no sabe historia o miente. La dogmática católica enseña que el diaconado es el grado menor de sacramento del orden. Podemos preguntarnos: Si, según la Iglesia jerárquica antigua, tuvieron un grado sacramental del sacerdocio, ¿por qué no pueden obtener todos los grados del sacramento, incluso hasta el episcopado?. La jerarquía inventa sus cosas según sus intereses. LA HISTORIA CONFIRMA QUE LAS PRIMITIVAS EUCARÍSTICAS SE CELEBRABAN SIN SACERDOTES. En las primitivas comunidades no era el que hacía los ritos solamente el que celebra la eucaristía: Era toda la comunidad la que concelebraba y consagraba la eucaristía, como se asegura en uno de sus llamados Liber Pontificalis, donde taxativamente se prescribe que tota aetas concelebrat 29 . Es decir, toda la comunidad, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres, etc., es la que concelebra30 .Lo cual está atestiguado por numerosos testimonios. Por ejemplo, San Cipriano, en la Epist. 45, lo dice taxativamente: La eucaristía no puede celebrarse al margen de la comunidad eclesial. Tengamos en cuenta que la dirección de la celebración, en todos estos textos sólo tiene una dimensión "litúrgica", de una presidencia ministerial delegada y representativa de toda la comunidad cristiana. Aquel a quien la Iglesia reconoce como presidente de la comunidad es el mismo que dirige la celebración eucarística en el exclusivo nombre de ella, de quien recibe la delegación o representación de lo que la comunidad tiene como propio. Por eso, el que presidía la eucaristía sin mandato de la comunidad, lo hacía no sólo ilícitamente, sino sin validez, como prescribe el canon 6 de Calcedonia. En la primitiva Iglesia para la validez de la ordenación, o mejor dicho, delegación ministerial se precisaba la elección y el asentimiento de la comunidad. Y las ordenaciones posteriores, ya convertidas en sacerdotales, y, posteriormente, en sacramentales, no podían hacerse absolutas, esto es, eran inválidas si no estaban designadas y adscritas a una comunidad concreta. La eucaristía no podía celebrarse válidamente fuera de la comunidad. Fueron los concilios III y IV de Letrán, muy tardíamente, en el s. XII, los que abolieron la disposición de Calcedonia, en el que se prohibían e invalidaban las ordenaciones absolutas. Por eso afirma Tertuliano que es toda la comunidad la que consagra la eucaristía y añade: Pero donde no exista un colegio de servidores incorporados al ministerio, tú, laico, debes celebrar la eucaristía y bautizar; en ese caso tú eres tu propio sacerdote, pues donde haya dos o tres reunidos se halla la Iglesia, incluso en el caso de que esos tres sean laicos 31 .En otro texto famoso, Tertuliano sostiene que la necesidad de la ordenación es solo de carácter disciplinar y que el clérigo y el laico siguen siendo iguales a la hora de la eucaristía:¿Acaso los laicos no somos sacerdotes?. Está escrito que "hizo de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre" (Apoc 1,6). La diferencia entre el orden y el pueblo la constituyó la autoridad de la Iglesia, y el poder ha sido santificado por la asamblea del orden sacerdotal. Hasta el punto de que cuando falta esa asamblea, tú puedes ofrecer y bautizar, y eres sacerdote tú sólo para ti. Pero donde hay tres allí está la Iglesia, aunque sean laicos. La fuerza de este testimonio está en que no es un testimonio intencionado, sino indirecto. No está hablando de clérigos y laicos, sino de la monogamia entre los cristianos. Y arguye: "Igual que a la hora de la eucaristía tienes los mismos poderes que el clérigo, así también a la hora de la monogamia tienes las mismas obligaciones". La concepción de Tertuliano sobre el ministerio no era un caso aislado, pues se daba como norma común en aquellas iglesias, para que aquel a quien una comunidad le invite a ser su presidente –y por consiguiente a presidir la eucaristía como he expuesto- se convierte "ipso facto" en ministro en virtud de esa aprobación de la comunidad. Así lo defiende Agustín aludiendo a este carácter singular del ministerio por elección, no como una potestad sagrada de orden. Clemente parte del supuesto de que en circunstancias normales quien preside la eucaristía es el obispo o presbítero, pero añade: o bien otras personas significadas, con aprobación de toda la comunidad 32 . Y en el mismo sentido se expresa Ignacio que conoce casos en el que el obispo puede y debe ser sustituido, sin nombrar a presbíteros o diáconos para tal sustitución como únicos sustitutos33 .De igual forma parecen manifestarse Clemente de Alejandría 34 , Orígenes35 y, más tarde, Teodoreto36 . El concilio de Arlés –a. 314- prohibió que los diáconos siguieran celebrando la eucaristía, lo cual indica que, hasta siglos más tarde de Jesús la celebración eucarística no quedo reservada a los obispos y presbíteros.Es más: Ni siquiera el perdón de los pecados estaba reservado a los sacerdotes, pues esta evangélicamente documentado (Jn 20, 22-23) como un don que Jesús hizo a sus discípulos, que son sus seguidores, no sólo los apóstoles y los doce; el poder de atar y desatar fue dado a cualquier miembro de la comunidad cuando se reconcilia con su hermano (Mt 18,18). Por Sant 5,16 sabemos que en la iglesia primitiva existía la practica de confesar los pecado con cualquier cristiano, practica que llega a conocerse bastante generalizada en los siglos IV y V, y en este último se propagó notablemente la costumbre de ir a confesar los pecado a monjes que no eran sacerdotes. Así se introdujo en aquel tiempo la confesión oral por los monjes irlandeses, que reproducían las confesiones orales de sus hermanos en los cenobios, introduciendo la costumbre entre el pueblo llano. Precisamente aquí se inicia lo que después se estableció como obligatoria la confesión oral, que no es necesaria para el sacramento del perdón. Por ejemplo, Enrique IV exhortaba a sus soldados a confesarse mutuamente sus pecados antes de entrar en batalla, practica bendecida por el papa; el mismo San Ignacio se confesó con un laico, cuando era militar, antes de la batalla. Existen numerosos ejemplos de esta práctica, bendecida por algunos papas. Además, de ninguna manera era concebida la presidencia de la comunidad eucarística como una ordenación sacramental, pues según la Traditio de Hipólito sobre los confesores y mártires, es decir, aquellos cristianos encarcelados por su fe o que ha sufrido martirio por cauasa de Jesús, pero que no han muerto, a estos, si una comunidad los elige como presidentes de la eucaristía, no hay que imponerles las manos para celebrarla: Non imponetur manus super eum ad diaconatum vel presbiteratum. Habet enim honoren presbiteratum per suam confesionem 37 . Esto es lo que, como dice Schillebeeckx, más tarde se llamará potestad de orden y carácter, y no es otra cosa que la designación como ministro en una comunidad, no una ordenación sacramental como hoy la concebimos..¿TAMPOCO ES TAL SACERDOCIO EL LLAMADO CRISTIANO O ECLESIÁSTICO?. 38No: Si Jesús en su vida mortal, según la carta a los Hebreos, nunca fue ni pudo ser sacerdote, tampoco lo pueden ser los que hoy se abrogan tal dignidad sagrada y menos aún haber instituido el sacerdocio en la Cena pascual. En ningún sitio del NT aparecen los llamados sacerdotes. Aparecen "Los Doce", nombre simbólico, que se identifica con los Apóstoles, tan fuertemente desarrollado por Lucas en su concepción teológica que el mismo Pablo tiene dificultades en ser admitido como tal. Pero el concepto de "apóstol", en la primitiva comunidad, se amplía determinándose estos apóstoles y profetas como los fundadores de las primeras comunidades Consecuentemente, las comunidades primitivas son una Iglesia sin sacerdotes. Las de Juan, incluso, sin jerarquía alguna: En las comunidades cristianas había una notable diversidad de ministerios o carismas, pero lo sorprendente es que, deliberadamente, el NT evita la palabra "sacerdote" entre los cristianos y, más aún, llamar sacerdotes a sus dirigentes, y, menos aún, jerarquía, que significa poder sagrado, autoridad que ningún hombre puede tener, por lo que sería más acertado darles el nombre de ministros, cuya etimologías es la de servidor. Precisamente, todos los títulos con que en el NT se designan los dirigentes cristianos -lo que sólo se hace en las epístolas, pero no en los evangelios-, se hacen con nombres profanos, laicos, civiles, nunca tomados del léxico religiosos y ritual. Se les llama, enviados, apóstoles, supervisores, prefectos, administradores (episkopi), pues ésta era la función de los obispos, oficio laico; servidores, criados (diakonoi) o simplemente dirigentes (hugoumenoi), nunca sacerdotes. Los obispos eran supervisores y sus ayudantes, diáconos, pero no en el sentido técnico de hoy, sino el de servidores. Por eso, los primeros fieles cristianos evitan designar con el nombre de sacerdote a los ministros y servidores de la comunidad. Los llamados sacerdotes, en cuanto tales, no lo son, según el NT; ni siquiera se nombran en él. EL ORIGEN DE LA ORDENACIÓN Es más: La llamada ordenación sacerdotal o ministerial, la "ordinatio", es una costumbre asumida del Imperio romano, en el que el "ordo" significaba el acceso a una clase social determinada. Así existía el "ordo senatorum" "ordo aequituum", etc. Sólo más tarde del tiempo de los Gracos se estableció, para distinguir más aún el pueblo de aquellos, el "ordo plebis" y para diferenciar a los ministros religiosos de estos se estableció el "orden de los clérigos", que no es otra cosa que una "casta", a la que luego se accedió por la "carrera". El "ordo" los hizo poderosos, notables, situándoles en una estable burocracia que comenzó a llamarse clero, a la que se consideró "sagrada" y en la que debían vivir separados del resto, los laicos (de laos), distanciados del pueblo. Se les exigió santidad legal y ritual, imponiéndoles el celibato, a costa de hacer esclavas a sus mujeres 39 . El estado celibatario era uno de los que más separaba del pueblo de Dios, por la dignidad de que revestía; se desecharon las exigencias de Jesús sobre la fraternidad, pobreza e igualdad, que no conferían ningún prestigio social; ocuparon los puestos prominentes, se enjoyaron y adornaron de llamativos vestidos y largas colas, haciéndose llamar con pomposos nombres de eminencias, excelencias, maestros y padres, costumbres y nominaciones expresamente prohibidas por Jesús (Mt 23,4-11), en lo que los clérigos desobedecen al único maestro, Jesús, llenos de su orgullo y vanidad.PROCEDENCIA DE LOS MINISTERIOS ECLESIÁSTICOS El ministerio cristiano surge de dos corrientes diferentes. La primera, de la tradición hebrea y consta de "presbíteros o ancianos". Los presbíteros no derivaban de lo cultual, del templo, sino de la sinagoga y de la dirección de las comunidad. El revestimiento de su autoridad se hacía por la imposición de las manos. La imposición de las manos fue un rito copiado ya en tiempos del primitivo cristianismo de los ritos judíos por la cual se exteriorizaba o ritualizaba el oficio o la "misión". La segunda corriente asumió las costumbres grecorromanas. De aquí los nombres reseñados anteriormente, de donde asumió la "ordinatio", el orden dicho. Utilizó para los dirigentes los nombres de ambas procedencias: a los ministros los llamó presbíteros, según la tradición hebrea; y obispos, según la grecorromana. Pero inicialmente, ambos de igual categoría, como dice San Jerónimo: El Apóstol enseña claramente que son lo mismos los presbíteros que los obispos…El que más tarde se eligiera a uno para ponerlo al frente de los demás fue como remedio para las peleas y para evitar que, tirando cada cual para su lado, desgarraran a la Iglesia 40 . Y lo reafirma en otro lugar: Por tanto, es lo mismo el presbítero que el obispo, y las iglesias se gobernaron por un consejo presbitaral hasta que, por inspiración del demonio, aparecieron las pasiones en la religión y comenzaron a decir: yo soy de Pablo, yo Apolo, yo de Cefas (1 Cor 1,12). Pues, cuando cada cual pensaba que los que él bautizaba eran suyos y no de Cristo, se decidió en todo el mundo que uno de los obispos fuera puesto al frente de los restantes y que le tocase el cuidado de toda la Iglesia, para arrancar gérmenes de cisma41 .Si como dice Tertuliano el laico es sacerdote y los sacerdotes son lo mismo que los obispos, los laicos son lo mismo que los obispos. Este silogismo nos da a entender que la llamada jerarquía no existe y que en la Iglesia no hay distinción sagrada entre sus todos sus miembros, que son todos iguales, como ya había proclamado Pablo (Gal 3,27-28) Después, cuando la Iglesia "inventó" la sacramentalización de la "ordinatio" hizo de la imposición de manos judaica la materia del sacramento, a pesar de estar clarísimo que lo único necesario para acceder el ministerio era la elección para la presidencia por la comunidad, sin la cual toda designación para dirigir la comunidad era inválida. Hoy, de tal manera se ha despreciado a la comunidad, que los sacerdotes pueden celebrar misas privadamente, ellos solos, sin asistencia de nadie, para su devoción personal. Pero, ¿son válidas estas misas celebradas contra lo preceptuado en el concilio de Calcedonia y sobre la necesidad de que sea una ceremonia comunitaria para compartir?. Como acabamos de ver, primero solo el pueblo cristiano es sacerdotal; él es quien celebra sólo la eucaristía; después se eligen presidentes para celebrarla, que se hacen dirigentes; estos son indistintamente denominados obispos o presbíteros, pero son la misma cosa; posteriormente se da primacía a los obispos sobre los presbíteros; luego se establece la clericalización que separa del pueblo y la jerarquización, que separa a los sacerdotes entre sí, poniendo a unos sobre otros, y a todos ellos por encima del pueblo; finalmente, surge la sacramentalización ontologizante por medio del carácter. HACIA LA LENTA SACERDOTALIZACIÓN ONTOLÓGICA Amplío lo que acabo de decir: Frente a esta concepción del ministerio en el primer milenio surge otra totalmente distinta en el segundo: Desaparece la dimensión eclesial para tornarse en un ministerio ontologizante, sacramental, de un carácter indeleble, regido por el derecho eclesiástico. Y así nace la "potestad" jurídica para celebrar, para absolver, para sacramentalizar legalmente la vida cristiana. La comunidad ya no es lo fundamental. Se le han usurpado todos sus derechos y privilegios jesuano y apostólicos por los clérigos. Lo cual no surgió de pronto, sino que tuvo lugar tras un largo proceso secular, mediante el cual el clero fue asumiendo funciones de sacerdotalización hasta separarse de la comunidad y despreciarla, que era precisamente de quien únicamente podían recibir su legitimación ministerial. EN CIRCUNSTANCIAS ESPECIALES, UN LAICO PUEDE CELEBRAR LA EUCARISTÍA Si nos atenemos a esta fe apostólica de la primitiva Iglesia que vengo exponiendo, según el NT la comunidad posee un derecho divino a tener ministros y a celebrar la eucaristía. Por eso, lo que aquí sucedió en la guerra civil de carecer de la eucaristía por no haber sacerdotes, no tendría que haber sucedido, pues los laicos cristianos podría haberla celebrado eligiendo a sus propios ministros. Y eso es doctrina de muchos teólogos. Edward Schillibeeckx escribe los siguiente. La situación actual en las que algunas comunidades no pueden celebrar la eucaristía porque carecen de sacerdotes. hubiera sido inimaginable en la Iglesia primitiva. En ese caso, la comunidad elegiría a alguien que la presidiera y haría que se le impusieran las manos para ser una comunidad celebrante, "una comunidad de Dios" 42En otro lugar sigue diciendo este autor que, si en unas circunstancias históricas existe el peligro de que una comunidad se quede sin ministros..., aquellas exigencias de admisión al ministerio (v.g., celibato, o ser varón, etc) 43 que no nazcan de la propia esencia y que sea en realidad una de las causas de esa escasez de ministros, debe ceder frente al derecho de la comunidad a tener dirigentes, un derecho primario que se basa en el NT. (pg.75).No es otra cosa lo que sucedió en Hungría, Checoslovaquia, etc., durante la ocupación rusa en donde varios cientos de confesores "mártires", perseguidos, encarcelados, eran designados para celebrar la cena eucarística; elegidos obispos, como Pavel Hnlica, consagrado en un reservado de una cervecería, Davidek, Jan Blaha, etc.; y sacerdotes, la mayoría de ellos laicos casados, entre los que figuraron algunas mujeres, lo cual se autorizó para mantener la fe de los perseguidos, poniendo en practica la Traditio de Hipólito. Excepto en el caso de las mujeres, se consagraron y ordenaron laicos casados, en México con el consentimiento de Pío IX, en Rumanía con el de Pío XII; y de Juan XXIII y Pablo VI, en Checoslovaquia. Por consiguiente, Habría que hablar más bien de ministerio de la Iglesia que de sacerdocio, al que pertenece todo cristiano, pues por el bautismo ya es pueblo sacerdotal. Como dice Faivre, los fieles no deben pasar de ser un pueblo de sacerdotes, a ser un pueblo de los sacerdotes. No olvidemos, pues, que la carta a los Hebreos, único sitio donde se habla del sacerdocio, reserva sólo para el laico Jesús el título de sacerdote cuya forma de ejercerlo no es ritual, sino por la entrega de su vida hasta la muerte en servicio de los demás, y no por el dominio. Su autoridad está en ése servicio y no en el poder sagrado. El y sólo él debe ser el referente de los ministros cristianos que, como justifican los historiadores eclesiásticos que ha llevado al estado clerical más que a la función ministerial. Así se desclesializa el ministerio. Los clérigos no son ya los hombres de la comunidad: Separados de ella como clase, creen ser la iglesia y encarnar lo sagrado y que para ellos son los demás (G.Faus). ¿SACERDOCIO INDELEBLE?. Tímidamente comienza, a principios del segundo milenio, la teoría del carácter indeleble sacramental, uno de cuyos principales impulsores fue Pedro Lombardo. Y es entonces cuando la célebre "ordinatio" antes explicada, se convierte en ordenación En la época del II y IV concilios de Letrán comienza a ponerse dicho carácter como fundamento del sacramento del orden. El individuo es ordenado sacerdote "personalmente". El ordenado posee potestad para celebrar la eucaristía, independientemente de la comunidad, con lo que, de hecho, se contradice lo que el Concilio de Calcedonia llamaba "ordenación absoluta", que el concilio declaraba invalida. Con ello, la relación "comunidad –iglesia- y ministerio" se vio desplazada hacia la relación "potestad y eucaristía", bajo la idea del opus operatum sacramental, quedando así relegado a un segundo plano el contexto eclesial, sustituido por la potestas, bajo el influjo, de nuevo, del derecho romano que había sido sustituido tras la invasión de los bárbaros por el derecho germánico En este proceso creciente de una sacerdotalización cada vez más ontologizante, llegamos al Concilio de Trento que declara que en el sacramento del orden, como en el bautismo y la confirmación, se imprime el carácter, que no se puede borrar ni quitar. Y prosigue: Con toda razón el concilio condena la sentencia de aquellos, que afirman: Que los sacerdotes del NT sólo tienen una potestad temporal, y los que han sido ordenados pueden otra vez hacerse laicos. ¡Qué extraño!. El concilio que nunca quiso decir qué era un sacramento, no tiene reparos en proclamar algo de la esencia íntima de un sacramento. Pero podemos decir: O esto no es así o habrá que admitir que toda la Iglesia del primer milenio tuvo unas actuaciones heretico-disciplinares 44 .En efecto, durante todo el primer milenio, los clérigos, incluidos los obispos, que cometían determinadas faltas eran privados del ministerio. Esta costumbre fue establecida por multitud de concilios hasta el s.XII. Lo fueron por motivos de razón y peso, como graves escándalos, pero también por causas nimias que inducirían a la hilaridad, si no fuera tan trágica esa privación para muchas personas. Cito algunas: Faltar a la eucaristía diaria 45 ; ser un clérigo vago46 ; celebrar la eucaristía sin estar en ayunas47 ; no acudir al oficio diario del rezo divino48 ; los obispos que en el día de la fiesta se hacían transportar en sillas gestatorias por diáconos vestidos con albas49 ;contraer matrimonio en segundas nupcias50 ; casarse con una viuda51 etc.No cabe ninguna duda de que se trataba una remoción del oficio y del mismo sacerdocio, según expresión de los Concilios, que rezan así: Para que no tengan ya la ordenación sacerdotal (Concilio de Braga II c.17); para que pierdan el grado, la gracia de la consagración (Toledo IV, c.31; XII,4); y sean removidos, retraído de su oficio (C. Orleans, c.4).Y tales cánones se explicitan en un incontable número de concilios que no es posible enumerarlos aquí. Con ello quedan volvían a ser sólo simples seglares. Las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y de los Papas del primer milenio resultan mucho más claras aún. Así lo confirma Cipriano con las expresiones de abstención y pérdida del ministerio episcopal (Epist.4 y 52,1).Y Ambrosio afirma que a los que eran apartados del ministerio no podían llamarse sacerdotes, porque se les privaba del mismo sacerdocio (Gesta Concilii Aquileiensis 60-Pl. 16,935A-). Agustín dice que los privados de ese ministerio pierden el episcopado, distinguiendo entre oficio -ministerio- y orden (Epist.51,). En cuanto a Papas, basten sólo algunos ejemplos: Siricio habla del despojo de la dignidad eclesiástica con el paso a lo condición de simples seglares (Epist. I,15). Inocencio I afirmaba que perdían la ordenación y no podían comunicársela a los demás (Epit XVII,7). León Magno escribe: Que sepan que se les priva del orden mismo (Epist.17). Finalmente, Gregorio Magno, entre otras causas de la reducción al estado laical, advierte a un obispo que se daba a los banquetes y la buena vida: hasta puede perder el episcopado mismo (Epist. II,20). Y así continua esta doctrina de Concilios, Padres y Papas hasta el s. XII, pues, en el Decreto de Graciano, se reconoce la misma ley y la misma praxis.(I,D.46,c.3; 33,c.3;5O,c. 4).El mismo Concilio III de Letrán habla de la privación de todo el orden sagrado refiriéndose a los obispos. Puedo aportar más de un ciento de citas. Examinemos lo que significan las siguientes frases que tomo de numerosos concilios, Padres y Pontífices sobre el asunto: Removeatur ab honore et officio -distingue el cargo u oficio del honor episcopal-sacramental y dice que se quiten los dos. Sacerdotio sub movendum – remover no del oficio, sino del sacerdocio mismo-. Amittere -perder, dejar- gradus, honorem, officium, ordinen -no puede estar mas claro en todas esas expresiones que pierden el honor, oficio, el orden y el grado de sacerdote u obispo. In ordinatione eclesiástica non habere -es decir, no tener el orden mismo-. Deiciatur -desposease- a clero, ab honore, a culmine sacerdotii -del sacerdocio, no sólo del oficio- Perdere gradum, gratiam consecrati -perder la gracia de la consagración sacerdotal. Regredatur –retíresele- ab órdine -la ordenación misma-. Decedere -desaparcer, morir- a gradu, -es decir del grado sacerdotal o episcopal-. Está claro que en estas determinaciones conciliares se hablaba, no sólo de la perdida del ministerio, sino del mismo sacerdocio y, por consiguiente, no se admitía el carácter sacramental perpetuo, cuya doctrina comienza tímidamente a desarrollarse en el s. XII, que hoy juzga sin fundamento gran número de teólogos, y que está ausente en la praxis y en la doctrina de la Iglesia del primer milenio, que reducía a la condición de simple laico a obispos y sacerdotes. Es contra toda esta legislación milenaria contra la que Trento establece el dogma que he leído. ¿En qué quedamos? CONCLUSIÓN: Después de la puesta en entredicho de la existencia de un sacerdocio sacramental, no se niega, sino que se hace necesaria la existencia de unos ministerios de servicio, que siempre han existido en la Iglesia desde su nacimiento como diaconías, pero no sacramentales. Estos ministerios se habrán de ir actualizando, a medida que la cultura vaya evolucionando y las necesidades de la Iglesia exigiéndolos. En una comunidad de fe, hay que superar la imagen de que la Iglesia es el cura y los obispos, casi exclusivamente, pues en la Iglesia que viene, la eucaristía, los sacramentos estarán servidos por ministros designados, podemos llamar "ordenados", para las comunidades, siempre aceptados por ellas, pero no sacralizados: hombres y mujeres, más entregados, al servicio a los más necesitados, más en fraternidad que especializados sólo en servicios religiosos; que sean casados o célibes, con dedicación plena o parcial, por tiempo limitado o para siempre, como he justificado que se hacía en la primitiva Iglesia. Sin duda que así se revitalizaría la Iglesia y, por supuesto, la fe. El rechazo del clericalismo y la necesidad de esta reforma ministerial ya la han hecho teología grandes maestros como Rahner, Schillebeeckx, De Lubac etc. La sugieren y piden algunos obispos, apoyados en aquel intento del Vaticano II de la corresponsabilidad, hoy tristemente aparcada. Todo lo demás corre el riesgo de ser un conjunto de tácticas dilatorias, que trae el recuerdo de la práctica del avestruz. Pero la explicación de tales ministerios ya es objeto de otra conferencia.
NOTAS.
1 En honor a la verdad he de decir que allí me hicieron ver que tales temores eran incompatibles con la paternidad amorosa de Dios, y que El recompensaría mis veinte años de ministerio, sin tener en cuenta las deficiencias en que pudiera haber incurrido.2 Fernando Urbina, Mundo moderno y fe cristiana3 En total, declaramos, afirmamos y definimos que someterse al romano pontífice es para todas creatura humana absolutamente necesario para la salvación. (DS 872-75. D.468-69).4 He aquí algunas admoniciones sobre como hacer los tormentos: "Ha de quedar escrito, cómo le mandaron desnudar, y ligar brazos y las vueltas del cordel que se le dan y cómo lo mandan poner en el potro y ligar piernas, cabeza y brazos y cómo se ligó y cómo se mandaron poner y pusieron los garrotes y cómo se apretaron, declarando si fue pierna, muslo o espinilla o brazos.5 J.I-González Faus: La autoridad de la verdad. E. Herder, 1996, pg. 64.El papa León X, en 1529, condena, reprueba y rechaza que quemar herejes sea contra la voluntad del Espíritu Santo. (DS 1492) 6 González Faus, La autoridad de la verdad, 32, Herder, 1996.7 González Faus, o.c. 1388 Id.,id., 104. En marzo de 1679, Inocencio XI, por medio del Santo Oficio, condenaba la siguiente proposición: "El acto conyugal, realizado solamente por placer, esta libre de toda culpa..." Es decir, si se hace por placer, siempre es malo y pecado.9 Esta carta, ciertamente no es suya. En primer lugar no es ninguna carta, ni pertenece al género epistolar; es un sermón, "un discurso de exhortación", como se dice en el texto, en 13,22, posiblemente destinado a leerlo en las eucaristías. Su estilo es totalmente diferente al de Pablo. En la Iglesia de occidente no fue admitida como escrito canónico hasta finales del s.IV. Según se trasluce de la misma carta, su autor es un maestro judío-cristiano, de formación alejandrina, muy versado en la Escritura. Su composición es anterior al año 96, ya muy tardía. Pero es una carta testimonial de lo que se creía de Jesús.10 Véase Gn 14, 19-21, paea saber quien es Melquisedec11 Para comprender los misterios de la Iglesia. Ed. Verbo Divino, 46. Estella.12 La Humanidad Nueva, pg., 78. Sal Térrea, 1984,13 José Mª Castillo. El Reino de Dios. Descle de Brouwer, 1999, pg.,367: Cipriano se convirtió y fue bautizado, relatando en el tratado Ad Donatum lo que supuso para el la conversión y el bautismo. Lo sorprendente es que en un tratado dedicado a eso, no aparece ni una vez la palabra Jesús, ni Cristo, ni evangelio, ni Iglesia , ni comunidad cristina, ni reino de Dios. Entonces, ¿a qué se convirtió este hombre: Él mismo lo dice, aduciendo que entes de la conversión se hallaba sumido en la oscuridad,, en la ceguera, en la incertidumbre y, sobre todo, en la inseguridad, en la desesperación. En tales circunstancias la experiencia de la conversión fue para Cipriano el logro de la seguridad en la tranquilidad y en la firmeza que libera de todo inquietud; y junto a eso, el ideal de las virtudes helénicas. Esto no era otra cosa que el estoicismo. Cipriano se convirtió no al evangelio, sino a un cristianismo estoico.14 Hombres de la comunidad, Sal Térrea, 2115 Para conocer cómo surgió la Iglesia16 Teología de la Eucaristía. Alexander Guerken17 Es muy proclive la institución eclesiástica a dogmatizar en materia de devociones: En el número de la revista vaticana, "Aci Prensa Digital" en Internet, del 25 de este mes de mayo, aparece la noticia de que el papa Juan Pablo II acaba de proclamar que se puede decir que en el Cenáculo ha nacido la oración del Rosario. Si la afirmación de la institución del sacerdocio en la cena Pascual tiene los mismos fundamentos de lo dicho sobre el rosario, algo nacido de la pura devoción muchos siglos después del cenáculo, poco fundamente escriturístico puede tener la institución del sacerdocio. En cualquier caso, para el pueblo creyente llano ambas aseveraciones, puestas en labios del papa, tienen la misma autoridad.18 Nota del NT de Nacar-Colunga sobre la institución eucarística en Mt 26,26: Sin duda que Jesús alude aquí al rito de la primera alianza del Sinaí: Moisés, después de sacrificar las víctimas, la mitad de la sangre la derramó sobre el altar, mientras que la otra mitad la aspergió sobre el pueblo allí reunido en señal de vinculación y alianza mutua entre Dios e Israel (Ex 24,5-8) 19 Según la ciencia atómica, la teoría de la filosofía griega sobre sustancias y accidentes, hoy no puede sostenerse, pues no hay, pues solo hay átomos que giran a inmensas velocidades.20 El nacimiento delcrsitianismo. Sal Térrea, 2002, pg., 448-44921 O,c, pgs. 442-44422 La Iglesia y los sacramentos. Barcelona,1967, 4523 Símbolos de libertad. Sígueme, 198524 El Decreto Graciano y otros documentos mencionan como sacramentos, la sepultura de los difuntos, la dedicación de los templos, el ingreso en la vida religiosa, la consagración de altares y la bendición de abadesas, etc. Así asta una treintena25 Tan no se tiene en cuenta ni la materia ni la forma que ideó la teología que en las distintas iglesias existen diferentes epiclesis: Algunas ni siquiera repiten las palabras del Señor; otros dicen que la forma son las palabras que dice el sacerdote, que inmediatamente constituyen la eucaristía, mientras otros dicen que es Espíritu Santo el que hace presente a Jesús, después de la invocación del sacerdote. Hay una gran división con los orientales. Un lío que nadie sabe resolver. Existen cinco principales anáforas: La siria oriental y occidental, romana gálica, hispana.26 Luis Maldonado, Eucaristía en devenir, 127 y ss. Sal Térrea, 199727 La Didajé es un libro antiquísimo, que atraviesa la trayectoria de la fuente Q en una etapa muy primitiva, coetáneo de algunos libros canónicos, que estaba entre otros siete manuscritos, copiados el año 1056. Se encontraba perdido en una biblioteca de Estambul. Fue descubierto por algunos investigadores de esa biblioteca en el año 1873 y se publico diez años más tarde. No es una epístola ni un evangelio; es una regla comunitaria, un libro de instrucciones para las primitivas comunidades cristianas. Hoy es imprescindible y de un valor inconmensurable para conocer la historia del cristianismo primitivo.28 O.c. 370-71.29 Edward Schillebeeckx. El ministerio eclesial, 96. Cristiandad, 196330 Después, esta frase es manipulada en su sentido, v.g., por Inocencio III, al afirmar que lo que quiere significar no es otra cosa que lo que hace el sacerdote es realizado por el pueblo de Dios solo in voto (De sacro altaris ministerio III, 6)31 De exhort. Cast. 7,332 1 Clm,44,4-533 Ad Smyrn 8,1-234 Strom, VI,12; CGS II, 48535 In Mat, 12. CGS,XII, 3,23.36 Hist. Eccl. 1,23,5. CGS, 1,53.37 No se impongan las manos sobre él para recibir el diaconado o el presbiterado. Por su confesión, ya tienen el honor de presbiterado.38 Entre otros, muchas de estas ideas están tomadas de El ministerio eclesial, Edward Schillebeeckx, E.Cristiandad.39 Esta ley se va imponiendo con violencia física: Bonifacio, el llamado apóstol de los alemanes (754), en el primer concilio que convocó, prescribe para los sacerdotes casados incontinentes con sus esposas que deben permanecer dos años en la cárcel, pero previamente debe ser públicamente golpeado y azotado y tras la tercera paliza, hacer penitencia durante un año.Las esposas de los sacerdotes halladas en incumplimiento de la norma de continencia podía ser vendidas. Así lo prescribe, p.e., el VIII Concilio de Toledo, en el 653: Algunos sacerdotes y ministros se contaminan con el contacto de sus propias esposas; las mujeres cómplices de ellos serán separadas o vendidas. Y lo mismo ordena el papa León IX en el sínodo mantenido en Roma: que las mujeres de los sacerdotes pasaran a servir como esclavas en el palacio Laterano. Es curioso que los castigos indicados y otros muchos recaían sólo sobre las mujeres; sus espesos sacerdotes casi nunca eran castigados severamente. (Véanse los nueve artículos publicados sobre el celibato eclesiástico en el Diario Jaén, por José María Marín Miras) 40 Epist. Ad Evangelium. PL 22, 1193 y 119441 Comentario a Tito 1,1.5: PL 26,56242 El ministerio eclesial. Pg.,82-83.D.Cristiandad, 198343 El paréntesis es mío.44 Cf. Revista Catalana de Tología. VIII/1 (1983) 81-11145 C.Toledo I, c.546 C.Valencia, año 54947 C. Braga II, c.1048 C. Braga II, c.7349 C. Braga III50 C. Toledo I, c.451 C. Braga II, c 26; Orleáns,c.10
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