EL FUTURO PAPA, UN PASTOR UNIVERSAL.

Ante la celebración de un cónclave para la elección de nuevo Papa, me da igual del país o de la raza que sea. Sólo me interesa su perfil ante el Espíritu y que sepa discernir los signos de los tiempos para que se presente adecuadamente el Mensaje de Cristo.

Quisiera que el sucesor de Juan Pablo II, aprovechando el poder absoluto que tiene el papado desde el siglo XI, en su primera intervención anunciara que de ahora en adelante la Iglesia tomará las decisiones de forma colegiada. Como primera medida se debería crear la Congregación de la Fe para garantizar la corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios en la toma de decisiones y para potenciar que Obispos, Conferencias Episcopales, Teólogos y Facultades de Teología tengan la misión especial de abrir campos de diálogo para facilitar la unión de todos los cristianos.

Desearía que el nuevo Papa, en una actitud humilde, dijera con claridad que la fuerza de la Iglesia no está en el poder, sino en la fuerza del Espíritu y que nuestra unión tiene que estar en todo aquello que nos une, muy especial en el grito de los pobres, de los marginados, de los que lo están pasando mal, en la lucha contra las causas de la injusticia, el paro, la situación del tercer mundo, la conservación de la naturaleza.

Quisiera que desde ahora en adelante el Papa asumiera y acogiera las conclusiones de los Sínodos, prestando especial atención a los puntos controvertidos para que sean aclarados con un diálogo paciente y riguroso. Las cuestiones ahora emergentes, como son el celibato opcional, el papel de la mujer en la Iglesia y su ordenación sacerdotal y otros, no deberán ser tema tabú. Serán aclarados en el diálogo y en una actitud ecuménica de aprender y profundizar hasta tanto estén maduras para ser resueltas. Resolución que el papa no tomará solo, sino en plena colegialidad.

Desearía que el próximo Papa estableciera los mecanismos para que, inspirados en el comportamiento de la Iglesia primitiva, se discutiera, en el seno de todo el Pueblo de Dios, la forma de elegir en el futuro tanto al Papa como a los Obispos, fijando el tiempo del desempeño de la misión papal y episcopal. Para ello nada mejor que convocar un Concilio Universal. En el primer milenio al Concilio se le consideraba por encima de todos los Sínodos y del Obispo de Roma. San Cipriano, jefe de la Iglesia Africana en el siglo III, en uno de sus Sínodos decía: "El pueblo tiene poder por derecho divino para elegir a sus obispos, el pueblo tiene poder por derecho divino para deponer a sus obispos si no son considerados dignos y, en el caso concreto, el pueblo ha decidido que no vale la decisión tomada por nuestro "colega" Esteban (Obispo de Roma) porque cree que ha actuado mal informado"

Quisiera que, al dirigirse por primera al mundo como Pastor Universal , terminara su discurso anunciando que la " Iglesia quiere ser una especie de sacramento de Salvación, de la paz y de la justicia. Y que por eso recorreremos nuestro camino con profunda y sentida solidaridad con toda la familia humana, con todos los pueblos y con todas las culturas y con las grandes religiones mundiales. En unión con todos intentaremos aprender, vigilar, orar, trabajar por la solución de los problemas más candentes que a todos se nos plantean en este milenio que hemos empezado. El éxito o fracaso de mi servicio como Obispo de Roma y Pastor Universal va a depender de vuestra colaboración y vuestras oraciones".

Juan de Dios Regordán Domínguez.- Algeciras