IMPRESIONES Y COMENTARIOS DE UN SACERDOTE CASADO BRASILEÑO SOBRE EL CAMINO DE SANTIAGO

 

"La historia de la Iglesia nos ha legado un gran patrimonio de fe y de piedad cristiana en el Camino de Santiago. Corresponde, por tanto, a la Iglesia la responsabilidad pastoral de la custodia de este legado" (Obispos del Camino, CREDENCIAL DEL PEREGRINO)

Era el día 12 de mayo de 2.003. Mirando por las ventanas del albergue, se podía ver que la mañana estaba fría. A las 6,30 fuimos despertados por la suave melodía del Canto Gregoriano. Más adelante, sólo en algunos pocos albergues, los peregrinos son despertados al son del gregoriano. Después de tomarme un ligero café, empecé a bajar por la Rua da Porta de Santiago. Entré en la iglesia para pedir la bendición del Señor y de la Señora del Camino y de Santiago. Me paré en el puente, casi enfrente de la iglesia, recé un padrenuestro y un avemaría, invoqué al Espíritu Santo, a mi Ángel de la Guarda y al apóstol Santiago y di el primer paso, de aquella que sería una peregrinación espiritual por los caminos de España y de mi corazón. Fui dejando atrás Sant Jean Pied de Port con un sentimiento de profunda esperanza.

La subida de los Pirineos hasta Roncesvalles es emocionante. Una sucesión ininterrumpida de paisajes de majestuosa belleza, de una grandiosidad nunca vista, envuelta en un misterioso silencio que me sugería una constante presencia, casi física, de Dios. Dios que se revela en la belleza, en lo verde, en la suavidad del viento, en el cantar de los pájaros y en la certeza de que el silencio es la casa donde El habita.

Después de algunas horas, Roncesvalles, que me produjo alegría y decepción. Alegría por estar entrando en un monasterio de secular tradición de acogida a los peregrinos. Un lugar sagrado, de fe, de hombres y mujeres santos, un centro de espiritualidad. Hoy, por el contrario, transformado en un gran centro turístico, con hotel, albergue juvenil y albergue de pago para peregrinos y con una recepcionista malhumorada, descortés, tratando a los peregrinos sin delicadeza y con total indiferencia.

Quedé impresionado con la comercialización del lugar. Asistí a una misa sin garra, sin creatividad, formal, en la que se hace, o se da, la bendición a los peregrinos con un canto gregoriano pobre. Allí vi, por primera vez, que los tres sacerdotes que celebraban la misa eran personas de 65, 70 años. Y me pregunté dónde estaba la fuerza, el vigor religioso del monasterio que no tenía sacerdotes y monjes más jóvenes, para trasmitir a los peregrinos que el mensaje vocacional se renueva cada día a través de sacerdotes jóvenes.

Roncesvalles llegó a ser un centro iniciático, un lugar de fe, en el cual el peregrino encontraba el sentido a su peregrinar. Hoy apenas es un lugar-inicio del Camino.

"El Camino de Santiago es un camino de peregrinación" (Credencial del Peregrino). Roncesvalles podría ser el lugar ideal para una sólida preparación pastoral del peregrino. El peregrino va allí con fe, con humildad, con amor, esperanza. El quiere y espera hacer un camino espiritual, un camino del corazón, pero el monasterio no ofrece nada. Nada, ni una hora de reflexión, un día de retiro, charlas sobre espiritualidad, religiosidad o sentido del Camino, una hora de Adoración al Santísimo Sacramento o alguna otra actividad que fuera una parada que le ayudara a pensar en el sentido del Camino, antes de comenzar a caminar. Pero el monasterio no ofrece nada y, así, allí mismo, donde la espiritualidad y la religiosidad deberían encontrar sentido y orientación, todo acaba o muda el sentido. El peregrino pierde el sentido del camino, que se transforma, para muchos, en una gran excursión, en un programa de turismo ecológico, con excepciones, por supuesto.. No obstante esta falta en el inicio, algunos peregrinos no desisten de hacer su camino de peregrinación interior. En Roncesvalles se ha perdido la gran oportunidad de ser un Centro de Pastoral de orientación del Camino, como dicen los obispos del Camino.

EL Camino es algo indescriptible. Se calcula que son unos 200 peregrinos que salen cada día de Roncesvalles. Algunos de estos peregrinos terminan su Camino en León o Burgos, otros en Astorga y sólo un tercer grupo, de unos 60 peregrinos, calculo, que salieron en el mismo día de Roncesvalles, llega a Santiago. Es como si fuera un pelotón que se traslada en grupo, todos los días, de un albergue a otro, hasta llegar a Santiago. Son personas del mundo entero. Un día, un sacerdote preguntó cuántas nacionalidades estaban presentes en la misa. Eran 17 países diferentes, una riqueza sin precedentes. Es preciso ser creativos para no perder esta riqueza de dones.

En el Camino ocurren los más variados fenómenos: las personas se comunican en las más diferentes lenguas, a veces, con pocas palabras y muchos gestos; se forman amistades que duran años, se crea una cultura entre peregrinos, sobre todo, entre los que salieron el mismo día de Sant Jean o Roncesvalles; en el camino todos saben de todo, se forma una red de comunicación extraordinariamente eficaz: "en el Camino se sabe de todo".

Hechos excepcionales como sanaciones, conversiones, "visiones" de Jesús y de Santiago, algunos hechos milagrosos son trasmitidos como secreto, de boca en boca, pidiendo que se declaren. Personalmente fui testigo de algunos de estos hechos.

Todo el mundo sabe quien tiene ampollas, tendinitis, dolor de rodilla, insolación, y quien se ha parado a descansar en alguna ciudad.

Los franceses son los peor educados, no saben hablar ninguna lengua, se levantan pronto, antes que los demás, despiertan a las otras personas, llegan a Santiago sin haber aprendido a decir: buenos días, buen camino y continúan hablando en francés. Los alemanes son sensatos, serios y amables. Los brasileños son alegres y amigos de todos. Los españoles son delicados, amigos y siempre que pueden ayudan; no piensan que el camino es suyo, como hacen los franceses.

El peregrino desarrolla una gran capacidad de ayuda, aunque la intensiva, continua y programada comercialización del Camino está haciendo que disminuya una de las mayores y más bonitas de las cualidades del peregrino que es la generosidad. En el Camino todos necesitan de todos por razones de inseguridad, de miedos, de salud, de alimentación, de distancias. Aunque se nota que ha disminuido, de algunos años para acá, la solidaridad entre peregrinos, todavía existe y se manifiesta en el cuidado a los enfermos, en el café de la mañana, en donde un poco que les sobra a algunos se reparte con los otros, en el cuidado y asistencia a un peregrino que está en dificultades, en pararse para dar masajes, curar las ampollas de los que no pueden caminar. El Camino es una gran escuela de fraternidad, de compromiso, de sensibilidad de unos con otros.

El Camino, conocido en todo el mundo, pasa por una progresiva y programada comercialización. El peregrino trae dinero para 30,40 días. Comer, hospedarse, medicamentos, todo cuesta dinero. Está surgiendo una mafia religiosa en el Camino. En algunos lugares, el dueño del bar es también el dueño del albergue, de la tienda y el hostal y, juntamente con el alcalde, impide el aumento de camas en el albergue, para que el peregrino tenga que ir a parar a su hostal y que se abran más tiendas, para que el peregrino tenga que ir a comer a su bar. Esta información me fue dada por más de un dueño de albergue.

Y siguiendo hablando de la comercialización, también en Santiago el botafumeiro funciona cuando lo paga un grupo de personas, excepto en los días oficiales, según creo. Se dice que cuesta entre 300 y 700 euros. El botafumeiro tiene una historia secular y sagrada, él pertenece a la vida de los peregrinos. Este hecho precisa analizarlo más profundamente, pues es triste ver que el botafumeiro, que siempre fue símbolo de alegría espiritual del peregrino que llegaba, hoy suba a los cielos sólo cuando se pagan unos cientos de euros, cuya cantidad no se dice a los peregrinos con qué finalidad se pide y dónde va a parar este dinero sagrado de verdad, porque sale de los bolsillos ya vacíos de los peregrinos.

¿De quién es este Camino? A lo largo del Camino vemos las placas con la vieira: "Consejo de Europa", "Camino Cultural Europeo", "Orden de los Caballeros del Camino de Santiago". (Algunas de estas inscripciones están en unas inmensas piedras, como si fueran propiedad de la Orden, en alguna ciudad que no recuerdo, pero parece que son del Consejo responsable del Camino)

¿Quién es el responsable de este Camino? Pienso: El Consejo de los Amigos del Camino. ¿Y quién es responsable de los albergues? ¿de la señalización de las flechas del camino, que ,en algunos trechos, no hay ninguna? ¿Quién es el responsable de la seguridad física, social, geográfica, de la salud de los peregrinos? ¿O son los propios peregrinos un rebaño de ovejas sin pastor, que marchan por su propia cuenta, en dirección a Santiago, llevados por la esperanza de abrazar al Santo? Es necesario recordar que hay peregrinos del mundo entero y que los problemas graves con peregrinos podrían ocasionar serios problemas diplomáticos con otros países, de donde proceden los peregrinos.

El Camino existe, está ahí, pero, en poco tiempo, puede convertirse en un grave problema social: faltan albergues, faltan médicos especializados y dedicados al camino. La atención médica es precaria, aunque, con raras excepciones, hecha con buena voluntad. Crece una absurda comercialización de los albergues y hostales. Por falta de albergues muchos peregrinos se levantan a las 4 de la madrugada, caminan muy deprisa para llegar pronto a otro albergue y asegurarse el alojamiento; a consecuencia de esto, innumerables peregrinos padecen ampollas, graves problemas de columna, de rodillas, sin una atención médica gratuita y adecuada. Un propietario de un albergue me dijo que intentó hablar de estos asuntos en una reunión con los "Amigos del Camino", el grupo responsable, y le amenazaron con cerrarle el albergue, si continuaba reclamando un cambio en la política habitual del tratamiento de las cosas del Camino.

Otra cuestión grave son los robos en los albergues. Existen ladrones "peregrinos" profesionales. Tal vez se debería pensar en un sistema de seguridad, para los que quisiesen, en los albergues. El Seminario Menor, en Santiago, es el albergue más visitado por estos ladrones profesionales. También la droga empieza a aparecer en el Camino.

Es bueno que los "Amigos del Camino" tengan en cuenta que los peregrinos dejan millones de euros en España y es una suma que crece día a día. Pienso que esta cuestión del Camino, lo quieran o no los Amigos del Camino, puede convertirse en un problema de seguridad nacional, muy complejo, dado el aumento del número de peregrinos, que se espera para el próximo año Santo Jacobeo.

¿De quién es el Camino? ¿Tiene dueño? ¿Será la Iglesia también dueña del Camino? ¿Cuál es la responsabilidad de la Iglesia Católica en todos estos problemas del Camino?

Pero el peregrino continúa su Camino de purificación, de espiritualidad, religiosidad y profundización de conciencia. Él teme no llegar a Santiago, pero como el camino se hace al andar, él camina, en el silencio de su ser, deseando inmensamente subir al Monte del Gozo y contemplar Santiago, en donde él despertará de un vivo y profundo sueño.

Tengo claro para mi que muchos peregrinos, tal vez la mayoría, no hacen el camino por razones espirituales o religiosas, tal vez, quizás, por ignorancia o falta de motivación. Falta orientación espiritual y religiosa en el camino. Muchos caminan por caminar, porque es moderno, porque les gusta el ecoturismo, porque es un desafío que se pusieron, porque quieren pensar en los problemas que les preocupan, , porque quieren huir del estrés en el que están metidos, porque quieren cambiar de vida, porque se han separado de su pareja, porque tienen problemas mentales. Estas y otras fueron razones que escuche de peregrinos.

No obstante, la dimensión histórica del Camino es que éste es un Camino de fe, de penitencia, de espiritualidad y religiosidad. Han pasado siglos en que millones de peregrinos han llegado a Santiago, pasando por pueblos históricos, bajo unas condiciones adversas de seguridad, clima y salud, para abrazar al Santo.

¿Por qué será que hoy sean tan pocos lo que hacen el Camino con esta dimensión espiritual? ¿Por qué será que el Camino se está desacralizando, siendo él, querámoslo o no, un camino sagrado?

En esta cuestión no tengo la más mínima duda de que la responsabilidad recae, en gran parte, en la Iglesia, guardiana secular de la espiritualidad y religiosidad del Camino. La Iglesia está perdiendo el Camino. Son centenares los pueblos que nacieron en el camino, del camino y para el camino. Algunos de ellos se convirtieron en grandes ciudades, sedes de reinados y principados, como Pamplona, León, Burgos, Astorga y otros.

El Camino está lleno de capillas, iglesias, catedrales; testimonios de piedra del coraje, la fe, el amor, la religiosidad de un pueblo que no escatimó esfuerzo alguno para levantar estos monumentos de gloria al Señor. La fe dominaba el Camino. La fe era la principal virtud del Camino. Fue ella la que levantó catedrales, iglesias, capillas. Paso a paso, el peregrino hacía sus paradas de amor, de fe, de sacrificio, con la esperanza de un día llegar a Santiago y decir con alegría: "El Señor hizo en mi maravillas. Santo sea su nombre" y abrazar al Santo.

¿Por qué esto está desapareciendo o ha desaparecido? ¿Alguien es responsable de esto? Con seguridad: la Iglesia.

La Iglesia envejeció con el Camino. No se renovó. Está agonizante, como ciertas iglesias, a punto de caer, porque no tienen pastores que puedan cuidar de ellas. Es triste ver ciertas iglesias, en otro tiempo testimonios de la fe de los pueblos del Camino, cubiertas hoy de lodo, de plantas que nacen en sus torres, fachadas con defectos estructurales serios, porque no tienen pastores que cuiden de ellas. El abandono invadió la Casa del Señor. Algunas veces, lloré por el camino al ver tanto abandono, tanto pasado que está perdiendo el presente. Iglesias sin pastores, abandonadas. ¿Habrá alguien interesado, de verdad, en estudiar este problema y buscar soluciones prácticas? ¿O es que no tiene solución?

Dentro de poco tiempo, veremos, como en Inglaterra, iglesias del Camino convertidas en mansiones de ricos, en bares, tiendas, teatros. ¿Cómo verá el Apóstol Santiago su Camino?

Un día llegué a un albergue. Eran las 2 de la tarde. Me dirigí a la iglesia y vi a un señor, de 70 ó más años, que venía hacía mi. Me di cuenta que era un sacerdote.

Buenas tardes, padre. ¿Tendremos misa hoy?

No sé, - me respondió-. Ya llevo celebradas cinco misas hoy. Sería, entonces, la sexta. Pero, si hay peregrinos que lo quieren, yo vengo a las 19,30

¿Puedo hacerle una pregunta muy personal?

Cómo no,- me responde, mirándome fijamente -.

¿Sabe esto su obispo?

Claro que lo sabe. Yo tengo 6 parroquias. No hay curas. Las vocaciones son pocas. Los pueblos son pequeños y a los pocos jóvenes sacerdotes les gusta más estar en las grandes ciudades.

Otra pregunta, padre. ¿Qué le parece si fueran ordenadas personas de los pueblos, personas casadas, después de un curso de preparación, para que fueran curas rurales?

Esa es la solución. Así la gente tendría formación religiosa y los templos volverían a funcionar normalmente. Las personas tienen derecho a tener asistencia religiosa, lo que sería más fácil con personas casadas del pueblo, que después de una preparación adecuada, fueran ordenadas sacerdotes.

¿Y por qué los obispos no hacen esto?

Porque tienen miedo, tienen miedo de todo, -responde sin vacilar -. Hablan mucho y no hacen nada. Yo tengo que atender a 6 parroquias, con 72 años, pero hay muchas personas buenas, cristianas que con una adecuada formación podrían ser curas rurales.

Por la tarde, el sacerdote volvió, a las 19,30, para decir su sexta misa.

A lo largo de 32 días de camino, asistí a 27 misas. Excepto en dos iglesias, en todas las demás los celebrantes eran personas muy mayores, de 65 años en adelante. Este hecho llamó la atención de los peregrinos. Los sacerdotes del camino eran personas envejecidas, de poca vitalidad, celebraban de una manera automatizada, pero siempre alegres, delicadas y próximas a los peregrinos. Algunos nos contaban cómo eran antiguamente los peregrinos, sus ropas, su alimentación.

Y para completar este cuadro, los Canónigos de la Catedral de Santiago son también muy ancianos, con 70, y más, años. Sería muy pedagógico que entre ellos hubiera sacerdotes jóvenes que, juntamente con ellos, fueran testigos de una continuidad vocacional, que recordase a todos, sobre todo a los peregrinos, la eterna renovación de la Iglesia.

El Camino, debido a su universalidad y potencialidades, se podría transformar en un camino de irradiación espiritual y religiosa. Son millones de personas de muchas nacionalidades, que se podrían convertir en mensajeros y llevar a su país la energía, la buena voluntad, el entusiasmo, la espiritualidad y religiosidad que caracteriza a muchos peregrinos. Tendría que existir un plan de pastoral integral a lo largo del Camino, que ofreciese al peregrino la posibilidad de una reflexión más profunda sobre el sentido y las motivaciones del camino. No estamos hablando de una catolización del Camino, pero sí ofrecer una ayuda en centros y albergues parroquiales y especialmente en Santiago, en donde el peregrino que quisiese, que llega lleno de alegría y agradecimiento, pudiera tener esa ayuda espiritual para fortalecer su búsqueda humana y espiritual. Sería como el coronamiento de su camino. Todo peregrino dedica en Santiago dos, tres días a darle vueltas a su búsqueda de algo que no sabe él lo que es. Allí el alma del peregrino es tierra fértil y buena, para sembrar, o tal vez, cosechar.

El Camino necesita ser tenido más en cuenta por los obispos del Camino. Compete a ellos elaborar una pastoral del Camino o mandarla hacer. Se podría crear una Prelatura o Diócesis del Camino, con un obispo cuya responsabilidad pastoral fuera exclusivamente, siempre en estrecha colaboración con los demás obispos del Camino, cuidar de la espiritualidad y religiosidad del Camino. Un obispo peregrino animador y cura del Camino.

En realidad, existe un triple abandono en el Camino: 1) Los curas del Camino, abandonados social y religiosamente; 2) Los habitantes de los pueblos, abandonados espiritual, social y políticamente; 3) Los peregrinos, cada uno buscando, como puede, ayuda espiritual para vivir su propio camino, a través de una asistencia formal, como yendo a misa al final de la tarde.

Esto podría justificar la creación de una Prelatura o Diócesis del Camino, antes de que el Camino degenere en un grave problema social y moral. Con esta propuesta, en algunos pueblos se podrían constituir parroquias personales con funciones claras y educativas para el camino. Esfuerzo y creatividad, mucha fe y amor concretos serían necesarios, para realizar cambios a este nivel.

El Camino se está muriendo social, económica, espiritualmente. ¿Es posible salvarlo?

A pesar de que nada está aislado, separado, pues todo influye en todo, creo que es más difícil salvar el camino social y económicamente. En el camino, ya no hay jóvenes ni niños o son muy pocos. Solamente hay personas ancianas y en Galicia todavía se ven mujeres mayores realizar trabajos pesados.

Le dije a una de ellas:

Buenos días, señora.

Me miró a los ojos con profunda tristeza. Bajó sus ojos, nada me respondió y continúo arreando sus bueyes. Yo me pregunté:

¿Y por qué me debía responder? No tenía ningún motivo para responder. Vivió viendo pasar peregrinos y ella permanecía allí, junto a sus bueyes, arando la tierra, año tras año.

La misma reflexión vale para los sacerdotes envejecidos, viendo caerse su pueblo, viendo envejecer a las personas, morirse y él hacer lo mismo desde hace 50 años. Tendría sus momentos de gloria, de felicidad, seguro. Pero ahora no debería ser un lugar de soledad, de tristeza, y sí un lugar de alegría, de encuentro con el futuro, que llega con los más jóvenes. Esos curas necesitan ser ayudados por los más jóvenes, que difícilmente aceptarán ir para el Camino. Ellos no han sido formados para este estilo de vida. A algunos, sin embargo, les gustaría.

Un dato nuevo: La edad media de los peregrinos del Camino es de 55, 60 años. Tal vez más del 30% tengan más de 60 años. Vi muchos como yo, con 70 años. Este es un dato, al que los responsables del camino, sean civiles o religiosos, deberían prestar atención. Todo país civilizado presta más atención a los mayores de 65 años. En el Camino, desgraciadamente, ellos están compitiendo con jóvenes de 20 a 30 años. Es injusto no pensar más en ellos.

Otro dato: El número de peregrinos varones todavía es mayor que el de mujeres, aunque con poca diferencia. Sin embargo, el número de mujeres que hacen el camino solas es mayor que el número de varones.

De continuar así, y parece que así será, lo femenino, en poco tiempo va a predominar sobre lo masculino y por ahí, tal vez, el Camino comience a reencontrar su espiritualidad y religiosidad primitiva.

Llegar a Santiago, después de 800 kms., es un don, una gracia, una maravilla que la Virgen del Camino nos concede. Abrazar al Santo, una inmensa alegría. Creo que lo mismo para aquellos que dicen hacer el camino por otros motivos que no es el espiritual, el Camino es un factor de cambio. Además, no sé cómo se puede hacer el Camino y no ser tocado, en algún momento, por El. El es el Camino.

A pesar de todos los problemas prácticos que se van presentando, hacer el Camino por motivos espirituales y llegar a Santiago es un milagro de la vida que palpita abundante en el corazón de los creyentes.

Allí, al abrazar al Santo comienza el verdadero Camino del Corazón, al cual, muchas veces, no tuvimos acceso en las largas jornadas que el camino de tierra nos preparaba cada día.

 

Jorge Ponciano Ribeiro