La acogida de las personas en la iglesia

Foro Fernando Urbina
Dios no hace "piezas equivocadas"
 
Foro Millán Santos  

ECLESALIA, 29 de abril de 2004

REFLEXIÓN SOBRE LA ACOGIDA DE LAS PERSONAS EN LA IGLESIA

FÒRUM JOAN ALSINA, abril de 2004

GIRONA.

ECLESALIA, 29/04/04.- En el documento "Perfiles de la Iglesia que vamos construyendo" *, que hicimos público en enero del 2002, hay unas afirmaciones en las que quisiéramos ahora profundizar y comentar más detenidamente:

- "Es necesario asegurar dentro de la Iglesia el ejercicio real de todos los derechos humanos, tanto para los hombres como para las mujeres, sin excepción. Solo entonces estaremos legitimados para exigirlo de puertas afuera".

- Como consecuencia, la Iglesia debe promover, dentro de ella misma, el respeto a las personas que se encuentran en situaciones familiares canónicamente irregulares".

También dice que queremos iluminar nuestras inquietudes pastorales y las de nuestras comunidades con las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Las primeras palabras de la "Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual" abren la puerta para estas reflexiones, que ofrecemos a todos los que se sienten llamados a creer en Jesucristo y a construir su Reino:

"Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón [...] . La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria con el género humano y con su historia [...] . No impulsa a la Iglesia ninguna ambición terrena, sino que sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino a este mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para condenar, para servir y no para ser servido".

 

Cuando intentamos llevar a la práctica estas propuestas tan apasionantes, lo que más nos conmueve son las mil caras que adopta el sufrimiento de los hermanos/as y la complejidad de las causas que lo producen. Y una de las constataciones que más nos desgarra es darnos cuenta de que algunas de estas causas tienen su origen en la intransigencia y en la incapacidad práctica de las instituciones para escuchar, acoger y curar las heridas de las personas que acuden a ellas precisamente para eso, confiando en las palabras que predican. La Iglesia, que tendría que ser la primera en evitar esta frustración, también cae en el mismo pecado.

 

Como compañeros de camino y miembros de un mismo cuerpo, frecuentemente compartimos el desgarro de muchas personas que creen en Jesús, que se afanan por construir su Reino y por vivir en comunión con su pueblo, pero que tropiezan contra la Ley, que agosta y mata al espíritu. Las situaciones incluidas en esta crisis son muy variadas; los ámbitos donde, posiblemente, se manifiesten con más crudeza son:

. Las muchas parejas casadas "por la Iglesia" que terminan abandonando su proyecto de vida en común y quieren rehacerlo con otra persona,

. los avances científicos que favorecen nuevas formas de fecundidad controlada y asistida,

. las personas que eligen una relación y/o convivencia homosexual,

. las mujeres deseosas de que se les reconozcan su dignidad y capacidad para asumir todas las funciones ministeriales.

A la hora de dar una respuesta compasiva (que "padece-con") y esperanzada a estas inquietudes, buscándola a partir de la Noticia Gozosa, vemos que el motivo principal de los repetidos enfrentamientos entre Jesús y los fariseos es, precisamente, la insumisión a las leyes consideradas como divinas, especialmente la del descanso sabático, la más sagrada de todas. Jesús cura, consuela y proporciona alimento hasta cuando la Ley lo prohíbe, y la quebranta siempre que está en juego la curación de alguna lacra humana. No lo hace a escondidas y como de soslayo, sino que proclama una y otra vez, con audaz contundencia, que "el hombre no está hecho para la Ley, sino la Ley para el hombre", que "Dios prefiere la misericordia al sacrificio" y que "son los enfermos quienes necesitan al médico y no los que se creen estar sanos". Su actitud a favor de las personas es tan nítida que se convierte en la principal acusación del Sanedrín: "Se ha hecho superior a la Ley y anima al pueblo para que no la cumpla".

 

Los episodios concretos en que, apartándose de la Ley, Jesús se acerca a las personas impuras y proscritas para echarles una mano y empujarles a salir del bache son muy numerosos y significativos: Mateo y los publicano, Zaqueo, la samaritana al borde el pozo, la mujer acusada de adulterio, la prostituta que derramaba lágrimas sobre sus pies, leprosos, endemoniados... No hay ningún caso en el Evangelio de personas que, habiendo acudido a Él con corazón sincero, les haya cerrado los brazos y les haya despedido con un "que Dios te ampare; tu sufrimiento no tiene solución". La parábola del Padre misericordioso, igual que muchas otras, ratifica la clave de esta conducta innegociable: ni tiempo le da al hijo para que abra la boca; sólo está impaciente por abrazarlo y cubrirlo de besos.

 

De todo ello se desprende, como dice el Vaticano II, que la Iglesia, que somos todos los hombres y mujeres de buena voluntad que Dios ha reunido en un solo pueblo, no tiene otra misión que la de Jesús.

El horizonte de los cristianos ha de ser continuar lo que el Maestro comenzó y que nos encomendó: anunciar la Buena Noticia del Reino, un Reino que ya está aquí, que vamos construyendo con la fuerza del Espíritu, cuidando de hacer nuestras sus actitudes y prioridades. Nuestra única misión es la de continuar extendiendo - como Él y con Él- , no sólo la Buena Noticia entendida como una doctrina, sino buenas noticias para el mundo, un mundo que ahora tiene más sed que nunca.

 

Por lo tanto, estaría bien no perder nunca de vista la utopía e irnos acercando a ella a través de etapas intermedias, que tenemos más al alcance:

1) Lenguaje respetuoso: Abandonar totalmente del lenguaje cualquier calificación despectiva o que incluya connotaciones relacionadas con el pecado, referidas a persona y grupos que viven experiencias que no se ajustan a normativas establecidas por tradición ancestral más que por propuestas evangélicas.

2) Otros proyectos de vida en común: Reconocer, con cordura, el valor de las opciones no sacramentales para vivir en pareja estable, especialmente la del matrimonio civil, sin hurgar en circunstancias que pertenecen a la intimidad inviolable de las personas o a su personalidad diferenciada. Ofrecerles también la posibilidad de celebrar su compromiso de donación mutua mediante algún rito que exprese y signifique la bendición del Padre que los convida, como a todos los hijos e hijas, a participar y a dar testimonio de su amor. Por lo tanto, es injusto e inhumano excluirlos de la vida sacramental o de cualquier acto cultual.

3) La sexualidad, expresión del amor: Repensar la sexualidad como expresión del amor, abierta a la paternidad responsable, contando con los medios técnicos que la refuerzan y asisten. Evitar que grupos ideológicos, religiosos o no, impongan sus particulares dictados morales. Respetar la autonomía de la ciencia y de la sociedad civil.

4) Acogida sin discriminaciones: Dar cabida dentro de las comunidades, guiadas por una atrevida prudencia, a todas las personas que estén sinceramente bien dispuestas para desarrollar en ellas tareas de servicio y de promoción, sin tener en cuenta los aspectos que muchos califican, hipócritamente, como irregulares. No menospreciamos el riesgo de escandalizar, pero la audacia de los nuevos valores de una sociedad pluralista impulsan hacia un futuro diferente.

5) Completa igualdad de la mujer: Reconocer la plena igualdad de la mujer en la Iglesia y sus derechos inalienables para participar en ella sin ningún tipo de restricciones, de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

6) Anulaciones y disoluciones matrimoniales: De acuerdo con los signos de los tiempos, poner de relieve la dimensión significativa del amor sacramental y adecuar los supuestos de nulidad y disolución del matrimonio a las nuevas realidades y a los nuevos conocimientos científicos y psicológicos. Priorizar la atención a las personas y su realidad con actitud abierta, comprensiva, respetuosa y facilitar el camino hacia una disolución de los vínculos matrimoniales. Reconocer y respetar la validez de la nueva situación elegida, de forma que las parejas puedan rehacer sus vidas y disfrutar en paz de un nuevo estado elegido libremente.

Entendemos que este tema es complejo y que tiene muchas facetas que solamente podemos insinuar aquí. Reconocemos que merece y necesita un debate más extenso y en profundidad.

Para más información:  http://club.telepolis.com/forumjoanalsina


FORO FERNANDO URBINA

Presbíteros en Madrid y en forourbina.com

MÁXIMO OGUIZA JUAN, RAFAEL ROJO SASTRE, CARLOS FERNÁNDEZ BARBERÁ, SANTIAGO GARCÍA DÍEZ, GABRIEL ANTONIO GÓMEZ BERNABÉ

MADRID.

ECLESALIA, 26/03/04.- Un grupo de presbíteros amigos, de Madrid, ha decidido crear y ofrecer a otros el Foro "Fernando Urbina". Es un foro que pretende el diálogo entre sus miembros y la reflexión sobre el "espesor de la realidad" eclesial, según frase feliz del cristiano bajo cuyo nombre se cobija.

¿Quién fue Fernando Urbina? A los que lo conocieron no es necesario que se les describa. Fue para ellos aliento y luz. A los que no lo conocieron les ofrecemos la descripción magistral que de él hace Luís Briones en el prólogo a los dos volúmenes de sus obras, editados en Editorial Popular S.A: "Era un maestro espiritual; un intelectual comprometido; un creyente apasionado por la profecía; un contemplativo metido en la acción cotidiana; un gran creyente y maestro de evangelizadores y al mismo tiempo un ferviente defensor del progreso y de la racionalidad moderna; un atribulado que experimentó en su carne el espesor de la noche oscura pero transido por una esperanza inquebrantable; un corazón noble y frágil, abierto siempre a lo nuevo, un hombre de Iglesia, a quien dolían en carne propia los errores y pecados de la misma; una enciclopedia viviente de múltiples y profundos saberes;... en fin, un espejo bastante fiel del misterio del ser humano, cercano a nuestra personal aventura".

En nuestra aventura tomamos algunos de los rasgos que puedan aplicarse, aunque en pequeña medida, a las personas interesadas en el Foro y a sus objetivos:

- personas que sienten y propugnan la libertad de los hijos de Dios.

- con esperanza inquebrantable a lo que el Espíritu suscitó en el Concilio Vaticano II que ahora está olvidado o adormecido.

- creyentes apasionados por la profecía; abiertos a lo nuevo y defensores de que el progreso y la racionalidad moderna son también manifestaciones del Espíritu.

- con sentido de Iglesia como comunidad de corresponsables, hombres y mujeres en igualdad y sin discriminaciones ni dominaciones de unos sobre otros ni de unos sobre otras.

- personas que aborrecen la utilización del poder y los privilegios como medios o instrumentos para el anuncio de la Buena Noticia de Jesús.

- con un claro compromiso en la defensa de la justicia y los derechos que les son negados sistemáticamente a los pobres.

Todo ello en coherencia con las aguas más limpias y, en muchos casos, profundas que recorren el terreno del Tiempo y de la Iglesia, que frecuentemente ofrecen espectáculos de presencia imperativa, de adhesiones incondicionales, de obediencia servil, enmascarando con palabras de "paz y seguridad" un lenguaje y un pensamiento débil y único.

Este Foro "Fernando Urbina" que ofrecemos a los que estáis interesados en construirlo, funcionará preferentemente mediante el correo electrónico de los que queráis participar y, si así lo decidís, organizará alguna jornada de encuentro y reflexión para alentar nuestra esperanza.

Foro Fernando Urbina: http://www.forourbina.com / correo@forourbina.com

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COMUNICADOS EMITIDOS POR EL 'FORO FERNANDO URBINA'

DECLARACIÓN DEL FORO FERNANDO URBINA SOBRE LA ENSEÑANZA DE RELIGIÓN

MADRID, SEPTIEMBRE DE 2003.

La reforma de la ley de educación consagra la enseñanza de la religión católica como asignatura evaluable en todos los niveles de la enseñanza.

Es un paso del que los obispos se han felicitado, saludándolo como un "momento importante" (Antonio Cañizares dixit).

Los abajo firmantes, sacerdotes en la diócesis de Madrid, reunidos en el Foro Fernando Urbina, queremos expresar decididamente nuestra opinión contraria.

Nuestro análisis quiere formularse desde unos criterios de fe. Precisamente la fe que se dice transmitir exige que el mensajero tenga credibilidad y la de la Iglesia no puede venir sino de su fidelidad al Evangelio. Pero es el Evangelio el que manda predicar "sin bolsa ni alforja ni sandalias, con un único mensaje: el Reino de Dios está en medio de nosotros" y con el único signo de Cristo crucificado.

En esta ocasión los obispos españoles llegan pertrechados con el apoyo del aparato del Estado, de su poder legislativo y fiscal. La Iglesia aparece así, a los ojos de quienes la contemplan, semejante a cualquier otro grupo de poder, que busca privilegios en su propio beneficio.

Por si la anterior referencia al Evangelio no fuera suficiente, hay que añadir al menos dos consideraciones:

- La situación de los profesores de religión, que no cumple con la Doctrina Social de la Iglesia ni con la Ley Constitucional que afecta al resto de ciudadanos, es sencillamente un escándalo-

- Los obispos ¿se atreverán a valorar positivamente los resultados de 40 años de enseñanza privilegiada y obligatoria de la religión?

Frente a la alegría episcopal, no podemos sino manifestar nuestra tristeza ante es el espectáculo de una Iglesia que no parece creer en Jesús crucificado, ajeno a todo privilegio, muerto por su crítica al poder. Una Iglesia que, por el contrario, se arrima al poder y en él confía decisivamente.

Máximo Oguiza Juan, Rafael Rojo Sastre, Carlos Fernández Barberá, Santiago García Díez, Gabriel Antonio Gómez Bernabé

Madrid, septiembre 2003

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COMUNICADO DEL FORO FERNANDO URBINA SOBRE EL DIRECTORIO DE LA PASTORAL FAMILIAR DE LA IGLESIA EN ESPAÑA

MADRID, MARZO DE 2004.

Los componentes del Foro Fernando Urbina – presbíteros, religios@s y laic@s - de Madrid queremos unir nuestra voz a la de otros colectivos de cristianos que han alzado la suya para manifestar la discrepancia con la fundamentación bíblica y teológica en la que se apoya y con las directrices concretas que ofrece el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, hecho público recientemente por la Conferencia Episcopal:

El Directorio la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, presentado por los obispos recientemente, comienza con unas palabras de San Pablo sobre la difícil aceptación del Evangelio de Jesús que él anunciaba. Esta forma de comenzar indica ya que los obispos piensan que sus reflexiones y directrices son "El Evangelio" y sospechan que no van a ser aceptados por lo que se ponen la venda antes de producirse la herida.

Sin embargo, nosotros, tras leer la Presentación y la Introducción del Directorio, tenemos la sensación de que una vez más los obispos pontifican sobre lo divino y lo humano sin la debida finura que debería asistir a unos pastores cualificados de la Iglesia.

Pues nuestros obispos no dedican ni unas líneas a reconocer que la jerarquía de la Iglesia, predicando a las mujeres la resignación ante el sufrimiento y exigiéndoles el débito a la autoridad del varón, han colaborado de una forma notable a que ellas durante siglos hayan vivido en la sombra y en estado de sometimiento e indignidad. A esa larga lista de vejaciones que han impuesto los hombres a las mujeres, añaden ahora la de que acepten que la causa del creciente aumento de la violencia doméstica es fruto de la "revolución sexual". Frente a esta teoría un tanto extraña y machista, no es muy complicado para nadie reconocer que la violencia doméstica proviene de la resistencia a aceptar plenamente la liberación de la mujer.

La ceguera para ver esto y la dificultad para contemplar lo positivo de los signos de los tiempos, hacen que todo el documento esté abocado a la negativa para ser "profecía de calamidades".

Es opinión general de los expertos en sociología que la liberación de la mujer, con su correspondiente presencia activa en la sociedad, es un logro irrenunciable de la humanidad y una aportación imprescindible para el rescate de su dignidad personal. Lo que los cristianos podemos considerar "signo gozoso de los tiempos" y a la mayoría ha hecho calificar al siglo XX como "el siglo de las mujeres", es considerado por los obispos como profunda causa de la violencia machista. Eso nos parece tener las antenas del Espíritu atrofiadas y una notable incapacidad para análisis científico.

Comprendemos el dolor y la rabia manifestados en privado y en público por tantas personas y colectivos, como por ejemplo "Somos Iglesia" y "Mujeres y Teología", con cuyos textos de respuesta nos sentimos solidarios y cercanos. Y, sobre todo, nos sentimos cercanos y solidarios con las mujeres que sufren la violencia hasta la muerte y la humillación de tener que soportar un ambiente machista que hace de algunos hombres verdaderos terroristas de la casa.

Madrid, marzo 2004


Dios no hace "piezas equivocadas"

Pasquale Quaranta es un joven creyente de 21 años, que vive en la provincia de Salerno en Italia. Desde hace dos años, en que asumió su tendencia sexual, milita en organizaciones homosexuales y escribe explicando las dificultades que en su país encuentran sus semejantes y en especial los católicos.

Don Fabricio Longhi, párroco de Rignano Garganico, un pueblo de 2.000 habitantes, lo invitó a su parroquia y le ofreció pronunciar la homilía de la misa del 24 de diciembre.

La noticia, difundida por "El Corriere della Sera", causó gran sensación y fue reproducida por los más importante diarios.

He aquí el texto de la "homilía" de Pasquale Quaranta:

He venido de Salerno para hablar en esta iglesia de homosexualidad (rumores). Soy gay creyente. No, no os asustéis. Escuchad...

Verdaderamente soy un gay creyente y la razón por la que estoy aquí esta tarde es porque creo que un testimonio puede hacer reflexionar sobre una realidad, con la que algunos de vosotros, muy probablemente, no habéis tenido todavía ocasión de confrontaros en los términos en los que voy a hablar..., en términos de alegría, de amor, de serenidad, de transparencia.

La homosexualidad no es una enfermedad, no es una perversión, ni una trasgresión ni una moda y –esto me urge subrayarlo ahora- no es un pecado.

Se trata de un don de Dios que, en cuanto tal, uno no ha elegido, sino que uno se encuentra viviéndolo. Igualmente la fe es un sentimiento que descubrimos y que cultivamos dentro de nosotros, una "orientación" que estamos llamados, del mismo modo, a vivir. Gays y lesbianas tienen el derecho de vivir plenamente su propia vida, también en el plano afectivo y sexual, tanto como una persona heterosexual. Quien pide la abstinencia y la "vende" como exigencia de castidad no ha comprendido el don del amor.

Preguntémonos más bien: ¿cuál es mi reacción frente a una persona homosexual? ¿Cuál sería mi reacción si mi hijo a mi hija me revelasen su homosexualidad?.

Estoy seguro de que las respuestas harían emerger aquel prejuicio milenario que una tradición histórica, incluso la católica, ha enraizado en las conciencias.

Yo os digo: "Liberémonos de él".

Demasiadas personas hacen depender su paz del parecer de la jerarquía como si ella fuese "la Iglesia" o incluso el eco o intérprete de la voz de Dios. La Iglesia es una realidad rica y variada en la que el Espíritu de Dios suscita voces y experiencias diversas.

Hay miles de personas que, en este momento, sufren la soledad por una orientación condenada por inmoral, intrínsecamente mala, abominable. Dais cuenta: soledad no significa simplemente "estar solo"; quiere decir también, estar junto a otras personas para "sentirse solo", no plenamente comprendido.

Hay quien se ha quitado la vida porque no lograba aceptar su propia homosexualidad por motivos confesionales mal interpretados o por hostilidad de la gente o la familia. Paree resonar en esta noche, en esta noche santa, porque el Hijo de Dios ha venido al mundo en el frío de una pobre gruta fuera de la ciudad de los hombres, lo que dice el prólogo del evangelio de Juan: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron..." ¿Cuántos de nuestros hermanos y hermanas, amigos y amigas, gays y lesbianas no han sido acogidos? ¿cuántos han venido a su familia humana y no han encontrado lugar?

Es el destino de aquellos a los que Jesús amó sobre todos, a los que ha acontecido encontrarse en la misma situación en la que El se ha encontrado, entre los hombres y las mujeres de su tiempo; es lo qu cuenta esta noche el evangelio de Lucas: "La Virgen dio a luz un niño, lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre..., porque no había lugar para ellos en la posada". No había lugar, como hoy, para muchos, no hay lugar. No lo hay en nuestras casas para El y para tantos hermanos que son homosexuales; no hay lugar en el corazón para acogerlos y la Iglesia misma, la comunidad de los creyentes, parece haberse convertido en aquella posada en la que no hay lugar.

¿Es posible para vosotros que Dios pueda ser feliz con esto? Dios no hace "piezas equivocadas" y todos somos sus hijos. Cada uno tiene el derecho de ser lo que es y de ser alguien, no menos que los árboles y las estrellas.

El don más grande que podéis hacer/os a partir de esta navidad será el de abrazar al muchacho gay, a la chica lesbiana que están en vuestra vecindad, sea el vecino, sea vuestro hijo o vuestra hija, vuestro hermano, vuestra hermana, un pariente.

Demostrarle vuestro Amor, lo necesitan. Dios sonreirá, ¿no es cierto?.

"Era forastero...", es decir, era extranjero, diferente, con la diversidad que incomoda, en base a la cual atribuimos a otros algo malo y torcido y –dice Cristo- "me habéis acogido". Era, pues, gay y me habéis escuchado y amado (es la enseñanza del Evangelio de Mateo)

Acojámonos aquí los unos a los otros como Dios lo ha querido, porque "¿cómo amaremos a Dios nuestro Padre a quien no vemos si no amamos a nuestro hermano a quien vemos?" (II de Juan)

¿Y cómo podremos experimentar el amor y la paternidad única de Dios, si como hijos excluimos a otros hijos, nuestros hermanos?

El Padre nuestro que está en los cielos y el Hijo que hoy está entre nosotros, en la humanidad y fragilidad de una criatura nos pide el único abrazo del amor filial que hace a todos hermanos.

Mi deseo para esta navidad es que cada vez menos personas se sientan solas a causa de una orientación afectiva natural que no puede significar una discriminación en las relaciones humanas. El deseo de que cada uno de vosotros entienda que una persona homosexual es, igual que una heterosexual, imagen de Dios

No me siento capaz de "demostrar" nada a nadie en el terreno de la fe. Puedo sólo dar testimonio humildemente con mi vida de todos los dones recibidos, gracias a Dios. "En Él las diferencias son bellas porque tienen raíces en su corazón de creador, fuente de Vida"

Que esta navidad, en nuestra Iglesia, sea alegría para todos. Sin excluir a nadie.

Gracias.


IGLESIA DE VALLADOLID

Foro Millán Santos·

I.- INTRODUCCIÓN: QUIENES SOMOS Y QUÉ INTENTAMOS

1. Grupos de cristianos de la Diócesis de Valladolid, sacerdotes, laicos, varones y mujeres, religiosos y religiosas, pertenecientes a varias parroquias, comunidades y movimientos de la ciudad y del mundo rural y algunos pertenecientes a organismos diocesanos y parroquiales, hemos expresado nuestro sentir como miembros de la iglesia.

2. Este documento no pretende ser portavoz ni opinión de la diócesis. Nuestro deseo es ofrecer unos documentos de reflexión de cristianos y "corrientes" de la Iglesia, que normalmente no son tenidos en cuenta, ante la nueva etapa de nuestra diócesis y manifestar así la pluralidad que existente

3. Hemos trabajado sobre doce aspectos de la vida de la Iglesia; unos se refieren a su organización y vida interna y otros a su relación con la sociedad,: 1 Organismos y estructuras. 2 Liturgia. 3 Catequesis. 4 Mundo Rural. 5 Curas. 6 Seminario. 7 Religiosos. 8 Laicos. 9 Economía. 10 Justicia. 11 Cultura y 12 Sexualidad

II.- LO QUE VEMOS Y SENTIMOS EN LA IGLESIA

1. La primera impresión que da la vida de la Iglesia en la ciudad y nuestros pueblos, es la de tristeza: pueblos sin gente, templos cada vez más vacíos con una media de edad alta de los asistentes. Solemos mantener la religiosidad de siempre, hacemos pequeños planes de pequeñas cosas, aun sabiendo que nada o casi nada vamos a conseguir. La restauración y conservación de los templos nos ayuda a algunos curas a "justificar" nuestra presencia en los pueblos. Da la impresión de que estamos al comienzo del fin de algo. Se constata, con pena, que tampoco hay mucha unión ni deseo de trabajar unidos.

2. Percibimos, en general, falta de esperanza e ilusión en muchos curas y laicos y que apenas sintonizamos con las preocupaciones de la vida de la sociedad. En las predicaciones, celebraciones, orientaciones, grupos y discursos utilizamos un lenguaje extraño, sin responder, en general, a los interrogantes, problemas y situaciones actuales.

3. Echamos de menos iniciativas pastorales y una reflexión teológica y bíblica sobre nuestra sociedad agnóstica, cada vez más técnica y culta, y al mismo tiempo con mayores bolsas de pobreza y exclusión. Son casi desconocidos y apenas se da importancia a los esfuerzos que hacen, como aventureros, pequeños grupos, comunidades o algunas parroquias o teólogos en traducir el Evangelio a la mentalidad del mundo actual.

4. Nuestra diócesis está dotada de un sistema completo de organismos, estructuras, consejos, delegaciones, secretariados, etc. ordenados o recomendados muchos de ellos por el Derecho Canónico. Al mismo tiempo hay una opinión generalizada de preponderancia de lo "jurídico" sobre la vida; falta de adhesión y entusiasmo a los organismos que se ven más como autoridad y poco eficaces; hay sentimiento de que muchos organismos no funcionan, de individualismo frente al trabajo en común, de preferencia de lo sacramental y la práctica religiosa sobre la misión y la reflexión como creyentes sobre la vida.

5. Constatamos que suele entenderse por «Iglesia diocesana», de forma generalizada, las «parroquias y curas». Los religiosos, religiosas y laicado quedan fuera excepto quienes están insertos en el funcionamiento de las parroquias. Al mismo tiempo, tampoco los religiosos y religiosas suelen tenerse como "Iglesia diocesana"

6. Muchos tienen la impresión, de ser tratados como menores de edad, sin capacidad de decisión. La palabra "comunión" no es expresión de comunidad fraterna, sino que encubre adhesión ciega a la jerarquía.

7. Finalmente hay un descontento generalizado y profundo con la gestión económica de la diócesis (por ejemplo la salida a la luz pública del tema de Gescartera y las herencias.) Este descontento es una manifestación crítica que se hace al ejercicio de la autoridad de la Iglesia: falta de participación en las gestiones, ocultismo, negación de responsabilidades, preponderancia, utilización subjetiva del dinero, etc.

III.- LO QUE SOÑAMOS. CAMINOS A SEGUIR

1. Queremos una iglesia diocesana en que las parroquias y comunidades seamos más comprometidas con los excluidos, con la pobreza y los derechos humanos; colaborando con organizaciones y movimientos sociales que, aun partiendo de concepciones diversas, trabajan sinceramente a favor de la justicia. Al mismo tiempo en la Iglesia debemos plantearnos la autofinanciación a base de las aportaciones de sus miembros y renunciar a privilegios económicos.

2. Deseamos una Iglesia más pluralista y democrática en la que haya opciones de participación en los nombramientos del obispo y de los párrocos, que han de estar al servicio de la comunidad. Que se dote de capacidad de decisión a los diversos organismos diocesanos y parroquiales; y que se tenga en cuenta el pluralismo existente entre los creyentes.

3. En la Iglesia debemos aceptar los signos de los tiempos, la libertad de opinión y manifestación, estar abiertos al pensamiento y a las diferentes culturas, lenguajes y expresiones de fe y formas de vida en el campo y en la ciudad, con jóvenes y adultos, con intelectuales y gente sencilla, para encontrar nuevos caminos que nos acerquen a Dios

4. Es necesario una visión positiva de la sexualidad y sus diferentes opciones, del matrimonio y de los que se encuentran en situaciones canónicamente irregulares, que no sean objeto de discriminación y exclusión para ningún sacramento o de puestos de responsabilidad.

5. En nuestra sociedad de la información y del conocimiento, el cristiano no puede permanecer en la "fe del carbonero". Es indispensable que los creyentes, y aun más los servidores de la comunidad (catequistas, presbíteros, formadores, etc.) tengan una amplia formación (en la Biblia, teología, moral, mística, historia de la Iglesia, etc.), que facilite que la fe sea una opción razonable y fundamental y que el creyente pueda acceder a las vivencias religiosas, sepa discernir, dar razón del estilo de vida y ser fermento en su medio.

6. El presbítero debe ser persona con madurez humana (profesional, social y cultural), militante cristiano en su ambiente, creyente, propuesto por la Comunidad para presidir la Eucaristía y dirigir la Comunidad, y finalmente por la imposición de manos del Obispo, es enviado a la misión.

Consecuentemente debe ser normal el acceso a los diversos ministerios (diaconado, presbiterado y episcopado) de hombres y mujeres, célibes o no, que vivan de su trabajo si la comunidad a la que sirven no puede o no cree conveniente liberarles del mismo. Tenemos que procurar que surjan de las comunidades sus servidores, hombres y mujeres, con experiencia de Iglesia en parroquias o movimientos.

7. Es evidente que desde esta perspectiva el modelo de formación actual y de vida el Seminario no tiene ya mucho sentido. Por los resultados de los últimos 30 años la conclusión parece evidente. Esto no implica que hasta el Vaticano II haya cumplido su objetivo.

8. Tenemos que dar más valor y potenciar aquellos núcleos ya existentes, que están trabajando con los pobres y excluidos, en el mundo de la ciencia y de la cultura, o con la juventud, en una pastoral más de frontera y testimonio que de sacramentos y cristiandad.

9. Hay que fomentar equipos de curas que trabajen juntos en Escuelas de Catequesis, en la preparación de los Tiempos Litúrgicos, Campañas Sociales, actividades con jóvenes, ancianos, etc. y fomentar pequeños grupos de laicos comprometidos que podrían ser el futuro de una Iglesia minoritaria, auténtica en la ciudad y en los pueblos.

10. Las órdenes religiosas tienen sus carismas fundacionales y en sus prácticas un depósito de experiencias en el trabajo con las pobrezas, en la espiritualidad y en el terreno educativo que bien pueden apoyar y fecundar tareas diocesanas. ¿No tendrían que compartir sus trabajos, casas, fundaciones, etc. con la diócesis y ésta estar más abierta a las experiencias y los carismas de los religiosos?

11. La administración diocesana elaborará unos presupuestos públicos y una memoria–balance cada año en la que se incluyan las cuentas de todos los organismos y estamentos diocesanos incluso la Casa de Espiritualidad, Curia, Hogar Sacerdotal, Caritas, Manos Unidas y todo tipo de fundaciones.

Se debe informar a las Juntas Económicas (que tienen que funcionar en todas las parroquias) y a la comunidad diocesana de los bienes administrados y de los criterios de inversión teniendo en cuenta. de forma preferente, a los desposeídos para los que se debería asignar un porcentaje del presupuesto. Debemos de prescindir cuanto antes de toda asignación estatal para culto-clero católico.

Foro Millán Santos·

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